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La sociología del Franquismo revisitada

De Miguel, Amando

Abstract

Obra ressenyada: Amando DE MIGUEL, Sociología del franquismo. Editorial Euros, 1975.

Full text

LA <tSOCIOLOGfA DlEL FRAJ\IQUIShIO>> REVISITADA Amando de Mipel (Universidad de Yale.) A quien tiene por oficio ejercer una regular critica intelectual, el hacerse la autocrítica resulta operación menos simpática, ya que inevitablemente se torna defensiva. Es sabido (que el. lance menos vistoso de la tauromaquia es el dontancredo. Procuraré dar, por tanto, algunos capotazos aunque s610 sean de salón en este ment:ster de contestar explicando a mis amables criticos de la Sociologia del franquismo. Tendria que contar de algún modo la historia natural de este libro, bastante prosaica por cierto. No es un libro-solitario, sino que se engarza en otros que vinieron antes y algunos que vendrán después. Yo pediría a mis colegas que tuvieran esto en cuenta en su lectura critica. El precedente inmediato es una serie de trabajos sobre la estructura social española en 10s que -explicablementequedaban faltos de un necesario análisis de la estructura política. Algo ya habia hecho con Linz sobre el análisis de distintas élites, pero faltaba un estudio algo mis satisfactori0 sobre la caracterización sociológica del alto personal politico y de su expresión ideológica. Habia que delimitar el campo y escogi por razones de parsimonia científica el elenco de 10s ministros de Franco. No s610 por esas bien reputadas razones. Conviene hacer expíícitas otras mis perentorias. Hay que recurrir otra vez a la historia natural. Resulta que en 1973 se me pidió (por Juan Linz) un capitulo sobre el origen de 10s ministros de Franco para no sé qué reader. El capitulo lleg6 tarde, mal y nunca, y 10 que es peor, se fue engordando sin querer hasta lograr la envergadura de libro. En Blanco y Negro publiqué un ocasional articulo resumiendo algunas de las conclusiones de tal esquisa. Resulta que el tal articulo fue leido por Ramón Serrano en el momento en que regresaba a Espafia a hacerse cargo de la nueva Editorial Euros. Tal circunstancia precipitó -más dá de mis propósitosel que el manuscrit0 pasara a la imprenta, con más rapidez de la que hubiera sido menester en un mundo habitado s610 por profesores. Sin embargo, era la primera oportunidad que se me presentaba desde la España intramuros para acometer uria primera desmitificación de más de tres decenios de indiscutido monopol~o ideológico. Algún cercano colega me aseguró que el libro no pasaria la censura; afortunadamente erró. Sociología del franquismo Todo libro es limitado. Déjeseme decir erl el caso que nos ocupa 10 que pretendi hacer y 10 que iba quedando por hacer. En la redacción final, de acuerdo con 10s propósitos del editor, mi idea fue la de escribir un libro no necesariamente para 10s enterados y menos aún para el circulo más restricto de sociólogos y parasociólogos. El problema es que luego si son sociólogos 10s que hacen las criticas. Es claro que se trataba de un ensayo escrit0 desde dentro, y menos justificable pero no menos evidente que se proponía dejar a un lado el caso Único y decisivo del propio Franco (el bautista de toda la representación). Dicho 10 cua1 no me queda más que confesar el pecado de vanidad del titulo: Sociologia del franquismo es una expresión clemasiado altisonante para tantas manquedades. Bsta es la critica en la qixe coinciden muchos de mis colegas y sobre todo estudiantes. En 10 que cabe una defensa, digamos, del oficio de escribir: resulta que 10s libros son, entre otras cosas, un medio de comunicación colectiva sometido como otros a las leyes del mercado. Una de dlas es que la presentación del libro ha de ser vendible (que no venal). Para ell0 el titulo debe de resultar atractivo. En el mundo del ensayo sociológico restallan esos títulos fastuosos de un Peter Berger como A Rumor of Angels (que podria tradtdrse por Mu'sica celestial) o The Sacred Canopy (algo asi como La bóveda sacrosanta o La cúpula del cielo), que han dado la vuelta a la antaño tan prosaica sociologia de la religión. Quiero decir que el titulo de un ensays no tiene por qué ser un acta notarial. He de decir, además, en mi tlescargo que si bien la Sociologia del franquismo resulta un volumen alicorto por su índice, el lector paciente podrá comprobar que tal enunciado se justifica un algo más si se atiende a una trilogia redactada durante ICIS dos afios siguientes, en 10s que 10s acontecimientos politicos han permitido unas dosis de tolerancia bastante estimables {todo es relativo). Puede que 10s lnuevos títulos cojeen del mismo pie, pero ahi van: Cuarenta millones de rspañoles, cuarenta azos después; Franco, Franco, Franco; La herencia del franquismo. En el primer0 acometo el todo ambicioso objetivo de comprender la sociedad en cuanto se quiso que fuera dominada por un sistema de olases e ideologías bajo el experimento franquista. En el segundo me intereso por lo que en anteriores pesquisas habia resultado más inefable: la personalidad del dictador en cuanto transmitida en una determinada coricepción propagandística. El tercer libro es una especie de revisión y síntesis de 10s anteriores análisis con particular referencia al funcionamiento de la política bajo el franquismo. Este Último trabajo, además, se confeccionó en parte como respuesta a las criticas que en este número de Papers: Revista de Sociologia se hacen a la Sociologia del franquismo. Podria ser considerado, por tanto, como la revisitación que aquí habria de incluirse. Tamaña desmesura no corrige en <<Papers,: Revista de Sociologfa nada mi endemoniada por 10 que deberia poner punto final. Si no 10 hago es porque debo acusar recibo de alguna manera a 10s estimables enjuiciamientos que me hacen aquí mis compañeros. El escrit0 de Giner es el más personal y el que contiene mis rotundas afirmaciones. Lo más curioso de todo es que en 61 habla más de sí mismo que del libro objeto de sus acotaciones. Asi contrapone el <(libro equívocamente llamado Sociología del franquisme>> con 10s <(modestos>> papeles en 10s que él intenta explicar <(la naturaleza exacta del. régimen franquista),. Nada menos. La verdad es que, pese al desacuerdo en el tono y ~rofundidad del análisis, las investigaciones de Giner y Sevilla-Guzmán no difieren de 10s propósitos taxonómicos de la clásica formulación de Linz sobre el régimen autoritari0 que a su vez fue el semillero de mis propias averiguaciones. Es decir, que a 10s sociólogos nos gusta subrayar las discrepancias como honrado ejercicio masoquista, pero 10s lectores avisados luego se percatan de las muy sustanciales coincidencias que nos unen a las ctescuelasn presuntamente más dispares. La prueba es que en las conversaciones privadas solemos estar más de acuerdo que en 10s escritos o en 10s congresos. La organización de la discrepancia es un poco nuestro oficio. Giner se solaza en la crítica de 10 desmesurado del titulo y afirma seguro que el libro en cuestión <{ni tan s610 constituye un principio de sociologia del franquisme)>. Me pregunto por qué no puede ser un honest0 principio el disponer ordenadamente 10s criterios con 10s que se entienden las ideas de 10s colaboradores de Franco que han dedicado más tiempo a escribir. Para mi, desde luego, ha sido un estimulo para seguir investigando, como podrá comprobar Giner si me sigue leyendo. Verd, por ejemplo, que si me he parado después a presentar la figura del propio Franco en el contexto de 10 que ha sido la formulación ideológica del franquismo. Lo he hecho en la primerísima ocasión en que he podido, y aun asi manteniendo algunas cautelas. Me extraña que a Giner le deje crestupefacto>> el que antes de fallecido el general no me hubiera atrevido a incluir a Franco en el análisis del sistema de poder. Es evidente que uno debia de evitar tal tema si quería seguir viviendo en su país. Mrtires 1 por la sociologia todavia no ha habido ninguno. Mi <tendémico respeto por 10s datos)> --como dice Ginerme lleva a no poder olvidarme de estos pesados condicionamientos de la realidad. En Último término las objeciones de Giner se reducen a que tengo que seguir investigando otros muchos aspectos que 61 considera importantes (y yo también). Pienso seguir ese consejo hasta donde 10 permitan mis fuerzas, 10s datos y 10s hombres. La critica de Francisco Hernández coincide con Giner en el poc0 gusto que atribuye al concepto de <{familias para entender el franquismo. Por Sociologia del franquismo rnás que 10 pienso no acabo de ver qué utilidad se puede seguir de prescindir de este concepto, acuñado --dicho sea de pasopara entender otro curioso ejemplo de régirnen autoritario: el mexicano. Me adelanto aquí a la objeción de Payne de que el estudio del franquismo avanzaría rnás de comparar10 con 10s fascismos europeos que con 10s modelos más lejanos de 10s sistemas latinoamericanos. E!; posible. Sin embargo, a mi me sigue tentando cada vez rnás el cotejo coli el caso mexicano, consciente incluso de las profundas diferencias que le separan con el franquismo. El hecho de que algunos prominentes franquistas hayarn querido y no hayan podido <tmexicanizar)> el régimen español e:s de una singular relevancia intelectual. Comprender un hecho social es dar cuenta de las diferencias específicas que 10 distinguen de otros similares. La noción de <<grup0 de presiÓn)> no es un mejor sustitutivo de la de t<familia>>, como sugiere Francisco Hernández, porque grupos de presión 10s hay en todas partes, pero la noción de <<familia)> política se ha emp1e:ado con éxito para describir al régimen mexicano, y yo creo que también sirvc: para analizar las peculiaridades del franquismo. Para empezar, es una expresión utilizada por 10s propios personajes de la representación franquista, 10 cua1 proporciona una pista sobre su relevancia. De acuerdo con nd critico en que <tes siempre n~ás significativo 10 que se hace que 10 que se pi ens:^)>, pero casi siempre y a la larga 10 que se hace de importancia es porque alguien 10 ha pensado hacer. Los revoluciones y contrarrevoluciones todas han tenido su libro. No hay ideologías gratuitas. Las observaciones de Payne son las rnás despegadas, sugerentes y académicas. Resulta particularmente atinada la que se refiere a la consideración del franquismo que se revela de mi libro como si fuera un acaso única)> sin antecedentes ni semejantes. No creo que :%sí sea y si mi análisis da esa sensación se debe en parte a mi ignorancia: sé muy poc0 de Italia, Portugal, México o Argentina, pero 10 suficiente para darme cuenta de que es imprescindible ahondar en el conocimiento del fascismo, el salazarismo, la <<prilatría)> o el peronismo para entender 10 que ha sido su pariente, el franquismo. Tales analogías no son s610 formales. De hecho 10s nacionalismos y autoritarismos se copian unos a otros. En ese sentido confies0 que Payne tiene toda la razón al extraiiarse de mi exagerada afirmación de que el franquismo es el régimen autoritari(> ctmás puro que se conoce)>. Este tip0 de afirmaciones tan categóricas 10 que esconden es ignorancia; una vez mis he de reconocer la mía. También señala Payne la ausencia de 10s textos del propio Franco en el análisis de 10s componentes ideológicos del franquisrno. Ya he señalado las razones irracionales que me aconsejaron tal olvido, con más respeto por mi integridad física que por la ciencia. Con todo, tengo que recordar <tPaperss: Revista de Sociologia un argumento bastante objetivo: el pensamiento de Franco es muy poc0 original, impone un sello escasamente personal, a diferencia de 10 que podria encontrarse en Mussolini, Perón o Salazar, Este hecho no es sino consecuencia de otro de indole más general, que es el que me ha estimulado a mi a seguir investigando en la línea que me he propuesto, a saber, que Franco es la consecuencia del franquismo y no su causa como la voz abstracta sugiere. Desarrollar aquí esta idea central me llevaria a desbordar el tiempo y el espacio concedido a una revista como la que en estas páginas me ha propuesto el compilador. Realmente he encontrado excelentes y estimulantes al máximo las precisiones de mis colegas. Me consideraria satisfecho si algún lector lograra extraer savia suficiente de ellas como para alimentar el esfuerzo investigador que hace falta para explicarnos satisfactoriarnente 10 que significó ese longevo experimento antidemocrático que hemos dado en llamar franquismo. Yo necesito esa explicación para seguir viviendo, porque la verdad es que nací en él y no he conocido otro sistema político. Recibo la critica de Sotelo a ocho mil millas de distancia de mi anterior residencia en España y ocupado en entender otra sociedad que no es la mia, la norteamericana. Hace ya unos meses que escribi las otras criticas y un siglo me parece. Con tales distanciamientos difícil me parece que pueda ponerme a reflexionar otra voz sobre 10 que significó hacer la Sociologia del franquismo en su dia. Una cosa tengo que agradecer a ésta y a las otras criticas: el estimulo que me prestan a seguir investigando, a continuar enfocando nuevas cuestiones, a transitar otras avenidas. La cosa resulta por otro lado agobiante, pues no para uno de terminar un libro cuando 10s colegas le dicen 10s tres o cuatro que podria hacer para rellenar las lagunas del primero. La critica de Sotelo me ha parecido extraordinariamente aguda y bien construida y desde luego la menos irónica de todas. Lo más atroz para mi no es su falta de ironia (cada uno que escriba como quiera), sino que no haya comprendido que yo utilizara ese arma o ese dispositivo estilistic~ en mi escrito. Me desespero cuando un lector me lee con la ascética frialdad que tendria un hipotético historiador del aiio tres mil que desempolvara 10s libros que ahora hacemos. Yo jamás escribo para ese antipático e hipotético personaje, sino para 10s lectores que conmigo padecen las miserias de este mundo. Por es0 empleo tantas comillas y agoto 10s signos ortográficos. Ahora Veo que todavia he sido escueto. Cuando hablo de la <<originalidad)> del franquismo tendría que haberlo escrito con rnás comillas y admiraciones, ya que nos faltan signos en nuestra escritura para decir las cosas con ironia. ¿Seria mucho pedir a Sotelo que me leyera sin resentimiento y con un ánimo algo rnás gozoso? Sociologia del franquismo Coincide Sotelo con otros críticos en poner en cuarentena la calificación de <tautoritario)> que doy (y dan otros) al rtSgimen franquista. La cuestión ciertamente es debatible y merece una ulterior consideración. Cada vez estoy más tentado a suponer que en su concepción ideológica el franquismo (que no fue, por supuesto, ningún invento de Franco, ni nada original) no fue sino una derivada y nacionalista versitjn del fascismo. El elemento <toriginal)> (vive Dios que no hay nada meliorativo en la calificación), porque así 10 era el país, fue el peso tan extraordinario que se dio al elemento católico, algo inédito incluso en la Italia de Mussolini. No hay más que comparar el discurso de Mussolini después del Pacto de Letrán y la fraseologia oficial española con ocasión del Concordato de 1953 y no digamos la literatura sobre la justificación ddr: la guerra civil como <tCruzada)>. Tampoco es que el régimen de Franco haya sido <tcatólicon, dado que el equivalente español de la Democracia Cristiana no ha tenido mis que una parcela de poder en el reparto de influencias. !;e trata de un catolicismo especialmente doméstico y rústic0 al que yo he asimilado el adjetivo de ctfrailunon que con tanta gracia empleara Menindez y Pelayo. El <(fascismo frailuno)>, sobre todo en sus orígenc-s ideológicos, sí que fue la <(original)> creación de una derecha más funcicwacial que empresarial. Sobre el tema empecé algunos 60s a investigar (con Benjamín Oltra, sin que todavia hayamos dado fin a nuestras pesquisas. Seguramente serán dos, y no uno, 10s libros que surjan de tal empresa: Oltra anda a la caza de 10s elementos prefascistas en el nacionalismo de 10s años 30 y yo rastreo 10s componentes <tfrailunos)> de tal empeño. Si lograrr~os documentar tales precedentes se verd muy bien, creo, que el General Franco se 10 encontró todo hecho. Tenga paciencia mi colérico colega Sotelo. De 10 que sí me congratulo es de la adesazón del lector)>, que se& mi criticante se deriva de <(la dificultad de encajar el libro en un género preciso)>. La dificultad era bien premeditada por mi parte. Mis favoritos son siempre 10s libros que no tienen género preciso, 10s que constituyen la desesperación de 10s bibliotecarios. Con todo, me parece excesivo, inmerecido, el elogio que me hace Sotelo de considerarme <(periodista)>, por 10 cua1 10 agradezco doblemente. En cambio, no puedo menos de quejarme de su juicio sobre mi <tanimadversión por los comparative studies)>. icaramba! Es la primera vez que oigo una cosa así. Siempre he creído que en mi formación era casi un vicio el tratar cle comparar siempre la situación espaííola con la de otros paises de similares coordenadas culturales. Tengo cientos de páginas escritas en las que se intenta comparar algún dato de la sociedad española con otro de Portugal, Italia, México, etc. La verdad es que mi investigación no ha sido rnuy fecunda, pero lo mismo se puede decir de otros <(comparativistas)> tan ingenuos como yo. El vicio ctPapersu: Revista de Sociologia de comparar no se me va a quitar y por eso ando estudiando ahora la producción ideológica USA, después de todo el centro del cual somos planetas 10s paises periféricos. Lo que más me tienta es el estudio del sistema mexicano y algunas páginas le he dedicado, cuando tan poquisima atención ha merecido a otros colegas españoles (salvando a mi criticante y al singular libro de Marsal sobre La sombra del poder). Apunto humildemente las correcciones fraternas (véase la ironia, por el amor de Dios, no se me vaya a decir que soy del Opus por emplear tal lenguaje) de Sotelo sobre mi mala lectura de Weber. De Weber y de tantos otros. No es la teoria sociológica mi fuerte, como es notorio. Respecto a la tesis centralisima de la critica (diriase que estaba ya pensada antes de leer mi libro) de que la Sociologia del franquisme es el franquismo de la Sociologia, me cabe poc0 que &adir. Entramos en 10s aspectos menos cientídicos de la ciencia. Siempre se puede reargiiir que la crítica de Sotelo es el verdadero modelo de la sociologia que se hacía en el franquismo, pero así no terminarlamos nunca. Si de 10 que se trata es de purificar la disciplina con el código de que todo el que no escogió la libertad del exilio en tiempos de Franco es un franquista, pues apaga y vámonos. Honradamente a mi las cosas me parecen de otro modo. No me arrepiento de haber escrito todo 10 que he escrito, autocensurado y censurado por otros, aunque, como es lógico, de volver a escribirlo 10 haría ahora de otro modo. Agradezco a 10s dioses el haber nacido en mi tiempo y que me concedieran ese gamo de ironia que es 10 Único que Salamanca (mi tierra y mi gremio, por una vez en 10s dos sentidos) no puede prestar.