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La sociología de Freud

Marsal, Juan Francisco

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Marsal, Juan Francisco

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Juan F. Marsal (Universidad Autónoma de Barcelona) El autor analiza, en primer lugar, someramente en qui consiste la revolución freudiana que centra en las áreas de la sexualidad infantil, la negación de la antinomia normal-anormal, el inconsciente, 10s sueños y el nuevo entendimiento de una esfera ampliada de la sexualidad y 10s afectos. Pero la obra de Freud no se reíiere únicamente al conocimiento sino que consiste en un intento de transformación del ser humano neurótico por medio de la terapia. En una segurida parte este trabajo trata de la teoria social de Freud propiamente. Aparte de su influencia indiscutible tanto en la teoria como en la metodologia sociológica, Freud aporta una verdadera antropología no exenta de contaminación psicologista y evolucionista. El autor del trabajo ve incluso una inesperada coincidencia entre Durkheim y Freud. La última parte de esta lectura sociol6gica de Freud toma a Freud como simple punto de partida tanto para una interpretación derechista y conservadora de Freud como para destacar las potencialidades revolucionaria~ del psicoanálisis que supieron destacar lieich, Roheim y, sobre todo, Marcuse. Marsal termina negando que sea posible hacer una crítica sociológica a Freud desde sociedades como la espaiiola, que apenas han llegado al umbra1 que Freud hace años cruzó. Papers: Revista de Sociologia 6 (1976) Sociologia de Ereud Introduccidn Shils sostiene con raón que la sociologia es la continuación --con metodologia modernadel perenne cuestionamiento del ser humano sobre 10s problemas fundamentales de su vida en sociedad. Las respuestas principales se hallan en las concepciones sobre la sociedad, la historia y el individuo de 10s autores que: constituyen 10 que Wright Mills llamara <(la tradición clásica)>. Para Mills, Freud es uno de 10s grandes clásicos de la sociologia.' Pero la lectura de la obra de Freud además de ser indispensable desde el punto de vista de una formación sociológico-humanlstica, 10 es también como purificación conceptual para todo individuo de nuestro tiempo que ha recibido entre 10s objetos de consumo cultural, subrepticiarnente, un legado de freudismo maleado. Erich Fromm (como desde otra perspectiva Marcuse) ha sabido desenmascarar el proceso de digestión del psicoanálisis freudiano por la American way of life. Popularizado, el psicoanálisis se convierte en itmensajero de libertad sexual para la pasión del nuevo consumidorw y es icun sustituto del radicalisme en política y religión.2 En las sociedades de cultura latina como la nuestra, la iduencia no es tan directa, se trata más bien, como ha señalado Castilla del Pino, de <(una incorporación cultural difusa, en modo alguno como infiuencia directa de la literatura psicoanalítica ni, tarnpoco, del psicoanálisis. Este último puede ser de importancia en la sociedad norteamericana, pero entre nosotros, por raones obvias, es todavia de~deñable>>.~ 1. C. Wright Mills, ed., Images of Man, The Classic Tradition in Sociological Thinking (Nueva York: Braziller, 1960), pp. 2-5. 2. Erich Fromm, Sigmz~nd Freuú's Mission (Nueva York: Blackcat 1959), pp. 118119, y Marx i Freud (Barcelona: Edicions 62, 1957), p. 156. 3. Carlos Castiiia del Pino, Psicoanálisis y mrrrxismo (Madrid: Alianza, 1969), p. 112. <(Papers,: Revist.a de Sociologia El pensamiento freudiano deriva entonces en uno de 10s elementos de la <cprótesis de la personalidad)>, según la conocida expresión de Fisher, del hombre de la sociedad de consumo. EUo se hace quizá más evidente aun cuando este tip0 de sociedad está afectada por una profunda crisis y se ve amenazada en su supervivencia como tal tip0 de sociedad consumista, como le sucede actualmente a la clase media argentina. La metamorfosis ideológica de la obra de Freud es tanto más artera por cuanto supone un total divorcio de las ideas de Freud, como producto obietivado, de la matriz ética y soci~l donde nacieron. Porque las teorias psicoanalíticas de Freud nacen de la ética del trabajo -<(la ética puritana)> estereotipada por Weberde la burguesia en su periodo de ascenso, con su énfasis dieciochesco en el ctdominio de la pasión por la razón)>, que Freud un tanto tardia y pesimistamente representa tan bien. Mientras que el énfasis en el consumo, y en el placer sexual como objeto de consumo, corresponde a una época de la burguesia instalada, satisfecha y a la defensiva. Será tarea nuestra aquí encontrar 10 esencial de Freud despojándole tanto del ropaje impuesto por su tiempo y su cultura como de 10s ulteriores atuendss echados encima por la sociedad de nuestro tiempo. El descubrimiento de nuevas zonas de realidad y su tratamiento La ciencia ha avanzado a través de 10s tiempos, como una vez escribiera Parsons, como pequeños focos de 11-12 en una inmensa oscuridad. Que esa inmensa oscuridad pueda ser algún dia totalmente iluminada y dominada por el hombre es la materia de la creencia que conocemos por cientismo o cientificismo, creencia con la que, por cierto, Freud cornulgaba. Entretanto no llegue ese saber final, total, la ciencia avanzará según la conocida imagen de Santayana: <(como un ejército de hormigaw. Este avance de tanto en tanto cruza un umbral y abre una nueva porci6.n de realidad arrancada a otros saberes como el folklore y el misticisme. Eso es 10 más importante de Freud: que ya no se puede volver atrás del umbral cruzado por 61; que ya no se puede creer o sostener ciertas ideas sobre la psique, que quedaron atrás arrumbadas en el desván de 10s trastos viejos del anacronismo y el mandarinato cultural. Como dice Erik Erikson: ctFreud creó su teoria irrumpiendo a través de la hipocresia y el olvido artificial de su época que relegaba a todas las "funciones inferiores" del hombre al dominio de la vergiienza, del ingeni0 de dudosa especie y de la imaginación mórbida. )>4 4. Erik H. Erikson, Infancia y sociedad (Buenos Aires, Horme, 1966), p. 51. Sociología de Freud El propio Freud en una página famosa de sus conferencias introductorias se ha mostrado bien consciente de sus descubrimientos cuando considera al psicoanálisis como la tercera revolución después de las de Copér nico y Darwin . Pero la jactancia del descubrimiento viene acompañada por el toque de pesimismo humanista típicamente freudiano en cuanto que considera a estas revoluciones como «mortificaciones» de la megalomanía humana y una decepción para «el ingenuo egoísmo de la humanidad» . Sólo faltaba la investigación psicológica moderna para demostrar que el ser humano no sólo no es el centro del universo ni tiene un puesto privilegiado en el orden de la creación, sino que «ni siquiera es dueño y señor de su propia casa» . 5 Ahora bien, ¿cuáles son las áreas claves de la persona humana sobre las que Freud construye sus teorías? A mi juicio una clasificación por orden de importancia tendría que colocar en un primer grupo ala sexua lidad infantil, el continuo normal-anormal, el inconsciente, los sueños y, por último pero no menos importante, la esfera de la sexualidad y los afectos . Contra la repulsa general . y la indignación de sus coetáneos, como él mismo relata en su Autobiografía, Freud mantuvo «que la función sexual se inicia con la vida misma y se manifiesta ya en la infancia por impor tantísimos fenóménos» . «Ningún descubrimiento psicoanalítico -escribe un tanto jactanciosamente Freudpuede ser demostrado tan fácil y completamente como esto .»' Freud saca así a la niñez de la tierra de nadie donde la había dejado la ciencia o de la gratuita «inocencia» atribuida hasta la pubertad al niño por la literatura piadosa . Contra estas creencias generalizadas Freud, en 1905, en sus Tres ensayos sobre una teoría sexual, defenderá con escándalo su tesis de la complejidad sexual de la naturaleza infantil y su carácter «polimórficamente perverso» . Otro terreno en el que Freud se enfrenta con el saber de su tiempo es al oponerse a la identidad de lo psíquico y lo consciente, como era lugar común en la psicología prefreudiana . Incluso, en algunos de sus escritos, llega a sostener que «la diferenciación de lo psíquico en consciente e inconsciente es la premisa fundamental del psicoanálisis»,' afirmación que repetirá años adelante Fromm al escribir que «el inconsciente es el descubrimiento fundamental de Freud» . Este hallazgo de tanta importancia terapéutica, tiene también mucha relación con el tratamiento de lo psíquicamente anormal como algo de diferencia sólo relativa con la salud y lo 5 . Sigmund Freud, Introducción al psicoanálisis (Madrid : Alianza, 1969), p . 308 . 6 . Sigmund Freud, Autobiografía (Madrid : Alianza, 1973), p . 46 . 7 . Sigmund Freud, El yo y el ello (Madrid : Alianza, 1973), p . 8 . 99 <(Papers>>: Revista de Sociologia normal. <(Una diferencia de orden cuantitativo y no cualitativo)>, como mantendrá Freud en contra de la práctica médica y de la prevención social de la locura en su tiempo. De otro de sus hallazgos fundamentales, la interpretación de 10s suefios, Freud se sentirá orgulloso hasta la última etapa de su vida por ithaber conquistado un dominio nuevo a las ciencias populares y a la mística)>.' Pero a diferencia de 10 que sucede con la niñez o la anormalidad, no se opone a ellas, ya que las considera *cercanas a la verdadu. A 10 que se opone es a la medicina de su tiempo, que consideraba al sueño <{un proceso físico inútil cuando no patológicoa. Para Freud, en cambio, la ctluminosidad de su súbito descubrimiento)>, como él nos dice, consiste en que el sueño <{no es desatinado ni absurdo.. ., es un acabado fenómeno psiquico, y precisamente una realización de deseos)>? Es una ironia que haya tenido que ser Freud, este <tjudío puritanon, quien haya llevado bajo el foc0 de la investigación científica a toda la zona de 10 humano conexo con el sexo y rescatarla de las oscuridades mitológicas en las que se 10 tenia relegado. Es indudable que Freud convierte el sexo en una especie de deus ex machina de su psicologia. Como por ejemplo en el caso Dora, donde afirma que <(la sexualidad es la clave de la psiconeurosis y las neurosis. Nadie que no 10 reconozca asi llegar6 jamás a solu~ionarlo~>.'~ Pero mis adelante 10 sexual biológicamente determinado viene a integrarse en el concepto mucho más amplio de la libido que se acerca más a un área difusa de 10 afectivo o <tcatártico)> (como 10 había llamado Breuer y, tiempo después, 10 denominar6 Parsons). No es que Freud desconociera desde temprano la iduencia perturbadora de otros complejos como 10s profesionales, 10 que sucede es que el esfuerzo por poner a la luz la sexualidad en toda su complejidad hermafroditica, hasta entonces tan desconocida, le lleva a una concentración causal en 10 sexual, 10 que por otra parte estaba en contradicción con su conviccidn en la pluralidad causal de 10s fenómenos humanos.ll Erikson ha sosotenido muy bien la estrategia metodológica yacente tras esa acentuaci6n en 10 sexual de Freud, al decir que <(seria mejor llamar sexual a demasiadas cosas, que a muy pocas, para después modificar cuidadosamente la hipótesis así in8. Sigmund Freud, crNuevas lecciones introductorias al psicoanálisisn en Obrar Completas, tomo VI11 (Madrid: Biblioteca Nueva, 1974), p. 3102. L 9. Sigmund Freud, La interpretaci6n de 10s sueños (Madrid: Alianza, 1975), tomo I, p. 189. 10. Sigmund Freud, ctAnálisis fragmentari0 de una historian en Historiales Clfnicos (Buenos Aires: Editorial Americana, 1943), p. 134. 11. Véase, por ejemplo, Sigmund Freud, Psicopatologia de la uida cotidiana (Madrid: Alianza, 1972), p. 52. Sociologia de Freud troducidan." Al fin y al cabo, no otra fue la estrategia de otros descubridores, como Mam y Engels; este último ha reconocido en su correspondencia, que tuvieron que hacer hincapié en el aspecto económico, que era el principio cardinal que ellos afirmaron, aun con descuido de otros factores y de su aut~nomía.~ Rof Carballo, en el prólogo a la última edición de las obras completas, sugiere, frente a una excesiva tendencia a la sociologización del pensamiento freudiano, que la obra del médico vienés enace de la clínica, esto es, de la observación de 10s enfermom. Es decir, Freud descubri6 nuevos niveles de la persona en el esfuerzo por curar ciertas anormalidades de la vida psíquica hasta entonces descuidadas, particu:larmente la neurosis. Todos 10s conceptos anteriormente ;sefialados como la sexualidad infantil, la anormalidad, el inconsciente o llas sueños, están estrechamente vinculados al tratarniento psicoanalítico. Así, no s610 se detsctlbre tln nivel de realidad, sino que se trata de transfor,marla. El método psicoanalitico de Freud nace en pugna con 10 que 61 llama alos hábitos mentales de la Medicina)> en el aentido de que s610 se buscaban las causas anatómicas de 10 psíquica. Tc~da la obra de Freud, por el contrario, estará dirigida a la búsqueda de las causas psíquicas de 10 orgánico, 10s <tmotivos de la enfermedad)>, como escribe en cierta ocasiÓn.l4 Para darse idea de 10 rev6lucionario de la posición de Freud, hay que recordar que en la Viena de su tiempo las autoridades médicas solian diagnosticar la neurastenia como tumor cerebral. No es éste el lugar para exponer la terapéutica psicoanalítica. Baste recordar que se trata de pasar 10 inconsciente a 10 consciente y que Freud, a diferencia de otros colegas psicoanalistas, sostendrá hasta el final que 10 inconsciente es fundamentalmente 10 infantil. Es, pues, un amétodo histÓrico)> en cuanto a que si bien se basa en 10s datos médicos los interpreta como una función de la experiencia individual pasada. El psicoanalista, mediante la transferericia, debe vencer 10s mecanismos de defensa que impiden el análisis y fortalecer el yo en su dificil rol de <(monarca constitucionaln entre las fuerzas represoras del super-ego y el instintivismo. El problema del tratamiento psicoanalítico nos lleva como última cuestión al dt: su resultado. Freud mismo, que en sus primeras exposiciones 12. Erik Erikson, <<Crisis psicoanalítica de Signluncl Freud, en T. W. Adorno y Walter Dirks (eds.), Freud en la actualidad (Barcelona: Barral, 1971), p. 42. 13. Engels a J. Bloch y F. Mehring en C. Marx y F. Engels, Obras Escogidas (Moscú: Lenguas extranjeras), tolmo 11, pp. 522-530. 14. Véanse, entre otros textos, S. Freud: Introducción al psicoanálisis, op. cit., p. 15; Interpretacidn de 10s sueños, op. cit., p. 108; ctAnálisis fragmentatio de una historia,, op. cit., p. 134. <<Papers,: Revitsta de Sociologia habia definido al neurótico curado como <tel que hubiera podido ser independientemente del tratamiento en condiciones más favorables)>,15 se vuelve mis caviloso al final de su vida, cuando dice que <tel análisis logra a veces eliminar la influencia de un aumento del instinto, pero no invariablementen, y que es mejor hablar de un <tanllisis incompleton que de un <tanilisis inacabado>>.l6 Desde Freud las aguas han corrido mucho bajo 10s puentes de la terapia psicoanalitica, y los analistas siguen ahora caminos muy diversos. Pero Freud sigue siendo 10 que fue: un punto de partida. Y como en tiempos de Freud mismo su terapia, el psicoanálisis, sigue siendo mis una avenida de clavidad intelectual que un método seguvo de curar. La teoria social de Freud y su influencia en sociologia ¿Cusi1 ha sido la influencia de 10s conceptos e ideas freudianas en sociologia? 2Existe realmente una teoria o teorias sociales de Freud fuera de su experiencia clínica de 10 individual? ¿Cu61 ha sido la respuesta de la sociología académica a la penetración teórica freudiana? Demostrar que 10s conceptos freudianos han penetrado ampliamente en las ciencias sociales seria hacer 10 que Sorokin llamaba <(una penosa elaboración de 10 evidente)>. Los conceptos freudianos axiales del yo-superyo y el el10 invaden la literatura sociológica como toda nuestra cultura; las tipologías libidinales de Freud y sus discípulos están en la base de cualquier tipologia que inserte 10 individual en 10 social; las relaciones interpersonales no son ya explicables sin la explicación de 10s roles sexuales que Freud reveló. En el campo de las técnicas de investigación sociológica, la metodologia psicoanalitica ha iduido directamente en la entrevista en profundidad y en la entrevista no focalizada, tal como Merton la formalizara luego. Con carácter más general tras el método de casos están 10s casos clínicos del fundador del psicoanálisis. Pero aún hay más: el énfasis en lo personal, en 10 biográfico caló hondo en 10s grandes sociólogos disidentes norteamericanos desde Mills a Gouldner. Mills afirma una y otra vez que d trabajo sociológico que no combina biografia, historia y sociedad no ha terminado su jornada intelectual, mientras que Gouldner, recientemente, en su embate contra el <tobjetivismo)> sociológico ha proseguido en la misma linea sosteniendo 15. S. Freud, Introducción al psicoanálisis, op. cit., p. 465. 16. Véase S. Freud, ctAnálisis terminable e interminablen, Obras Completas, op. cit., tomo IX. Sociologia de Freud que el compromiso del socitólogo significa que para la teoria sociol6gica es de especial importancia <(la infraestructura personal del teórico: sus presunciones básicas, sus sentimientos y las cosas que 61 personalmente define como reales)>.'' Pero además de esa difusa influencia de 10s conceptos y metodologia freudiana en las ciencias sociales, y la socio10,gia en particular, hay especialidades como la sociologia del conocimiento en que Freud se coloca junto a 10s fundadores. La distinción entre manifiesto y latente, que Freud enuncia por primera vez en su Interpretación de 10s sueños (y que Merton incorpora luego a la teoria 12structural-funcionalista) se transforma en una de las piedras angulares de Xa visión sociológica del conocimiento. La idea de una realidad <(de fachacla), a la que se refiere Freud en su trabajo sobre 10s sueños, deviene e:n la proposición central de la perspectiva humanística de Peter Berger, por ejemplo, para quien <(la perspectiva sociológica implica un proceso de comprensión a través de las faehadas de las estructuras sociales>>.l8 Freud no toma las ideas ni el conocimier~to a prima facie. Los afectos entran en escena; para Freud ctlos juicios estimativos de 10s hombres son infaliblemente orientados por sus deseos de alcanzar la felicidad, constituyendo, pues, tentativas destinadas a fundarnentar sus ilusiones con argumentoss, dice en El malestar de la cultura."' Y ya muchos años antes en uno de sus casos mis famosos, <(El hombre de las ratas,, Freud había hecho notar que <(no estamos acostumbrados a sentir en nosotros afectos intensos sin contenido ideológico, y por tanto, cuando tal contenido nos falta, echamos mano de otro cualquiera adecuado, como subrogado)>." Esta perspectiva es común a Mam y Freud y por ell0 a ambos 10s llama Ricoeur ct maestros de la sospechan. Como escribe Fromm acertadamente, <(Mam creia que la realidad básica es la estructura económica de la sociedad; Freud, en cambio, creia que 10 era la organización libidinosa del individuo. Pero ambos sentian la misma aversión implacable por 10s clichés, las ideas, las racionalizaciones y las ideologias que llenan la mente de 10s hombres y que constituyen la base de aquell0 que í:oman erróneamente por realidad*.2' Otro campo en el que Freud se constituye en un must es en sociologia de la familia. Aunque es inadmisible la sustitución que Freud velis nolis 17. Alvi,n Gouldner, For Sociology (Nueva York: Basic Books, 1973), p. 95. 18. Peter Berger, Introducción a la Sociologia (México: Limusa-Wiley, 1967), p. 51. 19. S. Freud, <<El malestar en la cultura,> en Obras Completas (Editorid Arnericana), op. cit., tomo XIX, p. 112. 20. S. Freud, Historiales Clinicos, op. cit., p. 29. 21. E. Fromm, Marx i Freud, op. cit., p. 20. <{Papers)>: Revista de Sociologia practica de la sociedad global por la unidad familiar, es tambidn indudable que la relación entre <(cultura y personalidad)>, como dicen 10s antropólogos, no se puede entender sin estudiar 10 que en 10s historiales clinicos de Freud figura como el <{ambiente familiar de la niñez)>. Y dentro de esa matriz deben situarse 10s roles sexuales sin 10s que no se entiende la formación de la personalidad básica. Por otra parte, en Freud se encuentra un análisis critico de las consecuencias sociales de la <{doble moral% sexual practicada por la burguesia y las consecuencias neuróticas de la vida sexual matrimonial de su tiernpaZ2 Es evidente que todos 10s planteamientos posteriores en el campo de la sociologia familiar han absorbido la crítica a la moral victoriana de Freud, bastante tímida por cierto, pero con toda la fuerza de la evidencia a su alcance. La antropologia social de Freud La teoria social y antropológica es, a mi juicio, el punto mis débil de la obra de Freud. Pero no me parece correcto despacharla con la acusación de su rasgo mis saliente, que es su evidente <cpsicologismo~>. A obra de tal magnitud y profusión como la freudiana cabe muy bien la advertencia que hace Hostadter sobre el gran historiador norteamericano Frederik Jackson Turner: <(El procedimiento más válido con un pensador de esta clase es no tomarse a la ligera sus fallos marginales, sino rescatar cuanto sea viable separánddo de 10 que est6 equivocad~.>>~ La teoria social de Freud no se agota con el evidente <cpsicologismo~~ del que Freud reiteradamente hace gala. En la psicología de las masas y análisis del yo, Freud sostiene desde la primera página que <ela psicologia individual es al rnismo tiempo, y desde un principio, socialn, con 10 que Freud quiere decir casi exactamente 10 contrario, es decir, que la psicologia social es una parte de la psicología individual, pues 10s actos sociales no son más que una clase de actos psicológicos individuales por contraposici6n a 10s actos narcisistas. La <toposiciÓn entre actos animicos sociales y narcisista~ cae dentro de la psicologia individual y no justifica una diferenciaci6n entre esta y la psicologia social o colectiva)>, escribe inequívocamente Freud.% Asi, literalmente, lo toman sus mis ortodoxos seguidores, como Erikson, para quien <ela historia de la humanidad es un metabolismo gigan22. Véase S. Freud, <<La moral sexual cultural y la nerviosidad moderna), en Ensayos sobre la vida sexual y la teoria de la neurosis (Madrid: Manza, 1972). 23. Richard Hofstadter, The Progressive Historians (Nueva York: Knopp, 1968), p. 119. 24. S. Freud, Psicologia de las masas (Madrid: Manza, 1974), pp. 9-10. Sociologia de Freud La cosmovisión freudiana Algunos autores anglosajones han querido separar en el tiempo la obra de Freud poniendo como frontera el año 19 18, en el que la teoria científica de Freud empezaría a ser sustituida por <tespeculaciones culturales>>. Me parece un intento útil. Pues, como en casi todos 10s cientíiicos, sus hallazgos empíricos se hallan entremezclados con su ideología --el amapa moral y cognitivo del mundo)>, como la llama Shilsy las motivaciones personales de su descubridor. La separación de ciencia e ideología es una asíntota indeclinable del saber científico, pero no es proclamable por fiat. En Freud, como en casi todos 10s grandes descubridores de una nueva zona de realidad humana y a pesar de t0da.s sus declaraciones expresas contra la elaboración de sistemas universales, se observa la tentación de convertir sus descubrimientos en ctpiedra filosofal)>. Recuérdese que Totem y tabú, obra en la que se halla el me0110 de las especulaciones culturales de Freud, está escrita en 1911, aiio en que (de ninguna manera se puede hablar de un Freud viejo. La Wdtanschauung freudiana se hailla formada por diversos componentes no totalmente conciliables. Los más destacados y a 10s que nos referiremos a continuación son el cientismo, el racionalisme y el vitalisme pesimista. En Freud están manifiestamente todos 10s elementos de 10 que 61 mismo llama la concepción científica del universal. El psicoanálisis, como toda ciencia, es provisional y no caben últimas causas ni ú1,timas fuentes de explicación, sino una multicausalidad derivada cle la insuperable complejidad del suceder. El psicoanálisis, como el trozo de ciencia que Freud quiere que sea, se desarrolla según d modelo de la ciencia natural, que es 10 que en definitiva aspira a ser. <{El edifici0 teóricol del psicoanálisis creado por nosotros [dice Freud] no es en realidad sino una superestructura que habremos de sentar algún día sobre una firme base orgánica.>>& O sea que su modelo final no es otro, como el de Comte o Spencer, que la biologia que fue el paradigma de las ciencias sociales decimonónicas. Hacer ciencia no es en Freud, ciertamente, s610 aséptico empirismo, sino que se remata con una creencia intolerante. Sostiene Freud en sus últimas <{Nuevas lecciones sobre el psicoanálisisn: Es inadmisible decir que la ciencia es un único sector de la actividad del espíritu humano, y la religión. y la filosofia otros 46. S. Freud, Introducción al psicoanálisis, op. cit., p. 417. <(Papers)>: Revilsta de Sociologia equivalentes por 10 menos, en 10s cuales no tiene por qué intervenir la ciencia; que todos aspiran por igual a la verdad y que cada hombre puede elegir libremente de donde extraer sus convicciones y donde poner su fe. Tal distinción pasa por muy distinguida, tolerante, comprensiva y libre de angostos prejuicios. Desgraciadamente no es sustentable; participa de toda la nocividad de una concepción del universo completamente anticientífica y equivale prácticamente a ella. Lo cierto es que la verdad no puede ser tolerante, que no admite transacciones ni restricciones, y que la investigación considera como dominio propio todos los sectores de la actividad humana y tiene que mostrarse implacablemente crítica cuando otro poder quiere apropiarse parte de ello~.~~ Pero, ¿de dónde nace esta seguridad en la omnipotencia de la ciencia? Sin duda de la filosofia de la Ilustración y su pretensión de destruir y reemplazar críticamente a la concepción religiosa del universo. En eso consiste la secularización que es la política intelectual de 10s philosophes y que heredan la fiiosofía y la ciencia positivista del siglo XIX. Es una concepción exclusiva que no acepta la arbitrariedad en nada y que se rebela, como el propio Freud, contra la misma posibilidad de emocionarse. La civilización de la ciencia queda así plantada en las antípodas del estado de naturaleza, como en 10 individual 10 están las tendencias saciales frente a las tendencias sexuales. Es una civilización que requiere de la ascética del trabajo y de la sublimación, pues, como escribe Freud, <(suprimida la civilización, 10 que queda es el estado de naturaleza, mucho más difícil de ~oportar)>.~~ Todo 10 demás queda al mnrgen como una categoria residual: el arte, la emoción, el placer sexual. Fromm ha captado muy bien este aspecto de la cosmovisión freudiana como propia de un reformador liberal que queria aíianzar la conquista racionalista de la pasión por la razón mediante la rectificación de la concepción ingenuamente intelectualista de 10s racionalistas dieciochescos. Escribe Fromm : Su objetivo tiene sus raíces en el protestantisme y en la fil@ sofía de la Ilustración, en la filosofia de Espinosa y en la religión de la Razón, pero en Freud asume una forma que le es específica. Hasta Freud se habían intentado dominar 10s afectos irracionales 47. S. Freud, ctNuevas lecciones introductorias al psicoanálisis)>, op. cit., vol. VII, p. 3192. 48. S. Freud, El porvenir de una ilusión, op. cit., vol. VIII, p. 2967. Sociologia de Freud del hombre por la razón, sin concxerlos, o mejor sin conocer sus fuentes profundas. Freud, que creia que habia descubierto esas fuentes en 10s vínculos libidinosos y en 10s complicados mecanismos de represidn, sublimación, forrnación de síntomas, etc., treia que ahora, prr primera vez, el sueño secular de autocontrol y racionalidad podía ser reali~ado.~~ Esta &me creencia de :Freud es sólo paste de su cosmovisión, como veremos en seguida; así como las imprevisit,les derivaciones de 10 que 61 --en su reformismo racionalistadescart6 como hallazgos marginales. En la cosmovisión freudiana, junto a e!je ingrediente reiteradamente confeso de cientismo, corre un tanto subrepticiamente una filosofia de tipo vitalista o existencialista, si se la quiere llamar así, como si no la hubiese podido evitar. Por es0 Freud reconoce con cierta repugnancia sus <(amplias coincidencias, con Schopenhauer y tamt)ién con Nietzche. Para Freud toda la actividad psíquica del hombre est6 dirigida a pre curarnos placer y evitar el displacer. Eso es 10 que quiere expres,ar en <tel principio del placer que rige la vida),. La aspiración 6ltima del ser humano es la felicidad individual. Pt:ro a esta concepción placentera de la felicidad todo se le opone, y entonces sólo cabe la fuga a la neurosis, el trabajo libremente elegido o, en forma más general, la estrategia del comerciante prudente. Bajo la presión de tales motivos de suf rimiento el hombre suele rebajar sus pretensiones de felicidad; el evitar el sufrimiento relega a segundo lugar el lograr el placer, es decir, el principio del placer se transforma por influencia del mundo exterior en el principio de realidad.50 Freud en este punto crucial de su iilosofía se muestra otlra ~rez un reformador (no un revolucionario), aunque no deja de ver 10s peligros de la creciente limitación de las tendencias instintiva^.^' (Este tlema luego será retomado, llevándolo hasta limites imperuables para la pmdt:ncia intelectual de Freud, por la Hamada izquierda freudiana.) Tanto en el plano de la psicología individual como en el proceso cultural, que Freud considera <(como una abstracción de orden superior a la de la evolución del individuoa, la filosofia de la vida de Freud es notoriamente dualista. Así 10 reconoce expresamc:nte en Más allá del principio 49. E. Fromm, Sigmund Freud's Mission, op. cit., p. 99. 50. S. Freud, El malestar rle la cultura, op. cit., p. 28. 51. S. Freud, ctEl porqué de la guerra*, -0b,ras Completas (Madrid), op. cit., p. 3215. <{Papers)>: Revist,a de Sociologia del placer. itNuestra concepción era dualista desde un principio y 10 es ahora aún mis desde que denominamos la antítesis, no ya instintos del yo e instinto sexuales, sino instintos de vida e instintos de muerte.~~* Pero esta lucha cósmica entre amor y muerte, entre Eros y Tanatos, se da también en el ser humano mismo (perverso y sublimador), que no es una criatura tierna y necesitada de amor solamente, sino un ser cuyas disposiciones instintivas llevan también su buena porción de tendencias agresivas. La posición de Freud, según Roazen, es pesimista; su fe cientificista le habia llevado tempranamente a impugnar por anticientíbca la creencia en la libertad y la espontaneidad psicológicas y a reivindicar el determinismo psíquico. Pero ese determinismo, 2cÓmo se inserta en una concepción dual, agónica, de la vida humana? No muy fácilmente. Escribe Freud en El malestar en Zcz cultuua: <tA mi juicio el destino de la especie humana ser6 decidido por la circunstancia de si, y a qué punto, el desarrollo cultural logrará hacer frente a las perturbaciones de la vida colectiva emanadas del instinto de agresión y autodestru~ción.~>~" Estamos, pues, ante una visión trágica de la vida, inclinada hacia el pesimismo, similar al de 10s momentos mis amargos del Ortega exiliado en Buenos Aires, quien desde el mismo trasfondo nostálgico liberal critica la concepción de 10s que creen que la sociedad se regula miríficamente, cuando en realidad lo hace lamentable <tgracias a que la mayor porción de las fuerzas positivamente sociales tienen que dedicarse a la triste faena de imponer un orden al resto antisocial de la llamada sociedadn." Es realmente extraordinaria la coincidencia de talante entre la visión freudiana del mundo y la de su gran contemporáneo alemán Max Weber. El héroe capaz de vivir sin ilusiones de Freud se da la mano con el pesimismo heroico de Weber; el principio de la realidad de aquél con la moral de la responsabilidad de éste. Ambos adoptan la misma actitud desilusionada ante la inexorabilidad de nuestra civilización en su camino hacia un futura de ajaula de hierro),. Ambos, en resumen, participan de la misma visión trágica y de la misma concepción dualista del mundo, típica del fia du sitcle. ¿De dónde nace esta concepción del mundo? Para algunos estudiosos de la biografia de Weber, proviene de la lucha entre el autoritarismo paterno y la religiosidad materna o, si se quiere, de la lucha generacional 52. S. Freud, <(Mis a116 del principio del placer, en Psicologia de las masas, op. cit., p. 129. 53. S. Freud, El malestar de la cultura, op. cit., p. 113. 54. José Ortega y Gasset, Las Atlántidas y Del Imperio Romano (Madrid: Revista de Occidente, 196O), p. 112. Sociologia de Freud entre padres e hijos burguese~.~~ Para Luckacs, no es más que ctuna forma más refinada de combatir al materialismo hi;;tórico)> por parte de la burg~esía.~~ En nuestra opinión Luckacs tiene razón en llamar la atención sobre el anclaje burgués en la base de la cosmovisión weberiana; sin duda eso es 10 que le hace coincidir con Freud. Pero su explicación es demasiado simple, demasiado unilinear. Otro marxista (muy próximo a 61, por cierto) el francés Goldmann, utiliza mejor la clave de 10 común de Freud y Weber a través de su estudio de la intelectualidad jansenista, como veremos. Tanto Freud como Weber son hijos de la burguesía, aunque, por cierto no del mismo estrato ni con situaciones familia.res similares. De ambos puede decirse, como dice Coser de Weber, que cesaron de creer en las ideologías que tradicionalmente habia justificado la era burguesa pero que fueron incapaces de ofrecer una contraimagen." O dicho en términos marxistas que su conciencia se separó de su existencia. Ni Freud ni Weber pertenecian a la pequefia fracción de ideólogos burgueses que, como Marx y Engels, renegaron de su clase. De alli su debilidad, de ahi su negación del pervenir, su decir si y no al mismo tiempo que constituye el nódulo de la concepción dualista y de la virión trágica. Ese dualismo insalvable no es ni la consecuencia única de una situación familiar conflictiva ni un maquiavelismo de ideólogo burgués. El merito principal de la obra de Goldmann Le dieu ~aché,~~ que es un estudio de la intelecrualidad jansenista del siglo XVIII, es haber hecho comprender que la visión trágica anida en toda ideologia de minorías intelectualmente avanzadas, pero socialmente débiles, que siguen anclacdas, por su base económica, en la sociedad de la que son críticos intelectuales. Los jansenistas eran aristócratas o funcionarios de la corona francesa, Weber un vástago de la burguesla alemana imperial, Freud un rnédico con clientela burguesa y con el status de referencia de la clase prolesoral a la que Weber orgullosamente perteneda. La jaula de hierro que prevén para el futuro no es más que la proyección de la propia jaula de hierro de su presente, de su propio contorno social, en la que ellos se sienten atrapados. 55. Véase el prólogo de Gerth y Mills a Max Weber, Ensayos de sociologia contemporánea (Barcelona: Martinez Roca, 1972) y Arthur Mitzman, The Iron Cage (Nueva York: Grosset y Dunlop, 1'369), ctIntroducti~~n)>. 56. G. Lukács, El asalto a la razón (Barcelona México: Grijalbo, 1967), pp. 485 a 590. 57. L. Coser, prólogo a la obra de Mitzman, o,p. cit. 58. Utilizo la edición castellana titulada El hombre y 10 absoluto (Barcelona: Península, 1968). <<Papers)>: Revissta de Sociologia Más allá de Freud Es fácil hacer deporte como 10 hace Charles Anderson y otros sociólogos de la nueva sociología americana, destacando el esencial conservadurismo de Freud con referencia a otros aspectos de su obra.59 Se procede entonces de forma inversa a la aconsejada por Riessman; es decir, se toma el ropaje de su tiempo y su cultura y se desprecia 10 esencial de sus hallmgos científicos. Este descarte de Freud por parte de algunos marxista~ superficiales parece, por otra parte, un mecanisrno de defensa dado que el escaso tratamiento de 10 psicológico individual es uno de 10s más notorios vacíos de su teoria. Como bien agudamente acota Freud en su por otra parte burda crítica del mamismo: <tes verdad que al abolir la propiedad privada se sustrae a la agresividad humana uno de sus recursos, sin duda uno muy fuerte, pero de nin& modo el más fuerte de to do^)>.^' Ciertamente que se encuentran en la profusa obra de Freud todos 10s elementos que constituyen el modelo del conservadurismo de derecha. En primer lugar su extremado elitismo, su menosprecio por la miseria psicológica de las masas. <(El hecho de que 10s hombres se dividan en dirigentes y dirigidos --cree Freudes una expresión de su desigualdad innata e irremediable.)>61 <(Se trata de una ineludible ley naturala - <tel hecho básico de toda sociedad)> como escribiría Ortega y Gasset en representación de una idea común a la burguesía intelectual de la épo~a.~~ Naturalmente entonces la igualdad resulta una <cilusión)> de la ideologia bolchevique tanto como la religión. Su concepción del progreso es la tecnológica e individualista del dynamic consevvatism, como aparece en este claro texto de Las nuevas lecciones: <(una modificación capital del orden social carece de probabilidades de éxito, en tanto que nuevos descubrimientos no hayan intensificado nuestro dominio de las fuerzas naturales y facilitado con ell0 la satisfacción de nuestras necesidades~.~~ Este elitismo conservador se ve reforzado por la aceptación de la necesidad inescapable de la coacción para el mantenimiento de las instituciones culturales de la civilización, primer0 en forma externa luego interna.64 Incluso la religión mosaica tiene para Freud as59. Charles H. Anderson, Toward a New Sociology (Homewood: Dorsey, 1974), pp. 8-10. 60. S. Freud, El malestar en la cultura, op. cit., p. 72. 61. S. Freud, El porqué de la guerra, op. cit., p. 3213. 62. José Ortega y Gasset, <<Espafia Invertebrada, en Obras Completas (Madrid: Revista de Occidente, 1957), vol. 111, pp. 103 y 93. 63. S. Freud, ctNuevas lecciones ... >>, op. cit., p. 3205. 64. S. Freud, El porvenir de una ilusión, op. cit., pp. 2963 y 2965. Sociologia de Freud pectos eufuncionales como un <(progres0 de la espiritcaalidad)> que ctsupone la valoración del trabajo intelectual y renuncias institucional es^.^^ Es en relación al papel de la mujer, como se ha puesto en evidencia hasta la saciedad, donde se observa a un Fre:ud mis apegado a las creencias de la burguesía liberal de principios de siglo. Sus ideas sobre <tel afán de masculinidads o <(la envidia filical> de ].a niña tanto como sobre la incapacidad de la mujer para la sublimacitin cultural apenas encubren la ideologia de male superiority de la burguesía de su tiemp~.~~ Por si algo pudiera sobrevivir de ellas, en la actualidad las intelectuales del Women's Liberation Movement se han encargado de rerriminarlas como sobrestimación de lo sexual y paternaljsmo. Creo que el camino de la crítica al ropaje temporal de Freud, además de ser fácil, es infecunda. Otros ideólogos de la derecha cumplen ese papel más inteligente e inequívocamente. Pero, ha habido un grupo de seguidores de Freud, 10s mis heterodoxos, que han sabido tomar sus cabos sueltos y llegar a posiciones radicalmente opuestas. Me refiero a la llamada ctizquierda freudiana)>. La izquierda freudiana Este grupo de intelectuales rescata a Freud --como ha señalado Robinsonde entre 10s autiutopistas en que habí:a siclo colocado por la exégesis conservadora, y explora las potencialidacles revolucionarias del psicoanálisisP7 Es evidente que en el propio Freud hay suficientes cabos sueltos como para hacerlo inadaptable al orden político y sexual establecido. Freud en algunas ocasiones define el tratamiento psicoanaíítico como <tliberación del amor reprimido)>, en otras critica la conducta erótica del hombre civilizado caracterizado por el se:llo de la impotencia psíquica y llega a identificar a la ciencia misma con <(la liberacióri del placer)>.68 (Se& testimonia Jones, Freud soñaba con encontrar un anticonceptivo que ctliberara el goce sexual de toda c~mplicación)>.)~~ El propio Freud le escribe a un amigo: <(Yo propugné una vida sexual incomparab1t:mente mis libre, si 65. S. Freud, <{Moisés y la wligi6n monoteista:,, op. cit., p. 178. 66. Véase S. Freud, <{Sobre la sewalidad ferneninaa en Tres ensayos sobre la teoria sexual, op. cit., p. 139, y El malestar en la cultura, OP. cit., p. 60. 67. Pau1 T. Robinson, The ~Freudian Left (Nueva Uork: Harper, 1969), p. 3. 68. S. Freud, Psicoanálisis a!el arte (Madrid: Alianza, 1973) y Ensayos sobre la xida sexual y la teoria de la neurosis, op. cit., pp. 85 y 69. 69. E. Jones, Vida y obra de S. Freud, op. cit., vol. I, p. 297. <(Papers)>: Revista de Sociologia bien por mi parte he hecho muy poco uso de tal libertad.>>'O Es notable que en un cierto momento de su discurso Freud, como (Engels, considere a la familia y al matrimoni0 monogámico como un obstáculo al progreso sin atreverse luego a sacar las consecuencias de tal a~everación.~~ El <tfreudismo)> como una doctrina radical diferente del psicoanálisis no se limita a 10s seguidores izq~~ierdistas de Freud, como Reich, Roheim y Marcuse, sino que es parte sustancial de la llamada <(teoria critica de la sociedad>> de la Escuela de Frankfurt. Según están conformes en reconocer varios estudiosos de la famosa escuela alemana, como Therborn, Rusconi, Jay, Osborn y, entre nosotros, Castilla del Pino, una de sus características es considerar a Marx y a Freud complementarios e interpretar a ambos como una Mgica que está en las antipodas del pesimismo antiutópico, o sea, que est6 con el optimismo utópico revolucionario que en esencia, como dice Goldmann, significa siempre <(una apuesta al futura>>. En este sentido la interpretación de 10s de Frankfurt significa invertir el psicologisme ortodoxo freudiano tanto como Marx 10 hizo con la dialéctica hegeliana. En la conocida expresión de Marcuse: las categorías psicológicas devienen categorias politicas. O, como dice Horkheimer: Freud <(buscó el todo en la parte más pequeña, 10 más amplio en 10 individual>>." Esta posición supone una critica del revisionismo frommiano en cuanto a sociologización del psicoanálisis. <tCuanto más se oponen a la psicole gización de la teoria de la sociedad, tanto menos significan, por otra parte, una socialización de la psicologia~>, escriben Adorno y Horkheimer en el prólogo de 10s trabajos que el Instituto de Investigación Social de Frankfurt dedicó a Freud en el centenari0 de su nacimiento." De todo el grupo de intelectuales europeos esforzados en conciliar Freud con Marx es a mi juicio Marcuse el más importante. No s610 porque es el único que pertenece a la vez a la izquierda freudiana y a la escuela de Frankfurt, sino por el alcance y la infiuencia de su pensamiento. El, como nadie, ha sabido reunir en su obra el radicalismo sexual y el radicalismo politico tanto en sustancia como en estilo. Adorno y Horkheimer nunca llegaron tan lejos. Se limitaron a convertir a Freud, como dice Martin Jay, en <(un profeta de las tinieblaw. 70. Ibidem, vol. 2, p. 256. 71. Véase S. Freud, El malestar en la cultura, op. cit., p. 60, y F. Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, op. cit. 72. T. W. Adorno y W. Dirks, Freud en la actualidad (Barcelona: Barral, 1971), p. 58. 73. Ibidem, p. 9. Sociologia de Freud En Eros y civilización " Marcuse abandona la critica negativa de la sociedad industrial avanzada, característica de sus obras primeras, y presenta un proyecto alternativo. Su instrumento es la filosofia freudiana y la lectura hegeliana de Freud. Porque a Mercuse 10 que le interesa no es el psicoanálisis (que considera atrapado por la contradicción entre el deseo de mayor felicidad individual y el desarrolio de una sociedad represiva antiliberal), sino <(la filosofia del psicoanálisis>>. Lo que le importa a Marcuse no es la curación individual sino el desorden general de quien aquella en definitiva depende. Nuestra civilización es represiva y resultado de una lucha contra la libertad. Ese es el <(gran suceso traumático>> en el desarrollo del hombre. Pero si en la sociedad primitiva, la sociedad de la escasez, era necesaria la represión de 10s instintos biológicos para construir la civilización, una vez desarrdada genera una ctrepresión excedenten al nivel sociol6gic0, que garantiza la continuidad de la dominación del orden establecido. A diferencia de Freud, Marcuse cree en la posibilidad futura de establecer una sociedad no represiva, una sociedad que despaés de creada la cultura pueda hacer una ctregresión>> a 10 instintivo y liberarse del progreso. Esta situación utópica liberada de la angustia del dolor y la memoria reprimida, que Freud s610 entrevió en el arte, Marcuse cree que es generalizable a toda sociedad avanzada. Desde un trasfondo althusseriano el sociólogo argentino Eliseo Verón ha hecho una aguda crítica de la alternativa <(positiva>> que ofrece la ideologia marcusiana. Para Verón, Marcuse retrotrae la teoria a la <tantesala del marxismou pues la crítica a la sociedad industrial 10 lleva, ya que no a una just5cación del Estado como en el caso de Hegel, a un nuevo principio rnetafísico: el Eros. Como este principio es rescatado de la naturaleza y no de la sociedad ello convierte a la ideologia de Marcuse en una especie de <tsocialismo biológico>>. En realidad para Verón es una contraideologia, un mecanismo de defensa similar al de neurosis individual. Es, escribe Verón, <(una recorrida a contrapelo de la historia que sólo puede hacerse neuróticamente, vale decir, al precio de un resurgimiento de lo irracional social disfrazado de naturaleza>>." La crítica de Verón termina irónicamente señalando que <{la combinación de un pesirnismo generalizado y radical acerca de la sociedad con una esperanza fundada en la esencia biológica del hombre es uno de 10s rasgos sustanciales del pensamiento de la derecha>>. 74. Utilizo la edición de Seix y Barral (Barcelona, 1969). 75. La primera versión de esta critica de E. Veron apareció en ctIdeología de Marcusew en la revista porteña Los Libros, núm. 3 (septiembre 1969). <<Papers)): Revista de Sociologia e Freud superado? La crítica de la izquierda llegó después. En realidad Freud tuvo que luchar toda su vida con las acusaciones de <tinmoralidad>> de que fuera objeto por parte del pensarniento tradicional y del establishment médico. Tal crítica llega por cierto hasta casi nuestros días. En una revista psiquiátrica profesional española en 1956 aún se puede leer que Freud dio origen a una moral arbitraria {(recusable no sólo desde un punto de vista religioso sino axiolÓgico)> que negó la conciencia moral y que ha resultado ien un aumento de la delincuencia infantil y la crisis de la ed~cación!~~ Después, cuando este tip0 de crítica perdi6 eficacia ante la evidente aceptación general de 10s puntos de vista freudianos, entonces la crítica conservadora pad, sin solución de continuidad, a sostener que la obra freudiana, que nunca conocieron, había sido superada. Es evidente la vinculación entre las ideas de Freud y el contorno social y cultural que le toc6 vivir. No s610 10 han remarcado así muchos estudiosos de su obra sino que surge palmariamente de sus propios textos. En la interpretación de sus propios sueños podemos observar la penetración en su inconsciente de 10s mecanismos de la represión de la sociedad vienesa, tan curiosamente similares a 10s de nuestra propia ~ociedad,~ y la relación entre elios y sus construcciones teóricas como 10s conceptos de represión, censura y disimulación ideológica. Hablar en España, hace veinte azos, como 10 hizo algún notable escritor, sobre la agonia o la terminación del psicoanálisis no parece serio. Peor aún: es continuar la tradición del pensamiento contrarreformista por la que según el juicio lapidari0 de Aranguren perdimos jirones enteros de realidad en defensa de cuestiones de principio. Ciertamente que hay un más all$ de Freud y de su psicoanálisis. El mismo Freud que reconoce manifiestamente Xa provisiondidad de todo saber, lo aceptaría aunque no gustoso. Ciertamente que su filosofia es discutible y su sociologia, según hemos demostrado, más endeble todavía. Pero Cos hallazgos más sustantivos del psicoanálisis sólo son revisables desde una base social que haya cruzado el umbra1 que él primerol cruzó y que haya reobrado sobre la nueva realidad que Freud sacd a la superficie. Solamente desde una sociedad que haya asimilado la nueva concepcidn sobre la niñez, el sexo, la anormalidad, la homosexualidad, o las relaciones 76. Véasc R. Vidal Folch, <<La repercusión del psicoandisis en la sociologia modernaa en Revista de Psiquiatria y Psicología Médica de Europa y Anaérica Latina, tomo 11, núm. 8 (1956). 77. Véase La interpretación de los sueños, op. cit., pp. 203, 204, 209-210, entre otras, vol. I.