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La investigación sociológica y los datos estadísticos : una crítica al positivismo y al subjetivismo

Garcia Ferrando, Manuel

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Garcia Ferrando, Manuel

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LA INVESTIGACION SOCIOLOGICA Y LOS DATOS ESTADfSTI~COS: UNA CRfTICA AL POSITIVISMO Y AL SUBJETIVISMO Manuel Garcia Ferrando (Universidad Autdnoma de Madrki) El tema central del articulo se reiiere al uso de 10s datos censales y estadísticos con el fin de obtener conclusiones de tip0 sociológico. Se realiza una critica a la postura de 10s etnometodólogos que rechazan el uso de 10s datos estadísticos y a la actividad de algunos sociólogos ctempiricopositives)> que hacen un uso indiscriminada de 10s datos estadisticos. Se trata de demostrar que el enfrentarniento entre <tsubjetivistas)> y <tpositivistas)>, reducible aparentemente a una cuestión del método a utilizar para lograr el conocimiento sobre 10s fenómenos swiales, debe trasladarse a un plano teórico ya que debe ser desde la teoria y no desde la metodologia, como deben plantearse las cuestiones de 10 que es objeto material de estudio científic0 por parte de la sociologia, y de cómo deben tratarse los datos pertinentes. Papers: Revista de Sociologia 6 (1976) Situado el estudioso de la sociologia ante la diversidad de perspectivas teóricas y posturas metodológicas que confluyen en el campo de esta ciencia humanística, puede obtener una sensación de desolación ante la apariencia irreconciliable de muchas de estas posturas y perspectivas. Destacan, en el panorama actual, las nuevas escuelas subjetivistas del interaccionismo simb6lic0, sobre todo la etnometdologia, que ha declarado un abierto enfrentamiento al <cpositivismo)> y al estructuralismo, y al modo en que estas escuelas tratan o investigan el. orden social. Por ejemplo, Cicourel (1964) aspira a desmantelar el actual lenguaje sociológico utilizado por 10s investigadores, y a eliminar buena parte de 10s intentos sociológicos de medición realizados hasta la fecha. Tanto etnometodólogos -Cicourel (1964 y 1968), Garfinkel (1967), Douglas (1967)- como fenomenólogos -Berger y Luckman (1968)- han adoptado una crítica esencialmente antiteórica de 10s tipos de prueba y de la clase de evidencia que se han venido utilizando en 10s estudios empíricos. Proponen una vuelta atrás, de tal manera que a partir del recl5azo de la sociología <ctradicional y positiva, se pueda comenzar de nuevo desde formas elementales y simples, estudiando para el10 las formas en que 10s seres humanos confieren un significado cultural a su propia realidad social concreta. Los sociólogos <cpositivistas)>, por otra parte, mis que hacer manifestaciones tan contundentes como 10s anteriores alatores, se limitan a seguir l ro duc ien do trabajos empiricos, desde su propia posición teórica, y a aportar nuevos <(datos comprobados>>, aunque bien es verdad que a menudo seguimos ignorando su significado teórico preciso (Boudon, 1971). Aparentemente, 10 que se debate en el erlfrentamiento entre gsubjetivistas* y ccpositivistas)> ' se podria reducir a una cuestión del método que puede y debe utilizarse para lograr el conocimiento sobre 10s fenómenos sociales, siendo la naturaleza subjetiva de este tip0 de fenómenos la causa 1. En el presente trabajo no se discuten las posturas de la sociologia crítica, porque ell0 requeriria un discurso distinto del que aquí se desarrolla. apapers*: Revista de Sociologia de la diversidad de 10s métodos sociológicos. Pero es un principio que vamos a desarrollar en este trabajo, el que cualquier discusión de carácter metodológico tiene necesariamente un fundamento teórico, y que debe ser desde la teoria y no desde la metodologia como deben plantearse las cuestiones de 10 que es objeto material de estudio científic0 por parte de la sociología, y de cómo deben tratarse 10s datos pertinentes. El uso de 10s datos censales y estadisticos con el fin de obtener conclusiones de tip0 sociológico, va a ser el tema que desarrollaré en este trabajo para poner de manifiesto la necesidad de partir desde premisas estrictamente teóricas, para definir las fuentes del material utilizable en sociologia, siendo subsidiaria la importancia de 10s métodos reales utilizados en la recogida de tales datos estadísti~os.~ La critica de la etnometodologia al uso de 10s datos estadisticos Los actuales estudios metodológicos pueden referirse a la obra que inis 10s ha iní-luido, esto es, Studies in Ethnomethodology de Garfinkd (1967), quien en buena medida trata de desarrollar la obra del filósofo y sociólogo Alfred Schutz, a su vez fuertemente influido por la fenomenologia de Husserl. Según Garfinkel, el objetivo primordial de la etnometodologia es el estudio de <(cóm0 las actividades concretas (de 10s seres humanos) consisten en métodos para hacer analizables las acciones prácticas, el conocimiento de sentido común de las estructuras sociales y el razonamiento social práctico; y en el descubrimiento de propiedades formales de las actividades prácticas y corrientes de sentido común, desde "el interior" de entornos reales, como productos en proceso de tales entornos)> (Garfinkel, 1967, vii-viii). Para ello propone estudiar el lenguaje y 10s significados culturales, basándose en la propia experiencia cotidiana de 10s seres humanos. Desde esta perspectiva, 10s datos censales y estadisticos tan ampliamente utilizados por la metodologia <(ortodoxa)> no tienen ningún valor sociológico. Y no s610 eso, sino que para 10s etnometodólogos, la propia cuantificación de 10s fenómenos sociales distorsiona la realidad social. Asi, Cicourel sostiene que para cuantificar adecuadamente deben establecerse clases equivalentes entre el lenguaje matemático y 10s fenómenos sociales a cuantificar, 10 que resulta problemático dadas las especiales caracteristicas del mundo social (Cicourel, 1964, 35). No es posible, por ejemplo, calcular 2. En el desarroíio de este punto de vista, sigo de cerca el planteamiento que sobre el mismo realiza Barry Hindess (1973). la tasa real de suicidios, porque 10s suicidios no son iguales entre sí, tienen diferentes causas y no pueden juntarse en una misma categoría. Para Douglas, <(la atribución de la categoría oficial de la "causa de la muerte" es probablemente el resultado de una compleja interacción de procesos que engloban el escenari0 material, la secuencia de 10s sucesos, 10s "otros significativos" de la persona muerta, diversos funcionarios, el público, y el agente que debe atribuir la categorías (Douglas, 1967, 190). Los etnometodólogos resaltan que el soci6logo que desea utilizar 10s datos estadísticos depende de las observaciones y de la forma en que ha recogido 10s datos el personal correspondiente. El técnico que diseña el cuestionario del censo, el entrevistador y todla persona que interviene en la recogida de 10s datos estadísticos, en su codificación y preparaci6n final, parten de una serie de expectativas previas (background expectancies en el sentido que le da a este término Garfinkel) con las que <tinterpretan)> la realidad social a la que se enfrentan. Por eso, lo que se denomina <(datos)> o <(resultados>> s610 puede entenderse por referencia a las expectativas previas (Cicourel, 1967, 8). Al recopilar datos estadisticos sobre fenómenos sociales, cada encuestador introduce sus e~rpertativas previas y su teoria de sentido común en relación al fenómeno observado. En consecuencia, cabe esperar que fenómenos realmente idénticos puedan ser categorizados diferentemente por diversos encuestadores o, viceversa, que fenómenos diferentes sean categorizados idénticamente en Eunción de las expectativas de 10s encargados de recoger 10s datos para el ccnso. El punto en el que insisten tanto Cicourel como Douglas es que toda información estadística necesita interpretarse con referencia a las expectativas previas de 10s observadores que la han recopilado. Además, y tal como pone de relieve Cicourel, se introducen nuevos errores al codificar cada caso, pues a menudo no se sabe exactamente en qué categoría hay que incluir un caso determinado. En una situación tal, el encuestador debe tomar una decisión sobre la marcha (by fiat) acerca de la inclusión de un caso en una categoria u otra (Cicourel, 1967, 106). Si existe tal grado de incertidumbre en el significado de 10s fenómenos perceptivos que se presentan ante el observador, se comprende la negativa de Douglas a admitir la existencia de tasas reales de suicidio: <(El término " tasa potencial de suicidio" se utiliza aquí en1 vez del término más normal " tasa real de suicidio", simplemente porque es una parte fundamental de nuestro argumento a 10 largo de este trabajo que no existe una cosa tal como "tasa real de suicidio". Los suicidios ncr son unas cosas naturales que estén esperando ser categorizadas correcta o incorrectamente por unos funcionarios. ka misma naturaleza de la "cosa" es ella misma problernática de tal manera que 10s " suicidios" no puede decirse correctamente que exis- ctPapersn: Revista de Sooiología tan (esto es, que sean "cosasn) hasta que se realice una categorizaciónn (1967, nota pág. 196). Lo que universalmente se acepta como tasa real de suicidio es, pues, se& Douglas, el producto de una serie de transformaciones y codificaciones de <(cosas)> impropiamente categorizadas por un aparato burocrático. Las tasas de suicidio que se manejan habitualmente no son tanto reflejo de fenómenos sociales determinados, sino el resultado de un proceso burocritico de producción de datos estadísticos sobre el suicidio. El sociólogo, pues, si maneja datos estadísticos corre el riesgo de obtener una imagen distorsionada de 10s fenómenos sociales que pretende analizar, por 10 que no le queda otra alternativa, si desea avanzar en el conocimiento científic0 de la sociedad, que construir teorías <tfirmemente fundarnentadas en descripciones cuidadosas de 10s sucesos del mundo real. La tarea inmediata con la que nos enfrentamos debe ser claramente la de suministrar descripciones comparativas y cuidadosas de muchas formas de acción socials (Douglas, 1967, 340). Los etnometodólogos no ponen en duda, pues, la posibilidad de realizar descripciones c<tcuidadosas)> de 10s sucesos del dmundo real)>. Para Cicourel, la mejor forma de obtener tal información es la técnica de simulación que ha desarrollado Gdnkel (Cicourel, 1964, 165-170). La estrategia de Garfinkel consiste en partir de una situación que se supone <(normals y entonces, sistemáticamente, intentar crear confusión y caos entre 10s sujetos que participan en la situación. Los procedimientos que producen caos sugerirán inversamente 10s elementos del orden estable, 10s <tuniversales)> que, se& el marco de referencia de Schutz, se utilizan en toda situación social por 10s actores involucrados en ella. Antes de pasar a utilizar datos estadísticos, el sociólogo tiene que explorar 10s principios básicos con 10s que el ser humano organiza sus experiencias en la vida cotidiana (Schutz, 1953; citado por Cicourel, 1964, 61-63). Este conocimiento, para 10s etnometodólogos, resulta previo a todo 10 demás. Mientras no se logre, de poco servirán 10s datos estadísticos para lograr un mejor conocimiento científic0 de la acción social. Evaluación de esta postura En el tip0 de razonamientos desarrollados por dos de 10s representantes más conspicuos de la posición etnometodológica actual, cabe identificar dos tipos de argumentos en relación con la elaboración de las estadísticas oficiales y el uso que de las mismas hacen 10s sociólogos: uno que se Investigación sociológica r&ere a 10s métodos de observación, y otro relativo a la manipulación de las materiales estadísticos por parte de 10s burócratas. S La forma en que se realizan las observaciones y se recogen 10s rnateriales es un tema central en todos 10s etnometodólogos desde Schutz y más recientemente Garfinkel. Al preocuparse de la emergencia del significado cultural en el proceso de interacción social, el etnometodólogo tiene que desvelar el significado que cada palabra, el lenguaje en general, tiene en cada situación. El concepto indcxicality/conceptuality es central en la obra de Garfinkel y en toda la etnometodologia posterior. Tal concepto se rediere al hecho de que todas las palabras tienen un significado que depende en buena medida de la situación particular en la que se utili~an.~ Dejando aparte el grave problema epistemológico que plantea el hecho de que la interacción social s610 sea explicable en el contexto -por ejemplo, ~cómo puede entenderse el significado cultural de una palabra o situación social cruzando transversalmente diferentes context:os, o cómo puede ser compartido tal significado?-, la utilización del lenguaje por 10s etnometodólogos ofrece otros problemas más inmediatos. Para Harvey Sacks, uno de 10s etnometodólogos mis influyentes en la actualidad, la ciencia social no puede avanzar sin que el lenguaje socialmente creado pueda ser completamente comprendido por el sociólogo. Hace falta explicar la construcción del lenguaje antes de poder comprender cualquier acción social (Sacks, 1963, 2). Pero como Atwell ha puesto de manifiesto recientemente, no se puede aceptar en último termino este razonamiento de Sacks sin caer en diversas tautologías. En primer lugar, el lenguaje es un sistema y, como tal, posee una existencia previa. Por 10 tanto, para explicar una palabra hay que hacerlo en términos de otras palabras. Pero, ~quién explica las primeras palabras? Así, pues, para explicar cualquier lenguaje siempre habrá que partir de algunos términos primitivos no explicados. Sin embargo, Sacks, en su anilisis, no es colherente con su razonamiento ideal, ya que establece correspondencias directas entre sus categorías analíticas y las frases seleccionadas. Pero tal correspondencia no puede establecerse sin la propia capacidad social de comprensión lingüística del autor (Attwell, 1974, 190). 3. Nótese la semejanza conceptual del indexicality/conceptuality con la orteguiana circunstancialidad: <tel mundo, el auténtico mundo es la circunstancia actual - 10 que con términos de la antigua filosofia Uamábamos antes el aquí y ahota, [...I Antes las circunstancias parecían darse en el mundo [...I ahora es el mundo quien se da en la circunstancia, quien consiste en circunstancias>> (Ortega y Gasset, 1965, 768-769). Debo a Francisco Muriíio, de la Universidad Aut6noma de Madrid, la sugerencia original de la anterior analogia. <(Papers,: Revista de Sooiologfa Algo similar ocurre con las ctexpectativas previas)> y el ctconocimiento tácito)> que Cicourel señala como elementos distorsionadores en la observación de 10s objetos reales del mundo. Para evitar este sesgo, Cicourel propone que <tal analizar conversaciones e informes, el investigador debe aproximar una "reescrituran del diálogo o prosa de tal manera que puda comunicar las no formuladas pero si vistas aunque no percibidas expectarivas al lector. Tal procedimiento permitiría al lector comprender cómo 10s participantes y el observador extraen un significado de su entorno tal como 10 enmarca el investigador)>. (Cicourel, 1968, 18; el subrayado es nuestro.) Pero, como señala Hindess, no se nos alcanza cómo el sociólogo puede describir 10s ctsucesos del mundo real), y comunicar las ctvistas pero no percibidas expectativas previas*, a no ser que tenga una capacidad, que se le niega al resto de 10s mortales, para hacer tal cosa prescindiendo de sus propias expectativas previas y de su conocimiento tácito (Hindess, 1973, 11). Por cada descripción de un sociólogo se requiere un segundo relato de c6mo sus expectativas previas influyeron su descripción. A su vez, el segundo relato necesitará un tercero, etc. Aparece de este modo una regresión infinita en la que no existe solución para la determinación de las expectativas previas ctvistas pero no percibidaw. En sus últimas consecuencias lógicas, una pasición tal conduce a un relativismo y a un agnosticisrno con el que no es posible lograr el rigor científic0 al que aspira el análisis sociológico. A la postura de Douglas en relación al uso de 10s datos estadisticos sobre el suicidio, se le pueden hacer las siguientes objeciones. Al rechazar las ictasas reales de suicidios como válidas para el análisis sociológico, y proponer una c<descripción comparativa y cuidadosa de 10s sucesos del mundo reals, Douglas presupone que el sociólogo tiene una cualidad observacional que es negada al resto de 10s observadores. Y, 10 que es más, supone que tal conocimiento es posible, y que se pueden lograr categorías observacionales perfectamente definidas y unívocas con las que poder desarrollar teorías válidas. Sin embargo, Douglas no señala, como tampoc0 10 hace Cicourel, 10s medios de que dispone el sociólogo para obtener este conocimiento. Resulta también contradictorio en las posiciones que sostienen 10s anteriores etnometodólogos, el que aceptando la posibilidad de que se pueda lograr el conocimiento de 10s objetos del mundo real a través de observaciones cuidadosas, nieguen la posibilidad de perfeccionar las fuentes estadísticas. Porque si el porcentaje de categorías mal clasificadas por 10s encuestadores y otros funcionarios que participan en la elaboración de 10s datos estadísticos no pasa, por ejemplo, del 5 %, siempre será posible trabajar con tales datos teniendo en cuenta el anterior error. Otra cosa Investigación sociológica seria que el error fuese del 90 %. Pero en cualquier caso, si realmente existe la posibilidad de mejorar el conocimiento a través del perfeccionamiento de 10s métodos de observación, tal como sostienen 10s etnometodólogos, siempre queda la posibilidad de entrenar a 10s encuestadores en las nuevas técnicas de observación con el fin de minimizar el error en 10s métodos de recolección de datos estadisticos (Hindess, 1973, 18). Sin embargo, con su rechazo total de 10s datos estadisticos, 10s etnometodólogos niegan tal posibilidad. Resulta evidente, para Hindess, que <tlos argumentos de la fenomenologia y la etnometodologia en relación a las estadisticas oficiales conduce inexorablemente a negar la posibilidad del conocimiento racional, que esta negativa no puede restringirse a 10s dominios limitados de 10s materiales utilizados por 10s sociólogos, y que se puede generalizar a todas las formas del conocimiento racional), ( 1973, 26). Esta incapacidad de la etnometodologia para la producción de conocimiento teórico relevante para el sociólogo que señala Hindess, parece compartirla Attwell, quien no encuentra ninguna utilidad en la estrategia de 10s etnometodólogos de <trenunciar a todos los niveles de datos sociológicamente relevantes en la vana esperanza de encontrar las propiedades "básicas" que estructuran la experiencia a algún otro nivel. Lo que resulta es una psicologia desprovista de cualquier ~elevancia sociológicas (Attwell, 1974, 209; el subrayado es nuestro). Pudiera ser interesante destacar que la acusaci6n de psicologismo que '4ttwell formula a la etnometodologia contemporánea, es en cierto modo similar a la critica que Znanieki hizo en su momento a la fenomenologia de Husserl. En efecto, Znanieki (1968, e. o. 1934, 167-172) reconoce que la experiencia sustitutiva (vicarious) es de gran utilidad en la sociologia, pero no es la única. La ctreproducción ideacional de un sistema)> que postulan 10s fenomenólogos puede ser de interés para el conocimiento cientifico, ya que permite una cierta comprensión del significado de 10s valores en su conexión estructural. Pero de ninguna manera puede ser el Único método válido de conocimiento cientifico para las ciencias culturales. Destaca Znanieki que el primer0 en aplicar el punto de vista fenomenológico en el campo de la lógica a sistemas ideales de conocimiento simbólicamente organizado, fue Husserl, quien no distinguió, al igual que el resto de 10s fenomenólogos, suficientemente ctlas actividades ideacionales de las actividades reales)> (realistic) (Znanieki, 1968, 170). Znanieki no niega que el sociólogo pueda construir un sistema real construido por otros, como un participante <(ideal)>, mpándose de 10s valores no como objetos reales, sino como <tideas)>. Esto es posible porque muchas actividades culturales son originalmente <tideacionales)>, y no parten de objetos reales. Por ejemplo, la planificación económica es una actividad ideacional al igual apapers,: Revista de Sdologia que 10 es el soñar despierto durante el dia. Pero no todas las actividades culturales tienen un origen <tideacional)>. Así, cuando reproducimos ideacionalmente la actividad de un médico o de un soldado, de un miembro de un grupo o de un gmpo entero -agentes todos ellos que utilizan instrumento~ sociales para influir a otros en la vida real-, nuestra reconstrucción de sus sistemas es diferente de su construcción original, y la experiencia del sociólogo difiere obviamente de aquélla. <(La cuestión es cuán relevantes son las diferencias con fines científicos. [. . .] Esta pregunta no puede responderse a priori para todos 10s casos. Depende del problema teórico para el que se utiliza un material determinado y tambiCn de la capacidad del sociólogo para "comprender", para obtener experiencia sustitutiva [vicarious] al aproximarse a la experiencia original en 10s puntos científicamente relevantem (Znanieki, 1968, 170-171 ). La necesidad, que plantea Znanieki, de preguntarse por la relevancia de 10s materiales a utilizar siempre en función del problema teórico que se pretende analizar, es central para el argumento que venimos desarrollando en torno al uso de las estadísticas oficiales con fines sociológicos. La evaluación de 10s datos estadísticos no puede hacerse en función del grado de subjetivismo que introduce el encuestador, ni tampoc0 en función de sus expectativas previas, sino en relación a las conceptualizaciones teóricas que han guiado el diseño del instrumento utilizado en la recogida de 10s datos censales. Estos, al igual que cualquier otra forma de conocimiento, deben analizarse como un producto y, como en todo producto, es preciso tener en cuenta las condiciones y 10s instrumentos de su producción (Hindess, 1973, 12). Por eso es necesario distinguir, al referirse a 10s censos, entre dos series de instrumentos: 10s instrumentos técnicos de la encuesta, y 10s instrumentos <tconceptuales)> o sistemas de conceptos y categorías que deciden la distribución de 10s casos en las diversas clases. Tales sistemas de conceptos y categorías no pueden provenir de otro lugar que de una adecuada teoria, y de ninguna manera de nuestra mayor o menor experiencia observacional. Sostener una concepción del conocimiento reducible a la propia experiencia del investigador, como hacen 10s etnometdólogos, es adoptar una posición preteórica análoga, aunque el10 pueda parecer aparentemente contradictorio, a la que sostienen 10s representantes más ortodoxos de la sociologia <(positivista)> cuantitativa, tan criticados por 10s propios etnometodólogos. Investigación sociológica de la mitad de su tiempo de trabajo a la explotación-, mientras que el 48 % restante tiene una ocupación principal distinta de la agricultura. De 10s 45 millones de hectáreas censadas, un 72,7 % se encuentran en régimen de propiedad, un 13,9 % están en arriendo, un 4,3 % en aparceria, y el 4,5 % restante se encuentra bajo otros regímenes de tenencia. Asf, pues, la propiedad es el régimen de tenencia predominante de las explotaciones agrarias en España. S610 un 25 % de las explotaciones están compuestas de tierras con más de un régimen de tenencia, mientras que el resto tiene un solo régimen de tenencia. El número de personas asalariadas a tiempo completo en las explotaciones censadas asciende a poc0 más de 340.000 personas, aunque el Censo no incluye su distribución por explotaciones, es decir, no se puede saber, a través de 10 publicado en el Censo, la distribución de las explotaciones según el número de asalariados que trabajan en ellas. Como tampoco se puede saber, a través de 10 publicado, el nrimero de asalariados que trabajan en ellas. Como tampcco se puede saber, a través de 10 publicado, el número de propietarios, arrendatarios y aparceros y la supedicie real que cultivan. La exposición de estos simples datos nos si~rve ya para poner de manifiesto las ausencias de categorias censales que un sociólogo necesitaría para realizar un estudio estratificacional. Fijémonos en que el Censo Agrario no se interesa por el propietario real de la tierra, sino por 10s empresarios, y no clasifica a éstos según el régirnen de tenencia sino a las propias explotaciones. Como quiera que un solo empresari0 puede tener más de una explotación -ahi están las propiedades de la nobleza espafiola, recuperadas de las expropiaciones de la Segunda República una vez terminada la guerra civil. Se puede señalar que, por ejemplo, la casa de Alba posee fincas en prácticamente todas las provincias españolas. También hay que señalar que las grandes empresas dedicadas a 10s negocios agrarios controlan un ndmero cada vez mayor de las mejores tierras en las provincias de mayor riqueza agraria. Pero nada de esto es reflejado por 10s datos censales --el Censo sobreestima el número de agricultores e infraestima las propiedades de 10s grandes propietarios. De esta manera, en 10s años setenta continuamos sin conocer la situación real de la propiedad de la tierra en E~paña.~ Las actuales clasificaciones censales agrarlas españolas parecen reflejar tanto la fórmula tripartita clásica de las clases sociales, como las precauciones tomadas para no publicar datos que putlieran perturbar el equilibri0 6. Para un estudio detallado de las fuentes de información sobre la estructura agraria española, ver Malefakis (1972). <<Papers>>: Revista de Sdologia inestable logrado sobre la propiedad de la tierra en España después de 10s intentos de Reforma Agraria de 10s años treinta. Recordemos la exposición que hace Karl Marx de la fórmula tripartita de Smith y Ricardo: ctLos propietarios de simple fuerza de trabajo, 10s propietarios de capital y 10s propietarios de tierras, cuyas respectivas fuentes de ingresos son el salario, la ganancia y la renta del suelo, es decir, 10s obreros asalariados, 10s capitalistas y 10s terratenientes, forman las tres grandes clases de la sociedad moderna, basada en el régimen capitalista de producciÓn)> (Mam, 1971, 817). Los propietarios que reciben una renta del suelo serian, según 10s datos del Censo, 10s arrendadores y 10s dueños de las aparcerias, y 10s que reciben una ganancia serian 10s grandes propietarios que tienen en sus explotaciones personal asalariado. Pero como no se conoce el estado real de la propiedad de la tierra, por el sesgo antirreforma agraria dominante en el panorama español después de la guerra civil, no se pueden realizar clasificaciones precisas de acuerdo con la fórmula tripartita clásica. Todo 10 más, se pueden hacer aproximaciones descriptivas de poc0 valor analitico. Pero aunque 10s datos censales ofrecieran mayor información para conocer 10s propietarios del suelo y del capital, tampoc0 seria aconsejable utilizar el esquema clásico de distribución de las clases sociales, porque la actual estructura social agraria española, como la de cualquier otro país industrializado, es mucho más compleja que la que tuvieron oportunidad de estudiar, el pasado siglo, 10s padres fundadores de la economia. Las nuevas formaciones neocapitalistas de la agricultura, con 10s agronegocios y 10s contratos a gran escala, coexisten con la agricultura familiar en prácticamente todas las regiones españolas. Por eso, un censo agrari0 que quisiera reflejar la estructura agraria de la España de 10s años setenta deberia comenzar por distinguir la agricultura familiar de la agricultura no familiar, esto es, a las explotaciones que emplean predominantemente la fuerza de trabajo de la propia familia, de aquellas otras que emplean principalmente mano de obra asalariada. Además, convendria distinguir a 10s empresarios que venden directamente en el mercado sus productos, de aquellos otros que se encuentran integrados en una red comercial-industrial más amplia, Todas estas clasificaciones deberian venir agrupadas de acuerdo con el volumen total de ventas de la explotación. Finalmente, el Censo debería atender a la situación real de la propiedad y de la gestión de la tierra. De este modo, podríamos conocer, entre otras cosas, el grado real de absentismo de 10s terratenientes, el número exacto de propietarios y las extensiones que poseen, y el grado de penetración en 10s negocios agrarios de las grandes sociedades capitalistas. No hay que olvidar, por Último, a las nuevas fórmulas de agrupación de agricultores, que también deberían ser recogidas adecuadamente por el Censo. Con las anteriores sugerencias no se han agotado, por supuesto, las posibilidades de categorizaciones y clasificaciones que 10s estudios sociológicos ya realizados en España podrim sugerir a 10s confeccionadores del Censo, con el fin de obtener unos resultados censales que permitieran un mejor conocimiento científic0 de la sociedad agraria española. Pero con la actual clasificación censal, no se puede avanzar un paso más en el conocimiento de la estructura actual de la sociedad agraria española porque faltan 10s datos básicos que la componen. Por ello, aunque se mejoraran 10s métodos de observación y trabajo de campo de 10s encuestadores, se obtuvieran respuestas completamente veraces de los agricultores a las preguntas que incluye el actual cuestionario censal, y se lograran muestras perfectamente representativas, 10s resultados seguirían siendo igual de irrelevantes para la investigación sociol6gica como 10 son en la actualidad. Con 10 que tenemos que enfrentarnos realmente como sociólogos, es con la elaboración de unos instrumentos teóricos que permitan delinear unas categorías censales, mutuamente exclusivas, como las anteriormente apuntadas o de otro tipo, que permitan una ordenación o clasificación de las explotaciones agrarias y de la población activa agraria, que sea relevante para 10s fines de la investigación sociológica. Las causas por las que la Administración decida incluir o excluir tales categorías serán de tip0 ideológico, técnico, por inercia burocrática o de otro tip0 -también pudiera ser competencia del sociólogo conjeturar a este respecto-, pero en cualquier caso, la crítica que tenga que hacer la sociologia deberá basarse en presupuestos teóricos firmes que permitan una sustitución de las antiguas categorias censales por unas nuevas, rnás acordes con las formaciones sociales concretas de la sociedad española. Sólo fundamentando las categorías estadisticas y censales en conceptos y formas de demostración racionalista~, y no en el conocimiento intersubjetivo, se podrán obtener resultados que ayuden a ctre-orientar al teóricon de la sociologia tal como Merton, desde su optimista funcionalismo, creia que estaba ocurriendo, hace ya dos décadas, con la sociologia y las estadísticas estadounidenses, pero que la historia sociolÓgica de 10s últimos años no parece confirmar. Departamento de Sociologia Universidad Autónoma de Madrid Can toblanco, Madrid REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS Althusser, Louis 1967 La Revolución Teórica de Marx, México: Siglo XXI. Althusser, Louis, y Etienne Balibar 1969 Para leer El Capital, México: Siglo XXI. Attewell, Pau1 1974 c(Ethnomethodo1ogy Since Garfinkel),, Teory and Society, vol. I, núm. 2. Berger, Peter L, y Thomas Luckman 1972 La construcción social de la realidad, Buenos Aires: Amorrortu. Blalock, Hubert M., y Ann B. Blalock 1968 Methodology in Social Research, Nueva York: McGraw-Ell. Boudon, Raymond 1971 La Crisis de la Sociologia, Barcelona. Carnap, R. 1955 ctLogical Foundations of the Unity of Sciencen, en O. Neurath et al. (comps), International Encyclopedia of Unifz'ed Science, vol. I, Chicago. Cicourel, Aaron V. 1964 Method and Measurement in Sociology, Glencoe, 111.: The Free Press. Cicourel, Aaron V. 1968 The Social Ovganjzation of Juvenile Justice, Nueva York: John Wiley . 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