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Política demográfica y realidad social en la España del siglo XVIII : la asistencia al niño expósito en Granada (1753-1808)

Vallecillo Capilla, Manuel; Olagüe de Ros, Guillermo

Abstract

Vallecillo Capilla, Manuel; Olagüe de Ros, Guillermo

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1 Polí ica demog á ica y ealidad social en la España del siglo XVIII: La asis encia al niño expósi o en G anada (1 753-1 808) MANUEL VALLECILLO CAPILLA* GUILLERMO OLAGUE DE ROS** A Ca men y a Ramón El p esen e abajo aspi a a con ibui , en el ma co conc e o de la G anada de la segunda mi ad del siglo XVIII, al conocimien o de la p oblemá ica del niño expósi o. Se enma ca, pues, en unas coo denadas his ó icas muy conc e as: la Ilus ación, con su polí ica poblacionis a y de a ención a las clases sociales ma ginadas, y el e o mismo cen alis a de la dinas ía bo bónica española. Po o o lado, nues o análisis cub e un acío his o iog á ~co, pues si bien con amos con es udios monog á- icos e e idos a Mu cia, San iago de Compos ela, Valladolid, Mad id, Za agoza y Se illa, no se había ealizado, has a el p esen e, nin uno consag ado exclusi amen e a G anada, ciudad que po sus especiales ca ac e ís icas en la &poca de nues o abajo, cons i uía el cen o bu oc á ico y adminis a i o de lo que pos e io men e se ha enido conociendo como Andalucía O ien al (1). (1) Veanse sob e es a p oblemá ica los abajos de ALVAREZ SANTALO, L. C. (1980), Ma ginacidn social y men alidad en la Andalucía Occzden al. Expósi os en Se illa (1613-1900), Se illa, Conseje ía de Cul u a de la Jun a de Andalucía. A nues o juicio, el mejo es udio monog h ico publicado has a la echa. CONEJO RAMILLO, R. (1966), El Hospicio y los ni ios expósi os en la illa de A chidona, Ac as del II. Cong. Nac. de His . de la Med. (1965), Salamanca, Soc. Esp. de His . de la Med., ol. 11, 109-111. GARCIA GUERRA, D. (1976), El amo de expósi os. Capí ulo Cua o. en: El Hospz al Real de San iago en el s glo XVIII, Mad id, Tesis de Doc o ado inédi a. Un magní ico ace camien o desde una pe spec i a his ó ico-médica. MARTINEZ RIPOLL, A. (1 972), La casa de las ni ias y ni ios hué anos y expósi os de Mu cia, Cuad. His . Med. Esp., 11, 389-396. * Colabo ado del Depa amen o de His o ia de la Medicina. Facul ad de Medicina. G anada (Espa ia) '* Depa amen o de His o ia de la Medicina. Facul ad de Medicina. G anada (España) DYNAMIS Ac a Hispanica ad Medicinae Scien ia umque His o iam Illus andam. Vol. 2, 1982, pp. 21 1-240. ISSN: 021 1-9536 Pa a pode ealiza es e es udio en p o undidad, hemos ecu ido a un mé odo his ó ico-social, pues a nues o juicio es el que más posibilidades nos o ecía. De acue do con él, hemos es uc u ado el a ículo en a ios apa ados. En el p ime o, analizamos el p oceso ju ídico y undacional del Real Hospicio g anadino, p es ando a ención a su localización y p esupues os. En el segundo, plan eamos la ida dia ia que lle aba el niño en el hospicio desde su en ega, de eniéndo- nos especialmen e en los capí ulos asis encial y alimen icio. Un p oble- ma ju ídico impo an e, la posible adopción o p ohijamien o del expósi o, es abo dado en el e ce apa ado. Finalizamos apo ando algunos da os sob e la mo ina alidad del ni io abandonado en el ma co conc e o de la G anada de la segunda mi ad del siglo XVIII. 1. EL MARCO JURIDICO E INSTITUCIONAL: DEL HOSPITAL REAL (1 536) AL REAL HOSPICIO (1 753) 1.1. P oceso undacional y ubicación del Real Hospicio Has a la undación del Real Hospicio g anadino, el p incipal cen o asis encial de la ciudad e a el Hospi al Real, que e minó de cons ui se en 1536. Pe o la ac i idad de es a ins i ución ue languideciendo desde NASARRE, J. M. (1967), Los ni ios hué anos del ((hospi alice)) du an e los si ios de Za agoza, Es . Gue a Indep. (Za agoza), ol. 111, 255-262. ZARAGOZA RUBIRA, J. R.; PESET REIG, J. L. (1970), Hospi ales y hospicios de la España ilus ada según el iaje de Towsend, Med. Esp., 63, 375-382. PALOMARES IBAÑEZ, J. M. (1974), La asis encia social a Valladolid. El Hospicio de Pob es y la Real Casa de Mise ico dia. 1724-384 7, Valladolid, Tesis inédi a. Pa a Valladolid, id. ambién: EGIDO, T. (1975), Apo ación al es udio de la demog a ia espa iola: los niños exp6si os de Valladolid (s. XVI-XVIII), en: Ac as de las 1 Jo nadas de Me odología aplicada a las Ciencias His ó icas. Me odología de la His o ia Mode na, Economía y Demog apa, San iago de Compos ela, Sec e a iado de Publicaciones, pp. 333-345. DEMERSON, P. (1972), La Real Inclusa de Mad id a inales del siglo XVIII, An. Ins . Es . Mad., 8, 261-272. FERNANDEZ VARGAS, V. (1970), In o me sob e el a chi o de la an igua Inclusa de Mad id, hoy Ins i u o P o incial de Pue icul u a. An. Im . Es . Mad., 5, 187-201. El olumen co espondien e al a io 1973 de la e is a ancesa Annales de Dlmog aphie His o ique es a monog á icamen e consag ado al p oblema. Una isión gene al de la cues ión, ealizada casi exclusi amen e desde el análisis de las uen es imp esas, con especial én asis en los aspec os médicos y asis enciales en: CARRERAS PANCHON, A. (1977), Elp oblema del niño exp6si o en la España I us ada, Salamanca, Cuad. His . Med. Esp., . XXXII, 94 págs. Aunque pa e de la in o mación que maneja es e au o , p ocede de los manusc i os de Ruiz de Luzu~iaga que se conse an en la Real Academia de Medicina de Mad id, hubie a sido muy in e esan e un análisis en p o undidad de los mismos. Una ap oximación la hace CARRERAS (1975) en su a ículo: La mo alidad en las inclusas españolas (1 800- 1808), Cuad. His . Med. Esp., 14, 261-268. Con odo, el es udio de Ca e as es ma co obligado de e e encia pa a odos los es udiosos del ema. A la amplia bibliog a ia que es e his o iado incluye en su monog a ia, hab ía que añadi únicamen e algunos i ulos como el de DUPOUX, A. (1955-1956), Les en an s ou és e abandonnés (ape cu his o ique), Re . Assis . Pub. (Pan's), 6, 57-63; 147-155; 267-273; 573-580; 7, 319-325; 551-559; 645-647. Polí ica demog á ica y ealidad social 21 3 inales del siglo XVI has a el pe íodo ilus ado (2). La al a de medios, de i ada del impago po pa e de sus pa onos y bienhecho es, ocasionó que de o ma cada ez más acen uada su uncionamien o ue a muy de icien e. Es a si uación, unida a la polí ica cen alis a bo bónica y al in en o de in eg a socialmen e a los g upos ma ginados de la sociedad espaAola ( agos, mendigos, gi anos y niños abandonados, en e o os), de e minan que el 13 de ma zo de 1753 se es ablezca el Real ~os~icio, que se á en lo sucesi o el núcleo de oda la ac i idad bené ica y hospi ala ia de G anada y de un amplio e i o io de sus al ededo es (3). En la echa an es ci ada, po ca a que el Ma qués de la Ensenada esc ibe a Manuel A edondo, P esiden e de la Chancille ía de G anada, mani ies a su decisión de ap oba un plan de uni icacibn de odos los cen os sani a ios de G anada, bajo la u ela del Hospi al Real. El 28 de agos o de ese mismo año se dan las p ime as no mas pa a la pues a en uncionamien o del plan elabo ado. En es e dec e o se pe ilaba ya la nue a ama asis encia1 con que con a ía G anada: ((El Rey Fe nando VI iene in e és en que se es ablezca en lo que aho a es Hospi al Real un Hospicio pa a ecogimien o de pob es, sin pe juicio de la cu ación de locos y unciados, haciéndose la de locos en una Casa sepa ada de las inmediaciones, y dándose en las empo adas egula es las unciones en el Hospi al de Lep osos o en o o que se elija (...) También ha esuel o que, sin muda nada ni al e a el Es ablecimien o, se con inúe la p o idencia de ecoge en él las muje es pe didas. Así mismo ha de e minado S.M. que V.S. a e de euni al Hospicio las undaciones de Niños Expósi os, Hospi al de Tiñosos y Niños de la P o idencia, a ando V.S. que los niños que hubiesen en la Casa de la P o idencia se pongan en el Hospicio pa a e i a que anden po odo el Reino, como aho a, sin ap ende o o o icio que el de pedi limosna)) (4). Cinco meses después, el 24 de oc ub e, Manuel A edondo le esc ibía al Ma qués de la Ensenada comunicándole: (c.. que ya hay p e enido cua o y habi ación, acomodada en el Hospi al Real, pa a que se acomoden las amas y demás pe sonas que deban ocupa se en el ecogimien o, c ianza y cuidados de niños expósi os de es e Reino, que se acojan en es a Casa-Cuna)) (5). -- (2) El mejo es udio publicado has a la echa sob e la his o ia del Hospi al Real, se debe a la P o eso a de His o ia del A e CONCEPCION FELEZ, que con el i ulo El Hospi al Real de G anada, lo publicá el Sec e a iado de Publicaciones de la Uni e sidad de G anada en 1979. (3) A chi o de la Dipu ación de G anada (ADG), leg. 182. (4) Ibidem. (5) Ibidem. 21 4 MANUEL VALLECILLO y GUILLERMO OLAGUE A pa i de es e momen o, llo ie on una se ie de dec e os y o denanzas encaminadas a eglamen a has a el úl imo de alle la ac i idad de la nue a ins i ución. A pesa de los p ime os p oblemas bu oc á icos, de i ados especialmen e de es e alud de leyes, la unda- ción del Real Hospicio ue muy bien ecibida en G anada. Así, el a zobispo de G anada emi ió una ca a, de 8 de diciemb e de 1753, al P esiden e de la Real Chancille ía, en la que le elici aba po la nue a ins i ución (6). Queda, pues, cla o, que el Real Hospicio, más que una ins i ución conc e a, ue la suma de a ias undaciones, con la ag egación de nue os cen os asis enciales. Lo que ue común ue la igu a del Rec o , máximo esponsable de la coo dinación en el uncionamien o de odos ellos. Así pues, el Real Hospicio es aba o mado po la Casa de Expósi os -ubicada en el Hospi al Real, la Casa de Ampa o, si a en la Calle de El i a, en la que se ecogían las emba azadas a é mino, y la Casa-Cuna, a la que ib& a pa a los niños ecién nacidos an es de su aslado al Hospi al Real, y que se hallaba si uada aneja a la Casa de Ampa o y p óxima al Hospi al de San a Ana. En echas más a días, la Casa-Cuna se asladó a unas casas ecinas del Real Hospicio. Po o o lado, cuando los niños es aban ya en edad de ecibi ins ucción, el Real Hospicio disponía de dos cen os pa a es e in: los Niños de la P o idencia y los Niños de la Doc ina, o ien ando a los que o maban el p ime g upo hacia el ap endizaje de un o icio manual, mien as que los segundos ecibían ins ucción escola . Po su pa e, las niñas e an ins uidas en el Colegio de la Concepción, colindan e con el Bea e io de San a Ma ía Egipcíaca. Finalmen e, o maban pa e ambién de es e eng anaje, odos los cen os asis enciales exis en es en pueblos de la p o incia, así como un núme o impo an e de nue a c eación (Fig. 1). 1.2. Ren as y p esupue~ os La undación del Real Hospicio g anadino -que como hemos is o ue el esul ado de la uni icación de o os cen os asis enciales de la ciudad, con la ag egación de nue os- exigió desde sus inicios una impo an e do ación económica que ga an iza a su supe i encia. Di- cha do ación sumó la p opia de las ins i uciones ya exis en es en el momen o de la apa ición del o ana o, la p oceden e de los cen os nue os, y la de amplios dona i os, algunos de ellos de ca ác e inespe- cí ico, ealizados a lo la go de la cen u ia ilus ada. Pe o a la ho a de con abiliza las p opiedades o apo aciones en o ma de censos y en as (6j ADG, Real Hospicio, ieg. 4112. Pbli ica demog 8 ica y ealidad social 215 Rio üo o FIGURA 1.-Si uación de los cen os asis enciaies en G anada, pe enecien es al Real Hospicio en el momen o de su undación (1 753). de la casa de expósi os de G anada, opezamos con a ias di icul ades debido a la di e sidad de su p ocedencia. La p ime a, po e1 hecho de que con ecuencia se sumaban las do aciones pa icula es de los hospi ales de pa ido a las del Real Hospicio. En segundo luga , a la ci cuns ancia de que muchas can idades que eng osaban las a cas del Real Hospicio -como po ejemplo, las p oceden es de censos, alcaba- las, g anos o despojos, y apo aciones olun a ias, an o de o ganismos o iciales, como de pa icula es- su ie on g andes a iaciones a lo la go de odo el pe íodo. Finalmen e, la impe iosa necesidad de a enda o ende algunas p opiedades, especialmen e en épocas de c isis pa a pode a ende a sus necesidades, modi icó sensiblemen e en a ios momen os el pa imonio de la ins i ución. , A p incipios del siglo XIX se ealizó un in en a io de las inczs que se econocían como p opiedad del o ana o g anadino, con exp esa sepa ación de las que poseían los hospi ales de pa ido (7). Según Félix (7) ADG, Real Hospicio, leg. 4118. 216 MANUEL VALLECILLO y GUILLERMO OLAGUE Alonso, au o del in en a io, el capi al y p 0piedade.s de la ins i ución es aba o mado po los siguien es capí ulos: - Rédi os de los capi ales en que se endie on el Co ijo de San Miguel, en el pago de Anda al, é mino de la Ciudad. - Un case ío en el Camino de los Yese os, pago de Cúlla . Es a p opiedad y sus en as compa idas con el Colegio de Niñas Nobles. - Dos casas en la calle de Mesones. - Pa ona o Salaza , con una apo ación anual de 2.941 eales y 6 ma a edíes. Es a con ibución cesó en 18 10. - Casa en la calle de El i a, jun o al hospi al del Co pus Ch is i, a endada en 32 eales. '. - Casa en la calle del To illo, igualmen e compa ida con el Colegio de Niñas Nobles. - Dona i o de 300 eales de las monjas de San iago. - P oceden es de la Real Hacienda, 196 eales. - Casa en la Plazuela del To o, que se desc ibe como (( uinosa e inhabi able)). - Po el ((Al aha )) de la Pue a de Fajalauza, 1.272 eales. A pesa del celo de Félix Alonso, el in en a io e a ela i amen e incomple o, pues no se habían consignado en él una se ie de pa idas impo an es, algunas de ellas p oceden es de los p opios édi os del Hospi al Real, que enían pe cibiéndose desde hacía a ios siglos. Po ejemplo, no se con abilizaban mil anegas de igo, de las cinco mil que adicionalmen e se des inaban a ob as bené icas. Tampoco igu aba una pa e del ondo inicial de doscien os mil eales de las Cuen as de Decimales (pon i icales) y apo aciones anuales del a zobispado, que se a as aban p ác icamen e desde el iempo de los Reyes Ca ólicos. Es as en as p oceden es del siglo XVI cons i uían un impo an e caudal económico, que se man u o has a echas muy a días. Básicamen e, es aba o mado po mil anegas de igo y 244.750 ma a edíes esul- an es de las en as de a ias alcabalas y del jabón (8). Pe o a pesa de es os impo an es ondos económicos y de la buena adminis ación de los Con ado es Gene ales del Real Hospicio, sabe- mos que su economía gozó de escasos momen os de saneamien o. E ec i amen e, Sanz Sampelayo -que ha es udiado minuciosamen e los ing esos y gas os de la ins i ución has a los p ime os años del siglo (8) Una de allada elación de bienes del Real Hospicio en: SAN2 SAMPELAYO, J. (1980), G anada en el siglo XVIII, G anada, Dipu ación P o incial, pp. 197-215. Poli ica demog á ica y ealidad social 21 7 XX- ha encon ado escasas echas en que el balance económico anual no e mina a con pé didas. Con la excepción de 1755, 1756, 1758, 1764, 1765, 1770-1772, 1780 y 1784, en los demás años desde la undación del Real Hospicio has a 1800, al ue la ónica (9). Las azones son a ias: po un lado, el p opio capí ulo de man enimien o de los acogidos en la ins i ución (muy a iable según su núme o, p ecios de los comes ibles, opas y se icios). A pesa de su impo ancia, no ue, con mucho, el que más g a ó nega i amen e en el pe manen e dé ici del Real Hospicio. Más elie e u o el apa ado de ob as de in aes uc u a, pues con inuamen e u ie on que dedica se pa idas impo an es pa a e o ma es ancias y dependencias. Algunas de es as e o mas, dejando de lado el p ecio de su cos e, se ealiza on con un espí i u ancamen e inno ado y aco de con ideas muy eu opeas. Tal es el caso de la que se ealizó en echas ela i amen e emp anas, consis en e en la ape u a de en anales en la sala de niños con el obje o de acili a la ai eación y el paso de los ayos del sol en la es ancia (10). Pe o con odo, como ha señalado Sanz Sampelayo, la caó ica si uación del hospicio, e iginosamen e acusada a pa i de la década de los ochen a, no ue sino el e lejo de la p o unda c isis económica de oda la nación, consecuencia és a, a su ez, de la gue a con a la Con ención ancesa. A pa i de 18 1 1 la si uación del Real Hospicio e a desespe. ada, y ni las con inuas súplicas di igidas po sus au o idades a la nue a adminis ación ancesa encon a on el eco y la espues a a o able que pe mi ie a a és e sali de su ma asmo (1 1). Finalizada la ocupación, se pusie on de nue o en ma cha los an iguos mecanismos de ges ión, en e ellos la Jun a de Gobie no con odos sus componen es. La o al ausencia de medidas p ác icas que acompaña an a la es i ución en su ca go de las -an e io es au o idades, mo i ó que la c isis se p olonga a lánguidannen e du an e a ios años más (12). 11. LA VIDA DIARIA EN EL REAL HOSPICIO 11.1. El aslado del niño A pesa de la iloso ía poblacionis a an es comen ada y de ese espí i u cen alizado , que endía a un mejo ap o echamien o de los ecu sos humanos e ins i ucionales, la e dad es que la de icien e in aes uc u a del país y la pica esca de algunas de Ias au o idades (9) Ibidem. (10) ADG, Real Hospicio, leg. 13811 8. (1 1) SANZ SAMPELAYO, J. (1980), op. ci ., pp. 214 y SS. (12) Ibidem. 21-8 MANUEL VALLECILLO y GUILLERMO OLAG~SE enca gadas de la ecogida y aslado de los expósi os a la Casa-Cuna, de e mina on que la mo alidad de es os niños ue a muy ele ada en sus p ime os días de ida. Es a si uación no ue peculia de G anada, sino que con ma ices más o menos p opios, ue la gene al del país. Po lo que se e ie e a G anada, a ias son las azones que explican el po qué de an acusada mo andad. En p ime é mino, el de icien e es ado de su es uc u a ia ia, que di icul aba la p on a llegada de es os niños desde su luga de o igen has a el hospicio g anadino. Con ibu- ye on de o ma muy nega i a, la ausencia de una co ec a inspección del mismo, y la excesi a bu oc a@zación adminis a i a, impues a es a úl ima po el g an núme o de au o idades que in e enían en la ama o ganiza i a de la ecogida de expósi os, lo que ocasionaba g andes demo as y discusiones en e au o idades di e sas. Los a a a es padecidos po el alcalde de Cóncha en la década de los ochen a, pueden ilus a nos muy bien sob e los p oblemas que u o que su i es a au o idad an es de consegui la adecuada ubicación de un niño expósi o a su ca go (13). Ped o Ma os, que así se llamaba es e alcalde, en ió a Padul el niño con un ecade o, al que abonó cua o eales po el se icio p es ado. Sin emba go, una ez llegados a es a población, el sac is án de la pa oquia no quiso hace se ca go del in an e y lo de ol ió a Cóncha . El alcalde se negó a quedá selo de nue o y ecu ió al ica io pa a que la jus icia lo emi ie a o icialmen e o a ez a Padul. Así lo hizo la au o idad, pe o al llega o a ez a es a illa, el sac is án -con la complicidad del pá oco- echazó al niño, po lo que el alcalde de es a localidad se io en la obligación de e ene lo, con la condición de que el cosa io, lo más p on amen e posible y bajo la amenaza de cá cel, lo anspo a a de nue o a Cóncha . Po in in e ino la jus icia, que se hizo ca go del niño y lo asladó' a la Casa-Cuna. Lo e dade amen e d amá ico de es a ocam- bolesca his o ia es que en e es e i y eni anscu ie on diez y ocho días. Si bien es a ue la pau a de conduc a más gene alizada, es cie o que se die on casos de ac i a y p on a colabo ación de las au o idades en el aslado de los niños a los cen os asis enciales. El hospi al de Alhama, po ejemplo, no sólo admi ía en su casa de Ampa o a las muje es emba azadas a pun o de da a luz, sino ambién a los niños expósi os que le llegaban. A cos a de sus escasas en as -que muchas eces debía de comple a con o as apo aciones de la Jun a de Bene icencia- los man enía has a que cumplían los es años y medio y pagaba a sus amas (13) ADG, Real Hospicio, leg. 1411192. Poll ica demog á ica y ealidad sociiil 219 de c ía (14). Po o o lado, pueblos de ela i a impo ancia demog á ica enían con a ados los se icios de un ( hospi ale o)) que se enca gaba de conduci pob es y niños abandonados has a el Real Hospicio, así como de p esen a cuen as an e la ci ada ins i ución cada cua o meses. An e la ausencia de una eglamen ación ju ídica que uni ica a las múl iples no ma i as dadas en es e sen ido po el pode cen al,' las jun as locales se ie on en la necesidad de dic a ins ucciones pa icu- la es que suplie an es e ma asmo legisla i o. Incluso, los p opios ayun amien os se do a on de un ma co legal ap opiado pa a esol e los' p oblemas pa icula es que la p esencia de es os niños les aca eaban. Uno de los in en os más se ios de eglamen ación del aslado y p ime os auxilios de niños expósi os emanado po el pode cen al se debió a Ca los IV, que en 1796 dio a luz una disposición ((pa a la policía gene al de expósi os)) de odo el Reino (15). Es ya de po sí signi ica i o que es a Real Cédula ue a di igida a a zobispos, abades, supe io es eclesiás icos y demás au o idades eligiosas, inculadas di ec a o indi- ec amen e con la ecogida y aslado de dichos niños. Comienza el mona ca po queja se de que el ulgo ((desp ecie a es a clase de población, an nume osa como digna de mis pa e nales des elos)). Según el Rey «su conse ación y ace ada educación puede p oduci g andes bienes al es ado)). Po ello es de lamen a el escaso núme o de expósi os que llegan a supe a la in ancia, lo que se a ibuye al o al abandono en que se encuen an y al escaso sala io que eciben sus amas de c ía. Pa a palia es a si uación el mona ca in i a a las au o idades eligiosas a que di id,an sus e i o ios en dema caciones, dis an e cada una de ellas unas seis o sie e leguas de la casa de ca idad de los ,pueblos p incipales. E¡ pá oco se enca ga á en és as de paga a las alas, da á opa adecuada a los niños y a ende á a cuan os gas os se o iginen, p esen ando de allada cuen a de odo a la Casa Gene al de Expósi os de la diócesi.~, abadía o coma ca. Cada diócesis con a á con una o más casa de expósi os, de mane a que és as no deban dis a más de 12 o 14 leguas de la Casa de Ca idad co espondien e. La lac ancia, en la medida en que sea posible, se ha á po un pe íodo máximo de un año en el mismo pueblo en que son expues os los niños, o en la población más ce cana. El pá oco debe á a isa al économo del pa ido sob e la exis encia de cada expósi o, con da os p ecisos sob e si io y echa de la ((exposición)), nomb e que se le impuso al niño y muje enca gada de su lac ancia. En caso de no encon a muje de con ianza, el niño se en ia á a la Casa- (14) ADG, Real Hospicio, kg. 145152. (15) ADG, Real Hospicio, leg. 14814. medidas policíacas u ilizadas pa a bo a odos es os es igmas dolosos, la pica esca pudo más que la e ec i idad de las au o idades. Du an e la ocupación ancesa de p incipios del siglo XIX, la Duquesa de Go -P esiden e de la Jun a de Damas del Real Hospicio- debió de amones a a Nicolasa Ga ido, einciden e de echa a su p opio hijo en el o no, pa a lac a 10 luego como nod iza de la Casa-Cuna (26). La Casa de Ampa o -como sabemos, ins i ución aneja a la Casa- Cuna en la que se ecogían las emba azadas a é mino- con ó con un pe sonal p opio o mado especialmen e po ma onas. Po las pecu- lia es ca ac e ís icas de a quiénes debían p es a asis encia, se les exigía máxima disc ección, es ando obligadas a gua da en sec e o los pa os que a endían. El núme o de és os e olucionó con el iempo, pe o como mues a de su ecuencia alga el da o de que en e 18 13 y 18 18 ascendió a 502, lo que da una media de 6,3 mensuales (27). Cuando una pa u ien a llegaba al cen o, una ma ona la colocaba en un pa i o io o mado po dos sillas, al que llamaban ((po o)). Si en el cu so del pa o su gía alguna complicación se a isaba al médico o ci ujano del R. Hospicio. Pues o que la disc ección y hones idad de las ma onas e an las ga an es de su buen hace , se les exigía ce i icación de buena conduc a. Si además algún amilia de la aspi an e había ya abajado en ese o icio, la adjudicación de la plaza e a p ác icamen e segu a. A Pe onila Raya se le concedió el ca go en 1785 po que an o su mad e como su abuela habían sido ma onas en la Casa de Ampa o (28). El g ueso de los empleados, como ya hemos dicho, pe enecía al Real Hospicio. Pe o po las ca ac e ís icas especiales de es a ins i ución, eje cían sus unciones en odos los cen os dependien es de és e. Jun o a un amplio núme o de unciona ios con misión de con ol de las cuen as y p es ación de la asis encia a o os ing esados en el Hospi al Real (Veedo es, Visi ado es, un Adminis ado , un Mayo domo, un Cape- llán, un Limosne o, un Po e o, e c.), con ó además con las siguien es pe sonas elacionadas con la es e a sani a ia: un médico, un ci ujano, un bo ica io y a ios en e me os. El médico, que isi aba po la ma iana y po la a de a los pacien es ing esados, iscalizaba ambién las medicinas y supe isaba la comp a de los alimen os. Pa a un mejo con ol de los ing esados, «pues los en e mos son muchos y la memo ia ágil)), ano aba en sendas ablas ba nizadas el es ado de los en e mos y los emedios que adminis aba (29). En sus isi as hospi ala ias, el (26) ADG, Real Hosjncio, ieg. 145158. (27) ADG, Real Hosjncio, leg. 1411186. (28) ADG, Real Hospicio, leg. 138124. (29) ADG, Real .Hospicio, leg. 4114: Pbll ica demog á ica y ealidad social 227 médico e a acompañado po el Ci ujano-Ba be o y po el Bo ica io. Es e úl imo debía p o ee a la bo ica de los emedios o denados po el médico, pa a cuyo in el adminis ado le acili aba el dine o a la is a de las ece as i madas po aquél. Dos en e me os, que siemp e e an ma ido y muje , a endían en sus necesidades a los ing esados. Cada uno de ellos con aba con en e me ía p opia, en la que do mían sepa ada- men e. De la mayo o meno dedicación a sus a eas de abajo, se de i aban di e encias Sala iales impo an es en e los di e sos sani a ios del R. Hospicio, aunque las quejas sob e la escasa cuan ía de las emune aciones ue on muy ecuen es. El médico ecibía al ededo de 50 ducados, mien as que al ci ujano co espondían 180 eales. El en e me o, po su mayo pe manencia y dedicación, cob aba 350 eales y 36 anegas de igo al año (30). En los cen os no ubicados en la capi al las di e encias ue on muy g andes; cons a que Alhama pagaba a su médico el doble de lo que cob aba el de Mon e ío (31). 11.3. Cuidados médicos y alimen ación Una ez aspasaba el niño el umb al de la Casa-Cuna -bien po que había sido deposi ado en el o no, o bien po que había sido aído po un andade o de o a localidad- quedaba suje o a un minucioso y igu oso con ol sani a io, que se iniciaba con una p ime a inspección del niño a ca go del Supe in enden e de la ins i ución. Puede pa ece chocan e que ue a p ecisamen e una pe sona ajena a la p o esión sani a ia quien alo a a po p ime a ez al niño, pe o es o es pe ec amen e explicable si eco damos que el Supe in enden e e a el enca gado de « egis a » en el lib o de en adas odas las no edades que en es e sen ido se p oducían. P incipalmen e se p e endía e i a una si uación emba azosa que con el iempo llegó a se ancamen e ala man e: la pé dida de las papele as de iden i icación que acompaña- ban al niño en el momen o de su en aga en el o ana o (Fig. 2). E ec i amen e, las quejas po acciden es de es e ipo ue on muy ecuen es a lo la go del pe íodo ilus ado, y cuando a p incipio del siglo XIX la Jun a de Damas del R. Hospicio in en ó iscaliza más igu osa- men e la si uación, llo ie on denuncias con a odos los unciona ios di ec a o indi ec amen e elacionados con el hospicio po dejación de unciones. Incluso, en cie a ocasión, la ice-p esiden a de es a Jun a p esen ó denuncia con a el médico po que en su inspección al cen o a había encon ado a ios niños sin sus a je as de iden idad. El médico se (30) ADC, Real Hospicio, leg. 145152. (51) Ibidem. MANUEL VALLECILLO y GUILLERMO OLAGUE * FIGURA 2.-Papele a que acompañaba al niño abandonado en la Casa-Cuna. Po el con enido se e que la c ia u a ue deposi ada sin el p op6si o de ecupe acion po pa e de sus pad es (G anada, 1776). Polí ica demog ica y ealidad social 229 de endió alegando que, pues o que los lib os de asen amien o es aban en pode del Supe in enden e, no se esponsabilizaba de es os de- ec os (32). Dos ac o es pesa on especialmen e de o ma nega i a en los p i- me os momen os de la ida de es os niños. En p ime luga , el la go ayec o que en su mayo ía debían de eco e an es de se en egados en la Casa-Cuna. Buena pa e de ellos, alimen ados de icien emen e du an e el iaje, llegaban desnu idos, con llagas y, ecuen emen e, aquejados de en e medades a ias. No ol idemos que la mayo mo a- lidad se daba, p ecisamen e, en las p ime as ein icua o ho as de ida y a lo la go del p ime imes e. En segundo luga , un ac o de ipo socio-cul u al: el nacimien o de un hijo no deseado, con las medidas consiguien es encaminadas a silencia al hecho. Y cuando és as no alcanzaban su in, a as ísicas impo an es que podían conduci a la mue e del niño e an la no ma (33). En 1770, a inicia i a del Supe in enden e, la Casa-Cuna g anadina ealizó una in es igacilón pa a de e mina las causas de las ecuen es mue es que po ese iempo acon ecían en e los niños expósi os en ella ecogidos (34). Pa a lle a la a cabo, se nomb ó una comisión o mada po un médico -que p es aba sus se icios en el hospicio y en el Hospi al de San Juan de Dios- y un ci ujano -que a endía al p opio hospicio y al Semina io. T as una minuciosa isi a a la ins i ución p esen a on su in o ma ci cuns ancial. Pa a ambos acul a i os, a ias son las causas p incipales de an acusada mo alidad. En p ime luga , la de icien e alimen ación que eciben an es de ing esa en la Casa- Cuna. F ecuen emen e llegan desnu idos, con salpullidos y llagas, cuando no con he pes y empiemas. Tampoco son a os apos emas y lep a. Pe o es que, una ez la Casa-Cuna se hacía ca go de un niño, no mejo aba sus ancialmen e su expec a i a de ida, pues el b e e pe íodo de lac ancia na u al que ecibía el niño más la pica día de algunas nod izas que des iaban pa e del sala io pa a su p opio bene icio, ac uaba odo ello de pode oso eno en el no mal desa ollo de la c ia u a. Como e a ecuen e en es e ipo de in o mes, concluye con la p opues a de una se ie de medidas e o mis as que alcanzaban incluso la modi icación de algunos epíg a es de las Cons i uciones de agos o de 1756. (32) ADG, Real Hospicio, leg. 141193. (33) SAN2 SAMPELAYO, J. (1980), op. ci ., p. 367. (34) ADG, Real Hospicio, leg. 138116. 230 MANUEL VALLECILLO y GUILLERMO OLAGÜE De las en e medades que más ecuen emen e padecie on los niños en el Real Hospicio g anadino, me ecen des aca los siguien es cuad os mo bosos: disen e ía, en e i is y «mal gálico)). Las dos p ime as, espe- cialmen e p esen es en e ano, de e mina on la más al a p opo ción de mue es es acionales, con ci as sensiblemen e ele adas en los meses de julio y agos o. En es e sen ido, pues, el hospicio g anadino no dqsen- onaba de la ónica gene al de o as ins i uciones eu opeas y españolas, a eno de la in o mación que en es e sen ido nos legó Ignacio Ma ía Ruiz de Luzu iaga en su conocido in o me sob e las inclusas eu opeas. A pesa de las con inuas y igu osas e isiones médicas a que e an some idas las nod izas, el «mal gálico)) ambién hizo sus es agos en e los expósi os g anadinos. Como ó mula pa a e i a el con agio a o os niños no galicados, se p opuso que ue an las nod izas po ado as de es a en e medad las que se ema ga an de la lac ancia de los niños que la padecían. La ecuencia de es a en e medad se iene con i mando en los es udios ya ealizados sob e las inclusas de San iago, Valladolid y Se illa; igualmen e, la documen ación sob e la de G anada pa ece con i ma dichos es udios. Pe o el p oblema cen al sob e el que se olca on las au o idades g anadinas en busca de una co ec a solución, ue el de la alimen ación del niño, an o en sus p ime os momen os de ida como en las ases siguien es de su desa ollo. De acue do con la iloso ía impe an e en es e momen o, se de endió la lac ancia na u al como la más idónea. Y en su de ec o, la a i icial. Pues o que la nod iza e a la uen e alimen icia del niño, casi odos los a adis as in an iles de la Ilus ación p econi- za on la necesidad de una abundan e y co ec a alimen ación de las amas; de es a o ma, se e i aban las ecuen es mue es po desnu ición de sus acogidos. P ecisamen e, pa a con a con mejo es alimen os, la Casa-Cuna g anadina p opuso, a mediados del siglo XVIII, la c ía de ca ne os en la p opia ins i ución. Los p ime os ca ne os p ocedie on del con en o de la Me ced y enían como inalidad mengua el excesi o consúmo de ocino y man eca po las nod izas. Tal medida o mó pa e de las que in eg a on el memo andum que edac ó F ancisco An onio Díaz de la Gua dia cuando ya lle aba ocho años de expe iencia all en e de la Casa-Cuna. Es a medida se comple aba con o as en la misma línea, como la de que la pa u ien a ue a alimen ada en la Casa de Ampa o, po es o más días, con un puche o compues o po media lib a de ca ne, una onza de ocino, una cucha ada de man eca y, po la noche, chocola e (35). Además, se daba a las pa u ien as el acei e necesa io pa a la a y un a a los niños (36). (35) ADG, Real Hospicio, leg. 13813. (36) ADG, Real Hospicio, leg. 138122. Poli ica demog i ica y ealidad social 23 1 La ga an ia de una lac ancia na u al pa a es os niños abandonados quedaba cubie a con la con a ación de las amas o nod izas. De ahí las se e as condiciones y con oles p e ios an es de la en ega de un niño. Pe o como la pica esca se ex endía incluso una ez el ama enía ya a su ca go la c ia u a, ue on necesa ios sis emas de con ol pe iódicos pa a ga an iza la co ec a alimen ación del niño. La lac ancia a i icial, oda ía en el siglo XVIII, es aba más en los eo izado es que en la ida dia ia. Los au o es que más des aca on en su de ensa ue on San iago Ga cía (1 794) y Jaime Bonells (1786). Pe o al lac ancia a i icial, po las dudas que o ecía en cuan o a sus posibili- dades de éxi o, se e asaba en lo posible. Además, esul aba más a o able median e nod iza en la segunda edaa que en la p ime a. Un ama que u ie a a su ca go un niño meno de un a io eciuia un e cio más de sala io que la que enía uno de más de un año. En 1786, se cob aban 18 eales en el p ime caso, y 12 en el segundo (37). Es o ue ambién mo i o de queb an os pa a la adminis ación del hospicio g anadino, pues cuando un niño cumplía un año, el ama a su ca go de ol ía la c ia u a a la ins i ución, pa a pode así hace se ca go de uno meno en edad. Se pensó que aumen ando los habe es de las amas a 30 eales du an e el p ime año y a 18 du an e o o año y medio, a ae ía a muje es sanas y hon adas, y los niños se pod ían ((c ia obus os y ap endiendo el o icio del campo, y no dedicados como muchos que p o ienen de G anada a la mendicidad)) (38). Pe o pa ece se que, a pesa de disminui las di e encias, se siguie on man eniendo las deja- ciones de niños con un año. 111. INTEGñACION SOCIAL DEL EXPOSITO: EDUCACION Y PROHUAMIENTO Aunque ya a inales del siglo XVIII apa ecen en algunas eales ó denes in en os de legisla la adopción y p ohijamien o de los niños expósi os, como ha señalado ecien emen e Ga cía González esos in en os no pasa on de se «soluciones ímidas e indi ec as)) (39). Así pues, cuando hablamos de adopción de un niño en la España de la Ilus ación que emos exp esa más bien la exis encia de un ínculo de u ela que a ec a a un g ado a iable de p o ección. Es lógico pensa que, dadas las especiales elaciones que man enían las nod izas con los (37) ADG, Real Hospicio, leg. 13813. (38) Ibidem. (39) GARCIA CONZALEZ, J. (1974), Expósi os, bene icencia y p ohijamien o, en: Es udios Ju ldicos en homenaje al P o/: San a-C uz Tejei o, Valencia, Sec e a iado de Publicaciones-Fac. de De echo, . 1, pp. 317-331. 23 2 MANUEL VALLECILLO y GUILLERMO OLAG~E niños a su ca go, se es ablecie an en ocasiones en e ambos lazos a ec i os de e minan es. Po ello, muchas de es as nod izas, siemp e que sus condiciones económicas se lo pe mi ían, op aban po p ohija alguno de es os niños. Cuando los in an es lle aban dos años a ca go de un ama, és a podía solici a con inua con él, a menos que la au o idad compe en e se lo impidie a. ~ ec i amen e, pasado el des e e -ap o- ximadamen e a los dos años- disminuía conside ablemen e la a ne- naza de mue e pa a el niño, po lo que se acusaba más de sus nod izas el deseo de adopción. Una ez los expósi os cumplían los es años de edad, pasaban de la casa-cuna al Real Hospicio. Algunos de ellos, sin emba go, podían queda 'a ca go de pe sonas de p obada buena conduc a, con la obligación de p esen a los an e el Rec o de la Casa-Cuna la íspe a de San Juan. Es a inspección enía po obje o iscaliza el a o que a lo la go de ese año había ecibido el niño po pa e de sus pad es adop i os, con lo que se p e endía e i a , en e o os males, la u iliza- ción del niño en p o echo de sus pad es a a és de la mendicidad. A pa i de la e o ma de 1753, los niños acogidos en el Real Hospicio g anadino queda on di ididos, desde un pun o de is a educa i o, en dos g upos ne amen e di e enciados: aquéllos des inados a ecibi es udios in eg a án los Niños de la Doc ina, mien as los que pasan di ec amen e a la áb ica de eje cons i ui án los Niños de la P o i- dencia. Las niñas; po su pa e, e an ins uidas en el Colegio de la Concepción, colindan e con el Bea e io de San a Ma ía Egipcíaca. Como luego e emos, de dicho colegio salían pa a p o esa en una o den eligiosa, o pa a casa se. En 1754, el hospicio g anadino con aba con un o al de 7 11 acogidos, de los que sólo 160 ecibían ins ucción. Los niños que quedaban a ca go de alguna amilia, o de su an igua ama, debían de supe a una se ie de o malidades an es de se legal- men e p ohijados. El p oceso se iniciaba con la solici ud de adopción, di igida al Supe in enden e del Real Hospicio, y que debía con a con la ap obación del cu a pá oco del luga y de su alcalde. En el in o me que p esen aban és os no malmen e se hacía hincapié ace ca de la mo ali- dad de los posibles pad es adop i os del niño, su si uación económica y demás ci cuns ancias que pudie an incidi en el u u o de su hijo. La mayo ía de los solici an es e an de humilde condición, azón p incipal pa a que casi odos los casos se esol ie an con un in o me nega i o po las au o idades del Real Hospicio (40); Sin emba go, pa ece se que las (40) ADG, Real Hoskicio, leg. 141166. Pbli ica demog á ica y ealidad social 23 3 niñas enían mejo sue e. En 1755 se concedió la salida de seis de ellas. El es o debió espe a pacien emen e la concesión de una do e -do- nada po algún pa ono-- que les pe mi ie a ing esa en un con en o, o bien casa se. En el caso de que la pe ición de adopción ue a in o mada a o a- blemen e, la Jun a del R.ed Hospicio la omaba en conside ación, una ez conocida la p opues a po el Juzgado de la Supe in endencia del Real Hospicio. Po esas especiales elaciones que man enían las nod izas con los niños a su ca go, es lógico que és as ue an las más a o ecidas a la ho a de adop a algún niño. Po ley -una ez de ol ían el in an e al Hospicio- disponían de quince días pa a eclama lo si op aban po p ohija lo. Es a ó mula de p o ección de los de echos de las amas ue sancionada po el Conde de Mon ijo el 2 de diciemb e de 18 15. Un caso conc e o nos pe mi e ilus a ce e amen e el g an peso que enían las amas en es e asun o. En 18 15, Miguel Aquino, p o eso de a macia, pidió adop a al niño San iago José Expósi o, y le hicie on espe a a que cumplie a los ein e meses pa a que acompaña a los juicios es ima i os que se le exigían, consiguiendo al é mino de es e plazo la ap obación. Pe o el ama que había enido a su ca go el niño se esis ió a en ega lo, po que según mani es b «ha cos ado mucho sac i icio c ia lo)). Como es igo de la e acidad de sus a gumen os p esen ó al p opio médico de la Casa-Cuna, Miguel To osa. Pe o, inalmen e, la nod iza enunció al niño, po lo que Miguel Aquino pudo adop a lo (41). El p ohijamien o, pues, enía a eemplaza , de ec uosamen e, la de olución de los niños a sus pad es. No ol idemos que muchos de es os niños acogidos en el hospicio lo ue on empo almen e, pues en las no as que les acompañaban en el momen o de la en ega, se mani es aba cla amen e que en un inde e minado u u o sus e dade- os pad es los eclama ían a las au o idades (Fig. 3). Sin emba go, el núme o de niños ecupe ados en la Casa-Cuna g anadina ue más bien escaso, si se compa a con el esca e ealizado en o as p o incias, como Se illa (4,l po 100 de ing esados) o Mad id (15 po 100) (42). El bajo po cen aje de niños ecupe ados po sus pad es, especialmen e en G anada, se explica en pa e po las penosas abas que imponían las au o idades a sus p ogeni o es, con el in de e i a alsi icaciones. Así, se les solía exigi a és os da os muy p ecisos sob e la isionomía del niño en (4 1) ADG, Real Hospicio, leg. 14115. (42) ALVAREZ SANTALO, L. C. (1980), op. ci ., 103. 234 MANUEL VALLECILLO y GUILLERMO OLAGUE FIGURA 3.-No a in oducida en e la opa de un niño deposi ado en el o no de la Casa-Cuna de G anada en julio de 1783. En es e caso, la en ega no pa ece se de ini i a, pues al inal del ex o su au o apun a la posible eclamación del niño. el momen o de la en ega en la ins i ución, echa de la misma y la exis encia o no de señales ísicas especí icas en su caso. Pbli ica demog á ica y ealidad social 235 Pe o con odo, se d.ie a o no la adopción, no e minaban aquí los p oblemas del niño. El más impo an e e a el de su in eg ación social, pues como ha señalado Al a ez San aló, cie o g ado de ma ginación social pe sis ía en los niños p ohijados, quienes, a pesa de odo, no dejaban de se expósi os (43). Una ez que los acogidos en la Casa-Cuna g anadina habían e minado su ins ucción en el Colegio, se les p ocu aba algún abajo en la misma ciudad, con el obje o de pode segui así de ce ca su p oceso de socialización. Sin emba go, no exis ió demasiada p isa po pa e de las au o idades en que abandona an el Hospicio, pues g acias a la áb ica de ejidos que había en el mismo podían ecupe a , debido a los bajos sala ios que pe cibían, pa e del desembolso económico que la ins i ución había in e ido en ellos. N. LA MORTINATALIDAD DEL NIÑO EXPOSITO EN LA GRANADA ILUSTRADA Una de las azones undamen ales que mo i a on la con inua p omulgación de no ma i as legales e e en es a la mejo a de la asis encia de los niños expósi os, ue la g an p eocupación de las au o idades an e la g an mo alidad que en e és os se daba. En la Real Cédula de 1796 dice ex ualmen e su edac o , lle ado de un es eme- cedo pa e nalismo: ((No sa is echo el bené ico co azón del Rey con habe dado po su dec e o de 5 de ene o de 1794, a impulsos de su piedad y jus icia, una exis encia ci il a la nume osa e inocen e clase de los expósi os de odos sus dominios, y bien in o mado del co o núme o de ellos que llega a dis u a de las en ajas que le p opo ciona an ace ada como piadosa p o idencia, po se excesi o el núme o de los que mue en en su más ie na in ancia.. .» (45). In enciones pa ecidas habían impulsado a la Co ona a edac a , dos años an es, el edic o que se menciona en el pá a o an e io : «la mise able si uación en que es án los niños expósi os de casi odos mis dominios, mu iendo anualmen e de necesidad no pocos milla es...)) (46). Abundan ambién es imonios, en es e sen ido, en la li e a u a médica y p o ana de la época. E ec i amen e, una de las uen es en las que se había apoyado F ay Tomás de Mon al o pa a edac a a inales del siglo XVII su P ác ica Polí ica y Económica de Expósi os, había sido la (43) ALVAREZ SANTALO, L. C. (1980), op. ci ., p. 101. (44) SANZ SAMPELAYO, J. (1980), op. ci ., p. 223. (45) ADG, Real Hospicio, leg. 14814, ol. I . (46) Ci ., po ALVAREZ SANTALO, L. C. (1980), op. ci ., p. 157.