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Georg Simmel y la sociología económica : el mercado, las formas sociales y el análisis estratégico

Herranz González, Roberto

Abstract

En diversos fragmentos de la obra de Simmel se esconden los fundamentos de una sociología del mercado que considera los procesos de racionalización de la estructura social y los espacios de interacción. Para demostrarlo, comenzamos relacionando la división del trabajo con las redes sociales y los procesos de innovación; a continuación, abordamos los procesos de racionalización que influyen en la naturaleza de los mercados; finalmente, a partir de sus ensayos y articulando diversas formas sociales, podemos contemplar el mercado como un espacio de relaciones sociales. Estas formas son: el intercambio, la competencia, la confianza y la negociación.

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Resumen En diversos fragmentos de la obra de Simmel se esconden los fundamentos de una sociología del mercado que considera los procesos de racionalización de la estructura social y los espacios de interacción. Para demostrarlo, comenzamos relacionando la división del trabajo con las redes sociales y los procesos de innovación; a continuación, abordamos los procesos de racionalización que influyen en la naturaleza de los mercados; finalmente, a partir de sus ensayos y articulando diversas formas sociales, podemos contemplar el mercado como un espacio de relaciones sociales. Estas formas son: el intercambio, la competencia, la confianza y la negociación. Palabras clave: división del trabajo, innovación, redes, Simmel, sociología económica, sociología del mercado, formas sociales. Abstract. George Simmel and the Economic Sociology: Market, Social Forms and Strategic Analysis In a few fragments of the Simmel´s work we can discover a sociology of the market which contemplate the rationalisation of social structure and the space of social interaction. With this aim, we begin our article relating the division of labour with the social networks and the innovation; in the next step we focuses our interest in the process of rationalisation, indicating its influence in the nature of market; finally, from Simmel´s essays and articulating divers social forms, we can contemplate the market as a space of social relations. These social forms are: interchange, competence, trust and bargaining. Key words: division of labour, economic sociology, innovation, social forms, social networks, sociology of markets. * Este trabajo se ha realizado dentro de las actividades del grupo de investigación del proyecto SEJ 2004-00447 del MEC. Deseo agradecer al profesor Dr. Félix Requena Santos los comentarios que me ha hecho para la preparación del texto. Papers 87, 2008 269-286 Georg Simmel y la sociología económica: el mercado, las formas sociales y el análisis estratégico* Roberto Herranz González Universidad de Santiago de Compostela. Departamento de Sociología Avda. do Burgo, s/n. 15704 Santiago de Compostela [email protected] Sumario 1. Introducción 2. La innovación, el medio urbano y la racionalización de los mercados 3. El mercado como un espacio de interacción social 4. A modo de conclusión Referencias bibliográficas Papers 87 001-298 1/5/08 17:06 Página 269 1. Introducción En este artículo se rescatan algunas de las aportaciones de Simmel al estudio sociológico del mercado. En la obra de Simmel, como en la de Weber o en la de Durkheim, es posible descubrir algunos de los fundamentos de la nueva sociología económica, en la que el mercado ocupa un lugar privilegiado en la agenda de investigación1. Su trabajo mantiene una estrecha relación con algunas de las orientaciones de la nueva sociología económica, al interesarse por los procesos económicos en términos de interacciones sociales, sin olvidar el papel de las estructuras sociales e institucionales más cristalizadas2. Sin embargo, las referencias directas a Simmel son muy limitadas, están casi ausentes en los textos 3y en los trabajos de reconstrucción histórica de esta disciplina4. Esta ausencia tal vez podría explicarse, porque, a diferencia de Durkheim o Weber, nuestro autor no se propuso definir la sociología económica como un campo de estudio. Su interés se decantó por una sociología de las formas sociales5, perspectiva que fue cuestionada por Weber, por Durkheim y más tarde por Parsons6. Aunque en sus trabajos no aborda el estudio del mercado de un modo unitario, en sus «formas sociales» encontramos un conjunto de reflexiones que, debidamente articuladas, permiten representarlo en términos de interacciones sociales. Los argumentos de este artículo se han extraído en parte de su Filosofía del dinero7, pero sobre todo de sus ensayos sobre las formas sociales, donde se encuentran buenos ejemplos relativos al mercado. 270 Papers 87, 2008 Roberto Herranz González 1. STEINER, Ph. (2002). La sociologie économique. París: La Découverte; FLIGSTEIN, N., «Agreements, Disagreements and Opportunities in the “New Sociology of Markets”». En: Mauro F. GUILLEN, Randall COLLINS, Paula ENGLAND, Marshall MEYER. The New Economic Sociology. Developments in a Emerging Field. Russell Sage Foundation, p. 61 y s. 2. Éste es el caso del trabajo de Marc Granovetter, que ha adquirido el estatus de texto fundacional (GRANOVETTER, M. «Economic Action and Social Structure: The Problem of Embeddedness». American Journal of Sociology, vol. 91, 1985, p. 481-510, traducción española en REQUENA SANTOS, F. (2003). Análisis de redes sociales: Orígenes, teorías y aplicaciones. Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas). 3. SMELSER, N. J., SWEDBERG, R. (1994). Handbook of Economic Sociology. Nueva Jersey: Princeton University; INGHAM, G. (1996). «Some Recent Changes in the Relationship between Economics and Sociology». Cambridge Journal of Economics, vol. 20, nº 2, marzo, p. 243-275. 4. SWEDBERG, R. (1987). «Economic Sociology: Past and Present». Current Sociology, vol. 1. 5. SIMMEL, G. (1986). El individuo y la libertad. Ensayos de crítica de la cultura. Barcelona: Península, p. 244. 6. GARCÍA BLANCO, J. M. (2000). «Sociología y sociedad en Simmel». Revista Española de Investigaciones Sociológicas, 89, enero-marzo, p. 109-113. 7. SIMMEL, G. (1977). Filosofía del dinero. Madrid: Instituto de Estudios Políticos. Papers 87 001-298 1/5/08 17:06 Página 270 2. La innovación, el medio urbano y la racionalización de los mercados En lo que sigue, comenzaremos dando cuenta del papel de las redes sociales en los procesos de innovación, para abordar, a continuación, el espacio urbano como un lugar que ha sido testigo privilegiado de intensos procesos de innovación y de racionalización. Estos procesos afectaron a la naturaleza de los mercados, a la relación entre los actores, a la variedad de productos y a las formas mediante las cuales se establecen los intercambios. Las redes sociales y la innovación A lo largo de su obra Simmel reflexiona sobre los procesos de cambio en la estructura social. En ella estudia la naturaleza de las redes sociales, los grupos y círculos que se solapan y el papel que estos vínculos desempeñan en los procesos de cambio y de innovación. Con la división del trabajo aparecen nuevos grupos, éstos aumentan de tamaño y, a su vez, se desarrollan nuevas formas de integración y de comunicación. Gracias a la división del trabajo, es posible una nueva forma de unidad derivada de las múltiples relaciones de dependencia y, de este modo, se impide la desintegración de la sociedad8. En este escenario, el individuo es, al mismo tiempo, más dependiente y más libre, pues, por un lado, depende de muchos proveedores y, por otro, tiene más grados de libertad para elegir entre ellos9. Debido al proceso de modernización, los grupos aislados, cerrados sobre sí mismos, se ven obligados a comunicarse a través de las interdependencias que se crean, apareciendo un tejido de círculos de afiliación que se cruzan y que facilita el comportamiento innovador. La pertenencia del individuo a múltiples círculos permite una gran cantidad de «oportunidades individualizadoras»10, de modo que cada punto del tejido social queda expuesto a nuevas ideas gracias a las cuales se desarrolla «la innovación». En su ensayo Digresión sobre el extranjero, cuando relaciona la figura del comerciante con la del extranjero, podemos leer: «Sólo el comercio crea infinitas combinaciones; merced a él, la inteligencia halla constantemente ampliaciones y nuevas fuentes, lo que difícilmente se les ocurriría a los productores con escasa movilidad y habituados como se hallan a un círculo de clientes que muy lentamente varía»11. Además el extranjero, al no pertenecer al grupo desde su inicio, está menos expuesto a sus hábitos y formas de pensamiento. En este sentido, Coser, inspirándose en Simmel, comenta cómo aquéllos que ocupan posiciones marginales «[…] están motivados para entregarse a una conducta innovadora a causa de que están inducidos estructuralmente a aparGeorg Simmel y la sociología económica Papers 87, 2008 271 8. SIMMEL, G. (1986), Sociología. Estudios sobre la socialización, Madrid, Alianza Editorial, p. 58. 9. Ibídem, p. 195. 10. Ibídem, p. 448. 11. Ibídem, p. 717. Papers 87 001-298 1/5/08 17:06 Página 271 tarse de las normas sociales prevalentes»12. Por el contrario, unas relaciones sociales muy estrechas y aisladas suponen un obstáculo para la innovación y el cambio13. Sobre la naturaleza local y cosmopolita de los círculos sociales y su relación con la innovación, se ha desarrollado una extensa literatura sociológica inspirada en el análisis de las redes14. La gran metrópoli de finales del siglo XIX es un lugar privilegiado como incubadora de los procesos de innovación. Ella es testigo de procesos de racionalización que se estaban produciendo en las sociedades europeas a finales del siglo XIX. En relación con este extremo, los argumentos de Simmel son próximos a los de muchos otros clásicos. Como señala Carlota Solé, es «en las ciudades donde aparecen fenómenos nuevos y únicos, como son la racionalización, la burocratización o la urbanización. El desarrollo de las ciudades en Occidente es la premisa de que parte Weber (también lo presuponen Tönnies y Simmel) para explicar el desarrollo del capitalismo»15. Para Simmel, Berlín será el escenario privilegiado para dar cuenta de los procesos de innovación y de racionalización. «Berlín —nos dice M. Castells16— entre 1880 y 1914, fue un ejemplo clásico y en realidad no fue sino el Silicon Valley de su época». En las grandes urbes, se conjugan algunas de las condiciones que fomentan el proceso de innovación. La mayor libertad de las relaciones internas y externas es una fuente de nuevas ideas, el volumen de población facilita la absorción de una oferta de productos más diversificada y la competencia estimula la especialización. De un modo paralelo a la creciente división del trabajo, se asiste a una diferenciación de los mercados. En comparación con las sociedades anteriores, nos dice el sociólogo alemán, se «ha transformado la lucha con la naturaleza para la adquisición de alimentos en una lucha por los hombres». Y, en este sentido, propone una de las ideas vertebrales de su concepción de los mercados: «[…] aquí no sólo fluye la fuente precisamente aludida de la especialización, sino la más profunda: el que ofrece debe buscar provocar en el cortejado necesidades siempre nuevas y específicas. La necesidad de especializar la prestación para encontrar una fuente de ganancia no agotada, una función no fácilmente sustituible, exige la diferenciación, refinamiento y enriquecimiento de las necesidades del público»17. 272 Papers 87, 2008 Roberto Herranz González 12. COSER, L. (1970). Nuevos apuntes a la teoría del conflicto social. Buenos Aires: Amorrortu, p. 122. 13. Un coste que implica la sociabilidad, apunta Alejandro Portes, «son las limitaciones que las normas de la comunidad imponen sobre la conducta de los individuos y su capacidad de innovación» (PORTES, A. «Economic Sociology and the Sociology of Inmigration: a Conceptual Overview». En: PORTES, A. (ed.) (1995). The Economic Sociology of Inmigration. Nueva York: Russel Sage Foundation, p. 15-16). 14. DEGENNE, A.; FORSÉ, M. (2004). Lés réseaux sociaux. París: Armand Colin, p. 189-191. 15. SOLÉ, C. (1998). Modernidad y modernización. Barcelona: Anthropos, p. 64. 16. CASTELLS, M.; HALL, P. (1994). Las tecnópolis del mundo. Madrid: Alianza Editorial, p. 210. 17. SIMMEL, G. «Las grandes urbes y la vida del espíritu». En: SIMMEL, G. El individuo y la libertad, o. c., p. 258. Papers 87 001-298 1/5/08 17:06 Página 272 Estas nuevas necesidades de diferenciación y de refinamiento estarían asociadas al estilo de vida urbano y serían fruto de las nuevas condiciones de existencia. La frecuencia de encuentros sociales muy breves con individuos diferentes explicaría la necesidad de sobresalir y de impresionar de una sociedad sometida a un ritmo acelerado y a una estricta organización del tiempo. La racionalización de la vida urbana y los mercados La ciudad es también el espacio de la racionalización por excelencia que favorece la determinación y la fluidez de la vida mercantil. La puntualidad, la calculabilidad, la precisión, el carácter inequívoco de los acuerdos, la justicia formal son rasgos de una nueva cultura que se expresa en las grandes ciudades. Esta cultura que acompaña al crecimiento de la economía monetaria, crea unas nuevas condiciones que facilitan la cooperación compleja, el crecimiento de la circulación mercantil y el desarrollo de los mercados. En efecto, la racionalización invade todos los ámbitos del circuito socioeconómico, es decir, desde la producción del conocimiento, la fabricación y los sistemas de transporte a los espacios de consumo que se desarrollan en torno a los grandes almacenes a finales del siglo XIX. En este escenario, aparecen nuevos productos creados por la ciencia, nuevos modos de organización, nuevos conocimientos que se da por sentados y que, en buena medida, somos incapaces de comprender18. Por este motivo, se hace más evidente una fractura entre la cultura objetiva y la subjetiva, que se revela en la especialización de los productores, en su separación respecto al producto19 y, finalmente, en la separación entre el productor y el consumidor. De este modo, se transforma la naturaleza de la producción y la naturaleza de los mercados. Los mercados pasan de ser dominantemente asociativos a ser dominantemente disociativos, pues ya no es necesario que el comprador y el vendedor participen conjuntamente en el diseño20. Mientras en los sistemas menos diferenciados el cliente podía participar conjuntamente con el fabricante en el diseño del producto, en los sistemas modernos el productor se orienta con más frecuencia hacia un consumidor anónimo21. El consumo adquiere un carácter impersonal que contribuye a homogeneizar los deseos y permite el abaraGeorg Simmel y la sociología económica Papers 87, 2008 273 18. SIMMEL, G. Filosofía del dinero, o. c., p. 564. 19. Ibídem, 574-575. En ésta y otras reflexiones presentes en su Filosofía del dinero se reconoce la influencia de Marx. Tampoco habría que olvidar los comentarios críticos que hace de la teoría del valor trabajo (ibídem, p. 510-534). 20. Cfr. ASPERS, P. (2006). «Markets Structures». En: BECKERT, J., ZAFIROVSKI, M., International Enciclopedy of Economic Sociology. Londres: Routledge, p. 431. 21. Nótese aquí la presencia de dos tipos de mercado caracterizados por formas de acción y relación social diferentes (Cfr. ORTEGA Y GASSET, José (1986). «Los escaparates mandan». El Sol, 15 de mayo de 1927. En: ORTEGA Y GASSET, José. La rebelión de las masas. Madrid: Espasa Calpe). El tipo de relación entre el productor y el cliente sigue siendo de enorme interés para caracterizar a los mercados y observar las formas de cooperación y de aprendizaje que pueden presentarse. Papers 87 001-298 1/5/08 17:06 Página 273 tamiento de los bienes22, de modo que, con su racionalización, el hombre se rodea de una multitud de productos menos duraderos y menos adheridos a su personalidad23. Aparte de subrayar el crecimiento de la producción en masa, Simmel revela, como no se había hecho hasta el momento24, la fuerza de las orientaciones hacia el consumo en la definición de la identidad de los individuos. Precisamente cuando la sociedad de consumo de masas comienza a germinar, adquiere pleno sentido el ensayo sobre la moda. La moda se enfrenta a la homogeneización del consumo que pone en peligro la señalización de las diferencias sociales. La moda, al ir a contracorriente de la estandarización, limita los progresos de una organización de la producción basada en la normalización y la previsión. En sus palabras: «El tempo de su evolución es de tal relevancia en los auténticos artículos de moda que llega incluso a sustraer a éstos de ciertos progresos de la economía gradualmente alcanzados en otros ámbitos»25. Se diría que, frente a los modelos de naturaleza burocrática, de cuya rigidez daba cuenta Simmel26, comienzan a desarrollarse espacios de producción más flexibles y orgánicos que, con el tiempo, caracterizarán a un nuevo paradigma productivo. El valor de la moda, al estar asociado a la búsqueda de la distinción, descansa en su transitoriedad, pues un artículo de moda pierde su valor en la medida en que da muestra de su éxito a través de la imitación. La moda expresa una forma de segmentación en el mercado de consumo y es un bien posicional por excelencia que constituye un fenómeno a la vez cultural, económico y social. La moda es fruto de las necesidades de integración y de distinción de los grupos privilegiados, se inserta en una organización precisa de la economía y, finalmente, constituye un producto de la división de la sociedad en clases27. El estudio de la moda, que interesó a autores como Cooley, Veblen y Blumer, nos sitúa en los fundamentos de una economía de la producción simbólica de las mercancías. El nuevo producto del que se reviste la mercancía y que contribuye a crearla es la imagen. A través de ella, se busca incrementar la renovación de los productos mediante la aceleración planificada de la obsolescencia social. 3. El mercado como un espacio de interacción social Tras abordar brevemente el papel de las innovaciones y de la racionalización del espacio urbano en la configuración y en la diferenciación de los mercados, 274 Papers 87, 2008 Roberto Herranz González 22. SIMMEL, G. Filosofía del dinero, o. c., p. 572-573. 23. Ibídem, p. 579. 24. CASTILLO CASTILLO, J. (1996). «Trabajo y consumo». En: ORTEGA, F. y otros. Fundamentos de Sociología. Madrid: Síntesis; LAMO DE ESPINOSA, E. y otros (1994). La sociología del conocimiento y de la ciencia. Madrid: Alianza Universidad. 25. SIMMEL, G. (1988). Sobre la aventura. Ensayos filosóficos. Barcelona: Península, p. 52. 26. SIMMEL, G. Sociología , o. c., p. 595. 27. SIMMEL, G. Sobre la aventura. Ensayos filosóficos, o. c., p. 26 y s.; SIMMEL, G. Filosofía del dinero, o. c., p. 580-582. Papers 87 001-298 1/5/08 17:06 Página 274 veremos de qué modo Simmel contempla las relaciones sociales del mercado. Lo haremos a través de formas sociales como el intercambio, el dinero, la competencia, la confianza y la negociación. De un modo próximo a Weber, podríamos definir el mercado como un espacio de interacción social con motivo del intercambio y bajo condiciones de competencia y de regateo28. El dinero, el intercambio y la competencia Simmel considera que el intercambio económico no es más que un caso particular de intercambio social, que también está fundado sobre relaciones recíprocas. Al interesarse por el intercambio, Simmel va más allá del intercambio formalizado, e insiste en cómo, a través de estos procesos de interacción, se generan prestaciones y contraprestaciones que no tienen un carácter formal y que contribuyen a la mutua trabazón social. En la Filosofía del dinero, Simmel analiza el intercambio económico en su forma más pura como un proceso de creación de valor que se expresa en dinero, mediante un sistema de equivalencia que objetiva las relaciones. El dinero, que mide la distancia que nos separa de los objetos, se presenta como un medio para adquirir el bien deseado y expresa el valor de las cosas en su calidad de intercambiables29. En realidad, es el medio generalizado de intercambio30 . En relación con las múltiples apreciaciones que ha hecho Simmel sobre el significado del dinero en la sociedad moderna, a nosotros nos interesa destacar que el dinero es una institución social. El dinero es una «institución social» que «supone una organización social y unas normas suprasubjetivas». La define como: «[…] nuestra creación en el mundo exterior por cuanto, por un lado, está completamente configurada por nuestras fuerzas y, por otro, se integra perfectamente en nuestros órdenes intencionales»31. Se reconoce aquí el proceso de institucionalización del que nos da cuenta la obra de Peter L. Berger y Thomas Luckmann32. Esta institución social agiliza las transacciones y, a diferencia del pago en especie, permite decidir con libertad en qué gastarlo, cuándo y dónde33, razón por la cual la posibilidad de la elección es una ventaja que ha de añadirse al Georg Simmel y la sociología económica Papers 87, 2008 275 28. Max Weber, en el capítulo VI —y en el capítulo II— de Economía y sociedad entiende el mercado en términos de un espacio de interacción social con motivo del «intercambio» y que tiene lugar bajo condiciones de «competencia» y de «regateo» (WEBER, Max. Economía y sociedad, o. c.). 29. SIMMEL, G. Filosofía del dinero, o. c., p. 113. 30. Cfr. DEUTSCHMANN, Cr. «Capitalism as a Religion? An Unortodox Analysis of Entrepreneurship, The Return of Economic Sociology in Europe». European Journal of Social Theory, 4 (4 ): 387-403, p. 392. 31. Ibídem, p. 234-236. 32. BERGER, P., LUCKMAN, T. (1972). La construcción social de la realidad. Buenos Aires: Amorrortu. 33. SIMMEL, G. Filosofía del dinero, o. c., p. 241. Papers 87 001-298 1/5/08 17:06 Página 275 valor del dinero34. Pero tan sólo los que disponen de mucho dinero pueden liberarse de las necesidades más apremiantes que comprometen de antemano buena parte de los ingresos35. Por este motivo, el rico tiene poder no sólo por lo que hace, sino también por lo que podría hacer. El grado de incertidumbre que puede crear es tanto mayor «cuanto mayor movilidad tiene la fortuna»36. La economía financiera se enfrenta aquí a la socioeconomía, comparativamente más inelástica, menos móvil, menos divisible, más vinculada a la vida. Es precisamente la capacidad para desubicarse y para deslocalizarse lo que concede a esas grandes fortunas una gran capacidad para manejar la incertidumbre y, en consecuencia, para incrementar su poder. A pesar de todo, es decir, del poder que permite el dinero, su uso está condicionado por las formas legítimas de circulación monetaria37 que varían históricamente. En la Filosofía del dinero se da cuenta del progreso histórico de la idea de la vida humana como un valor absoluto, del significado de la prostitución, del soborno y de la corrupción. En esta línea, Viviana Zelizer se ha preocupado por estudiar las condiciones sociales que han obstaculizado o impedido el desarrollo de mercados, como el de los seguros de vida o el mercado de bebés38. Tanto la construcción social de la mercabilidad como los debates y los conflictos sociales que se producen en torno a ella son temas primordiales para la sociología económica39. Una segunda forma social que nos interesa en la reconstrucción de la idea de mercado es la competencia. Simmel aborda el estudio de la competencia en el contexto de sus reflexiones sobre el conflicto y la lucha. La competencia bajo su forma más ideal y estilizada es un tipo de lucha que Simmel define como indirecta40. Es indirecta, pues, a pesar de que quienes participan en ella buscan ganar o sobrepasar a sus rivales, su destrucción no es el objetivo prioritario. El daño o el castigo que puede sufrir el perdedor es un efecto derivado de ella. Y algo más adelante sostiene que el tipo de competencia que más se aleja de otras luchas es aquélla en la que «cada uno de los que en ella participa va hacia el objetivo sin emplear su fuerza contra el adversario»41. Lo importante de la competencia es que la lucha entre los concurrentes se orienta hacia un tercero, al que se trata de conquistar mediante diversos recla276 Papers 87, 2008 Roberto Herranz González 34. Ibídem, p. 239. 35. Ibídem, p. 248. 36. Ibídem, p. 247-248. 37. Ibídem, p. 484. 38. ZELIZER, V. (1978). «Human Values and the Market: the Case of Life Insurance and Death in 19th Century America». American Journal of Sociology, 84, p. 591-610; ZELIZER, V. (1992). «Repenser le marché, la construction sociale du “marché aux bebés” aux États-Unis, 18701930». Actes de la recherche en sciences sociales, 94, septiembre. 39. BLOCK, F. (1990). Posindustrial Possibilities. A Critique of Economics Discourse. Berkeley: University California Press, p. 56 y s. 40. SIMMEL, G. Sociología. Estudios sobre la socialización o. c., p. 300. 41. Ibídem, p. 301. Papers 87 001-298 1/5/08 17:06 Página 276 mos. «El ejemplo más amplio de tertius gaudens es el público comprador en una economía de competencia libre»42. En este juego, el comprador tiene la última palabra para elegir entre las diversas ofertas. En condiciones de competencia entre proveedores, los consumidores buscarían ajustar su compra según sus exigencias de calidad y de precio en las mercancías. Por su parte, los proveedores intentarían descubrir «los deseos inexpresados o inconscientes del consumidor, sugiriéndole otros que no tiene o habituándole a ellos»43. En consecuencia, bajo la presión de la competencia, los proveedores pueden influir en los deseos, en las necesidades y en las preferencias de los consumidores; sus demandas pueden transformarse endógenamente en el contexto de la interacción social que se produce en el mercado. A diferencia del conflicto, el resultado de la competencia no se limita a la victoria o a la derrota de los que participan en ella. La competencia también trae consigo efectos positivos o virtuosos para el conjunto de la sociedad. En realidad, son efectos latentes que no son ni pretendidos ni esperados por los que participan directamente en ella y que permiten satisfacer mejor las necesidades de los consumidores. Simmel es consciente de los efectos destructivos de la competencia, hasta el punto de que, bajo determinadas condiciones, los adversarios pueden quedar excluidos del mercado, y sus productos, eliminados, por lo que resultan vanos todos los esfuerzos realizados para producirlos. A pesar de este derroche, el respaldo social a la competencia se explicaría por los efectos beneficiosos que tendría para la sociedad, de modo que, haciendo un balance, las ventajas que trae consigo serían superiores a las pérdidas44. Por ello, el puro interés de la sociedad puede no sólo permitir, sino también provocar expresamente la competencia45. Además, la competencia en el mercado no sólo separa, sino que también contribuye a la integración social, lo cual genera múltiples efectos socializadores y estimula el aprendizaje. La competencia genera una estructura social de incentivos que contribuye a la transformación de los lazos sociales y de sus contenidos. En efecto, el enorme poder socializador de la competencia «obliga al competidor a salir al encuentro del tercero, a satisfacer sus gustos, a ligarse a él, a estudiar sus puntos fuertes y débiles para adaptarse a ellos»46. La tensión de la competencia estimula el aprendizaje, dado que «afina en el comerciante la sensibilidad para percibir la inclinación del público y llega a dotarle de una especie de instinto adivinatorio para las mutaciones inminentes de sus gustos, de sus modas [y] de sus intereses»47. Georg Simmel y la sociología económica Papers 87, 2008 277 42. Ibídem, p. 126. 43. Ibídem, p. 126. 44. Ibídem, p. 330. 45. Ibídem, p. 313. 46. Ibídem, p. 304. 47. Ibídem, p. 305. Papers 87 001-298 1/5/08 17:06 Página 277 En estas conclusiones queremos subrayar como, en el trabajo de Simmel, se muestra el interés de una perspectiva interaccionista en el estudio del mercado. Esta perspectiva nos revela que las formas sociales que propone Simmel no tienen un carácter estático o meramente clasificatorio. Es decir, no pueden entenderse en meros términos morfológicos76, pues, a través de los procesos de interacción, emergen nuevas características y propiedades que ayudan a reconfigurar las relaciones. A través de las relaciones sociales implicadas, Simmel nos invita a pensar el mercado desde una perspectiva que enfatiza el carácter dinámico de la interacción y de la comunicación. Sin olvidar los procesos de institucionalización, a Simmel le interesa destacar las propiedades «emergentes» de los procesos interactivos, distanciándose tanto de una versión sobresocializada como de una infrasocializada. Por una parte, se aleja de una visión estática y formalista del mercado y del atomismo que caracteriza el modelo económico neoclásico. Por otra, al situar en un primer plano los procesos de aprendizaje que tienen lugar en el mercado, se aproxima a una perspectiva evolucionista y pragmática que encontrará en Veblen, Cooley y Mead sus mejores representantes. Simmel estudia los aspectos microsociales sin desentenderse de los aspectos macrosociales y de los procesos evolutivos. Pero, al hablar de las formas sociales del mercado, pone más el acento en los procesos fluidos que en los elementos institucionalizados. Serán Emile Durkheim, Max Weber y Charles Horton Cooley, entre otros, quienes se ocuparon más del papel que desempeñan las instituciones en la reducción de la incertidumbre, en la inyección de confianza y en la organización social de los mercados. Si algo tiene que interesar a una sociología económica del mercado es el análisis de las formas que adoptan las relaciones sociales en su interior y las consecuencias que se derivan para su desarrollo. A Simmel se le debe considerar como un clásico de la sociología económica, no sólo por su magistral Filosofía del dinero, sino también, tal como hemos puesto de relieve a lo largo de estas páginas, porque establece los fundamentos de una sociología del mercado a partir de una reflexión sobre la naturaleza de las relaciones sociales. Referencias bibliográficas ADAMS, Gérard; REYNAUD, Jean Daniel (1978). Conflicts du travail et changement social. París: Presses Universitaires de France. ARROW, Kenneth (1974). The Limits of Organizations, Nueva York: W.W. Norton. ASPERS, Patrick (2006). «Markets Structures». En: BECKERT, J.; ZAFIROVSKI, M. International Enciclopedy of Economic Sociology. Londres: Routledge. BERGER, Peter; LUCKMAN, Thomas (1972). La construcción social de la realidad. Buenos Aires: Amorrortu. 284 Papers 87, 2008 Roberto Herranz González 76. VANDENBERHE, Frédéric (2001). La Sociologie de George Simmel. París: La Decouverte, p. 40-41. 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