La Farmacopea Nacional y el estatuto terapéutico de la flora en la biomedicina mexicana
Abstract
Se analiza la transformación de la Farmacopea Mexicana, focalizando en particular la presencia de la flora medicinal en ella. Como reflejo de diversos procesos, tanto el contenido como la naturaleza de la obra se han modificado de manera progresiva. Las plantas medicinales, que en México siguen siendo relevantes en la terapéutica popular, no figuran ya en la obra. Un texto orientado a conformar una materia médica mexicana, que daba cabida al saber empírico, al incluir recursos de uso popular y convocar a los médicos en su confección y consulta, derivó en un referente de orden industrial ajeno a la clínica. Se exploran el origen e implicaciones de ello.
Full text
DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2001, 21, 375-407. La Farmacopea Nacional y el estatuto terapéutico de la flora en la biomedicina mexicana PAUL HERSCH MARTÍNEZ (*) SUMARIO 1.—Introducción. 2.—La farmacopea moderna y su arranque en el México independiente. 3.—El cometido de una materia médica mexicana. 4.—Exclusión progresiva de la evidencia clínica. 5.—Desnaturalización en el contenido de la farmacopea: transformación de un perfil y un ámbito. 6.—Extrafarmacopeas, formularios y médicos. 7.—Un instrumento rescatable desde la perspectiva clínica. RESUMEN Se analiza la transformación de la Farmacopea Mexicana, focalizando en particular la presencia de la flora medicinal en ella. Como reflejo de diversos procesos, tanto el contenido como la naturaleza de la obra se han modificado de manera progresiva. Las plantas medicinales, que en México siguen siendo relevantes en la terapéutica popular, no figuran ya en la obra. Un texto orientado a conformar una materia médica mexicana, que daba cabida al saber empírico, al incluir recursos de uso popular y convocar a los médicos en su confección y consulta, derivó en un referente de orden industrial ajeno a la clínica. Se exploran el origen e implicaciones de ello. BIBLID [0211-9536(2001) 21; 375-407] Fecha de aceptación: 27 de enero de 2001 (*) Investigador Titular. Instituto Nacional de Antropología e Historia. Museo de Medicina Tradicional y Herbolaria y Proyecto Actores Sociales de la Flora Medicinal en México. E-Mail: [email protected]
376 PAUL HERSCH MARTÍNEZ DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2001, 21, 375-407. 1. INTRODUCCIÓN La terapéutica constituye un elemento medular de cualquier práctica médica, y su definición, un proceso que depende no sólo de condiciones físicas y biológicas verificables empíricamente, sino del contexto social de su práctica. Desde esta perspectiva, la terapéutica forma parte de la realidad entendida como un constructo social (1). Este trabajo se inscribe en el análisis de la transformación habida en la realidad terapéutica con el surgimiento de la biomedicina mexicana actual, y se ocupa en particular del que fuera uno de sus referentes, el de la Farmacopea o Código Oficial de Farmacia, tomándolo como marcador en la evolución del estatuto terapéutico de la flora. Actualmente en México, en una situación que sin embargo no le es privativa, la considerable diversidad biológica, y la conspicua presencia de la flora como recurso de atención a nivel popular, no se encuentran reflejados en su código oficial de farmacia. Aventuramos a continuación una respuesta a ello. La farmacopea constituye, en su evolución, un testigo del proceso de construcción social de la realidad terapéutica en la biomedicina actual, al consignar los medicamentos que son validados como tales por expertos reconocidos. Como en otros muchos países, la imprescindible transformación de las farmacopeas se aceleró en México a lo largo del Siglo XX, no sólo en virtud de las revisiones periódicas en su repertorio de medicamentos, dada la incorporación y retiro de diversas substancias, sino en su función misma, en su perfil y en el de sus productores y destinatarios. Los formularios oficiales de medicamentos han representado históricamente la enseñanza ortodoxa de la medicina, aceptándose generalmente que lo que hoy se llama terapéutica moderna fue reconocida por primera vez, al introducirse en los formularios oficiales las (1) BERGER, Peter; LUCKMANN, Thomas. La construcción social de la realidad, Buenos Aires, Amorrortu, 1983.
377 La Farmacopea Nacional y el estatuto terapéutico de la flora en México DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2001, 21, 375-407. substancias químicas empleadas como medicamentos para uso interno (2). 2. LA FARMACOPEA MODERNA Y SU ARRANQUE EN EL MÉXICO INDEPENDIENTE Desde antes de 1477 se pueden encontrar antecedentes sobre la preocupación por sistematizar y regular el negocio de los medicamentos en la península Ibérica (3). En 1498, apenas unos años después de la llegada de Colón a América, se publica en Florencia el Nuovo Receptario Composito, primer libro oficial de farmacia entre los europeos (4). Sin embargo, el pueblo árabe había ya dado la pauta ante la necesidad de acreditar medicamentos oficialmente, al publicar un formulario para hospitales en el siglo XII (5). Aun cuando la existencia de referentes de este tipo para el México prehispánico es difícil de documentar, dado el impacto de la invasión europea, diversas publicaciones recogieron en esa primera época colonial los recursos medicamentosos en uso, basados principalmente en la flora (6). Para 1511 aparece en Barcelona la Concordia Pharmacopolorum Barcinonensium (7) y a los seis años de haberse consumado la conquista en la Nueva España, en 1527, el Ayuntamiento de la ciudad de México (2) URDANG, G. De cómo las substancias químicas fueron introducidas en las farmacopeas. Gaceta Médica de México, 1954, 74 (3), 253-264. (3) LANNING, John Tate. El Real Protomedicato. La reglamentación de la profesión médica en el Imperio español, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1997, p. 336. (4) URDANG, nota 2, p. 253. (5) ALEGRE PÉREZ, María Esther; GIL ALEGRE, María Esther. La Farmacia en el siglo XIX, Madrid, Akal, 1992, p. 38. (6) Entre ellas las obras de De la Cruz y Badiano (1552), Sahagún (1548-1582) y Hernández (1571-1576). (7) MINISTERIO DE SANIDAD Y CONSUMO. Real Farmacopea Española, Primera Edición, Madrid, 1993, p. xv.
378 PAUL HERSCH MARTÍNEZ DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2001, 21, 375-407. dispone visitas a las boticas para averiguar la calidad de sus productos y confiscar los no adecuados (8). Las principales farmacopeas de referencia en la Nueva España fueron la de Félix Palacios (1706) (9) y la Matritense (1739) (10), que fuera ordenada desde 1593 por Felipe II (11). Para 1821, año en que se proclama la independencia, se publica en México el «Formulario Magistral y Memorial Farmacéutico» impreso originalmente en Francia por Gassicourt (12). Para entonces, las farmacopeas europeas se habían dinamizado, incorporado diversos productos medicamentosos provenientes de América. 3. EL COMETIDO DE UNA MATERIA MÉDICA MEXICANA Al momento de la independencia, los integrantes de la Academia Médico-Quirúrgica de Puebla iniciaron la publicación de trabajos sobre la materia médica mexicana, destacando las «Tablas Botánicas para el uso más pronto y fácil» y el «Estudio de la Ciencia» de Julián Cervantes en 1825. De ahí, se propusieron elaborar una farmacopea que contuviese de manera preferencial «drogas indígenas»; la obra fue publicada en 1832 como «Ensayo para la Materia Médica Mexicana», se decía, «en honor de una nación que tiene la dicha de disfrutar de un suelo tan (8) Acotación de Francisco Fernández del Castillo, traductor del artículo de Urdang, nota 2, p. 253. (9) SECRETARÍA DE SALUD. Farmacopea de los Estados Unidos Mexicanos. Comisión Permanente de la Farmacopea de los Estados Unidos Mexicanos, México, Secretaría de Salud, 1994, p. 10; ACEVES PASTRANA, Patricia. Química, botánica y farmacia en la Nueva España a finales del siglo XVIII, México, Universidad Autónoma Metropolitana, 1993, p. 89. (10) Esta obra simplificó los procedimientos y sistemas precedentes, unificando pesas y medidas y sustituyendo los signos alquímicos por indicaciones precisas. SECRETARÍA DE SALUD, nota 9, p. 10. (11) LANNING, nota 3, pp. 337-338. (12) SECRETARÍA DE SALUD. Farmacopea Nacional de los Estados Unidos Mexicanos. Comisión Permanente de Farmacopea, México, Talleres Gráficos de la Nación, 1988, p. 10.
379 La Farmacopea Nacional y el estatuto terapéutico de la flora en México DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2001, 21, 375-407. abundante en producciones naturales como en ingenios sobresalientes» (13). Se trata del primer ensayo de la farmacopea mexicana, advirtiéndose en él que muchas de las sustancias incluidas sólo habían sido conocidas y usadas por los indígenas y la gente de campo (14). Al fin, la primera edición de la Farmacopea Mexicana fue impresa en 1846 por la Academia Farmacéutica de la ciudad de México, conteniendo casi exclusivamente sustancias de origen vegetal (15). La obra, reconocía entonces su prólogo, se topaba con los «inconvenientes de las ecsageraciones modernas» y el «fanatismo polifármaco de los siglos bárbaros». Aduciendo la época de transición en que se hallaba la ciencia en México, los integrantes de aquella academia de farmacia recordaban que por su naturaleza, una farmacopea requería ser frecuentemente corregida y perfeccionada «para estar al nivel de la ciencia». El propósito de los autores era, además, conformar una materia médica nacional, pues siendo su academia mejicana, habían procurado, cuidadosamente y a conciencia, sustituir las sustancias ecsóticas por las indígenas. La academia fue constituida en 1838 con el propósito único y expreso de elaborar la farmacopea, en una empresa que careció de apoyo oficial, que convocaba tanto a farmacéuticos como a médicos clínicos, que consignaba usos terapéuticos y que hacía énfasis en su carácter nacional; cuatro características, justamente, ajenas al perfil actual de la Farmacopea en México, como veremos a continuación (16). (13) IZQUIERDO, José Joaquín. Orígenes y evolución de la Farmacopea Mexicana. Desde el primer temprano ensayo de 1832, y la primera edición autorizada legalmente de 1884, hasta la primera farmacopea nacional de 1930. Gaceta Médica de México, 1952, 82 (5), 333-344. (14) IZQUIERDO, nota 13, pp. 336-337. (15) El 83.74 % de los medicamentos simples consignados provenía de plantas, contra 9.11 % de substancias químicas inorgánicas, y 7.14 % de sustancias de origen animal. ACADEMIA FARMACÉUTICA DE LA CIUDAD DE MÉXICO. Farmacopea Mexicana, México, 1846, pp. 13-57. (16) Sobre las metas de los farmacéuticos mexicanos organizados y su contexto, véase AZUELA, Luz Fernanda; GUEVARA FEFER, Rafael. Las relaciones entre la comunidad científica y el poder político en México en el siglo XIX, a través del estudio de los farmacéuticos. In: Patricia Aceves Pastrana (ed.), Construyendo las ciencias químicas y biológicas, México, Universidad Autónoma Metropolitana, 1998, pp. 238-257.
380 PAUL HERSCH MARTÍNEZ DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2001, 21, 375-407. Afirmaban entonces los académicos con respecto a su farmacopea: «La independencia de la nación y el progreso de las ciencias naturales, han hecho sentir a la República la necesidad de un Código Farmacéutico ... Méjico, que tiene su materia médica peculiar, médicos y farmacéuticos honrados y observadores, que se interesan en los adelantos de las ciencias, en la salud de los enfermos, y en la ecsactitud y uniformidad de la preparacion y despacho de las medicinas, se hallaban en la obligación de formular las leyes que la ciencia ó el empirismo, la esperiencia ó la tradicion habian dictado, para el mejor servicio del público, en las oficinas de Farmacia. No hace muchos años que todo, menos la naturaleza, era español en esta ciudad, y no debe sorprender que entonces supliese en alguna manera la falta de una Farmacopea nacional, el limitado y defectuoso formulario que dió en la Península en 1817 la real junta superior gubernativa de la facultad de Farmacia ... En tales circunstancias, algunos farmacéuticos mejicanos, venciendo su tímida modestia, y movidos únicamente por el bien de la humanidad y por el honor de su profesión, concibieron en 1838 el proyecto... Para mejor ejecutar su intento, se decidieron a formar una Academia de Farmacia que tuviese por único fin empresa tan delicada. La sociedad desde su instalación contó en su seno algunos médicos prácticos que no le han sido de poca utilidad» (17). Desaparecida luego la Academia Farmacéutica (18), se fundó la Sociedad Farmacéutica de México; de nuevo, el propósito central de los farmacéuticos asociados es la publicación de una farmacopea, que aparece en 1874(19). La obra se agotó pronto, constituyéndose a los cinco años una nueva comisión, que produjo su segunda edición en 1884(20). (17) ACADEMIA FARMACÉUTICA DE LA CIUDAD DE MÉXICO, nota 15, prólogo, (cursiva añadida). (18) La primera edición de la Farmacopea Mexicana (1846) apareció antes que la primera holandesa (1851), belga (1854), noruega (1854), rumana (1862), británica (1864), helvética (1865), rusa (1866), húngara (1871), alemana (como país unificado, 1872), chilena (1882), italiana (como país unificado, 1892) y argentina (1898). ALEGRE Y GIL, nota 5, pp. 62-63. (19) IZQUIERDO, nota 13, p. 340. (20) HERRERA, Alfonso et al. Nueva Farmacopea de la Sociedad Farmacéutica de México, México, Imprenta de Francisco Díaz de León, 1884.
381 La Farmacopea Nacional y el estatuto terapéutico de la flora en México DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2001, 21, 375-407. Ya un año antes, el Consejo de Salubridad había sugerido la preparación de una Farmacopea Nacional, declarando legal en tanto la edición que aparecería al año siguiente. Luego de 1892 en que comenzó su vigencia, el Reglamento de Boticas explicitaba que dicha obra y sus suplementos seguirían sirviendo como códigos oficiales provisionales (21). En 1889 se funda en México el Instituto Médico Nacional, dedicado principalmente al estudio de la flora medicinal, en un proceso que habría de influír en el desarrollo de las farmacopeas mexicanas hasta su cierre en 1915 (22). Ya en funciones dicho instituto, aparece, en 1896, la tercera edición de la Farmacopea de la Sociedad Farmacéutica de México, y cuarta farmacopea oficial si tomamos en cuenta la de 1846. Anunciada como obligatoria en el Distrito Federal y en los Territorios de Tepic y la Baja California, había incorporado 41 nuevos artículos en su sección de productos naturales, además de adicionar, corregir o modificar los previos (23). Los artículos sobre productos naturales incluían la nomenclatura popular bajo el siguiente fundamento: «Fácilmente se comprende la importancia que tienen para nosotros los nombres de las drogas en los diversos idiomas que hablan los naturales del país, ya por facilitar al farmacéutico la adquisición de los productos indígenas, ya para las investigaciones que más adelante puedan emprender el médico o el naturalista, o ya, en fin, para los estudios históricos o filológicos» (24). El perfil de la obra expresaba la amplitud de miras y también un proyecto de nación de sus autores, y en ese mismo espíritu se consignaban también usos populares: «Se extrañará que en esta parte de la Farmacopea se mencionen multitud de plantas y productos indígenas, que ni se usan por los (21) IZQUIERDO, nota 13, pp. 340-341. (22) TERRES, José. Reseña histórica del Instituto Médico Nacional de México. Gaceta Médica de México, 1917, 11, 131-138. DEL POZO, Efrén. La botánica medicinal indígena de México. Estudios de Cultura Náhuatl, 1965, 5, 57-73. (23) HERRERA, Alfonso et al. Nueva Farmacopea Nacional de la Sociedad Farmacéutica de México, México, Oficina Tipográfica de la Secretaría de Fomento, 1896, p. xxi. (24) HERRERA et al., nota 23, pp. xiii-xiv.
382 PAUL HERSCH MARTÍNEZ DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2001, 21, 375-407. médicos ni se venden en nuestras boticas; pero la Comisión ha creído de sumo interés llamar la atención de los farmacéuticos y de los médicos sobre las producciones naturales del país, pues bien merecen la pena de estudiarse; tanto porque muchas de ellas pueden sustituir á ciertas drogas exóticas, como porque tal vez se encuentren algunas de propiedades especiales, que deban, por lo mismo, ocupar un lugar importante en Terapéutica. Desgraciadamente, de la mayor parte no puede ofrecer al público la Comisión más que la clasificación botánica, pues su estudio químico y terapéutico está aún por hacerse. De todos modos, cree hacer un beneficio a la ciencia y al país con dar noticia, aunque incompleta, de algunos vegetales indígenas usados por el vulgo para curar sus enfermedades, cuyo uso viene por lo general desde los tiempos del imperio azteca. ¡Ojalá que estas indicaciones sirvan de base a estudios más completos, y que dentro de algunos años tenga México una Terapéutica verdaderamente nacional, aprovechándose las innumerables riquezas de la hermosa y variadísima Flora con que el Criador ha querido embellecer nuestro extenso territorio» (25). La farmacopea como empresa y como representación patriótica se matiene en el horizonte referencial de los farmacéuticos de entonces. La cuarta edición producida por la Sociedad Farmacéutica de México aparece en 1904; dos años después, el profesor Juan Calderón, en su discurso por el 35 aniversario de la agrupación, refería con respecto a su época inicial: «los estudios profesionales para la carrera de farmacéutico se encontraban totalmente desorganizados, sujetos al yugo de las farmacopeas extranjeras y especialmente a la rutina y al empirismo que nos legó la conquista y que reinó en la época colonial y en los dos últimos tercios del siglo XIX» (26). Un año antes, en la Convención Sanitaria Internacional celebrada en Washington, se había aprobado como «Código Pan-Americano» la traducción al castellano de la Farmacopea de los Estados Unidos. Cal- (25) HERRERA et al., nota 23, pp. xiv-xv, (cursiva añadida). (26) CALDERÓN, Juan B. Discurso del Presidente en el 35 Aniversario de la Fundación de la Sociedad. La Farmacia, 1906, 15 (5), 104-108, (cursiva añadida).
383 La Farmacopea Nacional y el estatuto terapéutico de la flora en México DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2001, 21, 375-407. derón comunicaba a sus colegas que en esa ocasión, a pesar de que México enviara representantes al evento, ninguna voz se levantó para protestar contra esa medida: «Si alguno de nuestros socios hubiera asistido a esa convención, seguro estoy de que el temor al coloso del Norte no hubiera sellado sus labios, y después de hacer patente la existencia de nuestro código Farmacéutico, hubiera agregado también que los farmacéuticos latinoamericanos no podrían adoptar jamás una farmacopea que no se ajusta a sus usos y costumbres» (27). De hecho, meses antes de que se celebrara el congreso, la Comisión Permanente de Farmacopea en México había solicitado, sin éxito, ayuda al ministro de Relaciones Exteriores, para introducir su obra en las Repúblicas Centro y Sud-Americanas, dada «la comunidad de origen y de idioma» y la ausencia de un código latino-americano: « ... se ha solicitado de nuevo la ayuda del Gobierno para oponernos a la conquista científica que de nosotros quiere hacer la República del Norte; se nos ha ofrecido que al celebrarse la próxima convención sanitaria internacional en nuestro territorio, y en la cual se determinará de una manera definitiva la adopción o no del proyecto americano, se nos ayudará para conseguir que de hacerse un Código Farmacéutico PanAmericano, se prefiera el nuestro, ya escrito en español muy arreglado a las actuales exigencias científicas; pero si así no fuere, nuestra Sociedad estará siempre alerta y apelará al patriotismo de los mexicanos para que sin miedo levanten la voz en defensa de nuestra libertad y autonomía científica » (28). Para 1913, en plena revolución social y dos años antes de que fuese suprimido, el Instituto Médico Nacional imprime su «Farmacología Nacional», partiendo de la información que publicara periódicamente en sus «Datos para la Materia Médica Mexicana» (29). De título significativo, la obra tenía el propósito de servir de consulta a médicos y (27) CALDERÓN, nota 26. (28) CALDERÓN, nota 26, (cursiva añadida). (29) IZQUIERDO, nota 13, p. 341; DEL POZO, nota 22, pp. 69-70.
390 PAUL HERSCH MARTÍNEZ DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2001, 21, 375-407. CUADRO 1 La flora en las farmacopeas mexicanas oficiales Farmacopea* Especies vegetales (año de edición, editor) 1846 AFCM 463 1874 SFM 471 1884 SFM 513 1896 SFM 575 1904 SFM 609 1930 SSA 137 1952 SSA 48 1962 SSA 32 1974 SSA 30 1988 SSA 26 1994 SSA 28 * AFCM:Academia de Farmacia de la Ciudad de México; SFM: Sociedad Farmacéutica de México; SSA: Secretaría de Salubridad y Asistencia, actualmente Secretaría de Salud. Nota: faltan en este cuadro las farmacopeas no oficiales editadas por la Sociedad Farmacéutica de México en su segunda etapa: la quinta (1925) y sexta (1967, Ed. Botas). GRÁFICO 1 Farmacopea Mexicana. Especies vegetales contenidas en las ediciones oficiales, 1846-1994 0 100 200 300 400 500 600 700 cantidad de especie s 1846 1874 1884 1896 1904 1930 1952 1962 1974 año de edición
391 La Farmacopea Nacional y el estatuto terapéutico de la flora en México DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2001, 21, 375-407. «Es por cierto bastante desconsoladora la consideración de que muchos medicamentos han sido buenos y malos alternativamente al través de los tiempos y según los lugares, así como la de que existan tan marcadas diferencias entre las farmacopeas de los distintos países»(43). Sin embargo, la idea de una nueva era terapéutica se esbozaba ya: « ... este conflicto entre tan encontradas posiciones parecen resolverlo satisfactoriamente tanto el conocimiento más exacto que se tiene de la composición de los agentes curativos, como los datos más abundantes cada día, respecto de la acción farmacodinámica ... Es así como se ha logrado hacer desaparecer muchos medicamentos consagrados por el hábito y la rutina, aunque en realidad desprovistos de propiedades medicinales ... Estas simplificaciones y esta selección han reducido mucho el cuerpo de la obra»(44). Surgía entonces una premonición: «La terapéutica en un no lejano porvenir hará de las farmacologías, y principalmente las farmacopeas, tratados breves en los que habrán desaparecido muchos de los medicamentos aceptados hoy, y de los cuales los galénicos serán los primeros, para dar lugar a otros más sencillos, de composición química definida, de acción más segura y con aplicaciones cada vez más circunscritas y mejor determinadas»(45) Muchas drogas de la Farmacopea Nacional de 1930 no figuraron ya en su segunda edición, que aparecería en 1952. Entre las 407 monografías suprimidas figuraban numerosas plantas medicinales y productos naturales que habían sido validados anteriormente: apio, árnica, asafétida, raíz de belladona, buchú, cantáridas, cápsico, catecú, condurango, convalaria, copalchi, cortezas de algodonero y de quilaya, cuasina, cuauchichic, cuso, todos los emplastos, estrofantina, eucaliptol, diversos extractos, floripondio, gayuba de Europa y del país, gelsemio, gordolo- (43) DEPARTAMENTO DE SALUBRIDAD PÚBLICA, Farmacopea Nacional, México, Talleres Gráficos de la Nación, 1930, p. vii (cursiva añadida). (44) DEPARTAMENTO DE SALUBRIDAD PÚBLICA, nota 43, (cursiva añadida). (45) DEPARTAMENTO DE SALUBRIDAD PÚBLICA, nota 43.
392 PAUL HERSCH MARTÍNEZ DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2001, 21, 375-407. bo nacional, grama, hierbabuena, hinojo, malva, maná, mirra, nogal, perejil, las pulpas de caña fístula y de tamarindo, rapóntico, rosa, ruda, salvia de bolita, sauco y simonillo (46). Entre la drogas que se incluirían como nuevas en la segunda edición, casi doscientas, estaban sustancias tan importantes como la penicilina, el pentotal, la difenilhidantoína, el lanatósido c, la ergonovina y la desoxicorticosterona (47). El fundamento de la edición de 1952 era que la precedente «no estaba ya de acuerdo con los adelantos de la química y de la farmacia» del momento (48). La farmacopea es presentada entonces, en el contexto del proceso de industrialización por el que atraviesa México, con el cometido de «satisfacer tanto las necesidades del ejercicio químicofarmacéutico y de la práctica médica, como las derivadas de la multiplicación, en el territorio nacional, de laboratorios de productos medicinales, de droguerías, farmacias y boticas» (49). En la edición referida, la proporción de productos naturales era ya menor que la de productos químicos: de sus 473 monografías de medicamentos, 265 eran sustancias químicas, 68 vegetales, 14 animales, 17 sueros y vacunas y 109 preparaciones galénicas, habiéndose retirado 403 monografías de la edición previa y añadido 193 nuevas (50). El 38.46% de las exclusiones fueron de plantas medicinales o de sus derivados, mientras que éstas ocupan el 13.47 % de las inclusiones. La justificación de las exclusiones e inclusiones tenía que ver más con las dificultades técnicas para la estandarización de los productos que con la comprobación experimental de su ineficacia terapéutica, y reconocía una categoría particular entre los medicamentos: « ... tampoco se tuvieron en cuenta muchas drogas que el médico utiliza en la práctica diaria y sobre las cuales hay reconocimiento (46) PICO NAVARRO, Ricardo. Notas sobre la segunda edición de la Farmacopea Nacional. Salubridad y Asistencia, 1948, 8 (1), 1-19 (pp. 2-3). (47) PICO NAVARRO, nota 46, p. 3. (48) Diario Oficial de la Federación, México, 10 de julio de 1952. (49) SECRETARÍA DE SALUBRIDAD Y ASISTENCIA, nota 33, p. vii. (50) SECRETARÍA DE SALUBRIDAD Y ASISTENCIA, nota 33.
393 La Farmacopea Nacional y el estatuto terapéutico de la flora en México DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2001, 21, 375-407. unánime de eficacia, con motivo de que la Comisión Revisora no pudo fijarles ensayes oficiales de identificación, pureza y valoración, porque estos datos no han sido suministrados por los fabricantes poseedores de su patente, o porque tales ensayes no se han fijado todavía, o por último, porque en el momento de elaborar y salir a luz esta Segunda Edición no se hubiesen comprobado en nuestro medio los procedimientos que en otros países pudieren haber sido fijados con éxito para tales substancias ... las drogas rechazadas de la Farmacopea Nacional de 1930 y muchas otras de gran consumo en la República, pero que igualmente tienen una acción muy secundaria en comparación con las substancias que aparecen en esta edición, podrán seguirse utilizando por los médicos que tengan costumbre inveterada de prescribirlas»(51) La tercera edición de la Farmacopea Nacional apareció en 1962, dejando sin efecto la edición previa, pues no se consideraba acorde con los adelantos químicos y farmacéuticos de entonces (52). El nuevo texto comunicaba la supresión de monografías, « ... bien porque se ha comprobado su toxicidad y por ende los riesgos de su empleo terapéutico ... o bien porque son medicamentos en desuso ... o bien substancias cuya actividad farmacodinámica no se ha verificado en el laboratorio y en la clínica» (53). La actividad farmacodinámica no había podido ser verificada. Este es un punto determinante en la definición de la realidad terapéutica; ¿implicaba eso entonces que se habían aplicado sustancias sin efecto curativo alguno por años? No necesariamente. La determinación de la actividad farmacodinámica de una sustancia no equivale por fuerza a la determinación de su potencial terapéutico, e inclusive la imposibilidad para verificar la actividad farmacodinámica puede ser transitoria; sin embargo, el modelo experimental, con sus virtudes y limitaciones, ter- (51) SECRETARÍA DE SALUBRIDAD Y ASISTENCIA, nota 33, p. vii (52) SECRETARÍA DE SALUBRIDAD Y ASISTENCIA. Farmacopea Nacional de los Estados Unidos Mexicanos. Dirección de Control de Medicamentos, México, Talleres Gráficos de la Nación, 1962, p. ix. (53) SECRETARÍA DE SALUBRIDAD Y ASISTENCIA, nota 52, p. xi, (cursiva añadida).
394 PAUL HERSCH MARTÍNEZ DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2001, 21, 375-407. mina por definir la realidad, o al menos el estatuto legal de la sustancia en cuestión. Entre las inclusiones de 1962 figuraban medicamentos relevantes cuyo uso ha persistido (eritromicina, sulfisoxasol, isoniacida, nitrofurantoína, cloropromazina, meprobamato, reserpina, clorotiazida, difenhidramina, tolbutamida, etc). Se trataba de una avalancha en forma; el criterio farmacológico experimental toma en definitiva el espacio que alguna vez ocupó la lectura meramente clínica: se había juzgado conveniente, al señalar en cada monografía la indicación y empleo terapéutico del medicamento, consignar la principal acción de las substancias medicinales con fundamento en su actividad farmacodinámica (54). En relación a los productos avalados empíricamente, se mantenía aún la promesa de derivar las substancias medicamentosas que no estaban comprendidas ya en la farmacopea, pero que podían seguir siendo utilizadas por médicos y farmacéuticos aunque careciesen de «categoría farmacopeica», a un «Formulario Nacional» de futura preparación ... que jamás llegó. Las exclusiones e inclusiones de plantas medicinales de 1962 agudizan la tónica preexistente: de las 94 monografías rechazadas, 44 correspondían a plantas medicinales, mientras que de las 153 nuevas monografías, ninguna se destinó ya a extracto vegetal alguno o planta medicinal como tal (55). Había culminado el proceso de sustitución. No sólo expresaba ésto el dominio del medicamento de síntesis y hemisíntesis sobre el de origen natural y en particular sobre los extractos totales de origen vegetal, sino, y ésto es lo más digno de destacar, la consagración legal aunque indirecta, del dominio del saber experimental sobre el saber del clínico empírico. Tal vez ese desplazamiento explique por qué finalmente no se produjo el formulario nacional al cual se alude en el siguiente apartado. Para 1974 aparece la cuarta edición de la Farmacopea Nacional. Se aclaraba la imposibilidad de incluír en un solo volumen «la enorme cantidad de materias primas farmacéuticas y biológicas ... expresión del (54) SECRETARÍA DE SALUBRIDAD Y ASISTENCIA, nota 52, p. xii. (55) SECRETARÍA DE SALUBRIDAD Y ASISTENCIA, nota 52, pp. xv y ss.
395 La Farmacopea Nacional y el estatuto terapéutico de la flora en México DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2001, 21, 375-407. extraordinario desarrollo de la industria químico-farmacéutica, que aporta constantemente nuevos productos al arsenal terapéutico» (56) La comisión reconocía la transformación del mercado farmacéutico, en particular en las grandes ciudades, pues las fórmulas magistrales se utilizaban cada vez menos, habiendo sido sustituídas por medicamentos de patente. Ello no suponía, sin embargo, omitir en los códigos de farmacia los procedimientos clásicos indispensables para identificar materias primas. Se exponía también cierta preocupación por el potencial de la flora medicinal desaprovechado en México: «La Comisión de Farmacopea considera imprescindible, que en pro de la economía del país, deben profundizarse y aumentarse los estudios de aquellas plantas de la abundante flora mexicana que tienen propiedades terapéuticas, empleando los procedimientos y métodos analíticos necesarios que enriquezcan la investigación nacional. Con el objeto antes señalado, ya se inician los trámites para la creación de un Patronato que se encargue de hacer una realidad las investigaciones mencionadas y de que se establezcan métodos de trabajo para la revisión y elaboración de las futuras ediciones de la Farmacopea Nacional»(57). Sin rastro del patronato y los métodos anunciados, la quinta edición de la Farmacopea Nacional aparece en 1988. De 532 productos medicamentosos consignados, sólo 34 de ellos son plantas o proceden de ellas, es decir el 6.39%. Esto incluye aceites esenciales procedentes sólo de once especies: alhucema, anís, azahar, canela, clavo, epazote, eucalipto, limón mexicano, menta piperita, naranja mexicana y romero. Por otro lado, las monografías de fármacos no consignan ya uso o indicación terapéutica alguna; la organización de sus apartados expresa su naturaleza acotada como referente industrial (58). Una parte de la farmacopea está dedicada a preparados farmacéuticos, con ensayos de (56) SECRETARÍA DE SALUBRIDAD Y ASISTENCIA. Farmacopea Nacional de los Estados Unidos Mexicanos. México, Dirección General de Control de Alimentos, Bebidas y Medicamentos, 1974, p. 11, (cursiva añadida). (57) SECRETARÍA DE SALUBRIDAD Y ASISTENCIA, nota 56, p. 12 (cursiva añadida). (58) Los rubros de cada monografía són: descripción, solubilidad, ensayo de identidad, viscosidad, pérdida por secado, residuo de la ignición, metales pesados, valoración y conservación. SECRETARÍA DE SALUD, nota 12.
396 PAUL HERSCH MARTÍNEZ DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2001, 21, 375-407. identidad, y otra, relevante, se ocupa de los métodos generales de análisis (59); estos apartados enriquecen sin duda a la obra en su reducido marco actual. La Farmacopea de 1988 es presentada no solo como instrumento legal, sino como «el más alto y significativo paso del proceso de los fármacos y medicamentos, al que se obligan los productores de este insumo», constituyendo «la norma total científica y técnica de elaboración»; se le destaca también como «producto de cuatro laboriosos años de esfuerzos ininterrumpidos de quince grupos colegiados, con expertos y asesores de doce comités especializados y 160 miembros, los más distinguidos sin lugar a dudas, de las Ciencias Farmacéuticas y la Farmacología», afirmándose además, de manera grandilocuente aunque paradójica: « ... la edición actual de la Farmacopea tiene además otra característica distintiva: no es solamente una traducción de Farmacopeas Internacionales, lo que la haría inoperante; tomando la ciencia mundial como referencia obligada y legítima de toda obra de verdadero valor epistemológico, nuestra farmacopea es fruto de la ciencia mexicana; debe ser pues, un hito histórico en el desarrollo histórico de nuestro país» (60) Para 1994 en que aparece la sexta edición, se mantiene en términos generales el perfil cuantitativo y cualitativo de la obra en lo que se refiere a la exigua proporción de vegetales medicinales en ella, a la reducción de su ámbito de influencia respecto a los médicos clínicos y a la consecuente carencia de indicaciones terapéuticas en las monografías (61). La evolución del lugar ocupado por la flora en las diversas farmacopeas mexicanas, desde 1846 hasta 1994, se cuantifica e ilustra en el cuadro 1 y en su gráfico correspondiente. El extremo de este proceso lo constituye precisamente la última edición, de 1994 (cuadro 2), la cual consig- (59) SECRETARÍA DE SALUD, nota 12, p. iv. (60) SECRETARÍA DE SALUD, nota 12, p. iv. (61) SECRETARÍA DE SALUD, nota 9.
397 La Farmacopea Nacional y el estatuto terapéutico de la flora en México DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2001, 21, 375-407. CUADRO 2 Farmacopea de los Estados Unidos Mexicanos. Sexta edición, 1994 Monografías con especies vegetales Artículo Aplicación Aceite de ajonjolí Excipiente Aceite de algodón Excipiente Aceite de almendras Terapéutico Aceite de cacahuete Excipiente Aceite de coco Excipiente Aceite de eucalipto Terapéutico Aceite de maíz Excipiente Aceite de olivo Excipiente Aceite de ricino Terapéutico Aceite de soya Excipiente Aceite esencial de alhucema Aromatizante Aceite esencial de anís Saborizante y Aromatizante Aceite esencial de canela Saborizante y Aromatizante Aceite esencial de clavo Terapéutico y saborizante Aceite esencial de epazote Terapéutico Aceite esencial de limón Saborizante Aceite esencial de menta piperita Saborizante Aceite esencial de naranja mexicana Saborizante Aceite esencial de romero Aromatizante Achiote, colorante de Colorante Ágar Excipiente Canela Saborizante y Aromatizante Carragenina Excipiente Goma de tragacanto Excipiente Goma de xantana Excipiente Manteca de cacao Excipiente Psyllium plantago Terapéutico Vainilla Saborizante •Cantidad de monografías que contienen especies vegetales o sus extractos totales con aplicación terapéutica = 6 •Cantidad de monografías que contienen especies vegetales o sus extractos totales con aplicación terapéutica y de origen mesoamericano = 1
398 PAUL HERSCH MARTÍNEZ DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2001, 21, 375-407. na 28 artículos de plantas medicinales, pero de ellas sólo seis se incluyen por su efecto terapéutico, y de éstas sólo una resulta ser autóctona, el epazote (Teloxys ambrosioides var. anthelmiticum Linné) (62). Sin embargo, las plantas utilizadas como medicinales en México a nivel popular superan las seis mil especies, de las cuales casi la mitad son autóctonas; de hecho, el principal herbario medicinal de México contiene más de tres mil de ellas (63). Como referencia, la Farmacopea Alemana actualmente vigente, conocida como «DAB 10», contiene 965 monografías, de las cuales 127 se encuentran destinadas a productos vegetales (64); la Farmacopea Francesa consigna unas 1,400 plantas medicinales (65). Por otro lado, cerca de 1,200 diversas drogas vegetales son en la actualidad utilizadas por los países miembros de la Comunidad Europea, siendo 140 de ellas las más relevantes; sin embargo, de éstas, sólo 26 se encuentran cubiertas por monografías en la Farmacopea de la CE. Aún así, 43 drogas vegetales no cubiertas en la Farmacopea de la CE se encuentran desarrolladas como monografías en las farmacopeas nacionales de los países miembros, y otras setenta carecen de monografía (66). 6. EXTRAFARMACOPEAS, FORMULARIOS Y MÉDICOS El farmacéutico Juan Manuel Noriega señalaría en 1932, en el III Congreso Médico Panamericano, la tendencia moderna de simplificar las farmacopeas, justamente «purgándolas de un considerable número (62) SECRETARÍA DE SALUD, nota 9, pp. 347-358. (63) AGUILAR, Abigaíl. Herbario Medicinal del Instituto Mexicano del Seguro Social, México, 1997. (comunicación personal). (64) KELLER, K. Vegetable drugs in some national pharmacopoeias. Situation within the EEC, In: Actes de la 3ème Conference Internationale sur les pharmacopees et le controle de la qualite des medicaments, Bolonia, Ministerio Italiano de la Sanidad, Fundación Rhone-Poulenc Rorer, Editrice Compositori, 1993, pp. 291-293. (65) LECOMTE, J.; DURON, E.. La Réglementation des Plantes. Médecines Douces, 1987, 61, 34-43. (66) KELLER, nota 64, p. 292.
399 La Farmacopea Nacional y el estatuto terapéutico de la flora en México DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2001, 21, 375-407. de drogas y preparados», lo cual «para unos es muy conveniente, pues se ha hecho una selección de lo real y verdaderamente útil, que es lo que la medicina verdaderamente aprovecha y sobre lo que se ejerce la vigilancia oficial y lo que los médicos prescriben ordinariamente en sus recetas»; sin embargo, Noriega subrayaba que muchos preparados y sustancias naturales quedaban al margen de la farmacopea, solicitados «a cada paso por el público, vulgo o no». Así, el farmacéutico, si no quería verse en la ruina, se veía obligado a preparar y expender no sólo lo consignado en el código oficial de farmacia, sino lo que el comprador solicitara (67). Basándose en ello, Noriega propugnaba por la inclusión de una segunda clase de preparados en la farmacopea, para evitar que fuesen confeccionados al antojo del preparador. Así, al lado de la farmacopea oficial, «sobria, limitada a los preparados de uso médico y francamente útiles», debiese aparecer la «Extra Farmacopea», con «los preparados anticuados, los vulgares, los dudosos ... pero que en las costumbres de cada país han cobrado carta de ciudadanía»: la «Extra Farmacopea» sería exclusiva y propia de cada país y no así la oficial (68). Para 1947, el médico militar Ricardo Pico Navarro, Secretario de la Comisión Revisora de la Farmacopea Nacional, preconiza entre los médicos la figura y relevancia de la farmacopea. El funcionario recordaba a sus colegas la naturaleza normativa de la obra (69), y luego de (67) NORIEGA, Juan Manuel. Cómo se puede lograr tener una Farmacopea Universal, sus ventajas e inconvenientes. La Farmacia, 1932, 24, p. 280. El problema al que aludía Noriega era ya señalado desde la aparición de la primera farmacopea mexicana en 1846: «En el primero de los capítulos no se debe estrañar falten algunos productos naturales, y otros no estén clasificados porque más bien se ha querido dejar algunos vacíos, que llenarlos de conjeturas, y acaso de errores. Por igual motivo se notará la falta de no pocas fórmulas de medicamentos compuestos que se usan en la República, de las que hasta ahora no han podido tener conocimiento los profesores de esta capital que componen la Academia de Farmacia». ACADEMIA FARMACÉUTICA DE LA CIUDAD DE MÉXICO, nota 15, Prólogo. (68) NORIEGA, nota 65, p. 280. Su infructuosa propuesta antecede al Formulario Farmacéutico Nacional, infructuosamente promovido, a su vez, por Ricardo Pico Navarro (ver adelante). (69) PICO NAVARRO, Ricardo. Notas sobre la 2.ª edición de la Farmacopea Nacional. Farmacoterapia, 1947, 2 (10), 22-26.
406 PAUL HERSCH MARTÍNEZ DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2001, 21, 375-407. fuente de referencia sobre medicamentos que sea autorizada, rápida y de fácil manejo (79). Dada la relevancia sanitaria de un texto así, su demanda debiera de ser cubierta centralmente por una instancia regulatoria gubernamental, con el apoyo de las agrupaciones de médicos, enfermeras y farmacéuticos y el concurso de productores y consumidores, y no a partir sólo de los mecanismos generados por la industria para controlar las fuentes objetivas de información sobre medicamentos. Tales instancias generarían en principio una publicación imparcial, favoreciendo de paso una separación entre los roles de la profesión médica y la industria farmacéutica, de modo que la primera incremente su prestigio ante la opinión pública y la segunda se dedique precisamente a lo que le corresponde y hace mejor, que es la fabricación de medicamentos (80). Algunas características de la farmacopea actual remiten a rasgos significativos de la biomedicina; uno de ellos, evidenciable desde la perspectiva histórica, es la descalificación del saber empírico, tanto el médico y farmacéutico como el lego: al no constituir ya un referente clínico, la obra no reconoce efecto terapéutico alguno a productos que no sean reductibles a corroboración experimental en términos de farmacodinámica molecular. Esta reducción de la realidad a un modelo de la misma revela el condicionamiento social de la farmacopea, cuando el efecto terapéutico de una sustancia rebasa la capacidad del modelo experimental en uso, que ha sido tomado como determinante a pesar de que no se encuentra en condiciones de sustentar justamente la ineficacia terapéutica atribuida a los recursos excluidos. Esta incapacidad se manifiesta en particular frente a la doble dimensión relacional de muchos remedios compuestos, de la cual se ha prescindido cuidadosa y deliberadamente en la realidad construida por el laboratorio experimental: en primer término la dimensión inherente a la dinámica interna del propio remedio, en virtud del efecto combinado de sus diversos componentes moleculares entre sí, y en segundo término, la dimensión relacional propia de la dinámica exter- (79) BELL Y OSTERMAN, nota 77, p. 117. (80) BELL Y OSTERMAN, nota 77, p. 118.
407 La Farmacopea Nacional y el estatuto terapéutico de la flora en México DYNAMIS. Acta Hisp. Med. Sci. Hist. Illus. 2001, 21, 375-407. na que se desencadena en el contexto concreto de aplicación del remedio (81). En todo caso, se mantiene sin embargo una constante: a pesar de los indiscutibles avances en el desarrollo científico y tecnológico surgidos en el mismo periodo analizado, las limitaciones de ese desarrollo siguen determinando el alcance de la farmacopea, junto con la naturaleza de la sociedad que la hace posible y de la cual es manifestación. La Farmacopea, en su evolución, ha reflejado la construcción social de la realidad terapéutica en la biomedicina actual. En este proceso, el Estado ha subutilizado y desaprovechado un instrumento fundamental para su cometido regulatorio. El código oficial de farmacia expresa las coordenadas políticas y tecnológicas de la sociedad que lo hace posible. La farmacopea del futuro requiere ser redimensionada en su contenido y en su propósito, para rescatarla como instrumento que permita optimizar a la terapéutica medicamentosa, y como apoyo para una individualización terapéutica renovada. Al oficializar los recursos curativos, la farmacopea actual expresa y valida también una cultura de la modernidad, un orden económico de supeditación comercial e industrial hacia el exterior y una determinada racionalidad científica. Pero al hacerlo también ha avalado la disponibilidad de medicamentos fundamentales para el tratamiento exitoso y oportuno de enfermedades invalidantes y letales. Un Estado y un sistema de salud inclusivos no pueden prescindir de un código inclusivo de farmacia cuyo eje, como instrumento de salud pública, sea la adecuación de su sentido y de su proyección en función de las necesidades de la población. No se trata entonces de pugnar por una farmacopea «verde»: el color no tiene importancia alguna; es el sentido de la obra lo determinante hoy. (81) Véase al respecto STENGERS, Isabelle. Il medico e il ciarlatano. In: Tobie Nathan e Isabelle Stengers (eds.), Medici e Stregoni, Turín, Bollati Boringuieri, 1996, pp. 103-144 y STENGERS, Isabelle. Sciences et pouvoirs. La démocratie face a la technoscience, París, Editions La Découverte, 1997.