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LOS PROBLEMAS DEL ECLECTICISMO EN TEORÍA DEL SIGNIFICADO: DIGRESIÓN SOBRE EL PROGRAMA ANTIRREALISTA DE M. DUMMETT Josefa Toribio Mateas Departamento de Lógica y Filosofía de la Ciencia. Universidad Complutense de Madrid Una de las mayores dificultades del paradigma explicativo que arranca del último WiUgenstein es la ausencia de una estructuración sistemática de sus principios. Cuando se trata de construir ese marco arquitectónico parece necesario acudir, sin embargo, a posiciones moleculares de origen claramente frcgcano, El programa anti-rcalista del filósofo inglés M. Dummett constituye sin duda uno de los intentos mas interesantes de conjugar estos dos tipos de ideas: si, por una parte, parece clara la influencia de Wittgenstein en los presupuestos básicos sobre los que Dummett construye las líneas que ha de seguir una teoría del significado, por otra, no parece estar dispuesto a admitir que tal explicación pueda agotarse completamente en una especificación de los diferentes usos lingüísticos, porque eso supondría acabar con la noción misma de un significado objetivo y, por tanto, nos llevaría a tener que admitir la imposibilidad de una teoría sistemática del funcionamiento del lenguaje. Los problemas que plantea su propuesta constituyen el objeto de discusión de este articulo. Palabras clave: significado, verdad, intuicionismo, asertabilidad, verificación. 1. Requisitos que ha de cumplir una teoría del significado Conocer un lenguaje es saber emplearlo. El conocimiento que el hablante tiene de un lenguaje es un conocimiento práctico. Su comprensión de las oraciones que lo componen se manifiesta en distintos tipos de capacidades -la capacidad para responder, verbal y no verbalmente, a ciertas afirmaciones, preguntas, ruegos, etc. Si lo que pretende una teoría del significado es dar una explicación del fenómeno de la compresión, no puede presentarse entonces como una hipótesis psicológica o neurológica sobre aquello que subyace a nuestra capacidad para entender las expresiones que forman un lenguaje, sino, más bien, como una descripción del conjunto de prácticas que constituyen el conocimiento de tal lenguaje y una explicación de cómo ese conocimiento se manifiesta en su conducta. Contextos X/19-20, 1992 (pp. 215-231)
216 Josefa Toribio Mateas Alrededor de esta idea central, que constituye el núcleo de la propuesta del Wittgenstein de las Philosophische Untersuchungen, gira todo el planteamiento de Dummett. Una teoría del significado para un lenguaje determinado ha de ser una teoría de la comprensión de ese lenguajes. Una teoría del significado que no sea, o no conlleve, una teoría de la comprensión no satisfará el propósito que, filosóficamente hablando, le incumbe: hacer explícito el funcionamiento del lenguaje, mostrar cómo los hablantes se comunican a través de él. Si conocer un lenguaje es saber emplearlo, entonces una vez que hemos dado una formulación explícita de en qué consiste el conocimiento de un lenguaje, habremos dado también una explicación de cómo funciona (Cfr. Dummett, M., 1975, pp. 97-101). Ahora bien, la afirmación de que una teoría del significado debe ser una representación teórica de la capacidad práctica de hablar un lenguaje es, por una parte, demasiado general. Debemos exigir, además, que la teoría ofrezca un análisis de esta actividad compleja a partir de los componentes más simples que aparecen interrelacionados en ella, de tal manera que ":..ciertas proposiciones individuales de la teoría deben estar correlacionadas con capacidades prácticas específicas cuya posesión constituye un conocimiento de esas proposiciones" (Dummett, M., 1976, p.71). Por otra parte, la exigencia de que toda proposición de la teoría esté correlacionada con alguna capacidad práctica resulta, en algunos casos, demasiado fuerte. Así, por ejemplo, podemos atribuir a un hablante un conocimiento implícito de las distintas categorías sintácticas que componen un lenguaje, sin que ello quiera decir que existe una única capacidad específica en la que se manifiesta tal conocimiento. Aunque un hablante sepa que una determinada palabra es, supongamos, un nombre, su capacidad para reconocer si ciertas oraciones están bien o mal construidas dependerá, no sólo de ese conocimiento, sino también del de las demás categorías sintácticas, así como del de las reglas de formación que rigen su uso correcto. Es el conocimiento implícito de estos principios generales - representados por los axiomas de la teoríael que da como resultado una capacidad para reconocer, con respecto a un ámbito infinito de oraciones, si están bien o mal construidas sintácticamente. Tal capacidad puede ser representada como una derivación implícita de ciertos teoremas a partir de los axiomas mencionados.
Los problemas del eclecticismo en teoría del significado: ... 217 Por tanto, el requisito anterior es aplicable sólo con respecto a aquellas proposiciones que constituyen los teoremas de la teoría. La adscripción al hablante de un conocimiento implícito de los axiomas se basa, de hecho, sólo en que manifiesta una capacidad lingüística general que incluye todas las capacidades específicas que corresponden a los teoremas derivables de ese conjunto de axiomas. Este mismo esquema se repite en el nivel semántico. Una representación teórica así concebida debe completarse con lo que, siguiendo el espíritu fregeano, podemos denominar una teoría de la fuerza ilocucionaria, i.e. una explicación de los distintos tipos de actos lingüísticos que pueden realizarse a partir de un mismo enunciado -tales como hacer afirmaciones, dar órdenes, formular preguntas, llegar a conclusiones sobre la base de algún tipo de inferencia, etc.-. Puesto que una teoría del significado ha de mostrar explícitamente todo lo que un hablante debe conocer implícitamente para poder hablar y comprender un lenguaje, y puesto que gran parte de esa actividad está compuesta por actos lingüísticos como los mencionados, la teoría ha de establecer también los principios generales que regulan esos tipos de actos lingüísticos, principios que en cualquier caso estarán relacionados con aquella propiedad de los enunciados que juegue el papel central en la explicación del significado de los mismos, independientemente del acto concreto en el que entren a formar parte. Si tuviéramos que agrupar bajo un único rótulo el conjunto de todas estas condiciones, tendríamos que hablar de molecularidad de la teoría como requisito básico. El que una teoría del significado haya de ser molecular responde así a una exigencia general de sistematicidad, la exigencia de que la teoría refleje el hecho de que los hablantes, partiendo de un conjunto finito de elementos, son capaces de usar y comprender un conjunto potencialmente infinito de enunciados. En este sentido, la propuesta de Dummett no parece diferenciarse excesivamente, al menos en cuanto a su estructura, del esquema general de las teorías realistas del significado1. Como aquéllas, pretende reconstruir sistemáticamente lo que 'Siguiendo la caracterización de Dummett, entendemos por teorías realistas aquéllas que hacen del concepto de verdad, entendido en sentido clásico, el núcleo de la explicación del significado.
218 Josefa Toríbio Mateas un hablante debe conocer para poder hablar y comprender un lenguaje a partir de ciertos principios básicos que aparecen representados en los axiomas de la teoría, desde los cuales se derivan ciertos teoremas, cuyo conocimiento implícito por parte del hablante está garantizado por su manifestación en un conjunto de capacidades específicas. Como en aquéllas, también se apela a una teoría de la fuerza ilocucionaria como complemento inexcusable en la explicación del papel de los distintos juegos lingüísticos de afirmar, ordenar, preguntar, etc. Sin embargo, tal semejanza estructural no debe ocultarnos una diferencia fundamental: el concepto en función del cual se construye el modelo explicativo del significado. El núcleo de las teorías realistas está constituido por la noción de verdad, de manera que el concepto central de explicación del significado viene representado por las condiciones de verdad de los enunciados, entendidas como la propiedad que tienen éstos de ser verdaderos o falsos independientemente de nuestro conocimiento. Dummett, por su parte, propone una explicación en términos de aserción justificada o correcta, de tal manera que el conocimiento que supone la utilización de los enunciados declarativos se explica en función del conocimiento de las circunstancias bajo las cuales esos enunciados se utilizan correctamente. Las condiciones relevantes en una explicación del significado como ésta tienen un carácter epistémico y están relacionadas, por tanto, con aquello que, en general, justifica cualquier tipo de afirmación. 2. Ampliación de la semántica intuidonista Quizá una buena manera de entender el cambio de perspectiva que supone sustituir la noción de verdad por la de justificación en el ámbito de la teoría del significado sea acercarnos al tipo de semántica propuesta por los intuicionistas en matemáticas, ya que, en líneas generales, la propuesta de Dummett consiste en la aplicación y ampliación de esta semántica a distintas clases de enunciados. De nuevo, parece repetirse el viejo proceso, según el cual, primero se explican y caracterizan ciertas ideas con respecto a los lenguajes formalizados y, más tarde, se recogen y adaptan para aplicarlas al lenguaje natural. De la misnia manera que el estudio de las partes estrictamente lógicas de la obra de Frege ayuda a comprender -y, a veces, es fundamento indispensable desus afirmaciones en filosofía del
Los problemas del eclecticismo en teoría del significado: ... 219 lenguaje, el estudio de las ideas mantenidas por los intuicionistas, con respecto a los enunciados matemáticos, nos ayudará a comprender la propuesta semántica de Dummett. La tesis fundamental del intuicionismo -en todas sus varianteses la de que, en matemáticas, existencia coincide con constructibilidad. Si, desde un punto de vista logicista, la posibilidad de definición en un sistema formal consistente garantiza automáticamente la existencia de los objetos matemáticos -pues la corrección y completud formal de estos sistemas son las que determinan y confieren contenido a la matemática-, desde un punto de vista intuicionista, la existencia de tales objetos estriba únicamente en su posibilidadde construcción, pues lo que confiere contenido a la matemática no es algo puramente formal sino las construcciones o pruebas, entendidas como correlatos de actos mentales2. Cuando se defiende este tipo de tesis, la única interpretación posible de un enunciado metemático p es aquélla bajo la cual p expresa una construcción matemática que ha de satisfacer determinadas condiciones, de tal manera que p puede afirmarse si, y sólo si, se está en situación de realizar la construcción que expresa. El contenido de un enunciado como "existe un objeto a que tiene la propiedad P" consiste en la construcción de un objeto a y una prueba de que a tiene la propiedad P. Desde un punto de vista intuicionista, por tanto, si estamos justificados para afirmar el enunciado anterior, entonces sabemos ya qué hace a ese enunciado verdadero. Esto resulta aún más claro si tenemos en cuenta que no resulta inteligible una noción de prueba que no sea reconocible por nosotros o para cuya construcción no dispongamos de ningún método efectivo. Una variante semántica de la misma tesis -quizás más relevante en nuestro contextoes que el significado de un enunciado matemático no es algo que pueda determinarse independientemente de cómo se establezca su verdad. Esto se traduce, por tanto, en que el significado tiene que ser entendido en términos de prueba. Comprendemos un enunciado matemático cuando somos capaces de reconocer una prueba de ese enunciado, y su verdad consiste exclusivamente en la existencia de tal prueba. Aunque, 2Las diferentes posiciones intuicionistas se diferencian entre sí precisamente en el contenido y alcance de esa posibilidad de construcción a la que acabamos de aludir.
220 Josefa Toribio Mateas desde cualquier punto de vista, la lógica siempre se ha interesado, no sólo por el problema de establecer qué enunciados son lógicamente verdaderos, sino también por cómo sabemos o podemos probar que lo son, esta segunda cuestión se ha considerado tradicionalmente como algo independiente de la primera y posterior a ella. Una de las consecuencias de esta centralidad de la noción de prueba en la semántica intuicionista, sin embargo, es hacer de estas dos cuestiones algo absolutamente inseparable. Bajo el prisma intuicionista, la Mea fundamental es que el conocimiento del significado de una expresión matemática no consiste en lo que tiene que ser el caso para que la expresión sea verdadera, independientemente de que seamos capaces de reconocer o no esa verdad, sino en la capacidad para reconocer, de cualquier construcción matemática, si es o no una prueba de esa expresión. La condición que justifica la afirmación de un enunciado es que conozcamos una prueba suya. Cuando afirmamos un enunciado matemático, lo que afirmamos no es su verdad, entendida como alguna suerte de correspondencia con una realidad matemática independiente, ni tampoco la existencia de una prueba que no somos capaces de determinar. Afirmamos que existe una construcción matemática que somos capaces de reconocer como una prueba de ese enunciado. Hasta ahora hemos hablado en general del programa intuicionista. Sin embargo, como hemos dicho, este programa se caracteriza por su falta de uniformidad en relación con el contenido y alcance de la noción de constructibilidad, es decir, no existe un acuerdo unánime entre las diferentes corrientes intuicionistas con respecto a lo que debe considerarse, sensu stricto, la prueba de un enunciado matemático. Puesto que nuestra pretensión es descubrir el prototipo semántico en matemáticas sobre el que Dummett basa su propuesta generalizadora a otro tipo de enunciados, hemos de dar un contenido más preciso al esquema de teoría que estamos exponiendo. La pregunta clave será entonces: ¿qué noción de pruebas estamos utilizando? Si la condición que justifica la afirmación de un enunciado matemático es que conozcamos una prueba suya, ¿qué es lo que, en el prototipo intuicionista utilizado por Dummett, cuenta como tal prueba? Consideremos un enunciado matemático como el siguiente "35.425 + 18.327 =18.327 +35.425". Si tomamos como única noción de prueba
Los problemas del eclecticismo en teoría del significado: ... 221 admisible una que siga las reglas universales de computación, sólo estaremos justificados para afirmar este enunciado si calculamos ambas sumas, í.e., si conocemos que 35.425 +18.327 =53.752 =18.327 + 35.425. Sin embargo, desde el punto de vista que estamos considerando, estamos igualmente justificados para afirmar este enunciado si conocemos, por ejemplo, una prueba de vx vy (x + y = y + x) y de ella inferimos esta igualdad. A su vez, la prueba de este último enunciado consistirá en una construcción matemática que muestra, para cualquier par de números arbitrario, que x + y es igual a y + x. La cuestión principal es, por tanto, que, aunque desde este punto de vista es necesario que pueda efectuarse un cálculo del tipo 35.425 + 18.327 = 53.752 = 18.327 + 35.452 para poder afirmar correctamente el enunciado "35.452 + 18.327 =18.327 + 35.452", sin embargo no es necesario realizar en la práctica este cálculo. Así pues, "la condición para afirmar un enunciado es que, o bien conozcamos una prueba de ese enunciado... o conozcamos un procedimiento para obtener tal prueba. Este procedimiento puede denominarse también una prueba del enunciado... pero es una prueba en un sentido secundario. Para distinguir estas dos clases de prueba, podemos llamar a las primeras pruebas directas oxanónicas y a las segundas pruebas indirectas" (Prawitz, D., 1977,p. 22). Esta distinción es especialmente relevante si tenemos en cuenta la dificultad de establecer una prueba canónica de las implicaciones o de los enunciados cuantificados universalmente. Con respecto a un enunciado como "P-+Q" no podemos exigir que la situación en la que las premisas pueden ser afirmadas correctamente sea la misma en la que puede ser afirmada la conclusión, porque eso implicaría que, una vez conocidas las circunstancias en que podemos afirmar correctamente un enunciado, conocemos también todas las consecuencias lógicas que pueden derivarse del mismo. Más bien, tenemos que admitir que un enunciado como "P-*Q" sólo está probado si conocemos algún procedimiento Cque, aplicado a una prueba canónica de P, permite transfórmala en una prueba canónica de Q. El problema reside en que estos procedimientos pueden incluir enunciados de mayor complejidad lógica que las premisas. En estos casos, por tanto, es necesaria una demostración adicional de que ese fragmento del lenguaje es una extensión conservadora de los fragmentos más básicos que estamos utilizando. Esta demostración es la que lleva a cabo una teoría semántica
222 . Josefa Toribio Mateas a través de las pruebas de consistencia y completud. Con respecto a esos enunciados, por tanto, admitimos simplemente una noción de verdad en términos de las circunstancias bajo las cuales podríamos establecerlos como verdaderos, y no una bajo la cual sólo son verdaderos si los hemos establecido efectivamente como tal. La cuestión de la corrección de "P-*g" es, como en el caso de la matemática tradicional, una cuestión posterior al significado de los enunciados que aparecen en la inferencia -una vez identificado el significado con la condición que nos permite afirmar esos enunciados de forma justificada-. De ahí que Dummett defienda la necesidad de acudir a la noción realista de verdad para explicar el funcionamiento de los enunciados cuando aparecen en un enunciado compuesto y, en particular, para explicar la validez de la inferencia deductiva. Esta es, como veremos, la raíz dé una de las dificultades básicas de su propuesta general para el resto de los enunciados. 3. Revocabilidad. Del concepto de verificación al de condiciones de asertabilidad En este bosquejo de teoría del significado para el lenguaje matemático, la noción central no es la de verdad, entendida de modo realista, sino que la noción central se concibe ahora en términos de reconocimiento efectivo y manifestable de la verdad, y ese reconocimiento se construye a través del concepto de prueba. En matemáticas, la prueba de un enunciado es el único medio que existe para establecerlo como verdadero, pero si queremos generalizar el planteamiento intuicionista al lenguaje natural, la única noción que parece cumplir los mismos requisitos a efectos del reconocimiento de la verdad de un enunciado es la de verificación (Dummett, M., 1976, pp. 110-111). Ahora bien, hay que establecer distintos matices en torno a este concepto de verificación, ya que "la diferencia principal entre el lenguaje de las matemáticas y nuestro lenguaje como un todo reside en el hecho de que, en el primero, la propiedad de decidibilidad es estable... mientras que la decidibilidad de un enunciado empírico no es, en el mismo sentido, una propiedad permanente" (Dummett, M., 1976,pp. 113-114). Cuando, en matemáticas, decimos que un enunciado ha sido verificado,
Los problemas del eclecticismo en teoría del significado: ... 223 i.e.y que tenemos una prueba suya, no parece posible que, en un tiempo posterior, o bajo otras circunstancias, ese mismo enunciado pueda ser refutado, es decir, que encontremos una contraprueba. Aunque los matemáticos trabajen a veces con nociones más débiles para establecer la verdad de sus enunciados, la noción de prueba es absolutamente decisiva. Una vez construida la prueba de un enunciado, ningún tipo de evidencia posterior puede contradecirla; su posesión es inconsistente con la falsedad de ese enunciado. Al trasladar este tipo de ideas al ámbito de los enunciados empíricos, tomando como noción análoga a la de prueba la de verificación, no podemos admitir que -al menos, para ciertas clases de enunciadosexista una verificación absolutamente conclusiva de los mismos. Fuera de las matemáticas las evidencias que nos permiten establecer la verdad de un enunciado no tienen, en todos los casos, la fuerza necesaria para que podamos hablar de verificación conclusiva. Podemos decir que la mayoría de los enunciados empíricos -excepto, quizás, aquéllos que describen experiencias sensorialesson, en este sentido, revocables, donde por revocabilidad (defeasibility) queremos decir lo siguiente: dado algún tipo de evidencia E, que proporciona fundamentos razonables para establecer la verdad de cualquier enunciado 5, es lógicamente posible que se dé Ey y sea el caso de no-S. A diferencia de lo que ocurría con la noción de prueba en matemáticas, las evidencias que nos permiten hablar de verificación con respecto a un enunciado empírico no son, pues, tan decisivas como para que su posesión sea inconsistente con la falsedad de esos enunciados. Si admitimos que los enunciados empíricos son, en este sentido, revocables -como, de hecho, Dummett admite-, tendremos que modificar la noción base de verificación hasta convertirla en algo mucho más débil. No podremos seguir manteniendo que la comprensión de un enunciado consiste en la capacidad para reconocer aquello que lo establece conclusivamente como verdadero -incluso si este "verdadero" tiene un carácter epistémico-, sino, más bien, que "la comprensión de... un enunciado consiste en conocer lo que cuenta como evidencia adecuada para su afirmación, y la verdad del enunciado puede consistir únicamente en la existencia de tal evidencia" (Dummett, M., 1963, p. 155)3 3E! mismo tipo de ideas se repite a lo largo de muchos otros textos pero donde se pone de
230 Josefa Toribio Mateas Todos estos podrían ser problemas menores si, partiendo de una línea clara y abiertamente wittgensteiniana, mostráramos que la sistematicidad - entendida como la posibilidad de explicar el fenómeno lingüístico a través de una estructura jerárquica construida en función de un concepto básico y objetivo de significadoes un fin no sólo inalcanzable, sino incluso sospechoso en cuanto a la fiabilidad de la explicación propuesta. Pondríamos argüir, en la misma línea, que no hay nada que constituya el significado preciso de cada una de las expresiones y enunciados de un lenguaje y que, por tanto, es imposible construir una teoría -en el sentido habitual de este términoque permita dar una explicación coherente y sistemática del conjunto de nuestras prácticas lingüísticas. Si una representación teórica -en un sentido mucho más débildel funcionamiento del lenguaje permite relacionar el contenido que da a la noción de signiñcado con el conjunto de prácticas lingüísticas y extra-lingüísticas de los hablantes, entonces decir que tal representación no es sistemática no es mostrar que no es plausible. Ahora bien, si aceptamos que los requisitos básicos, que el propio Dummett impone sobre una teoría del significado para poder ser considerada satisfactoria, son razonables y defendibles, entonces no podemos ver en el anterior planteamiento una debilitación o desaparición de aquello que hemos establecido como la máxima dificultad en el desarrollo del programa dummettiano. De hecho, lo que estamos cuestionando al hablar de sistematicidad es, en definitiva, la posibilidad misma de que una teoría construida en términos de condiciones de asertabilidad pueda ser molecular, y el requisito de molecularidad de la teoría es de importancia fundamental toda vez que -como en el caso de Dummettse quiera evitar el carácter holista de la explicación del significado que supone el planteamiento wittgensteinano. De ahí que nuestra tesis sea que es ese carácter ecléctico de su posición -un eclecticismo que se mueve a caballo entre la estructura ordenada del mundo fregeano y el pragmatismo multivalente del último Wittgensteinel que causa los mayores problemas para el desarrollo coherente, a partir de sus propuestas, de una teoría del significado.
Los problemas del eclecticismo en teoría del significado: ... 231 Bibliografía APPIAH, A. (1986) For Truth in Semantics, Oxford, Basil Blackwell. BRANDOM, R. (1976) "Truth and Assertability", The Journal of Philosophy, 73 (6), pp. 137-149. COCKBURN, D. (1985) "Empiricism and the Theory of Meaning", Philosophical Investigations, 8, pp. 17-50. DUMMETT, M. (1963) "Realism" en Dummett, M. (1978), pp. 145-165. DUMMETT, M. (1973) Frege. Philosophy ofLanguage, Lodres, Duckworth. 2a ed., 1981, por donde se cita. DUMMETT, M. (1975) "What is a Theory of Meaning? (I)" en Guttenplan, S. (ed.) (1975) Mind and Language, Oxford, Clarendon Press. Reimp. 1977, por donde se cita. DUMMETT, M, (1976) "What is a Theory of Meaning? (II) en Evans, G. y McDowell, J. (1976) Truth and Meaning. Essays in Semantics, Oxford, Clarendon Press. Reimp. 1977, por donde se cita. DUMMETT, M. (1978) Truth and Other Enigmas, Londres, Duckworth. PRAWITZ, D. (1977) "Meaning and Proofs: On the Conflict between Classical and Intuitionistic Logic", Theoria (A Swedish Journal of Philosophy), 43 pp. 2-40. WRIGHT, C. (1986) Realism, Meaning and Truth, Oxford, Blackwell.