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Resumen La autora centra su argumentación alrededor de la genealogía del terror hasta dar con la acción con apego al terror como un tipo de acción no exclusiva de organizaciones o estados totalitarios como los representados por las «modernidades» nacionalsocialista y comunista, sino como un tipo de acción también susceptible de ser vehiculizada por agentes violentos no estatales. Éstos, dice contundentmente, han transmutado rasgos de los grupos activos y extremistas de los años setenta que enfrentaron al poder contenido en sus respectivos estados nacionales, bajo un nuevo programa ideológico. Sin embargo, el terrorista del tipo de Bin Laden y sus seguidores, a juicio de Heller, son parte de narrativas pantópicas y totalitarias, fundadas en la no-libertad y que discurren sobre la reunificación de mundos musulmanes. Su supuesta misión recurre a y moviliza sus recursos disponibles, «el miedo, la intimidación sin precedentes» y «la muerte indiscriminada»: «los dos significados de la palabra terror». Palabras clave: globalización, terror, modernidad, fundamentalismo, jacobinismo. Abstract. 9-11-2001, or Modernity and Terror The author takes into account the sociological meaning of the New Terror that rises from the 9-11-2001 as an ever recurring dark side of modernity, the sectarian, totalitarian and jacobin tendencies which are built in the political program of modernity from the very beginning in the French Revolution, and continued in the german nazi Endelösung and in the Russian and Chinese Revolutions. The New Terror reshapes the two key meanings of Terror: fear and unprecedented intimidation, on the one hand, and indiscriminate death. Key words: globalization, terror, modernity, fundamentalism, Jacobinism. Hace un año, decidí dar la espalda a la teoría política y escribir sobre política tan sólo como ciudadana. En un arranque de optimismo, me felicité asumiendo que, en las esferas de la filosofía y la teoría social, ya había cumplido con mi deber y, por lo tanto, merecía dedicarme finalmente, y de manera exclusiva, a tópicos más gratificantes, como por ejemplo el arte o la religión. El 11 de septiembre me demostró que estaba equivocada. No porque hubiera compartido ni por un minuto la creencia general, popular a principios de la década de 1990, que los tiempos de totalitarismo y terror habían acabado, porque nunca Papers 84, 2007 81-95 El 11-S, o modernidad y terror Agnes Heller New School for Social Research Nueva York Papers 84 001-200 5/7/07 18:23 Página 81
he dejado de enfatizar lo contrario. Seguían con nosotros, siempre al margen, y siempre cabía la posibilidad de que, tarde o temprano, amenazaran al orden político de la democracia liberal de otra manera. A pesar de todo, creía o, mejor dicho, esperaba que esto sucedería más tarde que temprano; que podríamos disfrutar de unas cuantas décadas de tregua. A estas alturas, es de conocimiento general que los acontecimientos políticos son contingentes, que no se pueden prever ni predecir y, sin embargo, que después de que aparezcan se pueden llegar a entender, sólo de forma aproximada, las condiciones estructurales (es decir, estructuras tanto políticas como mentales) de su aparición. Tras el ataque del 11 de septiembre, se hizo evidente que una oleada de terror amenaza otra vez a las democracias liberales. No sabemos dónde ni cómo volverá a golpear, porque todos los acontecimientos son contingentes y no se pueden prever, pero ya sabemos muchas cosas con respecto a la organización, la operación, los portadores sociales y la ideología del terror global; sabemos lo suficiente para llegar a una comprensión aproximada. El discurso de la comprensión ya está en marcha y este estudio quiere ser una contribución a él. Sin embargo, no lo habría escrito si no hubiera sido expuesta en varias afirmaciones bastante sofisticadas de literatos que me irritaron hasta el punto que me vi empujada a hacer pública mi opinión. No tengo por qué dar nombres, estadounidenses o alemanes, todos intelectuales de renombre, los escritos de los cuales me sorprendieron, no solamente por su carencia de sensibilidad, sino también por su inoportunidad. Ellos han marcado el tono, o al menos un tono que se ha sentido por encima de muchos otros. Confrontaré aquí, no sólo sus afirmaciones, sino también otras opiniones que ahora son típicas. Por descontado, entro a discutir sólo con aquéllos que son compañeros de debate. La condición mínima para participar es la condena del acto terrorista del 11-S como «inhumano» o «inexcusable». Aquéllos que lo condenan, aunque con reservas, no son participantes, ni reales ni potenciales, de este discurso. Permitidme enumerar los grupos de los actuales argumentos. 1. Primero, hay los denominados argumentos de la «globalización»: a) La distribución escandalosamente desigual de los bienes, la creciente brecha entre ricos y pobres, y la pobreza mundial en general desesperan e irritan a la gente. El terror es una respuesta, como lo son las manifestaciones de Seattle o Génova. Es, naturalmente, una respuesta equivocada. Sin embargo, es una respuesta. En la medida que es una respuesta a los males de la globalización, podemos frustrar el terrorismo poniendo fin a la globalización, limitando y finalmente rompiendo el poder del comercio internacional y restaurando las economías y los mercados locales. b) El terror es una respuesta al capitalismo en general; es una afirmación anticapitalista (aunque equivocada). El capitalismo destruye las formas tradi82 Papers 84, 2007 Agnes Heller Papers 84 001-200 5/7/07 18:23 Página 82
cionales de vida, religión y moralidad. Es hedonista y decadente. Despliega la tecnología que envenena el medio ambiente. En respuesta a esta visión, la idea es que se podría poner fin al terror con la introducción de tecnologías alternativas, y parar así la propagación de la denominada «decadencia occidental». 2. Segundo, hay el argumento de «la América culpable»: a) Los Estados Unidos siempre han sido culpables, especialmente con respecto a sus relaciones con el mundo árabe y musulmán, el cual ha sido siempre humillado y frustrado por América del Norte. Una intervención secreta de los Estados Unidos llevó al trono al sha del Irán; los Estados Unidos defendieron a los dictadores militares de Pakistán; apoyaron a los fundamentalistas (Bin Laden incluido) de Afganistán en contra de los soviéticos; hicieron la guerra contra Irak; siguen ayudando a los regímenes reaccionarios del mundo árabe, por ejemplo Arabia Saudí, y apoyan a Israel en contra de los palestinos. b) Los Estados Unidos son la fuente de la abominación moral: toleran la homosexualidad, la amoralidad de las mujeres, la vestimenta frívola, las drogas y el alcoholismo —cosas que se extienden por el mundo con la ayuda de la hegemonía de la cultura de masas americana. c) Este puñado de argumentos normalmente incluyen la predicción de que los Estados Unidos se vengarán (como siempre) del ataque terrorista. Como en Yugoslavia, habrá muchas víctimas civiles. Los Estados Unidos causarán más daño del que han sufrido (como siempre), quizás, incluso, una tercera guerra mundial. El quid de la cuestión es que los Estados Unidos harán cualquier cosa por preservar su dominación del mundo, cueste lo que cueste. 3. Tercero, hay el argumento «fundamentalista islámico»: a) Es equivocado creer que el islam está representado en la Biblia. Los musulmanes ni conocen la Biblia. El fanatismo y el fundamentalismo son la esencia del islam. El islam no permite la ilustración; se resiste a la modernidad. b) La principal guerra de la modernidad es una guerra cultural. Las culturas europea y musulmana no pueden coexistir. El islam es inferior a la cultura europea, pero reclama su superioridad. La exaltación resentida y el odio del islam en contra de un absoluto aunque más próspero extraño alimenta a los ataques terroristas. Antes de tratar estos argumentos uno por uno, quiero señalar algo que todos tienen en común. Todo estudiante de sociología de primer año aprende la diferencia entre explicación y comprensión, y repetirá la lección bien aprendida de que no hay fenómeno social e histórico o acontecimiento que se pueda entender por la vía de la explicación, sino tan sólo por la comprensión («Verstehen!» repetirá con orgullo durante el examen). Ninguno de los argumentos antes mencionados explican los ataques terroristas contra el WTC y El 11-S, o modernidad y terror Papers 84, 2007 83 Papers 84 001-200 5/7/07 18:23 Página 83
el Pentágono tan sólo con la enumeración de las causas. Hacerlo es, naturalmente, un disparate filosófico que Aristóteles ya repudiaba en su Metafísica. Incluso si se pudieran enumerar las causas suficientes de un acontecimiento histórico, cosa que es imposible, el acontecimiento seguiría siendo contingente y totalmente incomprendido. Aristóteles dijo que se tiene que saber la causa final y la causa formal, es decir, la esencia o la función de algo, con objeto de explicarlo o entenderlo. Volveré pronto a esta cuestión, pero, primero, dejadme examinar las «causas» antes mencionadas. Con respecto al primer grupo de argumentos, es cierto que el mundo está ahora dividido entre países ricos y pobres, y que en los últimos diez años el abismo se ha ensanchado. Añadiría que la brecha también se ha ensanchado dentro de los países, por ejemplo en los Estados Unidos. Dudo, no obstante, que la globalización sea la responsable de todos los males. El abismo entre países ricos y pobres es en efecto un problema global, y por eso es por lo que se tiene que tratar de una manera global y no antiglobal. Es obvio que sólo un tipo de política socialdemócrata de la redistribución puede abordar el tema con un mínimo de esperanza de éxito. Sin embargo, la socialdemocracia es el enemigo número dos del terrorismo mundial, como lo es toda formación liberal, secular, social o política. Además, no son los pobres sino los muy ricos quienes dirigen el terrorismo global, y quienes lo ejecutan son, incluso, los hijos de clases medias, principalmente de clase media-alta. Están muy lejos de ser los desheredados de la Tierra. Los participantes en las protestas masivas en contra de la globalización son muy diversos ideológicamente. Aunque determinadas organizaciones terroristas aprovechen la ocasión de estas manifestaciones para ejercer la violencia, no representan todo el movimiento. Bien al contrario, el terror global es hijo de la globalización. El terror organizado globalmente es el terror de un mundo global. Que el capitalismo destruye muchas formas de vida anteriores es cierto. Por ejemplo, destruye las monarquías tradicionales, las aristocracias tradicionales, los estados inamovibles y rígidamente divididos, y la autosuficiencia rural. Aún así, si echamos una ojeada atenta a los líderes o miembros de las organizaciones terroristas, nos daremos cuenta enseguida de que son beneficiarios del capitalismo: adeudan su posición a la destrucción de las estructuras tradicionales. El padre de Bin Laden no era príncipe ni hijo de príncipe, sino un hombre hecho a sí mismo, un nuevo burgués, como lo era el padre de Atta. El enemigo número tres del terrorismo global es precisamente la (casi) última monarquía tradicional del mundo árabe, mientras que sus mejores amigos son sus dictadores revolucionarios, como por ejemplo Siria, Irak y Libia. Ayer eran leninistas, es decir, fundamentalistas seculares (algunos aún lo son); ahora se han vuelto fundamentalistas musulmanes. Desde nuestra perspectiva presente, esto equivale a lo mismo. Sólo hay fundamentalismo donde no hay fundamentos. Vamos ahora al segundo argumento, el de la «América culpable». Los Estados Unidos han cometido muchos errores en política exterior, y han tomado muchas decisiones erróneas. También han tomado muchas decisiones dignas de elo84 Papers 84, 2007 Agnes Heller Papers 84 001-200 5/7/07 18:23 Página 84
gio y buenas. En los últimos diez años, desde la caída de la Unión Soviética, a mi parecer, las buenas decisiones pesan más que las malas. Pero incluso si se cree lo contrario, el hecho sigue siendo que el ataque terrorista no tiene nada que ver con las acciones anteriores de los Estados Unidos, buenas o malas. Las dos cosas no están para nada relacionadas. El proceso de paz palestino-israelí ya estaba en marcha (con la ayuda de los EEUU) cuando el ataque terrorista en los Estados Unidos estaba en una fase de preparación adelantada. Los esfuerzos de los grupos terroristas en esta fase no harían más que parar el proceso de paz y, por lo tanto, no ayudarían a los palestinos. No me sorprendería si resultara que la organización que hay detrás de la segunda Intifada es corresponsable del ataque contra objetivos de los Estados Unidos. La imagen de la «América culpable» es una imagen ideológica. No es la causa de nada, pero sirve como justificación para todo. Una vez, cuando un americano expresó su horror hacia los juicios farsa de Moscú, le respondieron que en los Estados Unidos pegan a los negros. Esto último era verdad, pero no tenía nada que ver con los juicios farsa soviéticos ni con los campos de concentración; estaba destinado a servir como justificación ideológica para todo. Como entonces, lo mismo pasa hoy con el argumento de la «América culpable». Sus defensores dicen: «el ataque estuvo mal, desde luego, pero, aún así, tienen parte de razón» —lo cual quiere decir que hay cierta justificación. Aún hemos de aprender la verdad filosófica más sencilla: no se puede decir una mentira en diez frases sin decir alguna verdad. Las ideologías hacen uso de esta realidad común. Siempre convierten una pequeña verdad en una gran mentira. Naturalmente que es cierto que el Tratado de Versailles fue injusto, pero justificar con esto a Hitler fue una pérfida mentira. Si el mundo árabe se siente frustrado, no son los Estados Unidos quienes han causado la frustración. La frustración, que es real, es el resultado del fracaso del intento de crear un estado panárabe y de la derrota del nacionalismo panárabe. La ideología leninista, que fue adoptada ampliamente en el tiempo de Nasser, y la toma del poder por parte del partido Ba’ath, ayudaron poco a la perspectiva de construcción del imperio. Ésta es la prehistoria, si bien no la causa, del surgimiento y la demostración de fuerza del fundamentalismo islámico, que, de hecho, se originó en un país no árabe, el cual ya está reñido con el mundo árabe contemporáneo. A la predicción: «Los Estados Unidos reaccionarán de forma exagerada y volverán a tirar bombas sobre la población civil», responderé sólo brevemente. En mi opinión, los ataques contra Irak y Yugoslavia estuvieron justificados. Pero incluso aquéllos que piensan lo contrario tienen que admitir que en todas las tradiciones de teoría de la guerra justa, desde Grotius hasta hoy, el ataque del 11-S en los Estados Unidos es uno de los casos más puros e incontestables de ius ad bellum, el derecho a la guerra. Cualquier comparación con Pearl Harbour es poco sólida, porque los japoneses atacaron a la marina y a la fuerza aérea, beligerantes potenciales, mientras que el ataque del 11-S golpeó inmediatamente no beligerantes reales y potenciales. El ataque también violó (sin estado de guerra) la ius in bello, es decir, el principio de conducta justa en la El 11-S, o modernidad y terror Papers 84, 2007 85 Papers 84 001-200 5/7/07 18:23 Página 85
guerra. La cuestión sobre cómo debería ser la represalia de los Estados Unidos es pragmática, una cuestión de juicio, no una cuestión de justicia o derecho. (Como explicación sólo diré que tener el derecho de hacer la guerra no equivale a «ser bueno» —primero porque sólo los individuos pueden ser buenos, no los estados; y segundo porque, incluso con respecto a los individuos, nadie es bueno porque haga algo en defensa propia. Todo lo contrario, se es bueno si se ayuda a las víctimas de la agresión sin ser atacado. Sin embargo, esta condición no afecta a los estados soberanos.) Ahora me quiero referir al último grupo de explicaciones: «Fundamentalismo musulmán». Es cierto que la gente del islam no es la gente de la Biblia (no la aprenden; no es su libro sagrado), y que en esto se diferencian de las otras dos religiones monoteistas tradicionales, pero creo que esto tiene muy poco que ver con nuestra cuestión. Los primeros terroristas suicidas eran japoneses, no musulmanes. Hay una tradición musulmana de fanatismo, pero también la hay en las tradiciones judía y cristiana. Por lo que se refiere a la superioridad de la tradición europea respecto al islam, hay que tener una memoria muy corta para creérselo. Los dos regímenes totalitarios de terror del siglo XX, nazismo y bolchevismo, fueron los inadaptados de la cultura europea. Del mismo modo que no se puede entender a la Unión Soviética a partir de los textos de Marx o el nazismo a partir de los textos de Gobineau o de Nietzche, también es absurdo intentar entender a Bin Laden a partir del Corán. En efecto, el Corán aprueba la jihad, Karl Marx impulsó la dictadura del proletariado y Nietzche alabó la bestia rubia. ¿Y qué? Los regímenes del terror necesitan textos tradicionales por razones ideológicas; los usan y hacen un mal uso de ellos como ideologías. Ningún texto tendría que ser leído desde la perspectiva de su implementación ideológica. Querría añadir una observación personal a todo esto. A pesar de que hablamos de fundamentalismo musulmán como ideología de la nueva oleada de terrorismo postmoderno y global, y con razón, por el momento todos los miembros de organizaciones terroristas, incluyendo los führers, son musulmanes árabes. El avivamiento musulmán empezó en Irak, pero no veo ningún iraquí entre los terroristas. Ni veo ningún pakistaní, ni malasio, ni turco o indonesio, ni siquiera un afgano. En casi todas estas sociedades musulmanas hay manifestaciones antiamericanas, griterío y multitudes que traen pósters con imágenes de su führer, Bin Laden. Pero todos los organizadores principales (por lo que sabemos), todos los terroristas suicidas, e incluso los terroristas sospechosos arrestados son árabes. ¿Quizás se necesita el cruce entre la ideología de una cultura guerrera y el islam como ideología para producir la nueva oleada de terrorismo? El fundamentalismo es un fenómeno moderno. Es una reacción al proceso de la ilustración, a la destrucción/construcción de los órdenes sociales tradicionales, a la idea de progreso, de la creencia en el racionalismo, de la pérdida de las comunidades naturales, de las identidades, de la seguridad y de la certeza —una reacción a la contingencia y a las cargas de una libertad abstracta que el individuo puede usar sean cuales sean las consecuencias. 86 Papers 84, 2007 Agnes Heller Papers 84 001-200 5/7/07 18:23 Página 86
El fundamentalismo es un sistema cerrado de creencias, seculares o religiosas, y no admite ninguna discusión sobre su compatibilidad o incompatibilidad con cualquier otro sistema de creencias, porque es considerado por definición incompatible. El fundamentalismo ofrece fundamentos en un mundo donde no los hay. Funciona con el tradicional concepto religioso monoteísta de la verdad (cualquier otra cosa es herejía o paganismo, perverso, malo, etc.). El deseo de pertenecer, la intranquilidad de ser una minoría, el impulso de deshacerse de la carga del pensamiento independiente —todo contribuye a una tendencia hacia el fundamentalismo, y está presente en cualquier parte del mundo moderno, incluso entre los liberales. El fundamentalismo también pertenece a la historia (pasada y presente) de los Estados Unidos. Un sistema cerrado de creencias (seculares o religiosas) es una condición previa del terrorismo internacional, pero tan sólo una de muchas. La segunda condición es una organización totalitaria. La organización totalitaria la inventó Lenin en 1903, en el congreso fundacional de la facción bolchevique del Partido Social Demócrata Ruso. Lenin inventó una organización de partido que tenía que funcionar como un ejército. El centro da las órdenes y, cada unidad, en los niveles jerárquicamente estructurados de la organización, obedece. Un partido así, indicó Lenin, puede operar de forma segura clandestina e ilegalmente. La organización es una totalidad, porque se basa en una verdad y en un objetivo común. En opinión de Lenin, cada miembro tendría que aceptar la doctrina marxista como la Verdad, compartir el objetivo de tomar el poder, la dictadura del proletariado, la revolución mundial y la destrucción del capitalismo. Añadió dos características más al cuadro. La democracia y el liberalismo son enemigos, entre otras razones porque los liberales sólo hablan, mientras que los revolucionarios hemos de actuar y, además, porque los intelectuales son aquéllos a quienes les gusta discutir, mientras que los trabajadores prefieren la acción. En el cuadro de Lenin, todo el mundo que está en una posición de mando dentro del partido es por definición un trabajador, es decir, un actor, y no necesita discutir ni dejar que otros lo hagan. Acción aquí significa ‘fuerza’ y ‘violencia’. El partido totalitario de Lenin fue, en efecto, un invento totalmente nuevo, y resultó ser el modelo para todos los partidos totalitarios posteriores, como por ejemplo los partidos comunistas de Europa y Asia, y los partidos nazis y fascistas de Europa, Oriente Medio e Hispanoamérica. Quiero hacer énfasis en el hecho que un partido sólo es completamente totalitario si también es fundamentalista. El marxismo-leninismo era una ideología fundamentalista como lo eran las ideologías del racismo. Y todas eran de carácter secular. Si los partidos totalitarios toman el poder estatal, totalizan al estado. Si el estado ya está totalizado, empiezan a totalizar a la sociedad entera. Cuando digo «totalizar» me refiero a proscribir el pluralismo. El pluralismo, en una sociedad moderna, no se puede eliminar, pero se puede proscribir. Esto, de hecho, quiere decir que el partido determina qué opiniones son permitidas y cuáles prohibidas. Las opiniones prohibidas son por definición las del enemigo. El totalitarismo mantiene al partido, al estado y a la sociedad en un estado El 11-S, o modernidad y terror Papers 84, 2007 87 Papers 84 001-200 5/7/07 18:23 Página 87
permanente de revolución; hace guerras interminables contra enemigos internos y/o externos. Los regímenes totalitarios necesitan una imagen muy fuerte del enemigo; tienen que satanizar al otro. Tanto el nosotros como el ellos se tienen que visualizar. El nosotros es representado por el póster del Führer, y el ellos, por cualquier enemigo político cuya efígie se pueda quemar. El «¡Larga vida!» tiene que ir seguido por el «¡Abajo!», como la famosa novela de Silone. Sin embargo, no todas las organizaciones, estados o sociedades totalitarias son terroristas. Todos los grupos totalitarios se comportan de forma brutal con sus enemigos: planean asesinatos, asesinan a muchos y envían aún a más gente a campos de concentración. Pero terror quiere decir ‘asesinato indiscriminado’. El terror reina si no hay la más mínima relación entre los actos y el comportamiento de una persona, de un lado, y el hecho que sea escogida como víctima del asesinato masivo, del otro. El terror es totalmente irracional desde la perspectiva de la víctima, la cual no puede evitar que ella o su familia sean asesinadas —ni con la lealtad más estricta al grupo terrorizador. Pero el terror es completamente racional desde el punto de vista del terrorista. La palabra terror tiene dos significados: ‘miedo e intimidación sin precedentes’, por un lado, y ‘asesinato indiscriminado’, por el otro. El objetivo del terror desde la perspectiva del terrorista es exactamente esta intimidación. Todo el mundo debe tener miedo. El miedo y la fe se pueden fusionar psicológicamente. Cuanta más gente te teme, más importante eres. Se puede debatir si la Unión Soviética era un régimen del terror desde sus principios o si aconteció en vano en la época de la colectivización. En tiempos de Lenin, los miembros de las denominadas «clases enemigas» también eran un objetivo, además de los enemigos políticos reales, sospechosos o potenciales. De todos modos, con la colectivización (la totalización de la sociedad entera), el terror llegó a su punto álgido y, excepto durante los años de guerras, no disminuyó hasta la muerte de Stalin. Muy parecido es el caso de la Alemania nazi. Dado que los judíos —niños y no nacidos incluidos— eran seleccionados como objetivos enemigos sin provocación, se puede decir que el régimen era terrorista desde el principio. Se podría decir, no obstante, que se volvió terrorista a partir de 1939, cuando se ejecutó el plan para exterminar a los judíos y a otros colectivos. Hago estos bocetos no para explicar Bin Laden y su organización terrorista, sino para ocuparme en una clase de genealogía. Aquello que ya ha sido inventado, que ya ha hecho sentir su presencia en el mundo (en este caso el terrorismo totalitario), se puede combinar fácilmente con elementos de paternidad diferente. Más adelante volveré a la discusión de los rasgos comunes entre los estados totalitarios europeos y la organización, ideología, miembros y acciones del grupo de Bin Laden. Primero, permitidme empezar por su genealogía. Tras la Segunda Guerra Mundial, varios grupos pequeños de acción y terror aparecieron en escena, desde Europa hasta Japón pasando por Hispanoamérica. Eran relativamente independientes los unos de los otros, al menos al principio. Opino que no todas las organizaciones que en aquellos tiempos se deno88 Papers 84, 2007 Agnes Heller Papers 84 001-200 5/7/07 18:23 Página 88
minaban «terroristas» lo eran. Para los supuestos asesinatos cometidos por grupos, el objetivo de los cuales son políticos concretos, por parte de agentes secretos o la policía, yo emplearía el término «asesinatos politicos», no «terroristas». Esto no quiere decir que apruebe la entonces extendida veneración de aquellos grupos como héroes, como los Tupamaros, por parte de ciertos intelectuales (ya argumenté en contra entonces). Tampoco abordaré aquí el terrorismo étnico-nacional, porque estos grupos tienen un objetivo concreto, a veces con cierta razón, a veces sin ella. Querría, más bien, concentrarme en el terrorismo alemán e italiano, en las Brigadas Rojas y su réplica fascista, por un lado, y en la Baader-Meinhof, por el otro, y además en las unidades terroristas de Oriente Medio en Líbano y en Siria, promovidas a la sazón por la Unión Soviética. Este último punto es importante, porque por eso es por lo que se les denominaba «izquierdistas». A los predecesores de Bin Laden se los denominaba «izquierdistas» porque tenían el apoyo de los soviéticos, mientras que a los que tenían el apoyo de los Estados Unidos se les denominaba «derechistas». De este absurdo flagrante se desprende, y se da por hecho, que los Estados Unidos ayudan a los «derechistas» como la democrática Israel, mientras que la Unión Soviética ayuda a los «izquierdistas» como los militantes musulmanes del Líbano. Esta ideología, aunque absurda, ha ayudado a preparar el primer intento de globalizar las redes del terror. De hecho, la distinción entre izquierda y derecha, pese a la irracionalidad de su imputación, aún indica una relación existente con una tradición política. Claro está que las Brigadas Rojas no eran «izquierdistas» en sentido político, como tampoco los asesinos en masa del ferrocarril de Bolonia eran «derechistas» en un sentido político. Como en todos los casos de genealogía, tengo que simplificar la historia. ¿Qué es lo que era nuevo aquí? ¿Qué novedad aportaban al mundo los terroristas de posguerra? Eran, o se convirtieron en, terroristas, entre otras razones porque inventaron el secuestro como medio de chantaje político. El secuestro utiliza civiles al azar como rehenes para conseguir objetivos políticos, como liberar camaradas encarcelados o difundir las ideologías del grupo. Incluso en estado de guerra, la toma de rehenes es un caso evidente de conducta injusta de guerra. Tomar civiles al azar como rehenes, y finalmente matarlos, se convirtió en una práctica general en tierra, y no solamente en el aire. Estos terroristas, especialmente en Europa, no tenían ninguna intención de apropiarse del estado; sus objetivos eran principalmente negativos: intimidación, subversión, desbaratamiento y, en general, dejar a cuerpo descubierto las debilidades del sistema democrático y del estado. Fueran o no anticapitalistas en su retórica, todos odiaban a la democracia existente, el estado, el liberalismo, el stablishment y la hipocresía. Porque tenían «aversión» a la forma de vida burguesa y a la prosa diaria, compartían la veneración por los héroes bolcheviques, fascistas y nazis, pero no tenían Führers. Incluso Baader, la carismática figura masculina de su grupo, no era un Führer. Pero este hecho mismo, junto con la ausencia de un diseño concreto para apropiarse del poder de cualquier estado, hizo que estos grupos terroristas constituyeran el empujón inicial del terrorismo global. El 11-S, o modernidad y terror Papers 84, 2007 89 Papers 84 001-200 5/7/07 18:23 Página 89