Cómo los vecinos se convierten en judíos. La construcción política del extraño en una era de modernidad reflexiva
Abstract
El autor de este trabajo ofrece una serie de consideraciones acerca de la condición moderna de «extrañeidad» interpretada como desarraigo -y desde siempre la radical separación entre el ser humano y el mundo-, con su propensión a provocar las emociones más negativas, el odio y la ira, porque los extraños que han quedado sin lugar pueden «estar lejos (culturalmente) y cerca (físicamente) de cualquier parte» y a la vez «no se parecen a nosotros», por lo que con ellos se reactivan viejos marcajes como el «nosotros naturalizado-ellos extraño» y se potencia la conversión del extraño en hostis.
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Resumen El autor de este trabajo ofrece una serie de consideraciones acerca de la condición moderna de «extrañeidad» interpretada como desarraigo —y desde siempre la radical separación entre el ser humano y el mundo—, con su propensión a provocar las emociones más negativas, el odio y la ira, porque los extraños que han quedado sin lugar pueden «estar lejos (culturalmente) y cerca (físicamente) de cualquier parte» y a la vez «no se parecen a nosotros», por lo que con ellos se reactivan viejos marcajes como el «nosotros naturalizado-ellos extraño» y se potencia la conversión del extraño en hostis. Palabras clave: extrañeidad, judío, vecino, modernidad reflexiva. Abstract. How the Neighbours Become Jews: The Political Construction of Strangeness in the Age Reflexive Modernity The author of this paper offers to us several considerations related with the modern condition of «strangeness» interpreted as uprooting with its bias generate the most negative emotions, hate and wrath, because the strangers who have fallen in a liminal nobody´s land situation can «be far away (culturally speaking) and extremely close (physically speaking) of any place or anybody» and at the same time they «don’t look like us» and for that reason we proceed to activate old marks such as the «naturalized we v. strange them» that could end mirroring the strange as hostis, enemy. Key words: strangeness, jew, neighbour, reflexive modernization. * Originariamente presentado en la conferencia «Modernität und Barbarei», en Hamburgo, Alemania. Papers 84, 2007 47-66 Cómo los vecinos se convierten en judíos. La construcción política del extraño en una era de modernidad reflexiva* Ulrich Beck Universität Ludwig Maximilian Munich Sumario 1. ¿Qué significa la categoría «extraño» (Fremde) desde un punto de vista sociológico? 2. ¿Cómo se entiende la transición entre modernidad simple y reflexiva? 3. ¿Cómo cambia la construcción social del extraño en la modernidad reflexiva? 4. ¿Cómo las imágenes del extraño devienen imágenes del enemigo? Papers 84 001-200 5/7/07 18:22 Página 47
Zygmunt Bauman y Samuel Noah Eisenstadt (ambos judíos) hicieron notar el significado que tenía el emplazamiento de la conferencia «Modernidad y barbarie». Decía, en una placa situada enfrente del edificio de la conferencia: Lugar de deportación de judíos En 1933, en Hamburgo vivían 24.000 judíos. Desde este lugar, miles de ciudadanos judíos de Hamburgo empezaron un viaje que acabó en los campos de la muerte del régimen nazi. La dificultad para elegir las palabras «Ciudadanos judíos de Hamburgo» señala el problema que quiero tratar: no eran los «judíos» como raza (Rassejuden) (Leyes de Nuremberg), sino los vecinos (judíos), a quienes el odio excitado públicamente y las medidas burocráticas convirtieron en extraños, en judíos de raza y sangre ajena que tenían que ser «extirpados del cuerpo político alemán» (de acuerdo con la formulación nada disimulada de las «Leyes para la protección de la sangre alemana»). En su libro Aus Nachbarn wurden Juden (Los vecinos devinieron Judíos), Hazel Rosenstrauch escribe: Cuando se traspasó el poder a Hitler y al NSDAP, la vida de la minoría judía estaba mucho más determinada por la similitud de sus antecedentes que por la comunidad que se había desarrollado al cabo de centenares de años de persecución. Una multiplicidad de importantes diferencias filosóficas, religiosas y regionales se escondían detrás de la descripción de «judío». Había judíos religiosos y había judíos que, como mucho, iban a la sinagoga durante las fiestas importantes y que entendían de judaísmo casi tanto como sus vecinos cristianos entendían de cristianismo. Entre los creyentes había seguidores del judaísmo reformado y del judaísmo ortodoxo, cada uno con sus sinagogas, rabinos y escuelas [...], comunistas y socialistas de los hogares de ancianos judíos, la comprensión y forma de vida de los cuales ya no tenía nada que ver con el judaísmo; los cristianos bautizados que a veces se enteraban por primera vez que tenían abuelos judíos cuando tenían que demostrar su herencia aria también se volvían «judíos raciales». Ciertamente había judíos socialistas, conservadores e, incluso, un pequeño grupo de judíos alemanes nacionalistas, los cuales se identificaban con el concepto étnico de «germanidad»1. Los soldados veteranos judíos del frente, los judíos socialistas, los judíos nacionalistas alemanes, los exóticos judíos orientales (o judíos asimilados) —todas estas diferencias, oposiciones y contradicciones «se tenían que ignorar intencionadamente», antes de que «el judío» se pudiera convertir en el símbolo de más éxito de la propaganda nazi… La fórmula mágica incluía todo aquello que se oponía, todo aquello que no se ajustaba al sencillo y claramente descrito y definido concepto nazi del mundo. Los sindicalistas, los intelectuales críticos o los artistas que no eran 48 Papers 84, 2007 Ulrich Beck 1. Hazel ROSENSTRAUCHT, Aus Nachbarn wurden Juden, Berlín, 1988, p. 11 y s. Papers 84 001-200 5/7/07 18:22 Página 48
etiquetados racialmente como «judíos» eran considerados sirvientes de los judíos, o judíos degenerados o contaminados por los judíos bolcheviques. La sociedad alemana creó muy artificialmente, por un periodo corto de tiempo y sólo formalmente, una «unidad nacional». El «judío estándar» es una variación del deseo de unidad nacional. El Volksgemeinschaft alemán surgió sólo en el acaloramiento del momento contra todo aquello que no era digno de confianza, contra la complejidad de una sociedad democrática con todos sus conflictos2. Este aspecto se puede generalizar en cierto sentido: hoy hablamos, no sólo de identidad cívica, sino también de identidad cultural, de gitanos, turcos, refugiados, alemanes, franceses, suecos, rusos, etc., como si esto indicara algo de esencial y singular que es posible definir y distinguir. Hay una dificultad esencialista intrínseca (ya en el idioma alemán) en estos sustantivos y en otros que consumen y silencian la confusión y la ambivalencia. Dicho en otras palabras, hay una dificultad esencialista intrínseca en el carácter de las identidades culturales construido socialmente y políticamente. Cómo los vecinos se convierten en judíos está bien documentado3. Cómo los vecinos acontecen judíos en el presente y en el futuro o, de manera más general, cómo los vecinos se convierten en extraños y enemigos, éste es el tema de este artículo. Quiero estructurar este tema en cuatro pasos: 1. ¿Qué significa la categoría «extraño» (Fremde) desde un punto de vista sociológico? 2. ¿Cómo se entiende la transición entre modernidad simple y reflexiva? 3. ¿Cómo cambia la construcción social del extraño en la modernidad reflexiva? 4. ¿Cómo las imágenes del extraño se convierten en imágenes del enemigo? Cómo los vecinos devienen judíos: la construcción política del extraño Papers 84, 2007 49 2. Ibídem, p. 16 y s. 3. Y así empezó: de los párrafos arios a la estrella judía. De semana en semana, desde 1933, las leyes especiales contra los judíos se intensificaron. La documentación sobre la privación sistemática de derechos que experimentaron todos los alemanes a la sazón fue recopilada por Armen von Manikowsky (disponible) en Stern núm. 6/79, 1 de febrero de 1979. Véase también la documentación de Hazel Rosenstrauch, ibídem: «No eran sólo unas “pandillas” o grupos delictivos que ya habían destruido los negocios y las organizaciones judías antes de la denominada Kristallnacht, tal y como sugieren hoy algunas lápidas conmemorativas en el lugar donde estaban las antiguas sinagogas. Con el fin de contribuir a la permanencia del milenario Reich y a “la calma de la economía”, la cancillería del Reich había de intervenir regularmente cuando los asaltos en las revueltas planificadas desarrollaban su dinámica propia [...] Primero, con una definición cada vez más perfecta de aquello que era “extranjero al carácter alemán”, un “enemigo del Estado” y no alemán, después, una vez la población alemana y del exterior estaban de acuerdo, los nacionalsocialistas denunciaron a aquéllos que complicaban la imagen del enemigo» (ibídem, p. 31). Papers 84 001-200 5/7/07 18:22 Página 49
1. ¿Qué significa la categoría «extraño» (Fremde) desde un punto de vista sociológico? Empezaremos con unos cuantos ejemplos. Extraños no son los prusianos de Prusia, sino los prusianos de Bavaria (o gente originariamente de Munich que vive en Berlín). Extraños no son los turcos de Turquía, sino los turcos de BerlínKreuzberg. Extraños son los turcos alemanes, niños turcos que nacieron, se criaron y fueron a la escuela en Alemania; quizás originariamente hablan alemán en un dialecto de Munich, pero viajan con un pasaporte turco y se sienten turistas en Turquía, su «país natal». Extraños son los afroalemanes, que son «alemanes» en su lengua, en su identidad, en su preferencia por la Navidad alemana y la comida alemana. Pero en un aspecto social muy importante no son «alemanes» —tienen la piel de color negro, y son tratados y se dirigen a ellos como el alemán medio habla y trata a los negros: «¿Tú comprender?» (Du verstehen?). Extraños son también los chinos americanos, orgullosos de su identidad étnica, si bien sin idea de la China, pero que continuamente tienen que responder en la calle cuando les preguntan dónde está el restaurante chino más próximo. Extraños son los judíos alemanes que marchaban con entusiasmo por Alemania durante la Primera Guerra Mundial, murieron y no fue hasta hace poco que el ministro de Defensa Alemán los honró con una corona conmemorativa. Extraños son también los judíos alemanes que, con sus metales preciados de la Primera Guerra Mundial cosidos encima del pecho, fueron enviados a los campos de concentración, sin creerse que un patriota pudiera hacer aquello a otro compatriota. Extraños son aquéllos que se consideran judíos, se sienten alienados en Alemania y en Europa y obtienen su identidad (frágil) a partir de esta alienación. Un día, cuando están en China, descubren con sorpresa y horror que la categoría «judío» no tiene el menor asomo de sentido en China. Allí se les coloca dentro del saco de «europeos» y «blancos», lo mismo que sus oponentes alemanes y, por lo tanto, se ven atrapados en una difícil crisis de identidad. Por otro lado, una afroalemana escribe: «Siempre me ha gustado ser “mulata”, incluso durante los tiempos terribles del nacionalsocialismo. He podido llevar muy bien aquello que tengo de blanca y aquello que tengo de negra. Recuerdo cuando un colega me preguntó durante los terribles años cuarenta si me sentía muy desgraciada por tener que vivir como “mulata”. Le dije: “No, porque aquello que he experimentado hasta ahora debido a mi origen étnico, tú no lo experimentarás nunca en toda tu vida»4. No es infeliz, si bien ser un extraño y estar en un país extranjero comporta el estereotipo de la desgracia. Judío cuando se quiere ser alemán. Judío y alemán, es decir «blanco», cuando se está en la China. Considerado chino 50 Papers 84, 2007 Ulrich Beck 4. «Unser Vater War Kameruner, unsere Mutter Ostpreussin, wir sind Mulattinnen. Die Schwestern Frieda P. und Anna G. Erzählen aus ihrem Leben», en: Koguntoye et al., Farbe bekennen, Frankfurt am Main, 1992, p. 84. Papers 84 001-200 5/7/07 18:22 Página 50
cuando se considera un verdadero norteamericano. El prusiano asimilado en Munich, el franco que de repente descubre que es no bávaro, que los bávaros de Munich son unos explotadores y que, de hecho, ya lo han explotado. ¿Cuál es el común denominador aquí? ¿Hay una o más características conceptuales que puedan identificar esta colección de inverosimilitudes y la gente con identidades múltiples como defectos e incidentes de «extraños»? De hecho, ¡éste es exactamente el caso! Todo el mundo que quiera conocer a fondo la categoría del extraño tiene que ir acostumbrándose a la contradicción5. De manera general, podemos decir que la categoría del extraño surge de entre las categorías y los estereotipos establecidos del mundo local (el mundo de la gente del lugar). Los extraños no encajan dentro del pulcro envase donde deberían encajar, y de aquí viene la extrema irritación. Dicho de otro modo, los extraños son los excluidos realmente de los estereotipos del orden social. Son judíos cuando deberían ser alemanes, y alemanes cuando deberían ser judíos. Son afortunados cuando deberían ser desdichados (y viceversa). Son nativos, generaciones futuras, gente del lugar —pese a que la gente del lugar los excluya porque son «extraños». Sobre cómo son «de extraños» los vecinos en su autoimagen hacia la gente del lugar —aunque esta gente del lugar les quiera mal y ellos mismos tengan que luchar en contra como enemigos— escribe vívidamente Jean Améry en su libro Jenseits von Schuld und Sühne. Escribe en torno a un incidente como miembro de la resistencia del nacionalsocialismo: Un día, el alemán que vivía en nuestro escondrijo se molestó por las conversaciones y el alboroto que hacíamos durante su siesta. Subió, golpeó la puerta y entró pisando fuerte: ¡quien lo hubiera dicho nunca! un hombre de la SS con las solapas negras y los símbolos de la policía de la seguridad bordados. Nos quedamos blancos de miedo, porque las herramientas de nuestro trabajo de propaganda contra la permanencia del Reich estaban en la habitación contigua. El hombre dio una orden, pero lo que entonces me pareció más terrible fue que lo hizo en el dialecto de mi pueblo natal. Hacía mucho tiempo que no había oído aquella entonación, y por aquella razón sentí el loco deseo de responder en su propio dialecto. Me vi en una situación emocional paradójica, casi perversa, de miedo tembloroso y, al mismo tiempo, de calidez familiar»6. Este ejemplo refuta aquello que a menudo se considera esencial, como un estereotipo conceptual de la categoría de extraño, incluso en las ciencias, es decir, la oposición a la gente del lugar. Una y otra vez se ha afirmado que existe una formación de identidad mutua, tanto de la acción social como de la política en términos encontrados, «nosotros-ellos», «del lugar-extraños». Al mismo tiempo, la categoría del extraño se confunde con la categoría del extranCómo los vecinos devienen judíos: la construcción política del extraño Papers 84, 2007 51 5. El artículo definido —«el extraño o los extraños»— es del todo inapropiado, convierte la indefinición categórica del concepto en todo lo contrario. 6. Jean AMERY, Jenseits von Schuld und Sühne, Stuttgart, 1977, p. 85. Papers 84 001-200 5/7/07 18:22 Página 51
jero. Los extranjeros —francés, inglés, indio, sudafricano— incluso cuando están entre nosotros, saben adonde pertenecen. Obedecen las normas nacionales del orden mundial. Los estraños son, por otra parte, franceses o africanos, desde nuestra perspectiva. Son vecinos. Por encima de todo, están cerca. «No tengo nada en contra de los extraños. Mis mejores amigos son extraños. Pero este extraño es de aquí», dice Astérix. La categoría del extraño quiere decir: el distanciamiento de la proximidad a través de la intimidad, lo cual no tiene que llevar en ningún caso a la comprensión mutua. Los extraños entienden «la unidad de proximidad y lejanía», escribe Georg Simmel, de la siguiente manera: «distancia significa que aquél que está cerca está lejos, y rareza significa que aquél que está lejos está cerca [paráfrasis del autor]. Los habitantes de Sirius no son realmente extraños para nosotros, al contrario, para nosotros no existen, están más allá del lejos y del cerca. El extraño es un elemento del grupo mismo, como los pobres [...]»7. Esta proximidad del extraño presupone (relativamente) formas de vida «local» tranquilas y ordenadas; sólo entonces es el extraño «el vagabundo que llega hoy y se queda mañana [...]»8. Expresado de otro modo, en un mundo móvil o bien ya no hay extraños o bien todos lo son. Los extraños son, pues, vecinos; es decir, ¡no son como «nosotros»! Con respecto a su categoría, los extraños son una doble provocación: son del lugar, pero no obedecen a los estereotipos que los mismos del lugar crean y mantienen. Hazel Rosenstrauch relata cuan fácilmente se pueden equivocar los del lugar cuando describen las características de su localidad: Al principio del Tercer Reich, cuando a los niños judíos aún les estaba permitido visitar las escuelas públicas alemanas, había multitud de historias sobre cómo durante una clase se presentaba a un niño como objeto de demostración, y se explicaban las características de la raza nórdica a partir de su fisionomía, y los niños no se podían aguantar la risa, porque el hombre de la SA había llamado a un niño judío [...] Debe haber sido difícil creer en la superioridad y la belleza de la raza aria en presencia de Goebbels, Göring e incluso Hitler9. Ni la proximidad ni la peculiaridad de quien es singular son naturales, al contrario, tienen que ser construidas socialmente delante de contradicciones. Una mujer habla alemán en un dialecto de Munich y tiene la piel negra. Aquí radica un motivo más de irritación: cuando una mujer negra de Munich no tan sólo es posible, sino también real y viva, el mero ser, la sola existencia, refuta la naturalidad de las fronteras y los estereotipos a partir de los cuales la gente del 52 Papers 84, 2007 Ulrich Beck 7. Georg SIMMEL, «Exkurs über den Fremden», en: Soziologie. Untersuchungen über die Forman der Vergesellschaftung, Berlín, 1968, p. 509. «The Stranger», en: The Sociology of Georg Simmel, trans. Kurt H. Wolff, Nueva York, 1950, p. 402-403. 8. Ibídem, traducción inglesa: p. 402. 9. Hazel ROSENSTRAUCH, Aus Nachbarn, p. 32. Papers 84 001-200 5/7/07 18:22 Página 52
lugar ha construido su mundo y su orden social. Los extraños son, pues, una refutación viva de los límites y de los fundamentos naturales aparentemente claros, por los cuales la pertenencia y las identidades se expresan en el Estado nacional. Estrechamente conectada con esta segunda característica de que los extraños son la personificación de la exclusión y se encuentran entre categorías, se presenta una tercera categoría: la relatividad de la rareza de los extraños. Que, desde la perspectiva propia o la de los otros, algo o alguien se perciba como «extraño» depende, de manera banal o no tan banal, del marco de referencia que se da por descontado. Sólo se tiene que pasar por alguna frontera para ponerse en el lugar del extraño. Sin embargo, permitidme clarificar los puntos fundamentales con una historia. En las postrimerías de los años treinta, dos emigrantes judíos hablaban de sus planes. Uno quería emigrar a Uruguay. «¿Tan lejos?», se maravilló uno. «¿Lejos de dónde?», replicó el otro. Esta pregunta, «¿lejos de dónde?», identifica esta visión con la visión del extraño. Ha perdido el sentido del lugar del que podría estar más cerca o más lejos. Este extraño ha perdido el punto de referencia de estar aquí, de estar en casa. Hay nativos y extranjeros, amigos y enemigos —y hay extraños que no encajan categóricamente en este modelo, que rehúyen, obstruyen e irritan aquellas oposiciones. La relatividad del extraño existe, como se ve claramente aquí, porque el extraño es un concepto sin un contraconcepto. Una afroalemana relata su intento de descubrir su identidad en África: Mientras paseaba por la playa, vi a unos niños que buscaban algo útil en un montón de basura. Me gritaron «¡Blanquita, blanquita!» y otra vez me sentí etiquetada y marcada. Había creído que podía apropiarme de una identidad negra africana, pero esta vez me habían gritado como si fuera blanca. Estaba pasmada y no pude hablar con nadie. No sería hasta mucho más tarde que encontraría una explicación a este incidente. Mi comportamiento, la distancia observadora, me había traicionado; en cada escena yo estaba o demasiado distanciada o demasiado interesada en pasar por una nativa. Mi conducta me señalaba como europea. Porque, en los clichés, los europeos son blancos, y así en aquel momento me convertí en una persona blanca. En este caso, el blanco era una categoría social, nada diferente de lo que pasa con la clasificación de «negra»10 —la raza como construcción social. El negro alemán es calumniado como blanco por negros africanos. Esta inversión muestra exactamente qué significa la relatividad del extraño, pero también hace evidente lo poco que el extraño y la rareza se pueden conceptualizar e identificar naturalmente o biológicamente. ¿Cómo se entiende teóricamente este resultado? Reinhard Koselleck sugiere que, en el campo de la acción política y la historia política, diferenciamos Cómo los vecinos devienen judíos: la construcción política del extraño Papers 84, 2007 53 10. E. WIEDENROTH, «Was macht mich anders in den Augend der Anderen?», ed. K. Oguntoye et al., Farbe bekennen, 169 y s. Papers 84 001-200 5/7/07 18:22 Página 53
entre antónimos simétricos y asimétricos. Entre los primeros, incluye comparaciones generales como amigo y enemigo; entre los últimos, incluye términos opuestos asimétricos tales como bárbaro-griego, pagano-cristiano, subhumano-superhombre. Así, estos contraconceptos indican que su oposición es contraria de manera desigual. Aquí nos tenemos que preguntar cómo este punto de vista encontrado —bárbaro, pagano, subhumano— se pasa por alto. Considero que es importante reconocer que la categoría del extraño rehúye exactamente estos contraconceptos. Koselleck diferencia varias ordenaciones sociales —una simétrica, la otra asimétrica y jerárquica. La categoría del extraño, por contraste, invalida cada tipo de ordenación conceptual. Los extraños no son, al menos desde la perspectiva que he descrito aquí, el contraconcepto del concepto «gente del lugar». Los extraños son gente del lugar (vecinos); y son a la vez, en ciertos aspectos (a veces desde su perspectiva, a veces sólo desde la perspectiva externa de la gente del lugar) no del lugar. Dicho de manera general: la categoría de extraño es el contraconcepto (o transconcepto) de todos los conceptos del orden social. Y aquí radica su irritación y provocación —ya como concepto11. La entrada a este punto de vista es que los extraños no siempre son sólo extranjeros, la nacionalidad de los cuales se mantiene por estereotipos del orden del Estado nacional. Los enemigos mismos son, por decirlo de manera incisiva, menos amenazadores que los extraños, porque obedecen al orden establecido de estereotipos del yo y de los otros. «Por su mera presencia», escribe Zygmunt Bauman, «que no encaja fácilmente en ninguna de las categorías establecidas, los extraños niegan la validez misma de las oposiciones aceptadas. Desmienten el carácter “natural” de las oposiciones, exponen la arbitrariedad, ponen a cuerpo descubierto la fragilidad»12. Dicho de otro modo, los extraños son un buen ejemplo de la evidencia de que la «naturalidad» de orden local es artificial y convencional. Por las contradicciones que encarnan (mesuradas por imágenes predominantes del yo en el mundo social), los extraños demuestran una y otra vez algo nuevo, que el mundo también podría ser diferente13. Que los extraños son del lugar y no solamente extraños, como piensa la gente del lugar, lo comenta Michael Landmann: «La práctica religiosa judía no existía en mi familia ni siquiera en las reliquias […] aquello que tres generaciones nos habían dado nos determinó de manera más fuerte que nuestro origen remoto por bien que conocido. Éramos judíos de manera más pronunciada a los ojos del mundo que a nuestros propios ojos». Y continúa: «Tras el exterminio de seis millones de judíos por parte de Hitler, yo sólo era una cosa: judío […] La claridad entraba con mucha dificultad, la confianza en la vida y en la humanidad no volvió a ser completamente […] nos queda, no obs54 Papers 84, 2007 Ulrich Beck 11. Esta irritación también la expresa en latín la palabra hostis, que significa ‘enemigo’ y ‘huésped’. 12. Zygmunt BAUMAN, Thinking Sociologically, Cambridge, Blackwell, p. 55. 13. Esto también es válido en el ejemplo de los homosexuales, y aún más directamente para los bisexuales. Papers 84 001-200 5/7/07 18:22 Página 54
tante, una cosa: ninguna ley puede negar el profundo y doloroso amor por la cultura alemana»14. Repito esta frase, «ninguna ley puede negar el profundo y doloroso amor por la cultura alemana». Dicho en pocas palabras, los extraños són la ambivalencia como existencia15. Con el fin de aclarar y explicar la categoría de «el extraño», tenemos que evitar, como mínimo, equiparar y poner al mismo nivel los extraños con los extranjeros y los solicitantes de asilo, deteniendo, de este modo, la degradación inclusiva. Los extraños podrían ser el enriquecimiento que una y otra vez revienta las fronteras del yo y su estrechez de miras. Despiertan nuevos mundos y perspectivas curiosas y abiertas. Esto es así incluso en la siguiente generalización profana: el restaurante tailandés de la esquina y la industria turística son una «industria de extraños». Ellos comercializan rareza, viven del deseo colectivo de refrescarse durante «los mejores años de sus vidas» (como se suele decir) en un país extranjero como si estuvieran en la fuente de la juventud. Los alemanes son ambas cosas: están especialmente dispuestos a dar y a gastar dinero fácilmente para gente de otras culturas y países que necesitan ayuda —por ejemplo: la ayuda alemana en Rusia en el invierno de 1992, cuando trenes enteros llenos de donativos con la solidaridad oficial fueron hacia el este, mientras los alemanes tiraban cócteles molotov a víctimas inocentes etiquetadas como «extraños». A veces, los dos coinciden en una misma persona. Aquél que ya ha hecho una batida dentro de su armario de la ropa para enviar ayuda para el invierno ruso, se moviliza en contra de una residencia para los solicitantes de asilo en su barrio. ¿Cómo encaja esto? Aquí se cruzan dos tipos sociales de relaciones: «el extranjero», distante y necesitado, y «el extraño», con demandas oficiales de ayuda social en nuestro propio vecindario. La disposición a la ayuda aumenta con la distancia en kilómetros. Los celos y el odio hacia los extraños aumenta proporcionalmente a medida que los extraños pierden rareza y, contrastando con los numerosos turistas, se ven como competidores por los escasos derechos estatales. En resumen, la peculiaridad del concepto «extraño» surge porque es un concepto sin un contraconcepto. Los extraños están, por lo tanto, determinados no tan sólo por el hecho de estar delimitados por los otros; están determinados mucho más por el hecho que minan y revientan por dentro todas las categorías polares del orden social. Los extraños no son ni enemigos ni amigos; ni nativos ni extranjeros; son cerca y no cerca, lejos, pero aquí; son vecinos aislados por los vecinos, como no-vecinos, como extraños. La rareza de los extraños se muestra sobrecogedora y tentadora. Cómo los vecinos devienen judíos: la construcción política del extraño Papers 84, 2007 55 14. Michael LANDMANN, «Mein Judentum», en: Mein Judentum, ed. H.J. Schultz, Munich, 1978, p. 116, 120 y s. 15. Esta ambivalencia es generalizable; también determina, por ejemplo, el debate entre feministas y postfeministas. ¿Qué quiere decir feminidad? Con la creciente igualdad entre hombres y mujeres, la claridad de «ser una mujer» ha sido olvidada. Quizás «la ambivalencia como existencia» dará paso a una característica biográfica de la «modernidad reflexiva» (insistiremos sobre esto más adelante). Papers 84 001-200 5/7/07 18:22 Página 55
La experiencia con los «solicitantes de asilo» está planificada y organizada oficialmente. Existe la oficina para extranjeros, la oficina de la seguridad social, la oficina de inscripción de residentes, etc., pero, por encima de todo, están los bloques de edificios asignados a vecindarios separados. El terreno de los derechos de los extranjeros y de los refugiados prevé una amenaza: «la nueva política del Estado fuerte» (Herbert Prantl). La expresión «crimen organizado» se usa como un término clave general que lo abre todo —cada tabú, cada derecho fundamental. El sistema de protección legal construido en los últimos cuarenta y cinco años está debilitado. En derecho criminal y, también, en derecho administrativo se promueven «zonas legalmente libres». La política conservadora considera una subordinación restrictiva el control democrático total. Los derechos fundamentales se vuelven abiertamente nulos cuando el fuerte Estado dice que está «mejor» sin ellos […]28. Esto quiere decir que los modelos de percepción y acción de la sociedad del riesgo se trasladan a los «riesgos de civilización en una democracia liberal» (Ronald Hitzler). Los peligros ecológicos ocupan el lugar de una sospecha general de anomia. Allí se negocian los fundamentos de la producción industrial, de forma que aquí los fundamentos de un estado constitucional liberal se negocian nuevamente. La política está creando un nuevo estado. En el Estado de seguridad del año 2000 ya no se tratará de perseguir delitos y prevenir peligros concretos, sino de evitar riesgos ya concebibles. En este Estado se considerará y se tratará a cada ciudadano como un factor de riesgo. Un estado que se ve a sí mismo como una organización para evitar riesgos cede cada vez menos libertad a la población. La ansiedad de los ciudadanos por el crimen, como su ansiedad por los refugiados, es una ansiedad que promueve el Estado. El resultado es que cada evaluación del Estado consigue la aprobación general, porque tan sólo promete más seguridad. La gente en este Estado cree que está temporalmente en un club de vacaciones bien vigilado —y se dan cuenta demasiado tarde de que se trata de una prisión noble. El tipo de «civismo» que la política conservadora ha exigido recientemente implica la renuncia a la individualidad y a los derechos de los individuos29. 4. ¿Cómo las imágenes del extraño devienen imágenes del enemigo? De los argumentos anteriores, se puede extraer una consecuencia esencial. Cualquiera que, como Karl Otto Hondrich, reduzca el estallido de violencia y las tendencias racionalizadoras de Europa, los antepasados oprimidos a la 62 Papers 84, 2007 Ulrich Beck 28. H. PRANTL, «Es wird ungesund in Deutschland», Süddeutsche Zeitung, agosto 13/14, edición de fin de semana, V2/27. 29. Ibídem, comparar también H. A. HESSE, Der Schutzstaat (Baden-Baden, 1994); y también F. EWALD, Der Vorsogestaat, Frankfurt am Main, 1989, p. 361. Papers 84 001-200 5/7/07 18:22 Página 62
identidad étnica, a la cultura o a la lengua de la gente, comete, al menos, dos categorías de errores30. Primero, esencializa la identidad cultural y, segundo, la confunde con el poder calculado de las imágenes del enemigo. Así, se oculta una objeción principal de la lógica de la in-group y la out-group que es característica no sólo de las teorías sociobiológicas y etnológicas de la agresión y el conflicto, sino también de la teoría social, desde Émile Durkheim y Georg Simmel hasta Max Weber y las teorías de grupo del interaccionismo y el existencialismo. Esto no quiere decir nada de la construcción social y la dramaturgia de imágenes específicas del enemigo. En este sentido, es necesario distinguir —junto con la cuestión sobre cómo las imágenes de los extraños se construyen culturalmente, socialmente, políticamente o burocráticamente— entre los estereotipos de los extraños cotidianos, por un lado, y las imágenes del enemigo, por otro. Las preguntas que esta diferencia justifica son: ¿por qué se dramatizan sólo determinadas identidades culturales y no otras como imágenes nacionales y estatales del enemigo? ¿Y por qué las imágenes del enemigo y del amigo a menudo cambian tan rápidamente? Así, en la América prerrevolucionaria, la «madre patria» Inglaterra (con la misma lengua, la misma etnicidad, las mismas convicciones fundamentales políticamente republicanas) era «el enemigo natural», mientras que más tarde, en el siglo veinte, durante la Segunda Guerra Mundial, el enemigo se volvió «el aliado natural». Aquello que en un espacio social concreto, en una determinada época, se considera «nuestro» y «extraño» no es natural, más bien es una cuestión empírica e histórica difícil de prever y de predecir. Gottfried Benn hace una observación bajo el encabezamiento «Contenido de la historia»: Para informarme, abro un viejo libro de escuela: el denominado Pequeño Ploetz31 […] Abro cualquier página, la página 337, sobre el año 1805. Encuentro: una victoria naval, dos alto el fuego, tres alianzas, dos coaliciones. Alguien marcha, alguien crea una alianza, alguien unifica sus tropas, alguien refuerza algo, alguien adelanta, alguien captura, alguien retrocede, alguien captura un campamento, alguien dimite, se concede algo, alguien inaugura algo de manera espectacular, alguien es un prisionero de guerra, alguien compensa a alguien, alguien amenaza a alguien, alguien marcha hacia el Roine, alguien marcha por la zona d’Ansbach, alguien marcha sobre Viena, se hace retroceder a alguien, alguien es ejecutado, alguien es asesinado —al fin y al cabo es, sin duda, la enferma historia de los locos32. Precisamente esta «enferma historia de los locos» refuta la conclusión sobre un potencial de conflicto diagnosticado sociobiológicamente (etnológica o antropológicamente) y que pertenece intrínsecamente a las correspondientes Cómo los vecinos devienen judíos: la construcción política del extraño Papers 84, 2007 63 30. K.O. HONDRICH «Grenzen gegen die Gewalt», Diezcit, n. 5, 28 enero, 1994, 4. 31. Der Kleine Ploetz, el léxico alemán estándar. Nota del traductor. 32. G. BENN, Essays und Reden, Frankfurt am Main, 1989, p. 362. Papers 84 001-200 5/7/07 18:22 Página 63
trifulcas o formaciones de batalla. Los emigrantes alemanes, por ejemplo, que provenían de las restricciones feudales y el recelo de Europa, han vivido en Estados Unidos en buenas relaciones con los negros, han aceptado los matrimonios mixtos, han padecido y han defendido un país originariamente democrático donde la esclavitud en aquellos tiempos se protegía legalmente. La sociobiología o la sociología siguen sin convencer con respecto a los estereotipos sociales del extraño y el yo en relación con la historia social de las imágenes del enemigo. Esto se tiene que ver en el contexto del Estado, el Estado nacional, el ejército, y también en su importancia en la legitimación del monopolio del poder por parte del Estado. Y aun así, las leyendas han conservado su maldita fuerza hasta el presente, presuponiendo que el yo se tiene que separar y desmarcar enfrente del extraño para poder mantener su identidad. La podríamos denominar la «teoría territorial de la identidad». Esta teoría presupone un espacio reforzado por vallas (mentales) que posibilita la autoconsciencia. Aun así, cuando sacamos esta idea del contexto del que emerge, es decir del Estado nacional, pierde verosimilitud. Los errores en que se han convertido las diferentes historias codificadas y emotivas se los podría denominar errores carcelarios de identificación. No se tiene que aislar, orientar y organizar a las personas porque vayan las unas en contra de las otras —y menos en el vasto espacio de la nación—, para que puedan resultar confiadas y seguras de ellas mismas. ¿Por qué sólo se puede conocer a alguien frente a frente, de manera idéntica y segura, en la celda de una prisión estatal? La franqueza y la mezcla de «prisioneros» ya ofrece mucho material y también la oportunidad para el descubrimiento y la formación de la identidad. Zygmunt Bauman está atento a este error teórico y ha dejado bien claro que la lógica separadora de la identidad aún permanece en la metafísica unidimensional que inspira la modernidad. ¡Imaginamos la identidad como algo claro, o esto o aquello, excluyendo del todo una tercera posibilidad! Las posibilidades de la identidad ambivalente en una mezcla de multiplicidad y rareza quedan prácticamente fuera de la perspectiva de conseguir y establecer un yo33. La teoría de la prisión sobre la identidad ignora la riqueza sobre cómo es de importante para el yo el extraño y su transformación en rareza. Las «imágenes del enemigo» son aumentadas de manera espectacular y se legitiman. Prejuicios y estereotipos del extraño producidos culturalmente (disponibles) se usan para la construcción y el reforzamiento del poder estatal y del aparato militar. Las imágenes del enemigo —a diferencia de los estereotipos del extraño y los prejuicios raciales— hacen posible una reevaluación de los valores. Aquí alguien puede, tiene que (en caso de guerra) ser eliminado. No hay junta de arbitraje, ni tribunal de justicia para las imágenes del enemigo. Las imágenes del enemigo describen una segunda, próxima, externa —incluso contrademocrática— fuente del moderno Estado (nacional), el cual 64 Papers 84, 2007 Ulrich Beck 33. Z. BAUMAN, Modernity and Ambivalence, Cambridge, 1990. Papers 84 001-200 5/7/07 18:22 Página 64
se hace cada vez más atractivo para los actores estatales ante las dificultades de construir un consenso democrático. La consecuencia es que estamos cultural y científicamente desconectados para poder volver a las tradiciones o a las identidades étnicas, para legitimar la rareza y las diferencias entre el in-group y el out-group. Dicho de otro modo, la etnicidad no es una variable original de la diferenciación social, es totalmente una construcción política y burocrática34. No hay ningún tipo de conclusión imaginable por lo que se refiere a la diferencia cultural definida, a las diversas percepciones del extraño y del yo, y a las variedades de dramaturgia política y de construcción de imágenes del extraño y del enemigo. Estas producciones sirven de coartada para la naturaleza, la herencia, las cosas originales y esenciales, pero llevan a término decisiones, selecciones y construcciones que son invenciones. En la modernidad reflexiva, la construcción del extraño se politiza en un doble sentido. Por un lado, la politización del tema de la seguridad moviliza a los instrumentos de control de la sociedad civil y del Estado fuerte; por otro, la figura del extraño burocráticamente (construido) toma el lugar del extraño cultural. El discurso de la diferencia cultural está cargado del discurso sobre imágenes del enemigo, cosa que legitima la construcción y el reforzamiento de la seguridad preventiva y del Estado protector. La conversación habitual sobre la lógica del in-group y del out-group de muchas tradiciones teóricas y de investigación de las ciencias sociales (y sociobiologia) esconde este proceso de selección, origen y politización. Una crítica de la discusión teórica del sistema relativa a la exclusión y/o inclusión tendría que empezar por aquí. Con la generalidad de ideas, suprime la incomodidad de procesos de separación específicos dentro el sistema administrativo y político, y los medios de comunicación públicos, etc. El importante papel de los intelectuales en la fundación y preparación de la legitimación de modelos a partir de los que la silueta del extraño se podría fabricar y suministrar a la cadena de montaje se hace invisible. Se puede ver este proceso de selección cuando las relaciones entre el in-group y el out-group se equiparan a la identidad nacional (patriotismo, nacionalismo). ¿Por qué las identidades regionales no se identifican con una autoconsciencia de Europa? ¿Por qué, por ejemplo, el separatismo francófono no se mezcla con el orgullo profesional y con una identidad civilizada para conseguir la autoconsciencia a partir de la garantía de la racionalidad técnica y legal? No estoy diciendo que todo se pueda combinar. Pero quiero manifestar que, con la duplicación, individualización y globalización de los mundos sociales en que nuestra vida está situada, existe un mosaico casi inagotable de exclusiones posibles. Por lo tanto, sería ingenuo (quizás estratégicamente ingenuo) hablar de «inclusión» y «exclusión». En su lugar, surge la cuestión de la unidad de la diferencia y la identidad, de la inclusión y de la exclusión. Cómo los vecinos devienen judíos: la construcción política del extraño Papers 84, 2007 65 34. Cfr. S. NECKEL, «Politische Ethnizität», Manuscript, Berlín, 1994. Papers 84 001-200 5/7/07 18:22 Página 65
Éste es el horizonte que abre, socialmente y políticamente, la pregunta formulada sobre la definición social y política y la construcción de extraños e imágenes de enemigos. Da calculabilidad a la realidad del potencial cultural para la violencia, sin caer, sin embargo, en un fatalismo político. La atención central se dirige a los procesos de construcción públicos, políticos y administrativos diarios —y a su prevención. Como ya hemos indicado anteriormente: cómo los vecinos se hacen (los convierten en) judíos. En primer lugar, este llegar a ser (werden) no es pasivo, sino activo. En segundo lugar, ciertamente se excluye el pasado «se hicieron» (wurden); es consciente de las amenazas reales y llama la atención. En tercer lugar, sobre una antigua y más feliz defensa y creación de una sociedad abierta y del Estado constitucional liberal. 66 Papers 84, 2007 Ulrich Beck Papers 84 001-200 5/7/07 18:22 Página 66