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Il dissoluto punito ossia Don Giovanni Tenorio de Ramón Carnicer María Encina Cortizo; Ramón Sobrino [email protected] [email protected] Recerca Musicològica XVI, 2006 97-116 Resumen Estudio de los elementos compositivos mozartianos presentes en la ópera de Ramon Carnicer (1789-1855), compuesta en 1822 y estrenada el 22 de junio de dicho año en el Teatro de la Santa Cruz de Barcelona. Los autores, profesores de musicología de la Universidad de Oviedo, han realizado un trabajo profundo en relación con las diversas fuentes literarias y escénicas de los siglos XVII-XIX, y asimismo, con las musicales, tanto en las referidas al Don Giovanni de Mozart como a otros préstamos temáticos de autores españoles y europeos del siglo XVIII. Su análisis pormenorizado nos ofrece una visión clara del proceso de composición de esta importante ópera, estrenada en una Barcelona que no había conocido aún —como asimismo, el resto de España— el propio Don Giovanni mozartiano. Résumé. Il dissoluto punito, ossia Don Giovanni Tenorio, de Ramón Carnicer Étude des éléments de composition mozartiens présents dans l’opéra de Ramón Carnicer (1789-1885). Cet opéra fut composé en 1822 et joué pour la première fois le 22 juin de cette même année au théâtre de la Santa Cruz, à Barcelone. Les auteurs de cette étude sont professeurs en musicologie à l’université d’Oviedo. Pour ce faire, ils ont réalisé un travail en profondeur sur les diverses sources littéraires et scéniques des XVIIe-XIXesiècles. Ils ont procédé de même avec les sources musicales, tant celles qui faisaient référence au Don Giovanni de Mozart que celles provenant d’autres prêts thématiques d’auteurs espagnols et européens du XVIIIesiècle. Cette analyse détaillée nous propose une vision claire du processus de composition de cet insigne opéra, joué pour la première fois dans une Barcelone qui ne connaissait pas encore — tout comme le reste de l’Espagne — le Don Giovanni mozartien lui-même. Abstract. Il dissoluto punito, ossia Don Giovanni Tenorio, by Ramón Carnicer A study of the Mozartian compositive elements present in the opera by Ramon Carnicer (1789-1855), composed in 1822 and first staged on 22 June of that year in the Santa Cruz Theatre in Barcelona. The authors, all musicology professors at the University of Oviedo, carried out in-depth work on the different literary and scenic sources from the 17-19th centuries as well as on musicals, both regarding Don Giovanni by Mozart as well as other
thematic offerings by 18th century Spanish and European authors. His detailed analysis provides a clear view of the composition process of this significant opera, first staged in a Barcelona that did not yet know — just as in the rest of Spain — the one and only Mozartian Don Giovanni. Zusammenfassung. Il dissoluto punito, ossia Don Giovanni Tenorio, von Ramon Carnicer. Studio der Komponentenelemente der Oper von Ramon Carnicer (1789-1855), komponiert im Jahr 1822 und uraufgeführt am 22. Juni des gleichen Jahres im Theater von Santa Cruz in Barcelona. Die Autoren, Musikologie-Professoren der Universität von Oviedo, haben eine tiefgründige Arbeit über die literarischen und szenischen Quellen der 18.-19. Jahrhundert erstellt, und auch musikalische, wie Don Giovanni von Mozart sowie andere Themen spanischer und europäischer Autoren des 18. Jahrhunderts bearbeitet. Ihre genaue Analyse gibt uns ein klares Bild der Komposition dieser bedeutenden Oper, die in Barcelona aufgeführt wurde, während sie im restlichen Spanien noch unbekannt war– der Don Giovanni von Mozart. A Alberto Zedda, por su dedicación, su magisterio, su pasión artística... La creación operística española del siglo XIX comienza a ser conocida en los últimos años gracias a los esfuerzos de la musicología por editar partituras olvidadas de los grandes compositores y la implicación de los grandes teatros en la recuperación patrimonial. Poco a poco tratamos de recomponer un puzzle al que todavía faltan piezas fundamentales; es necesario conocer el censo de estrenos nacionales, los títulos y autores destacados, y su recepción, para conseguir incorporar al repertorio de nuestro denostado patrimonio musical las obras merecedoras de ello. Autores como Manuel García (1775-1832), Ramón Carnicer (17891855), José Melchor Gomis (1791-1836), Vicente Cuyás (1816-1839), Emilio Arrieta (1821-1894), Felipe Pedrell (1841-1922), Tomás Bretón (18501923) o Ruperto Chapí (1854-1909), cuya trayectoria ha estado marcada por la creación operística, han sobrevivido durante más de cien años vinculados, en el mejor de los casos, únicamente al repertorio zarzuelístico, La fattuchiera (1838), Ildegonda (1849), La conquista di Granata (1850), Los amantes de Teruel (1889), Los Pirineus (1891) o Margarita la tornera (1909) han renacido para nuestros oídos en los últimos años en el Teatro Real, Teatre del Liceu, Teatro de la Zarzuela, etc., gracias a la colaboración de los agentes necesarios para garantizar su recuperación. En junio de 2006 los autores de este trabajo veíamos en escena, en una nueva coproducción realizada entre el Festival Mozart de A Coruña y el Rossini Opera Festival di Pesaro, el dramma semiserio en dos actos Il dissoluto punito de Ramón Carnicer. La obra, interpretada empleando nuestra edición crítica 98 Recerca Musicològica XVI, 2006 María Encina Cortizo; Ramón Sobrino
publicada en la colección Música Hispana del Instituto Complutense de Ciencias Musicales (ICCMU), fue interpretada por Dimitri Korchak como Don Giovanni, Wojtek Gierlach como Il commendatore, Anna Maria Dell’Oste como Donna Anna, Juan Luque Carmona como Don Ottavio, Enrica Fabbri como Donna Elvira y José Julián Frontal como Leporello, acompañados por la Orquesta Sinfónica de Galicia bajo la dirección musical de Alberto Zedda. La dirección escénica correspondió a Damiano Michieletto, que también se encargó de la luminotecnia; la escenografía, a Edoardo Sancho, y el vestuario, a Carla Teti. La obra fue puesta en escena el viernes 9 de junio y el domingo 11 de junio en el Teatro Rosalía de Castro de la capital gallega, sede actual del Festival Mozart. En este trabajo llevaremos a cabo un estudio de la obra, una obra que parte de una propuesta arriesgada como es intentar poner música a un libreto basado en el texto de Da Ponte después de la propuesta musical mozartiana, en un contexto estilístico absolutamente rossiniano. El autor Ramón Carnicer es uno de los personajes más destacados de la primera generación romántica española. Su amplio catálogo y su dedicación al mundo teatral en Barcelona y posteriormente en Madrid le avalan como figura clave del mundo lírico coetáneo. Fue también, desde su creación en 1830, el primer profesor de composición del Real Conservatorio de Música de María Cristina, el primer centro docente de España, contando entre sus alumnos con los principales compositores líricos de la siguiente generación, Francisco Asenjo Barbieri, Rafael Hernando o Joaquín Gaztambide, responsables de la creación de la zarzuela grande. Tras pasar los primeros años de vida en su Tárrega natal, Carnicer continúa su formación musical en la Seo de Urgel (1799-1806), donde, en la férrea tradición musical de las capillas catedralicias, estudia composición, canto y órgano. En 1806 es enviado a Barcelona para proseguir sus estudios con Francisco Queralt (1740-1825), maestro de capilla de la catedral, y el organista y compositor Carlos Baguer (1768-1808). Es en la Ciudad Condal donde entra en contacto con las óperas de Cimarosa, Paisiello, Guglielmi, Paër, Mayr y Generali, experiencia que le otorgará un amplio conocimiento del repertorio, como posteriormente revelará su obra operística. En 1808, aciago año de la ocupación francesa, el compositor decide trasladarse a Mahón (Menorca), donde se instala como profesor de música hasta 1814. La presencia en la isla del dilettante alemán Carl-Ernest Cook, discípulo directo de Mozart, le permitirá profundizar en otro tipo de repertorio. En 1814, el compositor regresa a Barcelona y al año siguiente es encargado ya de organizar y dirigir todos los conciertos que se ofrecen en los salones del Palacio del general Castaños, presidente de la Junta para la Reforma de Teatros. En 1816, Castaños, tras conseguir que la Junta funcionase como una sociedad de acciones para sostener el Teatro de la Santa Cruz, le encarga la orgaIl dissoluto punito ossia Don Giovanni Tenorio de Ramon Carnicer Recerca Musicològica XVI, 2006 99
nización de la primera temporada de ópera en dicho coliseo, consiguiendo Carnicer traer a Barcelona una compañía italiana integrada por destacados cantantes, músicos, pintores —los hermanos Giuseppe y Francesco Lucini— y el director de orquesta Pietro Generali (1773-1832). El año teatral se abre con La italiana en Argel de Rossini, que logra un inmenso éxito. Gracias a los esfuerzos de Generali y Carnicer, el Teatro de la Santa Cruz de Barcelona se sitúa entre los mejores teatros europeos, por delante de los teatros madrileños contemporáneos. Ya en la temporada 1819-1820, cuando Generali regresa a Italia, Carnicer toma a su cargo la dirección del teatro, y se convierte en el primer empresario español de ópera. En este periodo, compone Carnicer numerosos fragmentos tanto instrumentales como vocales, para intercalar en óperas de autores italianos de moda, y arregla otros muchos a las exigencias y caprichos vocales de los cantantes. Entre estos podemos citar una cavatina para La cenerentola de Rossini en 1818, otra para el Otello rossiniano en 1821, dos dúos y una cavatina para L’Agnesse de Paër en 1816 o 1819, un dúo para Clotilde de Coccia en 1819, así como las sinfonías para Adolfo e Chiara de Dalayrac en 1818, El barbero de Sevilla en 1818 y El turco en Italia en 1819 y 1820, ambas de Rossini. Estas piezas musicales le permitieron adquirir una buena escuela y disfrutar de cierta fama entre sus contemporáneos. En 1818, Carnicer decide quemar su producción anterior —integrada por obras religiosas, himnos patrióticos, canciones, música de banda militar y de baile— y escribir la primera de sus obras de madurez, la ópera Adela di Lusignan, que fue estrenada en el Teatro de la Santa Cruz de Barcelona el 15 de mayo de 1819, con motivo del desembarco de la infanta napolitana Luisa Carlota —hermana de la futura reina María Cristina—, llegada a España para contraer matrimonio con el infante Francisco de Paula Antonio, hermano de Fernando VII. El éxito fue brillante; el público aplaudió la mayor parte de los números, y el dúo del desafío, cantado por Savino Monelli y Filippo Galli, causó verdadero fanatismo. En 1820 el compositor lleva a cabo su tercer viaje a Italia como empresario del Teatro de la Santa Cruz de Barcelona. Su misión, como en otras ocasiones, no es sólo buscar cantantes y músicos, sino también partituras de Rossini, Bellini y Donizetti, estableciendo así una tradición estética que determina el rumbo de la futura música lírica nacional. La segunda ópera de Carnicer, Elena e Constantino, se estrenó el 16 de junio de 1821, y fue recibida con aplauso del público; el libreto de Antonio Tottola, que contaba con una versión musical anterior debida a Mayr, fue puesto en música para el Teatro de la Santa Cruz. Ya en su tercera ópera, Il dissoluto punito ossia Don Giovanni Tenorio, estrenada el 20 de junio de 1822, Carnicer, partiendo del lenguaje rossiniano que es connatural a su propio estilo, se acerca de forma excepcional al músico de Salzburgo. Entre 1824 y 1827, viajó a París y Londres, donde se dio a conocer como director y compositor. En la capital británica, además de publicar algunas obras importantes de su catálogo como sus Six Spanish Airs,Three Nocturnos, e Il sogno, terzettino notturno, conoce a los artistas españoles que nutrían los cír100 Recerca Musicològica XVI, 2006 María Encina Cortizo; Ramón Sobrino
culos liberales londinenses, como el profesor de canto Mariano Rodríguez de Ledesma (1779-1848), el pianista Santiago de Masarnau (1805-1882), el compositor José Melchor Gomis (1791-1836) o los guitarristas Fernando Sors (1780-1839) y Trinidad Huerta (1803-1856). En marzo de 1827 fue obligado, por dos reales órdenes de embargo, a trasladarse a Madrid como maestro-director de los teatros de la capital. Su llegada a la capital permite dignificar el estado de los teatros de música, luchando contra todos los «vicios» instaurados en las orquestas, ampliando el número de metales, e introduciendo los clarines de pistones y el figle en las plantillas orquestales. En cuanto al coro del teatro, exigió conocimientos musicales y amplió el número de sus miembros. En febrero de 1829, Carnicer estrena Elena e Malvina, ópera escrita sobre un libreto de Felice Romani que fue bien recibida por la crítica madrileña. Dos años después estrena su Colombo en el Teatro del Príncipe de Madrid, y el 14 de diciembre de 1832 pone por primera vez en escena Eufemio di Messina ossia I sarraceni in Sicilia. El Viernes Santo de 1833 Carnicer dirige el estreno del Stabat Mater de Rossini en la iglesia de San Felipe el Real de Madrid. En 1837, año durante el que participa en la creación de la Junta Filarmónica, integrada además por Mariano Rodríguez de Ledesma (1779-1847) y José Mª Reart (1784-1857), creada con el fin de fomentar la composición de nuevas óperas españolas, estrena en el Teatro de la Cruz de Madrid su última ópera, Ismalia ossia morte ed amore, creación que culmina su catálogo, y que afirma su evolución personal en el modelo italianizante, próximo ahora a los relatos de novela gótica propios del belcanto. Fortuna operística del mito de Don Juan Para su ópera Il dissoluto punito, Carnicer bebió en las fuentes del dramma giocoso Don Giovanni, que Mozart, en colaboración una vez más con Lorenzo Da Ponte, había estrenado en Praga en 1787. Pero la sombra del mito donjuanesco es larga y compleja. Partiendo de la primera formulación literaria que tuvo lugar en la España del siglo XVII, el mito viaja a Italia, donde se empapa de elementos de la Commedia dell’ Arte y se convierte en ilustrado gracias a Goldoni (1736); a Francia, donde renace en las versiones de Dorimon (1659) y Villiers (1660) como hedonista descreído e individuo cruel sin sentido del deber, o ateo hipócrita en Molière (1665); y viaja también a Inglaterra, donde Shadwell lo convierte en libertino (1676), desarrollando un personaje que, en opinión de Carmen Becerra Suárez, llega a ser «asesino, parricida, incestuoso y sacrílego; un aventurero y un criminal de baja estofa»1. El siglo XVIII adorna el mito con música, y es que sólo mediante la música podía Don Juan adquirir una formulación artística superior, tal y como afirIl dissoluto punito ossia Don Giovanni Tenorio de Ramon Carnicer Recerca Musicològica XVI, 2006 101 1. BECERRA SUÁREZ, Carmen. Mito y literatura. Estudio comparado de Don Juan. Vigo: Servicio de Publicaciones de la Universidad de Vigo, 1997, p. 121.
maba Kierkegaard. La lista no alcanza las «mille e tre» conquistas del Don Giovanni mozartiano, pero revela la fortuna operística del tema, incluyendo títulos completamente ignorados por el repertorio operístico actual, como La pravità castigata (1734) de Eustachio Bambini, Il convitato di pietra (1776) de Vincenzo Righini —estrenada en Praga once años antes que la obra de Mozart—, Il convitato di pietra (1777) de Giuseppe Calegari —estrenado en Venecia—, Il convitato di pietra (1783) de Giacomo Tritto —con estreno napolitano—, el Don Giovanni (1784) de Gioacchino Albertini, Il convitato di pietra (1787) de Francesco Gardi, el Don Giovanni de Giuseppe Gazzaniga —estos tres últimos estrenados en Venecia—, o el Don Giovanni (1788) de Vincenzo Frabrizi, estrenado en Fano. Como subraya Stefan Kunze en su estudio sobre la obra de Gazzaniga, las óperas «donjuanescas» alcanzan gran popularidad durante los años setenta y ochenta del settecento, dato que no pasa desapercibido ni a Mozart ni a Da Ponte a la hora de elegir el tema de su segunda colaboración. Goethe nos ha regalado la impresión que le causó Il convitato di pietra de Fabrizi, estrenada en el romano Teatro Valle en el otoño del mismo año de la obra de Mozart y Gazzaniga: «Descubrí cómo una ópera sobre Don Juan (no la de Mozart) se interpretaba cada noche durante cuatro semanas y que ésta excitaba la ciudad, haciendo que cada familia completa de artesanos ocupara las plateas y los palcos y no pudiera seguir viviendo quien no hubiese visto a Don Juan arder en el infierno y al Comendador ascender al cielo»2. Dejando aparte el título mozartiano, la ópera que consiguió mayor éxito de las anteriores fue el Don Giovanni ossia Il convitato di pietra de Giuseppe Gazzaniga (1743-1818), escrita sobre un texto de Giovanni Bertati (17351815). Dicha ópera fue estrenada el 5 de febrero de 1787, durante la Temporada de Carnaval, en el Teatro Giustiniani di San Moisè de Venecia, tras otra ópera titulada Il capriccio dramático, de la que sólo conservamos el libreto, también de Bertati. El Don Giovanni de Gazzaniga y Bertati se interpretó posteriormente en Bérgamo (1788), París (1791) y Lucca (1792), y sirvió de base para el trabajo literario de Da Ponte. Este convitato «viajó» también a nuestro país, y fue estrenado en Madrid el 12 de noviembre de 1796, en el Teatro de los Caños del Peral, con reparto desconocido. Para el público actual el Don Giovanni mozartiano se ha convertido en la gran referencia operística, podríamos decir que la única, del mito de Don Juan. Estrenada en Praga, el 4 de noviembre de 1787, la obra recorrió con prontitud los principales escenarios europeos, siendo interpretada al año siguiente en Viena, el año de la muerte de Mozart en Berlín, en 1805 en París y en 1814 en Milán, por citar las primeras fechas. La llegada a España de la obra mozartiana es tardía, ya que fue representada por primera vez en nuestro país el 15 de diciembre de 1834 en el Teatro de 102 Recerca Musicològica XVI, 2006 María Encina Cortizo; Ramón Sobrino 2. Carta a Zelter fechada el 17-IV-1815 y recogida por Kunze en el artículo «Don Giovanni not by Mozart», incluido en el libreto adjunto al registro sonoro de Don Giovanni de Giuseope Gazzaniga por el sello Vivarte de Sony Classical, 1991.
la Cruz de Madrid con escasa fortuna. Bien interesantes a este respecto son los artículos que Santiago de Masarnau escribe en El Artista, en 1835, sobre la negativa recepción suscitada por el Don Giovanni. Aunque el comentario de los mismos sobrepasaría el objeto de este artículo, sí añadiremos cómo para Masarnau Don Giovanni es una de «las producciones más notables del autor» y la negativa recepción suscitada en el público matritense es debida, en su opinión, al desconocimiento de la música de «género alemán». Su defensa de la ópera mozartiana le lleva a sufrir las diatribas de algunos antagonistas, que llegan a tildar la música de Don Giovanni de «vieja», afirmar que «ha recordado al público de Madrid sus manoseadas tonadillas»3. Cuán diferente fue la reacción parisina a la obra, interpretada en la capital del Sena por primera vez en 18054, en una versión adaptada, y escuchada en la genial versión de Nourrit en el papel protagonista en la Opéra, en marzo de 1834; la obra alcanzó un completo éxito y produjo interesantes análisis de autores como Berlioz, que desde las páginas de Le Rénovateur proclamaba: «¡Todo es tan maravillosamente hermoso en esta partitura! ¡Las formas son tan puras, los contornos tan cuidados y llenos de gracia, y el estilo tan Rafaelesco!», escribiendo un extenso artículo sobre la obra en el Journal des Débats, el 15 de noviembre de 18355. El Don Giovanni mozartiano es estrenado en el Teatro Principal de Barcelona el 18 de diciembre de 1849; es decir, que cuando Ramón Carnicer estrena su Dissoluto en 1822, las obras que podría tener el público barcelonés como referencia sonora eran la de Fabrizi o la de Gazzaniga, pero no la mozartiana. Sobre el texto dramático de Il dissoluto punito de Carnicer El texto literario sobre el que Carnicer elabora la partitura de su Dissoluto es obra de un autor desconocido, aunque Pagán y De Vicente6reiteran la opinión mayoritaria de que su autoría corresponde al mismo compositor, quien, en su opinión, «tuvo la oportunidad de aprovechar y modificar, según sus propios principios ilustrados, el famoso texto de Lorenzo Da Ponte». Aunque se ha citado como posible antecedente literario la versión de Giovanni Bertati, el estudio detenido del texto revela cómo el libretista de Carnicer parte del libro de Da Ponte, que está basado, a su vez, en Bertati que, por otra parte, el escritor conocía bien. Un año antes del estreno de su Don Giovanni, Gazzaniga se había trasladado a Viena para escribir y ensayar su ópera bufa Il finto cieco (1786), para el que Da Ponte había escrito el libreto; por otra Il dissoluto punito ossia Don Giovanni Tenorio de Ramon Carnicer Recerca Musicològica XVI, 2006 103 3. MASARNAU, Santiago. «Don Juan». El Artista, Madrid, Tomo I, Entrega VIII, 1835. Edición facsimilar de El Artista, Madrid, Ed. Turner, 1991. En el primer tomo hay tres artículos de Masarnau sobre el drama giocoso de Mozart, que avivan la polémica. 4. Véase la obra de Cannone, Bellinda, La réception des opéras de Mozart dans la presse parisiense (1793-1829). París, Klincksieck, 1991. 5. Véase el estudio de Julian Rushton sobre Don Giovanni mozartiano publicado en la colección Cambridge Opera Handbooks, publicada por CUP en 1981, que reproduce completo dicho artículo, p. 131 y ss. 6. Autores del magnífico Catálogo de obras de Ramón Carnicer. Madrid, Alpuerto, 1997.
parte, Bertati sucedió a Da Ponte como Poeta de Corte en Viena (17911794), y fue el autor, entre otros títulos, de una de las más importantes óperas cómicas de la historia, Il matrimonio segreto de Cimarosa. La relación de la ópera del compositor catalán con la versión mozartiana se hace patente en elementos musicales concretos, evidenciando cómo Carnicer, buen mozartiano, conocía de forma profunda la obra del genio salzburgués gracias a diversas circunstancias vitales. Una primera vía de acercamiento, como revela Rafael Mitjana7y que ya hemos citado, habría podido ser la relación que el compositor de Tárrega estableció con Charles-Ernest Cook, erudito físico y químico alemán a quien Carnicer conoce durante su estancia en Mahón (1808-1814), huyendo de la invasión francesa que había paralizado la vida artística de Cataluña. Según afirma el mismo Mitjana, «el doctor Cook, que hacía un viaje científico a las Islas Pitiusas, era un gran aficionado a la música y había tenido el honor de recibir lecciones del divino Mozart, fue quien inició a Carnicer en las bellezas de la música alemana. Gracias a esta afortunada coincidencia el músico español pudo depurar su gusto, hasta entonces bastante limitado por una enseñanza demasiado escolástica»8. Otros caminos que llevarían a Carnicer hacia Mozart serían sus continuos viajes a Italia en busca de repertorio e intérpretes para los teatros de Barcelona. Ganado ya para la causa mozartiana gracias a Cook, el compositor, sin duda, sintió interés por conseguir la música del maestro salzburgués, a quien llegó a conocer con profundidad, como revela el estudio de la partitura de su Don Giovanni. El texto empleado por Carnicer responde a la fórmula de Dramma semiserio en dos actos, denominación que sustituye a la de Dramma giocoso empleada tanto por Bertati como por Da Ponte. Quizá sea en esta sutil diferencia donde se esconda la principal separación entre Bertati/Da Ponte y Carnicer, ya que en la obra española la única parte cómica que se introduce en la trama dramática es la que corresponde a Leporello, eliminándose los personajes de la campesina y su esposo, que tanto en la obra de Bertati (Maturina y Biagio) como en la de Da Ponte (Zerlina y Masetto) juegan un importante papel al lado de los nobles ultrajados. Además, tanto Bertati como Da Ponte sienten la necesidad, impuesta por la tradición del «lieto fine» y por las fuentes españolas del mito, de que los personajes de la trama cuya «normalidad» vital ha sido destrozada por Don Giovanni, concluyan la obra interpretando un alegre Finale que reconduzca la historia hacia la enseñanza moral. Carnicer se ve liberado de ello, y puede concluir la peripecia dramática con la aparición de las furias que acompañarán a Don Juan en su descenso a los infiernos, tal como sucede en los finales de obras anteriores a Bertati, y en todos los «escenarios» italianos del mito desde Cicognini9. 104 Recerca Musicològica XVI, 2006 María Encina Cortizo; Ramón Sobrino 7. «La musique en Espagne», París, 1920, publicada en castellano como: Historia de la música en España. Madrid: A. Álvarez Cañibano ed., INAEM; Ministerio de Cultura, 1993. 8. Ibídem, p. 425. 9. Véase BECERRA SUÁREZ,Op. cit. Passim.
La acción de la obra se concentra, así, en una única línea argumental: el acoso al que Don Giovanni somete a Donna Anna, prometida de Don Ottavio, y el asesinato de su padre, el Commendatore, como consecuencia del mismo, a manos del «dissoluto». El personaje de Donna Elvira, esposa abandonada del protagonista, juega su papel de ángel vengador solamente en el primer acto, y desaparece en el segundo. La diferencia fundamental entre las dos obras previas y la de Carnicer nace del tratamiento de la tensión dramática. Bertati, y posteriormente Da Ponte, siguiendo este modelo, adelantan el asesinato del Commendatore a la primera escena, a diferencia del resto de las fuentes anteriores, que reservaban este hecho para el punto medio de la obra. Este cambio eleva a grados insospechados la tensión dramática, que deberá relajarse y volver a tensarse hasta alcanzar el clímax dramático en la escena final. Carnicer vuelve los ojos hacia los primeros modelos hispánicos, donde se reserva el asesinato de Don Gonzalo de Ulloa para el final de la segunda jornada, en el caso de El burlador de Sevilla (1630) de Tirso, o para el final de la primera jornada en el caso de No hay plazo que no se cumpla (1734) de Antonio de Zamora, y presenta el asesinato del Commendatore en la escena final del primer acto. Este hecho modifica sustancialmente el equilibrio de tensiones del drama, y le permite desarrollar un nuevo tratamiento dramatúrgico. La obra de Carnicer relata las andanzas del Tenorio en la ciudad de Burgos, donde tiene su residencia, tal como recoge la página inicial del libreto impreso: El protagonista es Don Juan Tenorio, caballero español disoluto hasta el extremo y perdidamente enamorado de Doña Ana, hija del Comendador de la Orden de Calatrava, y prometida esposa al Duque Octavio. La preferencia de ella por éste excita los rabiosos celos de su rival, quien acostumbrado a victorias amorosas, intenta conseguir con la fuerza los impuros deseos que por medio de la seductora persecución no había podido satisfacer. Con este objeto y el pretexto de celebrar la unión de los dos esposos, de quienes se finge amigo, conduce a su palacio a su amada; la separa con artificio de la concurrencia e intenta violar su pudor y obligarla a olvidar la fe que acaba de jurar. La resistencia y los clamores de la joven esposa llaman al Comendador, su padre; éste, escuchando más la voz de su agravio y de su venganza que la de sus cansados años, provoca a Don Juan a un desigual desafío, en el cual queda traspasado y muerto en los brazos de su hija y de los demás que habían acudido al tumulto. Con el auxilio de sus compañeros de desórdenes, logra Don Juan refugiarse por pocos momentos en una retirada casa de campo que poseía; pero pronto su arrojo, o por mejor decir, la providencia perseguidora de los malvados, le conduce a la ciudad y cabalmente al mismo sitio donde, en un magnífico mausoleo, estaba enterrada su víctima. Por un prodigio del cielo, la estatua del Comendador le habla y reprende sus extravíos, el empedernido joven desprecia este terrible aviso, hace burla de quien se lo da y le convida a cenar en su casa aquella noche. La estatua acude puntual a la cita, le recuerda de nuevo la neceIl dissoluto punito ossia Don Giovanni Tenorio de Ramon Carnicer Recerca Musicològica XVI, 2006 105
escena inicial está elaborada empleando como ritornello un fragmento elegante de música que aparece ya en la introducción. Las tres citas musicales —fragmentos de Una cosa rara (1786) de Martín y Soler e Fra I due litiganti (1782) de Sarti, y La Cachucha—, empleadas a modo de Taffelmusik, son interpretadas por el viento madera acompañado por las trompas. Concluida la Cachucha, se recupera el ritornello que articula la escena, y suena un acorde de Si bemol Mayor en el viento de la orquesta —evocando la llamada del espectro—. El terror comienza y Leporello, en Fa menor —tono sobre el que Carnicer había escrito el fragmento del Finale I en el que fallecía el Commendatore—, avisa a su señor del peligro que le acecha, con un canto entrecortado que manifiesta su terror. Tras una secuencia de acordes muy tensos, llegamos a la última escena dividida en dos grandes fragmentos, el primero en Do menor / Sol menor, y el segundo, tras la desaparición del Commendatore, en Re menor, cerrando así el círculo tonal de la obra como hace Mozart. En el primer fragmento, los motivos melódicos circulares en la cuerda grave, los fagotes y los trombones acompañan el canto de los tres personajes, en un inestable contexto tonal que se traslada de Do a Sol menor para la intervención del espectro. En el momento en que Don Giovanni acepta la invitación del espíritu, el tempo se acelera —Allegro agitato— para evocar los últimos momentos del «scelerato». Ya en la secuencia final, en Re menor, el espectro desaparece, y es sustituido por un coro de furias que increpan al Tenorio en escalas descendentes de Re, sobre escalas cromáticas ascendentes en la cuerda con el empleo de acordes aumentados y la sexta napolitana que recuerdan el modelo mozartiano. Otro elemento formal que debe destacarse es el empleo por parte de Carnicer del Recitativo acompagnato ostromentato a la manera mozartiana, es decir, reservándolo para introducir arias importantes de personajes serios —como las arias de Don Giovanni y Donna Anna del acto II— o números dramáticamente destacados —como los dúos de Donna Anna y el Commendatore, y Donna Anna y Don Giovanni del acto I. Carnicer plantea en la ópera un tratamiento personal de los personajes del drama: convierte a Donna Anna en protagonista indiscutible de la ópera, a la cual otorga un lenguaje belcantista, de gran exigencia vocal. Don Giovanni se presenta como un verdadero seductor en el dúo con Donna Anna del acto I, y en su aria solista del acto II, siendo un tenor de bravura, con una tesitura compleja y un exigente lenguaje vocal. Leporello tiene una menor presencia que en la obra mozartiana, y se reserva, aún así, el placer de interpretar una nueva «aria del catálogo», elaborada por Carnicer en base a los parámetros mozartianos que mantiene, incluso, el aire de minué para sugerir el interés de su señor por las damas. Don Ottavio y Donna Elvira tienen una presencia contenida: ésta es requerida sólo para el quinteto del acto I, mientras que Ottavio interviene en ciertos concertantes y cuenta con un aria solista en el segundo acto. En cuanto al Commendatore, su figura se amplia al contar con ciertas intervenciones en el acto inicial, que le revelan como un padre solícito, atenazado por una misteriosa amenaza de muerte que se cumplirá a manos del «dissoluto». 112 Recerca Musicològica XVI, 2006 María Encina Cortizo; Ramón Sobrino
La orquesta requerida —dos flautas, dos oboes, corno inglés, dos clarinetes y dos fagotes, en la sección de maderas; dos trompas, dos trompetas y dos trombones en los metales; guitarra y cuerda— es característica de Carnicer si la comparamos con la de sus otras óperas. Incluye corno inglés, como hace Rossini, al explorar nuevos timbres orquestales, como había hecho ya en Adela di Lusignano y hará en su última ópera, Ismalia; y dos trombones, que aparecen también en Colombo eIsmalia, donde la intervención de fuerzas sobrenaturales y un espectro impone la aparición de hasta tres trombones. La inclusión de la guitarra, siguiendo la pauta rossiniana, era un recurso empleado por él ya en el año anterior, en su ópera Elena e Costantino. Carnicer maneja con detalle los timbres y recursos instrumentales, por ejemplo en el aria de Donna Anna del cuadro II del segundo acto, acompañando su triste melodía por un corno inglés solista —recordemos el aria de Amenaide del Tancredi (1813) rossiniano—; o en el aria del Tenorio del segundo acto, cuando en su primera sección a ritmo de serenata —recordando también el «Deh viene alla finestra...» mozartiano, acompañado por mandolina— la voz interpreta una canzonetta estrófica acompañada por el sonido de la guitarra, en clara evocación del Lindoro de Il Barbiere di Siviglia (1816). El lenguaje españolizante aparece en la ópera ligado al personaje de Don Giovanni, que interpreta unas seguidillas en su presentación vocal, y un bolero en su aria solista del acto II. También quiso Carnicer incluir La Cachucha en el Finale II, quizá para permitir el reconocimiento de la cita por un público que, sin duda, en 1822 no sería capaz de reconocer las anteriores citas de Martín y Soler y Sarti. Algunos datos sobre la recepción La obra, estrenada el 20 de junio de 1822, llega a una Barcelona que todavía no ha escuchado el Don Giovanni mozartiano, que sería interpretado por primera vez el 18 de diciembre de 1849, en el Teatro Principal. Según afirman Pagán y De Vicente, «en España ya se habían representado las óperas homónimas de Vincenzo Fabrizzi (1790, Barcelona) y Giuseppe Gazzaniga (1796, Madrid), pero aún faltaban más de diez años para el estreno de la obra de Mozart en Madrid, en 1834, y en Barcelona en 1849»11, como hemos afirmado. Pero, según ha estudiado Sala Valldaura, la Ciudad Condal sí que había disfrutado durante 1791, 1792, 1793, 1794, 1795, 1791-95, 1797-99 de la representación de El convidado de piedra o No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague, de Antonio de Zamora, evidencia de que conocía de forma perfecta el mito literario del Tenorio12. Además, Roger Alier afirma que en la temporada 1789-1780 se compran óperas nuevas en Italia, entre las que se encuentra Il convitato di pietra ossia Il Il dissoluto punito ossia Don Giovanni Tenorio de Ramon Carnicer Recerca Musicològica XVI, 2006 113 11. PAGÁN; DEVICENTE,Op. cit., p. 19. 12. SALA VALLDAURA, Josep M. El teatro en Barcelona entre la Ilustración y el Romanticismo. Barcelona: Ed. Milenio, 2000, p. 219-249.
Don Giovanni Tenorio de Fabrizi, que le costó al empresario 240 reales. Esta obra, añade Alier, llegaba directamente de manos de su autor, vinculado familiarmente, de una manera o de otra, con la primera bufa del teatro de Barcelona, Orsola Fabrizi Bertini13. Parece, según afirma Alier, que desde la temporada 1786-87, se ponen en escena algunas obras del napolitano Vincenzo Fabrizi, maestro di cappella del Teatro Capranica de Roma en esta época y «compositor muy poco conocido, pero que tiene sin duda alguna vinculación con la fuente suministradora de óperas para el teatro de Barcelona o, mucho más probablemente, con alguno de los cantantes de la compañía de estos años»14. Efectivamente, en los años que siguen llegan diversas óperas de este autor, un nombre que probablemente no se habría programado jamás en Barcelona debido a su limitada fama como operista en aquella época y al número relativamente reducido de óperas que escribe (unas doce), porque parece que murió bastante joven o abandonó, en todo caso, la profesión. La explicación más verdadera parece encontrarse en la llegada, en la temporada siguiente, al Teatro de la Santa Cruz, como prima buffa de la soprano Orsola Fabrizi Bertini, cantante que fue celebradísima por los barceloneses por su voz y sus interpretaciones. Ésta sería esposa o hermana del compositor, y a través de ella Fabrizi va a poder impulsar sus obras, que están escritas pensando en las condiciones y características concretas de su voz, cosa no infrecuente en esta época. Il Don Giovanni Tenorio de Fabrizi se estrenó, según afirma Cassañes, el 8 de julio de 1790 en el Teatro de la Santa Cruz, y añadía que «los barceloneses ya habían visto la versión de Gazzaniga y Bertati de esta misma ópera, poco antes del incendio del teatro en 1787»15. Esta ópera se había estrenado en el romano Teatro della Valle en el otoño de 1787, y se repuso en Fano en 1788. Volviendo a la ópera de Carnicer, el anuncio de su estreno y de las representaciones siguientes es recogido por muchos de los periódicos de Barcelona, 114 Recerca Musicològica XVI, 2006 María Encina Cortizo; Ramón Sobrino 13. ALIER, Roger. L’òpera a Barcelona. Orígens, desenvolupament i consolidació de l’òpera com a espectacle teatral a la Barcelona del segle XVIII. Tesis doctoral. Barcelona: Institut d’Estudis Catalans, Societat Catalana de Musicologia, 1990, p. 403. La intervención en dicha compra de la cantante Orsola Fabrizi es referida ya por Francisco Virella Cassañes, en su obra La ópera en Barcelona. Estudio histórico-crítico, Barcelona: Establecimiento Tip. de Redondo y Xumetra, 1886, p. 231-232. 14. CASSAÑES,Op. cit, p. 232. 15. 20-VI-1822, nº 172, p. 1636: «Teatro. Hoy a beneficio de D. Ramón Carnicer, se ejecutará la ópera de su composición titulada Don Juan Tenorio. A las siete y media». 21-VI-1822, nº 173, p. 1644: «Teatro. La misma ópera de ayer. A las siete y media». 26-VI-1822, nº 178, p. 1692: «Teatro. La compañía italiana ejecutará la ópera semiseria en dos actos: Don Juan Tenorio, música de D. Ramón Carnicer». 27-VI-1822, nº 179, p. 1700: «Teatro. La misma ópera de ayer. A las siete y media». 30-VI-1822, nº 181, p. 1728: «Teatro. La misma comedia de ayer, y la pieza Trapense. A las 4. Por la italiana, la ópera en dos actos D. Juan Tenorio. A las siete y media». Y 3-VII-1822: «Teatro. Ópera en dos actos El convidado de piedra o sea Don Juan Tenorio, música del maestro D. Ramón Carnicer. A las siete y media».
como el Diario de Barcelona16, el Diario de la Ciudad de Barcelona17 oEl Indicador Catalán18. La obra fue interpretada en su estreno por el tenor Claudio Bonoldi en el papel protagonista, las sopranos Carolina Pellegrini y Ludgarda Anibaldi como Donna Anna yDonna Elvira respectivamente, el tenor Lodovido Bonoldi como Don Ottavio, el barítono Giovanni Layner como Leporello, y el bajo Renieri Remorini como Il Commendatore. A pesar de su calidad intrínseca, el nuevo título de Carnicer no fue bien recibido, quizá por recurrir a un tema considerado algo pasado de moda, como revela el mismo libreto impreso, que afirma: «El conocido asunto de esta ópera es de los más ridículos y descabellados que ha aportado la ignorante superstición de los siglos que nos han precedido. Sin embargo, un conjunto de circunstancias que fuera molesto explicar han motivado el que nuevamente se refundiese y se pusiese en música esta fábula monstruosa, como ya antes lo verificó el célebre Mozart». Sin duda contribuyó a su recepción negativa el empleo por parte de Carnicer de un estilo diferente, calificado años después en El Vapor como «tudesco», en cuanto que entroncado en el mundo mozartiano. Y es que la recepción del autor de Salzburgo fue compleja, y aún en diciembre de 1834, cuando el Don Giovanni mozartiano se interpreta en Madrid, Santiago de Masarnau, como ya hemos comentado, se ve en la obligación de defender la obra desde las páginas de El Artista, publicando una serie muy interesante de artículos en defensa de Mozart. Epílogo Treinta y tres años después de la muerte de Ramón Carnicer (1789-1855), la Ilustración Musical Hispano-Americana iniciaba en Barcelona su periplo vital en manos de Felipe Pedrell. Su primer número incluía un cariñoso recuerdo al compositor leridano, desarrollado en un extenso artículo biográfico que iba acompañado de un grabado, incluido en la página inicial de la publicación. El autor del texto biográfico, F. V., manifestaba cuán deseable sería «la publicación de las óperas de Carnicer, una de nuestras mejores glorias; quizás ellas explicaran algunos de los triunfos de los compositores de la generación que le siguió. [...] Esperamos que la posteridad hará plena justicia a su mérito»18. Ciento dieIl dissoluto punito ossia Don Giovanni Tenorio de Ramon Carnicer Recerca Musicològica XVI, 2006 115 16. 20-VI-1822, nº 51, p. 4: «Teatro. A beneficio de D. Ramón Carnicer, la ópera Don Juan Tenorio. A las siete y media». 21-VI-1822, nº 52, p. 4: «Teatro. La misma función de ayer, a las siete y media». 26-VI-1822, nº 57, p. 4: «Teatro. La ópera Don Juan Tenorio. A las siete y media». 27-VI-1822, nº 58, p. 4: «Teatro. La misma función de ayer a las siete y media». 30-VI-1822, nº 61, p. 4: «Teatro. La función de hoy, conforme lo que avisarán los carteles». 3-VII-1822, nº 64, p. 4: «Teatro. La ópera en dos actos El convidado de piedra o sea Don Juan Tenorio, música del maestro Ramón Carnicer. A las siete y media». Y 28-VII1822, nº 89, p. 4: «Teatro. Por la noche, la ópera semisesia en dos actos El convidado de piedra, o sea Don Juan Tenorio, del maestro D. Ramón Carnicer. A las siete y media». 17. 3-VII-1822, nº 170, p. 678:»Teatro. Hoy la ópera semiseria en dos actos: El convidado de piedra, o sea Don Juan Tenorio. A las siete y media». 18. Ilustración Musical Hispano-Americana, 30-I-1888.
ciocho años han pasado desde entonces —algunos más desde la creación y estreno de las obras de la Carnicer—, para que comience a hacerse realidad aquel deseo de Pedrell, compartido por Barbieri: el año 2005 el ICCMU editó la partitura de la ópera Elena e Costantino, reestrenada en versión de concierto en el Teatro Real, y la edición del Festival Mozart del 2006 ha reestrenado Il dissoluto punito de Carnicer, esta vez en versión teatral, también en edición del ICCMU, que se pondrá en escena en agosto de 2007, en el Rossini Opera Festival di Pesaro. Estas iniciativas, junto a la publicación ya hace algunos años de su catálogo, o la realización de reuniones científicas dedicadas a recuperar su memoria, como las Jornades d’estudi: Ramón Carnicer i el seu temps, celebradas en noviembre de 2005 en Tárrega, contribuirán a hacer justicia con la memoria de un compositor que merecería recuperar el espacio que le corresponde en el panorama musical de nuestro país. 116 Recerca Musicològica XVI, 2006 María Encina Cortizo; Ramón Sobrino