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Athenea Digital - núm. 11: 161-208 (primavera 2007) -MATERIALESISSN: 1578-8946 La psicología social de la ciencia: una revisión bibliográfica de su estado actual1 GESCIT2 Universitat Autònoma de Barcelona [email protected] Introducción La ciencia ha sido abordada como objeto de estudio desde varias disciplinas como la filosofía, la historia, la sociología. La psicología no ha sido ninguna excepción, en los últimos años se han estudiado muchos temas bajo la rúbrica -usada por primera vez por Mitroff (1974)- de “psicología de la ciencia” (Shadish & Neimeyer, 1989; Campbell, 1989; Fisch, 1977), tal y como fuera reclamado por muy distintos profesionales, entre otros por Kuhn (1970). Distintas revisiones han intentado integrar la investigación realizada en “psicología de la ciencia” resumiendo sus logros y temas (Maslow, 1966; Singer, 1971; Mahoney, 1976; Grover, 1981; Gholson, Shadish, Neimeyer and Houts, 1989), lo que ha puesto de manifiesto cómo todos estos esfuerzos hacen que, a pesar de diversas dificultades, la psicología de la ciencia se esté dibujando como un campo con futuro (Shadish, Fuller & Gorman, 1994). En la “psicología de la ciencia” encontramos diversas líneas de abordaje y de investigación (Shadish, Fuller & Gorman, 1994) que podemos agrupar en dos: (a) en una primera línea, los trabajos se basaron principalmente en el estudio de las características personales de los/as científicos/as en tanto individuos, buscando tipos de razonamiento, características de personalidad o capacidades especiales como la creatividad, que podían diferenciarles de los/as no científicos/as (Eiduson & Beckman, 1973; Chambers, 1964; Diesing, 1991; Hart, 1982; Helmreich, Spence / Pred, 1988; Johnson, Germer, Efran & Overton, 1988; Simonton, 1989; Wilkes, 1994; Frank & Rickard, 1988; para más ejemplos, ver la serie “Psychology of the Scientist” en el Psychological Reports). (b) La segunda 1 Informe de la investigación Análisis de los factores psicosociales que inciden en la difusión y proyección de la actividad científica española (Proyecto de Investigación del Programa Sectorial de Promoción General del Conocimiento PB94-1521 –1 de agosto de 1995 – 1 de agosto de 1998) 2 GESCIT: Grupo de Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología. Tomás Ibáñez Gracia, Miquel Domènech i Argemí, Joel Feliu Samuel-Lajenesse, Ana Garay Uriarte, Lupicinio Íñiguez Rueda, Luz María Martínez Martínez, Juan Manuel Muñoz Justicia, Margot Pujal i Llombart, Joan Pujol Tarrés Francisco Javier Tirado Serrano, Agnès Vayreda i Duran, Félix Vázquez Sixto, Cristina Pallí Monguilod 161
La psicología social de la ciencia: una revisión bibliográfica de su estado actual GESCIT línea se centró más en la vertiente cognitiva de la ciencia. Así, surgieron intereses comunes entre filósofos, epistemólogos y psicólogos cognitivos (Heyes, 1989; Fodor, 1981; Houts & Haddock, 1992; Tweney, Doherty & Mynatt, 1981; Fuller, DeMey, Shinn & Woolgar, 1989; Faust, 1984; Maini & Nordbeck, 1973 Kruglanski, 1994; Thagard, 1988; 1989t; 1989r; 1990; Kulkarni & Simon, 1988; Wilkes, 1994; Kruglanski, 1994)). En esta línea también encontramos estudios de la cognición científica a través de simulación de modelos por ordenador, y experimentación (Gorman, 1992a; 1992b; Gorman & Carlson, 1989; Gholson & Houts, 1989; Houts & Gholson, 1989; Serchuk, 1989). "PSICOLOGÍA SOCIAL DE LA CIENCIA" Es en este contexto más general cuando, en la década de los 90, empezamos a encontrar aportaciones que se sitúan a sí mismas en un nuevo espacio, la "psicología social de la ciencia" (Shadish & Fuller, 1994; Moscovici, 1993; Shadish & Neimeyer, 1989). Esta nueva propuesta difiere de todas las anteriores en tanto que pretende incorporar explícitamente el componente social al análisis psicológico, centrando su atención en las interacciones y factores sociales en el marco de la ciencia. De este modo, la psicología social de la ciencia aplica las teorías y métodos psicosociales al estudio conceptual y empírico de la actividad científica en un contexto social. La psicología social de la ciencia, pues, pretende ser una respuesta a la queja de Moscovici (1993) y Rosenwein (1994), quienes se lamentaban de que los estudios sobre el conocimiento científico insistían a menudo en estudiarlo en términos individualistas, como si no fuera producido en y a través de una comunidad. Desde esta perspectiva, la ciencia se entiende como el producto de complejas variables intra y interpersonales, que interaccionan con otras variables personales y situacionales para producir diferentes resultados en diferentes situaciones y momentos, que siempre parece tener excepciones y que es altamente contextual. Debido a la complejidad y contextualidad de la ciencia así entendida, no se esperará de la psicología social que proporcione nada parecido a las leyes que gobiernan la conducta de los científicos, ni la reducción de toda esta complejidad a un único principio. Para ello, no se limita unilateralmente ni a los factores sociales ni a los cognitivos e individuales, sino que, para acercarnos provechosamente a los estudios de la ciencia investiga la interacción entre ambos factores, -así como los procesos mediacionales que nos permiten pasar de un nivel a otro. En esto se diferencia tanto de la psicología individual como de la sociología, a pesar de que no abandona la posibilidad de discutir e integrar las aportaciones de estas dos líneas. Dado el conocimiento que la psicología social de la ciencia puede llegar a producir, ésta adquiere una función cuasi-normativa y local: debe permitir elaborar inferencias localmente situadas, probabilísticas y no universales o deterministas. De este modo, la psicología social de la ciencia tiene implicaciones e intereses políticos. La psicología social de la ciencia parte de que los científicos están sujetos a los mismos procesos psicosociales que los no-científicos, razón por la cual se pueden aplicar las mismas teorías para intentar entender su conducta. La posible existencia de alguna característica particular (debido a su formación, o al contexto, por ejemplo) será, pues, una cuestión a dilucidar. Muchos autores que trabajan en este campo, reclaman un enfoque fuertemente empírico, próximo a la tradición microsociológica que atiende a las interacciones a través de la observación, pero Athenea Digital - núm. 11: 161-208 (primavera 2007) -MATERIALES162
La psicología social de la ciencia: una revisión bibliográfica de su estado actual GESCIT metodológicamente próximo a los enfoques cuantitativos y macrosociológicos. El experimento tendrá un lugar destacado y privilegiado, por ser la mejor manera de llegar a establecer relaciones causales, sin que ello niegue la posibilidad de usar otros métodos de forma combinada, opción que parece ser la preferida por los autores. Muchos autores coinciden en que la psicología social de la ciencia está muy bien situada para superar algunas dicotomías clásicas. Así, Campbell (1994) argumenta que puede ofrecer una perspectiva que integre los aspectos epistémicos y los contraepistémicos como parte de un mismo proceso, recogiendo tanto las aportaciones de ya que ambos se han estudiado por separado especialmente después de las brillantes aportaciones de Kuhn (1962). Para ello propone recoger tanto las aportaciones de la sociología del conocimiento científico como de la filosofía de la ciencia, así como hacer nuevas aportaciones no sólo desde una psicología social individual, sino también desde una psicología social más sociológica. INVESTIGACIÓN EN "PSICOLOGÍA SOCIAL DE LA CIENCIA" A continuación presentamos una síntesis de algunos trabajos elaborados en el ámbito de la psicología social de la ciencia. Hemos recogido tanto los que se autodefinían como aportación a este ámbito, como los que, sin decirlo explícitamente, hacen aportaciones útiles al mismo. Los hemos agrupado en las categorías siguientes: 1. Procesos de normalización en la Ciencia 1.1 Aspectos normativos en los procesos de publicación Evaluación a partir de las publicaciones Peer review o revisión por iguales Trabajo en equipo y orden de los autores en el artículo Redes sociales de comunicación 2. Procesos de Influencia Social y Comparación social 3. Los Valores y Creencias en la Ciencia 4. La Ideología 4.1 Ciencia e ideología 4.2 Conocimiento científico y género 5. Etica en la producción de conocimiento científico 5.1 “Deceibing” o “el engaño” 5.2 “Debriefing” o “desengañar” 5.3 Sujetos voluntarios 5.4 Confidencialidad 5.5 Comités de ética 5.6 Inconsistencia en las decisiones éticas 6. Contexto organizacional de la investigación científica 7. Cuestiones retóricas y lingüísticas 8. Relación ciencia y sociedad Procesos de normalización en la Ciencia Fue Merton, desde la sociología de la ciencia, quien primero investigó de forma sistemática las normas que regían la actividad científica (Merton, 1949), conceptualizándolas en un primer trabajo Athenea Digital - núm. 11: 161-208 (primavera 2007) -MATERIALES163
La psicología social de la ciencia: una revisión bibliográfica de su estado actual GESCIT como un conjunto de normas homogéneas y coherentes, al igual que hicieron aquellos que continuaron sus trabajos (Barber, 1952; Hagstrom, 1965 y Storer, 1966). Sin embargo, en un segundo momento, Merton (1976) pasó a considerar que en la actividad científica, junto a un conjunto de normas, se puede encontrar también otro conjunto de contra-normas en conflicto3, lo que se conoce como ‘ambivalencia sociológica’ (Merton and Barber, 1963). Esta hipótesis se vio corroborada con los estudios de Mitroff, quien además de la existencia de ambos conjuntos de normas como inherentes al funcionamiento y producción de conocimiento científico, puso de manifiesto que la dominancia de una norma o de una contranorma depende de la situación (Mitroff, 1974), siendo la relación entre ambos conjuntos no de dependencia, sino dialéctica (Churchman, 1971, Mitroff and Betz, 1972; Mitroff, 1973, 1974c). Los factores situacionales concretos que pueden modular el funcionamiento de unas u otras normas (en sentido normativo o contranormativo) podrían estar en relación con el tipo de problema al que se enfrentaran los científicos (Mitroff, 1973c; Mitroff & Mason, 1974), utilizándose normas cuando se enfrentan a un problema bien definido (con alto consenso sobre la naturaleza del problema, Ziman, (1968); referencias impersonales), y contra-normas cuando lo hacen a un problema mal definido (sin consenso (Mitroff y Betz, 1972) y con referencias personales). En otro trabajo Mitroff (1977) planteará el valor normativo de la resistencia que ejercen los científicos ante los descubrimientos de otros científicos, en lugar de considerar esta conducta como irracional o disfuncional (Churchman, 1961, 1971; Mitroff, 1974b; Laudan, 1965). También encontrará que hay diferencias en cuanto a tipos de personalidad entre científicos, y que los científicos están emocionalmente implicados en su trabajo (Roe, 1951, 1953; Eiduson, 1962; McClelland, 1970, Mitroff et al, 1977). Aspectos normativos en los procesos de publicación El proceso de publicación de artículos en revistas ha sido objeto de atención del trabajo de muchos psicólogos y psicólogas sociales, desde finales de los 60 hasta la actualidad. Este proceso es de gran importancia en la producción y difusión de conocimiento científico, a pesar de que este papel ha sido también relativizado: en una revista como Science, por ejemplo, se pone en cuestión el alcance real de la mayoría de las publicaciones, en tanto que parecería que sólo un reducido número de publicaciones prestigiosas en cada campo tendrían un impacto en los/as investigadores/as (Hamilton, 1990; Fuller, 1994)4. Encontramos autores/as que se preguntan sobre la acumulación de conocimiento (Deutsch, Markovits & Platt, 1986 y Bell, 1986) y sobre las modificaciones que sufre el conocimiento en ser transmitido 3 Mitroff (1974) argumentaba que las contranormas ‘particularismo’ e ‘implicación emocional’ hacen que se esté dispuesto a defender una posición, y eso hace salir a debate todos los temas clave. Romper ciertas normas puede ser, pues, socialmente funcional para la producción de conocimiento 4 Hamilton expone cómo en estudios realizados en el Institute for Scientific Information, una institución prestigiosa en la investigacion en las ciencias "duras", David Pendlebury encontró que un 55% de los artículos aparecidos no eran citados ni una vez en los siguientes 5 años a su publicación -teniendo en cuenta además que la autocitación supone entre un 5 y un 20 %. Athenea Digital - núm. 11: 161-208 (primavera 2007) -MATERIALES164
La psicología social de la ciencia: una revisión bibliográfica de su estado actual GESCIT (Jacobs & Campbell, 1961; MacNeil and Sherif, 1976; Zucker, 1977). La incidencia que el incremento de las relaciones internacionales y el proceso de globalización están teniendo en los procesos de difusión y especialización es una de las preguntas centrales que quedan por resolver (Fuller, 1994), como por ejemplo, cómo la creciente especialización de las diferentes disciplinas responde a las presiones de las editoriales de revistas más que a un desarrollo interno de las disciplinas. Este último autor propone también el estudio de las cuatro ecologías que intervienen en el proceso de producción y transmisión del conocimiento científico: 1)ecología del self o del lugar; 2)de la editorial; 3) de la biblioteca universitaria y 4) de la sala de lectura. Presenta también modificaciones para mejorar todo el proceso. Evaluación a partir de las publicaciones Pero no es éste el único nivel al que influye el proceso de publicación: la cantidad y calidad de las publicaciones tendrán incidencia en decisiones que conciernen a las políticas científicas nacionales, las concesiones de becas y financiación, el desarrollo de una disciplina, la evolución y reputación de departamentos, laboratorios e líneas de investigación, la carrera de los/as propios/as científicos/as, primas y méritos en el salario, y la evolución de revistas y publicaciones (Gottfredson, 1978; Scott, 1974; Cox et al, 1977; Endler et al, 1978; Roose and Anderson, 1970; Shadish et al, 1995; Cole & Cole, 1973?, 1979; Endler, 1970). También a partir de cuantificaciones de publicaciones y citas, se pueden encontrar numerosos trabajos que evalúan la eminencia y productividad de diversos científicos/as (Clark, 1957; Margolis, 1967; Garfield, 1964, 1979a; Gordon et al, 1992; Cox et al, 1977; Endler, 1978, 1987; Howard et al, 1987; Roose et al, 1970; Perlman et al, 1978; Perlman, 1984; Kroc, 1984: Kasmer et al, 1988; Cole & Cole, 1973; Lindsley, 1980; Long et al, 1980). Los propios índices utilizados para cuantificar y comparar aportaciones, su validez, comparabilidad y usos excesivos han sido también analizados (Janke, 1967; May, 1967; Gordon et al, 1992; Shadish et al, 1995; Boor, 1982; Koulack et al, 1975; Garfield, 1978; Myers, 1970; Korn, Davis & Davis, 1991). Por ejemplo, contar el número de publicaciones no parece ser muy buena manera de evaluar a los científicos (Clark, 1957; Crane, 1965; Dennis, 1954; Lewis, 1968; Manis, 1951; Meltzer, 1949; Menard, 1971; Roe, 1951, 1961, 1963, 1965; Zuckerman, 1967), pero sí para evaluar la productividad y la calidad (Garfield, 1970; ver Gottfredson, Garvey & Goodnow, 1977 para una revisión de este debate), y la evaluación de revistas (Garfield, 1972; Garfield, & Sher, 1963; Raising, 1960; Buss & McDermott, 1976). Peer review o revisión por iguales Pero sin duda alguna, es el propio proceso de selección, revisión y publicación de artículos en las revistas científicas el tema que más atención ha acaparado. Concretamente, son tres las problemáticas que parecen aglutinar el malestar que este proceso despierta en los/as investigadores/as, si no en principio, sí tal y como se lleva a la poráctica (Bradley, 1981, 1982; Peters & Ceci, 1982; Patterson, 1969). Una primera línea se ha centrado en dilucidar la influencia de los valores y orientación de la editorial de cada revista, así como en las constricciones que impone en los artículos (Lindsley, 1976; Cichetti, 1980, 1991; Wong, 1981; Ceci et al, 1985; Chubin & Hackett, 1990 ). Un segundo punto que se cuestiona es la fiabilidad de los juicios de las peer review: salvo algunas excepciones (Crandall, 1978a; Scarr & Weber, 1978; Whitehurst, 1984), las correlaciones entre los evaluadores son muy bajas (Bowen, Perloff & Jacoby, 1972; Ciccheti, 1980, 1982; Cicchetti & Eron, Athenea Digital - núm. 11: 161-208 (primavera 2007) -MATERIALES165
La psicología social de la ciencia: una revisión bibliográfica de su estado actual GESCIT 1979; Gottfredson, 1978; Hendrick, 1977; Mahoney, 1977; McCartney, 1973; McReynolds, 1971; Scott, 1974; Inglefinger, 1974; Watkins, 1979), tanto que no parecen ser mejores que las que se darían al azar (Cole, Cole & Simon, 1981). Las diferencias incluso son considerables entre campos científicos (Cole & Cole, 1979), entre las revistas de un campo (Ciccheti, 1980; Hendrick, 1977) y en los procedimientos de revisión (Gottfredson, 1978). Sin embargo, el acuerdo en las condiciones que deberían cumplir los manuscritos parece ser mejor (Wolff, 1970; Gottfredson, 1978). Finalmente, una tercera línea ha estudiado los sesgos que intervienen en el proceso de selección de artículos (Bowen et al, 1972; Cicchetti & Eron, 1979; Crane, 1967; Gordon, 1980; Merton, 1968b; Oromaner, 1977; Yotopoulos, 1961; Zuckerman, 1970; Zuckerman & Merton, 1973). Así se ha puesto de manifiesto la influencia de variables como el estatus del/a/os/as autor/a/es/as del artículo, el prestigio de la institución a la que pertenece (Peters & Ceci, 1982; Rowney & Zenisek, 1980; Mahoney, 1982), el sesgo confirmatorio que lleva a favorecer los artículos que presentan resultados positivos y con interpretaciones poco ambiguas (Mahoney, 1977; Goodstein & Brazis, 1970); la presencia de autocitas en el propio artículo (Mahoney et al, 1978). Se ha estudiado también la influencia de las características del investigador principal (Chubin / Gillespie, 1984; Stark-Adamec & Adamec, 1981), características de los seleccionadores (Cole, Cole, & Simon, 1981; Mitroff & Chubin, 1979) y de la propia investigación (Chubin & Gillespie, 1984; Mahoney, 1979; National Commission on Research, 1980). Peters & Ceci (1982) propusieron el uso generalizado del procedimiento ciego, en el que los evaluadores no disponen de información sobre el autor o institución de los artículos que evalúan. Sin embargo, esta propuesta también despertó críticas (Thomas, 1982; Howe, 1982; Over, 1982; Adair, 1982; Lazarus, 1982). La aportación de Kuhn (1970) sobre los paradigmas científicos también ha ocasionado trabajo de investigación en relación con el proceso de “peer review”. En otros ámbitos se ha detectado que en las ciencias naturales, al disponer de paradigmas téoricos más maduros, tienen criterios de evaluación menos ambiguos que los de las ciencias sociales (Lodahl & Gordon, 1972; Suls y Fletcher, 1983). Toda una serie de trabajos pretenderá comprobar si esta diferencia afecta el proceso de revisión, aceptación y publicación de artículos. Así, Yoels (1974) encontró que el consenso en los paradigmas de las ciencias físicas facilita el uso de criterios universles en la selección en las revistas, mientras que la ausencia de estas criterios maximizaria la saliencia de criterios particulares en las redes sociales. Pfeffer, Leong & Strehl (1977) afirmaron que en las ciencias duras, las afiliaciones entre autores y editores no influye en la selección de artículos, mientras que sí hay relación entre la afiliación institucional y los editorial boards en las ciencias sociales. También se ha considerado que los científicos sociales tienen menos acuerdo (Smigel, & Ross, 1970; Zuckerman & Merton, 1971). Concretamente, el nivel de acuerdo entre referees para articulos en ciencias sociales era más bajo que en las revistas de ciencias duras. Finalmente, para Beyer, (1978) los editores en ciencias sociales son más conscientes de la posibilidad de desacuerdo, y explican más dificultades en llegar a decisiones que los de las ciencias duras. Sin embargo, Cole, Rubin and Cole (1977) examinaron el proceso de revisión de becas de la National Science Foundation, que se evalúa a partir de peer review, y no encontraron diferencias en grado de acuerdo en función de si eran en ciencias duras o ciencias sociales Otros temas de estudio, si bien más aislados, son algunas propuestas de mejora del proceso (Peters & Ceci, 1982), las reacciones de los autores a las revisiones de sus manuscritos (Cowen et al, 1987; Athenea Digital - núm. 11: 161-208 (primavera 2007) -MATERIALES166
La psicología social de la ciencia: una revisión bibliográfica de su estado actual GESCIT Brackbill & Korton, 1970), y cómo el proceso de selección dificulta la publicación de trabajos innovadores y creativos y de calidad (Campanario, 1993; Shadish et al, 1995; Barber, 1961; Horrobin, 1990; Garfield, 1989; Hogan, 1983; Brackbill & Korton, 1970). Trabajo en equipo y orden de los autores en el artículo Otro tema que ha despertado interés es el trabajo en equipo en ciencia. Parece que se está experimentando un incremento de investigaciones en colaboración debido a diversas razones: incremento de la dificultad y amplitud de los temas estudiados, de las inversiones en recursos, máquinas y técnicas necesarias, proceso de socialización de jóvenes investigadores (Price, 1963; Zuckerman & Merton, 1972; Mitchell, 1961; Barnett et al, 1988; Strahan, 1982; Zook, 1987) ha conllevado también el aumento de las publicaciones con más de un autor. De este modo se incrementa la ambigüedad a la hora de atribuir los créditos de publicación, ya que es difícil saber cuál es la contribución relativa de cada uno/a de los/as autores/as. Esta situación ha llevado a varios estudiosos de la psicología social a interrogarse sobre distintos puntos, en todos los cuales las cuestiones éticas tienen una presencia importante. Así, en los artículos se indaga qué criterios se usan para ordenar los nombres de los autores (orden alfabético, orden según magnitud de la contribución, orden según estatus), cómo varían estos criterios en función de la disciplina y de la revista (Over & Smallman, 1973), cómo se evalúan las contribuciones relativas (Mitchell et al, 1985) qué conflictos que surgen entre autores de distintos estatus (Over, 1982), de distinto género (Kahn et al, 1980; Teghtsoonian, 1974) y las deferencias que para con los que empiezan tienen aquellos/as autores/as ya reconocidos/as. (Over, 1982; Over & Smallman, 1973; Spiegel & Keith, 1970; Bridgewater et al, 1981; Von Glinow and Novelli, 1982;). En una más reciente propuesta, Floyd, Schroeder y Finn (1994) presentan un modelo para explicar las fuentes de conflicto que aparece en la decisión del ordenamiento de los nombres, modelo que toma en consideración la motivación a colaborar de los autores, y la igualdad o desigualdad de las relaciones que los unen. También relacionada con las publicaciones y referencias, otra línea de trabajo analiza las redes de citaciones (Garfield & Sher, 1963; Kessler, 1961, 1962, 1963; Tukey, 1962; Osgood and Xhignesse, 1963; Price, 1963; Burton & Kebler, 1960; Green, 1964-està al Science)5. A partir del análisis de estas redes, así como de otros patrones de comunicación entre grupos de científicos, encontramos el estudio de los ‘invisible colleges’, término definido como un grupo de científicos que interactúan entre ellos al tiempo que producen investigaciones en una misma área de investigación. Hallamos a varios autores interesados en escuelas invisibles, estudiando sus características, el tipo de comunicacion e intercambio de información que en ellas se da, y los métodos adecuados para su detección (Bailey, 1969; Russett, 1969; Crane, 1968a; Lingwood, 1968; Price and Beaver, 1966; Mullins, 1966; Kadushin, 1966; Kessler, 1965; Goodman, 1961. 5 Estos estudios han evidenciado la existencia de dos tipos de conexiones en estas redes. Por un lado, encontramos publicaciones estrechamente ligadas las unas a las otras por citas, respaldándose, que se constituyen como el frente de investigación. Por otro, encontramos un conocimiento que ya no se establece en base a referencias con otras aportaciones, sino que pretende ya estrecha correspondencia con la naturaleza. Athenea Digital - núm. 11: 161-208 (primavera 2007) -MATERIALES167
La psicología social de la ciencia: una revisión bibliográfica de su estado actual GESCIT Redes sociales de comunicación Otra línea productiva de investigación es la de los patrones de comunicación entre científicos/as, que se ha llevado a cabo a través de los estudios de redes sociales. Estos trabajos han establecido que los diferentes patrones de comunicación inciden en la difusión del conocimiento científico y en la visibilidad del trabajo de los científicos/as (Cole & Cole, 1968; Coleman, Katz & Menzel, 1966; Granovetter, 1974; Kerckhoff, Back & Miller, 1965; Merton, 1968). También pueden incidir en la formación y fortalecimiento del consenso moral entre científicos/as, así como en su capacidad de organizarse para llevar a cabo acciones colectivas (Festinger, Schachter & Back, 1950; Laumann & Pappi, 1976; Mitchell, 1969; Riley & Cohn, 1958). Las variables más estudiadas han sido el tamaño de las redes, la relación entre la posición en la red, la productividad y la dirección del flujo de información, modelos probabilísticos, grado de unión entre los elementos de la red, posiciones centrales y marginales, etc. Casi todos los estudios sobre estas variables se han realizado considerando redes sociales entre científicos/a de una misma disciplina o especialidad (Breiger, 1976; Crane, 1969, 1972; Crawford, 1970; Gaston, 1973; Griffith, Jahn & Miller, 1971; Griffith & Miller, 1970; Griffith & Mullins, 1972; Mullins, 1972; Mulkay, Gilbert & Woolgar, 1975; Price & Beaver, 1966). Sin embargo, algún trabajo demuestra la existencia de redes interdisciplinares (Mullins, 1966, 1968; Friedkin, 1978). La comunicación informal también ha merecido atención, dada su gran importancia en ciertos contextos. Los estudios sobre comunicación informal entre científicos/as indica que los que trabajan en problemas similares suelen estar enterados de lo que hacen los/as compañeros/as e incluso en algunos casos intentan sistematizar sus contactos intercambiando reprints/separates, com es diu (Libbey & Zaltman, 1967; Menzel, 1960; Paisley, 1965). En algunos ámbitos, la comunicación informal llega a ser esenciales para la realización de investigación actual (Price, 1963). Parece que es tanta la información que se publica en algunos ámbitos, que no hay otro modo de acceder a la información útil que gracias a los canales informales (Crane, 1969). Dadas las dificultades de información en ciertos ámbitos, por la gran cantidad y dispersión de la información, se llevaron a cabo experiencias de intervención para intentar maximizar el intercambio de información en un campo concreto de la ciencia, creando una red de intercambio directo de artículos entre los/as científicos/as antes de que sean publicados en las revistas y un fórum de discusión (Green, 1965, 1966). Procesos de Influencia social y Comparación social Procesos de influencia social En el campo de la influencia social aplicado al estudio de la ciencia, destacan dos líneas de trabajo enmarcadas una en la psicología social europea y la otra en la psicología social norteamericana. Los autores más representativos son, respectivamente, Moscovici (1993, 1987) y Rosenwein (1994; Rosenwein & Campbell, 1992; Rosenwein & Koenemund, 1991. Ambos autores parten de un punto común: la propuesta de concebir la ciencia como un sistema social que vehicula la producción de conocimiento científico, producción que no puede entenderse sin considerar los procesos de influencia con los cuales está inextricablemente unida desde el inicio. Por ello, junto con Gilbert & Mulkay (1984) y Fuller (1992), rechazan la sobrevaloración del consenso entre científicos que se da Athenea Digital - núm. 11: 161-208 (primavera 2007) -MATERIALES168
La psicología social de la ciencia: una revisión bibliográfica de su estado actual GESCIT entre los estudiosos de la ciencia, para estudiar los grupos científicos, los cuales, lejos de ser homogéneos, están formados por minorías y mayorías que se influyen mutuamente. A pesar de este acuerdo, las dos líneas se han diferenciado en el enfoque: mientras que la línea europea se ha centrado más en el papel de la minoría y en el conflicto que provoca, la americana ha puesto su énfasis en la mayoría y en el mantenimiento del consenso (Rosenwein, 1994). Un tema de preocupación común es la resistencia por parte de los científicos a aceptar las propuestas innovadoras de una minoría (Kuhn, 1970; Planck, 1949; Hull et al, 1978; Simonton, 1988; Wolpert, 1992). Sin embargo, hay autores que no ven tan negativa esta resistencia, considerándola una forma de espíritu crítico que favorece el avance de la ciencia (Raup, 1986; Campbell, 1979). Moscovici (1993) intentará entender la creatividad e innovación en ciencia, así como a los procesos ligados a la aceptación de nuevas teorías a partir de procesos de conversión pro influencia mayoritaria. Moscovici (1993) propone que la minoría y la mayoría se rigen por procesos psicosociales distintos, mientras que otros autores no consideran adecuado mantener esta diferenciación como un a priori (Kruglanski and Mackie, 1990; Rosenwein, 1994; Anonymous, 1991). Rosenwein, para comprender la influencia de la minoría, propondrá aplicar los estudios existentes sobre características de la fuente, como la credibilidad, la constancia, elestilo de comportamiento, la rigidez (Papastamou & Mugny, 1985; Campbell, 1961; Levine, 1989; Kruglanski & Mackie, 1990; Levine & Russo, 1987; Moscovici, 1985; Maass, West & Cialdini, 1987; Chaiken & Stangor, 1987). Procesos de Comparación social Influenciados por las propuestas de Khun (1970) sobre los paradigmas, y más concretamente, la teoría de la comparación social de Festinger (1954), encontramos una interesante (?) línea de investigación sobre procesos de comparación entre los/as científicos/as. Lodahl & Gordon (1972) encontraron que un paradigma bien desarrollado favorece ciertas tomas de decisiones y ciertas acciones en la teorización y la investigación, mientras que en un paradigma poco desarrollado hay incertidumbre y falta de consenso. Partiendo de este trabajo, Suls y Fletcher, (1983), hipotetizan que dado que en las ciencias sociales la situación paradigmática es menos madura que en las ciencias naturales, los criterios, valores y normas a seguir en las ciencias sociales estarán menos definidos, situación que hará incrementar los procesos de comparación social respecto a las ciencias naturales. Esta hipótesis parece corroborarse. Esta diferencia de madurez paradigmática entre las ciencias naturales y las sociales, que revierte en una diferencia en la definición de criterios, parece tener consecuencias en otros procesos, tales como las redes comunicativas (Zuckerman y Merton, 1971; Crane, 1972; Nelson y Pollack, 1970), el proceso de selección de artículos en las revistas (Beyer, 1980; Smigel, & Ross, 1970; Zuckerman & Merton, 1971; Pfeffer, Leong, and Strehl, 1977; Yoels, 1974) y la atribución de méritos a los científicos/as (Cole, Rubin and Cole, 1977; Zuckerman, 1979). Una de las principales aportaciones de la psicología social francesa es el estudio de la diferenciación social en la comunidad científica, destacando las aportaciones de Lemaine (Lemaine y Matalon, 1969; Lemaine, 1980; Lemaine, 1984). En estos trabajos, defendieron que los procesos que sustentan la ciencia entedida como sistema social son la competición -obtener resultados satisfactorios antes que Athenea Digital - núm. 11: 161-208 (primavera 2007) -MATERIALES169
La psicología social de la ciencia: una revisión bibliográfica de su estado actual GESCIT de investigación por parte de los/as científicos/as6 (de Sola Pool, 1979; Glynn, 1978; Seiler & Murtha, 1980; Cann & Rothman, 1984; West & Gunn, 1978). También se le ha criticado que, si bien valora los costes y utilidad de la investigación, no tiene en cuenta los costes de no hacerla (Rosenthal & Rosnow, 1984). Además, a pesar de que estos comités sólo deberían valorar los proyectos en base al daño físico o psicológico que pueden sufrir los sujetos que en ellos participan (Stanley, & Sieber, 1992), se ha detectado que las valoraciones a menudo reflejan cuestiones sociopolíticas, hecho que está explícitamente prohibido por orden federal (Ceci, Peters, Plotkin, 1985). En la misma línea, Rosnow, Rotheram-Borus, Ceci, Blanck & Koocher, (1993) advierten de la expansión de funciones que los IRB están experimentando en las últimas dos décadas, lo cual hace urgente limitar su poder, bien sea confeccionando libros con estudios de casos analizados y comentados guiar la actuación de los comités, bien sea estableciendo guías para la evaluación de las propuestas (Prentice & Antonson, 1987), bien sea estableciendo algún procedimiento de evaluación del propio proceso (Cowan & Adams, 1979; Hershey, 1985). En Europa, Schuler (1980, 1981) informa que algunas asociaciones psicológicas han elaborado (guidelines) relacionadas con el uso de sujetos humanos Inconsistencia en las decisiones éticas Las decisiones tomadas por los comités IRB han resultado ser muy variables en cuanto a los criterios utilizados (Ceci et al , 1985; Prentice & Antonson, 1987; Williams, 1984), creando una sensación no sólo de inconsistencia, sino también de injusticia (Rosenthal & Blanck, 1993). A pesar de que algunos miembros de estos comités argumentan que sus decisiones podrían estar reflejando las variaciones propias de criterios y normas locales (Valdiserri, Tama & Ho, 1988), muchos autores atribuyen estas variaciones a factores personales: los investigadores difieren de forma sistemática en las manera en que formulan y evalúan los principios éticos (Hamsher & Reznikoff, 1967; Kimmel, 1991; Ceci et al, 1985; Kallgren & Kenrick, 1990; Schlenker, & Forsyth, 1977); Thomas & Quinn, 1991), de manera que las decisiones éticas parecen estar influenciadas por características individuales de los científicos/as, como valores, actitudes, carácter y experiencias previas. Kimmel, (1991) considera este resultado como coherente con la visión más subjetiva de la ciencia que hacen algunos autores/as (Mitroff, 1974, Homans, 1978). Igualmente, se ha estudiado como los factores más extracientíficos pueden influir en las decisiones éticas respecto la investigación (Ceci, Peters & Plotkin, 1985; Kallgren & Kenrick, 1990; Schlenker & Forsyth, 1977). Sieber, una autora que se ha dedicado a estudiar las cuestiones éticas en sus múltiples facetas, propone estudiar las respuestas colectivas e individuales a los temas éticos en la ciencia, para augmentar nuestra comprensión y capacidad de intervención en los problemas éticos que surgen en nuestra práctica investigativa. Para ello, aporta un modelo con una perspectiva evolutiva, de nueve etapas (Sieber, 1994) que permite estudiar el proceso de socialización en cuestiones éticas que sufre la comunidad científica. 6 Por ejemplo, West and Gunn (1978) advierten que unos criterios éticos muy rígidos sesgan los temas de investigación hacia el estudio de aspectos neutrales o positivos, nunca negativos, de la conducta humana, sesgo que podría ser problemático en el caso de los comités éticos y de los editores de revista. Athenea Digital - núm. 11: 161-208 (primavera 2007) -MATERIALES176
La psicología social de la ciencia: una revisión bibliográfica de su estado actual GESCIT Gergen (1973) cuestiona seriamente los códigos elaborados por el APA, En primer lugar, estos códigos imponen ciertas restricciones a los investigadores sin haber comprobado realmente si las acciones prohibidas tienen los efectos perniciosos que se les suponen. Pero su principal crítica es que todos estos códigos reflejan y objetivan unos valores morales occidentales, que a pesar de depender de nuestro contexto histórico, son presentados como universales. Contexto organizacional de la investigación científica Levy-Leboyer & Pineau (1981) han estudiado el logro de éxitos en la investigación científica, concretamente, en la investigación biomédica. Su trabajo evidencia que la calidad de resultados obtenidos está relacionado con el tipo de organismo que mantiene el centro de investigación, así como con el estilo de liderazgo, dependiendo este último de la diversidad de estatus entre el personal del centro, del tamaño del laboratorio, y el campo de investigación. Los autores insisten en la necesidad de realizar este tipo de estudios centrándose en un campo específico, ya que los resultados varían y se matizan en función del ámbito científico. Esta especificidad contextual ya había sido detectada por Shinn (1980), quien, asumiendo una visión heterogénea y dinámica de la ciencia, halló relación entre la división del saber y la especificidad de estructuras organizacionales en el seno de la ciencia. Así, la investigación en química se realiza en el seno de estructuras mecánicas, la física en estructuras orgánicas y la informática, en estructuras permeables, lo que significa que cada disciplina va acompañada de un mecansismo de autoridad, de una jerarquía, específicos. El origen de esta especificidad no parece ser ni el tamaño del laboratorio ni las fuerzas del mercado. Más bien, podrían ser debidas al proceso intelectual y materiales requeridos por cada disciplina, o bien por la socialización recibida en la educación académica. Estas distintas estructuras organizativas tienen correlatos en las actitudes, niveles de actividad y otros procesos de los científicos, influyendo, en el caso de la investigación en las universidades, en los procesos de enseñanza, investigacion y relación entre alumnos, profesores y facultad (Lodahl & Gordon, 1972). Esta especificidad contrasta con otras propuestas más generales, como por ejemplo la de Kadushin (1966), quien creía que el círculo social era la estructura que mejor describía la organizacion social de una área de investigación, o la de Harrison (1974), apostaba por el modelo orgánico de Burns & Stalker, en el que la jerarquía no está tan basada en posiciones y rangos de sus miembros, como en su conocimiento y capacidades, y se da más participación en el establecimiento de objetivos y en la toma de decisiones, hecho que favorece una mayor implicación de los miembros. Cuestiones retóricas y lingüísticas Algunos autores han estudiado las características retóricas de los textos científicos, y cuáles son sus efectos. En dichos textos, el lenguaje no puede llamar la atención en sí mismo, debe seguir una retórica de la objetividad (Dillon, 1991, Gross, 1990, 1991). Así, Gergen (1989) muestra cómo ciertos usos lingüísticos (recursos de distanciamiento, verbos en pasiva, frases impersonales que ocultan la presencia del/la autor/a, eliminación de toda referencia afectiva,...) refuerzan la metateoría empiricista, la objetividad de la descripción científica, que parece tener en la realidad su fundamentación última. En la misma línea, Ibáñez (1995) ha denunciado los efectos normativos que produce esta ‘Retórica de la Verdad’. Athenea Digital - núm. 11: 161-208 (primavera 2007) -MATERIALES177
La psicología social de la ciencia: una revisión bibliográfica de su estado actual GESCIT Mulkay (1993) detecta cómo, ante el crecimiento del conocimiento científico y de la tecnología, surgen dos retóricas morales confrontadas: la de la esperanza y la del miedo, ambas con efectos en las políticas científicas. La de la esperanza es un marco interpretativo bastante común, en el que se ve a la ciencia como un medio de mejorar la calidad de vida y bienestar de la humanidad. La segunda aparece cuando la ciencia entra en polémica con algún valor social, y presenta la ciencia como una violación de las tendencias naturales de la vida, creadora de monstruos y atrocidades. Michael (1992) analiza cómo los discursos sobre peligro y riesgos en ciencia construyen las propias nociones de ciencia, naturaleza y sociedad, así como las relaciones entre ellas. Gusfield (1976) aplica la metáfora literaria a los artículos científicos. Utiliza procedimientos de la crítica literaria para estudiar cómo se da legitimidad científica a los enunciados sobre hechos, y cómo la formulación literaria de estos hechos posibilita al mismo tiempo que se lleven a cabo ciertas acciones y políticas. es traducida a prescripciones retóricas para posibilitar ciertas acciones. También Funkhouser & Maccoby (1971, 1974) han estudiado los efectos de las manipulaciones en el estilo y la retórica de escritos científicos en una audiencia tanto de profesionales científicos como de personas sin esa formación, encontrando que se retiene más información si los textos utilizan ejemplos, se disfuta más el texto si contiene vocabulario simple y poco especializado, que la actitud ante el objeto del texto mejora si se menciona su aplicabilidad práctica, siendo todos estos efectos mayores en una audiencia no especializada. Recientemente ha empezado a merecer atención el estudio de los distintos estilos retóricos que se pueden encontrar en diferentes disciplinas (Bazerman, 1981; MacDonald, 1992; Berkencotter, Huckin & Ackerman, 1988; Todorow, 1990), lo que se ha venido en llamar comunidad discursiva (Bizell, 1986). Varios autores han puesto de manifiesto cómo las características que definen la comunidad discursiva de la psicología son en gran parte impuestas por la APA, el “estilo APA” (Gelfand & Walker, 1990a). Este estilo no se limita simplemente a indicar guías de presentación, sino que incorpora una variedad de prácticas inarticuladas que reflejan actitudes y valores fundamentales de los psicólogos y las psicólogas, que acaban siendo asumidos por los mismos al acogerse a la normativa APA (Madigan, Johnson & Linton, 1995; Scinto, 1989). Por el tratamiento que la APA da al lenguaje, puede decirse que lo considera como un simple comunicador de datos, como si los informes sólo trataran con fenómenos y datos, y no con lenguaje (Bazerman, 1988), lo cual no sucede en otras diciplinas como las humanidades, en donde el estudio de la retórica es inseparable del propio objeto del artículo (Fish, 1990). En los artículos empíricos publicados es donde mejor se plasma esta normativa (Bazerman, 1987). La estructura de los artículos es la de un esquema de una historia (Mandler, 1983), que transmiten una imagen lógica, linear y secuencial que nos llevan desde la presentación del problema, la recogida de los datos y la discusión que pretende hacer una nueva contribución. A pesar de haberse puesto en evidencia que la elaboración de los trabajos de investigación y artículos raramente coincide con este esquema racional (Skinner, 1956, Gilbert & Mulkay, 1984; Knorr-Cetina, 1981), pero lo importante es que este esquema en forma de historia acaba favoreciendo una aproximación empírica a la psicología (Hilgard, 1987; Lehman, Lempert & Nisbett, 1988; Toulmin & Leary, 1985; Madigan, Johnson & Linton, 1995 ). Athenea Digital - núm. 11: 161-208 (primavera 2007) -MATERIALES178
La psicología social de la ciencia: una revisión bibliográfica de su estado actual GESCIT Se han detectado otras diferencias en psicología respecto de otras disciplinas: a) la crítica se centra más en los procedimientos empíricos que en los investigadores en tanto que individuos (Madigan, Johnson & Linton, 1995; Myers, 1990); b) las conclusiones teóricas que se derivan de los datos a menudo son matizadas diciendo que se precisa de más investigación empírica (Madigan, Johnson & Linton, 1995) -matizaciones que también se imponen en el proceso de revisión que pasan los artículos para poder ser publicados (Myers, 1990; Bradley, 1981, 1982); c) en psicología, son más abundantes las referencias que parafrasean las aportaciones de otros/as autores/as que no las citas directas (Myers, 1990; Berkencotter & Huckin, 1993). Todas estas diferencias, incentivadas por el APA, contribuirían a dar una imagen de la psicología como una empresa empírica, acumulativa y colaborativa. Relación ciencia-sociedad Varios autores han hecho incapié en la relación existente entre la ciencia en tanto que institución y la sociedad. Así, temas como la necesidad de financiación económica, la intervención y regulación por parte de los gobiernos de la actividad científica, los argumentos justificatorios de los propios profesionales científicos, etc. han sido discutidos. Daniels (1967) daba cuenta de la doble retórica en la comunidad científica a la hora de justificar su actividad. Por un lado, en el seno de la propia comunidad, la ciencia se justifica en sí misma, por el interés intrínseco de la búsqueda de conocimiento; sin embargo, para obtener apoyo y financiación por parte del público y las instituciones, la necesidad de continuar la investigación científica se argumenta en base a criterios utilitarios, en tanto que el conocimiento obtenido puede ser de utilidad para la humanidad. Este tipo de argumentos serían necesarios según el autor en una sociedad democrática, para justificar por qué un grupo de profesionales gozan de presupuestos y posiciones privlegiados. Esta doble argumentación lleva a una especie de ‘esquizofrenia’ que se sigue manteniéndo dados los buenos resultados que la visión utilitarista está reportando a la institución científica. Deustch (1969) destaca la necesidad de que los/as científicos/as asuman la responsabilidad ética sobre las consecuencias y usos que se desprenden de los conocimientos elaborados. Reclama compromiso para con los valores y bienestar humanos. Bevan (1980), detecta cambios en la sociedad con respecto a la actitud tomada hacia la ciencia: en comparación con los años 50 y 60, la financiación y presupuestos dedicados a la investigación están experimentando una disminución en sus incrementos, mientras que augmenta la intervención, evaluación y control por parte del gobierno. Al mismo tiempo, disminuye la aceptación acrítica por parte de la población general de las decisiones tomadas por científicos, y pide tener voz en algunas de estas decisiones. El autor reclama que la sociedad científica deje de lamentarse, tome conciencia de los cambios en la sociedad, así como de sus intereses en tanto que grupo, para poder posicionarse y actuar respecto estos cambios. Horowitz (1990) evidencia que la actividad científica debe pensarse desde la ‘multiple partnership’, es decir los íntimos vínculos entre universidades, agencias, fundaciones y el gobierno. Al mismo tiempo, llama la atención hacia cómo la financiación científica depende de factores humanos que se ponen en juego cada vez que un científico asume la función de pedir financiación, becas,... Athenea Digital - núm. 11: 161-208 (primavera 2007) -MATERIALES179
La psicología social de la ciencia: una revisión bibliográfica de su estado actual GESCIT Lerner (1978) advierte que la Justicia de EEUU está empezando a tratar los estándards de varias asociaciones como fuente de autoridad para resolver cuestiones técnicas y psicométricas. La autora advierte que dichos estandards deberían responder solamente a preferencias científicas, y no políticas. A pesar de la dependencia que la investigación científica y tecnológica tiene, directa e indirectamente, del Estado, las relaciones entre ciencia, política y Estado han sido escasamente estudiadas. Hay algunas excepciones, que podemos agrupar en dos líneas. En una, el acento está en los científicos como actores y grupos de interés, analizando cómo los científicos consiguen recursos (p.e., Kevles, 1971; Leslie, 1993; Kleinman, 1995); la segunda línea se ocupa del papel de los asesores científicos en las políticas y decisiones públicas, centrándose en cómo el conocimiento otorga poder a los científicos que frecuentemente sirve para la legitimación de las decisiones públicas (p. e., Jasanoff, 1990; Smith, 1992; Barker y Peters, 1993). Encontramos también el trabajo de Solingen (1996) analiza las modalidades de relaciones entre las diversas formas de Estados modernos y las comunidades científicas. En su explicación, construida a partir de un análisis comparativo, las formas de la interacción se relacionan con la naturaleza interna de los sistemas político-económicos nacionales y con su posición militar o comercial, en la arena internacional. Susan Cozzens (1996) analiza dos maneras de conceptualizar las relaciones entre ciencia y gobierno. En los clásicos (Merton, 1938; Ben-David. 1971) la ciencia tiene autonomía en su labor de producción de conocimiento, cuyo éxito depende de la aplicación de un ethos, con una dinámica básicamente internalista. La concepción contraria (Dickson, 1984; Restivo, 1988a) presenta la ciencia como una herramienta en manos del poder, del militar o del económico. Cozzens presenta una visión integradora de los aspectos más interesantes de ambas concepciones, de modo que a pesar de que no vee la ciencia como condicionada completamente por las instituciones que la financian, tampoco puede decirse que el poder, la economía y la política sean externas a la actividad científica. Al contarrio, Cozzens muestra como los laboratorios constituyen verdaderas fuerzas políticas y económicas. Crawford (1996) analiza el papel que las relaciones científicas internacionales -en parte liderada por las universidades y sociedades científicas-, han tenido sobre la actividad científica, tanto la nacional como la internacional, a pesar de que en estas mismas relaciones internacionaels puede percibirse la tensión entre competencia y cooperación propia de la actividad científica. A pesar de la dependencia que la investigación científica y tecnológica tiene, directa e indirectamente, del Estado, las relaciones entre ciencia, política y Estado han sido escasamente estudiadas (SanzMenéndez & Santesmases, 1996). Discusión Como se señaló en la introducción, la psicología social de la ciencia surge con la finalidad de aplicar las teorías y métodos psicosociales al estudio conceptual y empírico de la actividad científica en un contexto social. Efectivamente, después de revisar las principales aportaciones al campo, hemos podido comprobar que los trabajos de esta prometedora subdisciplina trazan un recorrido por casi todos los temas clásicos de la psicología social. Athenea Digital - núm. 11: 161-208 (primavera 2007) -MATERIALES180
La psicología social de la ciencia: una revisión bibliográfica de su estado actual GESCIT Los diversos estudios realizados son muchos y heterogéneos, pero sin embargo, es común a todos ellos una concepción de la psicología social convencional. Una concepción, creemos, que restringe y reduce innecesariamente el propio concepto de lo social: lo social sería una simple influencia contextual que incidiría en las personas modificando su conducta. Encontramos aquí la idea de lo social como una simple capa de barniz que afectaría a la persona y a su actividad -en este caso al/la científico/a y su producción científica. En definitiva, los trabajos realizados hasta el momento en esta subdisciplina, salvo excepciones, son coherentes con la psicología social ‘mainstream’, de fuerte influencia estadounidense, cuantitativa y de corte individualista. No obstante, esta no es la única psicología social posible, y por lo tanto, la única psicología social posible de la ciencia y del conocimiento. Otros enfoques más abiertos, en una orientación más crítica, y con un sentido transdisciplinar, tendrían también cabida en una psicología social de la ciencia. 1) Aproximación microsociológica. Los estudios realizados hasta ahora se han abordado básicamente nociones generales y procesos globales. Sería interesante emprender estudios con un enfoque más micro, sin por ello limitarse a una visión empiricista y cuantitativa. Un ejemplo de lo que proponemos serían los estudios de laboratorio que se vienen realizando desde la sociología del conocimiento científico (Knorr-Cetina, 1981, 1983; Latour y Woolgar, 1988; Latour,; Law, 1994; Callon, 1986; Lynch, 1993; Shapin & Shaffer, 1985). La misma metodología permite también focalizarse en los procesos psicosociales, como venimos comprobando en la experiencia que nuestro equipo está llevando a cabo en un laboratorio de biología. 2) Aproximación a la retórica de la argumentación. Desde esta perspectiva se estudia cómo se contruyen artefactos, cómo la retórica científica crea lo verdadero y lo falso, lo real y lo irreal. En este sentido encontramos interesantes estudios de las publicaciones científicas (Tomás; Gergen, 1989; Gilbert & Mulkay, 1984; Potter & Mulkay, 1985 ). También existen diversos trabajos que evidencian la doble retórica de los/las científicos/as según su público sean otros/as colegas en situación de trabajo o legos/as en un ámbito público (Latour, 1992; Daniels, 1967). 3) Deconstrucción de la práctica científica como una práctica privilegiada, tal como ya hizo Feyerabend (1976). Un aspecto interesante de este enfoque es el mostrar cómo en la ciencia encontramos aquellos aspectos comunes a toda práctica. De este modo se ve como como, lejos de ser una empresa elevada, exclusivamente intelectual y superior a las demás, la actividad científica es tan material y mundana como las demás. La tradición de la etnometodía de Garfinkel y sus seguidores está dando muy buenos resultados (Garfinkel, Lynch & Livingston, 1981; Lynch, 1982, 1985, 1991, 1993;). En contraposición a la exaltación del conocimiento científico como único conocimiento válido encontraríamos la apuesta por una ‘democracia de saberes’. 4) En la tradición foucaultiana y de la sociología del conocimiento científico, diversos trabajos se dirigen al estudio de las relaciones de poder que atraviesan toda la actividad científica, así como la ciencia como dispositivo de poder-saber (Foucault, 1975; Law, 1986a, 1986b, 1991). En relación con la anterior, y a partir del desenmascaramiento del entramado de poder/saber, sería ineresante estudiar qué formas de resistencia al poder científico son posibles en nuesta sociedad actual, así como cuales son sus efectos. 5) Desmitificación de la realidad como criterio de verdad. Se recogerían aquí los trabajos de aquellos filósofos que han cuestionado la idea de la verdad como correspondencia con la realidad (Wittgenstein, 1953; Rorty, 1979; Ibáñez, 1994; Kuhn, 1970). 6) Recuperar el concepto de pensamiento colectivo. La mayoría de los trabajos aquí revisados presentan la ciencia como el fruto de la actividad mental de unas cuantas personas que supuestamente razonan distinto que el/la lego/a, de modo que lo social sólo vendría a añadirse a este pensamiento en un segundo momento, ya sea distorsionando los procesos cognitivos con los bien conocidos sesgos, ya sea modificando la expresión de las ideas. La propuesta que hacemos es la de superar este individualismo esencialista, considerando la ciencia como Athenea Digital - núm. 11: 161-208 (primavera 2007) -MATERIALES181
La psicología social de la ciencia: una revisión bibliográfica de su estado actual GESCIT pensamiento colectivo, compartido y producido en y por una comunidad (Wittgenstein, 1953; Gergen, 1994; Sampson, 1977; Kuhn, 1970). Ampliar la perspectiva de la psicología social de la ciencia para incluir visiones alternativas no podría más que redundar en beneficio de la apertura y pluralidad de ideas que tanto reclama la ciencia. Este proyecto se anima por tanto en un intento de aunar los conocimientos y las prácticas que se han elaborado bajo el amparo disciplinar de la "psicología social de la ciencia", con aquellos que se han producido en territorios disciplinares conexos como la sociología del conocimeinto científico. Y confiamos así en poder colaborar desde la perspectiva que nos da la psicología social en un nuevo territorio más basto y de "geografía informe" como el de los estudios sociales de la ciencia y la tecnología. REFERENCIAS ADAIR, R.K. (1981). Anonymous refereeing. Physics Today, 34, 13-15. AIKENHEAD, G. S. (1985). Collective Decision Making in the Social Context of Science. Science Education, 69 (4), 453-475. ALLIGER, G. M. and HANGES, P. G. (1983). Objectivity and Science: Reply to Kukla. Journal of Personality and Social Psychology, 47 (3), 676-679. ANNAS, G.J. (1988). Not saints but healiers: The legal duties of health care professionals in the AIDS epidemic. American0 Journal of Public Healthe, 8, 844-849. APPELBAUM, P.S. & ROSENBAUM, A. (1989). Tarasoff and the researcher: does the duty to protect apply in the research setting? American Psychologist, 44, 885-849. BARBER, B. (1952). Science and the Social Order. New York: Collier. BARBER, B. (1961). Resistance by Scientists to Scientific Discovery. Science, 134, 596-602. BARKER, A. & PETERS, B.G. (Eds.) (1993). The Politics of Expert Advice. Pittsburgh: University of Pittsburgh Press. BARNETT, A.H.; AULT, R.W. & KASERMAN, D.L. (1988). The rising incidence of co-authorship in economics: Further evidence. Review of Economics and Statistics, 70, 539-543. BARON, R.A. (1981). The “Costs of deception” revisited: An openly optimistic rejoinder. IRB: A Review of Human Subjects Research, 3, 1, 8-10. BARON, J. & HERSHEY, J.C. (1988). Outcome bias in decision evaluation. Journal of Personality and Social Psychology, 54, 569-579. BAUMRIND, D. (1964). Some thoughts on ethics of research: After reading Milgram’s “Behavioral study of obedience”. American Psychologist, 19, 421-423. BAUMRIND, D. (1971). Principles of ethical conduct in the treatment of subjects: Reaction to the draft report of the Committee on Ethical Standards in Psychological Research. American Psychologist, 26, 887-896. Athenea Digital - núm. 11: 161-208 (primavera 2007) -MATERIALES182
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