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Tradición y renovación en la geografía humana ambientalista

Saurí i Pujol, David

Abstract

En partie à cause des pressions sociales et académiques, le problème de l'environement reprendde l'importance en géographie humaine après trois décennies oh elle a occuré une place secondaire dans la discivline. Cet article passe en revue les courants environnementalistes classiques en géographie humaine mais aussi certaines contributions récentes les plus significatives dans ce domaine de recherche. Le but de cet article est de susciter un plus grand intéret de la part de la communauté géographique pour ce qui est probablement un des défis les plus importants qui se posent i l'humanité dans les prochaines décennies.

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DOCUMENTS D'AN~.,ISI GEOGRAFICA 22,1993, pp. 139-157 Tradición y renovación en la geografia humana ambientalista David Saurí Pujol* Résumé /Absti-act / Resumen /Resum En partie h cause des pressions sociales et acadérniques, le problkme de 19env&onnement reprendde l'importance en géographii humaiie aprks trois décennies oh elle a occu~é une vlace secondaire dans la discivline. Cet article passe en revue les courants environnementalistes classiques en géographie humaine mais aussi certaines contributions récentes les plus significatives dans ce domaine de recherche. Le but de cet article est de susciter un plus grand intéret de la part de la communauté géographique pour ce qui est probablement un des défis les plus importants qui se posent i l'humanité dans les prochaines décennies. Partly because of social and academic pressures, environmental issues are gaining strengh again in Human Geography after more than three decades of filling a rather marginal position within our discipline. This article reviews traditional environmental geography as well as some of the recent and more significant contributions to this field of research, with the objective of raising the interest of the community of geographers towards what is likely the most important challenge to be faced by humanity in the next decades. En parte por presiones sociales y académicas, la cuestión medioarnbiental cobra nuevamente fuerza en geografia humana después de casi tres décadas de ocupar un lugar secundari0 en nuestra disciplina. El presente articulo revisa la corriente medioambientalista clásica en geografia humana, asi como algunas de las contribuciones recientes m6s significativas en este ámbito de * Departament de Geografia. Universitat Autbnoma de Barcelona investigación, con el fin de suscitar un mayor interés por parte de la comunidad geográfica hacia el que probablemente sea el reto mis importante que tiene planteado la humanidad para las próximas decadas. En part per pressions socials i acadkrniques, la qüestió del medi ambient torna a prendre forc;a de nou dins el camp de la geografia humana després de gairebé tres dkcades d'ocupar un lloc secundari dins de la nostra disciplina. El present article revisa el corrent ambientalista cliissic en geografia humana, així com també algunes de les contribucions recents més significatives en aquest hmbit de recerca, amb la finalitat d'incrementar l'interks per part de la comunitat geogrhfica envers el que probablement sigui el repte més important que tingui plantejat la humanitat per a les dkcades properes. La década de 1980 se ha caracterizado por una profunda transformación del espacio mundial cuyas consecuencias en el ámbito disciplinar de la geografia humana se han manifestado en la renovación de temáticas tradicionales de estudio y en la aparición de un conjunt0 de ccnuevas geografiaw que se interesan por dimensiones de la actividad humana antes olvidadas (Garcia Ramon, 1989; Bosque Maurel, 1992). La cuestión medioambiental, cada vez más planteada como el reto fundamental para la humanidad del siglo próximo, no ha escapado a esta atmósfera de renovación. Asi, numerosos geógrafos insisten actualmente en el potencial que tiene la disciplina para acoger la integración de conocimientos requerida para comprender adecuadamente las causas y posibles soluciones a la denominada ((crisis ecolÓgica>> actual (Brookfield, 1989; Kates, 1987; Macmillan, 1989; O'Riordan, 1989; Simmons, 1990; Turner, 1990; Watts, 1989). Sin embargo, la realización de este potencial puede verse lastrada por la insuficiente atención prestada a 10s temas medioambientales durante las últimas décadas desde la geografia humana. Efectivamente, la tradición que concebia la geografia como la ciencia que se ocupa de estudiar las relaciones entre el <(hombren y el medio, tan importante en el pasado, entró en una fase clara de decadencia a partir de 10s años sesenta, situándose en una posición subordinada frente al análisis espacial, fuera este último de corte teorético- TRADICI~N Y RENOVACI~N EN LA GEOGRAF~A HUMANA AMBIENTALISTA cuantitativo, radical o humanístico. Para algunos autores, la pérdida de influencia del enfoque ambientalista puede explicarse por la consolidación de otras ciencias mejor preparadas para el estudio de 10s factores naturales (Capel, 1981). Pero también podrían aducirse otros motivos, como la progresiva adscripción de la geografia humana al grupo de las ciencias sociales -bastante beligerantes con todo 10 que hiciera referencia a posibles influencias naturales en el devenir de las sociedades humanaso, relacionado con 10 anterior, el escaso relieve otorgado a las cuestiones ambientales por parte de las disciplinas científicas más influyentes en la evolución reciente de la geografia humana. La precarización de la tradición ambientalista durante 10s aiios sesenta coincidió, por otra parte, con la que podríamos denominar uprimera ala>> de 10s movimientos sociales preocupados por el medio ambiente, especialmente en los paises anglosajones. El hecho de que la geografia se mostrara incapaz de suministrar la cobertura intelectual a este movimiento suscitó fuertes críticas entre 10s escasos geógrafos que seguim investigando en cuestiones ambientalistas (Hare, 1969; White, 1973). Para estos y otros muchos geógrafos, la disciplina no debería dejar escapar la segunda oportunidad que plantea la <<crisis ecolÓgica>> actual y sumarse decididamente al resto de comunidades cientificas interesadas por el medio ambiente. Esta aseveración supone un claro (y necesario) tema de debate para la geografia humana actual, debate que debería tener en cuenta la importante, aunque menoscabada, tradición ambientalista de nuestra disciplina, asi como el creciente número de aportaciones a este campo de estudio durante la última década por parte de geógrafos humanos. Resefiar, siquiera sucintamente, la línea ambientalista en geografia humana supondría, pues, un buen punto de partida para intentar establecer las bases de nuestra contribución científica al reto de la problemática medioambiental. El presente articulo pretende, en su primera parte, trazar brevemente el devenir de las aportaciones más significativas que han mantenido encendida la antorcha de un enfoque genuinamente geográfico en el estudio de las relaciones entre naturaleza y sociedad, aún a pesar de resultar progresivamente minoritarias dentro de la geografia humana. Como se verá, existe una continuidad en estos estudios que precede al determinismo ambiental y que, desde distintas Ópticas, empieza a ser recuperada a partir de la década de 1980, cuando el interés de la geografia humana por esta temática entra en una fase de renovación y expansión. Reconstruir una trayectoria largamente ignorada hasta hace poc0 no resulta tarea fácil en un ensayo de carácter limitado como éste. Por ello, únicamente se hará referencia a 10s autores que rnás se han distinguido en mantener viva esta geografia de corte ambientalista hasta la pasada década. En la segunda parte del articulo, se presentarán algunas de las líneas de investigación medioambiental en geografia humana, con una breve referencia a la situación de la geografia humana espafiola en este ámbito de estudio. DOCUMENTS D'ANALISI GEOGF~FICA, 22,1993 En su monumental estudio sobre la naturaleza y la cultura en el pensamiento occidental clásico y neoclásico, Clarence Glacken (1967) apunta tres preguntas fundamentales referidas a las relaciones entre naturaleza y humanidad, a las que el pensamiento religioso, filosófico y científic0 intent6 dar respuesta. La primera pregunta se centra en la influencia de un poder u organismo superior en la constitución de la Tierra como un planeta perfectarnente adecuado para el desarrollo de la vida orgánica, incluyendo la humana. La segunda pregunta incide en las influencias que el medio ambiente terrestre puede haber ejercido sobre el desarrollo histórico de las sociedades humanas. Finalmente, la tercera pregunta se refiere al proceso inverso: ¿de qué manera el <<hombre>> ha alterado las condiciones naturales desde que habita sobre la Tierra y cua ha sido la extensión de estos cambios sobre el medio natural? Estas tres preguntas han sido concomitantes al desarrollo de la geografia como ciencia desde al menos el periodo clásico. La primera de ellas dominó cronológicamente hasta la Ilustración dieciochesca (Urteaga, 1984). Esencialmente, se presuponía la existencia de una divinidad creadora bajo la cua1 10s seres humanos mejoraban la naturaleza en beneficio propio y también de esta última. La segunda pregunta empezó a formularse con nitidez tambiCn durante la Ilustración, por pensadores como, por ejemplo, Montesquieu, y daria lugar posteriormente al determinisme ambiental, el primer gran paradigma de nuestra disciplina. En cuanto a la tercera cuestión, que es la que nos interesa destacar aquí, también a partir del s. XXIII empiezan a manifestarse, junto con 10s elogios del progreso y del dominio de la humanidad sobre la naturaleza, ciertas apreciaciones sobre la interferencia humana en 10s equilibrios naturales. Un claro precedente en este sentido es el naturalista francés Count Buffon quien, aproximadamente un siglo antes que Marsh, ya trató de 10s cambios en las características físicas de la Tierra por la acción antrópica. Otro ejemplo, citado también por Glacken y por Urteaga, seria el del ingeniero francés Jean Antoine Fabre, quien estudi6 la influencia humana en la formación de torrentes y las modificaciones introducidas por esta influencia en 10s aportes líquidos y sólidos de 10s cursos fluviales. Como señala Glacken (op. cit., p. 704-705) hacia finales del s. xvIn, la idea del ser humano como modificador del medio iba tomando cuerpo entre algunos pensadores, aunque de una manera difusa, poc0 preocupada por aspectos filosóficos de estas interferencias y si, en cambio, por sus aspectos prácticos. En esta misma línea, un ejemplo interesante nos 10 proporcionan las investigaciones de Capel y Urteaga (ver Capel, 1989) sobre la naturaleza en la Espaíía de la Ilustración. Según estos autores, puede detectarse una clara actitud conservacionista en el pensamiento ilustrado peninsular con las mismas preocupaciones que las de TRADICI~N Y RENOVACI~N EN LA GEOGRAF~A HUMANA AMBIENTALISTA cualquier otra sociedad preindusírial: las amenazas directas de la intervención humana sobre el medio ambiente contra 10 que representaba el medio de subsistencia de la mayor parte de la población: bosques y suelos. Así, el programa económico y social de la Ilustración, con sus visos de racionalidad y progreso, incluía la conservación de la naturaleza como uno de sus puntos más destacados. Que la preocupación por 10s irnpactos humanos sobre el medio empezara a generalizarse en el siglo XVIII se encuentra probablemente relacionado con el persistente crecimiento demogrSico del siglo y la roturación de nuevos espacios agricolas, con el consiguiente aumento de la destrucción de la masa forestal y la precarizacidn de 10s suelos. Pero resulta conveniente insistir en que estas preocupaciones se manifestaban puramente a nivel de 10 que hoy podríamos denominar como gestión de 10s recursos naturales, es decir, a nivel aplicado y no de elaboración teórica. Habrá que esperar hasta 1864 para encontramos con el primer gran trabajo en esta línea, escrit0 por un autor que, sin embargo, no era geógrafo de formación. La obra pionera de George Perkins Marsh I Man and Nature, publicado en 1864, puede considerarse como la primera gran aportación de la geografia ambientalista que, paradójicamente, no se ocupó de las infiuencias del medio ambiente sobre la humanidad sino precisamente de todo 10 contrario. Pueden citarse varios antecedentes de Marsh, entre ellos el propio Humboldt y sus observaciones sobre la disrninución de aportes hídricos al lago Valencia de Venezuela o Mary Somerviile y sus advertencias sobre la propensidad destructora de la especie humana (Goudie, 1989). Sin embargo, Marsh fue el primer autor en esta línea que sistematizó y analizó con datos empíricos las transformaciones que las sociedades hurnanas han ejercido sobre sus entomos naturales. El objetivo de Marsh, pues, era indicar la tipologia y extensión de 10s cambios producidos por la acción antrópica sobre las condiciones físicas de la Tierra. Este autor estudi6 el fenómeno de la deforestación en su Vermont natal y, posteriormente, como embajador de 10s Estados Unidos en Italia y Turquia, pas6 a ocuparse de 10s irnpactos sobre el medio natural en el Viejo Mundo. Como Fabre, su investigación se centró en la dinámica fluvial resultante de la deforestación y la erosión en el mundo Mediterráneo. Marsh fue capaz de colegir 10s efectos de la desaparición de bosques y suelos sobre 10s aportes líquidos y dlidos de las corrientes fluviales, aunque también se preocupó por destacar aquellas adaptaciones humanas que habían resuelto eficientemente problemas como las inundaciones crónicas, la falta de aguas superficiales en 10s ambientes áridos o la adecuación de espacios para la agricultura mediante la bonificación (Goudie, 1989; Gregory y Walling, 1987). Quizá el aspecto más interesante de la obra de Marsh sea el de rechazar con vehemencia la posición de contemplar al ser humano como un ser a merced de la natura- DOCUMENTS D'AN~ISI GEOGRAFICA, 22,1993 leza. En una fase que podria resumir su ideario y que 10 convierte en un claro precursor del conservacionismo y del estudio de la infiuencia negativa de 10s seres humanos sobre el medio, señala que <c.. .It is not the earth that made man but man who made the ea.rth>> (Marsh, citado en Thomas, 1956). Reclus y Brunhes Elisée Reclus, el gran geógrafo anarquista, abundó también en la influencia humana sobre la vegetación, 10s suelos y la dinámica fluvial. El interés de Reclus por las cuencas fluviales como unidades ge~gr~cas fundarnentales ya se había manifestado en su obra Histoire d'un Ruisseau y, consecuente con su ideario político, no dudó en establecer una relación causal entre el sistema económico y social y la degradación del medio ambiente fluvial en Provenza y el Delfinado. Para Reclus, la causa de 10s desastres frecuentes ocasionados por 10s torrentes alpinos no radicaba tanto en un medio hostil como en la destrucción de 10s bosques por parte de especuladores ambiciosos y por campesinos ignorantes o necesitados. Reclus conocía la obra de Marsh, de la que había publicado un comentari0 en la Revue des Dem Mondes, y había mantenido correspondencia con el autor norteamericano (Dunbar, 1978; Vicente Mosquete, 1983). Sin embargo, y muy en la linea francesa, el geógrafo anarquista estimaba que las apreciaciones de Marsh enfatizaban demasiado el impacto negativo del hombre en detriment0 de las adaptaciones positivas al medio. A pesar de resaltar estos impactos negativos sobre el medio, Reclus se preocupó, mucho más que Marsh, por la adaptabilidad humana y las posibilidades del progreso cientifico para corregir las acciones más destructoras en 10s sistemas naturales. Con la excepción de Reclus, la Única figura relevante en la geografia francesa de principios de siglo que trató con cierta profundidad el tema de 10s impactos humanos sobre el medio ambiente fue Jean Brunhes. Brunhes habia realizado su tesis doctoral sobre el regadío en paises áridos, un tema clásico de relaciones entre civilización y medios naturales problemáticos (Brunhes, 1902). Pero este autor, posiblemente influenciado por su hennano Bernard, que habia achacado la sobreexplotación de 10s pastos en el Macizo Central Francés a la privatización de las tierras comunales (Martinez Alier, 1988), destaca, sobre todo, por ser uno de 10s pioneros en el tema que nos ocupa. Así, introdujo en su Géographie Humaine (Brunhes, 1910), un término acuñado por el geógrafo alemán Fiedrich en 1904, el ténnino Raubwirtshaji, o economia depredadora (Capel 198 1; Raumolin, 1984). Brunhes mencionó explícitamente como tema de estudio para la geografia humana la explotación destructiva del medio y la multiplicación de efectos negativos a partir de la devastación humana. Así, dir6 que <<en el mundo natural, las cosas dependen unas de las otras>>, anticipándose en casi cincuenta afios al aforismo que popularizm'an ecólogos como Barry Commoner. Pero TRADICI~N Y RENOVACI~N EN LA GEOGRAF~A HUMANA AMBIENTALISTA es sabido que Brunhes fue una figura bastante aislada en la tradición francesa, algo que puede observarse, por ejemplo, en sus escasas contribuciones a 10s Annales de Géographie, y sus propuestas, insuficientemente desarrolladas por 61 mismo, no hallaron mayor eco. Como señala Martínez Alier (1988), lo que podia haber desembocado en una <<geografia ecológica>> quedó sepultado bajo el peso de 10s postulados más humanistas, más preocupados por resaltar el lado positivo de la adaptación y transformación humana del medio ambiente, que dominaron la geografia regional francesa desde Vidal de la Blache hasta Max Sorre. Voeikov y Shaler Entre estos precursores de principios de siglo, cabe citar también 10s nombres de otros dos importantes geógrafos. El geógrafo fisico ruso Alexander Voeikov, con interés por la climatologia y la edafologia y que habia leido la obra de Reclus, realizó parte de sus investigaciones en las cctierras negras>> del chernozem ucraniano, de las que destacó 10s problemas asociados con 10s incendios de origen antrópico y la consecuente degradación y erosión del suelo (Voeikov, 1901; Thomas, 1956). En cierto sentido, su obra contempla 10s impactos humanos en un ambiente natural muy distinto al descrit0 por Marsh en el mundo mediterráneo, quien apenas se ocupó de las transformaciones humanas en medios templados. Nathaniel Shaler enseñaba geologia en Harvard durante el periodo de formación del paradigma davisiano en la citada universidad. En su obra Man and the Earth sale a relucir de nuevo la preocupación por las interferencias humanas con 10s procesos naturales. Utilizando un lenguaje que parece más de la década de 1980 que de principios del presente siglo, Shaler escribió que cc...we may be sure that those who look back upon us and our deeds from the centuries to come will remark upon the manner in which we use our heritage and theirs, as we are now doing, in the spend-thrift's way with no care for those to comen (Shaler, 1905). Si Marsh y Voeikov se habian preocupado, sobre todo, por resaltar 10s impactos humanos sobre el medio biótico, Shaler destacó el agotarniento de 10s minerales y la debilidad de la base de recursos para satisfacer las necesidades de una población en aumento. Lamentablemente, el estudio de estos nuevos problemas avanzados por Shaler no encontraria espacio en el restringido mundo davisiano (Koelsch, 1979). Existen algunos rasgos comunes en estos precursores de la aportación geográfica a la cuestión de la modificación humana del medio ambiente. En primer lugar, un énfasis en 10s impactos sobre el medio biótico (con excepción de Shaler) en el mundo europeo. En segundo lugar, y el10 resulta quizá más evidente en Reclus y Brunhes que en Marsh o Shaler, su fe en la especie humana que, si bien es capaz de 10 peor en la modificación de la naturaleza, también es capaz de mejorar el medio ambiente que le rodea, por ejemplo mediante el regadío. En tercer lugar, y ell0 es muy claro en 10s casos de Marsh, Voeikov y Shaler, encontramos una voluntad remarcable por el trabajo aplicado en la conservación del medio y sugerencias de gestión de este medio para su mejor aprovechamiento. Pero, por encima de todo, les une una posición marginal respecto al status quo de la geografía de la época. La obra de Marsh, por ejemplo, fue saludada con entusiasmo por parte de 10s conservacionistas norteamericanos y se ignoró casi por completo dentro de la comunidad geográfica hasta 1956. El aislamiento de las figuras anteriores dentro de la comunidad geogrUica podria achacarse a diversas causas. Por ejemplo, para el mundo anglosajón podríamos apuntar la progresiva fragmentación que empezaba a experimentar la geografia y, sobre todo, el dominio de las corrientes evolucionista~, que relegaban la actividad humana a un lugar secundari0 frente a 10s grandes mecanismos naturales de cambio, como el ciclo de erosión, la sucesión florística o la zonificación de suelos (Gregory y Walling, 1987). Para la geografia francesa, conocemos la escasa incidencia de Reclus, e incluso de Brunhes, en la esfera académica en comparación a las grandes figuras de la escuela regional. Todo el10 redundó en un notable olvido por parte de la comunidad de geógrafos humanos hacia el medio ambiente, que se veria amplificado por la valoración extremadamente negativa del determinismo ambiental a partir de la tercera década del siglo. Paisaje cultural y ecologia humana: Sauer y Barrows En el mundo geográfico anglosajón, 10s paradigmas que vinieron a sustituir al determinismo ambiental, la corologia de Hartshorne primer0 y la geografía teoréticocuantitativa después, fueron apartando progresivamente la cuestión medioambiental del centro de la actividad de 10s geógrafos. En Norteamérica, sin embargo, dos figuras, Car1 Sauer y Harlan Barrows, y sus seguidores, contribuyeron a mantener viva esta tradición ambientalista aunque desde perspectivas bastante diferentes. Las corrientes impulsadas por ambos cristalizarán en un conjunt0 de aportaciones que surnan buena parte de 10 que una geografia humana de corte ambientalista ha podido esgrimir en las décadas recientes (Manners y Mikesell, 1974). Tanto Sauer como Barrows intentaron buscar altemativas al determinisme ambiental, pero sus propuestas nunca alcanzm'an una posición dominante en la geografia norteamericana. El calificativo de cciconoclasta>> aplicado a Sauer y a la aescuela de Berkeleyn no resulta exagerado. Frente a la corologia Hartshorniana, Sauer impuls6 un enfoque decididamente diacrónico en el estudio del paisaje y mostró un interés especial por 10s cambios introducidos por 10s seres humanos en la flora y en la fauna (de ahí la insistencia en que sus estudiantes aprendieran botánica, por ejemplo). Por otra parte, a 61 se debe la reivindicación de la obra de Marsh y, probablemente, las primeras críticas contra un desarrollo a ultranza de 10s paises colonizados que no respetara adaptaciones tradi- TRADICI~N Y RENOVACI~N EN LA GEOGRAFÍA HUMANA AMBIENTALISTA cionales al medio. Asi, ya en 1938, en la comunicación presentada al Congreso de la UGI de Amsterdam, advertia contra el cambio económico y dern~gr~co en 10s trópicos impulsado por las potencias coloniales, señalando que 10s costes de este desarrollo se traducirían en un empobrecimiento actual y futuro de la Tierra (Sauer, 1938). La aportación más sobresaliente de Sauer y la Escuela de Berkeley a la cuestión de 10s impactos humanos sobre el medio ambiente fue su participación en un simposio interdisciplinari~ que, con el nombre de Man's Role in Changing the Face of the Earth, se celebró en la Universidad de Princeton en 1955 (Thomas, 1956). El mismo Sauer fue invitado a ejercer de ponente en la sesión dedicada a evaluar 10s impactos antrópicos sobre el medio en el pasado. Otros geógrafos de Berkeley, como Glacken, participaron también en el citado simposio, como 10 hicieron destacados geógrafos europeos, entre 10s que cabe citar a Darby (fundador de la escuela de geografia histórica de Cambridge), a Pierre Gourou, a varios geógrafos demanes y también al mismo Wittfogel, que entonces preparaba su conocida obra sobre el Despotismo Oriental. El volumen, que supera las mil páginas, está dividido en tres partes. En la primera se examinan las maneras por 10s cuales 10s seres humanos han cambiado la Tierra en el pasado. En la segunda, que constituye el grueso del libro, se pasa revista, de una manera muy prolija, a las modificaciones entonces recientes sobre el medio ambiente debido al crecimiento demográfico y a las actividades productivas. Por Último, la tercera parte se centra en la evaluación de 10s limites humanos y de la Tierra como <<morada del hombre>>. La contribución de Sauer al simposio empieza con un recuerdo para George Perkins Marsh y señala el tema del que se ocupará: la capacidad de la especie humana de alterar su medio natural, la manera de efectuar esta alteración y las consecuencias de ello. Se trata de efectos históricamente acumulativos, gobernados por 10s procesos físicos y biológicos que el ser humano pone en funcionamiento, inhibe o deflecta, y por las pautas en conductas culturales que diferencia un grupo humano de otros (Sauer, 1956, pág. 49). Sauer analiza 10s impactos humanos sobre el medio mediante una secuencia histórica que empieza por el fuego, continua con la domesticación de animales y plantas y sigue con el desarrollo urbano, todo el10 en el mundo antiguo. A continuación traza un desarrollo semejante para el Nuevo Mundo. Los Estados Unidos le asombran por la rapidez de 10s cambios inducidos por la actividad humana, especialmente en 10 que se refiere al consumo de recursos naturales en la agricultura. Se muestra especialmente crític0 con el trasplante mecánico de métodos y técnicas agrícolas al Tercer Mundo en menoscabo de las agriculturas tradicionales y acaba señalando que prudencia y moderación parecen imprescindibles para legar una Tierra en buenas condiciones a las generaciones futuras. Harlan Barrows y la escuela de la ecologia humana de Chicago (<<ecologia humana>> en un sentido diferente al de Park y Burgess) constituyeron también un enfoque atipico en la geografia anglosajona. Como Sauer, Barrows intent6 formalizar una con- DOCUMENTS D'AN~ISI GEOG~FICA, 22,1993 matica y 10s contenidos de una de las tradiciones mas importantes dentro de la disciplina geográfica. La progresiva postergación del medio ambiente en el seno de 10s principales paradigmas de la geografia humana, especialmente durante 10s últimos treinta años, puede dificultar la plena incorporación de la disciplina al resto de ciencias interesadas por las cuestiones medioambientales. Sin embargo, en tanto que ciencia interesada por describir y explicar las relaciones entre naturaleza y sociedad en distintos contextos territoriales e históricos, la geografia humana debe ocupar un lugar de primer orden en el estudio del medio ambiente. Asi se desprende de las contribuciones de geógrafos como Marsh, Reclus, Brunhes, Sauer, Barrows y asi empieza a esbozarse en 10s todavia relativamente escasos trabajos de 10s geógrafos humanos arnbientalistas durante la última década. La cada vez mayor urgencia de determinados problemas que surgen en el contexto de las relaciones entre naturaleza y sociedad exigida una mayor atención de 10s geógrafos humanos hacia estas cuestiones. Si el10 no es asi, nuestra disciplina se habra descolgado de uno de 10s mayores retos cientificos planteados para 10s años venideros. ALI^, M.A.; BRU, J. (en prensa), aL'Esquerda ecolbgica: residus industrials i Geografia Humana,, Documents d'Analisi Geogrhjca, 19-20. BAIRD, A. y otros (1975), Towards an Explanafion of Disaster Proneness, Bradford: University of Bradford, Disaster Research Unit. BARROWS, H.A. (1923), 4Geography as Human Ecologya, Annals of rhe Association of American Geographers, 13, p. 1-14 (Traducción española en Gómez Mendoza y otros (eds): El Pensamiento Geogrdfico. Madrid, Alianza, 1982). BECK, J.E. (1985), Environmental Determinism in 20th century American Geography. Reflections in Professional Joumals. Tesis Doctoral Inédita. 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