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Re-orient(ar) la historia : notas para una crítica euro/sinocéntrica

Beltrán, Joaquín

Abstract

El objetivo fundamental de la presente contribución consiste en revisar los principales rasgos de la producción del conocimiento sobre Asia Oriental, en general, y China, en particular, tanto en la academia occidental como en la no-occidental, especialmente en lo referido a la actividad historiográfica de los últimos siglos. Bajo los epígrafes Oriente en Occidente y Occidente en Oriente se aborda la evolución del papel desempeñado por estas construcciones en las respectivas zonas, señalando al orientalismo y al culturalismo como los principales parámetros del conocimiento. Los intercambios y las influencias mutuas han quedado oscurecidos por los paradigmas que surgen del pensamiento ilustrado y todavía dominan la producción científica. El énfasis y la exageración de las diferencias dificulta una aproximación más equilibrada basada en la constatación de las semejanzas como eje para la comparación y para la elaboración de unas ciencias sociales y humanidades menos euro/sino-céntricas. Reorientar la historia supone repensar y reconstruir el peso de Asia y de otras esferas nooccidentales en su propia especificidad y especialmente en su interacción continua con Occidente para ir más allá de su pretendido protagonismo mundial que todavía domina la narración histórica de nuestros días a pesar de las críticas en aumento.

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ORIENTATS-2006 ISSN 1696-4403 Joaquín Beltrán Resumen / Resum / Abstract http://seneca.uab.es/hmic 23 Re-orient(ar) la historia. Notas para una crítica euro/sinocéntrica1 Joaquín Beltrán (Grupo de investigación Interculturalidad de Asia Oriental, UAB) Resumen / Resum / Abstract El objetivo fundamental de la presente contribución consiste en revisar los principales rasgos de la producción del conocimiento sobre Asia Oriental, en general, y China, en particular, tanto en la academia occidental como en la no-occidental, especialmente en lo referido a la actividad historiográfica de los últimos siglos. Bajo los epígrafes Oriente en Occidente y Occidente en Oriente se aborda la evolución del papel desempeñado por estas construcciones en las respectivas zonas, señalando al orientalismo y al culturalismo como los principales parámetros del conocimiento. Los intercambios y las influencias mutuas han quedado oscurecidos por los paradigmas que surgen del pensamiento ilustrado y todavía dominan la producción científica. El énfasis y la exageración de las diferencias dificulta una aproximación más equilibrada basada en la constatación de las semejanzas como eje para la comparación y para la elaboración de unas ciencias sociales y humanidades menos euro/sino-céntricas. Reorientar la historia supone repensar y reconstruir el peso de Asia y de otras esferas nooccidentales en su propia especificidad y especialmente en su interacción continua con Occidente para ir más allá de su pretendido protagonismo mundial que todavía domina la narración histórica de nuestros días a pesar de las críticas en aumento. L'objectiu fonamental de la present contribució és revisar els principals trets de la producció del coneixement sobre Àsia Oriental, en general, i Xina, en particular, tant en l'acadèmia occidental com en la no-occidental, especialment pel que fa a l'activitat historiogràfica dels darrers segles. Sota els epígrafs Orient a Occident i Occident a Orient s'aborda l'evolució del paper exercit per aquestes construccions a les respectives zones, assenyalant l'orientalisme i el culturalisme com els principals paràmetres del coneixement. Els intercanvis i les influències mútues han quedat enfosquits pels paradigmes que sorgeixen del pensament il·lustrat i encara dominen la producció científica. L'èmfasi i l'exageració de les diferències dificulta una aproximació més equilibrada basada en la constatació de les semblances com a eix per a la comparació i per a l'elaboració d'unes ciències socials i unes humanitats menys euro/sino-cèntriques. Reorientar la història suposa repensar i reconstruir el pes d'Àsia i d'altres esferes no-occidentals en la seva pròpia especificitat i especialment en la seva interacció contínua amb Occident per anar més enllà del seu pretès protagonisme mundial que, malgrat les critiques en augment, encara domina la narració històrica dels nostres dies. The basic goal of the present contribution consists in revising the main features of the production of the knowledge on East Asia, in general, and China, particularly, so much in the occidental academy as in the notoccidental, especially on the historiographyc activity of the last centuries. Under the epigraphs Orient in West and West in Orient the evolution of the role had by these constructions in the respective areas, pointing to the orientalism and to the culturalism as the main parameters of the knowledge, is tackled. The exchanges and the mutual influences have remained darkened by the paradigms that rise up from the erudite thought and still dominate the scientific production. The emphasis and the exaggeration of the differences obstructs some more balanced approach based on the confirmation of the resemblance as axis for the comparison and for the elaboration of some social sciences and arts less euro/sino-centric. To reorient the history means to rethink and to reconstruct the weight of Asia and of other spheres not-occidental in his own specificity and especially in his continuous interaction with West to go beyond his world protagonism aimed for that still dominates the historical narration of our days in spite of the criticisms in increase. Palabras clave / Paraules clau / Key Words Confucianismo, China, eurocentrismo, orientalismo, culturalismo, pensamiento ilustrado, Japón, sinocentrismo. Confucianisme, Xina, eurocentrisme, eurocentrisme, orientalisme, culturalisme, pensament ilustrat, Japó, sinocentrisme. Confucianism, China, eurocentrism, orientalism, culturalism, enlightened thinking, Japan,sinocentrism. 1. Este trabajo es resultado del proyecto de investigación MEC I + D (HUM2005-08151) “Interculturalidad de Asia Oriental en la era de la globalización”. Re-orient(ar) la historia. Notas para una crítica euro/sino-céntrica http://seneca.uab.es/hmic Revista HMiC, número IV, 2006 24 Introducción Las ciencias sociales y las humanidades institucionalizadas en la academia del ámbito euroamericano y en su extensión en el resto del mundo, ya hace tiempo que han comenzado a tomar conciencia de la elevada carga eurocéntrica de los presupuestos que animan a la mayor parte de sus paradigmas y teorías. El objetivo común y manifiesto de conocer mejor el mundo que nos rodea con toda la complejidad de sus mecanismos es lo que anima desde su origen a la actividad científica de cualquier índole. No obstante, la producción científica, lejos de hacer honor al compromiso que defiende y pretende la objetividad y neutralidad, se encuentra encadenada a (pre)juicios, valoraciones, interpretaciones interesadas para legitimar posiciones de poder y, como consecuencia, atrapada en una telaraña, cubierta por un velo y mirando a través de unos cristales coloreados que observan y describen el mundo de forma sesgada, a pesar de su autoreafirmación de cientificidad. Aun siendo conscientes de que nada es neutro, de que todo conocimiento es una construcción, la academia continúa aferrada a su ensimismamiento, a una interpretación donde el protagonista principal todavía es el desarrollo específico del pensamiento de las elites euroamericanas, siendo su producción la única que cuenta, hasta el punto de arrogarse la universalidad de sus planteamientos. En cierto modo, se trata de una conducta inevitable dado el etnocentrismo innato de cualquier cosmovisión, y más cuando cuenta con una historia de expansionismo que en los últimos siglos estuvo acompañada por el poder militar y se impuso en casi todos los rincones de la tierra, o al menos en sus principales centros neurálgicos, impregnando en su despliegue a un segmento importante de las elites nativas con su interpretación institucionalizada en la enseñanza moderna. A pesar de todo, existen otras cosmovisiones que también han generado imperios y han influido en distintos ámbitos geográficos con un poder, a su manera, semejante al euroamericano, aunque su preeminencia y protagonismo parezcan de otra época. En concreto, aquí nos vamos a referir a universalismos de Asia como el mundo chino, que por el mismo efecto etnocéntrico que afecta al anterior, también ofrece construcciones universales de conocimiento. Y podríamos realizar el mismo ejercicio aplicado a cualquier otra sociedad y cultura, por muy reducido que sea su ámbito e influencia. El problema del actual particularismo universalizado es que exporta las teorías y los paradigmas elaboradas para explicar el desarrollo, la dinámica y el cambio propios al resto del mundo, proyectando sobre los demás su experiencia única, a pesar de que los contextos y puntos de partida sean diferentes. Dos ejemplos: la categoría de feudalismo durante mucho tiempo se ha encajado en China con fórceps, igual que ahora está sucediendo con la de sociedad civil. Ni uno ni otro guardan la correspondencia que deberían con la realidad que pretenden analizar y, por lo tanto, la fuerzan para que se adecue a unas herramientas teóricas y metodológicas ajenas. La exportación conceptual y teórica a menudo resulta tan violenta como cuando en nombre del libre comercio se atacó y derrotó militarmente a diferentes imperios o entidades políticas (China y Japón) para que entraran a la fuerza en el nuevo orden internacional que se estaba forjando a mediados del siglo XIX. En definitiva, la imposición de paradigmas, modelos y teorías es un correlato de la jerarquía de poder y de la producción del conocimiento a escala global, con un “primer mundo” dominante y hegemónico que universaliza y naturaliza sus argumentos. El aparente particularismo euroamericano se ha configurado como resultado de influencias del exterior a lo largo de la historia y de un hibridismo o sincretismo que pocas veces reconoce, exactamente igual que sucede en el caso del particularismo chino, por ejemplo. Hasta cierto punto se admite que desarrollos propios tuvieron paralelismos en otras zonas, pero en un ORIENTATS-2006 ISSN 1696-4403 Joaquín Beltrán Oriente en Occidente http://seneca.uab.es/hmic 25 momento dado tuvo lugar una ruptura radical que marcó el destino de la actual preeminencia euroamericana y, con ella, de su interpretación del mundo. El continente euroasiático constituye un buen ejemplo para observar con detenimiento la dinámica de la historia más allá de la ortodoxia dominante en la academia de aquí y de allá. El etnocentrismo euroamericano se enfrenta a un etnocentrismo chino (y en cierto modo, por extensión, asiático), que a su vez se ha modelado durante el último siglo presionado e influido por el pensamiento ilustrado euroamericano, aunque nunca ha dejado de ofrecer alternativas. De hecho, en Asia Oriental la actividad intelectual, a partir de la década de 1860, se dividió y fragmentó en corrientes de pensamiento que ocupan distintas posiciones en un continuum que va desde el extremo de rechazar absolutamente todo lo proveniente de Occidente, al de adoptar todo lo occidental y renunciar lo que se considera propio, como expresa la dicotomía ti-yong elaborada en China y Japón: mantener el conocimiento de la esencia cultural y espiritual propias y adoptar el conocimiento científico y técnico utilitario procedente de Occidente. Es decir, en esta zona del mundo se reconoce que las influencias son inevitables, pero al mismo tiempo se trata de mantener la especificidad. Oriente en Occidente La visión generalizada del aislamiento de China, Japón, y Asia en general, a lo largo de la historia y especialmente desde el siglo XVII hasta mediados del siglo XIX, domina la producción académica occidental y también existe en Asia Oriental, en parte influida por el pensamiento occidental y, en parte, como resultado de su propia producción historiográfica moderna que al insistir en su aislamiento, le ayuda a justificar un camino independiente, ajeno a influencias del exterior, cargado de nacionalismo. Otro argumento fabricado en la academia occidental que ha impregnado profundamente la oriental es la del estancamiento de China frente al despegue del progreso científico en Occidente. La visión generada en Occidente del “atraso” oriental llegó a contagiar a la intelectualidad china reformista y revolucionaria a finales del siglo XIX y desde entonces se han elaborado todo tipo de argumentos para explicarla, que van desde los más etnocéntricos y culturalistas como la propuesta de Max Weber, a otros más sensibles con los desarrollos científicos chinos como la de Joseph Needham, que urge a utilizar fuentes chinas para complementar el estudio de la historia2 monopolizado por las fuentes exclusivamente occidentales, hasta la interpretación marxista ortodoxa que en cierto modo adoptó China como visión oficial desde el momento en que el Partido Comunista tomó el poder. Una doctrina importada, el marxismo, ha acabado desempeñando un papel preeminente en la producción del conocimiento de las ciencias sociales chinas durante mucho tiempo, a pesar de su readaptación a las peculiaridades del país como manifiesta el maoísmo. Los contactos e influencias de Oriente en Occidente constituyen un fenómeno reconocido, aunque sea en el estrecho ámbito de los especialistas y no en el más amplio del conocimiento divulgado por la academia occidental. Aún así, esos contactos e influencias suelen adoptar un perfil bajo que a menudo se limita a las generalidades y tópicos de los inventos/descubrimientos de la pólvora, el papel y el arte de imprimir, y la brújula magnética. En este sentido, el proyecto enciclopédico Science and Civilization in China de Joseph Needham (1954-2004) de recopilar una historia de la actividad científica, tecnológica y medica china en veinticinco volúmenes3, comenzado en 1948 y que todavía está por concluir, ha supuesto un gran avance y ha tenido 2. Paul Cohen (1982) y John K. Fairbank (1982), entre otros, también defienden una perspectiva “Chinacentred” ante las carencias de la erudición occidental sobre China. Su propuesta es utilizar fuentes chinas que hasta el momento no se habían tenido en cuenta. 3. Véase Finlay (2000) para una revisión del trabajo de Needham y sus aportaciones a la historia mundial Re-orient(ar) la historia. Notas para una crítica euro/sino-céntrica http://seneca.uab.es/hmic Revista HMiC, número IV, 2006 26 divulgadores como Temple (1987) y Cullen (2001). Otro ámbito ya más especializado es el de aquellos autores que en distintos momentos han publicado obras que rastrean la evolución de la imagen de China en Occidente a través de la historia, señalando los intercambios que se han producido también en el ámbito de las ideas.4 A pesar de los anteriormente mencionados esfuerzos realizados desde la academia euroamericana, China, y Asia en general, continúan relegadas fundamentalmente a sus inventos y no a sus ideas, del mismo modo que la visión de estancamiento-aislamiento ha alcanzado el nivel de paradigma, apenas cuestionado por algunos autores. Esta perspectiva queda dentro del paradigma de la modernización propuesto por Max Weber continuador del pensamiento ilustrado con antecedentes en Hegel y Marx y que todavía domina en las ciencias sociales. El culturalismo que impregna los argumentos de Weber (léase la Etica protestante y el espíritu del capitalismo) se convirtió en la nueva legitimación del desarrollo particularista de Occidente y de su sistema económico y político como cenit del progreso de la civilización. Asia, y China en concreto, según sus palabras, carecían del impulso necesario para desarrollar la ciencia, la tecnología y el sistema capitalista porque el confucianismo les impedía avanzar en ese sentido condenándola al atraso y al estancamiento. No obstante, cuando Japón se convirtió definitivamente en la segunda potencia económica mundial, y más tarde los cuatro popularmente denominados tigres asiáticos (Hong Kong, Taiwán, Singapur y Corea del Sur) se industrializaron rápidamente, así como el reciente despegue económico de China, las argumentaciones de Weber han acabado dando la vuelta y ahora se considera que es precisamente el denostado confucianismo lo que ha facilitado y permitido (y no entorpecido) el espectacular crecimiento económico.5 Es decir, lo que una vez era una carencia y una debilidad se ha transformado en una ventaja comparativa. El capitalismo confuciano se ha puesto a la altura del capitalismo protestante.6 De cualquier modo, lo más sensato sería dejar a los ideólogos en sus luchas por la legitimidad cargadas de culturalismo y observar qué intereses se ocultan detrás de estas contradictorias argumentaciones. Max Weber elaboró un paradigma omnicomprensivo para explicar el desarrollo de la humanidad desde un punto de vista inevitablemente etnocéntrico (euroamericano), continuador del pensamiento ilustrado, de la idea del progreso, que situaba a su tradición intelectual autoreferenciada, por más que incluyera a otras partes del mundo a nivel comparativo, en la cima del desarrollo civilizatorio humano, prolongación del evolucionismo, del darwinismo social, que sitúa a Occidente en la posición más alta de la jerarquía del conocimiento, la ciencia, la técnica, etc. Desde entonces su argumentación se ha convertido en incuestionable para explicar por qué China no desarrolló la ciencia moderna y se quedó relegada frente al avance de Occidente, o lo que es lo mismo, se admite acríticamente el “estancamiento” del mundo chino frente al avance de Occidente. 4. Entre ellas se encuentran por ejemplo, El camaleón chino de Raymond Dawson (1967); Western images of China de Colin Mackerras (1989) y su más reciente Sinophiles and sinophobes: Western views of China (2000); o El gran continente del Khan. China bajo al mirada de Occidente de Jonathan Spence (1999), entre las de carácter más divulgativo, y las compiladas por Thomas Lee, China and Europe (1991); o por Donald Lach, Asia in the making of Europe (1970-1994) con una ambición más erudita y especializada. 5. Sobre la evolución de la interpretación del confucianismo en su relación con el capitalismo véase por ejemplo Louie (2004), Zurndorfer (2004a), Tu (1996), Brook y Luong (1997). 6. El título de la obra de S.G. Redding (1990) The spirit of Chinese capitalism, tienen una amplia resonancia weberiana ORIENTATS-2006 ISSN 1696-4403 Joaquín Beltrán Oriente en Occidente http://seneca.uab.es/hmic 27 Como Gregory Blue (1999) indica “uno de los objetivos generales de la teoría social occidental consiste en explicar la naturaleza específica de diversas sociedades humanas en términos de principios y categorías universales (...) Las ideas de Marx y de Max Weber han ejercido una profunda y persistente influencia sobre la sinología del siglo XX. (...) uno de los principales problemas de los análisis occidentales de la sociedad china durante los últimos tres siglos es que los principios y categorías procedentes de la tradición occidental de la teoría social suelen distorsionar lo que tratan de aclarar. (...) los teóricos sociales occidentales han fracasado a la hora de tomar en serio la tradición histórica china” (pp. 108-109). Weber argumentaba que la racionalidad burocrática del estado centralizado chino surgió como resultado de la necesidad de control de las grandes obras públicas de irrigación (hipótesis hidráulica), y esta idea fue retomada por diversos intelectuales marxistas, como Madiar (1930) con su aportación que identificaba a la sociedad china con el feudalismo burocrático o Karl Wittfogel que incluso “tituló a su estudio de la sociedad china de 1931, Wirtschaft und Gesellschaft Chinas [Economía y Sociedad de China], haciéndose eco de la gran obra de Weber, Wirtschaft und Gesellschaft” (Brook, 1999:143)7. Ambos acusan a la burocratización como una fuerza negativa para el desarrollo del capitalismo. Tanto Weber como Marx sentaron las bases para interpretar a China que llegan hasta la actualidad, con una genealogía que se remonta al despotismo oriental de Hegel, inspirado a su vez en los comentarios de Montesquieu, Herder y Condorcet. La “sociedad oriental” o el “modo de producción asiático” durante un tiempo trataron de reflejar la peculiaridad de sociedades no-occidentales, pero finalmente los intelectuales marxistas se enzarzaron en un debate acerca de la validez del modo asiático de producción que culminó en un congreso de Leningrado en 1931 donde acabó siendo rechazado y relegado a un segundo plano estableciendo la ortodoxia de las cinco etapas de desarrollo histórico universal (comunismo primitivo, esclavismo, feudalismo, capitalismo y socialismo), y dejando al modo asiático como una variante local de la categoría universal de la sociedad esclavista o feudal. Frente a la ortodoxia marxista que modeló y encauzó el desarrollo intelectual chino hasta bien entrada la década de 1980, aparecieron otros modelos explicativos que evolucionaron para tratar de superar la acrítica y excesivamente general categoría de “feudal” en su aplicación a China. Una de ellas fue la introducción de la idea de “brotes del capitalismo” en la etapa “feudal” que ayudaba a encajar un poco mejor esa categoría en la evolución china. Otra, el desarrollo conceptual del “modo de producción tributario”, especialmente a partir de Althuser, que acompañaba al modo de producción capitalista y al de parentesco como tres posibilidades de categorías analíticas que no necesariamente se sucedían una a otra sino que podían coexistir en una misma sociedad en un momento dado.8 7. Wittfogel en su inicial interpretación marxista de la burocracia imperial china desarrolló la hipótesis hidráulica, es decir, el estado chino era el resultado de la necesidad de realizar obras públicas, como canales y presas, para el bien común. Posteriormente Wittfogel pasó a denunciar el totalitarismo del comunismo, y del estado chino, con una nueva obra, Oriental despotism: A comparative study of total power (1957), siendo condenado por la Unión Soviética mientras era bien recibido por los ideólogos occidentales de la guerra fría. 8. Un ejemplo de la aplicación del modo de producción tributario es la obra de Hill Gates (1996) revisando la historia china desde el año 1000, momento en que ya aparece el denominado “pequeño capitalismo” que coexistirá hasta la actualidad con el tributario, alternándose periódicamente la prioridad de uno sobre otro. Re-orient(ar) la historia. Notas para una crítica euro/sino-céntrica http://seneca.uab.es/hmic Revista HMiC, número IV, 2006 28 Además de la presencia de Oriente en Occidente mediante la producción intelectual de la academia occidental brevemente apuntada en los párrafos anteriores, es necesario recordar la influencia de China sobre los pensadores de la primera Ilustración europea, especialmente en los siglos XVII y parte del XVIII. Los conocimientos de China llegaron a Europa por la mediación de los jesuitas y muchos pensadores europeos la tomaron como modelo de buen gobierno, de despotismo ilustrado, etc., inspirando a una parte importante de las nuevas ideas que proponía la Ilustración. A pesar del incuestionable impacto inicial de China sobre el pensamiento europeo, pronto la nueva lógica del expansionismo colonial y de la revolución industrial la relegaron a un lugar secundario, estancado, atrasado, etc. Si el primer contacto significativo con repercusiones directas en el pensamiento occidental fue la llegada de noticias de los jesuitas, posteriormente habrá que esperar a la década de 1960 con una doble influencia sobre el espíritu de mayo de 1968. Por una parte, la espiritualidad de Asia Oriental llegó a través de los propagandistas de California como Allan Watts, y por otra, el pensamiento de Mao Zedong, especialmente en su plasmación durante la revolución cultural influyó en los movimientos políticos de extrema izquierda de Europa y de otros lugares del mundo dando lugar a la aparición de partidos maoístas, guardias rojos, etc. que marcaron una etapa de los movimientos sociales de la época. Desde entonces hasta nuestros días tan sólo cabe mencionar la presencia creciente de las noticias procedentes primero de Japón y después de China en la medida en que cambia su peso en la geopolítica mundial, aunque su influencia a nivel del pensamiento es muy escasa y apenas trasciende. La única impronta significativa, aunque en realidad sea bastante marginal, es el discurso de los “valores asiáticos”, y la progresiva revalorización del humanismo confuciano como alternativa o complemento al discurso eurocéntrico universalista de los derechos humanos.9 La generalizada falta de conocimientos sobre la actual producción de las ciencias sociales y humanidades chinas, y de Asia Oriental en general, aisla de nuevo a esa zona del mundo y dificulta su incorporación a un debate abierto de escala global. Otra perspectiva desarrollada por los científicos sociales especializados en China se ha denominado “China-centred”, o sinocéntrica occidental para distinguirla de la sinocéntrica propiamente china. En primer lugar, se llamó la atención para utilizar fuentes chinas a la hora de analizar la historia china y de este modo la historiografía oficial y ortodoxa se abrió paso con conceptos tales como el ciclo dinástico, que afirma que la historia de China consiste en una sucesión de dinastías de acuerdo a un patrón único que se repite constantemente: la llegada de un nuevo linaje gobernante provoca inicialmente una sociedad más justa, pero con el paso del tiempo el gobierno se va corrompiendo hasta que la explotación provoca el malestar del pueblo, su sublevación y sustitución por una nueva dinastía que reproduce el mismo esquema.10 Esta explicación simplista del cambio histórico se aceptó de un modo acrítico por los especialistas occidentales y ha dominado durante mucho tiempo sus argumentaciones. A ella se suma una corriente culturalista que se hace eco de la historiografía china convertida en ortodoxia, que incide en su particularismo caracterizado por una continuidad histórica de cinco mil años sin parangón, como si China siempre hubiera sido igual a sí misma y no hubiera experimentado cambio alguno. Ambas perspectivas surgen de la elite y son utilizadas para mantener sus 9. Véase la obra de Seán Golden, ed., Multilateralismo versus unilateralismo en Asia: el peso internacional de los ‘valores asiáticos’, Ediciones CIDOB, Barcelona, 2004. 10. Mientras que la academia occidental acepta la periodización del ciclo dinástico, en la propia China en 1901 Liang Qichao propuso una revisión de la historia de China abandonando la tradicional división dinástica por una periodización tripartita: antigüedad, medieval y moderna, derivada de la producción histórica europea. ORIENTATS-2006 ISSN 1696-4403 Joaquín Beltrán Occidente en Oriente http://seneca.uab.es/hmic 29 intereses en el poder, y en la academia occidental se han retomado sin una mínima crítica. Paul Cohen (1982) señaló el eurocentrismo de los diferentes paradigmas que dominan el acercamiento a China, especialmente el de la modernización y el imperialismo y sugirió utilizar una perspectiva sinocentrada para separar la historia de la cultura y de la tradición que dominaban la interpretación hasta ese momento.11 Prasenjit Duara (1995) sitúa en un primer plano la problemática del estudio de la historia china: “...la historia de China a la que nos enfrentamos ha sido narrada en el modo de la Ilustración – y no simplemente por la erudición histórica de Asia que leemos o mediante la cual leemos nuestras fuentes. Desde el comienzo del siglo XX, muchos de los mismos actores históricos que estudiamos trataron de narrar su historia de forma lineal, teleológica y con este modo de actuar introdujeron la historia de China en el progreso de la Historia universal” (p. 26). Otra interpretación procedente de la historiografía china que se ha admitido en la academia occidental sin apenas cuestionamiento es el paradigma asimilacionista de la sinización, estrechamente vinculado al confucianismo. Según esta perspectiva, una vez más modelada por la elite china, el sometimiento de China a pueblos invasores acababa inevitablemente en la adopción de los valores culturales confucianos por parte de los invasores pues les permitían la gestión del imperio centralizado. Así los mongoles en el siglo XIII y los manchúes desde el XVII en adelante acabaron sinizándose, es decir asimilándose al confucianismo, perdiendo sus peculiaridades. La realidad es más compleja que esta versión simplista, culturalista y esencialista construida/inventada por al elite dirigente para justificar su poder y la reproducción de su poder, pero en Occidente, una vez más, se ha retomado de modo acrítico, aunque una nueva historiografía comienza a cuestionar esta presunción (Crossley, 2002)12 Occidente en Oriente La otra cara de la interacción entre Asia Oriental y el ámbito euroamericano, que a su vez desmitifica el supuesto aislamiento de aquella zona del mundo, la encontramos por un lado en la ruta de la seda que conectaba a ambos mundos desde la época del imperio romano, a pesar de que las noticias de Roma apenas tuvieron repercusión en el mundo chino. El budismo, producto de Asia, estuvo influido por el arte griego en su inicial manifestación escultórica y pictórica, así como sus textos se recopilaron en sánscrito, una lengua indoeuropea. A China llegaron tanto la imágenes de Buda a la griega como el sánscrito, influyendo en su arte y dando lugar a una de las mayores empresas de traducción de la historia de la humanidad con al creación de una escuela de traductores de los textos budistas del sánscrito al chino. La dinastía Tang se caracterizó por su cosmopolitismo, por la presencia en China de extranjeros, de comerciantes, artesanos, especialistas religiosos13, etc. que acercaron a China a sus vecinos.14 Los mongoles que tomaron también el poder en China establecieron un imperio que llegaba hasta Europa en 11. No obstante, esta perspectiva también ha sido criticada por el problema del esencialismo que conlleva (Duara, 1995:26) 12. Frente al culturalismo característico de Levenson (1968), por ejemplo, analizado en Beltrán (2006), que muestra un confucianismo omnipresente y sin fisuras, modelador de los invasores, puede contraponerse toda la nueva historiografía manchú que por primera vez utiliza fuentes de los archivos chinos escritas en manchú y que matizan sobremanera la sinización o asimilación manchú al modo confuciano. No sólo los invasores introdujeron innovaciones en el gobierno chino confuciano, sino que desde dentro también existieron propuestas críticas y alternativas que fueron silenciadas por su heterodoxia. 13. El cristianismo nestoriano llegó a China en el siglo VII, por ejemplo. Re-orient(ar) la historia. Notas para una crítica euro/sino-céntrica http://seneca.uab.es/hmic Revista HMiC, número IV, 2006 30 la pax mongolica con un flujo de conocimientos en todos los sentidos. Los mongoles no dudaron en contratar a extranjeros para el control y la administración de su gobierno, del mismo modo que hicieron posteriormente la dinastía Ming y la Qing. La obra de Needham ha desmentido de un modo irrefutable la ausencia de contacto entre ambas partes del continente euroasiático, que en general suponía un mayor peso del flujo desde Oriente a Occidente que al revés. En la época moderna, inaugurada por el avance de Occidente en Asia a partir del siglo XVI, la nueva toma de contacto estuvo muy mediatizada por los comerciantes y por los misioneros católicos que avanzaron considerablemente en algunos lugares como Filipinas y Japón, y no tanto en China. No obstante, y más allá del denominado siglo cristiano en Japón que llegó hasta el momento en que fue prohibido el catolicismo (16031639) coincidiendo con un cambio de régimen que instauró el poder del shogunato Tokukawa, gracias en parte a las armas vendidas por los portugueses, que no deseaba opositores a su soberanía (y los católicos así eran considerados). El posterior aislamiento de Japón fue relativo pues se siguió permitiendo la presencia de neerlandeses en un puerto y fue una época muy activa de traducción de obras científicas y técnicas procedentes del pensamiento neerlandés (medicina, etc.).15 Por su parte, en China, distintas órdenes religiosas se disputaban la conversión de almas, provocando la denominada “disputa de los ritos” que acabó con la prohibición de los jesuitas. Los jesuitas llegaron a desempeñar puestos de importancia en la corte y el gobierno chino, especialmente en aspectos relacionados con la astronomía, matemáticas, calendario, pintura, música, cartografía y artillería. El gobierno Qing les contrató como asesores y especialistas, aunque su influencia en la sociedad general y en el pensamiento chino fue relativamente escasa (Waley-Cohen, 1993, Zurndorfer 2004b).16 El paso decisivo para la presencia de Occidente en Asia Oriental fue el resultado del avance imperialista y colonizador europeo que cambió de signo en el momento del despegue de la revolución industrial ante la necesidad de acceder a materias primas y mercados para la venta de sus mercancías manufacturadas. El nuevo orden internacional instaurado por la potencias occidentales en nombre del libre comercio supuso la apertura de China y Japón a la fuerza, después de ataques y victorias militares con la consiguiente firma de tratados, denominados desiguales, porque el vencedor imponía las condiciones en defensa de sus propios intereses. China y Japón fueron incorporadas violentamente a un nuevo orden internacional que estaba lejos de su control. La reacción de ambos estados ante su humillante derrota a manos de “bárbaros” que poseían una industria armamentística muy superior, fue la de estudiar la ciencia y sociedad de esos países para tratar de utilizar y aplicar los conocimientos técnicos que les sirvieran para ponerse a la altura de quienes les habían sometido. A mediados del siglo XIX se inauguró una nueva fase de la relación entre Occidente y Asia Oriental que llega hasta nuestros días. Occidente pasó a estar presente de un modo muy directo y a formar parte de Oriente desde entonces. Ni China ni Japón llegaron a ser colonias en el 14. Un breve repaso de los contactos de Occidente en China se encuentra en Hsu (2001). Zurndorfer (2004b) analiza los primeros contactos y especialmente el papel de los jesuitas en al difusión de la "ciencia moderna occidental"; y Wang (2003) repasa las influencias en la narrativa histórica eurocéntrica después de la fundación de la República Popular 15. Para un análisis de la llegada y establecimiento de los jesuitas en Japón, véase Carmelo Lisón Tolosona, La fascinación de la diferencia, Akal, Madrid, 2005. 16. Un ejemplo de la influencia de Occidente fue la participación de jesuitas en el diseño de jardines y edificios de estilo occidental en el Yuan Ming Yuan (el jardín del perfecto resplandor) a mediados del siglo XVIII dentro de lo que se ha denominado un movimiento de europeanoiserie (Barmé, 1996), semejante a la japonoiserie y chinoiserie de moda en Occidente en al misma época. ORIENTATS-2006 ISSN 1696-4403 Joaquín Beltrán Occidente en Oriente http://seneca.uab.es/hmic 31 sentido estricto del término, aunque sí que vieron recortada su soberanía y amplios sectores económicos quedaron en manos de extranjeros. Desde un punto de vista eurocéntrico, la historia de Asia Oriental desde mediados del siglo XIX se considera exclusivamente como una reacción a las imposiciones occidentales. Es decir, se le ha quitado agencia y aparentemente lo único importante que sucedía allí era la llegada de los occidentales para dinamizar la zona. No obstante, y sin menospreciar el peso del impacto occidental, también hay que tener en cuenta los propios desarrollos internos, endógenos, las crisis y las alternativas que se buscaron más allá de Occidente. El discurso de la modernidad de Occidente, fruto de la ilustración y de la revolución industrial, ha silenciado cualquier voz alternativa, aunque recientemente existe un debate muy intenso en China sobre la modernidad.17 Siguiendo con el conocimiento marcado por la ortodoxia de la academia occidental que ha cristalizado a su manera incluso en Asia Oriental, la reacción de los países sometidos fue la de enviar misiones a los países occidentales con el objetivo de conocer su modo de organización social y económica, el estado de sus conocimientos científicos y técnicos, para aplicarlos adaptados a sus nuevas realidades. El pensamiento ilustrado se introdujo en Asia en este momento. Se impuso la necesidad de elaborar una Constitución siguiendo los modelos occidentales: Filipinas, Japón, China, para definir una nueva forma de gobierno; se instauró la educación moderna con un currículo parecido al occidental que enfatizaba los conocimientos de ciencias; se crearon ejércitos modernos; astilleros y fábricas de armamento; aparecieron las primeras industrias modernas, etc. Japón logró su objetivo con un rápido y fulgurante éxito18 y en poco tiempo dejó de estar sometida a tratados desiguales para convertirse en una potencia colonizadora y expansionista más, momento simbólicamente marcado tras derrotar al imperio ruso (una potencia europea) en 1904 y convertirse un una nación en pie de igualdad con el resto de las poderosas. China, a pesar de sus intentos reformistas y revolucionarios, fracasó en el objetivo de liberarse de su estatus semicolonial, no recuperando la soberanía sobre su territorio y economía hasta llegada al segunda mitad del siglo XX: en 1949 con la toma del poder por parte del Partido Comunista Chino y el establecimiento de la República Popular China. China ha experimentado varios intentos de modernización a lo largo del siglo XX, en parte retomando ideas procedentes de Occidente que adaptaba a sus circunstancias. La elite intelectual, la que tenía acceso al conocimiento de diversos aspectos de Occidente, bien fuera viajando a estos países19 o bien por la mediación de los estudios que realizaban en las nuevas instituciones de enseñanza moderna creadas en Japón que habían adaptado parte del conocimiento occidental; así como mediante la traducción de obras del pensamiento claves de Occidente y la visita de pensadores occidentales que iban a China a enseñar, retomó ideas de la ilustración con el objetivo de aplicarlas a su país para remodelarlo bajo un nuevo sistema político, económico y social. Los intentos de transformación eran más o menos revolucionarios en la medida en que atacaban al status quo. El propio imperio Qing eliminó por decreto el sistema de exámenes tradicional en 1905 basado en los textos confucianos como modo de reclutar a los administradores y funcionarios del estado, instaurando una educación moderna 17. Véase las aportaciones de Seán Golden (2003) acerca de la modernidad y el posmodernismo en China; He Ping (2002), Zhang Longxi (1998) o Wang Hui (1998). 18.Japón se convirtió en la meca de Asia, un lugar obligado para el paso de los intelectuales modernizadores, nacionalistas e independentistas de Asia que admiraban su rápido progreso y adaptación del saber occidental. 19. André Levy, en su obra Nuevas cartas edificantes y curiosas escritas desde el Extremo Occidente por ilustrados viajeros chinos durante la Bella Época, Fondo de Cultura Económica, México, 1991 (1986), rastrea las noticias e información que difunden los propios chinos tras viajar a Occidente datando las aportaciones más tempranas en la década de 1840. Re-orient(ar) la historia. Notas para una crítica euro/sino-céntrica http://seneca.uab.es/hmic Revista HMiC, número IV, 2006 38 Gates, Hill, China’s motor. A thousand years of petty capitalism, Ithaca, Nueva York, Cornell University Press,1996. 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