scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Ressenyes

González Bailón, Sandra

Abstract

Obra ressenyada: J. H. GOLDTHORPE, On Sociology: Numbers, narratives, and the integration of research and theory. Oxford: Oxford University Press, 2000 ; P. HEDSTRÖM; R. SWEDBERG (eds.), Social Mechanisms: An analytical approach to social theory. Cambridge: Cambridge University Press, 1998.

Full text

Papers 80, 2006 283-306 Ressenyes Estos dos libros surgen como reacción contra una forma de hacer sociología. O, para ser más precisos, contra una forma de explicar y de construir teorías: por un lado, la de quienes pecan por exceso de conciencia empírica y se olvidan de sistematizar los resultados de sus análisis; por el otro, la de quienes pecan por defecto y desgajan la teoría de su aplicación analítica, de su verificación con hechos tangibles, en suma, de su contrastación empírica. Es ésta una reacción que parte del convencimiento de que no hay mejor forma de demostrar el movimiento que echando a andar. En realidad, estos dos libros recopilan las reflexiones de unos autores que ya anduvieron largo y que alertan del cariz que está adoptando en su curso la investigación social. On Sociology y Social Mechanisms son dos estandartes de un mismo empeño por reconducir las prioridades de la investigación sociológica. Pero lo hacen desde el ejemplo, analizando procesos concretos y apelando a resultados más que a sugerencias; sugerentes, no obstante, en su descripción de los retos que han de definir la labor de la investigación social. On Sociology es un compendio de ensayos publicados con anterioridad en diversos foros. En ellos, Goldthorpe diagnostica la crisis metodológica que anega buena parte de la investigación sociológica y propone un programa para ponerle fin o, al menos, remediar sus efectos. Los ensayos cumplen un doble objetivo: rastrear, por un lado, la influencia que el positivismo, la reacción contra sus principios y lo que él llama «la reacción contra la reacción» ejercen en el quehacer sociológico; y aplicar, por el otro, los fundamentos de esa contrarreacción, a la que el autor se suma, al estudio y a la explicación de procesos sociales concretos. Goldthorpe define el positivismo como la investigación cuantitativa basada en encuestas, orientada al análisis de variables y a la construcción de modelos estaGOLDTHORPE, J. H. On Sociology: Numbers, narratives, and the integration of research and theory Oxford: Oxford University Press, 2000 HEDSTRÖM, P.; SWEDBERG, R. (eds.) Social Mechanisms: An analytical approach to social theory Cambridge: Cambridge University Press, 1998 Papers 80 001-312 13/12/06 10:55 Página 283 dísticos. El primer bloque de ensayos lo dedica a explorar las críticas que este positivismo ha recibido desde tres frentes: la sociología histórica, la macrosociología comparativa y la etnografía. Según Goldthorpe, la primera es una aproximación vulnerable, porque basa sus explicaciones en restos del pasado o, para usar sus palabras, en «reliquias», lo cual inhabilita la tarea fundamental de la investigación sociológica: explorar constantemente nuevos procedimientos de investigación que generen datos que no existían previamente. La propuesta que, desde la macrosociología, promueve el análisis de casos como alternativa al análisis de variables también es criticada por caer en los mismos problemas que pretende sortear: por un lado, el exceso de variables explicativas y la escasez de unidades de análisis, y, por el otro, la acumulación de «cajas negras» bajo la estrecha explicación que proporcionan las correlaciones estadísticas y los coeficientes de regresión. Finalmente, en el último de los ensayos que conforman este bloque, Goldthorpe explora las posibilidades que la etnografía abre como alternativa al positivismo. De nuevo, su análisis revela que la solución a los problemas a los que pretende hacer frente (por ejemplo, evitar el sesgo en la selección de unidades de análisis) pasa por adoptar las técnicas de muestreo tal y como han sido desarrolladas por la tradición positivista. El mensaje que Goldthorpe transmite desde estos ensayos es claro: una vez depuradas las incoherencias en las que estas alternativas caen buscando su justificación, la lógica de la inferencia (y, con ella, la del positivismo) se muestra única. Según esa lógica, sólo los datos que proporcionan las encuestas a gran escala pueden poner de manifiesto regularidades del mundo social que se mantienen en el espacio y en el tiempo. Sin embargo, es igualmente cierto que estas regularidades son significativas sólo en la medida en que se convierten en objeto de una explicación; es decir, si, más allá de la descripción, también se aporta información acerca de los mecanismos que pudieron generar esas tendencias. Consciente de ello, así como del riesgo que implica el exceso de positivismo (léase, la acumulación desordenada de datos empíricos), Goldthorpe propone usar la teoría de la elección racional para salvar el vacío existente entre causación y estadística. Es en la unión entre el análisis estadístico y la narrativa causal que ofrece la teoría de la elección racional donde Goldthorpe encuentra la línea de investigación más fructífera con la que cuenta la sociología contemporánea. Para ilustrarlo, en el segundo bloque de ensayos pone en práctica su prédica e ilustra el modo en que este programa de investigación puede llevarse a cabo. Los ensayos de este segundo bloque inspeccionan tres procesos sociales al trasluz del análisis de clases: los diferenciales educativos, las relaciones laborales y la movilidad social intergeneracional. Y no es casual: el núcleo de la contribución que Goldthorpe ha legado a la teoría sociológica se encuentra, precisamente, en el esquema de clases que subyace a estos análisis. De todos, el problema de los diferenciales educativos ofrece un ejemplo especialmente ilustrativo del potencial que abre la alianza entre el positivismo y la teoría de la elección racional. El problema puede expresarse con las siguientes generalizaciones: (1) todas las sociedades económicamente avanzadas han experimentado un proceso de expansión educativa, y (2) aun así, la influencia de las diferencias de clase en los logros académicos exhibe cierta estabilidad (con algunas excepciones como en los casos de Suecia y Holanda). Es decir, si bien la educación se universaliza, el éxito académico sigue siendo más común en las clases altas. Para resolver esta contradicción, Goldthorpe, siguiendo a Raymond Boudon y con la colaboración de Richard Breen, propone lo siguiente: considerar 284 Papers 80, 2006 Ressenyes Papers 80 001-312 13/12/06 10:55 Página 284 que los individuos toman sus decisiones en el contexto de una estructura de clases ordenada jerárquicamente en lo que respecta al acceso a recursos; y que, en este contexto, hay tres factores fundamentales que guían a los individuos en su toma de decisión: (1) los costes de permanecer en la educación; (2) la probabilidad de éxito si continúan estudiando, y (3) el valor o la utilidad que ven en sus logros académicos. En función de la clase social de pertenencia (en función de sus distintos recursos), los individuos tendrán una mayor o menor aversión al riesgo y diferentes expectativas de triunfo. Así, prosigue la explicación, los individuos de clase alta tienden a pensar que seguir estudiando aporta más beneficios que costes, mientras que los individuos de clase baja tienden a pensar lo contrario. En consecuencia, el éxito académico sigue siendo el patrimonio mayoritario de individuos de estrato medio o alto. No es difícil dar con distintas formas de expandir este modelo para analizar elementos que no contempla, como por ejemplo redes de interacción que capten la influencia de quienes rodean a los individuos más allá de su clase de pertenencia, o criterios de racionalidad estratégica, o dinámicas de retroalimentación entre niveles de análisis que conviertan en bidireccional el enlace micro-macro que proporciona la teoría de la elección racional. Tal y como está formulado, no obstante, el modelo permite explicar de forma plausible el problema que plantean unos datos empíricos que se antojan contraintuitivos. La contradicción entre la universalización de la educación y la persistencia de diferencias de clase no se hubiera podido descubrir sin el análisis estadístico; pero, al mismo tiempo, su explicación no se puede formular sin la definición de mecanismos generativos que ofrece, por ejemplo, la teoría de la elección racional. Es en este énfasis sobre la importancia de los mecanismos explicativos donde On Sociology encuentra su mayor punto de convergencia con Social Mechanisms. A diferencia de aquél, éste no es un libro que capture la propuesta de un único autor, sino, más bien, la de académicos de distintas procedencias. Todos buscan, no obstante, un mismo objetivo: fundar los principios de una sociología orientada hacia la búsqueda de mecanismos. Peter Hedström, Thomas Schelling, Jon Elster, Diego Gambetta y Raymond Boudon son algunos de los autores que contribuyen en este volumen. Todos ellos abogan por la construcción de teorías basadas en la acción de los individuos, en la precisión de las explicaciones y en la abstracción de los elementos comunes a diversos procesos generativos. Dos ejemplos de este tipo de proceder, explicados en la introducción, son el de la profecía que se cumple a sí misma, de Robert Merton, y el de la difusión de innovaciones, de James Coleman. Una profecía que se cumple a sí misma es, por ejemplo, la creencia acerca de la insolvencia de un banco: si todos sus clientes actúan en consecuencia, el banco acabará en quiebra, incluso en el caso de que la creencia original estuviera infundada. Con este ejemplo, Merton pone de manifiesto el poder causal de las creencias —o, para ser más precisos, de las acciones que esas creencias engendran. Por su parte, en el proceso de difusión que estudia Coleman, los doctores deciden si adoptar, o no, una nueva medicina en función del número de compañeros que lo hicieron antes. Tanto Merton como Coleman fundan su explicación en el mismo mecanismo básico de formación de creencias: asumen que los individuos están orientados hacia fines, y que su propensión a llevar a cabo una acción es una función del número de otros individuos que ya actuaron así previamente. Es a este nivel al que procesos tan diversos como la administración de un banco o los procesos de difusión de una innovación son análogos: ambos pueden ser explicados por el efecto generativo de un mismo mecanismo. Ressenyes Papers 80, 2006 285 Papers 80 001-312 13/12/06 10:55 Página 285 Así pues, la propuesta de Social Mechanisms va más allá de la que hacía Goldthorpe, pues considera que son los mecanismos (no las variables) los bloques elementales que subyacen a la construcción de teorías. Tomando de nuevo el análisis de clases como ejemplo, hablar del efecto estadístico de una variable de clase indica —según lo expresan los mismos editores del libro— que no somos capaces de especificar más pormenorizadamente los mecanismos explicativos que en él subyacen. Es decir, esconde el hecho de que, para poder explicar una relación entre dos variables, siempre debe apelarse a un agente causal. En el caso de las ciencias sociales, este agente causal sólo pueden ser actores individuales con deseos y creencias, capaces de ejecutar acciones. Pero, ¿en qué avanza exactamente este libro respecto a la propuesta que hace Goldthorpe? En que lleva la búsqueda de esos mecanismos a horizontes más elaborados (algunos dirían que más plausibles) que el que ofrece la teoría de la elección racional. Ejemplos de ello lo son la propuesta de Elster, quien, en la línea de otros trabajos suyos anteriores, explora el papel de las preferencias adaptativas y del wishful thinking; la de Gambetta, que explica la existencia de una institución subóptima (el sistema educativo italiano) como resultado de una concatenación de mecanismos de decisión individual, más que de un mecanismo único; o la de Hedström, que utiliza la simulación social para demostrar que mecanismos de imitación racional pueden generar dinámicas complejas con patrones similares a los que presenta la realidad social. Algunos de los artículos publicados en este mismo número son la elaboración de buena parte de las ideas que ya aparecen en el libro. En general, la defensa del individualismo metodológico como fundamento ineludible de cualquier explicación social es más clara en Social Mechanisms que en la propuesta de Goldthorpe. Pero en su positivismo reaccionario (de reacción a la reacción) se encuentran ya los visos de la autoproclamada sociología analítica, es decir, de una sociología cuyo interés versa más en la búsqueda de mecanismos que en el descubrimiento de regularidades —quizá por el hecho de que de éstas ya se han encontrado muchas, pero aún pendientes de explicación. En el contexto de la sociología que se cultiva en Oxford, ello refleja, además, una evolución doméstica: Goldthorpe como representante de la vieja escuela; Hedström, Gambetta y Breen como portadores de un nuevo relevo en esta carrera de acumulación que es la ciencia. La moraleja común de ambos libros es que no es posible avanzar en este empeño si los datos empíricos no son biselados por una teoría que les dé forma; tampoco si nos embarcamos en teorías que estén completamente desgajadas de la realidad. Más importante aún, de la buena consecución de este empeño depende el buen diseño de políticas de intervención: si no sabemos qué causas subyacen a determinados procesos, difícil será ponerles remedio o crear las condiciones para su promoción. Ninguno de estos libros ofrece muchas pistas acerca de los problemas con los que uno se encuentra cuando los datos sobre los que construir una explicación son escasos o inexistentes. Pero éste es un tema que, definitivamente, queda más allá de sus objetivos. Como introducción a la sociología (a lo que la sociología es como método, práctica y análisis), estos dos libros son, sin lugar a dudas, dos excelentes manuales. Sandra González Bailón University of Oxford Nuffield College [email protected] 286 Papers 80, 2006 Ressenyes Papers 80 001-312 13/12/06 10:55 Página 286