La obra compositiva de Felip Pedrell vista por Cristòfor Taltabull
Abstract
Soler, Josep
Full text
Recerca Musicolbgica XI-XII, 1991-1992,99-110 La obra compositiva de .Felip Pedrell vista por Cristbfor Taltabull JOSEP SOLER Para mi, hablar de Felip Pedrell es hablar de Cristbfor Taltabull: al volver de Paris en febrero de 1960, de trabajar e iniciar mi relación con René Leibowitz, un auténtico maestro de composición, con quien, por vez primera, me encontraba cara a cara comencé a trabajar con Taltabull, que seria mi segundo y último maestro; fue 61 quien me regal6 el Catdlech de la Biblioteca Musical de la Diputació de Barcelona (Barcelona, 1909). Taltabull habia podido salvar, desde 10s lejanos tiempos en que Pedrell le regaló 10s dos volúmenes, s610 el segundo y éste es el que, a mediados del sesenta y dos, me ofreció. El libro fue una fuente inagotable de datos !sobre las músicas del siglo XVI en adelante; el facsímil de la Orphenica Lyra de Miguel de Fuenllana me hablaba de la suprema elegancia que todo compositor debe intentar encontrar en las músicas que escriba, y su diseño (Sevilla, octubre de 1554), era como un modelo ideal y fascinante para quien -entonces joven compositortrataba de estructurar y ordenar, con la ingenua y rápida prisa del momento, sus ideas musicales. El nombre de Pedrell, desde aquel momento, quedó para siempre ligado al Catdlech y también, hay que decirlo, a 10s comentarios que Taltabull -ciertamente no con mucha frecuenciaiba haciéndome sobre aquel musicólogo y compositor, amable y rudo a la vez, que, aííos ha, habia sido uno de sus primeros maestros; y era evidente que, junto con el nombre de Reger, el de Pedrell era el Único en acudir a la memoria de 'Taltabull. A Pedrell, como musicólogo, fui conociéndolo con rapidez: 10s organistas españoles, desde Cabezón a Correa, eran y son aún unos de 10s más grandes representantes de la música de nuestro país y, prácticamente a todos, 10s fui descubriendo a través del esfuerzo editorial dle Pedrell: y asi fueron apareciendo 10s nombres de la farnilia Cabezón, de Bermudo, de Pere Albert Vila, de Correa de Araujo (sic), del qual después llegaria a descubrir, a través de la monumental edición de Santiago Kastner, su enorme genio y la calidad excepcional de su música.
100 JOSEP SOLER La edición que hizo Pedrell de Cabezón, a la que accedí paralelamente al Venegas de Higini Anglbs, abria para mi un mundo que, aún hoy dia, no he acabado de comprender en toda su riqueza, y cuando Taltabull me habló de la infinita sutileza de 10s responsorios de Victoria, que no siempre fueron fáciles para mi y a cuya comprensión fui accediendo poc0 a poco, supe que habia sido también Pedrell quien habia editado sus obras completas; unas determinadas circunstancias hicieron que, finalmente, llegaran amis manos 10s ejemplares de la edición original que Pedrell consiguió editar en Leipzig. Pero si Pedrell como musicólogo era una figura inmensa, compleja y fascinante, aún con todos sus errores (figura paralela a la de Anglbs; 10s dos hombres eran del sur de Catalunya, con su tipicia manera de ser), y con una enorme amplitud humanística de conocimientos que hoy son casi imposibles de conseguir; 10s dos editaron músicas de muy diversas épocas como si quisieran realizar en unos pocos años la inmensa labor que tendria que haberse hecho tiempo ha; 10s dos definen el tipo de musicólogo al fresco, de trazos y proporciones inmensas, no siempre exactas, pero de una visión general y global siempre certera, si como musicólogo era una figura enorme, habia una faceta de su personalidad que para mi restaba en la sombra y, en aquellos momentos, me planteaba grandes problemas para poder conocerla y apreciarla en el valor que intuia debia tener: la de compositor. Cuando Taltabull muri6 en mayo de 1964, la figura de Pedrell como compositor -aquell0 que 61 realmente quería ser, tal como descubrí más tardeera para mi un enigma; no recuerdo que durante 10s años cincuenta hasta 10s setenta se interpretase ninguna de sus obras y, cuando finalmente pude obtener una fotocopia de la reducción para piano de Lo cant de la muntanya (reducción de 1893 de una obra orquestal original de 1877), su lectura me dejó desconcertado y con una particular angustia; Wagner y Liszt +specialmente el primerome eran ya muy conocidos, y en el poema de Pedrell encontraba a faltar la torturada armonia wagneriana y 10s hallazgos rítmicos -y también armónicosde Liszt; todo me parecia pobre y, aunque el Capricho español de mi adrnirado Rimsky era posterior en diez años a la obra de Pedrell, ésta se me asemejaba a una versión sencilla e ingenua de la brillante pirotecnia del ruso. En aquel momento no supe apreciar qué podia significar aquella obra ni qué puesto podia tener Pedrell dentro de la música española, pero, al poco, un libro que ejerció sobre mi gran influencia, Escritos sobre música y músicos de Manuel de Falla (Buenos Aires, 1950), me habló de Pedrell con un tono ciertamente ambiguo, pero que me impresionó mucho: [. . .] Pedrell fue maestro en el más alto sentido de la palabra, puesto que con su verbo y su ejemplo mostró y abrió a 10s músicos de España el camino seguro que había de conducirlos a la creación de un arte noble y profundamente nacional [. . .]
LA OBRA COMPOSITIVA DE FELIP PEDRELL VISTA POR CRIST~FOR TALTABULL 101 y Falla proseguía su análisis de Pedrell desde su particular Óptica, propia de amplios circulos musicales de la anteguerra (su texto se publicó, como homenaje póstumo, en la Revue Musicale en París, febrero de 1923), con estas palabras: [. . .] el drama lírico español, asi como toda obra que aspire a representarnos ante el arte universals, debe [el subrayado es nuestro] inspirarse, tanto en la fuente y varia tradición espafiola, como en el tesoro admirable que nos legaron nuestros compositores de 10s siglos XVI al XVIII [...I; sus teorías estéticas, -sigue diciendo Falla-, que jamás dejó de poner en practica después de la escritura de Els Pirineus, finalizado en 1891se basan en un axioma (<<principio claro y tan evidente que no necesita demostración~, asi 10 define el Diccionari0 de la Real Academia) que Eximeno enunció a fines del siglo pasado y según el cual, <<sobre la base del canto popular debe construir cada pueblo su sistema artistico-musical [. . .] y las condiciones indispensables a la nacionalización artística --enumera Fallason: la tradición constante [. . .] el uso de jomas determinadas, nativas, que una potencia fatal, inconsciente, hizo adecuadas al genio de la raza, a su temperamento y a sus costumbres [...]. En aquel momento -1923Falla no parece impresionarse por determinados aspectos del texto de Pedrell que reproduce: parece que allí s610 puede ver el aspecto musical, pero hoy dia las resonancias implicitas en estas palabras, aquell0 que expresan (sin Pedrell saber10 ni Falla intuirlo) es terrible: es la exposición de un programa, basado en un axioma imposible de defender y cuya evidencia es únicamente negativa y que s610 podria aceptarlo un hombre y un artista completamente encegados (o de una ingenuidad que, de buen seguro era la de Pedrell y la de Falla); pero estas ideas s610 pueden conducir a 10s programas artísticos de 10s grupos fascistas o nazis que, precisamente, poc0 tiempo después de que Falla escribiese su texto, surgieron por toda Europa y que, por su propia naturaleza, si que implicaban la destrucción de cualquier elemento estrictamente artístic0 que, de una forma u otra, intentara surgir en la producción de 10s artistas del momento. Un poc0 más adelante, Falla nos dice: Pedrell, a pesar de su comercio constante con las obras de nuestros clásicos, poseyó la necesaria convicción y voluntad para no alucinarse por 10s mecanismos convencionales la necesaria convicción, voluntad para no alucinarse por 10s mecanismos convencionales! En otras palabras: la técnica, el dominio del material musical y
JOSEP SOLER dominio estrictamente musical, no ideológico o nacionalista y dominio técnico que permite -y s610 él 10 permitecontrolar 10s (<sucesos>> musicales y el devenir, articulado según la particular semántica de la música y Únicamente según ella, de todo el discurso musical: Pedrell tuvo la voluntad de no dejarse dominar por la técnica, por la estructura de la materia musical. iY ésto se le considera una virtud y merece alabanza! Pero Falla continúa: 10s procedimientos empleados jamás traspasan 10s limites de humilde servidumbre a la esencia musical que expresan y engalanan [. . .] iqué profunda labor supone la extracción del misteri0 armónico contenido en la melodia popular! [...I la simplicidad en 10s medios de expresión fue también patrimoni0 de 10s compositores de nuestra Edad de Oro y de ella hicieron gala dentro de las mismas formas escolásticas. El barroquisme musical y la inútil complicación no son cosas que se compaginen con el carácter reciamente sobrio y expresivo que campea en las obras mis ilustres de 10s clásicos españoles [. . .] y en muchos casos comprobamos cóm0 mengua la potencia emotiva de la música a medida que ésta se complica con procedimientos convencionales de forma y de escritura [. . .I. ¡Texto terrible si 10 hay!: Falla habla de la ccsimplicidad de medios>>, del <<barroquisme musical y la inútil complicaciÓn~> y, finalmente, en el momento más trágico del texto por la ingenua descripción de 10 que él quisiera fuese un ccacto romántico y emotiva}}, un acto inocente y virgen para, a su través, poder expresar las emociones (la <<potencia emotiva de la música>>) que quisiera depositar en sus obras y que -est8 segura-- depositó asimismo Felipe Pedrell, expone como ccmengua la potencia emotiva de la música a medida que ésta se complica con procedimientos convencionales de forma y de escritura>>; ja qué o a quién alude cuando habla de la <<inútil complicación~~ y el ccbarroquismo musical,,? ¿A Bach, a determinadas obras de Mozart, Beethoven, o a Wagner? ¿A qué <<procedimientos convencionales de forma y de escritura}, se refiere? ¿A la fuga, al dominio del contrapunto? Pero, iqué habría sido de la gran música europea si 10s compositores antes mentados -a 10s que podemos añadir 10s nombres de Bruckner, Mahler, Strauss, Strawinski, la Escuela de Viena y 10s mismos Verdi y Puccinihubiesen pensado y actuado de la misma manera? Ni Pedrell con su actuación -que fue, casi podríamos decir, la de un heroic0 mártir sin demasiadas armas en las manos ni demasiada conciencia de qué elementos le faltaban y necesitaba para su difícil y enorme lucha (al mismo tiempo oscura y metódica) como creadorni Falla, con su ingenuidad e indudable buena fe (a pesar del oscuro costado amenazador y terrible del que él no era ni, seguramente pudo ser, consciente), llegaron a poder sobre-
pasar el nivel de compositores pioneros, convencidos de que sus conocimientos técnicos y de oficio eran suficientes y que, en el desierto árido en que les toc6 vivir, no eran necesarios 10s <<procedimientos convencionales de forma y de escritura,,: la expresión del alma de su pueblo mediante la sublimación y el ir refinando hasta el limite posible la obtenció11 de la esencia contenida en el ccmisterio armónico insito en la melodia popular>> ya les pareció, no s610 suficiente, sino el Único trabajo necesario y el único que podían y debian emprender. Pero aquellas crformas determinadas, nativas, que una potencia fatal, inconsciente, hizo adecuadas al genio de la raza>> surgen como unas estructuras --caso de existir realmente y de ser posible de ser manipuladas y empleadas por 10s artistas de aquella raza determinada, ebria de su genio particularportadoras, en lo más intimo, necesariamente y, por emplear palabras de Falla, fatalmente, de 10s gérmenes que debian corroerlas como tales y debian, como efecto de tal causa, actuar como elemento mortifero, destructor o, por 10 menos, organizador de graves enfermedades, en las obras de arte que se pretendiera crear dentro del dominio de aquella <<potencia fatal>> y por 10s artistas impulsados por el ccgenio de la raza>>. Choca leer en el texto de Falla esta alusión a unas <<formas determinadaw (que no queda claro cuales son, aunque si parece claro cuales no son) y la expresión <<inconsciente~ que, parece, se encanla en el genio de una raza (que tampoc0 queda claro qué raza es, aunque se supone es aquella que se celebraba, aiios ha, el doce de octubre, aunque, caso de ser asi, el más infimo realismo nos dice que esta raza no existe ahora ni existió jamás en época alguna); esta peculiar alusión a un inconsciente colectivo -aunque sea a una colectividad inexistentey aunque 10 que nació o debió nacer de tal operación cuando el genio de la raza fue fecundado por la <<potencia fatal>> quizá, como diria Jung -al que Falla parece anteceder en su particular vocabulario y en su manera de establecer las circunstancias-, es una hierogamia misteriosa e imposible de describir como no sea intuitivamente o, mis probablemente, en una forma de decir las cosas, impulsado por la voluntad de ceñirse a las raices de la tierra y del entorno pero sin darse cuenta, a ningún nivel ni desde ningún punto de vista, de la universalidad del arte y del hecho, en apariencia paradójico, de que para crear un arte propio., particular, definidor de unas peculiares circunstancias sociales, políticas, geográficas, s610 es posible si las bases sobre las que se organiza y estructura el ildioma con el que se quiere o se pretende hablar, son el máximo de universales y amplias y con un dominio técnico absolut0 que comprende la asimilación de todos 10s medios y el no despreciar las <<inútiles complicaciones~~, término bajo el que se disimula o se pretende enmascarar las dificiles estructuras --y su complejo dominiodel contrapunto, la enorme riqueza armónica a que habia llegado la música en 10s
104 JOSEP SOLER años veinte y el control de la más austera y asimismo rica de las formas musicales, la fuga. Es por esto que las obras de Pedrell nos llegan, en 10 que podemos ahora conocer, faltadas de algo, amputadas de unas dimensiones que, al principio, no sabemos definir bien, pero que, al situarlas en su momento cronológico --que es s610 un dato porque el tiempo, para la obra de arte, no posee calendario y tiene su propio acaecery al situarlas dentro del conjunt0 global de su producción, vemos que son muy notables y aun con momentos de espléndido dramatismo (en La Celestina, por citar la que es, junto con El Comte Arnau, su obra maestra) pero que, por decirlo con palabras que no quisiéramos se consideraran crueles, en ellas, el genio de la raza oscurece y entorpece la operación del dominio de la estructura (que hace que las obras sean ainmortales)), pues en ellas se refleja y se manifiesta la inteligencia creadora, la del artista y la de Aquel que, quizá, est6 detrás de 61) y esta oscuridad no permite que la obra se articule como creación definitiva. No es la estructura la que entorpece el proceso creador, ni menos la apariencia de la obra de arte (Wozzeck o 10s Preludios y Fugas de Shostakovitch son dos obras maestras, quizá las mayores de sus autores, pero de este último, aunque Lady Macbeth de Metzenk es una Ópera admirable, su falta de articulación o el hecho de que el proceso dramático se basa exclusivamente en el texto y no en la manera con que la música se enrosca como arabesc0 organizador en 61 y 10 organiza, hacen que esta tragedia est6 lejos del asublime placer, de una lectura -del tipo que seade Don Giovanny, Tristán, las dos Óperas de Berg o las cuatro de Schonberg); el proceso creador se funda en la estructura y la apariencia de la obra de arte halla su fundamento en la íntima organización y articulación del material, y estas operaciones pueden ser infinitamente complejas, barrocas y con complicaciones que se pueden juzgar inútiles, pero tarnbién la ccsimplicidad de medios)) muchas veces s610 se consigue, como resultado final, con un enorme esfuerzo -Beethoven es un admirable ejempl-, pero 10 cierto es que del resultado final nadie tiene porqué saber las manipulaciones y trabajos emprendidos por el compositor; la obra de arte es y asi viene hacia nosotros, con su riqueza propia y personal y a la que debemos acceder hasta la misma carne pero --como a un amanteno debemos, en el momento de su posesión, intentar saber qué se agita bajo su carne ni que sangre da vida a sus abrazos: esta unión se consumará, en su último extremo, en el espasmo de la inteligencia, no en el destrozar caníbal del cuerpo que est6 en nuestras manos. Falla fue consciente, por otra parte, de las sombras que podian existir en la producción de Pedrell, aunque su diagnóstico no incide, en absolut0 y como era de prever, en el poc0 dominio de la estructura formal y la dificultad de manejo, por parte del compositor, de aquellos medios de escritura que habrian
podido dar --con toda seguridadotro aspecto a su produccibn: [. . .] no pretendo proclamar intangibles la labor y la estética del maestro --escribe Falla-. Su apreciación, como la de toda obra humana, podrá dar motivo a reservas y reparos[. . .] su significación no est6 representada por la totalidad de sus obras [. . .] ni aún en las mismas obras de su último período esto fue logrado con igual fortuna [. . .] a Pedrell le faltó la experiencia que s610 se adquiere en el contacto con la realización musical, con la escena y con el mismo públic0 y que nada puede substituir [. . .I. Pero la apreciación de la obra de Pedrell --y la de Fallano tiene que partir de que, como obra humana, da motivos a. reservas y reparos, y 10 que le faltó no fue el contacto con la escena y el público --cosa que sobró a Falla-, sino el interrogarse, uno y otro, sobre el porqué de la creación musical y qué leyes internas, de la experiencia y la intuición interior, son las que rigen la ordenación del discurso musical, leyes que, precisamente, se hallan muy lejos del ccruido>> de la escena y el público que, de por sí, s610 ansía el camino fácil, aquel que nunca debe recorrerse. Pero a comienzos de nuestro siglo, Pedrell retorna a Barcelona (1904): [. . .] de Falla a Gerhard hay una escuela pedrelliana de compositores, mis o menos formada, pero, en todo caso ccconformadan por Pedrell. Y entre ellos encontramos a Cristbfor Tall:abull[. . .] (J. Casanovas, Taltabull -inédito, 1991-) y, mis adelante, añade: [. . .] Pedrell fue el padre espiritual que encontró Taltabull durante 10s aiios que podriamos definir como de an~pliación de sus estudios en Catalunya -sigue diciendo Casanovas- [. . .] como todo 10 que sucedió anteriormente a 1949 a Taltabull, es muy difícil de reconstruir el encuentro entre Pedrell y éste; pero es cierto que su relación se extendió durante bastantes años -antes y después de la estancia de Taltabull en Alemania y sus estudios en el Conservatorio de Munich y sus contactos con Reger-, 10s suficientes para crear en 61 un auténtico sentido musicológico interesándole profundamente por el pasado y con una sensibilización muy especial frente a la tradición. En relación con el período alemán de Taltabull, fue éste quien gestionó las conferencias y audiciones al piano de Los Pirineos y La Celestina en Munich, y también fue 61 mismo quien, de vuelta ya 21 Barcelona intent6 difundir la obra del maestro y así, en 1910, lo vemos comentando La Celestina e interpretando fragmentos de ésta al piano; en su ex.posiciÓn, Taltabull dice que la Ópera de Pedrell es la
JOSEP SOLER base sólida sobre la que cabe edificar la futura Ópera española, tanto por el carácter del texto como por el tesoro folklórico que el maestro ha depositado en ella [. . .]. Casanovas iniste que cc[. . .] hay una presencia típicamente pedrelliana en la obra de Taltabull[. . .I, se trata de la doble influencia de las tradiciones populares y cultas de nuestro país[. . .I>>; pero, poc0 a poco, y muy en especial a través de su estancia en Alemania, irá surgiendo un nuevo concepto que le llevar6 -a él y a 10s discípulos que aiíos mis tarde irán a trabajar a su ladoa incidir en un concepto totalmente nuevo de cómo se tiene que escribir la música y qué o cua1 debe de ser su contenido como tal: la forma. Quizá, sin darse cuenta, Casanovas, en su notable ensayo, seiíala un hecho esencial y del que, en aquel entonces, Taltabull no se dio plena cuenta: [. . .] la escuela de Munich fue providencial para el joven estudiante y compositor porque, justamente, le proveyó de 10s conocimientos que le faltaban en el campo de la música absoluta [...I, síntesis de la tradición bachiana con las estructuras formales y armónicas de Beethoven [. . .] aquí es donde se bifurca el camino para el joven aprendiz, para é1 y para todos aquellos que, años más tarde, irán a trabajar bajo su guia. En noviembre de 1907, Taltabull dice a Pedrell: [. . .] Estimadísimo maestro: [. . .] he visto anunciada la Tetratolía dirigida por Mottl; también anuncian Salomé de Strauss aunque no me interesa tanto[. . .] crea Ud. que una de las cosas que más encuentro a faltar son 10s ratos pasados juntos hablando de proyectos [...I. Y en el siguiente mes -e1 3 1 del diciembre de 1907 le dice: [. . .] he sido presentado al Intendente Mayor del Hoftheater, un tal Sr. Fuchs; le pregunté qué conocía de la música española y 10 Único de que había oído hablar erm Los Pirineos [. . .] y en mayo del año siguiente le confiesa: [. . .] me envuelve una atmósfera artística que bien quisiera encontrar en mi patria [. . .]. Me he matriculado en la clase de Estética e Interpretación que dicta el profesor Wiedermeyer [. . .I. Fue éste quien hizo, con Taltabull al piano, una entusiasta audición y comentari0 de Los Pirineos y La Celestina en su cátedra, rnientras que el joven compositor se extasiaba ante ccaquellos rayos de luz clarísima que lucen entre las tinieblas que han invadido el reino de la música después de la muerte de Wagner [. ..I>>.
LA OBRA COMPOSITIVA DE FELIP PEDRELL VISTA POR CRIST~FOR TALTABULL 107 De 1910 es la Sonatina para piano (editada en Madrid, 1984, en Homenaje a C. Taltabull); la obra anterior a ésta, Prólogo sinfónico para un drama (con idéntico titulo a la obra de Reger (Op. 108, 1908), indica ya un camino y un sentimiento estético. Pero la palabra Sonatina presupone ya una forma. Taltabull estaba fascinado por las obras teatrales de Pedrell y siempre nos habló con gran entusiasmo de la importancia, muy en especial, de La Celestina; pero nunca incidió de manera decidida, que sepamos, en el mundo de la ópera; aunque de entre la poquisima producción que de él se ha salvado destaca una Sonatina, cinco piezas para piano, tres piezas para piano, una fuga inacabada sobre un tema de A. Thomas. etc.: el interés por la forma iba abriéndose paso. Pero no es esto 10 importante; junto con su desmembrada obra como compositor, Taltabull nos ha dejado un enorme corpus de obras didácticas: sobre armonia, sobre contrapunto, sobre fuga (quien esto escribe es autor de un libro sobre fuga: con todas sus limitaciones jamás podría haberlo escrit0 de no haber trabajado 10s ((apuntes>> -en parte basados en Gedalge, en parte en lejanas notas tomadas de Reger, en parte elaboración propiade Taltabull), sobre análisis armónicos de Bartók, Strawinski, Schbnberg, Milhaud, etc. Todo el10 configura un modo de pensar el fenómeno musical y de considerar su intima estructura y cómo debe ser aprehendida su forma y su conjunt0 global. La forma; esto es 10 que cruelmente se encuentra a faltar en la música espafiola después de la desaparición de Victoria y esta forma no es, precisamente, aquellas <<formas determinadas, nativas., que una potencia fatal inconsciente, hizo adecuadas al genio de la raza>>, sino la organización inherente al ((barroquisme musical y a la inútil complicación~~; esta organización, como extraña paradoja, es la que asegura la máxima emoción cuanto mis estructurada esté la música; jamás sucede que la (<potencia emotiva de la música mengüe a medida que ésta se complique con procedimientos convencionales de forma y de escritura [...I>>; la complicada estructura tonal del Tristán o la extrema organización que traba todas las escenas de Wozzeck o Lulu bastarian para probarlo. Taltabull, por 10 que nosotros sabemos y por el tiempo que 10 tratamos personalmente, como maestro y como amigo y confidente musical, fue adquiriendo cada vez más consciencia de este hecho y de la necesidad de articular con una rígida trama -mallade relaciones temáticas, tonales (o seriales o modales, o del sistema modal o armónico que fuese), de color instrumental, de ritmos, de alturas, etc. cualquier discurso musical que pretendiera llevar insito en 61 la tensión dramática o la máxima expresitdn en su contenido; y el10 tanto se referia a un cuarteto de cuerda como a una Ópera, tanto a una sinfonia, una pieza de Órgano o piano como a un lied: toda música, para serlo, para merecer este nombre, tiene que poseer su propia sintaxis y su organización semántica que le dé su particular sentido y la haga comprensible -con más o menos