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Anàlisi 33, 2006 31-44 Del estereotipo al amarillismo. Prácticas periodísticas incorrectas en el tratamiento de grupos sociales vulnerables Aurora Labio Facultad de Comunicación Universidad de Sevilla [email protected] Resumen El artículo constituye una aproximación al tratamiento informativo de los considerados grupos vulnerables, centrándose de manera concreta en los formados por inmigrantes, personas con discapacidad y homosexuales. La incorporación relativamente reciente de estos colectivos a la agenda informativa está planteando una revisión de aquellas prácticas periodísticas incorrectas que fomentan las generalizaciones y los estereotipos. Dentro de un campo poco definido, como el periodismo social, la autora plantea la necesidad de un análisis a través de ejemplos extraídos de periódicos de referencia que permita una reflexión sobre la función pública y la responsabilidad de los medios. La mercantilización a la que hoy en día se ven sometidos no puede ser una coartada para descuidar el tratamiento de colectivos especialmente discriminados. Al contrario, la labor informativa será fundamental para alcanzar una más amplia definición de multiculturalismo. Palabras clave: periodismo social, estereotipos, inmigrantes, personas con discapacidad, homosexuales. Abstract. From stereotype to yellow uses. Wrong journalistic practices in the treatment of social vulnerable groups The article puts forward the reflection about informative treatment of some vulnerable groups, specially inmigrants, persons with disability and homosexuals. The recent incorporation of these groups to the informative agenda is raising a review of those wrong journalistic practices that foment generalizations and stereotypes. Using examples from newspapers, the author believes that it is time to rethink about public function and social responsability of media. Economic purposes can not made journalism forget the right treatment of discriminated groups. On the contrary, the informative labor will be fundamental to reach a more wide definition of multiculturalism. Key words: Social Journalism, Stereotypes, Inmigrants, Person with Disability, Homosexuals.
Sumario 1. Introducción La temática social actualmente aparece dispersada por las páginas de los periódicos sin que exista un criterio unánime a la hora de catalogarla. Información social es una denuncia sobre la violación de derechos humanos, pero también un suceso, el último descubrimiento científico o una boda real. Podríamos continuar con más casos hasta obtener una especie de cajón de sastre donde tienen cabida multitud de noticias que, en ocasiones, constituyen la sección de Sociedad. En otras, la cabecera opta por crear subsecciones propias —como Salud, Medio Ambiente o Ciencia— de vida irregular en virtud de las informaciones diarias al respecto. De esta forma, si se analizan los principales diarios de referencia de nuestro país nos encontraremos con diversos modos de encajar este tipo de noticias en su estructura redaccional. Es así fácil identificar las grandes áreas, pero no podremos establecer un criterio unánime para englobar las informaciones de carácter social ya que, en muchos casos, dependerá del ámbito geográfico al que el medio vaya dirigido. Esta podría ser una de las características cuando hablamos del periodismo social, materia escasamente definida y estudiada. Realmente, en la falta de interés por delimitar este campo periodístico hemos de buscar varias razones. En primer lugar, hay que tener en cuenta la propia función social que se atribuye, de manera general, a la tarea informativa. Este hecho parece considerar una redundancia la denominación de periodismo social, circunstancia que sin embargo debe ser revisada. El segundo motivo puede encontrarse en la escasa relevancia de este tipo de noticias, reducidas hasta hace relativamente poco a sucesos, juicios y notas de sociedad. En los últimos años, sin embargo, el universo informativo en los medios ha visto crecer la importancia de unos grupos sociales que han pasado a ser protagonistas de la actualidad. En la mayor parte de las ocasiones, se trata de colectivos que han irrumpido en la escena periodística por primera vez, lo que ha supuesto una temática novedosa para el periodista. Esta cuestión, y las propias circunstancias en las que se mueven los profesionales1, hace que en muchas ocasiones el tratamiento 1. Introducción 2. La temática social: contradicciones de la labor informativa 3. Los inmigrantes en los medios: la evolución que no termina de cuajar 4. Personas con discapacidad: del dramatismo a la normalización 5. Los homosexuales: entre la reivindicación y el estereotipo 6. Un último apunte 7. Bibliografía 32 Anàlisi 33, 2006 Aurora Labio 1. LABIO BERNAL, Aurora (2001): «La profesión periodística ante los intereses de la estructura informativa». Ámbitos, núm. 6, p. 87.
otorgado a dichos grupos incurra en ciertos vicios o prácticas no del todo correctas. Antes de analizar cuáles son estos errores periodísticos, tenemos, sin embargo, que delimitar a qué vamos a llamar grupos vulnerables. Aunque no hay una definición única, la tendencia en casi todos los casos viene a denominar como grupos vulnerables a aquellos que se encuentran en una situación de desventaja para ejercer sus derechos y libertades. Normalmente, se ha venido optando por tipificarlos en virtud de su situación de pobreza, etnia, edad, género o discapacidad. Aunque coincidimos en esta relación de características, queremos ampliar el ángulo para nuestro trabajo e incluir también la tendencia sexual como circunstancia de vulnerabilidad. Nos interesará, por tanto, el estudio del tratamiento y del enfoque informativo que afecta a los colectivos formados por inmigrantes, personas con discapacidad y homosexuales. Hemos de decir, sin embargo, que en todos los casos percibiremos un cambio positivo en términos periodísticos que convivirá con estereotipos, tópicos e inclusión de aspectos amarillistas que siguen alimentando nuestro imaginario colectivo. Queremos plantear también en este artículo cómo estas prácticas periodísticas responden a la mercantilización que sufren los medios actualmente. Como consecuencia general e inmediata se produce una simplificación del mensaje, lo que para el caso que nos ocupa se tiñe además de aspectos negativos para los colectivos tratados. Si el periodista ha de poner especial cuidado con la información en general, consideramos que para la temática que afecta a dichos grupos vulnerables su grado de atención deber ser aún mayor. Apelamos, de esta forma, no sólo a la función pública sino a la responsabilidad social2de los medios como parte obligada de su tarea de cara al conjunto de la ciudadanía. 2. La temática social: contradicciones de la labor informativa Los medios de comunicación actuales se encuentran inmersos en un sistema con múltiples intereses. La idea de periódico independiente, entendido como ente aislado sin otras ramificaciones empresariales, es hoy en día un hecho imposible de concebir. El periodista no trabaja ya para una cabecera concreta, sino para una compañía que en el mejor de los casos sólo tendrá negocios en el mundo de la comunicación. La realidad que viven hoy en día los periodistas se encuentra así delimitada por su pertenencia a dicha estructura3. Los procesos de concentración4a Del estereotipo al amarillismo. Prácticas periodísticas incorrectas … Anàlisi 33, 2006 33 2. BARDOEL, Jo and d’HAENENS, Leen (2004). «Media Meet the Citizen». European Journal of Communication, Vol. 19 (2), p. 170-175. 3. REIG, Ramón (2002). La comunicación en su contexto. Sevilla: Centro Andaluz del Libro. Aunque recomendamos la lectura del volumen en su conjunto, para la cuestión que nos ocupa es interesante el capítulo 10: «El periodismo en el contexto de la estructura de la información», p. 129-204. 4. SEGOVIA, Ana I. (2004). «Democracia y concentración mediática». En: SIERRA CABALLERO, Francisco y MORENO GÁLVEZ, Javier (ed.). Comunicación y desarrollo en la sociedad global de la información. Universidad de Sevilla, p. 528-539.
los que hemos asistido desde la década de los noventa han evidenciado además los nexos de unión entre los grupos financieros, los intereses de Estado y la comunicación. En este sistema, los medios se han alzado como grandes altavoces cuyo mensaje sustenta las bases del estado de cosas actual. Esta determinación va a marcar su comportamiento, dirigido fundamentalmente hacia la búsqueda de la rentabilidad. Coincidimos aquí con Zeller y Giordano5cuando hablan de una doble intención en esta tarea, la que se refiere específicamente a las ganancias económicas y la que se refiere a su influencia ideológica. Estos autores también se refieren a este último aspecto como «plusvalía semántica», utilizando para ello los estudios de Klaus Bruhn Jensen, quien establece una analogía entre el concepto de plusvalía económica, según la teoría marxista, y plusvalía psíquica, a partir de la denominación acuñada por Marcuse para el análisis del control social. Esta última consideración del beneficio obtenido implica el uso de mecanismos que impidan reacciones contrarias a la dinámica impuesta. Para ello, la transmisión de valores se conjuga con procesos de distracción que eviten el conflicto, tal y como ya fue enunciado por Bourdieu6a finales de los noventa. En este contexto, los medios elaborarán discursos cada vez más banales, dirigidos fundamentalmente al entretenimiento y carentes de profundización. En términos generales, las noticias se presentan de forma rápida y con elementos espectaculares, que atraigan la atención del receptor con la misma velocidad con la que se olvidan. En el caso de la información social, podemos decir que se mueve por los mismos parámetros, pero quizás es en este campo donde se produzcan las mayores contradicciones. Por ejemplo, la Constitución de la UNESCO le reconoce a los medios el papel de denuncia de las injusticias y la defensa de los derechos humanos, contribuyendo de esta manera al desarrollo social y a la convivencia humana. Pero además, desde todas las instancias se reconoce la importante responsabilidad social que posee el trabajo periodístico. De qué y cómo esté informada la opinión pública de un país, dependerá no sólo su salud democrática sino también su grado de conocimiento y su actitud en términos sociales. El reto del periodista se plantea así bastante arduo, desde el momento que ha de conjugar de la mejor manera posible su pertenencia al sistema con su margen de maniobra para dar a conocer determinadas realidades. No es por ello extraño que este profesional entre en constantes contradicciones entre lo que hace y lo que debería hacer. En su descarga, hemos de reconocer, sin embargo, la tarea de reflexión que en esta materia se está planteando en los últimos años. Los periodistas realizan foros, atienden las recomendaciones que vienen de movimientos asociativos e incluso se someten a ejercicios de autocrítica sobre su labor. No se trata, tal y como nos advierte el profesor Rodrigo Alsina, de 34 Anàlisi 33, 2006 Aurora Labio 5. ZELLER, Carlos y GIORDANO, Eduardo (1993). «Economía y políticas de comunicación en un mercado “abierto”». Voces y Culturas, núm. 5, I Semestre, Barcelona, p. 87. 6. BOURDIEU, Pierre (1997). Sobre la televisión. Barcelona: Anagrama.
que el periodista se sienta «permanentemente bajo sospecha, so pena de caer en una inseguridad insoslayable ante el temor de no ser “políticamente correcto” en sus informaciones7». De hecho, esta obsesión puede acarrear también prácticas incorrectas8debido al uso de eufemismos o valoraciones diferentes en virtud, por ejemplo, del origen de los protagonistas de la noticia. En realidad, será más importante que se plantee sobre todo su importante tarea en relación a unos colectivos especialmente sensibles, cuya imagen puede depender del tratamiento dado. O como también nos reconoce el propio Rodrigo Alsina, que «procure mejorar cada día su trabajo, a pesar de las dificultades que conlleva». 3. Los inmigrantes en los medios: la evolución que no termina de cuajar En el 2004, el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales editaba el libro Tratamiento informativo de la inmigración en España 2002, dirigido por Nicolás Lorite García. Resulta muy significativo apreciar en el volumen la evolución que en este sentido han experimentado los medios españoles a la hora de tratar dicha realidad desde el año 1996. El estudio refleja cambios tanto en el espacio como en la forma de «mirar» la inmigración. Si a mediados de los noventa, las noticias sobre inmigrantes apenas aparecían, a finales de la década el discurso al respecto no sólo está muy presente sino que se ha salpicado de connotaciones negativas. Dos años después, las recomendaciones sobre el tratamiento del colectivo se dejan sentir y se reconoce cierta voluntad sobre la utilización de pautas periodísticas más adecuadas. Sin embargo, la observación nos sigue otorgando ejemplos actuales que ofrecen informaciones sesgadas donde la inmigración es protagonista en relación a una temática constante: la delincuencia y los sucesos. Consideramos, además, que no existe en los medios un debate sobre el tema que se realice con profundidad y detenimiento. En general, podemos decir que se echan en falta contenidos que analicen las causas y los efectos de diferentes realidades sociales. En el caso de la inmigración, este vacío se hace más evidente porque se reduce a informaciones puntuales que, en casi todos los casos, están escorados hacia su lado menos positivo. Tampoco se ofrecen datos comparativos ni una perspectiva histórica sobre el proceso migratorio en sí mismo y, salvo alguna excepción, no existen espacios que den a conocer cómo viven los extranjeros en nuestro país. De esta forma, la imagen que se ofrece sobre los inmigrantes está sustentada en informaciones negativas que conviven con el desconocimiento sobre el colectivo. Del estereotipo al amarillismo. Prácticas periodísticas incorrectas … Anàlisi 33, 2006 35 7. RODRIGO ALSINA, Miquel (2004). «Interculturalidad y discursos informativos en España». Ágora, núm. 10. Valencia: Ed. Fundación CEPS, p. 137. 8. Vid. VILLATORO, Vicenç (2002). «Els mitjans de comunicació davant la immigració. La responsabilitat d’informar, la responsabilitat de conviure». Quaderns del CAC, Mitjans de comunicació i immigració, núm. 12, p. 8.
Cuando se analiza el comportamiento de los medios en este terreno apreciamos un constante conflicto entre el esfuerzo por la terminología correcta y el deslizamiento de vicios periodísticos adquiridos. Se comprueba que existe cierta tendencia a tener en cuenta los manuales de estilo y las recomendaciones lanzadas al respecto, pero también que continúa la criminalización de la nacionalidad o los aspectos alarmistas. Además, el propio concepto de inmigración aparece asociado a una realidad socioeconómica desventajosa que posee connotaciones negativas. Partiendo de esta base, parece probable advertir que el vocabulario y el tratamiento informativo se sumarán a esta simplificación asumida en el discurso. El peligro estriba en que en el conjunto de características que aplicamos a la inmigración se incluyen demasiadas generalizaciones. Entre la más destacada se encuentra la identificación existente entre inmigración y delincuencia, algo muy habitual en las noticias que se publican y que terminan convirtiéndose en referencia incuestionable para la sociedad. Por ejemplo, una encuesta realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas en 2004 ponía de manifiesto que el 58% de los consultados relacionaba el aumento de delincuencia con la inmigración. Dos años antes, otro estudio realizado por el Instituto de Investigación de Mercados y Opinión Pública GALLUP señalaba que el 77% de los españoles creía que la inmigración influía en la sensación de inseguridad ciudadana. Esta visión coincide, en parte, con lo que Martín Barbero considera una «exasperación de las identidades9», que coloca al diferente como una amenaza; algo que también ha puesto de manifiesto van Dijk10 en sus estudios sobre racismo y medios. Por este motivo, será muy importante que no se elaboren discursos que apoyen la imagen del inmigrante como enemigo para el país de recepción. Tal y como nos cuenta Lorenzo Bernaldo de Quirós, los estudios realizados por Kindleberg y Steinberg coincidían en señalar que la percepción de la imagen mayor inmigración/mayor criminalidad está basada en gran parte en la «singular atención concedida por los medios de comunicación a las actividades delictivas desplegadas por los no nativos11. Todo ello a pesar que desde diversas instancias se reconoce que no existe una relación directa entre ambas cuestiones, tal y como lo acaba de confirmar la Comisión Europea. A partir de diecisiete investigaciones socioeconómicas promovidas por dicha institución, se concluía que no existe ninguna prueba que relacione la inmigración con el aumento de la criminalidad y el desempleo. Lejos de reforzar estos estudios, los medios de comunicación optan por ofrecer informaciones que destacan la inmigración como característica si habla36 Anàlisi 33, 2006 Aurora Labio 9. MARTÍN BARBERO, Jesús (2002). «Desencuentros de la socialidad y reencantamiento de la identidad». Anàlisi, núm. 29, p. 58-59. 10. VAN DIJK, Teun A. (1997). Racismo y análisis crítico de los medios. Barcelona: Paidós Comunicación, p. 97. 11. BERNALDO DE QUIRÓS, Lorenzo (2002). «Inmigración y delincuencia». En: www.elcato.org/- publicaciones/articulos/art-2002-02-13-a.html.
mos de sucesos. Uno de los casos más impactantes en la selección de textos que hemos escogido es el proporcionado por el periódico El Mundo a comienzos de 2003. Dicho rotativo se encargó de realizar durante varias semanas una serie de informaciones bajo el título «Madrid, Torre de Babel de la delincuencia». En cada una de las entregas, los periodistas atribuían una determinada conducta delictiva en virtud de la nacionalidad de sus protagonistas. Los titulares adelantaban así la sentencia realizada por la cabecera al conjunto de ciudadanos de la misma procedencia que los delincuentes concretos. Sin ningún tipo de pudor, se titulaba «Colombia, capital Madrid»12, «La prostitución en manos rumanas»13, «Los falsificadores vienen de China»14 o «El violento azote de los magrebíes de Lavapiés»15. La información interior estaba además plagada de exageraciones, cifras y datos descontextualizados e imprecisiones. También resultaban demasiado escogidas las imágenes y los recursos infográficos, que acompañaban con una intencionalidad alarmista al texto. Los despieces apuntan en el mismo sentido, otorgando además unos determinados rasgos que alimentan el estereotipo de cada una de las nacionalidades. Toda la narración, en fin, responde a criterios que parecen buscar la criminalización de los inmigrantes, vengan de donde vengan. Es decir, a la generalización particular de la procedencia se le une una más amplia referida a la percepción que sobre la inmigración tiene hoy la opinión pública. El argumento más utilizado en estos casos consiste en afirmar que se están describiendo unos hechos y que es verdad lo que se está contando. Se trata de una burda trampa para esconder otras intenciones. El periodista sabe que no sólo se miente cuando se falta a la verdad, sino que hay otras prácticas que pueden poner en tela de juicio esta máxima de la información. Omitir datos, exagerar otros, generalizar o apoyarse en estereotipos puede ser también una forma de no decir la verdad. Es cierto que hay delincuentes que no son de nuestro país, pero su conducta nada tiene que ver con su procedencia geográfica, tal y como parece querer dar a entender la serie de El Mundo. En este sentido, queremos ampliar los datos proporcionados también por Rodrigo Alsina16, en los que hace referencia a las recomendaciones del Consejo del Audiovisual de Cataluña y del Colegio de Periodistas de Cataluña. En ambos casos, la intención fundamental se centra en evitar generalizaciones y mensajes simplificadores, así como lenguajes y enfoques que criminalicen o discriminen a los inmigrantes. Con la misma voluntad, en el 2003, la ONG Andalucía Sin Fronteras redactó y envió a todos los medios de la comunidad una especie de decálogo que apuntaba también en la misma dirección. Más importante que esta iniciativa, se encuentra la realizada por la Asociación de Del estereotipo al amarillismo. Prácticas periodísticas incorrectas … Anàlisi 33, 2006 37 12. El Mundo, lunes 27 de enero de 2003, p. 14. 13. El Mundo, jueves 30 de enero de 2003, p. 16. 14. El Mundo, miércoles 5 de febrero de 2003, p. 22. 15. El Mundo, miércoles 29 de enero de 2003, p. 16. 16. RODRIGO ALSINA, Miquel. Op. cit. p. 137-144.
la Prensa del Campo de Gibraltar, donde se combina la autocrítica a la labor periodística, con el análisis del fenómeno migratorio y una serie de recomendaciones. Destacamos, a nuestro entender, como hecho fundamental la introducción de este pequeño estudio por cuanto supone un modo de reflexionar al respecto por parte de los informadores17. La consideración planteada se dirige, sobre todo, a no vincular por norma el fenómeno migratorio con un discurso fundamentalmente problemático. Junto a las recomendaciones que ya hemos apuntado, queremos así destacar la inexistencia casi por completo de noticias que aporten datos positivos sobre la inmigración. Cuando las encontramos suelen desplazarse hasta suplementos concretos o publicaciones especializadas. Junto a estas referencias puntuales que ofrecen una cara más amable de la inmigración nos encontramos con otra realidad que se dirige a la exageración de unos hechos en virtud del carácter inmigrante del protagonista. Nos referimos, tal y como ha puesto de manifiesto el estudio dirigido por Lorite, al mensaje informativo que intenta mostrar al inmigrante como héroe de un determinado acontecimiento. Aunque no dudamos de la intencionalidad positiva de este tipo de noticias, no estamos de acuerdo tampoco con el uso de la procedencia para atribuir a un comportamiento determinado unas características exaltadas. Puede pensarse que en este caso se funciona como forma de compensar los mensajes negativos, pero consideramos mejor que ni por exceso ni por defecto se desdibuje la realidad. 4. Personas con discapacidad: del dramatismo a la normalización Hemos visto en el caso anterior que, a pesar de las prácticas incorrectas, existe al menos cierto debate que pretende un mejor tratamiento informativo de los inmigrantes. No ocurre así, o al menos no en la misma medida, para los grupos que vamos a tratar a continuación: las personas con discapacidad y los homosexuales. En el primer caso sí es cierto que el movimiento asociativo ha desarrollado en los últimos años diferentes iniciativas en las que ha advertido a la profesión sobre la necesidad de ofrecer otra visión de la discapacidad. De hecho, la Declaración de Madrid de marzo de 2002 dedicaba específicamente uno de sus puntos al papel de la labor periodística. Entre las propuestas planteadas se encontraba el llamamiento a los medios de comunicación para mejorar la imagen de las personas con discapacidad, evitando los enfoques de condescendencia o humillantes. Dos años después, y a partir del I Encuentro Periodismo y Discapacidad, se firmará la Declaración de Salamanca, un compromiso de los profesionales de la información respaldado por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. A través de ella, los periodistas asumieron el compromiso de luchar contra los estereotipos que impiden a las personas con discapacidad participar e inte38 Anàlisi 33, 2006 Aurora Labio 17. AA.VV. (2004). Inmigración e información. Ed. Asociación de la Prensa del Campo de Gibraltar, p. 5.
grarse en la sociedad como ciudadanos en igualdad de condiciones. Para conseguir este objetivo se plantearon diferentes iniciativas que incidían, sobre todo, en abandonar los enfoques victimistas, evitar el lenguaje estigmatizante y abordar la información con sus circunstancias contextuales. La queja fundamental del colectivo está basada en el análisis realizado sobre su presentación mediática a la sociedad, cargada en muchas ocasiones de elementos amarillistas. No es extraño así encontrar informaciones que, relacionadas con la crónica negra, intentan apelar a los aspectos más emocionalmente conmovedores con la inclusión de la discapacidad como rasgo dramático. Un ejemplo de lo que decimos se encuentra en la redacción de frases como «Antonio Guisado Valcárcel, su mujer y sus tres hijos, el mayor deficiente mental, malviven en una tienda de campaña desde el pasado jueves»18. Esta referencia no tiene otra razón de ser que aumentar la carga trágica de la desgracia que vive la familia, intentando provocar además la compasión del receptor y rayando casi en la sordidez. Muy relacionado con el caso anterior, destaca también la redacción de datos no pertinentes, utilizados como elementos que despiertan el morbo e incrementan además la tensión narrativa del hecho. Cuando en abril de 2000, la policía buscaba a José Rabadán, al que se le imputaba la muerte de sus padres y hermana, fueron muchos los medios que destacaron el hecho de que esta última era «deficiente mental». Esta descripción aprovecha la discapacidad como dato que amplia la magnitud del suceso y la brutalidad del parricida al tiempo que busca la conmiseración del lector. Más allá de este «condimento» informativo, en ocasiones la discapacidad por sí misma pasa a ser protagonista19 en virtud de la rareza con la que es contemplada. En estos casos, ya desde el propio titular se hace referencia a la discapacidad como característica de lo noticiable. Para ejemplificar esta práctica pueden leerse las noticias «Un deficiente, herido en los genitales y abandonado en una finca de Darro»20 o «Un sordomudo mata a martillazos a su esposa, que tenía la misma minusvalía»21. Se procede de esta manera a colocar la discapacidad como primer elemento informativo, superponiéndola al suceso en sí mismo. Se destaca así lo llamativo de los casos, hábito que bien podría producirse en medios tabloides pero cuya inclusión en periódicos de referencia sólo puede entenderse atendiendo a consideraciones mercantilistas. Los estereotipos también funcionan cuando hablamos de la discapacidad, aunque hemos de matizar su consideración. Apuntamos la división que Rodrigo Alsina22 hace sobre los distintos tipos de estereotipos que podemos encontrar: negativos, neutros y positivos. Si en el caso de la inmigración, podemos conDel estereotipo al amarillismo. Prácticas periodísticas incorrectas … Anàlisi 33, 2006 39 18. El Mundo, miércoles 31 de mayo de 2000, edición digital. 19. PERUJO SERRANO, Francisco (2001/2002). «Discapacidad y medios de comunicación: entre la información y el estereotipo». Ámbitos, núm. 7/8, Universidad de Sevilla, p. 267. 20. El País, miércoles 16 de enero de 2002, edición digital. 21. El Mundo, 14 de enero de 2003, edición digital. 22. RODRIGO ALSINA, Miquel. Op. cit. p. 136-137.