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Viejas y nuevas plagas. Una mirada crítica a los riesgos biológicos en los inicios del siglo XXI

Buj Buj, Antonio

Abstract

Los inicios del siglo XXI vienen marcados por la permanencia de viejas plagas médicas, como la tuberculosis, el paludismo o el cólera, por otras nuevas, como el sida, el síndrome respiratorio agudo y severo (SARS) o la «gripe del pollo», pero, asimismo, por la permanencia de plagas agrícolas, como la de la langosta, que en el pasado fue calificada como «plaga bíblica». Frente a las concepciones optimistas de la década de 1960 que se manejaron sobre las plagas en general, cuando se pensó que se podrían erradicar, desde hace unas dos décadas ya se han acuñado expresiones como «retorno de las plagas» o «regreso de las epidemias». Éstas dan a entender que el problema no sólo permanece, sino que en algunos casos se ha agravado. Este trabajo pretende realizar un análisis crítico de la cuestión.

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Resumen Los inicios del siglo XXI vienen marcados por la permanencia de viejas plagas médicas, como la tuberculosis, el paludismo o el cólera, por otras nuevas, como el sida, el síndrome respiratorio agudo y severo (SARS) o la «gripe del pollo», pero, asimismo, por la permanencia de plagas agrícolas, como la de la langosta, que en el pasado fue calificada como «plaga bíblica». Frente a las concepciones optimistas de la década de 1960 que se manejaron sobre las plagas en general, cuando se pensó que se podrían erradicar, desde hace unas dos décadas ya se han acuñado expresiones como «retorno de las plagas» o «regreso de las epidemias». Éstas dan a entender que el problema no sólo permanece, sino que en algunos casos se ha agravado. Este trabajo pretende realizar un análisis crítico de la cuestión. Palabras clave: plagas, epidemias, riesgos biológicos, siglo XXI. Resum. Velles i noves plagues: Una mirada crítica als riscos biològics al començament del segle XXI El començament del segle XXI està marcat per la permanència de velles plagues mèdiques, com ara la tuberculosi, el paludisme o el còlera, l’aparició d’unes altres, com ara la sida, la síndrome respiratòria aguda i severa (SARS) o la «grip del pollastre», i també per la permanència de plagues agrícoles, com ara la de la llagosta, qualificada en el passat de «plaga bíblica». Davant les concepcions optimistes sobre les plagues en general de la dècada de 1960, moment en el qual es va pensar que es podrien eradicar, des de fa unes dues dècades ja han aparegut les expressions «retorn de les plagues» i «retorn de les epidèmies». Aquestes donen a entendre no tan sols que el problema encara roman, sinó que en alguns casos s’ha agreujat. Aquest treball pretén realitzar una anàlisi crítica de la qüestió. Paraules clau: plagues, epidèmies, riscos biològics, segle XXI. Résumé. Vieux et nouveaux fléaux: Une vision critique aux risques biologiques au début du XXIème siècle Le début du XXIème siècle est marqué par de vieilles épidémies médicales telles la tuberculose, le paludisme ou le choléra par d’autres maladies nouvelles comme le sida, le syn- * Este artículo es fruto de la conferencia que el 19 de mayo de 2004 pronuncié en la Facultad de Geografía de la UAB. Agradezco al profesor David Saurí su invitación a la misma y a que la pusiera en texto. Doc. Anàl. Geogr. 46, 2005 119-138 Viejas y nuevas plagas. Una mirada crítica a los riesgos biológicos en los inicios del siglo XXI* Antonio Buj Buj [email protected] Data de recepció: octubre del 2005 Data d’acceptació definitiva: desembre del 2005 DAG 46 001-190 24/7/06 19:42 Página 119 drome respiratoire aigu et sévère ou la grippe asiatique. Mais de la même façon par la permanence de fléaux comme celui de la sauterelle qui dans le passé fut qualifiée de fléau biblique. Face aux conceptions optimistes des années 60 du siècle dernier qui ont mené sur les épidémies en général, lorsqu’on a pensé qu’elles pourraient être supprimées, depuis environ deux décades on a déjà adopté des expressions comme «retour de fléaux» ou «retour des épidémies» ils laissent entendre que le problème non seulement reste permanent mais dans certains cas il s’aggrave. Ce travail réalise une analyse critique de cette question. Mots clé : fléaux, épidémies médicales, risques biologiques, XXIème siècle. Abstract. Old and new plagues: A critical look at biological hazards in the beginning of the 21st century At the beginning of the twenty-first century old plagues remain, like tuberculosis, malaria and cholera. New plagues like aids, sars or «chicken influenza» have appeared. Agricultural plagues, like locust, a biblical plague, have remained too. Against optimistic conceptions about plagues in the 60s of last century when scientific elites thought about their eradication, two decades ago critical points of view appeared about this conception and scientists proclaimed the return of plagues. In fact plagues haven’t disappeared and in some cases the problem is worsening. This research tries to make a critical analysis about the question. Key words: plagues, epidemic, biological hazards, twenty-first century. A lo largo de 2004, las noticias sobre plagas y epidemias han sido una constante en los medios de comunicación. Algunos de los titulares que hemos podido leer han hecho referencia al avance del sida en China, a la «gripe del pollo» —que ha exterminado a decenas de millones de aves en una docena de países asiáticos—, al auge de la polio en África por el boicot a la vacuna de los integristas nigerianos, al avance de la tuberculosis y la malaria en Haití, a numerosas noticias sobre la neumonía asiática, a brotes mortales de salmonelosis y legionelosis en España, a un posible rebrote del sarampión en Europa o a los feroces ataques de plagas de langosta en Nueva Gales del Sur (Australia) y especialmente en una docena de países africanos. Todos los días salen noticias sobre estos temas en los medios de comunicación, especialmente en los de divulgación de masas. Por lo que se refiere a los medios especializados, no hace falta decir que llenan periódicamente muchas páginas sobre el particular. Hoy nos hemos acostumbrado ya a conceptos tales como guerra biológica, contaminación de alimentos, enfermedades que se 120 Doc. Anàl. Geogr. 46, 2005 Antonio Buj Buj Sumario El retorno de las plagas. ¿Se fueron alguna vez? Viejas y nuevas responsabilidades frente a las plagas A modo de conclusiones Bibliografía DAG 46 001-190 24/7/06 19:42 Página 120 manifiestan de manera sorpresiva, carbunco, fiebre aftosa, peste porcina, legionelosis, síndrome respiratorio agudo y severo, «gripe del pollo», términos que hace algunas décadas o bien eran desconocidos o bien se había dejado de hablar de ellos. Ésos son algunos de los conceptos a los que nos hemos ido habituando por la prensa en los últimos tiempos. Es necesario hacerse algunas preguntas: ¿Existe alguna relación entre ellos? ¿Se manifiestan en todo el mundo? ¿A cuántos individuos afecta? ¿Qué nos enseña el estudio de estos problemas en el pasado? ¿Cuál es el futuro que nos espera frente a estos riesgos? Éstos son algunos de los interrogantes que nos podemos formular ante una realidad compleja y que en algún momento pareció tener tintes apocalípticos; pensemos en el pánico mediático generado por las cartas enviadas con carbunco poco después del atentado del 11 de setiembre de 2001 a las Torres Gemelas de Nueva York. Lo que sí es incuestionable es que las noticias sobre plagas y epidemias están siendo recurrentes. Después de lo dicho, es el momento de fijar algunas ideas básicas. Nos referimos, en primer lugar, a la extrema complejidad, tanto cuantitativa como cualitativa, de la cuestión. Un catálogo de la enorme gama de patologías infectocontagiosas lo tenemos, por ejemplo, en el Manual de enfermedades transmisibles, de Abram S. Benenson (1997), en el que se identifican más de un millar de enfermedades por agentes infecciosos, ya sean producidas por virus, bacterias, hongos, rickettsias, protozoarios o helmintos. O, en otro riesgo biológico que hemos podido estudiar con cierto detalle, el de las plagas de langosta (Buj, 1996, 1999a). Todos los continentes son víctimas de esta plaga bíblica y son numerosas las especies que se manifiestan en cada uno de ellos. Contra lo que puede parecer, también España es víctima de las plagas de langosta. Aunque con unas especies menos dañinas que algunas de las africanas, sólo la acción decidida en los sistemas de prevención evita grandes males a nuestra agricultura. No fue así en el pasado. Los riesgos biológicos, con más razón los riesgos naturales, no se acaban con los que hemos mencionado hasta aquí (Calvo García-Tornel, 2000, 2001). Un análisis más exhaustivo puede confeccionarse con la bibliografía de este trabajo. En éste nos vamos a ocupar preferentemente de las enfermedades infectocontagiosas, aunque sin olvidarnos de las plagas de langosta, especialmente dañinas en este 2004. En segundo lugar, debemos tratar de contextualizar lo que hemos catalogado como el regreso de las epidemias, el retorno de las plagas. A continuación, y antes de las conclusiones, debemos intentar razonar sobre el significado último de este nuevo contexto epidemiológico en términos biológicos, ecológicos, sociales o políticos, con signos aparentemente muy coyunturales, pero en el que, en realidad, persisten numerosas continuidades históricas. El retorno de las plagas. ¿Se fueron alguna vez? Por lo que se refiere a lo que ya se denomina, en los ambientes especializados, como el «regreso de las epidemias» (Garrett, 1994; Cueto, 1997; Buj, 1999, Viejas y nuevas plagas. Riesgos biológicos en el siglo XXI Doc. Anàl. Geogr. 46, 2005 121 DAG 46 001-190 24/7/06 19:42 Página 121 2003; Boulos, 2001; Saluzzo, 2004), debemos decir que los datos globales que manejamos no son especialmente optimistas. Esto es sobre todo cierto a escala mundial. Esta escala ha sido transformada por la globalización, convirtiéndola en cotidiana para buena parte de la población del planeta. Nunca como hasta ahora ese proceso había sido tan radical. Personas, animales, mercancías, información o ideas, pero también los elementos patógenos causantes de las enfermedades, circulan de un lado a otro del mundo como nunca antes. Es en ese contexto global en el que hay que entender el concepto de retorno de las plagas. En cuanto a las plagas de langosta, 2004 pasará como un año devastador. Durante todo su curso, los daños provocados por la especie Schistocerca gregaria en la mitad norte del continente africano han sido enormes. A través de la publicación de la Organización para la Alimentación y la Agricultura de las Naciones Unidas (FAO), Desert Locust Bulletin, se ha podido seguir la plaga mes a mes. A principios de noviembre, enjambres con millones de langostas habían llegado también a Chipre. Los diarios, las radios y las televisiones se han hecho eco frecuentemente del problema. Los daños materiales, ambientales y humanos han sido incalculables. En otras partes del planeta, léase Australia o China, otras especies de este feroz insecto también han hecho estragos en 2004. Las enfermedades infectocontagiosas se pueden seguir de manera especial gracias al semanario Weekly Epidemiological Record, de la Organización Mundial de la Salud (OMS), o a través de las publicaciones del Centro para el Control de las Enfermedades Infecciosas de Atlanta (EEUU). Los dos son centros de referencia mundial. La publicación de la OMS, en su resumen de final de 2003, señala que se manifestaron con brotes significativos, en todo el mundo, cerca de cincuenta enfermedades diferentes calificadas como infecciosas. La lista incluye algunas de las denominadas como «reemergentes», es decir, que han vuelto a surgir con fuerza, como la tuberculosis, el paludismo, la peste, la fiebre amarilla, la lepra o la enfermedad del sueño, y también a las llamadas «emergentes», muy recientes en tiempo histórico, como el sida, el Ébola, la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, la fiebre del oeste del Nilo, el SARS o la «gripe del pollo». Quizás, una de las cosas que más desasosiego genera en las sociedades de nuestro entorno es el hecho de que esas plagas estén afectando a numerosos países, incluidos algunos de los más desarrollados, como pueden ser Estados Unidos, Canadá, Australia, Gran Bretaña, Francia, Alemania o España. Se puede deducir, por tanto, que ninguna región del planeta está libre de estos problemas. Por todo ello, desde hace unas dos décadas, han empezado a variar algunas concepciones que sobre las plagas se manejaron medio siglo atrás. La aparición, en la década de 1990, de importantes brotes de peste bubónica, cólera, paludismo, tuberculosis, fiebre amarilla o difteria en algunos países que parecían haber erradicado esas enfermedades apenas veinte años atrás, han dado alas a las tesis pesimistas sobre el estado de salud de la población mundial. 122 Doc. Anàl. Geogr. 46, 2005 Antonio Buj Buj DAG 46 001-190 24/7/06 19:42 Página 122 Algunas de esas epidemias, como la peste o el cólera, se convirtieron en auténticas pesadillas para muchos países en vías de desarrollo del sudeste asiático, africanos y sudamericanos. El paludismo, que en los años sesenta se creía que se podía erradicar, ha vuelto con fuerza y se calcula que 500 millones de personas lo padecen, de manera especial en África, el sudeste asiático y la región amazónica. Una nueva epidemia, la del sida, el ejemplo con más impacto mediático de las llamadas «enfermedades emergentes», ha ennegrecido todavía más el panorama sanitario mundial. Para añadir un poco más de complejidad a la cuestión, se sabe ya que algunas enfermedades que se pensaba que tenían otro origen, también son infecciosas. Por ejemplo, algunos tumores y leucemias están relacionados con el virus de Epstein-Barr; los hepatocarcinomas, con el virus de la hepatitis B, o las úlceras de estómago, con la bacteria Helicobacter pylorii. Lo que sí es un dato objetivo es que, en total, según la Organización Mundial de la Salud, las enfermedades infectocontagiosas están causando la muerte anual de casi veinte millones de personas en todo el planeta (Cliff y otros, 2004, p. 6). Todo esto contrasta con la imagen optimista que se transmitió hace algunas décadas, desde la ciencia y desde las organizaciones sanitarias, sobre las plagas y epidemias, expresada entre otros por el premio Nobel de medicina de 1960, Sir Mcfarlane Burnet. Éste escribió que los países civilizados del mundo habían eliminado ya todas las enfermedades pestilenciales, la peste misma, el cólera, el tifus, la viruela, el paludismo y la fiebre amarilla o que la disentería infantil, la escarlatina y la difteria, en el origen de la mayor parte de la mortalidad infantil, eran ya raras y, en general, extremadamente benignas. A ese aparente triunfo habrían contribuido tanto las medidas de higiene personal como la separación entre los hombres y los transmisores de las infecciones, y especialmente el descubrimiento de los antibióticos y el desarrollo de las vacunas. No obstante, Burnet advertía, de manera premonitoria, que ninguna de las grandes plagas había sido aún erradicada a escala global y «en el supuesto de que la civilización se viniera abajo» y no se pudiera mantener el entramado de la sanidad pública, no tardarían en volver (Burnet & White, 1982). Por nuestra parte, podemos afirmar que parece que estamos asistiendo desde hace algún tiempo al cumplimiento de la premonición de Sir Mcfarlane Burnet, o por lo menos a una fuerte crisis de la visión técnico-científica de la década de 1960 frente a las epidemias. Los datos de la OMS nos dicen que se han producido algunas mejoras considerables a escala mundial en el tratamiento de algunas patologías como la poliomielitis, la lepra o la enfermedad de Chagas. O que uno de los progresos más espectaculares en la lucha que sostiene la humanidad contra las plagas se produjo frente a la viruela, declarada erradicada en 1980, después de una campaña iniciada en 1967 consistente en una vacunación sistemática de la población de los más de treinta países en donde la enfermedad era endémica. Sin embargo, de manera inquietante, en los dos últimos decenios se han producido esporádicas epidemias de una enfermedad clínicamente similar a la viruela, bautizada como «viruela del mono», la más grave de las cuales tuvo lugar Viejas y nuevas plagas. Riesgos biológicos en el siglo XXI Doc. Anàl. Geogr. 46, 2005 123 DAG 46 001-190 24/7/06 19:42 Página 123 en los años 1996-1997 en el centro de África. En los últimos años, se ha planteado también en los medios de comunicación la posible utilización del patógeno de la viruela como arma biológica (Barnaby, 2002). En la lucha contra la otra plaga que estamos estudiando aquí, la de la langosta, también se produjeron progresos considerables. De hecho, los mecanismos científicos de su aparición se conocen sobradamente. Aplicándolos, se evita la aparición de la plaga, tal como ha sucedido en países como España, Francia, Italia, Grecia, Rusia, Estados Unidos, Canadá o Argentina, por poner algunos países que los sufrieron en el pasado más reciente, aunque, eso sí, después de gastar enormes sumas de dinero. Lo más lacerante de este problema es que con mucho menos dinero del que se gastan las organizaciones internacionales en luchar contra la plaga cuando ya está en marcha se podría tenerla controlada en aquellos países que no disponen de recursos, ni materiales ni humanos, para combatirla. Es como si tuviéramos un remedio contra una grave enfermedad y por mala organización de los medios a emplear no se pudiera combatirla eficazmente. No se acaba de aprender que lo fundamental en la lucha contra los riesgos naturales, biológicos o no, es la prevención (Bourg y Schlegel, 2004). A pesar de mejorías evidentes en la lucha contra las plagas en general y algunas enfermedades epidémicas en particular, hoy, en los inicios del siglo XXI, por su letalidad, destaca el sida, con tres millones de muertes anuales en todo el mundo; las distintas formas de diarrea, con más de dos millones; la tuberculosis, con un millón y medio largo de muertes, y el paludismo, con unas cifras superiores al millón de muertes anuales (Cliff y otros, 2004, p. 6). El paludismo o malaria, cuyos agentes causales son parásitos unicelulares, los Plasmodium, transmitidos por la picadura de la hembra del mosquito anofeles, permanece como una de las mayores amenazas entre las enfermedades infecciosas, a pesar de que se aspiró a erradicarla en los decenios pasados (Buj, 2000). El 90 por ciento de los casos están ubicados en África tropical, pero la enfermedad es endémica en casi cien países africanos, latinoamericanos y asiáticos; y en total más de dos mil millones de personas están en situación de riesgo, alrededor del 40 por ciento de la población del planeta. Los males de esta plaga no se acaban con las víctimas mortales; la malaria representa un serio impacto económico, tanto por los costes de su medicación como por las pérdidas que ocasiona en las economías de los países afectados. Sólo en África, las pérdidas directas, es decir, las de los costes del tratamiento antimalárico, se elevaron a más de dos mil millones de dólares en 1997. Otro elemento a tener en cuenta al hablar del paludismo es el hecho del incremento del número de casos registrados entre los turistas y los individuos de negocios de países libres de la enfermedad, lo que no es de extrañar, pues se calcula que unos treinta millones de personas de esos países van cada año a otros donde la malaria es endémica (Corachán y Gascón, 2002). En Europa se diagnostican cada año entre 15.000 y 20.000 casos de paludismo importado, de los cuales fallecen aproximadamente entre el 2 y el 3 por ciento de promedio (Jelinek y otros, 2002). El paludismo en los países desarrollados tiene otras caras y 124 Doc. Anàl. Geogr. 46, 2005 Antonio Buj Buj DAG 46 001-190 24/7/06 19:42 Página 124 empiezan a ser analizadas; por ejemplo, sus relaciones con los procesos inmigratorios, sus implicaciones en el campo militar (World, 2001) y lo que empieza a dejar de ser sorprendente, los casos endógenos (Kampen y otros, 2002). La tuberculosis, también denominada «tisis» y «peste blanca», una enfermedad que ha acompañado a la humanidad a través de los tiempos y era, hasta principios del siglo XX, la principal causa de muerte en Europa occidental, sigue causando estragos en los países menos desarrollados y está aumentando en Estados Unidos, Europa occidental y zonas de la antigua Unión Soviética. La enfermedad, cuyo agente causal más importante es el Mycobacterium tuberculosis, se extendió de manera masiva durante el siglo XIX como consecuencia de la formación de barrios marginales, la pobreza, la alimentación deficiente y de unas condiciones higiénicas insuficientes impuestas por el naciente capitalismo. A mediados del siglo XX, en los países desarrollados con un nivel sanitario ya elevado, la enfermedad empezó a ser contenida, e incluso los sanatorios de tuberculosos comenzaron a cerrar sus puertas (Wilson, 1990). Sin embargo, los casos registrados en la década de 1990 en Estados Unidos o en Europa occidental se duplicaron respecto a la anterior y pasaron a ser de varios cientos de miles anualmente. En España, también se ha producido un rebrote de la epidemia tuberculosa (Buj, 2001). En los países en vías de desarrollo siguieron siendo millones las personas infectadas, especialmente en algunas zonas del sudeste asiático y del sur de África. Por todo ello, la OMS declaró, en 1993, que la lucha contra la tuberculosis, una enfermedad contra la que existen estrategias médicas para su curación, era una emergencia con carácter global. Según esa institución, las causas de su resurgir se debían buscar en la desorganización sanitaria de muchos países. Una década más tarde, no se han hecho avances significativos. Algunos autores han apuntado recientemente la trascendencia que ha tenido para la tuberculosis las migraciones internacionales, las resistencias a las drogas contra la patología o la expansión del virus VIH. Si el paludismo y la tuberculosis forman parte de las denominadas «plagas reemergentes», es decir, las que, siendo en su mayoría seculares, han vuelto a plantear graves problemas, existe un grupo de nuevas plagas, denominadas «emergentes», que plantean interrogantes sobre el concepto mismo de plaga manejado en los últimos años. Las dos décadas más recientes han visto la aparición de, por lo menos, una treintena de nuevas patologías altamente contagiosas, siendo el virus de inmunodeficiencia humana (VIH), causante del temible sida, el que ha provocado un impacto mediático más intenso en la comunidad internacional, por la sencilla razón de que pasó a afectar gravemente a los países ricos (Gould y Kabel, 1990; Gould, 1993; Arrizabalaga, 1995). La literatura médico-geográfica sobre el sida es muy considerable. Es imposible resumirla aquí. De la trascendencia de la enfermedad, la OMS ha advertido, en su informe anual sobre el estado de la salud mundial, que va a causar una «catástrofe social». Según el informe recogido el 12 de mayo de 2004 en el diario El País, «cada vez hay más dinero para luchar contra el sida, pero cada Viejas y nuevas plagas. Riesgos biológicos en el siglo XXI Doc. Anàl. Geogr. 46, 2005 125 DAG 46 001-190 24/7/06 19:42 Página 125 vez muere más gente». Mientras se extiende el uso de los retrovirales y llegan soluciones como la vacuna o los microbicidas para mejorar los mecanismos de protección, la epidemia amenaza con causar una «catástrofe social» en el África subsahariana, Asia oriental y el este de Europa, con pérdida de esperanza de vida, sistema productivo, educativo y de PIB. Con el sida se impone una vez más la reflexión de la desigualdad existente frente a la enfermedad (Arrizabalaga, 2004). En los países ricos, el sida se ha contenido, que no erradicado; los países más pobres están abandonados a su suerte frente a esta calamidad. La lista de nuevas epidemias incluye la legionelosis, identificada hacia 1976 después de una convención de legionarios americanos celebrada en Filadelfia, y que provocó extrañas neumonías a ciento ochenta y dos individuos, de los cuales fallecieron veintinueve. Después de varios meses de investigaciones, los científicos encontraron la causa: la Legionella pneumophila, una bacteria del agua contaminada y de los sistemas de aire acondicionado. Los especialistas calculan que cada año mueren por culpa de la enfermedad, sólo en Estados Unidos, más de dos mil personas. En España, en los últimos años, se ha producido una media de unos diez brotes anuales. Otra plaga, la denominada «borreliosis de Lyme», también puede estar relacionada, al igual que la enfermedad del legionario, con el cambio en los hábitos de vida. El agente causal de la enfermedad es la espiroqueta Borrelia burgdorferi. Los corzos y los ciervos son el reservorio natural de las garrapatas infectadas de borrelia. Los científicos han dado una explicación plausible sobre la propagación de la enfermedad en Estados Unidos. Con el siglo XX se reforestaron amplias áreas de suelo agrícola en la costa este de ese país. La agricultura emigró al medio oeste, donde se inició el cultivo de extensos territorios. Las zonas reforestadas de la costa este constituían un entorno ideal para corzos y ciervos. Paralelamente, la gente empezó a mudarse al campo, sobre todo a esas áreas reforestadas en torno a las ciudades. Hombres, ciervos y garrapatas pasaron a vivir tan cerca unos de otros que la enfermedad de Lyme también llegó al hombre. La enfermedad ha sido diagnosticada en diversos países europeos, entre ellos España. O el virus de Ébola, confinado hasta ahora en los países de África tropical. Esta enfermedad fue identificada en 1976 en la región de Yambuku, en la República Democrática del Congo. Entre ese año y 1979, aparecieron también brotes epidémicos de Ébola en el sur de Sudán. Años después, ya en 1994, el virus apareció de nuevo en Congo, concretamente en la ciudad de Kikwit, a 500 kilómetros al este de la capital, Kinshasa. Según datos de la OMS, hasta el mes de junio de ese año se infectaron 315 personas, de las que 244 fallecieron a causa de hemorragias internas y externas. El número de defunciones alcanzó el 77 por ciento. El drama que representa esta fiebre hoy incurable viene reflejada en una noticia de principios de 2002, según la cual la población de una región de Gabón afectada por la enfermedad se enfrentó a los equipos sanitarios de la OMS. Los aldeanos seguían lavando el cuerpo de los muertos, una práctica cultural que choca frontalmente con las recomendaciones médicas para impedir su propagación. 126 Doc. Anàl. Geogr. 46, 2005 Antonio Buj Buj DAG 46 001-190 24/7/06 19:42 Página 126 Otra patología infecciosa, muy reciente, bautizada como «síndrome respiratorio agudo y severo» (SARS en inglés), ha puesto en jaque a las organizaciones internacionales de salud. A finales de abril de 2003, se sabía de la enfermedad que había aparecido a finales de 2002 en la región china de Guangdong y que estaba provocada por un coronavirus hasta aquel momento desconocido. La hipótesis más factible sobre su origen, ahora ya confirmada, es que había dado el salto biológico desde un animal de consumo en China, la civeta, al hombre. Lo que sí es cierto es que la patología se ha mundializado. Una treintena de países han padecido personas infectadas. Por aquellas fechas, ya se habían registrado casi cinco mil casos y trescientas muertes, quince de ellas en Toronto (Canadá). La OMS llegó a aconsejar no viajar a varios países infectados. Esta neumonía asiática llegó a calificarse de «desastre nacional» para China, entre otras razones porque supuso el desplome de su turismo. En los meses siguientes, los diarios recogieron regularmente noticias sobre la patología. Hacia mediados de junio de 2003, la OMS anunciaba que la neumonía asiática había tocado techo. El balance por aquellas fechas era de ochocientas personas muertas y más de ocho mil afectadas. En fechas posteriores, las noticias sobre la enfermedad se fueron espaciando pero no desapareció. Se han ido produciendo brotes de la enfermedad, pero en todos los casos de menor intensidad. En cualquier caso, lo que interesa resaltar aquí es que el denominado SARS es una novísima enfermedad, sin antecedentes históricos conocidos hasta hace menos de dos años. Pero no es la última. Ese honor lo tiene la denominada «gripe del pollo», una patología cercana a la gripe humana provocada por el virus de la cepa A (H5N1). Con una localización geográfica muy similar a la anterior, ha provocado la muerte de personas y el sacrificio de decenas de millones de aves de corral. Viejas y nuevas responsabilidades frente a las plagas La edad de oro de la bacteriología comenzó en la década de 1880, cuando gracias, especialmente, al genio de Louis Pasteur y de Robert Koch se reconoció el origen bacteriano de algunas enfermedades infecciosas. Sin embargo, sólo fue a partir de la década de 1930 cuando se realizaron los progresos decisivos en lo que a la praxis derivada de ese conocimiento se refiere, gracias a la puesta en marcha de procedimientos de cultivo celular que permitieron el análisis cuidadoso de su ciclo multiplicador; además, la invención del microscópico electrónico permitió observarlo directamente. Gracias a estos avances científicotécnicos, se supo que en todos los tipos de organismos vivos existen formas parásitas y semiparásitas, pero que las productoras de las enfermedades infecciosas se limitan sobre todo a tres grandes grupos, ya mencionados: bacterias, protozoos y virus. Los helmintos, las rickettsias, los hongos y los priones, capaces de provocar en el hombre enfermedades de unas características generales muy semejantes a las de los grupos anteriores, son de menor importancia cuantitativa. En las primeras décadas del siglo XX también se afianzó, por lo que se refiere a las plagas de langosta, la denominada «acridología», la ciencia que consoViejas y nuevas plagas. Riesgos biológicos en el siglo XXI Doc. Anàl. Geogr. 46, 2005 127 DAG 46 001-190 24/7/06 19:42 Página 127 — (1999a). «La langosta. Riesgo universal, calamidad regional». Mundo Científico, 204, p. 70-76. — (2000). «De los miasmas a malaria.www. Permanencias e innovación en la lucha contra el paludismo». 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