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La Seu d'Urgell, el último conjunto de iglesias. Liturgia, paisaje urbano y arquitectura

Carrero Santamaría, Eduardo

Abstract

En la Edad Media central, la catedral de la Seu d'Urgell estaba integrada por una familia de iglesias canónica, que se mantuvieron en uso hasta fechas tardías, cuando la tendencia generalizada era la asimilación en un espacio único de edificios dispersos altomedievales. Su origen debe buscarse a comienzos del siglo XI, cuando en cerca de tres décadas se redefinió por completo todo el conjunto catedralicio, con un total de cuatro iglesias -tres de ellas documentadas por primera vez en estas fechas- rodeando a la principal de Santa María. En este trabajo también se estudian las relaciones litúrgicas entre las cinco iglesias, su vinculación a la canónica de la catedral y su advocación a algunos de los más importantes centro de peregrinación de la época.

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1El presente trabajo se inscribe en el proyecto de investigación Arquitectura y liturgia. El contexto artístico de las consuetas catedralicias de la Corona de Aragón, HAR2009-09366. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES (AEM) 40/1, enero-junio de 2010 pp. 251-291 ISSN 0066-5061 LA SEU D’URGELL, EL ÚLTIMO CONJUNTO DE IGLESIAS. LITURGIA, PAISAJE URBANO Y ARQUITECTURA1 LA SEU D’URGELL, THE LAST GROUP OF CHURCHES. LITURGY, CITYSCAPE AND ARCHITECTURE EDUARDO CARRERO SANTAMARÍA Universitat de les Illes Balears Resumen: En la Edad Media central, la catedral de la Seu d’Urgell estaba integrada por una familia de iglesias canónica, que se mantuvieron en uso hasta fechas tardías, cuando la tendencia generalizada era la asimilación en un espacio único de edificios dispersos altomedievales. Su origen debe buscarse a comienzos del siglo XI, cuando en cerca de tres décadas se redefinió por completo todo el conjunto catedralicio, con un total de cuatro iglesias —tres de ellas documentadas por primera vez en estas fechas— rodeando a la principal de Santa María. En este trabajo también se estudian las relaciones litúrgicas entre las cinco iglesias, su vinculación a la canónica de la catedral y su advocación a algunos de los más importantes centro de peregrinación de la época. Palabras clave: Seu d’Urgell; Catedral; Conjunto de iglesias; Arquitectura; Liturgia; Peregrinación. Abstract: In the central Middle Ages, the cathedral of the Seu d'Urgell was integrated by a canonical family of churches, which were kept in use up to late dates, when the widespread trend was the assimilation in an unique sacred space the ensembles of dispersed churches of the Early Middle Ages. Its origin must be searched at the beginning of the 11th century, when in near three decades the whole cathedral set was completely re-defined, with a whole of four churches —three of them documented by the first time during these dates— surrounding the principal church of Santa Maria. This article deals also with the liturgical relations between the five churches, its connections to the common life of the cathedral chapter and its dedication to the most important pilgrimage sites of the times. Keywords: Seu d’Urgell; Cathedral; Family of Churches; Architecture; Liturgy; Pilgrimage. SUMARIO 1. Urgell I: La penumbra del siglo IX.- 2. Urgell II: El obispo Ermengol o la redefinición del conjunto arquitectónico. 2.1. Sancte Marie Sedis Urgellensis. 2.2. Sanctus Petrus de Sede. 2.3. Sanctus Michael de Sedis. 2.4. Sancta Eulalia. 2.5. Sanctum Sepulcrum de Sede.- 2.6. La canónica.- 3. La catedral y sus iglesias. La ciudad del siglo XI. 3.1. Los cabildos de la Seu. - 4. Testimonios litúrgicos del siglo XII. 4.1. Topografía urbana, santos lugares y liturgia estacional. EDUARDO CARRERO SANTAMARÍA 252 2Eduardo CARRERO SANTAMARÍA, La arquitectura medieval al servicio de las necesidades litúrgicas. Los conjuntos de iglesias, “Anales de Historia del Arte”, volumen extraordinario (2009), pp. 61-97. 3Los lugares comunes que la historiografía había ido acumulando sobre la iglesia de Santa María y sobre su documentado maestro Raimon Lambard han sido revisados por Joan DURANPORTA, Sobre l’origen de Raimon Lambard, obrer de la catedral d’Urgell, “Locvs Amoenus”, 8 (2005-2006), pp. 19-28, e ID., ¿Lombardos en Cataluña? Construcción y pervivencia de una hipótesis, “Anales de Historia del Arte”, Volumen Extraordinario (2009), pp. 247-262. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES (AEM), 40/1, enero-junio 2010, pp. 251-291. ISSN 0066-5061 Siguiendo las constantes de la arquitectura altomedieval europea, un establecimiento religioso no estaba definido por una iglesia única, sino por un conjunto de núcleos cultuales que respondían a necesidades litúrgicas concretas. Desde una perspectiva general, los conjuntos de iglesias estuvieron motivados por la disgregación espacial de las funciones religiosas que posteriormente —en un proceso que se inicia con la cultura del Románico— se englobarían en un gran templo pero también, en muchos casos, estuvieron mediatizados por usos procesionales a imitación de los grandes centros de la época, como Roma o Jerusalén. A pesar de formar parte de un fenómeno común, en la mayoría de las ocasiones dichos conjuntos de iglesias y su pluralidad de ámbitos de reunión se fundamentaban en usos particulares a los que se adaptaban los modos litúrgicos difundidos desde otros lugares. Así, el citado marco procesional de Roma o Jerusalén era amoldado a las singularidades devocionales, arquitectónicas e incluso urbanísticas de cada territorio en cuestión2. Un caso particular sobre el que no se ha insistido lo suficiente es el de la Seu d’Urgell, familia de iglesias canónica que se interna en fechas tardías, cuando la tendencia generalizada era la asimilación en un espacio único de los usos litúrgicos que habían caracterizado el esparcimiento topográfico de la arquitectura religiosa en conjuntos múltiples. Si los investigadores que se han acercado hasta nuestra catedral han insistido sobre los problemas de filiación y cronología de la fábrica conservada, en pocas ocasiones se ha valorado la importancia del conjunto catedralicio hasta finales del siglo XII, la época que debiéramos reconsiderar como la edad de oro de la Seu3. Avanzando algunos de los puntos básicos de este trabajo, en la capital del Alt Urgell nos hallamos ante una compleja historia constructiva en la que, desde el siglo IX y la conformación de lo que denominaremos Urgell I, se pasó a comienzos del XI a la organización de Urgell II en una familia de cinco iglesias que, a su vez y a partir de la segunda mitad del siglo XII, sufriría un trascendental proceso de mutación funcional —esto es, Urgell III—, con la construcción de la catedral actual y la progresiva pérdida de costumbres y redefinición de usos de los edificios que concretaron el viejo conjunto del siglo XI. Nuestro análisis, de carácter fundamentalmente heurístico, toma como base la trascendental labor de edición documental encabezada por Cebrià Baraut y su sistemática publicación de los fondos del Arxiu Capitular urgelitano producidos entre los siglos IX y XII, la edición por Miquel dels Sants Gros de la consueta más antigua, y la publicación fragmentaria de la consueta del siglo XV (Arxiu Capitular de la Seu d’Urgell, ms. 2048) junto LA SEU D'URGELL. EL ÚLTIMO CONJUNTO DE IGLESIAS 253 4Cebrià BARAUT I OBIOLS, Els documents dels segles IX i X, conservats a l’Arxiu Capitular de la Seu d’Urgell, “Urgellia”, 2 (1979), pp. 7-145; ID., Els documents, dels anys 981-1010, de l’Arxiu Capitular de la Seu d’Urgell, “Urgellia”, 3(1980), pp. 7-166; ID., Els documents, dels anys 1010-1035, de l’Arxiu Capitular de la Seu d’Urgell, “Urgellia”, 4 (1981), pp. 7-186; ID., Els documents, dels anys 1036-1050, de l’Arxiu Capitular de la Seu d’Urgell, “Urgellia”, 5 (1982), pp. 7-158; ID., Els documents, dels anys 1051-1075, de l’Arxiu Capitular de la Seu d’Urgell, “Urgellia”, 6 (1983), pp. 7-243; ID., Els documents, dels anys 1076-1092, de l’Arxiu Capitular de la Seu d’Urgell, “Urgellia”, 7 (1984-1985), pp. 7-218; ID., Els documents, dels anys 1093-1100, de l’Arxiu Capitular de la Seu d’Urgell, “Urgellia”, 8 (1986-1987), pp. 7-149; ID., Els documents, dels anys 1101-1150, de l’Arxiu Capitular de la Seu d’Urgell, “Urgellia”, 9 (1988-189), pp. 7-570; ID., Els documents, dels anys 1151-1190, de l’Arxiu Capitular de la Seu d’Urgell, “Urgellia”, 10 (1990-1991), pp. 7-349; Index dels documents de l’Arxiu Capitular de la Seu d’Urgell, publicats en els volums IX-X d’Urgellia, Ibid., pp. 473-625; ID., Els documents, dels anys 1191-1200, de l’Arxiu Capitular de la Seu d’Urgell, “Urgellia”, 11 (1992-1993), pp. 7-160; Miquel dels Sants GROS I PUJOL, La Consueta antiga de la Seu d’Urgell (Vic, Mus. Episc., Ms. 131), “Urgellia”, 1 (1978), pp. 183-266, ID., Un fragment de l’antiga consueta de la Seu d'Urgell, “Urgellia”, 15 (2002-2005), pp. 191-199, y El processoner de la Seu d’Urgell imprès l’any 1527, ed. Francesc Xavier Altés i Aguiló, Barcelona, 2007. 5Jaime VILLANUEVA, Viage literario a las Iglesias de España, 22 vols., Madrid, 1803-1852, IX, pp. 165-166; Carme BATLLE I GALLART, Els orígens medievals de la Seu d’Urgell, Barcelona, 1979, pp. 7-11; ID., La Seu d’Urgell medieval: La ciutat i els seus habitants, Barcelona, 1985, pp. 17-22; Cebrià BARAUT I OBIOLS, El lloc de Ciutat, primitiu nucli urbà de la Seu d’Urgell, de l’època romana a la fi de l’Edat Mitjana, “Urgellia”, 8 (1986-1987), pp. 483492, reed. en Església i Bisbat d’Urgell. Recull de treballs, La Seu d’Urgell, 2003, pp. 47-58. Una aproximación a los orígenes de la población urgelitana en José Arturo PÉREZ ALMOGUERA, De la ‘arketurki’ prerromana a la ‘Vrgellum’ visigoda, ¿una continuidad?, “Cypsela”, 13 (1996), pp. 153-160. 6Maria Àngels RUF y Albert VILLARÓ, L’església románica de Santa Eulàlia de la Seu d’Urgell, “Urgellia”, 11 (1992-1993), pp. 487-509; Albert VILLARÓ I BOIX, La ciutat de la Seu i la muralla, en “Catalunya Romànica”, VI, L’Alt Urgell, Andorra, Barcelona, 1992, pp. 311313; ID., Hèrcules i la ciutat: Un passeig per la història de la Seu, Barcelona, 1995, pp. 18-45; ID., Intervencions arqueològiques a la Seu d’Urgell: cap a un horitzó romà tardà, “Revista ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES (AEM), 40/1, enero-junio 2010, pp. 251-291. ISSN 0066-5061 al procesionario catedralicio de 1527 —el último libro litúrgico propio de la catedral— realizada por Francesc Xavier Altés i Aguiló4. La documentación de los siglos XIII al XVI —especialmente actas y estatutos capitulares— contribuirá sin duda a rellenar las lagunas que, para algunos asuntos clave, aún se desprenden de este trabajo. 1. URGELL I: LA PENUMBRA DEL SIGLO IX Yendo a los orígenes, la historia de la ciudad previa al siglo IX es motivo de discusión científica. Hasta fechas recientes, se pensó que la vieja ciudad romana y visigoda estuvo inicialmente situada en el monte de Castellciutat. Tras la entrada en la zona de las tropas de ‘Abd al-Malik en 793 y la época herética del obispo Félix d’Urgell (786-799), la ciudad episcopal sería trasladada al actual llano al borde del Segre, llegando a coexistir dos núcleos urbanos de los que la catedral sería un vicus creado en el siglo IX, para terminar convirtiéndose en la ciudad principal en los siglos centrales de la Edad Media5. La arqueología ha destacado, por el contrario, que existen indicios de una necrópolis tardoantigua en el actual núcleo urgelitano —con enterramientos distribuidos entre el claustro catedralicio y la fachada norte del templo principal—, restos junto al carrer Major —interpretados como vestigios de una puerta trigémina enfrentada con la fachada occidental de la catedral—, y varios fragmentos edilicios en el entorno de la iglesia de Santa Eulalia6. EDUARDO CARRERO SANTAMARÍA 254 d’Arqueologia de Ponent”, 8 (1998), pp. 193-196; ID., Excavacions d’urgència a la ciutat d’Urgell: una aproximació als seus orígenes tardoromans, en “Comerç i vies de comunicació (1000 a.C.- 700 d.C.). XI col$loqui internacional d’arqueologia de Puigcerdà. Puigcerdà, 31 d’octubre i 1 de novembre de 1997”, Puigcerdà, 1998, pp. 435-447, e ID., Ciutat d’Urgell, en “Del Romà al Romànic. Història, art i cultura de la Tarraconense mediterrània entre els segles IV i X”, Barcelona, 1999, pp. 94-95; Joan Albert ADELL I GISBERT, Pere BESERAN I RAMON, Albert SIERRA I REGUERA y Albert VILLARÓ I BOIX, La catedral de la Seu d’Urgell, Barcelona, 2000, pp. 23-24. Como visión de conjunto, recogiendo estas noticias, Josep Maria GURT I ESPARRAGUERA, Les ciutats i l’urbanisme, en “Del Romà al Romànic”, op. cit., pp. 63-76. 7Pere PUJOL I TUBAU, La muralla medieval de la Seu d’Urgell, “El Cadí”, V (1934), reed. en Pere PUJOL I TUBAU, Obra completa, ed. Joan RIERA I SIMÓ, Vall d’Andorra, 1984, pp. 555568, BATLLE, Els orígens medievals de la Seu…, op. cit., pp. 14 y 19-20; ID., La Seu d’Urgell medieval…, op. cit., pp. 23, y VILLARÓ, La ciutat de la Seu i la muralla, op. cit., pp. 312-313. Se trata de una solución defensiva común a otros lugares y en determinados barrios dentro de encintados urbanos mayores. 8Cf. Pere PUJOL I TUBAU, L’acta de consagració i dotació de la catedral d’Urgell, de l’any 819 o 839, “Estudis Romànics”, II (1917), pp. 92-115, reed. en Obras completas, op. cit., pp. 87-106; Cebrià BARAUT, La data de l’acta de consagració de la Catedral carolíngia de la Seu d’Urgell, “Urgellia”, VII (1984-1985), pp. 515-525, reed. en Església i Bisbat d’Urgell…, op. cit., pp. 103-121, y ahora, ID., Les actes de consagracions d’esglésies de l’antic bisbat d’Urgell (segles IX-XII), La Seu d’Urgell, 1986, doc. 2, pp. 53-56. 9Publ. BARAUT, Els documents, dels anys 981-1010, op. cit., doc. 233, p. 66. 10Josep PUIG I CADAFALCH y Pere PUJOL I TUBAU, Santa Maria de la Seu d’Urgell, Barcelona, 1918, p. 11. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES (AEM), 40/1, enero-junio 2010, pp. 251-291. ISSN 0066-5061 Hasta la construcción de las murallas y ampliación del perímetro urbano a finales del siglo XII y su remodelación en el XIV, parece que la Seu d’Urgell estaba cerrada sobre sí misma, con el caserío actuando como protección en la que las ventanas al exterior no se abrían hasta una altura considerable y con un torrente, un brazo del río Segre, actuando como barrera natural al menos en uno de sus laterales7. Es en el momento previo al encastillamiento de la catedral y a la coetánea fortificación de la ciudad cuando, desde una perspectiva documental, comenzamos a tener noticias sobre un conjunto religioso que siempre contó con una iglesia principal dedicada a la Virgen, como certifican los documentos más antiguos conservados. El acta de consagración en 839 —sospechosa de falsedad o no— la reconoce como principalem ecclesiam sancte Marie8. A ésta pronto se añadieron otros edificios religiosos. En el año 993 se documenta una dedicación al Bautista, localizada junto a la catedral y cuyo altar fue el escenario legal de la publicación del testamento de Borrell II: …per reliquias sancti Iohannis Babtiste cuius baselica sita est in comitatum Urgilitensis infra domum sancte Marie Sedis Vicho, supra cuius sacro et sancto altario ubi has condiciones manibus nostris continemus…9. Lo conflictivo en la ubicación de este espacio es el infra domum con que se refiere a la catedral de Santa María, como espacio anejo y que parece colocarlo en el interior de ésta, a pesar de otorgarle el título de baselica. Si Puig i Cadafalch consideró esta nota diplomática la posible alusión a una cabecera triabsidada en el templo principal10, en mi opinión podría estar refiriéndose al baptisterio catedralicio, siguiendo la tradicional dedicación de los espacios bautismales a San Juan y entendido como ámbito anejo al templo mayor. De aquí se extraería la aparentemente contradictoria duplicidad de alusiones al mismo, siguiendo un planteamiento muy cercano al propuesto para la catedral de Vic anterior a su reconstrucción LA SEU D'URGELL. EL ÚLTIMO CONJUNTO DE IGLESIAS 255 11En paralelo y relacionable con el nebuloso período visigodo de la ciudad, la intervención arqueológica realizada en la iglesita de Santa Eulalia sacó a la luz unos restos para los que se ha propuesto una posible funcionalidad bautismal (ADELL, BESERAN, SIERRA y VILLARÓ, La catedral de la Seu, op. cit., p. 23). Para Vic, CARRERO, La arquitectura medieval al servicio de las necesidades litúrgicas, op. cit., pp. 71-73. 12Publ. VILLANUEVA, Viage literario, op. cit., X, pp. 59-60 y BARAUT, La data de l’acta de consagració, op. cit., doc. 2, pp. 118-119; regs. PUIG I CADAFALCH y PUJOL I TUBAU, Santa Maria de la Seu, op. cit., p. 22; BARAUT, Els documents, dels segles IX i X, op. cit., doc. 10, p. 31, e ID., Els documents, dels anys 1093-1100, op. cit., ap. doc. 2, p. 117. 13Publ. Pere PUJOL I TUBAU, Els testaments de tres bisbes d’Urgell, “Butlletí del Centre Excursionista e Vic”, 2 (1915-1917), pp. 196-200, 3 (1918-1920), pp. 12-14 y 20-25, reed. en Obra completa, op. cit., pp. 107-116 (doc. I, p. 109); PUIG I CADAFALCH y PUJOL I TUBAU, Santa Maria de la Seu…, op. cit., p. 22; BARAUT, Els documents, dels anys 981-1010, op. cit., docs. 232, 233, 286 y 314, pp. 64, 66, 118 y 145. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES (AEM), 40/1, enero-junio 2010, pp. 251-291. ISSN 0066-5061 del siglo XI11. Poco más podemos añadir sobre Santa María y su basílica de San Juan. El siguiente espacio cultual del conjunto catedralicio urgelitano se documenta en el año 840. El conde Seniofred hacía donación de un terreno urbano a Santa María de la Seu lindero con las iglesias de San Pedro y San Andrés. Esta doble advocación ha sido identificada con el templo de San Pedro, localizado a una treintena de metros de la fachada meridional de la catedral12. La iglesia es citada como beneficiaria de las mandas testamentarias del obispo Guisad en 952 y del conde Borrell II en 993, mientras en documentos de 1003 era denominada como sancti Petri de ipsa Sede13. De lo hasta ahora expuesto lo que se extrae a ciencia cierta es que, en el siglo X, la Seu d’Urgell ya contaba con un conjunto de al menos dos iglesias. En la de Santa María pudo ubicarse un baptisterio dedicado a San Juan, si aceptamos por válida la interpretación en este sentido del documento alusivo a una “basílica” del Bautista infra domum sancte Marie. 2. URGELL II: EL OBISPO ERMENGOL (1010-1035) O LA REDEFINICIÓN DEL CONJUNTO ARQUITECTÓNICO A comienzos del siglo XI, la documentación nos guía por las sustanciales transformaciones que se llevaron a cabo sobre el conjunto de iglesias en que se desarrolló Urgel I. Entre 1021 y 1023 se donaba para la construcción de una nueva iglesia, localizada al norte del templo principal, y dedicada a San Miguel y que el testamento del obispo Ermengol reconoce obra propia en 1033. El mismo diploma alude a las obras de ampliación o reconstrucción —como veremos, no está claro— de la catedral de Santa María, que fue consagrada en 1040. En 1036 es citada por primera vez la de Santa Eulalia, ahora vecina de la cabecera catedralicia, y 1045 es la fecha más segura para la iglesia del Santo Sepulcro, sobre cuya posible ubicación por ahora carecemos de evidencias documentales o arqueológicas. Por último, entre 1055 y 1092 se reconstruyó la iglesia de Sant Pere, al sur de la catedral. En resumidas cuentas, en cerca de tres décadas se redefinió por completo todo el conjunto catedralicio, con un total de cuatro iglesias —tres de ellas EDUARDO CARRERO SANTAMARÍA 256 14BATLLE I GALLART, Els orígens medievals de la Seu, op. cit., p. 18; ID., La Seu d’Urgell medieval, op. cit., p. 26; Mathias DELCOR, Ermengol évêque d’Urgell et son oeuvre (1010-1035) de l'histoire à l'hagiographie, “Les Cahiers de Saint-Michel de Cuxa”, 20 (1989), pp. 161-190; Francesc FITÉ I LLEVOT, Consideracions sobre el Romànic en l’àmbit del Comtat d’Urgell, en “El Comtat d’Urgell”, Lleida, 1995, pp. 119-148 (134); Prim BERTRAN I ROIGÉ, Ermengol d’Urgell: l’obra d’un bisbe del segle XI, en “La tranformació de la frontera al segle XI. Reflexions des de Guissona arran del IX centenari de la consagració de l’església de Santa Maria”, ed. F. SABATÉ, Lleida, 2000, pp. 89-132 (122-123), Jeffrey A. BOWMAN, The Bishop builds a bridge: Sanctity and Power in the Medieval Pyrenees, “The Catholic Historical Review”, LXXXVIII-1 (2002), pp. 1-16, y Francesc FITÉ I LLEVOT, Arnau Mir de Tost i el culte a les relíquies. Un exponent pirinenc en la promoció dels santuaris, “Urgellia”, XVI (2006-2007), pp. 511-549 (519). 15BARAUT, Les actes de consagracions d’esglésies, op. cit., doc. 54, pp. 135-138. 16Eduard JUNYENT, Catalunya Romànica. L’arquitectura del segle XII, Abadia de Montserrat, 1976, p. 74. A partir del documento, de alusiones posteriores a altares y de la comparación con la arquitectura de su tiempo, se ha propuesto una posible cabecera de cinco ábsides en batería (PUIG I CADAFALCH y PUJOL I TUBAU, Santa Maria de la Seu…, op. cit., pp. 15-16; BERTRAN, Ermengol d’Urgell…, op. cit., p. 123). La cuestión tendría su lógica si nos detenemos en Isidro G. BANGO TORVISO, La part oriental dels temples de l’abat-bisbe Oliba, “Quaderns d’estudis medievals”, 23-24 (1988), pp. 51-66 17Publ. BARAUT, Els documents, dels anys 1076-1092, op. cit., doc. 997, p. 120, e ID., Els documents, dels anys 1101-1150, op. cit., doc. 1319, p. 147; PUIG I CADAFALCH y PUJOL I TUBAU, Santa Maria de la Seu, op. cit., p. 16. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES (AEM), 40/1, enero-junio 2010, pp. 251-291. ISSN 0066-5061 documentadas por primera vez en estas fechas— rodeando a la principal de Santa María (fig. 1). Que en buena medida la cronología coincida con el pontificado de Ermengol (1010-1035) es la razón que ha llevado a varios investigadores a considerarle el efectivo transformador de la catedral y su entorno14. 2.1. Sancte Marie Sedis Urgellensis Consagrada el 22 de octubre de 1040 en presencia de seis obispos, sabemos muy poco del alcance real de su reconstrucción15. Eduard Junyent propuso que la intervención de Ermengol en la Seu se limitó a la remodelación de la cabecera del viejo templo del IX, de forma similar a como el abad Oliba había realizado en Sant Miquel de Cuixà16. En realidad, la obra debió ser mayor de lo supuesto hasta ahora ya que, en 1084 —cuarenta años después de la consagración de lo que efectivamente debió ser sólo la cabecera—, se documentan las obras en la galilea, a los pies17. ¿De nuevo trabajos de remodelación? Lo que, por el contrario, parece un argumento sólido para cuestionar la construcción de un edificio ex novo es que, a menos de un siglo de su probable finalización, ya se estuvieran planteando su reconstrucción, integral en la catedral que ha llegado a nuestros días. En cuanto a restos arquitectónicos, una intervención arqueológica sobre el exterior norte de la actual catedral sacó a la luz una estructura de planta casi circular cuyo lado meridional se interna bajo el muro de cierre de la nave septentrional de Santa María. Puestos en relación con la iglesia de Ermengol, se han interpretado como parte de una posible triconque o, quizás, como los cimientos de un edificio similar al cercano monasterio de Sant Serni de Tavèrnoles, caracterizado por las absidiolas que rematan los testeros del LA SEU D'URGELL. EL ÚLTIMO CONJUNTO DE IGLESIAS 257 18Joan Albert ADELL, Santa Maria de la Seu d’Urgell. Situació, en “Catalunya Romànica”, op. cit., VI, pp. 313-315. 19Juan BASSEGODA I NONELL, Proyectos barrocos para la Seu d’Urgell, “Espacio, Tiempo y Forma”, Serie VII, Historia del Arte, 3 (1990), pp. 151-180. 20Arnold ANGENENDT, ‘Cartam offerre super altare’. Zur Liturgisierung von Rechtsvorgängen, “Frühmittelalterliche Studien”, 36 (2002), pp. 133-158. 21La ley 19 de la tercera partida alfonsí se dedicaba en extenso a legislar los juramentos sobre altares, cruces y otros elementos de culto litúrgico, que tuvo su primer intento de derogación en la ley de Oña de 1498. Y digo primero porque de la costumbre aún dieron fe Isidoro Bosarte y Richard Ford cuando, tras sus respectivos viajes por España –durante la segunda mitad del siglo XVIII Bosarte y Ford entre 1833 y 1836–, se hicieron eco de tres iglesias juraderas castellanas donde se acostumbraba a abjurar poniendo las manos sobre altares y cuerpos santos: el relicario de San Isidoro de León, el bujo de San Vicente en un lateral de su monumento abulense y el cerrojo del Cid en Santa Gadea de Burgos (Isidoro BOSARTE, Viaje artístico a varios pueblos de España con el juicio de las obras que a las tres nobles artes que en ellos existen y épocas a que pertenecen, I, Madrid, 1807, pp. 248-250 Richard FORD, A handbook for travellers in Spain, 3ª ed., Londres, 1855, pp. 551, 748 y 848; para el ‘agujero de las juras’ de Ávila, Daniel RICO CAMPS, El Románico de San Vicente de Ávila (Estructuras, imágenes, funciones), Murcia, 2002, p. 311). 22Es posible que un altar de San Marcos, sobre el que se juraba en 1048, también perteneciera a la catedral, uno de cuyos arcedianos aparece como testigo del mismo documento (publ. BARAUT, Els documents dels anys 1036-1050, op. cit., doc. 619, p. 142). Lo mismo ocurre con el de Santa Cruz, con referencias a partir de 1178, pero sin quedarnos claro si ya se encontraba en el edificio inciado por el obispo Ot. 23Entre los de Santa María, Santes Creus, Sant Ermengol, Sant Ot, Sant Pau, Sant Andreu, Sant Joan, Sant Jordi, Santa Margalida, Santa Caterina o el Salvador, refundado bajo la torre norte de la catedral por el obispo Pere d’Urtx (PUIG I CADAFALCH y PUJOL I TUBAU, Santa Maria de la Seu, op. cit., p. 81; C. BATLLE I GALLART, La Seu d’Urgell a la segona meitat del segle XIII, segons els testaments, “Urgellia”, 3 (1980), pp. 369-417 -p. 385-). ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES (AEM), 40/1, enero-junio 2010, pp. 251-291. ISSN 0066-5061 transepto18. Destaquemos lo difícil de su análisis, ya que la estructura exhumada es de planta casi circular y entesta con el basamento de la iglesia románica; además, se encuentra en una zona cuyos estratos arqueológicos debieron ser muy maltratados tras la elevación en época moderna de la capilla barroca de las reliquias, que finalmente sería derribada a comienzos el siglo XX19.Volviendo a los testimonios documentales de la Santa María del siglo XI, las alusiones más claras son las referentes a sus distintos altares que, junto a los de las restantes iglesias del conjunto catedralicio, funcionaron como ámbitos legales, para la jura y firma de documentos o para la apertura sacramental de testamentos, siguiendo una amplia tradición tardoantigua recogida en toda Europa20. Mientras en otros lugares existieron edificios, altares e incluso relicarios que por una significación singular agruparon este tipo de actos jurídicos, en la Seu d’Urgell o en otras ciudades de los condados, como Vic o Girona, no hubo un altar exclusivo destinado a fines legales, por el contrario, encontramos un buen número de aras de la catedral y su entorno haciendo estas funciones21. Contamos con, al menos, diez altares documentados por alusión, dedicados a San Agustín, San Pablo, San Juan, San Justo, San Jorge, el Salvador, San Esteban, San Ermengol, Santiago y el Santo Sepulcro, además del principal dedicado a la Virgen22. La mayoría de estas dedicaciones fueron recogidas por la catedral tardorrománica y así son referidas en la documentación del XIII23. EDUARDO CARRERO SANTAMARÍA 258 24Publ. BARAUT, Els documents, dels anys 1010-1035, op. cit., doc. 463, p. 166. En esta función también se documenta en el siglo XIV, cuando el obispo Galceran de Vilanova donaba a su cabildo el misal iluminado que hoy nos ha llegado (publ. PUJOL I TUBAU, Els dos missals mixtos, op. cit., p. 85). 25Publ. BARAUT, Els documents, dels anys 1051-1075, op. cit., doc. 755, p. 125. 26Publ. ID., Els documents, dels anys 1010-1035, op. cit., doc. 348, p. 59. 27Publ. ID., Els documents, dels anys 1051-1075, op. cit., docs. 710, 734, 772 y 816, pp. 85, 105, 140 y 177, e ID., Els documents, dels anys 1076-1092, op. cit., docs. 994, 1044y 1048, pp. 117, 166 y 169. 28Publ. ID., Els documents, dels anys 1076-1092, op. cit., doc. 927, p. 60. 29IBID., doc. 959, p. 88. 30Publ. BARAUT, Els documents, dels anys 1036-1050, op. cit., docs. 540, 566, 572 y 574, pp. 75, 96, 101 y 103; ID., Els documents, dels anys 1051-1075, op. cit., docs. 649, 650, 744, 822, 837, 839 y 842, pp. 35, 36, 114, 182, 193, 196 y 199; ID., Els documents, dels anys 10761092, op. cit., docs. 916, 1008 y 1081, p. 48, 129 y 198, e ID., Els documents, dels anys 11011150, op. cit., docs. 1258 y 1304, pp. 89 y 133. 31Publ. BARAUT, Els documents, dels anys 1051-1075, op. cit., doc. 647, p. 33. 32…remaneat ad Sancto Stephano, qui est prope Sanctum Ermegaudum vultus in ecclesia Sancte Marie (publ. BARAUT, Els documents, dels anys 1051-1075, op. cit., docs. 855 y 863, pp. 211 y 217); ad Sancto Stephano solidos III ad ipsa opera (IBID., doc. 703, p. 80). …super altari Sancti Stephani (ID., Els documents, dels anys 11101-1150, op. cit., doc. 1215, p. 45). 33Publ. Domènec SANGÉS, Recull de documents del segle XI referents a Guisona i la seva plana, «Urgellia», 3 (1980), pp. 195-305 (doc. 37, pp. 254-256). 34Publ. BARAUT, Els documents, dels anys 1076-1092, op. cit., doc. 997, p. 120. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES (AEM), 40/1, enero-junio 2010, pp. 251-291. ISSN 0066-5061 En 1033, el testamento del obispo Ermengol insiste en el carácter del altar mayor como marco legal24. En él debía colgarse el yelmo del caballero Guillem, según requería en su rica voluntad testamentaria en 106425. El altar de San Agustín se documenta en 1017, con la publicación del testamento de doña Sancha d’Urgell en el espacio dedicado al santo cuius altarium situm est sub pinnaculum sancte Marie Sedis Orgillensis26. Lo mismo ocurría con el altar de San Pablo en 1058, 1061, 1065 o 1068, localizado intra domum Sancte Marie Sedis y receptor de donaciones, o el de San Juan en 108827. En 1079 recibía donación el altar de San Justo, localizado en el interior de la catedral28, si bien no nos queda claro en absoluto si se trata de la misma advocación a la que dos años después era entregada una cantidad ad opera, junto a otras dedicaciones como el Salvador y las seguras iglesias de San Pedro y San Miguel29. El altar de San Ermengol es citado por primera vez en 1044, aunque la advocación al Ermengol santo se documente desde 1041 y en un estado de semi cotitularidad con la catedral y su canónica, al menos en las décadas centrales del siglo XI, convertido en convencionalismo documental que se repite con escasas variaciones en diplomas desde 1063 a 111830. En 1051, el testamento de Arnau Salla lo hacía beneficiario de una donación destinada a su tabula, junto a la de Santa María de la Seu31. En un par de documentos de 1073 y 1074, de manera indirecta, se cita el Sanctum Ermegaudum vultus en cuyas proximidades se encontraba el altar de San Esteban de la catedral, altar que, por cierto, debe ser el mismo a cuya obra se donaba en 1058 y sobre el que se juraba en 110432. En 1075, recibía una donación ad opera, sin mayores complicaciones33, mientras en 1084 Estefanía entregaba dos anillos de oro para la realización de su tabula34. El altar de LA SEU D'URGELL. EL ÚLTIMO CONJUNTO DE IGLESIAS 259 35Publ. ID., Els documents, dels anys 1051-1075, op. cit., docs. 712 y 771, pp. 87 y 139, y SANGÉS, Recull de documents, op. cit., doc. 27, doc. 245; BARAUT, Els documents, dels anys 1101-1150, op. cit., docs. 1242 y 1289, pp. 70 y 117; ID., Els documents, dels anys 1191-1200, op. cit., doc. 15, p. 86. 36Publ. BARAUT, Els documents, dels anys 1076-1092, op. cit., doc. 997, p. 120, e ID., Els documents, dels anys 1101-1150, op. cit., doc. 1319, p. 147; PUIG I CADAFALCH y PUJOL I TUBAU, Santa Maria de la Seu, op. cit., p. 16. 37Francesca ESPAÑOL, Massifs occidentaux dans l’architecture romane catalane, “Les Cahiers de Saint-Michel de Cuxa”, XXVII (1996), pp. 57-77 y, aludiendo a la Seu, ID., L’escultura románica catalana en el marc dels intercanvis hispanollenguadocians, en “Gombau de Camporrells, bisbe de Lleida a l’alba del segle XIII”, eds. I. G. Bango y J. J. Busqueta, Lleida, 1996, pp. 43-81 (41). 38Publ. PUIG I CADAFALCH y PUJOL I TUBAU, Santa Maria de la Seu, op. cit., p. 74. 39Ibidem. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES (AEM), 40/1, enero-junio 2010, pp. 251-291. ISSN 0066-5061 Santiago es citado junto al de San Juan en 1059 y fue escenario de varias publicaciones sacramentales de testamentos entre los siglos XI y XII35. Del altar del Sepulcro trataré en el apartado dedicado a la iglesia que, bajo la misma advocación, fue fundada junto a la catedral a comienzos del siglo XI. Por último, me gustaría llamar la atención sobre un elemento bien documentado en el edificio del siglo XI: la galilea. Según vimos, en 1084 se hacía una donación de dos sueldos ad opera galilee Sancte Marie y, en 1119, acogía una declaración notarial realizada por una tal Ermengarda: ante Sancte iam dicte Marie galileam36. No parece muy arriesgado relacionar las noticias de finales del siglo XI y comienzos del XII con un macizo occidental a la manera de los estudiados por Francesca Español para las catedrales de Barcelona, Girona y Vic37. Las noticias al respecto no finalizan en el siglo XI. En 1211 era utilizada como elemento delimitador de una casa a construir por A. d’Archavell, obrero de la catedral: locum quemdam in galilea coram ecclesia beate Marie ad faciendam domum. El terreno lindaba con la propia galilea por dos lados, con un muro y con el obrador de la catedral: Afrontat dictus locus, in una parte in muro, de alia in operatorio beate Marie a Johanne de Ceritania dato, de duabus partibus in galilea38. ¿Se trataba de la galilea de la catedral del siglo XI, aún en pie durante el proceso de finalización del edificio que la sustituyó? Podría ser, ya que de lo que sí estamos seguros es de que la iglesia tardorrománica no tuvo macizo occidental y sí una estructura porticada a los pies que, además de funcionar como espacio de recepción, se dedicó a acoger los cuerpos que no podían pagarse la sepultura en el interior del templo o en el claustro39. Esta zona fue muy transformada durante las primeras décadas del siglo XVI. En 1555 y como continuación del proceso de limpieza y liberación de la catedral y su entorno, el cabildo ordenaba que se derribaran los pórticos —cuberts— y casas que se situaban entre la fachada occidental de la iglesia y la casa del mestre Menaut. En 1577, siguiendo el ejemplo de otras catedrales cuyas puertas y entradas estaban limpias y decorosas, se decidió prohibir los enterramientos en el pati de la porta maior, espacio de indudable- EDUARDO CARRERO SANTAMARÍA 266 81“ad ipso Sancto Sepulchro et ad Sancto Iusto et ad Sancto Georgio” (publ. BARAUT, Els documents, dels anys 1036-1050, op. cit., doc. 574, p. 103; ID., Els documents, dels anys 10361050, op. cit., doc. 502, p. 44). Así lo interpretaron también PUIG I CADAFALCH y PUJOL I TUBAU, Santa Maria de la Seu, op. cit., p. 15. 82Publ. BARAUT, Els documents, dels anys 1036-1050, op. cit., doc. 581, p. 110, e ID., Els documents, dels anys 1051-1075, op. cit., doc. 642, p. 27. 83Publ. ID., Els documents, dels anys 1076-1092, op. cit., doc. 927, p. 60; Pere PUJOL I TUBAU, De la cultura catalana medieval. Una biblioteca dels temps romànics, “Estudis Universitaris Catalans”, 7 (1913), pp. 1-8, reed. Obra completa, op. cit., pp. 47-54 (51). 84Publ. BARAUT, Els documents, dels anys 1036-1050, op. cit., doc. 588, p. 118, e ID., Els documents, dels anys 1051-1075, op. cit., doc. 670, p. 55; ID., Els documents, dels anys 1076-1092, op. cit., docs. 951, 974 y 1025, pp. 80-81, 100 y 144; Diplomatari de l’Arxiu Capitular de la Catedral de Barcelona. Segle XI, eds. Josep BAUCELLSI REIG, Àngel FÀBREGA IGRAU, Manuel RIU IRIU, Josep HERNANDO I DELGADO y Carme BATLLEI GALLART, 5 vols., Barcelona, 2006, III, doc. 687, p. 1169. 85BARAUT, Els documents, dels anys 1051-1075, op. cit., doc. 658, p. 43. 86Ibid., docs. 696, 697 y 873, pp. 75-77 y 225. 87BARAUT, Els documents, dels anys 1076-1092, op. cit., doc. 1095, p. 215. 88ID., Els documents, dels anys 1151-1190, op. cit., doc. 1622, p. 147. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES (AEM), 40/1, enero-junio 2010, pp. 251-291. ISSN 0066-5061 en la catedral81. Ahí no queda la cosa. En 1045 y 1051, el Sepulcro volvía a citarse junto a los altares de San Justo y San Jorge, qui sunt siti in ipsa Sede82. Por fin, en 1079, el conde Ermengol IV hacía donación a varios altaria sacrata localizados intra Santa María, entre los que se cuenta el del Santo Sepulcro, y en 1081era receptor de varios objetos litúrgicos entre los que se encontraba un leccionario83. Respecto a la iglesia, desde 1045 en adelante, el Sepulcro aparece como espacio independiente y al que se concedían donaciones testamentarias: ad domum Sancti Sepulchri de ipsa Sede84. Por primera vez en 1053, el testamento de un tal Oriol sitúa el Santo Sepulcro al mismo nivel que las iglesias mayores del conjunto: Santa María de la canónica, San Miguel y San Pedro85. En 1057, antes de iniciar su peregrinación a Santiago de Compostela, Guillem Mir hacía una importante ofrenda al Santo Sepulcro urgelitano, en la que se recogen inestimables datos: en primer lugar, lo tilda de iglesia —ecclesia—, en segundo, reconoce como promotor de la misma a su tío Miro Viven, sacer qui ipsa ecclesia Sancti Sepulchri edificavit. Por último, estipula que sobre su altar debían oficiarse misas por la memoria del ínclito Miró Viven y por la suya propia, utilizando el rico ajuar litúrgico que le dejaba en donación, al que se añadiría un salterio en 107586. Finalmente, una donación en 1092, la localizaba junto a la catedral de Santa María de la Seu: …ecclesie Sancti Sepulcri, que est fundata prope ecclesie Sancte Dei genitricis Marie Sedis Urgellensis87. Las noticias sobre la iglesia continúan más allá del siglo XI. El grueso de la donación testamentaria de Pere de Castelló en 1168 se dedicó a las iglesias de la Seu d’Urgell, citadas en el orden siguiente: Santa María, San Pedro, el Santo Sepulcro, San Miguel, Santa Eulalia, San Ot, San Nicolás y San Fructuoso88. En los mismos términos se redactaba el testamento del prepósito Bonet —aunque ahora las beneficiarias de sus bienes eran la obra de LA SEU D'URGELL. EL ÚLTIMO CONJUNTO DE IGLESIAS 267 89Ibid., doc. 1824, p. 328, e ID., Els documents, dels anys 1191-1200, op. cit., ap. 39, p. 103. De la iglesia de San Fructuoso tenemos la primera mención como beneficiaria de donación en 961 (BARAUT, Els documents, dels segles IX i X, op. cit., doc. 140, p. 100), aunque no reaparece como tal hasta la segunda mitad del siglo XII, según vemos, y en el siglo XIII se especifica ubicada en la huerta del Segre. Ya en el XIII, en la paz firmada entre el obispo Ponç de Vilamur y Roger conde de Foix en 1244 “actum est hoc inter Sedem et Ciuitatem apud Sanctum Fructuosum”, publ. Pere PUJOL I TUBAU, Documents en vulgar dels segles XI, XII y XIII, procedents del Bisbat d’Urgell, “Biblioteca Filològica de l’Institut de la Llengua Catalana” (1913), reed. Obra completa, op. cit., pp. 19-38 (29); otros testimonios en BATLLE, La Seu d’Urgell a la segona meitat, op. cit., p. 385. De San Nicolás, situada al norte de la ciudad, sabemos que en el siglo XIII tenía su capellán en Pere de Bellpuig, uno de los notarios de la Seu, al igual que Sant Ot, el altar de la parroquia catedralicia situada al sur de la fachada occidental del templo, cuyo capellán también aparece inmiscuido en asuntos legales de la ciudad (BATLLE, La Seu d’Urgell a la segona meitat, op. cit., pp. 371-372). 90El hecho de que no aparezca referida entre las tres iglesias catedralicias del testamento de Ermengol –Santa María, Sant Pere y Sant Miquel– no debe considerarse un término cronológico, Santa Eulàlia tampoco aparece y sabemos de su segura existencia en estas fechas. 91BARAUT, Els documents, dels anys 1101-1150, op. cit., doc. 1413, p. 226. Bernat Arnau aparece documentado como testigo o receptor y administrador de donaciones en varios documentos, v. g. Ibid., doc. 1409, p. 223. 92BARAUT, Els documents, dels anys 1101-1150, op. cit., doc. 1451, p. 259; BATLLE, La Seu d’Urgell a la segona meitat, op. cit., p. 380. 93BARAUT, Els documents, dels anys 1151-1190, op. cit., doc. 1756, p. 270; ID., Els documents, dels anys 1191-1200, op. cit., doc. 31, p. 98, y BATLLE, La Seu d’Urgell a la segona meitat, op. cit., pp. 404-416. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES (AEM), 40/1, enero-junio 2010, pp. 251-291. ISSN 0066-5061 la propia catedral—, y las iglesias de San Miguel, el Santo Sepulcro, San Pedro y San Nicolás, o en el de Ramon Isarn, en el que se recogen San Pedro, el Santo Sepulcro, San Miguel, Santa Eulalia y San Fructuoso89. Sobre la cronología certera de la iglesia del Sepulcro poco sabemos aunque, si en 1057 Guillem Mir nos informaba de cómo su tío materno la había construido, una diferencia de veinte o treinta años no parece demasiado larga en una línea familiar directa. En cualquier caso, una fecha marco entre las tres primeras décadas del siglo XI parece la más apropiada90. Respecto a su organización y mantenimiento, en una donación de 1131 se recoge como responsable de la misma a un Bernardo priori, que debemos identificar con Bernat Arnau, prior del cabildo catedralicio de la Seu en estas décadas del siglo XII91. El diploma pone de manifiesto que, efectivamente, la iglesia del Santo Sepulcro era uno de los establecimientos religiosos que dependían directamente del cabildo de la Seu, junto a San Pedro, San Miguel y Santa Eulalia. Por otro lado, los encargados del culto en su interior debían ser miembros del estamento capitular, como aquel Berenguer presbiteri de Sancti Sepulcri referido en 1136 y Arnau Lambard, capellán del Santo Sepulcro y prohombre urgelitano92, documentado a mediados del siglo XIII, en una época en la que el edificio debía estar realizando funciones parroquiales como las hacía Sant Miquel, otra de las iglesias del conjunto original. El Sepulcro gozaba de su propio patrimonio según traslucen documentos de la segunda mitad del siglo XII, como la donación de la iglesia de Sant Miquel de la Sentiu y el término del castillo de Taravat qui ecclesiam Sancti Sepulcro Sedis tenuerint, a la par que se registran donativos de ornamentos litúrgicos para su altar, como la de 128893. Quizás el mayor inconveniente sea que, por ahora, desconocemos su ubicación en el entorno catedralicio. A riesgo de pillarme los dedos, creo que EDUARDO CARRERO SANTAMARÍA 268 94Puestos a imaginar, aunque sin refrendo arqueológico de ningún tipo, podríamos presuponer que se tratara de un espacio centralizado a imitación del Sepulcro de Jerusalén y en consonancia con otros edificios del contexto europeo y catalán cronológicamente parejos. La bibliografía al respecto es más que importante, aunque aparece recogida en la soberbia síntesis de, Justin E. A. KROESEN, The Sepulchrum Domini through the Ages. Its Form and Function, Lovaina-ParísSterling (Virginia), 2000. Para Cataluña, Jordi VIGUÉ, Les esglésies romàniques catalanes de planta circular i triangular, Barcelona, 1975, y ESPAÑOL, Massifs occidentaux, op. cit., pp. 6770. 95GROS, La Consueta antiga, p. 196. 96PUIG I CADAFALCH y PUJOL I TUBAU, Santa Maria de la Seu, op. cit., pp. 74, n. 2 y 76-78. 97GROS, La Consueta antiga, p. 225. Asunto habitual en todas las catedrales y monasterios, como recogí en Eduardo CARRERO SANTAMARÍA, La funcionalidad espacial en la arquitectura del Medievo y las dependencias catedralicias como objeto del estudio histórico-artístico, “Medievalismo”, 9, 1999, pp. 149-175, en particular, p. 170. Luego, para Vic y Sant Cugat del Vallès, Francesca ESPAÑOL, La polifuncionalidad de un espacio retringido. Los usuarios religiosos y la satisfacción de las necesidades comunitarias, en “Claustros románicos hispanos”, eds. J. Yarza y G. Boto, León, 2003, pp. 11-29. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES (AEM), 40/1, enero-junio 2010, pp. 251-291. ISSN 0066-5061 lo más lógico pensar que se situara en un arco imaginario al norte del templo principal, entre su fachada oeste y la cabecera, debido a la profusión de edificios frente a su fachada meridional en la que, a la postre, se edificaría el claustro. A mediados del siglo XII, la procesión recogida en la Consueta antigua de la catedral establece un recorrido que va de la iglesia mayor hasta San Pedro, de ésta hasta el Sepulcro y de aquí a la iglesia de San Miguel, pareciendo un recorrido lógico desde San Pedro hasta San Miguel pasando por la fachada occidental de la catedral94. Hasta aquí las noticias sobre el Santo Sepulcro. Desconocemos cuándo desapareció, en un momento por ahora indeterminado entre el siglo XIV y comienzos del XV, fechas en que la Consueta Nova de 1418, el Procesionario y el Ordinario de la catedral ya no recogen procesión alguna a la misma como, según veremos, sí se refiere en la Consueta del siglo XII ad ecclesiam Sancti Sepulcri. 2.6. La canónica Las oficinas capitulares se concentraron frente a la fachada meridional de Santa María, ocupando el espacio entre ésta y la iglesia de Sant Pere (fig. 4). La consueta del siglo XII alude a la sala capitular, en la que se leía el calendario, calenda o pretiosa del cabildo, vidas de santos y otros textos ejemplarizantes95. Nada sabemos de cómo pudo ser, desaparecida con la reforma de la galería claustral correspondiente en 1601, aunque sí nos consta que el obispo Pere de Urtx (1269-1293) patrocinó unas obras de mantenimiento, entre las que se incluyeron claustro y capítulo96. Según la consueta catedralicia, durante la conmemoración de la Última cena, el mandato era celebrado en la sala capitular y el refectorio: en la primera el lavatorio de pies del propio cabildo y en el segundo el de los pobres: Post hec fiat mandatum, primo pauperum in refectorio, deinde clericorum in capitulo, et cantentur antifone ‘Cena facta’ et alie ad sufficiendum97. El refectorio es citado además en mandas testamentarias dedicadas a la alimentación de los canónigos, como la que en 1045 destinaba una cantidad al aceite y el pescado que debían tomar durante la Cuaresma, o en los estatutos capitulares de 1161, con el estableci- LA SEU D'URGELL. EL ÚLTIMO CONJUNTO DE IGLESIAS 269 98Publ. VILLANUEVA, Viage literario, op. cit., IX, doc. XXVIII, pp. 294-298; BARAUT, Els documents, dels anys 1036-1050, op. cit., doc. 588, pp. 116-118 M. RIU I RIU, Història. Santa Maria de la Seu d’Urgell, en “Catalunya Romànica”, op. cit., VI, pp. 315-326 (325). 99“…ad ipsa cannonicha de predicta sedis Urgelli ad ipso dormetorio per lumine” (publ. BARAUT, Els documents dels anys 1051-1075, op. cit., doc. 776, p. 144, y PUIG I CADAFALCH y PUJOL I TUBAU, Santa Maria de la Seu, op. cit., p. 17, n. 1). 100“Nocturnis horis, cum audito signo de lecto quisque surrexerit, in primis signum sancte crucis, sub invocatione Sancte Trinitatis, sibi in primat et dicat ‘Ad te Domine levavi’. Ingressus vero ecclesiam, cum summa reverentia, fundat precem coram Domino, psallens corde quam ore, ita ut illius vox vicinor sit Deo quam sibi, dicatque hanc orationem ‘ Gratias tibi ago, omnipotens Pater…’” (GROS, La Consueta antiga, op. cit., p. 194). 101VILLANUEVA, Viage literario, op. cit., IX, p. 172; Pere PUJOL I TUBAU, Notes i documents sobre la construcción de retaules en l’Alt País d’Urgell, “Homenatge a Antoni Rubió i Lluch. Miscel$lània d’estudis històrics i lingüístics”, Barcelona, 1936, II, pp. 436-489, reed. Obra completa, op. cit., pp. 591-611 (594), e ID., L’església de la Pietat, de la Seu d’Urgell, “Analecta Sacra Tarraconensia”, 5 (1922), pp. 331-352, reed. Obra completa, op. cit., pp. 385406, y BARAUT, CASTELLS, MARQUÈS y MOLINÉ, Episcopologi de l’Església, op. cit., p. 67. Sobre la entidad arquitectónica y noticias documentales de las casas comunes de los cabildos peninsulares entre los siglos XI y XII, Eduardo CARRERO SANTAMARÍA, Sobre ámbitos arquitectónicos y vida reglar del clero. La canónica de la Seu Vella de Lleida, “Seu Vella. Anuari d'Història i Cultura”, 3 (2001), pp. 82-107, e ID., La ‘vita communis’ en las catedrales peninsulares: Del registro diplomático a la evidencia arquitectónica, “A Igreja e o Clero português no contexto europeu”, Lisboa, 2005, pp. 171-194. 102En 1135, Guillem Tedball testaba haciendo beneficiarios de sus voluntades a la canónica y a su refectorio, a los presbíteros mayores y menores de la catedral, al Santo Sepulcro y el hospital, al altar mayor y “ad claustrum Sancte Marie”, al que corresponderían dos maravedíes y un hórreo (BARAUT, Els documents, dels anys 1101-1150, op. cit., doc. 1445, p. 255). ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES (AEM), 40/1, enero-junio 2010, pp. 251-291. ISSN 0066-5061 miento de las doce preposituras responsables del mantenimiento de la canónica98. También era destino de una de las procesiones pascuales referidas en la consueta, durante la que se entonaba el tropo Quem queritis in sepulcro. Por fin, sobre el dormitorio, un testamento de 1065 legaba bienes a su iluminación99. Ya en el siglo XII y de forma indirecta, la consueta alude al mismo, del que los canónigos salían al tañido de la campana de los rezos nocturnos a la voz del salmo 24 —Ad te Domine levavi—, entrando después procesionalmente en la iglesia, iniciando la oración canonical Gratias tibi ago, omnipotens Pater100. De dónde se encontraban cada una de estas dependencias tenemos algunas certezas. El capítulo parece que se situó, al menos desde la construcción tardía del claustro, entre el brazo sur del transepto y la iglesia de Sant Pere y, si la localización del dormitorio es una incógnita, al menos el refectorio estuvo en la domus canonicalis paralela a la galería occidental del claustro, muy modificada entre los siglos XIV y XVI y que actualmente aloja el Museu Diocesà d’Urgell. Como documenta Pujol i Tubau, en esta Casa del Capítol se localizó el refectorio de los beneficiados durante la Baja Edad Media; era limítrofe con el palacio episcopal hasta tiempos del obispo Galceran de Vilanova (1388-1415), que lo trasladó hasta su actual ubicación, dejando el antiguo inmueble a la dignidad decanal101. La cuestión más interesante a destacar aquí es cómo el claustro actual se debió adecuar a los edificios previos, es decir, a la superficie marcada por las iglesias de Santa Maria y Sant Pere, la canónica a occidente y puede que ya el capítulo al Este, aunque la cronología de las galerías claustrales y la existencia o no de un claustro porticado previo caiga fuera de los límites de este trabajo102. Por EDUARDO CARRERO SANTAMARÍA 270 103Publ. BARAUT, Els documents, dels anys 1101-1150, op. cit., doc. 1425, p. 238. 104Las diferencias con que la documentación trata el vicus o la civitas Sedis Urgellensis han sido estudiadas en BATLLE, Els orígens medievals de la Seu, op. cit., pp. 16 y 25, e ID., La Seu d’Urgell medieval, op. cit., pp. 19-21 y 34-35. 105M. Gemma GARCIA LLINARES, Antoni A. MORO GARCÍA y Francesc TUSET BERTRAN, La seu episcopal d'Ègara. Arqueologia d'un conjunt cristià del segle IV al IX, Tarragona, 2009. 106Eduardo CARRERO SANTAMARÍA, La ‘ciudad santa’ de Oviedo, un conjunto de iglesias para la memoria del rey, “Hortus Artium Medievalium”, 13, 2007, pp. 375-389. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES (AEM), 40/1, enero-junio 2010, pp. 251-291. ISSN 0066-5061 último, sabemos del primer hospital de la catedral sito junto a su puerta —presuponemos que la occidental—, al que alude en donación el conde Ermengol en 1132 ad hospicium pauperum quod est situm iuxta portas eiusdem sancte Sedis103. 3. LA CATEDRAL Y SUS IGLESIAS. LA CIUDAD DEL SIGLO XI Una vez recogidas las alusiones documentales a las iglesias que la Seu d’Urgell albergó allá por el siglo XI, es de ley plantearnos una reflexión sobre el paisaje urbano de este momento. ¿Cómo era el entorno de la catedral y sus iglesias vecinas? Está claro que nada tenía que ver con la realidad actual. No voy a insistir en la cuestión del nacimiento de las más viejas ciudades catedralicias y una disposición urbana que, en algunas ocasiones, tuvo mucho que ver con la regularidad del cabildo, como fue la partición entre ciudad eclesiástica y ciudad civil, ambas envueltas en su propio medio defensivo. De hecho, la refundación de la Seu d’Urgell se hizo alrededor de la catedral, la sede urgelitana como la propia toponimia indica104. De todos modos, si queremos tener una imagen aproximada de cuál fue el aspecto de nuestra serie de iglesias, no hace falta irnos muy lejos. En la provincia de Barcelona, el conjunto episcopal de Terrassa es uno de esos ejemplos milagrosos de conservación arquitectónica y urbana, con una cronología temprana, apoyada además por los más recientes estudios (fig. 5). Tres iglesias, un baptisterio, una capilla menor y los restos de un episcopium, con un claro esquema evolutivo desde la inicial basílica, parangonable al que describíamos en Urgel I. La interpretación funcional del conjunto pasa por la de una iglesia reglar, otra iglesia parroquial-episcopal, y una funeraria, a las que se añadieron las restantes edificaciones105. Un segundo ejemplo. Hace escasas fechas me detuve en el conjunto de iglesias que terminaron conformando la catedral de San Salvador de Oviedo y los vecinos monasterios benedictinos de San Vicente y San Juan Bautista y San Pelayo. En este caso, se trataba de un complejo con origen en una iglesia de propiedad regia y en su vecina capilla funeraria, que concluirían vertebrando a tres comunidades eclesiásticas —clero de San Salvador y monjes y monjas de San Benito— implicadas en el recuerdo de los reyes de Asturias106. Lo mismo ocurrió en Santiago de Compostela alrededor de las reliquias del Apóstol y hasta la definición del complejo catedralicio bajo la autoridad de un cabildo. Si histórica e institucionalmente Oviedo o LA SEU D'URGELL. EL ÚLTIMO CONJUNTO DE IGLESIAS 271 107En un plano general, Isidro G. BANGO TORVISO, Atrio y pórtico en el Románico español: concepto y finalidad cívico-litúrgica, “Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología”, 40-41 (1975), pp. 175-188, y, centrados en los condados, Víctor FARÍAS ZURITA, La sagrera catalana (c.1025-c.1200): Características y desarrollo de un tipo de asentamiento eclesial”, “Studia Historica. Historia Medieval”, XI (1993), pp. 81-121, ID., ‘Treva et paz tener’. La ‘sagrera’ y la paz de los obispos en la diócesis de Urgell (siglos XI y XII), “Études Roussillonnaises”, 21 (2005), Le Moyen Âge dans les Pyrénées catalanes: Art, culture et société. À la mémoire de Mathias Delcor, ed. Michel ZIMMERMANN, pp. 87-92, y las aportaciones incluidas en Les sagreres a la Catalunya medieval. Jornada d’estudi organitzada per l’Associació d’Història Rural de les Comarques Gironines, 2000, eds. Víctor FARÍAS, Raimon MARTÍ y Aymat CATAFAU, Girona, 2007. 108BATLLE, La Seu d’Urgell a la segona meitat, op. cit., pp. 382-383 y 416, y RUF y VILLARÓ, L’església de Santa Eulàlia, op. cit., p. 490. Para los enterramientos claustrales ya en el siglo XIV, PUIG I CADAFALCH y PUJOL I TUBAU, Santa Maria de la Seu, op. cit., p. 79. 109Así lo recoge ALTÉS I AGUILÓ en El processoner de la Seu d’Urgell, op. cit., p. 41. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES (AEM), 40/1, enero-junio 2010, pp. 251-291. ISSN 0066-5061 Compostela sólo comparten con la Seu su final catedralidad, sí participan de un mismo aspecto físico: el de un conjunto de iglesias relacionadas entre sí, aunque manteniendo sus singularidades propias. En Terrassa, la historia discurre en paralelo al tratarse, como en Urgell, de una catedral y sus templos vecinos.Las cinco iglesias que en las primeras décadas del siglo XI integraron el conjunto catedralicio de la Seu d’Urgell estuvieron reunidas en un medio urbano común: un gran atrio en el que junto a los templos se levantaban edificios de servicios para las comunidades religiosas que se encargaban de los mismos. Además, cada una de las cinco iglesias contó con su atrio particular, entendiendo por tal el dextro que rodeaba a un templo en un número reglado de pasos y que servía, entre otros fines, para dar sepultura a los muertos y gozaba de un estatus jurisdiccional propio107. No en vano, en el siglo XIII, los atrios de las cinco instituciones estaban funcionando como lugar de enterramiento de la población urgelitana. El cementerio de Santa María —localizado entre la cabecera del templo y la actual explanada junto a la calle Oms— compartía la voluntad de sepelios con el más prestigioso y prohibitivo claustro catedralicio, en buena medida reservado a los propios canónigos y a personajes pudientes. El de Santa Eulalia pasó por una etapa de receso hasta el siglo XIV, cuando se retomaron las voluntades de enterramiento en el mismo, cuestión que se ha explicado mediante las noticias que refieren obras en la propia iglesia y que, quizás, fueron en detrimento de su uso. Mientras, el menor número de intenciones funerarias en el cementerio del Santo Sepulcro —un total de cinco recogidas en los testamentos del siglo XIII, frente a las diecisiete de la catedral, las veintiocho de Sant Miquel o las doce de Sant Pere— ha sido vinculado a las posibles menores dimensiones su cementerio108. A comienzos del XVI, aún eran referidos como hitos en la topografía urbana del conjunto el cementerio de la propia catedral, el del Hospital de Santa Eulàlia, el de extranjeros y el ahora llamado de Sant Ot, junto a la fachada occidental de Santa Maria109. Deteniéndonos en otras noticias directas y más tempranas, el atrio de Santa María se documenta en 1065, cuando un tal Guillem pagaba a la catedral el pecado de haber golpeado a Guitard Esclua ante hostium de Sancte Marie, EDUARDO CARRERO SANTAMARÍA 272 110Publ. BARAUT, Els documents, dels anys 1051-1075, op. cit., doc. 783, pp. 150-151. 111Publ. PUIG I CADAFALCH y PUJOL I TUBAU, Santa Maria de la Seu, op. cit., p. 79, n. 2. Lo que no nos queda claro si por el huerto de Santa María se entiende alguno de sus exteriores septentrional u oriental o, directamente, el vergel claustral. 112“Et eligo meo corpori sepulturam in claustro ecclesie beate Marie Sedis Urgellensis si capitulum mihi me volverit acceptare et si nollet me seu corpus meum inibi acceptare, eligo ipsam sepulturam in cimiterio ecclesie sancti Petri predicti, quam mando fieri honorificenter” (publ. PUIG I CADAFALCH y PUJOL I TUBAU, Santa Maria de la Seu, op. cit., p. 79, n. 2). 113BATLLE, La Seu d’Urgell a la segona meitat, op. cit., doc. 3, y p. 404-416 y RUF y VILLARÓ, L’església de Santa Eulàlia, op. cit., p. 490. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES (AEM), 40/1, enero-junio 2010, pp. 251-291. ISSN 0066-5061 reconociendo la importancia legal y sagrada de su entorno110. Aunque ya en la catedral tardorrománica, en distintas ocasiones el orto beate Marie Sedis es considerado posible lugar de enterramientos si el claustro catedralicio no podía ser utilizado a tal fin, al mismo nivel que la fachada occidental de la catedral, hasta el siglo XVI en que se suprimió dicha función111. El cementerio de Sant Pere siguió en funcionamiento durante toda la Edad Media, con una interesante segregación de usos respecto de su entorno, según pone de manifiesto el testamento de Bernat Pere en 1343. En el diploma, el clérigo estipula que el atrio de San Pedro fuera su segunda opción de enterramiento, en el caso de que el cabildo no le permitiera enterrarse en el claustro de la catedral112. Dado que el lado norte de la iglesia limitaba con la galería claustral meridional, el cementerio de San Pedro sólo pudo localizarse entre sus fachadas Este y sur, formando parte de la sagrera y de la parroquia. Del dextro de la iglesia del Santo Sepulcro no tenemos noticias hasta finales del siglo XIII, momento en que recibió las cinco voluntades de enterramiento hoy documentadas, mientras el de Sant Miquel aparece referido en 1287, con las tumbas que se ubicaban frente a la portada de la iglesia113. En resumidas cuentas, la Seu d’Urgell hacia 1040 debía ser un singular conjunto de edificios funcionalmente independientes pero insertos en un gran atrio rodeado por las casas del personal de la catedral. 3.1. Los cabildos de la Seu Es el personal capitular, precisamente, el que más nos interesará ahora, al tratar de definir la entidad de cada templo y sus responsabilidades. Hemos visto cómo la duplicidad de iglesias de Urgell I fue ampliada a un conjunto de cinco espacios sacros a comienzos del siglo XI. Santa Eulalia y el Sepulcro aquí no nos atañen en tanto y en cuanto fueron fundaciones privadas y quizás marcadas por un origen funerario. Es en San Miguel en donde tendremos mayores problemas. Hasta las primeras décadas del siglo XI, Santa María y Sant Pere podían identificarse como un conjunto catedralicio de dos templos, vecino el uno del otro, al que se unirían el palacio episcopal y la residencia de los canónigos, siguiendo un modelo bien conocido para el resto de Europa. La canónica catedralicia aparece citada desde los primeros documentos del siglo IX. Lógicamente, se situaría en la órbita reformista del concilio de Aquisgrán (816), que reglamentaba la vida comunitaria del clero catedralicio con unos estatutos que, ojo, en ningún momento se convirtieron LA SEU D'URGELL. EL ÚLTIMO CONJUNTO DE IGLESIAS 273 114CARRERO, La arquitectura medieval al servicio de las necesidades litúrgicas, op. cit. 115Publ. BARAUT, Els documents, dels anys 1010-1035, op. cit., doc. 315, p. 29. Nos recuerda la importancia de la cita al Emperador RIU, Història. Santa Maria de la Seu, op. cit., p. 322. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES (AEM), 40/1, enero-junio 2010, pp. 251-291. ISSN 0066-5061 en regla canonical, a la manera de la de San Crodegango para la catedral de Metz. Los estatutos del concilio de Aquisgrán sólo fueron unas recomendaciones para la vida comunitaria del clero de cada iglesia mayor de una diócesis. Se ha insistido en la ausencia de una vita communis desde la restauración de la sede hasta el comienzos del siglo XI y creo que aquí merece la pena realizar alguna matización. La primera pasa por la real consideración de lo que entendemos por un cabildo catedralicio antes del siglo XI. Puede resultar difícil que, acostumbrados a ver capas de coro, grandes sillerías y cuantiosos cabildos bajomedievales y modernos, percibamos lo ‘modesto’ del clero capitular altomedieval, que era reducido y muy alejado de grandes comunidades: un grupo de clérigos que acompañaban al prelado y compartían el trabajo de la diócesis y un segundo grupo que se constituía en comunidad monástica. Ambos grupos son lo que terminarían generando la división entre dignidades y canónigos y, en éstos últimos, entre cabildo mayor y cabildo menor. En los conjuntos de iglesias dobles, una de las dos era la dedicada al obispo, su clero y el culto parroquial; la otra, la destinada a la comunidad que realizaba vida comunitaria. De entre los muchísimos ejemplos posibles, creo que los usos del arzobispado milanés son los más explicativos, a pesar de presentar una interesante peculiaridad propia. El clero de las sedes de la archidiócesis se dividía en los tradicionales dos grupos citados —episcopal/parroquial y monástico, cardinalis y decumani — con sus respectivas iglesias en conjuntos catedralicios desdoblados. La singularidad a la que aludíamos es que, en función del año litúrgico, ambas comunidades intercambiaban su iglesia. Así, si el Tiempo ordinario era oficiado en una de las dos, los Tiempos fuertes lo eran en la otra, con un majestuoso ceremonial de traslación entre templos de la comunidad reglar y la episcopal114. Creo que desde la primera anotación documental a los canonici de la Seu d’Urgell en 833, podemos pensar en la existencia de un pequeño cabildo rodeando al prelado. Lo mismo ocurre con el documento de la restauración de la canónica por el obispo Ermengol el 18 de noviembre de 1010, cuando invocaba a la figura de Luis el Piadoso como reformador de la vida comunitaria del clero —gloriosissimum Lodovicum imperatorum auctorem dispositoremque ese vite kanonice— y al flaco favor que los nobles y poderosos habían hecho a su desarrollo115. No hay la menor duda de que se trataba de una inicial canónica que, con el tiempo, había ido relajando sus costumbres y necesitaba de una reforma. Además de la serie documental que, desde el siglo IX, alude a los canónigos de la Seu en numerosas ocasiones, para los más escépticos, la idea del pequeño grupo de canónigos viviendo alrededor del obispo aparece en dos claros testimonios urgelitanos. El primero es de tiempos del obispo Sal$la (981-1010), cuando el prelado hacía testamento donando su cama al tesorero EDUARDO CARRERO SANTAMARÍA 274 116Publ. BARAUT, Els documents, dels anys 981-1010, op. cit., doc. 288, pp. 120-121. 117Publ. BARAUT, Els documents, dels anys 1010-1035, doc. 315, pp. 28-31, y Pere PUJOL I TUBAU, L’urna d’argent de Sant Ermengol, bisbe d’Urgell, “Memòries de l’Institut d’Estudis Catalans. Secció històrico-arqueològica”, I (1927), pp. 1-29, reed. Obras completas, op. cit., pp. 407-428, 413, n. 15 118El fragmento no tiene desperdicio: “Preterea ego Heriballus gratia Dei episcopus constituo in mee sedis Urgellensis canonica, cum domnis religiossimis episcopis, ut quadraginta canonici illic habeantur de illis qui in ecclesia maiores ese videntur cum suis clericis sibi subiectis qui statores sunt” (Publ. BARAUT, Les actes de consagracions d’esglésies, op. cit., doc. 54, p. 137). En 1134, el número aumentaría a cuarenta y cinco prebendas (BARAUT, Els documents, dels anys 1101-1150, op. cit., doc. 1436, p. 248). Las noticias sobre el cabildo previas al siglo XI están recogidas en J. GARSABALL I RIVASÉS, La canònica abans de la canònica. El paper dels canonges de la Seu d’Urgell fins a la institució del capítol el 1010, “Actes del Congrés Internacional Gerbert d’Orlhac”, Vic, 1999, pp. 783-803. 119Publ. BARAUT, Els documents, dels segles IX i X, op. cit., doc. 118, pp. 86-87. 120Para los monachi en las catedrales, CARRERO, La ‘vita communis’, op. cit., pp. 173-175. 121V. DE LA FUENTE, Historia eclesiástica de España, II, Barcelona, 1855, p. 173. La cita a la incomprensión alude, claro está, a Jaime Villanueva y a su constante sospecha sobre la regularidad aquisgranesa en las sedes de la Marca. No en vano, sobre la coexistencia de un cabildo mayor propietario y otro menor sin propiedades, ahora para Roda de Isábena, llegó a suponer “los males que solía y debía engendrar esta monstruosa canónica” (VILLANUEVA, Viage literario, op. cit., XV, p. 150). ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES (AEM), 40/1, enero-junio 2010, pp. 251-291. ISSN 0066-5061 Bonhome116. La acotación al lecto in quo iacet ad sancta Maria no debe ser interpretada como referente al trabajo de un simple sacristán cuidando los bienes del templo y durmiendo en él, sino al de un efectivo tesorero en el entorno del prelado y que residía en el episcopio alrededor de la catedral. El segundo es del obispo Ermengol quien, siguiendo los propósitos e intenciones de su predecesor Sal$la, refundaba la canónica de la catedral de Santa María en 1010, aludiendo a la misma en varias ocasiones como in meo episcopio117. Además, indiquemos que los documentos del siglo X refieren a cinco arcedianos y un máximo de doce canónigos actuando como testigos, un número bien alejado de los grandes cabildos de la Edad Media central, como los cuarenta que instituiría el obispo Eribau en la consagración de Urgell II118. ¿Y de la comunidad monástica? Lejos de estatutos capitulares y reformas puntuales donde este tipo de corporaciones son citadas, es difícil encontrar alusiones documentales a la misma más allá de algún escatocolo. En nuestro caso, un documento de 949 podría ser interpretado en este sentido. Se trata de la donación del presbítero Dacó a Santa María de la Seu y a las iglesias allí construidas —qui ibidem sunt constructas—, en que se alude a su personal en los siguientes términos: pontifices, presbiteri, chanonaci vel monachi servientes domum sancta Maria vel ipsas ecclesias in sua subdictione presentes et futuri119. ¿Puede tratarse de la alusión a los monjes catedralicios, que encontramos en otras catedrales peninsulares? Es posible aunque, como canónica de sesgo aquisgranés, la Seu debía contar con la tradicional división capitular entre alto y bajo clero, los canónigos sine proprio y los cum proprio, los que vivían en comunidad y los que podían no hacerlo120. Siguiendo las preclaras palabras de Vicente de la Fuente, ofrecía el raro contraste de los canónigos que vivían sin propiedad alguna y los que conservaban sus bienes en propiedad, de lo que resultaban chocantes anomalías, que no siempre han sido bien comprendidas por los canonistas121. LA SEU D'URGELL. EL ÚLTIMO CONJUNTO DE IGLESIAS 275 122Eduardo CARRERO SANTAMARÍA, ‘Ecce quam bonum et quam iocundum habitare fratres in unum’. Vidas reglar y secular en las catedrales hispanas llegado el siglo XII, en “Anuario de Estudios Medievales”, 30/2 (2000), pp. 757-805, e ID., La ‘vita communis’…, pp. 173-177. 123VILLANUEVA, Viage literario, op. cit., IX, pp. 169-170. 124Publ. BARAUT, Els documents, dels anys 1010-1035, docs. 463 y 478, pp. 164-166 y 177179. 125Publ. BARAUT, Els documents, dels anys 1036-1050, op. cit., doc. 500bis, p. 41. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES (AEM), 40/1, enero-junio 2010, pp. 251-291. ISSN 0066-5061 En su momento, destaqué el ascendiente que las reglas hispánicas y la vida del clero alrededor del prelado de la Hispania anterior al siglo X debieron tener en el desarrollo del canonicato preagustiniano peninsular, subrayando después la mélange de textos de distinto origen y procedencia que podían conformar unos estatutos capitulares, específicos y únicos para cada congregación capitular122. No sabemos si, como afirmó Villanueva, las mudanzas en el cabildo urgelitano a comienzos del siglo XI vinieron a raíz de la asistencia del obispo Sal$la al concilio de Barcelona, donde pudo conocer de primera mano la transformación a la que Aeci había sometido al clero de la sede barcelonesa123. Lo bien cierto es que la acción renovadora de Ermengol de Urgell en 1010 debe ser contextualizada en lo que ocurría en su propio medio geográfico y político —reformas de los cabildos de Barcelona (1009), Vic (1017), Girona (1019) y el sur de Francia en fechas paralelas— y de lo que ocurriría unas décadas después en el occidente peninsular con el concilio de Coyanza (1055). Y es que, muy por delante de la llamada reforma canonical gregoriana, la primera mitad del siglo XI fue una época de innovaciones y restauraciones dentro del tradicional movimiento pendular entre regularidad y secularización que caracterizó al clero de las catedrales europeas, hasta el generalizado abandono de la vida en común entre los siglos XIII y XIV. Enlazando vida capitular y arquitectura, más que la refundación de una canónica ya existente, la gran complicación de la Seu d’Urgell en época del obispo Ermengol no es otra que el establecimiento de la iglesia de Sant Miquel y su por qué. Líneas arriba vimos cómo las primeras noticias sobre la misma datan de los años veinte del siglo XI, pero quizás la cuestión más conflictiva es que se haya planteado como una fundación destinada a albergar al nuevo cabildo refundado por el prelado en 1010. Basándonos exclusivamente en los documentos, Sant Miquel es efectivamente reconocida por Ermengol como fundación propia, pero en ningún momento nos dice que allí se instituyera la canónica catedralicia que, por el contrario, el mismo documento episcopal y todos los posteriores vinculan constantemente a Santa María: ad ipsam cannonicam sancte alme Marie Sedis vel ad ipsos cannonicos ibi Deo servientes124. Echando más leña al fuego, veintisiete años después, en 1037, una donación tilda a San Miguel de monasterio —ad Sancto Michael cenobii, qui est prope Sancta Maria in ipsa Sede125—, en tanto que las referencias a una comunidad canonical no aparecen hasta 1095, aclarando que vivía bajo la regla de San Agustín, con alusiones dispersas entre dicho año y el de 1115. El resto de la documentación publicada de la segunda mitad del siglo XI y de todo el EDUARDO CARRERO SANTAMARÍA 282 146Marius FÉROTIN, Liber Ordinum en usage dans l’église wisigothique et mozárabe d’Espagne du cinquième au onzième siècle, [1904], reed. de Anthony WARD y Cuthbert JOHNSON, Roma, 1996, cols. 193-204. 147Michel ANDRIEU, Les Ordines Romani du Haut Moyen Âge, vol. III, Les Textes (Ordines XIV-XXXIV), Lovaina, 1974, pp. 270-271, y Marco ROMANO, L’Oratorio della S. Croce al Laterano. Preliminari di un’indagine archeologica-topografica, “Zeitschrift für Kunstgeschichte”, 59-3 (1996), pp. 337-359. 148GROS, La Consueta antiga, pp. 226-227. El rito es idéntico en el Ordinario de la catedral de 1536 (PARÉS I SALTOR, L’Ordinari d’Urgell, op. cit., pp. 118-120). 149Véase aquí M. BEER, Triumphkreuze des Mittelalters. Ein Beitrag zu Typus und Genese im 12. und 13. Jahrhundert. Mit einem Katalog der erhaltenen Denkmäler, Regensburg, 2005. 150Publ. BARAUT, Els documents, dels anys 1151-1190, op. cit., doc. 1742, p. 260. Sobre los altares, PUJOL I TUBAU, L’església de la Pieta, op. cit., p. 386, n. 5, e ID., L’urna d’argent, op. cit., p. 416, n. 22. 151PARÉS I SALTOR, L’Ordinari d’Urgell, op. cit., pp. 140-141. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES (AEM), 40/1, enero-junio 2010, pp. 251-291. ISSN 0066-5061 sin especificar separación entre sexos a la hora del ósculo146. También en la descripción de la adoración de la cruz en el Triduum Sacrum romano del siglo IX (Ordo XXIII, s. IX) prescribe el uso de una cruz pretiosae de oro y gemas —como debió ser la de la Seu— y, a diferencia de nuestra consueta, legisla un riguroso orden en el ósculo en el que se segregaba a los fieles masculinos de los femeninos, a quienes debía llevarse la cruz ex profeso a su lugar de asistencia a los oficios, dado que no podían acceder hasta el altar mayor de la iglesia lateranense de la Santa Cruz de Jerusalén, donde el crucifijo se depositaba147. Después del ósculo de clero y pueblo, la cruz era devuelta a su lugar de origen y los celebrantes podían vestir los ornamentos litúrgicos apropiados, iluminar el altar y proceder a la Eucaristía148. No nos consta el lugar concreto de depósito de la cruz. Es posible que el altar para su adoración se localizara en el antecoro de la catedral, en paralelo a los grandes Calvarios que remataban antecoros y trascoros, a veces sustituyendo al que se situaba sobre una viga cruzada en el arco triunfal149. Señalemos, en fin, que con seguridad en todo este proceso algún papel tendría el altar de la Santa Cruz documentado en 1178 in ecclesia Sedis y que, hasta la reordenación de altares de la catedral tardorrománica en el siglo XVI, ocupó el ábside norte inmediato a su capilla mayor150. Junto a todas estas interesantes noticias, es en el orden de las Letanías cuando la Consueta de la Seu aporta mayores noticias topográficas, al reglamentar una procesión por la catedral y su entorno en el miércoles de Letanías. Es de rigor notificar aquí que, si las letanías fueron —como se describirá ahora— una de las festividades más solemnes de la Iglesia occidental, en nuestro caso y en los textos cantados y en sus plegarias —también descritos en el Misal del obispo Galceran de Vilanova (1388-1415) y en la Consueta de 1418— es una manifestación litúrgica propia de la Seu d’Urgell, siguiendo un esquema que no se repite en otras iglesias de Cataluña, según puntualiza Francesc X. Parés151. Los orígenes de la fiesta se sitúan en las Litaniae maiores romanas, conocidas desde Gregorio Magno (540-604), asentadas en la procesión que el 25 de abril recorría Roma desde San Lorenzo in Lucina hasta San Pedro del Vaticano, con estaciones dentro y fuera de los LA SEU D'URGELL. EL ÚLTIMO CONJUNTO DE IGLESIAS 283 152RIGHETTI, Historia de la liturgia, op. cit., I, pp. 847-853. 153ANDRIEU, Les Ordines Romani, op. cit., vol. III, pp. 239-249. 154Le Liber Pontificalis, ed. L. DUCHESNE, 2 vols., París, 1955, reed. París, 1981, II, p. 12. 155Bernhardi Cardinalis et Lateranensis Ecclesiae Prioris, op. cit., pp. 94-101. Al respecto, Sible DE BLAAUW, Cultus et decor. Liturgia e architettura nella Roma Tardoantica e Medievale, 2 vols., Roma, 1994, I, pp. 313-316 y II, pp. 723-724, y, del mismo autor, Following the Crosses. The Processional Cross and the Typology of Processions in Medieval Rome, en “Christian Feast and Festival. The Dynamics of Western Liturgy and Culture”, eds. Paulus G. J. POST, G. ROUWHORST, Louis VAN TONGEREN y A. SCHEER, Lovaina-París-Sterling (Virginia), 2001, pp. 319-343, y Contrasts in Processional Liturgy: A Typology of Outdoor Processions in Twelfth-Century Rome, “Art, cérémonial et liturgie au Moyen Âge”, eds. Nicolas BOCK, Peter KURMANN, Serena ROMANO y Jean-Michel SPIESER, Roma, 2002, pp. 357-396. Para su evolución posterior, véase el trabajo de André VAUCHEZ, Liturgie et culture folklorique: les rogations dans la Légende Dorée de Jacques de Voragine, “Fêtes et liturgie. Actes du colloque tenu à la Casa de Velázquez”, coords. Alfonso ESTEBAN y Jean-Pierre ÉTIENVRE, Madrid, 1988, pp. 21-34. 156ALTÉS I AGUILÓ, El processoner de la Seu d’Urgell, op. cit., pp. 42-43. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES (AEM), 40/1, enero-junio 2010, pp. 251-291. ISSN 0066-5061 muros de la ciudad152. Por el contario, en el siglo VIII, el Ordo Romanus XXI reglamentaba esta celebración pero obviando toda alusión a un recorrido complejo y desarrollado, indicando únicamente cómo la comitiva litúrgica circulaba por el templo y su atrio encabezada por los pobres del hospital llevando la cruz de madera pintada, seguidos de las siete cruces portadas por los staurophoros, los ceroferarios, el obispo acompañado por presbítero y subdiácono, el oficiante y los diáconos con dos cruces, y por el clero de la iglesia cerrando el cortejo153. Entre los siglos VIII y IX a las letanías mayores se les unieron las menores, instituidas por el papa León III (795-816), que constaban de tres procesiones del triduo previo a la Ascensión: una entre Santa María la Mayor y su capilla del Pesebre y Letrán, otra a Santa Sabina y a San Pablo y la tercera a Santa Cruz de Jerusalén y San Lorenzo Extramuros154. Ya en el siglo XII, el prior lateranense Bernardo nos describe ambas procesiones como algo mucho más complejo de lo que refería el Ordo XXI. Las letanías mayores partían desde Letrán, camino del Vaticano, pasando por Santa María la Nueva y San Marcos. Una vez en San Pedro, había salidas a Castel Sant’Angelo, Santa María, y vuelta a la basílica apostólica, su confessio y la capilla de San Esteban, para regresar después a Letrán. Respecto a las letanías menores, en ellas participaban los capitulares lateranenses, Santa María la Mayor y San Pedro del Vaticano junto al clero de otras iglesias en un recorrido que, saliendo de la basílica del Salvador, realizaba sus estaciones en Santa María la Mayor, San Pedro ad Vincula, San Clemente, San Pablo Extramuros, San Eusebio o San Lorenzo Extramuros155. En la Seu d’Urgell, la consueta de 1418 relata las procesiones del lunes y el martes de Letanías hasta las iglesias extramuros de Santa María Magdalena y Sant Pere de Somont, respectivamente156. Pero es la Consueta del XII y su procesión del miércoles las que más nos interesan ya que, si el esquema de cantos y plegarias era singular, también lo fue la expresión material de la festividad, adaptada a una topografía urbana concreta y condicionada por su propia historia institucional y arquitectónica. Tras la aspersión de los altares y el canto de antífonas, salmos y oraciones, la comunidad descalza se dirigía desde la catedral de Santa María hacia las EDUARDO CARRERO SANTAMARÍA 284 157GROS, La Consueta antiga, p. 232. Simplemente citar que en Vic las letanías o rogaciones quedaban circunscritas al estricto entorno catedralicio, con una solemne procesión por todos sus altares y la vecina iglesia de Santa María, con cruz procesional y velas, que finalizaba con una misa en el altar de San Pedro de Confessione, en la cripta (GROS, El ‘Liber Consuetudinum Vicensis Ecclesie’, op. cit., p. 231). Mientras las consuetas tarraconenses entre los siglos XIV y XVI describen al fadrí que encabezaba la procesión de letanías como draconario, portando la serpiente alusiva a la victoria del bien, y las misas de cada uno de los tres días de las letanías menores, que se repartían entre San Fructuoso, Nuestra Señora del Milagro y Santa Tecla la Vieja, con su procesión respectiva desde la catedral (TOMÁS ÁVILA, El culto y la liturgia, op. cit., pp. 107-110). 158Cf. PUJOL I TUBAU, Els dos missals mixtos, op. cit., Alexandre OLIVAR, El Missal de Galceran de Vilanova, bisbe d’Urgell, “Urgellia”, 7 (1984-1985), pp. 489-498, PARÉS I SALTOR, L’Ordinari d’Urgell, op. cit., pp. 61-64, y ALTÉS I AGUILÓ, El processoner de la Seu d’Urgell, op. cit., pp. 11-47. 159PARÉS I SALTOR, L’Ordinari d’Urgell, op. cit., pp. 140-141, y ALTÉS I AGUILÓ, El processoner de la Seu d’Urgell, op. cit., pp. 42-43. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES (AEM), 40/1, enero-junio 2010, pp. 251-291. ISSN 0066-5061 puertas de la iglesia de San Pedro, donde se producía el habitual diálogo entre coros, para entrar después en la iglesia donde se repetía la ceremonia. En el interior del templo se aspergían altares y se rezaban las oraciones de los Santos Pedro, Pablo y Andrés, tras las cuales se reanudaba la procesión, esta vez hacia la iglesia del Santo Sepulcro. Una vez aspergidos sus altares y rezadas las preces reglamentarias, se dirigían entonces a las puertas de la iglesia de San Miguel, encomendándose los cantos a los Arcángeles, para regresar finalmente a la catedral de Santa María157. Evidentemente, el factor procesional superaría con creces las festividades reseñadas. Hasta la fecha, carecemos de una edición de la documentación bajomedieval y, sobre todo, del cruce de información entre ésta, y las noticias sobre tiempos litúrgicos y el santoral urgelés contenidas en el Misal del obispo Galceran de Vilanova (c. 1396), el del siglo XIV atribuido a la iglesia de Santa Eulalia, la consueta del siglo XV y el breviario impreso de 1487158. Un trabajo de estas características indudablemente aclararía interrogantes para la catedral tardorrománica y su evolución funcional hasta fechas modernas. En efecto, buena parte de la procesión de letanías previa a la festividad de la Ascensión se mantuvo en el siglo XVI, aunque es interesante reseñar cómo los cambios en la topografía del propio entorno catedralicio hicieron variar su recorrido. La entrega de la iglesia de Sant Miquel a los dominicos en 1364 la había hecho desvincularse institucionalmente de la congregación catedralicia, favoreciendo la apertura de la calle de Oms que corre paralela a la catedral y que segmentaría el conjunto de atrios característicos de la reforma del siglo XI. Aún así, se mantuvo la antigua estación procesional, ahora en el convento de Santo Domingo, mientras la advocación de Sant Miquel era trasladada sustituyendo a la de Sant Pere, en su iglesia al sur de la de la catedral. Pero el cambio más elemental fue la inclusión de Santa Eulalia en el recorrido, en sustitución del Santo Sepulcro que, como vimos líneas arriba, se perdió en un momento indeterminado entre los siglos XIV y XV159. LA SEU D'URGELL. EL ÚLTIMO CONJUNTO DE IGLESIAS 285 160GUDIOL, De peregrins i peregrinatges, op. cit., 95-110. También, Josep Maria MARTÍ BONET, ‘Peregrinatio pro Christo’ en el Diplomatario de San Oleguer, “Memoria Ecclesiae”, XVIII (2001), Peregrinación y santuarios en los archivos de la Iglesia, pp. 101-123, y BACH, Pelegrins als grans santuaris medievals, op. cit. Aunque sea un asignatura pendiente de la historiografía barcelonesa, el culto medieval a Santa Eulalia debió acoger a peregrinos que ocupasen el hospital catedralicio más allá de los que hicieran parada de sus viajes a otros santos lugares. Así, el 21 de enero de 1038, unas casas episcopales eran destinadas a “hospitium peregrinis et pauperibus adventantibus” (Publ. Diplomatari de l’Arxiu Capitular de la Catedral de Barcelona, op. cit., doc. 584, pp. 996-997). 161GUDIOL, De peregrins i peregrinatges, op. cit., pp. 97-98. Desde una perspectiva generalista y de especial relevancia para lo que aquí nos gustaría sugerir, Robert OUSTERHOUT, ‘Loca Sancta’ and the Architectural Response to Pilgrimage, “The Blessings of Pilgrimage”, ed. R. OUSTERHOUT, Urbana-Chicago, 1980, pp. 108-124. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES (AEM), 40/1, enero-junio 2010, pp. 251-291. ISSN 0066-5061 4.1. Topografía urbana, santos lugares y liturgia estacional Para terminar, una última reflexión. Una ojeada al grupo de advocaciones que conformaron el conjunto de Urgell II pone de manifiesto su dependencia y no sé si su vinculación a los lugares más importantes en cultos, devociones y sobre todo peregrinaciones de la plena Edad Media europea: junto a la catedral de Santa María, la iglesia de San Pedro, San Pablo y San Andrés, la de San Miguel y los Arcángeles, la de Santa Eulalia de Barcelona y la del Santo Sepulcro. Josep Gudiol nos dejó un estudio modélico sobre los documentos relativos a la peregrinación catalana a distintos sacros lugares, entre los que destacan precisamente aquéllos de los que dependen las dedicaciones de la Seu: Jerusalén y su Santo Sepulcro, Roma —y en particular a las basílicas de San Pedro y San Pablo—, Santiago de Compostela, San Miguel en Monte Gargano, etc160. De hecho, cuando se funda el Santo Sepulcro urgelitano a comienzos del siglo XI Jerusalén aún estaba en manos musulmanas: ¿un Sepulcro que remediara, como en tantas otras ocasiones, las dificultades del peregrinaje? Sería extraordinario encontrar una permuta de peregrinación a cambio de visitar alguna de las iglesias urgelitanas, como sí se documenta en las bulas papales para la recuperación cristiana de Tarragona —recordemos que el carácter de cruzada también afectaba a la reconquista peninsular— o en el hermoso diploma de consagración de la iglesia de Tolba en 1080, cuya visita y limosnas conmutaban la peregrinación a Tierra Santa, San Pedro de Roma, Santiago de Galicia, Santa Maria de Puy uel in aliam peregrinationem161. A nadie se le escapará que entre la iglesia de San Pedro Apóstol, el santuario canonical de San Miguel y los Arcángeles, el Santo Sepulcro y la iglesita de Santa Eulalia nos falta una de las dedicaciones con un mayor potencial, la de Santiago, mientras sí contamos con el testimonio de numerosos peregrinos urgelitanos a Compostela, incluido el propio obispo Ermengol. Al mismo tiempo, como tuvimos ocasión de ver, uno de los altares que hubo en la catedral románica y que se perpetuó en la tardorrománica fue precisamente el del Apóstol y creo que no debemos perder de vista que el meteórico culto a Ermengol, inmediato a su muerte, terminó ligado al de Santiago no sólo en la topografía de la catedral —con sus altares vecinos—, EDUARDO CARRERO SANTAMARÍA 286 162Así se ha identificado en los restos de pintura mural que procedían de la correspondiente capilla en la cabecera de la catedral (Anna ORRIOLS I ALSINA, Un cicle de Sant Jaume i Sant Ermengol a la catedral de la Seu d'Urgell, “El camí de Sant Jaume i Catalunya. Actes del Congrés Internacional celebrat a Barcelona, Cervera i Lleida, els diez 1, 17 i 18 d’octubre de 2003”, Abadia de Montserrat, 2007, pp. 409-417). La dedicación apostólica en la Seu d’Urgell debe añadirse a las recogidas por Gerardo BOTO VARELA, Cartografía de la advocación jacobea en Cataluña (siglos X-XIV), Ibid., pp. 277-296. ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES (AEM), 40/1, enero-junio 2010, pp. 251-291. ISSN 0066-5061 sino incluso en la iconografía del santo prelado, salpicada por el legendario hagiográfico jacobeo162. Reflexionando de nuevo sobre el conjunto de advocaciones y su relación con la peregrinación, la Seu d’Urgell a comienzos del siglo XI tenía una singular relación topográfica con un mapamundi simbólico de las más importantes devociones. Si retomamos el asunto de los atrios, dextros y paisaje urbano, tratemos de contemplar una iglesia mayor de la Virgen que, en un espacio acotado y delimitado, quizás dotado de un muro o cerca, estuvo envuelta entre otras cuatro iglesias de advocaciones profundamente reveladoras para el imaginario religioso de la época y marcadas por recoger los más importantes espacios sagrados del momento. En estas mismas fechas, un personaje del medio eclesiástico de Ermengol, el obispo Oliba de Vic, estuvo detrás de la creación de dos de los edificios más evocadores y singulares del siglo XI peninsular: las rotondas marianas elevadas a occidente de las iglesias de de Sant Miquel de Cuixà y de Sant Pere de Vic, ambas marcadas por su carácter recordatorio y conmemorativo. Del mismo modo, en unos años, capillas del Sepulcro ocuparían los pisos altos en los macizos occidentales de las catedrales de Barcelona, Girona y Vic. ¿Resulta muy difícil plantear una topografía urbana de sacros lugares, concentrada en una catedral y su entorno? Se me dirá que ni la documentación de la época ni la Consueta litúrgica aluden en momento alguno a una voluntad de emulación de capitales del peregrinaje; aún así, fruto o no de la casualidad, el paisaje arquitectónico que rodeó a la catedral de Santa Maria de la Seu d’Urgell fue el de un conjunto de iglesias dedicadas a Santos Lugares, enlazadas en una compleja liturgia estacional hasta la Edad Moderna. Fecha de recepción del artículo: marzo de 2009. Fecha de aceptación y versión final: julio de 2009. LA SEU D'URGELL. EL ÚLTIMO CONJUNTO DE IGLESIAS 287 ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES (AEM), 40/1, enero-junio 2010, pp. 251-291. ISSN 0066-5061 Fig. 1. Catedral de la Seu d’Urgell. Topografía del conjunto de comienzos del siglo XI sobre la planta actual. 1. Santa Maria; 2. Sant Pere; 3. Sant Miguel; 4. Santa Eulàlia; 5. Localización hipotética de la iglesia del Sant Sepulcre. EDUARDO CARRERO SANTAMARÍA 288 ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES (AEM), 40/1, enero-junio 2010, pp. 251-291. ISSN 0066-5061 Fig. 2. Catedral de la Seu d’Urgell. Exterior sur de Sant Pere, visto hacia Santa Maria. LA SEU D'URGELL. EL ÚLTIMO CONJUNTO DE IGLESIAS 289 ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES (AEM), 40/1, enero-junio 2010, pp. 251-291. ISSN 0066-5061 Fig. 3. La Seu d’Urgell. Planta de la excavación de la iglesia de Santa Eulàlia por Maria Àngels Ruf y Albert Villaró. EDUARDO CARRERO SANTAMARÍA 290 ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES (AEM), 40/1, enero-junio 2010, pp. 251-291. ISSN 0066-5061 Fig. 4. Catedral de la Seu d’Urgell. Dependencias de la canónica (hoy Museu Diocesà) LA SEU D'URGELL. EL ÚLTIMO CONJUNTO DE IGLESIAS 291 ANUARIO DE ESTUDIOS MEDIEVALES (AEM), 40/1, enero-junio 2010, pp. 251-291. ISSN 0066-5061 Fig. 5. Conjunto catedralicio de Terrassa, según Garcia i Llinares, Moro y Tusset. 1. Baptisterio; 2. Episcopio; 3. Santos Justo y Pastor.