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"Su corazón se modeló sobre una rueda" : las mujeres entre la ideología y la vida en el pasado nórdico

Helga Dommasnes, Liv

Abstract

L'article tracta sobre el paper de les dones, i dels homes, a l'Edat del ferro nòrdica des del 200 d.C. aproximadament fins a l'època vikinga. És un llarg període de desenvolupament intens i d'innovació però estudiat sobretot en la seva primera part, quan sembla haver-se succeït canvis fonamentals. Es revisa la documentació procedent de les sagues, comparant-la amb la de les tombes, les cases i les granjes de l'Edat del Ferro, amb especial atenció a l'associació entre dones, cases i túmuls allargats. Aquesta relació s'analitza mitjançant els conceptes de canvi i manteniment. També es qüestiona la distinció entre les esferes ritual i domèstica com a escenaris del manteniment. Per acabar, s'aborda també la qüestió d'atribució de gènere a conceptes centrals utilitzats en la teoria sociològica i al seu paper en el manteniment dels nostres passats esbiaixats pel gènere.

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“Su corazón se modeló sobre una rueda”: las mujeres entre la ideología y la vida en el pasado nórdico* Liv Helga Dommasnes Dones i activitats de manteniment en temps de canvi Barcelona, 24-26 de novembre de 2005 Treballs d’Arqueologia 11, 2005 91 Resum: L’article tracta sobre el paper de les dones, i dels homes, a l’Edat del ferro nòrdica des del 200 d.C. aproximadament fins a l’època vikinga. És un llarg període de desenvolupament intens i d’innovació però estudiat sobretot en la seva primera part, quan sembla haver-se succeït canvis fonamentals. Es revisa la documentació procedent de les sagues, comparant-la amb la de les tombes, les cases i les granjes de l’Edat del Ferro, amb especial atenció a l’associació entre dones, cases i túmuls allargats. Aquesta relació s’analitza mitjançant els conceptes de canvi i manteniment. També es qüestiona la distinció entre les esferes ritual i domèstica com a escenaris del manteniment. Per acabar, s’aborda també la qüestió d’atribució de gènere a conceptes centrals utilitzats en la teoria sociològica i al seu paper en el manteniment dels nostres passats esbiaixats pel gènere. Resumen: El artículo trata sobre el papel de las mujeres –y de los hombres– en la Edad del Hierro nórdica desde aproximadamente 200 d.C. hasta la época vikinga. Es un largo período de intenso desarrollo e innovación. Sin embargo, se presta una mayor atención a su primera parte, cuando parecen haber sucedido cambios fundamentales. Se revisa la documentación procedente de las sagas comparándola con las tumbas, las casas y las granjas de la Edad del Hierro, deteniéndose de forma especial en la asociación entre mujeres, casas y túmulos alargados. Esta relación se analiza mediante los conceptos de cambio y mantenimiento. También se cuestiona la distinción entre las esferas ritual y doméstica como escenarios del mantenimiento. Por último, se aborda también la cuestión de dar género a conceptos centrales utilizados en la teoría sociológica y a su papel en el mantenimiento de nuestros pasados, sesgados por el género. Abstract: The paper will address the roles of women –and men– in the Nordic Iron Age from approximately 200 AD through the Viking Age. The entire period is one of intense development and innovation. Special attention will be paid to the first part, however, when fundamental changes seem to have taken place. I shall examine the testimony of the saga literature compared to that of Iron Age burials and houses or farm sites. Attention is drawn to an association between women, long houses and long barrows. This relationship is analysed through the concepts of change and maintenance. Further, the distinction between ritual and domestic spheres as arenas for maintenance activities is questioned. Finally I shall touch upon the gendering of central concepts u sed in social theory and their roles in the maintenance of our gender biased pasts. *Traducción del inglés de Sandra Montón Subías y Marina Picazo Gurina. Hávamál es noruego antiguo. Significa “dichos del Ser Superior”. El Ser Superior en este caso se supone que es Odín, el dios más importante del antiguo panteón noruego. Hávamál es un texto de la Alta Edad Media que divulga conocimientos de la época y, en particular, códigos de comportamiento entre las clases educadas. Escrito en Islandia en el siglo XIII, se supone que refleja los valores y normas de la Escandinavia Medieval, inspirados en los ideales vikingos precristianos. En este texto se menciona a las mujeres. Hay una estrofa completa que dice así (según una traducción reciente de Carolyne Larrington): “Nunca hay que fiarse de las palabras de una joven, ni de lo que diga una mujer; porque su corazón se modeló sobre una rueda, y el engaño se esconde en sus senos.” Parece evidente que tales palabras debieron pronunciarse en un contexto enormemente paternalista. Los estudiosos modernos han intentado suavizar la expresión, aduciendo que el poeta se refería a que el corazón giraba sobre una rueda, posiblemente una rueda de alfarero, debía de ser muy frágil y Dones i activitats de manteniment en temps de canvi 92 necesitaba un cuidado especial (Holm-Olsen 1975). Por mucho que se quiera entender este pasaje en particular, tan sólo es uno de un total de 164 en un poema hermoso y de una gran fuerza, influido tanto por los valores cristianos como por la religión pagana. Su moral se suele describir como pragmática. Yo la encuentro en ocasiones terriblemente ideológica. Los primeros restos arqueológicos de la cultura noruega1aparecen unos 1000 años antes que el poema de Hávámal y lo hacen en el noroeste de Escandinavia, el punto de partida del ejemplo que trataré en este artículo. Me centraré en la relación que existe entre el trabajo de mantenimiento realizado por las mujeres y las ideologías contemporáneas y utilizaré fuentes históricas, literarias y arqueológicas. Tres conceptos teóricos serán la guía, a veces silenciosa, de este trabajo: el punto de vista (standpoint), la costumbre (habitus) y los márgenes del tiempo (edges of time). Antecedentes: la evidencia más antigua de la presencia germánica en el Oeste de Noruega El término “germánico” en sí ya es controvertido, pues conlleva la polémica de si la cultura germánica se desarrolló localmente o fue producto de la inmigración de otros pueblos. Desde un punto de vista arqueológico, la cuestión es muy relevante en Noruega. Debido a la falta de hallazgos materiales, se desconoce la cultura de la Edad de Bronce y de la Edad de Hierro prerromana en la mayor parte del país, sobre todo en las regiones del oeste y del norte. Los análisis botánicos, junto con unos pocos hallazgos arqueológicos indican que sí vivió gente aquí y que había algún contacto con las regiones del sur. Pero no existe un acuerdo general sobre si estas partes de Noruega2también formaban parte de los complejos culturales que definían la Edad de Bronce del norte y la Edad de Hierro del sur de Escandinavia. Los hallazgos son demasiado escasos y dispersos para formarse una opinión firme. Concretamente, hasta hace poco se conocían muy pocos lugares habitados, y aún menos auténticos poblados. Las casas, junto a un gran número de tumbas con importantes ajuares, aparecen con mayor frecuencia tan sólo a partir del año 200 d.C., que es el punto de partida de esta historia. Especialmente en el oeste de Noruega, las primeras tumbas germánicas, identificadas por sus ofrendas funerarias, correspondían a mujeres (Figura 1). Ésta es también la primera vez3 que se puede reconocer el género en las tumbas. Tumbas masculinas con ajuares similares tienden a darse una o dos generaciones más tarde. Desde este momento, el género parece haber jugado un papel importante como principio estructural de la sociedad. Poco después de la aparición de los primeros enterramientos germánicos, la granja basada en “Su corazón se modeló sobre una rueda”: las mujeres entre la ideología... 93 Fig. 1. Pendiente de oro de una tumba femenina, aprox. 200 a.C.. © Bergen Museum/Svein Skare. la explotación agropecuaria se había convertido en la unidad básica de la estructura social y económica de la sociedad del oeste de Noruega. Los túmulos funerarios se situaban en la propia granja, no demasiado lejos de las casas (Figura 2). Las tumbas tenían normalmente bastantes ofrendas, lo cual sugiere que quienes se enterraban en ellas debían ser los propios granjeros, y, en algunos casos, las amas de casa. Esta tradición formó la base o el elemento dominante de la próspera cultura vikinga que vino a continuación. Dones i activitats de manteniment en temps de canvi 94 Seguidamente, voy a discutir el desarrollo dentro de este entorno cultural, centrándome en la interacción entre estas comunidades y otras de distinta afiliación cultural. En general, la época entre aproximadamente los años 200-1000 d.C. parece haber sido de constante innovación y conflictividad en Escandinavia. Este período culminó en la expansión vikinga y, posteriormente, el mini imperio noruego de la Alta Edad Media, que incluía las islas atlánticas4. ¿Se trató de un logro exclusivamente masculino? Fig. 2. Túmulo funerario de la primera Edad del Hierro. © Bergen Museum/Liv Helga Dommasnes. Mantenimiento y cambio, algunas consideraciones básicas El mantenimiento se ha relacionado constantemente con las mujeres, tanto en el pasado como en el presente. Ideológicamente, esta asociación tiene que ver, por supuesto, con el modo en que pensamos tanto en las mujeres como en el mantenimiento. En general, el concepto de mantenimiento incluye todas aquellas actividades necesarias para seguir funcionando cada día. El mantenimiento tiene que ver con preservar el statu quo, es todo lo que por definición no es innovador, aunque resulte a menudo un trabajo duro y agotador en que la perseverancia es el principal requisito. En las culturas occidentales, como mínimo, nunca se le ha dado demasiado valor al mantenimiento. A menudo se lo asocia con la esfera doméstica, y no con la esfera pública o la religiosa, tal como las entendemos. El mantenimiento es femenino. El cambio, por el contrario, se asocia conceptualmente con el desarrollo, concebido como una evolución lineal hacia soluciones aún mejores. El cambio es innovador. En muchos casos, el cambio también es intencional. Es el caso, por ejemplo, de los cambios en el ámbito cultural, en oposición al natural. El cambio se asocia a menudo con el poder: las personas poderosas pueden ver realizados sus propósitos y llevar a cabo cambios importantes. Aunque sabemos sobradamente que algunos cambios no son positivos, y otros parecen no tener ninguna causa, uno siempre tiende a buscar explicaciones, a menudo en términos de poder y personas. En muchos sentidos, cambio y mantenimiento son conceptos opuestos. El cambio es dinámico, intencional, poderoso, positivo: masculino. Mantenimiento, cambio y puntos de vista ¿La gente de la Escandinavia occidental valoraba el mantenimiento y el cambio tal como lo hacemos nosotros? A continuación me centraré en el análisis de las actividades relacionadas con el mantenimiento, que mayormente constituyen un trabajo femenino, a través del estudio de granjas y tumbas. Lo haré viendo qué ocurre en distintas esferas de la vida durante la Edad de Hierro nórdica y prestando especial atención a la relación entre vida cotidiana e ideología. Considerar el cambio y el trabajo de mantenimiento implica por “Su corazón se modeló sobre una rueda”: las mujeres entre la ideología... 95 consiguiente no sólo una perspectiva diferente. En muchos casos también significa adoptar un punto de vista totalmente nuevo, integrando las perspectivas y valores de quienes no tenían el poder para definir tales valores y recompensas por sí mismos. En nuestro caso es necesario recordar el sesgo existente en la evidencia arqueológica, que tiende a favorecer a las clases altas, o al menos a los granjeros y cabezas de familia bien establecidos, sesgo que es necesario tener en cuenta. Las unidades domésticas en la primera Edad de Hierro Si volvemos a fijarnos en las unidades domésticas de la primera Edad de Hierro de la Noruega occidental, veremos que las casas siempre formaban parte de las granjas. La granja autosuficiente, independiente y, muy a menudo, aislada fue el asentamiento típico de esta zona de Noruega, probablemente desde aprox. 200 d.C. hasta finales del siglo XIX, cuando la industrialización cambió completamente este panorama. Esta granja era la unidad económica y social básica de la sociedad noruega y estaba estrechamente vinculada a la familia, o ætt. El modelo más cercano para comprender la vida en la granja Dones i activitats de manteniment en temps de canvi 96 lo encontramos en las sagas islandesas. Aunque describan historias ficticias escritas en la Alta Edad Media, contienen referencias que indican que la tradición se remonta a los tiempos y paisajes que dejaron atrás los inmigrantes, muchos de los cuales procedían del oeste de Noruega, a finales del siglo IX y principios del X. Basándonos en las sagas, podemos asumir que una granja normal no sólo albergaba al granjero, su esposa y sus hijos, sino también a algunos parientes y sirvientes, a unos cuantos trabajadores de la granja y a su familia, a esclavos y, a menudo, a invitados. Algunas granjas podrían haber sido centros de actividades especiales, como el comercio o las incursiones en la época vikinga. Es necesario tener en cuenta que la vida en la granja era la única alternativa hasta que empezaron a desarrollarse los primeros mercados en la época vikinga. Todo lo necesario para la vida tenía que producirse, almacenarse y redistribuirse dentro de la estructura de la granja, y todo el mundo que vivía allí tenía que participar en el trabajo. Una de las sagas familiares islandesas, la saga Laxdøla, habla sobre la división del trabajo por género entre el granjero y “Su corazón se modeló sobre una rueda”: las mujeres entre la ideología... su esposa: un buen día de trabajo sería aquel en el que el marido hubiese matado a un hombre, mientras su esposa tejía una bufanda de doce alen5. En realidad, lo que se asume es que el granjero era el responsable del trabajo en el exterior, mientras que la esposa era responsable de todo lo que se encontraba puertas adentro, hecho que simbolizaban las llaves en su cinturón. La unidad doméstica estaba integrada por muchas personas; en ella, las tareas se distribuían probablemente según la edad y el rango. Rigstula No hay por que temer a la afirmación de que, en la vida real, el mantenimiento lo llevan a cabo tanto los hombres como las mujeres. Las sociedades germánicas y, más tardes, las sociedades noruegas estaban estratificadas, basadas en familias. Esto se describe en otro poema medieval, el Rigstula6. Rigstula, o La lista de Rig, es la historia de lo que sucedió cuando uno de los dioses, Heimdallr (también llamado Rig), visitó a los humanos, y de cómo aparecieron las clases sociales: siervos, granjeros independientes y aristocracia. Para el asunto que nos concierne, adquiere un interés particular la descripción del trabajo que realiza cada uno de estos grupos. Los siervos llevaban a cabo tareas pesadas y sucias al aire libre, esparciendo estiércol en el campo, cuidando cerdos y conduciendo rebaños de cabras. Las mujeres siervas servían comidas sencillas, poco elaboradas. Los granjeros independientes gozaban de una mejor situación. A los hombres de esta clase se los describe enfrascados en actividades que tienen que ver con el trabajo de la madera, como la tala al aire libre o la construcción de casas. También domesticaban bueyes y araban, mientras que las mujeres se ocupaban de la costura y de servir la comida. La pareja aristocrática empleaba su tiempo en lo que podríamos llamar actividades de ocio. De hecho, a la mujer aristocrática se la describe haciendo muy poca cosa, excepto poner la mesa con lino y plata y servir abundantes y exquisitas comidas. Las actividades masculinas de esta clase social consistían en cazar, practicar deportes y combatir. Lo primero que se observa es la división de lo que he llamado, por falta de un término mejor, de clases sociales. Lo segundo que debe destacarse es que, con 97 la excepción de servir comida, en el trabajo entre esclavos no existían diferencias de género. En esta sociedad, la diferencia de género era una cuestión de clase social. En la Lista de Rig las diferentes clases se muestran viviendo en distintos lugares. En la realidad, probablemente y en la mayoría de los casos las dos clases inferiores Dones i activitats de manteniment en temps de canvi 98 compartían la misma granja, o incluso, si ésta era grande, vivían en ella los tres grupos. La evidencia arqueológica: los enterramientos de la Edad de Hierro En cuanto a las costumbres funerarias, hay un rasgo que se ha convertido en una auténtica Fig. 3. Fusayola y llaves procedentes de una tumba femenina. © Bergen Museum/Ann-Mari Olsen. “Su corazón se modeló sobre una rueda”: las mujeres entre la ideología... característica noruega a lo largo de los siglos: la costumbre de enterrar a los muertos con herramientas, aparentemente relacionadas con el trabajo realizado en vida. En el período vikingo, ciertos tipos de herramientas eran incluso más comunes en las tumbas que las joyas y las armas. Esto constituye una sólida prueba —¿o no?— de los distintos tipos de trabajo que llevaban a cabo las mujeres y los hombres respectivamente, al menos en el estrato superior y medio de la sociedad, ya que en las tumbas del estrato más bajo no se depositaban herramientas. Resulta posible interpretar la presencia de estas herramientas como parte del ajuar personal, necesarias para que los muertos desempeñasen en la otra vida las mismas funciones que en ésta. Si las herramientas de las tumbas reflejan el trabajo y las responsabilidades en la vida, tienden a confirmar el retrato que se aprecia en las sagas, donde las mujeres trabajan en casa, de puertas adentro, mientras los hombres lo hacen en el exterior, como agricultores, carpinteros, constructores de barcos, herreros, guerreros y comerciantes (Figura 3). También habría áreas que incluirían tanto a hombres como a mujeres, pues son comunes en las tumbas de ambos (utensilios de cocina o agrícolas como, por ejemplo, hoces). Las pesas de balanza también son bastante comunes en las tumbas de mujeres, lo que indica su participación en el comercio. También se han constatado algunas flechas para cazar y una herramienta para construir barcos (Dommasnes 1982; Stalsberg 1996). Trabajo textil El único tipo de herramientas, aparte de las armas de combate, que se halla con exclusividad en las tumbas de un único sexo son los utensilios utilizados para tejer. Los peines de cardar lana, los husos, las agujas de tejer, las pesas de telar y las agujas de coser se hallan únicamente en las tumbas de mujeres, donde constituyen una de las ofrendas funerarias más comunes. Creo que podemos asumir sin miedo a equivocarnos que el trabajo textil no era únicamente un privilegio femenino o un trabajo de mujeres. También era una de las formas en que se construía la feminidad, en términos modernos. La mayoría de estas tumbas estaban destinadas a mujeres de clase alta. Si recordamos la Lista de Rig veremos que es el ama de casa de la granja quien cose y teje. La Lista de Rig no hace mención al bordado, aunque sabemos 99 Ullandhaug, donde se construyeron dos túmulos alargados en el interior de una casa que se había abandonado poco antes. Quienes construyeron la tumba debían saber que allí había habido una casa. ¿Se pretendía quizás subrayar la relación entre los túmulos (alargados) y las casas (alargadas)? ¿Albergaban las tumbas (con muy pocos hallazgos) a los antiguos residentes? ¿O se pretendía enfatizar la continuidad entre el pasado y el presente, mediante elementos pertenecientes al mundo de las mujeres? Un ejemplo muy conocido del papel central de las mujeres en los rituales funerarios es la historia narrada por Ibn Fahdlan, mensajero del califa de Bagdad, quien presenció un enterramiento vikingo en Rusia en el año Dones i activitats de manteniment en temps de canvi 106 922. El protagonista principal de este entierro, aparte del fallecido, fue una mujer anciana, denominada el Ángel de la Muerte. Esta mujer preparó ropas nuevas para el fallecido, un mercader vikingo, y lo amortajó. A su vez, se eligió a una joven esclava para que muriera junto a su amo. A las dos hijas del Ángel de la Muerte se les encomendó la tarea de vigilar que no escapara. En un momento dado, cuenta Ibn Fahdlan, se levantó a la joven en el aire y se le pidió que dijera qué podía ver en el otro mundo (se suponía que había recibido poderes de clarividencia y, por consiguiente, se convertía en mediadora entre el reino de los vivos y el de los muertos). Tras mantener relaciones sexuales con varios de los hombres, el Ángel de la Muerte la estranguló y la depositó en la Fig. 8. Tapiz de la tumba de Oseberg. © Kulturhistorisk Museum, University of Oslo /Eirik Irgens Johnsen. “Su corazón se modeló sobre una rueda”: las mujeres entre la ideología... tumba, que en este caso era una barca funeraria, para que fuese incinerada. En relación a lo dicho, podemos observar el tema de las mujeres y los barcos en este tapiz procedente del riquísimo enterramiento de Oseberg, en el sur de Noruega (Figura 8). Este enterramiento de clase alta para dos mujeres se remonta al año 834 d.C. Tal vez no se debería considerar este tapiz únicamente como un delicado objeto decorativo. Parece muy posible que este tema no sea fortuito, sino que muestre la escena de un entierro —una procesión con varias mujeres al frente. Así pues, constatamos un importante papel de las mujeres en contextos funerarios en distintos lugares y períodos (Ingstad 1982). El último enterramiento que hemos comentado fue un acontecimiento público de gran categoría, diferente en este respecto a los muchos enterramientos locales que parecen haberse convertido cada vez más en una parte de la vida local de las granjas a lo largo de muchos siglos. Pero vemos nuevamente que los vikingos veían relaciones entre la vida y la muerte. Las mujeres eran absolutamente esenciales para mantener el equilibrio y evitar que los poderes destructivos dominaran. La interpretación: aprendizaje, mantenimiento y cambio Los procesos culturales que tenían que llevar al norte y el oeste de Escandinavia del anonimato en su época y su posterior invisibilidad arqueológica hacia un rico periodo de las migraciones y al posterior desarrollo expansivo vikingo, parecen haberse iniciado a mediados del período romano, en torno al 200 d.C. En la región que he estado tratando hasta ahora, el oeste de Noruega, los primeros indicios de este cambio están relacionados con mujeres extranjeras o, al menos, con mujeres con un tipo diferente de joyas. Por mucho que me hubiera gustado que las mujeres pasaran a ser, por ejemplo, mercaderes independientes, me parece más sensato aceptar el testimonio de las pocas fuentes escritas que hablan del papel de las mujeres en el establecimiento de alianzas matrimoniales en el entorno de las familias adineradas. Resulta plausible que las tumbas ricas del último período romano y de la época de las migraciones correspondan a tumbas de mujeres que se habrían utilizado para establecer alianzas con las tribus germánicas de más al sur. Estas novias, a quienes acompañaban criadas y sirvientas, probablemente eran mujeres de buena cuna y no participaban en 107 cualquier tipo de trabajos. Posiblemente, estas mujeres extranjeras tratarían de encontrar un equilibrio entre su cultura propia y la nueva. Mujeres y hombres se mueven de forma distinta en los paisajes culturales. El modo en que algunas mujeres se adaptaron a los nuevos entornos culturales en la Alta Edad Media, debió crear una serie de nuevos escenarios para el intercambio de técnicas y conocimientos en unas comunidades de trabajo estrechamente relacionadas. En un mundo sin escritura, la relación personal era la única forma de aprender. La presencia de mujeres de distintas tradiciones culturales debía ser la única oportunidad que tenían los nativos de descubrir nuevos incentivos, y debemos creer que tenían ganas de aprender. Según los hallazgos (y siguiendo la interpretación sugerida) las novedades extranjeras debieron alcanzar a gran cantidad de granjas del oeste de Noruega más o menos al mismo tiempo. El impacto colectivo debió ser de gran calado. La granja era la unidad básica de la sociedad de la primera Edad de Hierro. Se desconoce el tipo de autoridad, de haberla, que ejercían jefes locales en los diferentes territorios, al igual que sucede con su género, si Dones i activitats de manteniment en temps de canvi 108 examinamos únicamente la evidencia arqueológica (Hjørungdal 1991). No hubo una autoridad central hasta la época vikinga. En mi opinión, la influencia de las mujeres que dominaban las granjas, esta unidad social básica, debe haber sido muy importante en el desarrollo de las sociedades nórdicas. Como ya se ha mencionado, los poemas de Edda y las sagas islandesas describen los matrimonios como alianzas entre familias, convirtiendo a la novia en el eslabón de conexión entre la familia de su marido y la suya. El regalo de bodas, el heimanfylgja (la dote), seguía perteneciendo a la mujer durante todo el matrimonio, y representaba su seguro en caso de conflicto. También les daba a las mujeres cierto poder de negociación, ya que si cogía su dinero y se marchaba podía poner a la familia del marido en una situación difícil. Sin olvidar que no se pueden utilizar mecánicamente las sagas medievales como evidencia de lo que ocurría en tiempos anteriores, sí que pueden llevarnos a preguntarnos dónde y cuándo se originó esta costumbre. Los textiles y el mantenimiento ideológico No resulta fácil mostrar un “Su corazón se modeló sobre una rueda”: las mujeres entre la ideología... ámbito específico donde los trabajos cotidianos de las mujeres marcasen la diferencia. Desde un punto de vista arqueológico, gran parte del trabajo de las mujeres se hacía con materiales perecederos, como ocurre con el hilado y el tejido. Ambos son también ejemplos de trabajo cualificado que requería un largo proceso de aprendizaje. Los textiles se conservan mal. De hecho, contamos con muy pocos restos de lo que fue, junto con la cocina, el trabajo más importante de las mujeres. Los pocos que tenemos procedentes del oeste de Noruega demuestran la existencia de técnicas variadas y son de una calidad muy alta (Bender Jørgensen 1986). Se ha sugerido que la ropa que conocemos como “frisia” se realizaba en realidad en el oeste de Noruega (ibid.). En este caso habríamos pasado de la producción para el mantenimiento a una producción para el comercio. ¿Cómo explicar sino aquella exquisita banda tejida para una capa masculina que data del 400 d.C.? Una costurera moderna con experiencia necesita casi una hora por milímetro para copiarlo (Bender Jørgensen, comunicación personal). Al otro lado del espectro, encontramos las velas de los barcos. Los vikingos utilizaban grandes velas cuadradas de lana. Se ha calculado que la preparación de una sola vela podía comportar cinco años de trabajo. Era uno de los objetos más caros de cualquier expedición vikinga. La participación de las mujeres en su preparación queda plasmada en el poema Huvudlausn, que se remonta aproximadamente al año 1000 d.C.: “La vela tejida por mujeres ondeaba en el mástil del barco” (Bender Jørgensen 1999). Donde los textiles eran realmente indispensables, sin embargo, era en la vida cotidiana, como protección contra el frío y la lluvia. La elaboración de los textiles cotidianos y conservarlos en buen estado supuso el punto de partida que luego permitió desarrollar y refinar las técnicas necesarias para los otros tipos de textiles mencionados anteriormente. No es de extrañar que los utensilios para tejer e hilar sean unas de las herramientas que se han hallado más frecuentemente tanto en las viviendas como en las tumbas de mujeres. Tal vez mi colega estaba en lo cierto cuando sugirió que la presencia tan regular de fusayolas en las tumbas de mujeres de clase alta a partir de la época romana tenía un significado simbólico más profundo, refiriéndose al papel de la mujer en la continuación de la vida y 109 en el orden del mundo (Høigaard Hofseth 1985). En un entorno donde se concebía el tiempo como algo circular, afirma, el huso podría haber sido un símbolo del círculo constante del nacimiento, la muerte y la renovación de la vida. Al hilo de su argumento, podríamos sugerir que dentro de esta forma de pensamiento, ciertas áreas del trabajo de mantenimiento tamDones i activitats de manteniment en temps de canvi 110 bién podrían tener un significado simbólico. De hecho, parece haber existido una fuerte conexión entre el trabajo de mantenimiento y el poder ideológico. En la cosmología noruega, el propio mundo era concebido como un disco circular con un árbol gigante, Yggdrasil, en el centro (Figura 9). Cerca de este centro vivían los dioses. La Fig. 9. Una representación de la cosmovisión vikinga. “Su corazón se modeló sobre una rueda”: las mujeres entre la ideología... gente vivía en la zona media, mientras que los gigantes y los trolls vivían más cerca del borde. Y bajo el árbol, se nos cuenta, estaban sentadas tres nornas, hilando el hilo de la vida. Las nornas de la mitología noruega antigua eran seres sobrenaturales, doncellas encargadas de los destinos de dioses y de humanos. Algunas reconsideraciones sobre el mantenimiento, el cambio, las mujeres y los hombres De nuestro análisis sobre el mantenimiento y el cambio podemos apuntar lo siguiente: el trabajo de mantenimiento pudo ofrecer una oportunidad para desarrollar y cultivar algunas técnicas hasta el punto de que se convirtiesen en bellas artes y abonar el terreno para el cambio. En la mayoría de los casos, estos cambios se producen a largo plazo, son lentos y puede que ni siquiera sean vistos como tales por quien los lleva a cabo. En la vida real, la línea que separa la continuidad del cambio suele ser muy fina. El cambio lento es el cambio común, posiblemente la forma femenina del cambio. En mi opinión, tal vez tendríamos que reconsiderar los conceptos de mantenimiento y cambio cuando los aplicamos a sociedades con conceptos de tiempo diferentes al nuestro y repensar los valores asociados al concepto de tiempo. Si lo que se pretendía era no perturbar el círculo del tiempo, el mantenimiento, incluso cuando era repetitivo y aburrido para nuestra forma de pensar, podría haberse valorado mucho simplemente porque era necesario, en la vida cotidiana y en la ideología, para evitar cambios drásticos. Los cambios drásticos y repentinos suelen ser negativos para las mujeres, como ocurre por ejemplo cuando son víctimas de la guerra. A pesar de ello, los historiadores, que trabajan con un tiempo lineal, tienden a considerar el cambio repentino como un gran logro, necesario para el desarrollo de las sociedades. El cambio positivo repentino tiene un sesgo masculino. A veces, las mujeres también han sido agentes activos en tales casos. La sociedad vikinga es un ejemplo: ¡Sin velas ni ropas de abrigo impermeables, no habría habido viajes a ultramar, ni comercio, ni razzias, ni descubrimientos! Pero para poder darse cuenta, hay que mirar más allá y considerar el trabajo lento y paciente. Y volviendo al Hávamál: su corazón se modeló sobre una rueda. 111 Yo sugiero que tal rueda no era para nada un torno de alfarero, sino una fusayola (Figura 10). Las encargadas de hilar eran las mujeres, que no eran frágiles, sino lo bastante fuertes y poderosas como para gobernar sus destinos. Sin duda, esta fuerza también se dejaba sentir en la vida cotidiana, donde podrían haber utilizado el heimanfylgja (dote) al mismo tiempo que adquirían habilidades técnicas y estrategias de poder procedentes de la asociación ideológica entre estas habilidades y la continuación de la sociedad y la vida. Echadle la culpa al destino o a la manipulación de las mujeres: en cualquier caso, el arrebato del poeta se convierte así en un signo de frustración ante el poder de las mujeres y su falta de sumisión. Dones i activitats de manteniment en temps de canvi 112 Bibliografía Bender Jørgensen, L. 1986. Forhistoriske textiler i Skandinavien. Prehistoric Scandinavian textiles. Copenague: Det kongelige nordiske oldskriftselskab. Bender Jørgensen, L. 1999. Textiles of seafaring: an introduction to an interdisciplinary research project. En F. Pritchard y J. P. Wild (ed.), Northern Archaeological Textiles NESAT VII. Oxford: Oxbow Books, pp. 65-69. Dommasnes, L.H. 1982. 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