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Harina de otro costal : género y cambios tecnológicos en la producción de harina en la Galilea romana

Meyers, Carol

Abstract

L'estudi de la Palestina romana s'ha centrat en general en els processos polítics i religiosos, de vegades utilitzant materials arqueològics. No obstant, la tecnologia de la producció de farina pràcticament s'ha ignorat. En períodes anteriors aquesta tasca domèstica era realitzada només per les dones, però les noves tecnologies del període romà, que dugueren a la substitució del molí manual per instruments més complexos de mòlta, es van estendre pels centres urbans de Galilea (tot i que no es coneixen en els petits pobles) i implicaren l'aparició de formes de mòlta comercial controlades pels homes. Aquest canvi beneficià en cert sentit a les dones però, al mateix temps, provocà l'aparició d'imatges negatives femenines, cosa que tindria les seves conseqüències a llarg termini.

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Dones i activitats de manteniment en temps de canvi Barcelona, 24-26 de novembre de 2005 Treballs d’Arqueologia 11, 2005 Harina de otro costal: género y cambios tecnológicos en la producción de harina en la Galilea romana* Carol Meyers 25 Resum: L’estudi de la Palestina romana s’ha centrat en general en els processos polítics i religiosos, de vegades utilitzant materials arqueològics. No obstant, la tecnologia de la producció de farina pràcticament s’ha ignorat. En períodes anteriors aquesta tasca domèstica era realitzada només per les dones, però les noves tecnologies del període romà, que dugueren a la substitució del molí manual per instruments més complexos de mòlta, es van estendre pels centres urbans de Galilea (tot i que no es coneixen en els petits pobles) i implicaren l’aparició de formes de mòlta comercial controlades pels homes. Aquest canvi beneficià en cert sentit a les dones però, al mateix temps, provocà l’aparició d’imatges negatives femenines, cosa que tindria les seves conseqüències a llarg termini. Resumen: El estudio de la Palestina romana se ha centrado generalmente en los procesos políticos y religiosos, usando en ocasiones materiales arqueológicos. Sin embargo, prácticamente se ha ignorado la tecnología de la producción de harina. En períodos anteriores esa tarea doméstica era realizada únicamente por las mujeres, pero las nuevas tecnologías del período romano, que llevaron a la sustitución del molino de mano por instrumentos más complejos de molienda, se extendieron por los centros urbanos de Galilea (aunque no se conocen en los poblados pequeños) e implicaron la aparición de formas de molienda comercial controlada por hombres. Este cambio benefició en cierto sentido a las mujeres aunque, al mismo tiempo, provocó la aparición de imágenes femeninas negativas que habría de tener consecuencias a largo plazo. Abstract: The study of Roman Palestine usually focuses on political and religious developments and often draws upon archaeological materials. The technology involved in flour production, however, has been virtually ignored. That household task was performed entirely by women in the preceding periods. But new technologies of the Roman period—with machine milling replacing hand grinding—spread to the urban centres of Galilee (but not the smaller settlements) and involved a shift to commercial milling controlled by males. This shift was beneficial for women in some ways but also gave rise to negative views about women that were to have long-term consequences. *Traducción del inglés de Marina Picazo Gurina. Introducción En la literatura israelita (la Biblia hebrea) de Palestina durante la Edad del Hierro (aprox. 1200587 a.C.), se aplican a las mujeres epítetos, títulos o roles como los de profetisa, sabia, jueza, cantante, propietaria, especialista (además de los tradicionales relacionados con la maternidad y el matrimonio). Es verdad que, en ocasiones, también se caracteriza a las mujeres de un modo negativo, pero incluso las prostitutas aparecen ocasionalmente como figuras heroicas. Y en ningún caso se dice en esa literatura que las mujeres sean menos inteligentes o capaces que los hombres; de hecho, a menudo se las describe como personas listas y competentes, en nada inferiores a sus esposos (Wegner 1998: 85). Esa representación reflejaba la realidad social de las comunidades de pequeños poblados en los que vivía la mayor parte de la gente; las mujeres se movían libremente y las profesionales realizaban una serie de funciones sociales (Meyers 1999: 161-70). Las reconstrucciones de la vida doméstica basadas en la información arqueológica y etnográfica sugieren que las mujeres contribuían e incluso controlaban aspectos importantes de la economía doméstica (Meyers 1988: 149-54; 2003). Una imagen radicalmente diferente aparece en la literatura judía (rabínica) del período romano (aprox. 50 a.C.-363 d.C.), en su mayor parte procedente de Galilea. Los autores de esos documentos reconocen las cualidades admirables de algunas mujeres bíblicas, pero encuentran rasgos de debilidad en ellas y hasta las censuran por sus hazañas. Aún peor, al sexuar las energías de las mujeres bíblicas ejemplares y, de todas las mujeres posteriores, las describen como una amenaza y un peligro que necesita de un estricto control masculino (Bronner 1994). Además, los materiales legales en la literatura rabínica buscan limitar la movilidad de las mujeres, les prohíben participar en el mundo público y las someten completamente a la autoridad del marido. Los valores jerárquicos que establecen la subordinación de las mujeres a los hombres emergen una y otra vez en esta literatura1. La estructura del dominio masculino se complementa con una caracterización de las mujeres como inferiores mental, emocional y moralmente. Anécdotas e historias revelan a veces el afecto de los maridos por sus esposas a las que respetan por su generosidad y compasión. Pero, igualmente, son frecuentes los comentarios excepcionalmente duros y denigrantes sobre ellas. Dones i activitats de manteniment en temps de canvi 26 Desde luego, lo que acabo de comentar es una simplificación de la compleja y rica literatura de los dos períodos históricos del Levante antiguo. Como sucede siempre con las simplificaciones, presenta el riesgo de crear estereotipos sobre los hombres y las mujeres, olvidando que en la práctica existía una diversidad de interacciones entre los dos sexos. Con todo, creo que podemos asumir que las mujeres se consideraron diferentes, inferiores y, a veces, peligrosas en las fuentes escritas del período romano, mientras que no lo habían sido en la literatura del Israel antiguo. ¿A qué podemos atribuir ese cambio profundo que coincide aproximadamente con otros cambios importantes en la región? Desde comienzos del siglo IV a.C., el helenismo occidental penetró e influyó profundamente en las culturas semíticas de la Edad del Hierro y del período persa. Esa “helenización” del mundo bíblico implicó nuevas formas políticas aportadas por el dominio, primero griego, y después romano. A su vez, a la política le siguió un cambio cultural general que incorporó nuevas lenguas, estilos artísticos, pautas económicas, creencias religiosas, puntos de vista filosóficos y, también, nuevas tecnologías. Todos estos factores tuvieron un impacto en los roles de género y en las formas en las que las mujeres aparecieron representadas en las fuentes del período romano y posterior. En este trabajo me centraré en los cambios tecnológicos relacionados con la producción de harina en este período y en su posible impacto en las representaciones femeninas en la literatura judía del período romano. Es importante recordar que esos cambios formaban parte de procesos culturales más amplios. La tecnología de la producción de harina Los cereales constituían el principal elemento de la dieta del Mediterráneo oriental, hasta el punto de que la palabra hebrea para pan (lehem) se usaba a veces para designar la comida en general (Dommershausen 1995: 523-24). Se ha calculado que aproximadamente la mitad (53-55 %) del aporte calórico de un adulto se basaba en el grano (Broshi 2001: 123-24). Sin embargo, los cereales tenían que procesarse para que los elementos nutritivos se pudiesen digerir. La molienda es fundamental porque rompe los granos de cereal y libera la parte que tiene valor nutritivo para que pueda prepararse para el consumo (Watts 2002:11). De hecho, Harina de otro costal: género y cambios tecnológicos en la producción... 27 moler es una de las técnicas humanas más antiguas, anterior al propio cultivo de los cereales (Moritz 1958: xxv). Los trabajos que describen la tecnología del procesado del grano no emplean una terminología uniforme. En este artículo, usaré dos términos diferentes para las dos clases de dispositivos usados en esa tarea.2El primer término es molturar que significa reducir algo —el grano— a fragmentos pequeños por fricción. El segundo es molienda, con el sentido de procesar el grano en una máquina o aparato técnicamente más avanzado que los que se usaban para la moltura. Los tipos de instrumentos usados para la moltura y la molienda constituyen “herramientas de piedra para moler.”3 El grano se convierte en harina mediante un proceso mecánico simple: el peso y la fricción de un objeto pesado tritura la cáscara exterior del grano y libera el endospermo, es decir, el potencial nutritivo de la cáscara.4Durante miles de años, al menos desde el Natufiense tardío, se han identificado en yacimientos arqueológicos del Levante instrumentos de piedra para el procesado de los cereales (Ebeling y Rowan 2004: 109110). En un principio se debió haber usado un mortero y una piedra para machacar los granos. Pero el equipo de molienda más común consistía en un par de piedras para la moltura: una superior que se mueve de adelante a atrás sobre una piedra inferior fija. La piedra superior se denomina también machacador, percusor o mano en la bibliografía. La piedra inferior se llama muela inferior o molino. Moler cereales con esos instrumentos era una tarea extraordinariamente lenta y laboriosa, hasta el punto que en inglés la expresión “daily grind” (molienda diaria) sirve para describir la rutina diaria (p.e., Molleson 1994:70; Ebeling y Rowan 2004). Con un porcentaje de extracción de un 80% de los granos de cereal del Mediterráneo oriental, se estima que se necesitaría una hora de moltura para producir 0,8 kg de harina. La media de consumo diario, teniendo en cuenta el valor calórico de los cereales en relación a las necesidades de un adulto de pequeño tamaño, sería aproximadamente de un kilo de harina. Por tanto, una familia de seis personas necesitaría más de 3 kg de harina y para conseguirlos se requerirían al menos de dos a tres horas de moltura por día (Broshi 2001: 125).5Para conseguir un incremento de la producción, cuando las autoridades Dones i activitats de manteniment en temps de canvi 28 e instituciones (templo, palacio, ejército) necesitaban cantidades extra de harina para su personal, para la población en general o para las gentes que vivían en las ciudades, se creaban talleres con muchos molinos de mano, uno al lado de otro (Curtis 2001: 201-2, 246). La diferencia entre la producción doméstica y la institucional radicaba en escala, pero no en método. A pesar de la naturaleza fatigosa de la molienda, no se produjeron cambios tecnológicos significativos durante un período de entre 8000 a 10000 años. Se detectan pequeñas mejoras, como la forma o la superficie de uno o ambos elementos del molino de mano; en algunos lugares, sobre todo en los talleres de los palacios o de los templos, se produjeron algunas innovaciones ergonómicas, como colocar las losas en una plataforma, o inclinarlas (Curtis 2001: 250). Aún así, moler continuó siendo una actividad basada en la fuerza humana aplicada a herramientas muy sencillas. Todo esto cambió en los últimos siglos antes de nuestra era, cuando se produjeron tres importantes cambios en la tecnología de la producción de harina que condujeron a una mayor eficacia (obtención de mayor cantidad con menos tiempo y menos trabajadores). No está claro el origen de estos cambios, si se desarrollaron uno a partir del otro, o si pueden considerarse evoluciones a partir del molino de mano tradicional. De lo que no cabe duda es que, aunque no se usaron simultáneamente en todas las regiones del mundo grecorromano, tuvieron una amplia difusión hacia finales del siglo I a.C. Probablemente la primera innovación fue la del molino de manivela, o molino giratorio, llamado frecuentemente molino tipo Olinto, porque en las excavaciones de Olinto, Grecia, se encontraron docenas de ellos.6Se trataba de un molino formado por dos piedras rectangulares situadas horizontalmente una sobre la otra, con estrías acanaladas en las superficies opuestas (descripción, inter alia, en Frankel 2003a: 45-46); implicaba dos importantes mejoras. La primera, que también aparece en los otros tipos, era la creación de una apertura en la piedra superior, de modo que pudiese introducirse grano sin que la persona que molía tuviese que pararse constantemente para colocar nuevos granos en la piedra inferior. La otra mejora afectaba al movimiento de la piedra superior sobre la inferior. En una acanaladura de la piedra superior se colocaba una manivela de madeHarina de otro costal: género y cambios tecnológicos en la producción... 29 ra en un pivote, lo que cambiaba radicalmente la capacidad mecánica del molino. Estas dos mejoras implican que, a partir de ahora, podamos hablar de la existencia de una máquina para la obtención de harina (Moritz 1958: 46; Curtis 2001: 282). El grano se molía con un mecanismo que mejoraba la fuerza humana de manera que podía procesarse más grano en menos tiempo y con menos esfuerzo. El movimiento requería una acción recíproca, para mover la manivela en un arco y se necesitaban dos personas para hacerlo funcionar (Frankel 2003b: 54); aun así, suponía un gran avance sobre el molino de mano. Los griegos difundieron los molinos de tipo Olinto, de origen oriental, quizás de Asia Menor. Aparecieron en Palestina en el período romano, en el siglo I a.C. Se han encontrado ejemplares en unos treinta yacimientos (Frankel 2003a: 3, Tabla 1). Eran más grandes, más caros y más difíciles de mover que los tradicionales molinos de mano y, probablemente, se usaron para servir a un grupo de casas o a parte de un poblado, más que a unidades domésticas individuales (Curtis 3002: 283). La segunda nueva tecnología para la producción de harina, el molino rotatorio, apareció aproximadamente al mismo tiempo que el de tipo Olinto. Su origen probablemente deba buscarse en la península Ibérica, en el Mediterráneo occidental. Consistía también en dos piedras horizontales con agujeros en el centro de cada una de ellas. Las dos piedras eran redondas con un orificio central en la piedra base que sostenía un eje sobre el que se colocaba la piedra superior. Para moverlo se usaba un asa vertical de madera fijada en la solera (ver Curtis 2001:339; Watts 2002: 33). Era un instrumento técnicamente superior al molino de tipo Olinto porque permitía obtener mayor cantidad de harina. Además, una sola persona podía hacerlo funcionar. El ejército romano en Palestina utilizaba estos molinos rotatorios como parte de su equipamiento básico, pero no fueron comunes entre la población judía hasta el período bizantino (Frankel 2003a: 54). Por ejemplo, en el campamento romano que asedió el asentamiento judío de Masada aparecieron molinos de este tipo, mientras los defensores judíos usaban molinos de tipo Olinto (Frankel, comunicación personal). La tercera innovación en la obtención de harina, que probablemente no procedía directamente ni del molino tipo Olinto, ni del rotatorio, aunque implicaDones i activitats de manteniment en temps de canvi 30 ba conocimiento de las ventajas técnicas de ambos modelos (Frankel 2003b: 19), fue el molino pompeyano, llamado así por su abundancia en Pompeya (Peacock 1989). Se le conoce también como molino de sangre porque, al tener manivelas que sobresalían a ambos lados y hacían posible el movimiento circular, podía utilizarse la fuerza animal, normalmente de asnos. Estos molinos constituyeron una importante mejora en la tecnología de molienda.7Según las fuentes romanas, podían producir hasta 873 litros de harina por día, cien veces más de los que podía obtener una persona trabajando con un molino de mano (Curtis 2003: 348). Eran caros de hacer y poner en funcionamiento y se usaban comercialmente y no en unidades domésticas individuales o en pequeños grupos. Se estima que un molino público ‘industrializado’ de este tipo y una factoría de pan podían proporcionar pan diario para 1000 o más personas (Storck y Teague 1952: 84-85: cf. la estimación más conservadora de Bauer 1990: 3). Aunque el molino de sangre parece haberse extendido por el imperio romano, algunos autores opinan que no llegó al Mediterráneo oriental (Curtis 2003: 344; cf. Mortiz 1958: 911-96). Con todo, existen fragmentos procedentes de excavaciones palestinas. Tal vez, al ser los molinos de sangre más productivos se necesitaban menos. Además, debieron utilizarse principalmente en los grandes centros comerciales urbanos, menos frecuentes en Palestina que en otras zonas de la cuenca mediterránea. Atribución de género a la producción de harina No es fácil atribuir género a los instrumentos de producción de harina, al igual que sucede con los usados en la mayor parte de las tareas de subsistencia del mundo antiguo. Tan solo estableciendo una conexión entre los materiales arqueológicos y los textos antiguos es posible atribuir género a las personas que usaron los instrumentos de molienda y analizar el impacto de la transición de la moltura a la molienda en la Palestina romana. Tanto los restos arqueológicos como los textos presentan dificultades. La arqueología sirio-palestina no siempre ha atendido apropiadamente a objetos vulgares como los instrumentos de piedra, y los textos y sus intérpretes tienen un fuerte prejuicio androcéntrico (ver Baskin 1998: 74; Meyers 1997; 2003a: 186-89; Rutter 2003: 170; pero cf. Meyers 2003). Por tanto, los datos Harina de otro costal: género y cambios tecnológicos en la producción... 31 arqueológicos no son numerosos ni se presentan como sería de desear, y los textos pueden representar un mundo alejado de la realidad de las experiencias humanas. Aun así, ambos tipos de evidencia contienen información valiosa sobre los instrumentos de producción de harina y sobre sus usuarios. En otro artículo investigué la producción en las unidades domésticas de la Edad del Hierro (Meyers 2003b; cf. Meyers 2002). Resumiré los resultados antes de tratar del período romano y las nuevas tecnologías. En primer lugar, en la Edad del Hierro (período bíblico) la moltura con molinos de mano de piedra tenía lugar en las casas individuales de los asentamientos agrícolas en los que vivía aproximadamente un 90% de la población. En segundo lugar, cada casa tenía, en principio, un conjunto de piedras para moler. Sin embargo, a veces se ha encontrado más de un conjunto en una zona de trabajo, hecho que indicaría que se realizaban simultáneamente diversas tareas simples, lo que es una forma útil de organizar el trabajo repetitivo y que necesita mucho tiempo. En tercer lugar, la tecnología de moltura con molino de mano era prácticamente un monopolio femenino.8 Consideraré las repercusiones que tiene este dominio de la moltura para las vidas de las mujeres en la Edad del Hierro más adelante, después de analizar el género de las tecnologías de la molienda en el período romano, considerando en primer lugar primero los datos arqueológicos y luego las fuentes textuales. Datos arqueológicos de dos yacimientos galileos (Tabla 1) Puesto que Galilea era el centro de la vida judía en Palestina durante gran parte del período romano, los yacimientos galileos tienen un especial interés. Además, eran comunes los afloramientos de basalto, la piedra favorita para las herramientas Dones i activitats de manteniment en temps de canvi 32 Yacimiento Manos de molino Bases de molino, losas o tablas Molino de rotación Molino tipo Olinto Molino de sangre Nabratein 22 7 6 0 0 Sepphoris 2 1 0 15 (2 no son claros) 3 Tabla 1. Número de fragmentos de instrumentos líticos para la obtención de harina en dos yacimientos de Galilea. de molienda, en Galilea y las regiones próximas (Rutter 2003: 92-08). El poblamiento de la Galilea romana estaba caracterizado por la dispersión de pequeños poblados en zonas elevadas de la Alta Galilea y por centros urbanos en la Baja Galilea. Con la excepción de quienes vivían en las ciudades (muy poco frecuentes), la mayor parte de la gente era campesina. Se valoraba sobre todo la posesión y el trabajo de la tierra; de hecho, se consideraba preferible producir los alimentos de consumo, incluyendo el grano (cf. Baba Metzia 107a), aunque se pudiesen conseguir más baratos en un mercado (Aberbach 1994: 165-66). El procesado de los cereales debe haber sido parte de la vida cotidiana en la mayoría de las casas campesinas, aunque quizás la situación era diferente en las ciudades. Consideraremos dos yacimientos representativos. El primero, Nabratein, es un pequeño asentamiento en la Alta Galilea cuya excavación prestó especial atención a los instrumentos de piedra. Compararemos su instrumental lítico con el de Sepphoris, un centro urbano de la baja Galilea de gran importancia para la literatura del judaísmo antiguo y para las ideas sobre género que influyeron mucho en la tradición judía posterior. Nabratein Nabratein está en la orilla oriental de la zona elevada de la Alta Galilea, al norte de Har Kana‘an, en la cima de una pequeña colina de unos 650 m. s.n.m. La producción cerealística debió haber sido importante porque tenía buenos suelos de tipo rendzina en los valles cercanos y por la presencia de varios manantiales cercanos, además de un índice de lluvias relativamente alto (800-900 mm/año). El yacimiento presenta niveles de ocupación que abarcan desde la primera etapa romana al período tardorromano. Posteriormente, se abandona durante unos 200 años para volverse a ocupar en la etapa tardo-bizantina y árabe antigua. Todo parece indicar que los habitantes siempre fueron judíos ya que existía una sinagoga de tamaño considerable fundada en el período romano medio, que se renovó en el período tardorromano y se restauró en la etapa bizantina (Meyers y Meyers e.p.). De unos siete dunams (1.6 acres) de tamaño, Nabratein era técnicamente una pequeña “ciudad” según la antigua terminología rabínica (Safrai 1994: 42, 65). Sin embargo, teniendo en cuenta su tamaño y su economía en gran medida autosuficiente, es mejor Harina de otro costal: género y cambios tecnológicos en la producción... 33 la moltura a la molienda en la Galilea romana. Ese cambio produjo beneficios pero también desventajas significativas para las mujeres. Para entender el impacto de este cambio tecnológico, debemos en primer lugar repasar el sentido de la moltura como una actividad cotidiana esencial para las mujeres durante la Edad del Hierro. En esa etapa, la mayor parte de las unidades domésticas eran autosuficientes; y las contribuciones femeninas a la economía doméstica, en gran medida no mercantil, eran substanciales.17 Las mujeres eran responsables de transformar la mayor parte de las cosechas, de matar los animales domésticos para convertirlos en alimento, de producir las telas y de proporcionar a la casa otras diversas necesidades de la vida cotidiana. Entre todas las tareas femeninas la producción de pan era un trabajo largo que, al tiempo, estaba directamente relacionado con la supervivencia de la familia. Como he sugerido en otros trabajos (Meyers 2002; 2003), esas circunstancias proporcionaban a las mujeres un poder considerable: (1) el poder social en la casa, incluyendo la toma de decisiones porque las mujeres dominaban los procesos esenciales de la casa, especialmente el suministro de elementos que no podían Dones i activitats de manteniment en temps de canvi 40 obtenerse de otra manera; (2) el poder social en la comunidad que emerge de las redes informales formadas por las mujeres que regularmente pasaban largos períodos de tiempo juntas con los molinos, como indica la evidencia arqueológica; esas redes creaban solidaridad femenina y establecían conexiones entre las diferentes viviendas, de manera que se podían ayudar mutuamente en tiempos difíciles y se podían llevar a cabo funciones que traspasaban los límites de una vivienda; y (3) poder personal, por la autoestima y gratificación personal asociados con la realización de tareas que requerían habilidad tecnológica y que proporcionaban productos para el mantenimiento de la vida. Además, en las culturas que no son de mercado, las mujeres disfrutan generalmente de un prestigio considerable por sus contribuciones a la familia y a las redes de parentesco y por su control de actividades domésticas esenciales (Applebaum 1984: 14; Bradley 1989: 33-37). Pero ¿qué sucede con esos beneficios de la participación de las mujeres en la economía doméstica cuando la harina ya no se produce en la casa, como sucedió en el período romano en Galilea en las ciudades grandes con mercados desarrollados, como Sepphoris? Probablemente el cambio más evidente y el efecto más inmediato habría sido positivo: la mejora de la salud física de las mujeres. El trabajo con instrumentos de moltura provocaba que los dedos pulgares de los pies se doblasen contra el suelo al empujar hacia delante la parte superior del molino, manteniendo el cuerpo paralelo al suelo. Al pasar largas horas en esa posición se producían deformaciones en la espalda, la rodilla y los dedos del pie. Esos “traumatismos repetidos” deben haber sido incómodos, como mínimo, y dolorosos y debilitadores en los peores casos (Molleson 1994). El final de la moltura a mano significaría una mejora importante para la salud de las mujeres. Sin embargo, el cambio a la molienda también tuvo consecuencias negativas. En primer lugar, la molienda comercial significaba que la harina y, a menudo, el pan podían obtenerse fuera de la unidad doméstica. La escasez de manos de molino y la abundancia de bases de molino de Sepphoris significan que las mujeres urbanas adquirían la harina en uno de los mercados de la ciudad.18 Con la existencia de molinos comerciales, las mujeres ya no eran las únicas encargadas de la dieta cotidiana; su papel económico debió haber disminuido significativamente y, con ello, su estatus y poder. Cuando los productos pueden conseguirse fuera de casa, cualquier otra tarea que se haga todavía en la casa proporcionará a las mujeres menos prestigio y estatus social (Applebaum 1984: 14; cf. Meyers 1983). Además, también pueden identificarse otras consecuencias insidiosas y quizás más adversas como resultado del menor tiempo necesario para que las mujeres realizaran sus tareas de subsistencia, especialmente, la moltura del grano. Para las mujeres de las clases más pobres en las ciudades, la disponibilidad de tiempo y energía que en otros casos debía usarse para la moltura fue probablemente beneficiosa. Esas mujeres podían conseguir ahora un salario o realizar una actividad artesanal o comercial. De hecho, las referencias en los textos rabínicos indican que las mujeres trabajaban en la producción de tejidos y en muchos otros servicios (Aberbach 1994: 132, 209, 215; Peskowitz 1997: 205). Pero la situación debía ser muy diferente para las mujeres urbanas de buena posición, para quienes la disponibilidad de los productos básicos en los mercados o por el trabajo de sirvienHarina de otro costal: género y cambios tecnológicos en la producción... 41 tes, les proporcionaba horas sin trabajo. Ese tiempo libre era considerado por los hombres en general como la causa de los devaneos femeninos, quizás porque el adulterio requiere ocio y recursos y tiende a ser una prerrogativa de las clases altas (Williams 1996: 133). El ocio femenino es explícitamente mencionado en los textos rabínicos como la fuente de la infidelidad. De hecho el mismo pasaje en el que se permite a las mujeres dejar la molienda y otras tareas domésticas si tienen sirvientes insiste en que las mujeres deben seguir haciendo telas de lana aunque tengan 100 sirvientes; y la razón dada es que “el ocio lleva a la falta de castidad” (m. Ketubbot 5.5). En la literatura de la Roma antigua (Peskowitz 1997: 99)19 aparecen sentimientos similares, es decir, que el trabajo protege a las mujeres de las tentaciones sexuales que resultan del ocio. Debido a la preocupación masculina sobre la paternidad de sus herederos, el adulterio y la posibilidad de un embarazo se concebían como una ofensa grave, especialmente en las familias más ricas, relacionada con el tema del honor. Lo que estaba bajo discusión era el control de la sexualidad femenina. Así pues, el que algunas mujeres dispusieran de un mayor tiempo Dones i activitats de manteniment en temps de canvi 42 de ocio incidió en una creciente sexualización de la percepción masculina y, por tanto, de los textos rabínicos. Otro aspecto a tener en cuenta de la mayor disponibilidad de tiempo de ocio que supuso la llegada de los molinos comerciales para las mujeres ricas es que no podían invertirlo en la adquisición de conocimientos. Las mujeres no tenían acceso a la educación y, por tanto, no podían asistir a las cada vez más conocidas academias de Sepphoris y otras ciudades galileas. Los textos rabínicos aluden a la menor inteligencia de las mujeres para justificar esta prohibición. Es cierto que las mujeres aprendían lo suficiente para mantener las leyes consuetudinarias y que algunas incluso podían aprender a leer y escribir. No obstante, no podían acceder a otros estudios, como por ejemplo el de la Torah (Ilan 1995: 190-204). Por lo tanto, podemos afirmar que se consideraba a las mujeres, tanto por sus facultades cognitivas y morales como por sus características físicas (sexuales), como inherentemente diferentes e inferiores a los hombres (Wegner 1998: 82). Esta “alteridad” esencial de las mujeres producía miedo e incluso desprecio entre los hombres, Harina de otro costal: género y cambios tecnológicos en la producción... a pesar de que se reconocía y a menudo se alababa su papel fundamental en la crianza de los niños y en la organización de la vida doméstica. Consideradas como una especie aparte, las mujeres debían ser controladas (Baskin 2002: 8-9, 13-43). Investigaciones recientes han incidido en las posibles razones de estas actitudes y políticas negativas de los textos judíos del período romano (resumidas por Baskin 2002: 36-40). Un factor a considerar radica en la poderosa influencia del pensamiento helenístico. Sus conceptos binarios, que asociaban a las mujeres con la bestialidad y la inmoralidad y a los hombres con los conceptos opuestos, tuvieron su impacto en el grupo de sabios, al igual que la misoginia general de gran parte de la literatura romana que alcanzó a las clases superiores de Galilea. Otro posible factor cabe buscarlo en la debilidad que los hombres judíos sentirían tras perder las dos guerras contra Roma y, consecuentemente, la autonomía política. Ante esta situación podrían haberse reafirmado ejerciendo un mayor control sobre las mujeres. Es cierto que tanto éstas como otras explicaciones pueden ser válidas, pues el cambio en la percepción cultural de la mujer –de la positiva en la Edad del Hierro a la negativa en época romanafue sin duda un proceso complejo que en el que caben múltiples variables. Lo que ninguna de esas teorías ha tenido en cuenta es el papel del cambio tecnológico que implicó el reemplazo de la moltura doméstica por la molienda comercial.20 No es accidental que los misóginos textos rabínicos, muchos de los cuales surgieron en Sepphoris y otras ciudades grandes similares, los redactaran los hombres de las clases medias y altas, cuyas casas se vieron directamente afectadas por la nueva tecnología y la disminución del trabajo y el valor de las mujeres. Los principales eruditos procedían de familias aristocráticas o de familias que aspiraban a serlo y que a menudo consiguieron la riqueza, preeminencia y privilegio de las elites urbanas (Levine 1985). Lo que experimentaron en sus propias casas y en los círculos sociales en los que se movían se plasmó en los textos que escribieron. Es interesante mencionar el hecho de que en el período romano, los comentarios rabínicos negativos sobre las mujeres probablemente afectaron las vidas de las elites pero no necesariamente las del resto de la población (Ilan 1995: 228-29). La población judía de la Galilea 43 romana era bastante heterogénea y los especialistas creen que es poco probable que los puntos de vista y las decisiones legales de los rabinos reflejaran o afectaran a los habitantes de los pequeños pueblos agrícolas como Nabratein y a las aldeas incluso más pequeñas dispersas por el territorio galileo. Sin embargo, de forma irónica y trágica en lo que se refiere al género, la política rabínica que surgió y reguló la vida de un número relativamente pequeño de residentes ricos de los centros urbanos en el período romano estaba destinada a convertirse en dominante en casi todas las comunidades judías durante las generaciones venideras. Los textos que se originaron en el seno de una minoría atípica se convirtieron en las tradiciones que han unido a la mayoría de los judíos hasta la época moderna. Mientras la moltura desaparecía en ciudades como Sepphoris, los cambios resultantes se convirtieron en cambios más generales para la elite social en Galilea y tuvieron repercusiones duraderas y profundas en la vida de casi todas las mujeres judías. Bibliografía Aberback, M. 1994. Labor, Crafts, and Commerce in Dones i activitats de manteniment en temps de canvi 44 Ancient Israel. Jerusalén: Magnes Press at the Hebrew University. Applebaum, H. 1984. Theoretical Introduction. En H. Applebaum (ed.), Work in NonMarket and Transitional Society. Albany: State University of New York Press, pp. 1-38. Baskin, J. 2002. Midrashic Women: Formations of the Feminine in Rabbinic Literature (Brandeis Series on Jewish Women). Hanover, NH: Brandeis University Press at the University Press of New England. Bauer, A. J. 1990. 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Los uso aquí para diferenciar entre dos tipos de producción de harina. 3Ese término es en sí mismo ambiguo porque se puede referir a objetos que son producidos por la acción de moler o a artefactos que se usan para moler. 4Esto es menos importante si los granos se hierven en vez de hornearlos; pero incluso los granos hervidos son más nutritivos si los núcleos se rompen primero; ver Ebeling y Rowan 2004: 108. 5Cálculos similares de tiempo derivan de estudios etnográficos en Mesoamérica (Bauer 1990: 3). 6Treinta y uno aparecen en Robinson y Graham 1938: 327-34. 7Los molinos de agua son máquinas más eficientes, pero la escasez de las corrientes de agua necesarias en Palestina las hace irrelevantes. 8En contextos institucionales que usaban trabajo esclavo o alquilado, los hombres pueden haber sido forzados a trabajar con los molinos de mano. Sin embargo, ese escenario es menos probable en Palestina que en otras zonas más densamente pobladas y con organizaciones políticas más complejas, como es el caso de regiones vecinas; por ejemplo, el trabajo forzado real en la Biblia hebrea habla de mujeres que son panaderas de palacio (1 Sam 8:13); ver Meyers 2000. 9Solo aparecen dieciocho en el catálogo porque falta la información de la procedencia de cuatro de ellas. 10 Una mínima presencia cristiana puede documentarse antes del siglo V d.C. (Freyne 1996). Hay, sin embargo, algunas referencias a judío-cristianos en Sepphoris en el período romano. 11 Usando un coeficiente de densidad máxima de 25 personas/ dunam y bajo la idea de que más del 50 por ciento del área era cívica más que residencial; ver London 1992 y Reed 2000: 79-80. 12 Los materiales recuperados de la zona del mercado no se han publicado todavía; probablemente los dos equipos que han trabajado en esa parte de la ciudad obtendrán más artefactos de piedra para la molienda. 13 Otros dos ejemplares son posiblemente molinos de mano, pero su estado es demasiado fragmentario para que la identificación sea segura. 14 La evidencia iconográfica es limitada pero hay que señalar que en los siglos II y III d.C. cuencos “homéricos” de Megara (Grecia) representan molineros varones que usan molinos tipo Olinto (Rostsovtzeff 1937: 88, fig.1). 15 La parte superior del molino era móvil y es probablemente el mulos onikos, “molino de asno” de los pasajes del Nuevo Testamento: Mateo 18:6 y Marcos 9: 42). 16 Comparar con la observación de Boserup (1970: 92) de que “los hombres usualmente desprecian las ocupaciones realizadas predominantemente por mujeres, sean agrícolas o comerciales y normalmente dudarán en tomar parte de esas tareas”. 17 Las sociedades sin mercado son culturas no industriales en las que el trabajo y la mayor parte de las 49