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La problemática del sufijo «primario» o «temático» -k- en la lengua íbera y del vocabulario de las inscripciones religiosas iberas

Rodriguez Ramos, Jesus

Abstract

Se procede a la identificación y análisis de uso del sufijo 'k', que se encuentra entre una base nominal (o pronominal) y su desinencia casual. Se señala que hay tres indicios independientes que hacen probable que se trate de un sufijo pluralizante. La evaluación de alguno de sus testimonios lleva también a hacer una aproximación al vocabulario que empíricamente resulta ser propio de inscripciones de probable función religiosa.

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Resumen Se procede a la identificación y análisis de uso del sufijo ‘k’, que se encuentra entre una base nominal (o pronominal) y su desinencia casual. Se señala que hay tres indicios independientes que hacen probable que se trate de un sufijo pluralizante. La evaluación de alguno de sus testimonios lleva también a hacer una aproximación al vocabulario que empíricamente resulta ser propio de inscripciones de probable función religiosa. Palabras clave: lengua íbera/ibérica, gramática íbera, inscripciones íberas religiosas. Abstract. On the Problematic of the «Primary» or «Thematic» Suffix -kin the Iberian Language and the Vocabulary of Iberian Religious Inscriptions Questions concerning the Iberian language «primary» or «thematic» suffix -kand the Iberian religious inscriptions common vocabulary’: This paper proceeds to identify and analyse the use of the suffix ‘-k-‘, which is found between the noun (or pronoun) base and its case ending. It states that there are three independent indications that suggest a use as a pluralizing suffix. The assessment of some of the suffix -kattestations leads to make an approach to the vocabulary that empirically turns out to be typical of inscriptions of probable religious function. Key words: Iberian language, Iberian grammar, Iberian religious inscriptions. Recientemente, durante la realización de un artículo centrado en los sufijos que en íbero son susceptibles de añadirse a los términos que identificamos como onomásticos tuve que reexaminar el problema de los segmentos que se ubican ante el sufijo reconocible (Rodríguez Ramos, 2002b). En principio sólo encuentro dos lo suficientemente bien documentados: iy ki, puesto que junto a los abundantes sufiFaventia 27/1, 2005 23-38 La problemática del sufijo «primario» o «temático» -ken la lengua íbera y del vocabulario de las inscripciones religiosas iberas Jesús Rodríguez Ramos Data de recepció: 13/9/2001 Sumario 1. Los elementos implicados 2. Los indicios coincidentes y su evaluación 3. Análisis de ocurrencias del sufijo «primario» -k 4. Cuestiones derivadas 5. Conclusiones Apéndices Bibliografía Faventia 27-1 001-160 7/6/06 12:20 Página 23 jos «simples» -ka y -te podemos encontrar testimonios consistentes de -ika, -kika, -ite y -kite. De estos dos no me preocupa tanto el -ipues da la impresión de poder tratarse de un fonema de transición y aparentemente las formas con o sin él presentan una combinatoria equivalente (aunque reconozco que esto es básicamente una opinión y que podría estar muy equivocado). Por lo tanto, me he centrado en el problema planteado por -ki-, que podría ser la unión de -kcon -i-. Al examinar la evidencia recordé un principio básico de los universales morfológicos que me llevó a plantear una hipótesis por defecto, hipótesis que parece verse confirmada por otros dos indicios independientes, hace años conocidos, que apuntan exactamente a la misma conclusión: se trataría de una especie de marca de plural. Adicionalmente, uno de los casos documentados, aur´uninkika, mostraba una serie de «coincidencias» sospechosas en textos de índole religiosa, que podrían ayudar a delimitar más su significado. 1. Los elementos implicados Los sufijos mejor documentados tras onomásticos íberos (o más propiamente tras compuestos de tipo onomástico) son los siguientes: -ar, -en, -te,-ka, -ku, -ke y -e. Para los dos primeros es bien conocido su valor de «genitivo», si bien su uso en marcas de destinatario de documentos los acerca también al valor de «dativo». El sufijo -te tiene un valor similar al de «ablativo», con usos también de «agente»1. Menos clara es la evaluación de -ka, para la que lo único sólido es la observación hecha por De Hoz (1981) de su aparición en onomásticos cuyo único contexto es asociarse a cantidades, lo que le indicaba que o bien señalaba que se recogía algo de esa persona o que se le entregaba. Dado el valor ablativo de -te, además de otros aspectos contextuales, puede concluirse que es una especie de «destinativo» (tal vez propiamente un «dativo» pero sus usos parecen demasiado especializados para ello y podría ser más bien equivalente al «prolativo» o «direccional»). Del resto de los sufijos sólo pueden hacerse conjeturas más o menos probables (Rodríguez Ramos, 2002b; Untermann 1993). Respecto a los antropónimos onomásticos, son muy bien conocidos y documentados. Suelen ser compuestos bimembres, ocasionalmente con un elemento infijado (-i-, -ke-, -ikeo -bo-). Están compuestos por un conjunto de «formantes» repetitivos y, en cierto modo, «cerrado». A partir de esta estructura y de la repetición de los formantes es relativamente sencillo identificarlo, si bien debe tenerse en cuenta que la confirmación de su valor como antropónimo se hace a partir del contexto puesto que, como ocurre en griego, un compuesto onomástico puede ser similar a un compuesto nominal. De forma minoritaria se documentan también antropónimos formados por un único «formante» de los conocidos, el cual puede aparecer construido con un «sufijo» -i (Rodríguez Ramos 2001, 2002a; Untermann 1998). 24 Faventia 27/1, 2005 Jesús Rodríguez Ramos 1. Viene todavía citándose la vieja opinión de Untermann de que tendría valor de dativo, pero hace años que lo evalúa como ablativo / ergativo. Faventia 27-1 001-160 7/6/06 12:20 Página 24 Finalmente tenemos el muy frecuente microelemento ban. Hay cierta unanimidad en que bajo esa forma se oculta más de una «palabra», pero, en todo caso, para el más repetido puede darse un valor de «pronombre / adjetivo» «demostrativo». Ésta es una de las hipótesis tradicionales para su aparición (ocasional pero clara) en la marca de propiedad sobre objetos de tipo muy diverso: «ban de Fulano»2. Este contexto por sí solo no excluye otras alternativas (como un verbo copulativo), pero hay otros dos aspectos que apuntan en el mismo sentido. En primer lugar, el que encontremos ban con las variantes del sufijo -te que estamos estudiando (ban, bante, banite y bankite), en lo que coincide con los antropónimos y sugiere que ban tenga gramaticalmente afinidad con los substantivos. En segundo lugar tenemos su aparición en contextos en que parece «determinar» a substantivos. Así, conocemos la forma is-, la cual puede aparecer ante antropónimos (is-śaletar, isbetar´tiker´) y ante el elemento kutur (is-kutur). De forma similar tenemos bankutur y ban-kur´s. Aunque quedan numerosos aspectos por solucionar, con los datos actuales, la interpretación más sencilla es considerar que isy banpueden hacer de adjetivo demostrativo cuando se utilizan ante un substantivo3y que cuando están aislados son un pronombre demostrativo. El uso de ban como formante de compuestos onomásticos podría ser equiparable al de υτς en griego. Para una comprobación práctica del funcionamiento de estos elementos en las inscripciones, me remito al apéndice 1. 2. Los indicios coincidentes y su evaluación 2.1. La estructura morfológica Tal y como he indicado, la segmentación de sufijos ofrecía para al menos los bien documentados -te y -ka las variantes -ite, -ika, -kite y -kika. De esta manera tenemos un «elemento» -kque se une entre la base nominal (o pronominal) y el sufijo que determina su función sintáctica. No se aprecia que entre este «elemento» y la base nominal se interponga nunca ningún otro «elemento», por lo que puede analizarse esta -ktanto como un sufijo «primario» (que a diferencia de los secundarios -te y -ka está siempre en primera posición de la cadena de sufijos tras el tema nominal), como un sufijo «temático» (que unido a una base nominal sirve para formar un nuevo tema nominal que se declina con los sufijos de caso). La problemática del sufijo «primario» o «temático» -ken la lengua íbera Faventia 27/1, 2005 25 2. De hecho no ha sido expuesto exactamente así pero sí con interpretaciones equivalentes, tal y como recopila Silgo Gauche (1994: 63). Ya Beltrán lo explicaba en 1949 como el pronombre «uno» (aunque inspirándose en el vasco ‘bat’) y Michelena (1976: § 11) le propuso un «valor de determinante (demostrativo, etc.)», mientras que De Hoz en 1983 dudaba entre que fuese un sufijo nominal (evaluación que considero rechazable) o un «elemento pronominal». Silgo Gauche (2000: 109) acepta la evaluación de Michelena como «determinante», por más que el término por el que ha optado Silgo es ambiguo y gramaticalmente desafortunado, puesto que estrictamente hay casos en que hay que interpretarlo como pronombre no determinante (C.8.2, donde no hay objeto a determinar). 3. Con todo, si bien esta interpretación explica bien algunos casos, falta explicar adecuadamente otros órdenes en que aparece. Faventia 27-1 001-160 7/6/06 12:20 Página 25 Si consideramos esta estructuración de la morfología nominal dentro de los universales lingüísticos, veremos que hay un tipo de sufijo de amplio uso que encaja precisamente en dicha posición. Éste es el sufijo pluralizante (ya sea marca de plural normalizada, ya sea constructor de temas nominales de clase colectiva). De acuerdo con el universal n.º 39 de Greenberg (1966: 95): Where morphemes of both number and case are present and both follow or both precede the noun base, the expression of number almost always comes between the noun base and the expression of case. Esto tiene una fundamentación lógica, puesto que es normal que estén más relacionados con el nombre los afijos que le modifican gramaticalmente a él que los que le relacionan con el conjunto de la oración4. Pese a que hay que tener cuidado en su evaluación (como el propio formulado indica no siempre se marca el plural de un nombre), hay que convenir que es una explicación perfectamentre plausible y más probable que cualquier alternativa. Es improbable un sufijo posesivo, en tanto que se esperaría asociado a los nombres de objetos poseídos que encontramos en la marca de propiedad (como seltar o baikar). Es improbable un sufijo meramente nominalizador denominativo en tanto que este uso no cabe con el «pronombre» ban. Es decir, la teoría morfológica invita a considerar -kcomo un sufijo pluralizador, que se puede añadir tanto a nombres como a pronombres. 2.2. El sufijo -ken /-sken Es de antaño conocida la teoría que interpreta el sufijo -ken / -sken que aparece tras nombres de tribus en leyendas monetales como un genitivo plural. Es justamente lo que se espera por los paralelos numismáticos. Naturalmente, esto ha sido puesto en relación con el sufijo de «genitivo» -en abundantemente documentado en las marcas de propiedad íberas. Consecuentemente se ha segmentado -k-en y -sk-en que, dado cuál es el par mínimo, puede segmentarse a su vez como -s-ken. No es ningún secreto el que, si -en es un sufijo de genitivo, entonces -kparece ser un pluralizador del mismo. La teoría es irreprochable y constituye la interpretación más probable. Es curioso que aunque se ha discutido mucho sobre su posible relación con el genitivo plural vasco, relación que no es todo lo clara que se desearía, no parece haberse planteado nunca la idea de que este supuesto sufijo pluralizador -kpudiera aparecer ante otros sufijos de caso. 26 Faventia 27/1, 2005 Jesús Rodríguez Ramos 4. Así, en turco, el orden de los sufijos es: 1º pluralizante; 2º posesivo y 3º marca de caso. El primero altera el nombre propiamente, el segundo indica una relación intra-sintagma, el tercero su función sintáctica dentro de la oración. Faventia 27-1 001-160 7/6/06 12:20 Página 26 2.3. El paralelo con el plural vasco Este aspecto ha solido ser relacionado con el anterior, puesto que en algunos casos el vasco usa un sufijo ‘-k’ aparentemente como marca de plural. Aunque la evaluación de este sufijo requiere matices, este sufijo existe y dado el probable parentesco entre vasco e íbero, esta «coincidencia» constituye otro indicio objetivo (que no prueba) a favor. El problema es que el uso de esta ‘-k’ pluralizante es muy limitado y de ninguna manera puede considerarse, al menos en la actualidad, inserto en el sistema de declinación vasco. Hoy en día sólo sirve de marca de plural del nominativo y su origen es discutido (Trask 1998: 199 y s.). Las soluciones que suelen proponerse es que era un sufijo ‘-g’ que en otros casos había caído en posición intervocálica con posterior contracción. Contracción a favor de cuya existencia la acentuación proporciona indicios en al menos algunos casos. Así el nominativo plural ‘gizonak’ provendría de *gizonag, mientras que el ergativo plural ‘gizonek’ de *gizonagek. Michelena (1979: § 11) explícitamente recoge la posibilidad de comparar el sufijo íbero -ken con un genitivo plural vasco reconstruido *-agen. Sin embargo, el propio Michelena muestra sus reservas al respecto puesto que el uso del plural nominal en vasco es muy restringido, empleándose sólo cuando el nombre está en estado determinado y, siguiendo esta línea de pensamiento, Trask concluye que «at an earlier stage, number-marking in NPs was entirely confined to the demostratives» (1998: 199). Aunque esto demuestra que hay que ser prudentes, no sería inverosímil buscar una solución de compromiso y suponer que en la familia lingüística íbero-vasca existió un sufijo ‘k’ o ‘g’ que se utilizó ocasional o habitualmente para dar un sentido de plural o de colectivo a substantivos y que fue especializándose en unos ámbitos en vasco, pero en otros en íbero. Naturalmente, esta suposición sólo tiene sentido al existir otros indicios independientes que sugieren el posible valor pluralizante de -k en íbero. Si estos fuesen refutados, sólo sería una especulación académica. 2.4. Conclusión de los indicios Tenemos tres indicios que independientemente apuntan hacia una misma conclusión: la de que en íbero existía un sufijo pre-desinencial que era un recurso para marcar el plural nominal de uso gramaticalmente más o menos extendido y más o menos exclusivo. Tenemos un firme indicio de análisis epigráfico interno en la relación entre -en haciendo el «genitivo» de antropónimos frente al -ken en tribónimos. Tenemos su posición morfológica y la misma alternancia en otros casos como el «ablativo» -kite / -(i)te y el «destinativo» -kika / -(i)ka. Finalmente, encaja con la existencia de un sufijo similar en vasco. Aunque estos tres indicios no constituyen una prueba definitiva, sí que implican la necesidad de investigar en tal sentido. 3. Análisis de ocurrencias del sufijo «primario» -k Los casos en que puede identificarse un sufijo ‘-k’ predesinencial son escasos pero claros. En otras ocasiones no puede asegurarse por la incerteza en la segmentación La problemática del sufijo «primario» o «temático» -ken la lengua íbera Faventia 27/1, 2005 27 Faventia 27-1 001-160 7/6/06 12:20 Página 27 y en la identificación de la base. Así, es poco lo que puede decirse de ]bertekitete (F.13.3), lokar´kike-ebon (B.1.373), ikite (H.0.1) o del aparente bar´binkite (C.21.6), al que los paralelos bar´binke y bar´binkeai parecen distanciarlo del modelo -k-ite. Similar es el problema en F.13.4, en donde tenemos sin puntuación un inicio ebir´kiśaleikukitekial[. Podríamos tener aquí un compuesto de tipo onomástico śaleiku (śalaiy kon), pero no es totalmente seguro y la segmentación tras él es incierta, máxime si recordamos que en íbero parece existir una palabra kite (cfr. G.1.1). Más interesante es el caso de tir´akisukika (C.1.24), término que por cuya longitud yo me inclinaría a considerar que tiene los sufijos -kika, pero en la práctica no puede identificarse lo que es. Así pues, los casos estudiables son: kelsekite / kelsenkite: en sendas cerámicas pintadas de Alloza (E.4.2 y 3)5. El segundo ejemplo puede segmentarse por el paralelo del primero y ambos ser relacionados con kelse, topónimo conocido por sus emisiones monetales (Celsa en las fuentes), lo que, en el peor de los casos, basta para identificarlo como un tema nominal. El posible uso de un plural con un topónimo invita a sugerir que se refiera a los «celsenses», hipótesis que aunque plausible no es todo lo conspicua que cupiera desear. bankite: en E.4.2 cerca del ejemplo anterior. La palabra aparece segmentada en la inscripción y se identifica su sufijación con el paralelo con el paradigma «pronominal» ban y banite. Este «pronombre» parece como concertar con kelsekite. abar´ieikite (F.6.1) y ]r´keiabar´iekite- (F.13.4): La segmentación final del segundo parece garantizada por el modelo del primero, especialmente si tenemos en cuenta que ambas inscripciones parecen ser de tipo religioso. Puede afirmarse con certeza que abar´es un formante onomástico y que el inicio del segundo podría interpretarse como un compuesto onomástico regular ur´ke-i-abar´. El problema consiste en qué hacer con la ie(i) restante. A ello hay que sumar que en otro plomo «religioso» tenemos or´keiabar´-a[ (F.9.6) y el mencionado ikite. En resumen, tenemos implicados dos formantes de compuesto de tipo onomástico (por ende probables bases nominales), pero en una construcción que no es regular en antropónimos y circunscrita a textos de ámbito religioso. baiteskike (B.7.34): relacionado con un sufijo -ke cuya semántica es poco clara, la segmentación es segura por la amplia documentación de variantes de este término: baites, baitesi, baitesir, baitesbi y baiteski. Este término aparece en plomos de toda clase, desde los claramente comerciales al religioso F.6.1, siempre acompañando a uno o varios antropónimos. Es plausible que indique que tales personajes son testigos o co-actantes en una operación, pero, aunque por esto y por sus sufijos -ki y -kike podría asociarse a las bases nominales, -bi e -ir lo diferencian de los antropónimos. 28 Faventia 27/1, 2005 Jesús Rodríguez Ramos 5. Corrijo la improbable corrección kulse hecha en los MLH. Faventia 27-1 001-160 7/6/06 12:20 Página 28 aur´uninkika or´tinseikika (C.10.1): éste es el ejemplo más relevante, pues, en principio, podría considerarse como una refutación de que -ksea una marca de plural. Dado que aur´unin tiene los formantes y la morfología típica de un compuesto de tipo onomástico, si fuese un antropónimo, no podría admitirse un plural. 3.1. La inscripción C.10.1 Sin embargo, es importante explicitar que, de hecho, la supuesta imposibilidad por no caber plural de un antropónimo no es correcta en este caso. Tal y como Untermann propuso para keltibeleśsugiriendo que fuese un tipo de título o profesión (1990, 2: 550) y tal y como sucede en griego, los compuestos bimembres se usan para formar nombres, pero no exclusivamente onomásticos (sean antropónimos, topónimos o teónimos) por más que éstos presenten con frecuencia esta morfología. Es decir, sería perfectamente posible que aur´unin y or´tinsei designasen colectivos. Es más, el que ante un número ingente de probables y seguros antropónimos íberos como el documentado hasta la actualidad hayan tan pocos en los que se pueda asegurar o proponer el sufijo «primario» -kes un índice de que tal sufijo no es propio de antropónimos y dicha frecuencia encajaría bien con el pequeño porcentaje de nombres comunes formados por composición similar a la de antropónimos que se puede esperar. Pero resulta que además la pieza C.10.1 presenta una serie de singularidades en su léxico que pueden permitir una mayor aproximación a su problemática. La inscripción está sobre un gran cipo de piedra, tradicionalmente considerado funerario, con este texto: [ba]śtaneśe/ [s]intaneś/ ebanen : au / r´uninkika / or´tinse / ikika : sibantin No parece haber ningún problema en analizar baśtaneś, sintaneśy aur´unin como compuestos de tipo onomástico. Sin embargo, la propuesta que hace Untermann de que or´tinseikisea otro no es clara. Mientras que or´tin es un formante bien conocido (pero también documentado como «palabra» aislada), admitir seiki como variante de sike, si bien no es en absoluto imposible, rompe el paralelo de la doble sufijación -kika, evidente en aur´unin. Caben, pues, dos posibilidades: o bien dejarlo segmentado como or´tinseiy dudar de su carácter de compuesto onomástico; o bien considerar que el primer compuesto tiene doble sufijación -kika pero que el segundo sólo -ka. Esto último no dejaría de tener sentido, puesto que las «concordancias» sufijales en íbero son extremadamente raras, lo que invita a considerar a ambos términos como independientes y, conforme a lo propuesto en este artículo, or´tinseiki estaría en singular, mientras que aur´unin estaría en plural, por más que ambos cumpliesen la misma función sintáctica. Sin embargo, no deja de parecer sospechoso solventar la coincidencia de ambos en -kika acudiendo a las casualidades. Es un problema que queda abierto. De las tres partes en que se puntuó la inscripción, de la primera (baśtaneśe sintaneśebanen) puede proponerse una interpretación razonable puesto que ebaLa problemática del sufijo «primario» o «temático» -ken la lengua íbera Faventia 27/1, 2005 29 Faventia 27-1 001-160 7/6/06 12:20 Página 29 nen corresponde al léxico propio de las inscripciones monumentales y ha sido interpretado por Untermann como equivalente al latín ‘coeravit’, opinión que yo comparto plenamente6. Es posible que los dos onomásticos sean un duanómina con indicación del patronímico y puede sugerirse que Bastanes Sintanes se ha encargado de poner el cipo; aunque ésta es sólo una interpretación probable, entre otras cosas porque la función del sufijo ees incierta. Pero, por otra parte, para aur´unin y posiblemente para sibantin tenemos paralelos en otras inscripciones, de carácter religioso, que permiten dudar de la interpretación de aur´unin como antropónimo y que permiten proponer que este cipo tuviese un uso votivo. De hecho, tal y como puede comprobarse en los apéndices 1 y 2, existe una serie de términos y de segmentos repetitivos en inscripciones cuyo soporte o contexto sugieren que tuvieron un significado religioso. Esto es especialmente patente en los dos plomos levantinos que fueron hallados en tumbas (Castellón F.6.1 y Orleyl F.9.5-7), cuyo léxico coincidente también encuentra paralelos en otras inscripciones. En el caso concreto de aur´unin tenemos paralelos en sendos documentos ctónicos: Castellón: aur´unibeikeai Orleyl: aur´un[ibei]keai unibeikeai (2 veces) Sería muy extraño que un antropónimo aur´unin se encontrase repetido en dos plomos rituales. Asimismo hay una relación clara entre aur´unibeikeai y unibeikeai, por más que el segmento -be-ik-e-ai sólo puede analizarse de forma tentativa. A esto hay que añadir que también sibantin encuentra su mejor paralelo en un vaso pintado de probable sentido religioso, precisamente el kalathos de Alloza E.4.2, cuyo inicio es ]ebantin. Ambos aspectos relacionan la inscripción C.10.1 con el ámbito religioso. Pero todavía hay un detalle interno objetivo que aleja C.10.1 de las inscripciones monumentales. El sufijo -ka está muy documentado tras antropónimos en inscripciones sobre láminas de plomo, en especial asociado a números y ponderales. Por el contrario, en las inscripciones monumentales éste es el único caso. Consecuentemente puede deducirse que la función de C.10.1 es distinta de la de las demás inscripciones monumentales y estelas. Dado el sentido de «destinativo» de persona a la que se le ha de entregar algo (o similar) podría suponerse, de acuerdo con los paralelos epigráficos, que aquí -ka marque al beneficiario de una estela funeraria, al dativo del dedicado. Sin embargo, es evidente que aunque en las estelas (mayoritariamente funerarias) tenemos también dedicantes y dedicados, no utilizan el sufijo -ka. Por el contrario, si atendemos a los indicios (relación del texto con inscripciones religiosas no monumentales, singularidad en el uso del «destinativo» -ka) puede proponerse que se trate de un cipo votivo y que esté dedicado a una divinidad. En 30 Faventia 27/1, 2005 Jesús Rodríguez Ramos 6. Untermann 1984; Rodríguez Ramos 2000; una discusión exhaustiva rechazando las críticas contra esta interpretación en Rodríguez Ramos 2001b. Faventia 27-1 001-160 7/6/06 12:20 Página 30 tal caso aur´uni(n) sería un tipo de divinidad colectivo. Es cierto que todo esto es muy especulativo, pero de esta manera podría explicarse perfectamente tanto la distribución de uso de aur´unin, aur´unibeikeai y unibeikeai, como la singularidad del uso de -ka en C.10.1. Naturalmente es evidente que las interpretaciones que se han venido haciendo desde hace tiempo de los términos aur´, unin, or´tin y sei (especialmente a partir de un vascoiberismo burdo) permiten con facilidad dar etimologías apropiadas para divinidades y grupos de divinidades, pero eso no es decisivo. 4. Cuestiones derivadas Este planteamiento de un sufijo pluralizador -k nos deja abiertas dos cuestiones bien diferentes. La primera es saber si éste se documenta sólo. Pero este problema no parece tener solución, puesto que caben diversas posibilidades: 1) que aparezca como -ki, tal y como hace en baiteski; 2) que sea otra combinación de kmás vocal; 3) que sólo fuese una -k final que o bien desapareciese en su notación silábica (salvo en grecoibérico) o que fuese variando el tipo de silabograma usado de forma caprichosa. El segundo es una cuestión de coherencia: si suponemos que existe un sufijo pluralizador y allá donde lo localizamos no vemos inconveniente para tal interpretación, el siguiente paso lógico es el inverso, determinar en qué contextos esperaríamos un plural y ver si allí se encuentra. Esto es difícil dado el estadio embrionario de nuestros conocimientos sobre lengua íbera y, de hecho, sólo se me ha ocurrido una posibilidad especulativa: los topónimos. Aunque no resulta obligado y no son en absoluto frecuentes, no es extraordinario encontrar topónimos cuyo significado es plural, por ejemplo del tipo de «casas» o «villas». Es en este sentido en el que resulta interesante comprobar que de los segmento iltir´ e iltur que se interpretan como equivalentes a «ciudad» sí que tenemos atestimoniado algún caso con un minisufijo en -k. De esta manera tenemos el nombre de Ilici (aparentemente *itltir´-ki), Ilorci (¿*iltur-ki?), el tribónimo de los ilergetas (iler-g-et < *iltir´-k-) e ilergaones, así como «genitivo plural» monetal iltir´-k-es-ken. Sin embargo, no pasa de ser una posibilidad merecedora de ulterior investigación. Finalmente está la cuestión de la evaluación de este sufijo -k-. En este punto creo que hay que recordar las limitaciones de nuestro conocimiento. Aunque este sufijo resulte ser realmente un pluralizador de nombres, ello no implica que se use siempre, ni que sea el único empleado, ni que pueda aparecer ante todos los sufijos de caso que se identifiquen. Es posible que sólo sea uno de diversos recursos morfológicos pluralizadores y que sólo se emplee ante determinados sufijos y en determinado tipo de nombres. Es posible incluso que nunca se use de forma independiente, es decir, que no se precisase marcar el plural de un nombre que no tuviese ninguna otra desinencia. Son muchas las lenguas que tienen una notación sólo ocasional del plural y muchas las que emplean más de un afijo para esa misma función (naturalmente todo ello por causas de su evolución histórica). La problemática del sufijo «primario» o «temático» -ken la lengua íbera Faventia 27/1, 2005 31 Faventia 27-1 001-160 7/6/06 12:20 Página 31 MICHELENA, L. (1976). «Ibérico -en». En Actas del I Coloquio sobre Lenguas y Culturas Prerromanas de la Península Ibérica. Salamanca, p. 353-361. — (1979). «La langue ibère». En Actas del II Coloquio sobre Lenguas y Culturas Prerromanas de la Península Ibérica. Salamanca, p. 23-39. PANOSA DOMINGO, M.ª I. 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