Etrusco ¿una lengua úgrica?
Abstract
Recientemente el lingüista Mario Alinei ha propuesto considerar la lengua etrusca como un «húngaro arcaico» y, por tanto, perteneciente al grupo lingüístico urálico. Aquí son analizados los principales argumentos expuestos por Alinei, llegándose a la conclusión de que, en líneas generales, la propuesta tiene grandes visos de verosimilitud.
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Resumen Recientemente el lingüista Mario Alinei ha propuesto considerar la lengua etrusca como un «húngaro arcaico» y, por tanto, perteneciente al grupo lingüístico urálico. Aquí son analizados los principales argumentos expuestos por Alinei, llegándose a la conclusión de que, en líneas generales, la propuesta tiene grandes visos de verosimilitud. Palabras clave: Lingüística histórica, lengua etrusca, lengua húngara. Abstract. Etruscan, an Ugric Language? The Italian linguist Mario Alinei has recently proposed that the Etruscan language was a sort of «archaic Hungarian» and consequently belonged to the Uralic linguistic group. This paper presents and analyses Alinei’s main arguments, concluding that the general frame of this new proposal is very likely to be right. Key words: Historical linguistics, Etruscan language, Hungarian language. Por fin ha visto la luz el esperado nuevo trabajo de Mario Alinei, de título asaz significativo, Etrusco: una forma arcaica di ungherese (2003), donde el autor expone los argumentos a favor de una adscripción de la lengua etrusca (= etr.) al complejo urálico y más concretamente al grupo úgrico y más concretamente al húngaro. La obra enmárcase dentro de ese nuevo paradigma que Alinei mismo ha denominado Teoría de la Continuidad y que en esencia atribuye a las hablas indoeuropeas Faventia 27/1, 2005 9-21 Etrusco ¿una lengua úgrica? Xaverio Ballester Universidad de Valencia Data de recepció: 3/12/2003 Sumario Síncopa etrusca: sí (gráfica) y no (fonética) ¿Correlaciones o coincidencias? Productividad y predictividad La proyección latina La conexión germánica Ponderando para concluir Bibliografía Faventia 27-1 001-160 7/6/06 12:20 Página 9
(y urálicas) unos orígenes mucho más antiguos de los tradicionalmente supuestos. El opus maxumum de Alinei aparecido en dos volúmenes (1996, 2000) —la obra sin duda más original, rompedora e importante que se ha publicado en el terreno de la Indoeuropeística en los últimos años— constituye así una especie de necesario premarco para la nueva propuesta. Pasando ahora al terreno urálico, quizá al lector menos familiarizado con este interesante complejo lingüístico convenga saber que, aunque clasificada como úgrica, el húngaro (= húng.) conformaría una entidad independiente dentro de este grupo, es decir, el húngaro y sus dialectos constituirían el grupo occidental (o meridional) de las hablas úgricas frente a las orientales (o septentrionales), fundamentalmente las contiguas lenguas del janto u ostíaco y el mansio (= mans.) o vogul, habladas hoy a miles de quilómetros, más allá de Urales, en la Siberia hipoártica de la región del río Ob, por lo que estas asiáticas lenguas suelen más precisamente ser denominadas obúgricas, frente al húngaro, que sería úgrico, sin más, o eventualmente euroúgrico. Una característica del húngaro —cuyos hablantes constituyen más de la mitad de todos cuantos hablan urálico (Abondolo 1990: 185)— es, en efecto, su aislamiento, ya que la más cercana lengua urálica, el continuum de hablas estonio-finesas, se encuentra a un millar de quilómetros, mientras que las otras lenguas úgricas, el janto y el mansio, se hablan mucho más lejos, siendo vecinos del importante grupo samoyedo, el cual, a causa de determinadas particularidades (como ausencia de /r/ en inicial absoluto, mejor conservación de las marcas de plural y dual y otros) constituiría, según los especialistas, la principal fracción dentro del complejo lingüístico urálico al lado del fino-úgrico. Por otra parte, a más de una tan remota ubicación de lo que parece haber sido el área general (u originaria) del racimo lingüístico urálico, otra característica notabilísima del húngaro es la gran presencia de elementos túrcicos, sobre todo del chuvacho o de algo muy afín al chuvacho (Abondolo 1998: 453), lengua ésta hoy hablada en la cuenca superior del Volga y la más singular de las lenguas túrcicas, es decir, el sosias túrcico del húngaro. Todo esto y muchos otros datos apoyan bien claramente la hipótesis de que los magiares se desplazaron desde una ubicación mucho más nordoriental, a lo largo o a través del Volga y contactando en esa diáspora con pueblos de hablas túrcicas. Aunque —y en ello incide Alinei— no faltan razones para asociar el etrusco en concreto al húngaro, no es menos cierto que el etrusco también habría —lógicamente— conservado elementos úgricos que al menos ya no se dan en las hablas húngaras modernas y que incluso presentarían algún apartamiento de lo que podemos reconstruir para sus fases más antiguas, por ello y sin merma de esa clara mayor relación entre el etrusco y lo húngaro apuntada —como veremos— no sólo por la lingüística, sino también por la arqueología y la geografía, hoy no puede tampoco excluirse la posibilidad de que lo etrusco haya sido también una entidad paralela y contigua a la húngara y no una mera fracción interna de ésta, por ello más prudentemente preferiríamos por el momento considerar el etrusco una lengua euroúgrica que una lengua húngara o prehúngara. De hecho, según el propio Alinei (40, 296, 319), el etrusco representaría una fase intermedia entre el protoúgrico y el húngaro histórico. Por la parte práctica entendemos además que la más 10 Faventia 27/1, 2005 Xaverio Ballester Faventia 27-1 001-160 7/6/06 12:20 Página 10
laxa clasificación del etrusco como una lengua úgrica antes que como húngaro (arcaico) podrá actuar de freno y contención para la eventual legión de aficionados a los desciframientos y quienes a base de machacar diccionarios de húngaro moderno en un futuro inmediato se pondrán previsiblemente a traducir, como tantos hacen aquí con los diccionarios de vascuence, hasta lo que no es etrusco. Por la parte histórico-arqueológica, no siendo de nuestra más directa competencia profesional, aquí diremos tan sólo que la exposición de Alinei, muy en la línea de las imprescindibles e irrebatidas aportaciones de Hugh Hencken (1968, 1971), propone que la Etruria histórica sería el resultado de infiltraciones, en la edad del bronce, de grupos elitarios provenientes, en última instancia, de la zona carpato-danubiana y que en suelo itálico habríanse materializado notoriamente en la cultura vilanoviana. Interesante también, sobre todo por lo que comporta respecto al tan denostado dogma tradicional, es la vinculación a la cultura de los Campos de Urnas que Alinei (359-62) establece con los poco indoeuropeos pero industriosos focos danubianos, así como la relación que —para disgusto de gimbutianos, nos imaginamos— el autor establece entre la llegada de los magiares a Europa y aspectos esenciales de la cultura de los curganes. Síncopa etrusca: sí (gráfica) y no (fonética) Aspecto decisivo para la nueva interpretación de Alinei ha sido la relectura de lo que tradicionalmente ha venido siendo denominado la síncopa etrusca, fenómeno histórico por el cual el etrusco habría perdido regularmente la mayoría de las vocales mediales, de modo que, por ejemplo y siempre según la doctrina tradicional, unos Menerva o Menarva habrían pasado a Menrva, pronunciada esta última forma, por tanto, tal cual se escribe. La interpretación que Alinei propone de estos y numerosos datos similares es justamente la contraria, a saber: se trata de un simple expediente gráfico y por el cual precisamente dejan de escribirse —no de pronunciarse— muchas vocales mediales y también —detalle no superfluo— algunas iniciales, de modo que en realidad el etrusco no sólo no tiende diacrónicamente a eliminar vocales, sino que, muy al contrario, incluso diaglóticamente tiende a insertarlas automáticamente para evitar los grupos consonánticos explosivos considerados no tolerables al resultar extrapatrimoniales, de modo que en realidad una grafía como Herecele para el griego ‘Ηρακλς es mucho más «fonética» que grafías como Hercle. Para todos estos casos de deleción o supresión de la vocal Alinei emplea el término técnico de espunzione vocálica. El detalle es, evidentemente, de enorme trascendencia, pues la inserción de la vocal no registrada (del tipo Hercle léase como Herecele) permite una fácil equiparación fonotáctica con las lenguas urálicas, caracterizadas, como muchas otras, por la tendencia a la sílaba abierta pero con la singularidad mucho menos común —aunque también se da en el complejo lingüístico pirenaico (aquitano-vascónico e ibérico)— de una mayor tolerancia hacia los grupos consonánticos en final de raíz. Como curiosidad puede decirse que un húngaro, Zsigmond Farago (1975), llegó a la misma conclusión de la existencia en la escritura estrusca no de una síncopa fonética sino de lo que él —y no desafortunadamente— denominaba inherencia vocálica. Más sorprendente y curioEtrusco ¿una lengua úgrica? Faventia 27/1, 2005 11 Faventia 27-1 001-160 7/6/06 12:20 Página 11
samente con este requisito Farago pudo traducir algunas líneas de las láminas de Pirgi como si aquello fuera húngaro arcaico. Reconózcase al menos que con la admisión de la inherencia vocálica los textos etruscos pueden «sonar» a húngaro. Puesto que independientemente de Alinei nosotros hemos propuesto la misma interpretación de la síncopa —pero síncopa sólo gráfica— etrusca, difícilmente podemos negarle la razón en este punto. Al contrario, la convergente interpretación de Alinei puede iluminar alguna cuestión que en nuestra exposición dejábamos abierta, tal cual la calidad de la vocal no registrada y, en suma, la naturaleza del fenómeno. Entonces proponíamos una doble posibilidad explicativa: o bien se trataba simplemente de casos de apoyo vocálico para evitar grupos consonánticos, a la armenia o —aquí mejor— a la húngara (así húng. Ferenc para el alemán Franz, o görög ‘griego’ para evitar /gr/), o bien se trataba de casos de verdadera armonía vocálica, como en tantas lenguas aglutinantes, inclusas, por supuesto, las urálicas y dentro de ellas el húngaro, fenómeno para el que ciertamente había también buenos indicios. Quede claro que, como en el caso del húngaro, una y otra posibilidad no se excluyen, sino más bien se complementan, diferenciándose sobre todo en su manifestación práctica, en el sentido de que la armonía exhibe una mayor riqueza vocálica que el apoyo (así, por ejemplo, apenas [U] es el timbre regularmente empleado en armenio, como en muchas otras lenguas, para estos casos). Por todo ello, en su momento y prudentemente proponíamos nosotros un registro neutro (y práctico), en concreto proponíamos utilizar <ä> para todos aquellos casos donde pudiera deducirse que la vocal no se registra, advirtiendo que esto era muy frecuente sobre todo ante sonantes. Obvio es que toda la propuesta de Alinei nos invita ahora a reconsiderar como mucho más verosímil la entonces más arriesgada hipótesis de la armonía vocálica y consecuentemente a postular una notación más flexible. Así, la escritura de formas como etr. Tarxuna junto a Tarxna con un equivalente latino Tarquinia sugiere ciertamente un valor labializado para la vocal interior etrusca, lo que propicia que el latín (= lat.), como tantas otras lenguas en parecidas circunstancias, represente con la secuencia <ui> un elemento fónico que le resulta muy extraño, algo que el mismo latín haría en situaciones análogas (κυνικο >= quinici; δι χυλν >= diaquilon; Moralejo 1972: 170; Allen 1989: 17 y 52 n2). En la parte práctica, diremos que para estos casos lo más útil —creemos— sería registrar la vocal no notada siempre con diéresis, especificando el timbre a partir de lo que pudiera deducirse de la correspondencia latina o de las correspondencias en griego, húngaro u otras lenguas pertinentes y a partir de las notaciones explícitas en la propia escritura etrusca para formas de la misma raíz. En caso de faltar correlatos, adjudicaremos a la vocal no notada el mismo timbre de la[s] vocal[es] contigua[s], preferentemente la primera, registrándola, por supuesto, igualmente con diéresis. Nótese, pues, que todas las vocales que a continuación aparezcan con diéresis, serán, pues, en realidad reconstrucciones (Tarxüna), pero aquí preferimos esta práctica a la de la notación sin vocal (Tarxna) por la enorme —y antiurálica— distorsión que esta última crea[ría]. Todo ello, naturalmente, no excluye la posibilidad de que a veces se presente esa misma vocal en otros testimonios (Tarxuna). En aquellos casos donde no sea posible decidirse por timbre alguno, seguiremos empleando convencionalmente el registro neutro de <ä>. En cualquier caso, cum12 Faventia 27/1, 2005 Xaverio Ballester Faventia 27-1 001-160 7/6/06 12:20 Página 12
ple reconocer la importancia de la inherencia vocálica y la práctica conveniencia de su notación filológica, ya que permite una mejor ponderación de lo que es la fonomorfología etrusca evidenciando además su normal carácter aglutinante y no, como hasta ahora, su singular tipología fonomorfológica de centauro lingüístico, con una mitad fusiva en el cuerpo o raíz y mitad aglutinante en las extremidades o desinencias. Marginalmente nótese también que a su vez el reconocimiento, en todas sus principales características, del ahora ya evidente carácter aglutinante del etrusco —y no de aquella fuso-aglutinación sui generis— permite explicar mejor el empleo de la scriptio discreta o separación gráfica de palabras, un para los filólogos utilísimo expediente que por fortuna se transmitió desde la etrusca —su verdadero promotor en la Antigüedad— a las escrituras romana y otras frente notoriamente a la helénica, siempre renuente a este uso. Resulta que, por razones fáciles de comprender, la notación autónoma de palabras en una lengua aglutinante es asunto mucho más perentorio que en las lenguas fusivas, donde por norma la scriptio continua provoca menos ambigüedades. ¿Correlaciones o coincidencias? Confiesa Alinei (10) que la pasmosa correspondencia entre los nombres de los magistrados etruscos zilac y canθey los de las figuras políticas de la historia húngara dzila (gyula en mod. húngaro) y kende, términos ambos de origen túrcico, le llevó ya en 1987 al convencimiento de la necesidad de abrir esta vía de investigación, cuyo interés y posible productividad tardaría pocas semanas en confirmar. Y no serían estos, desde luego, los únicos casos de pasmosas correspondencias. Así, personalmente nos parecen aún más notables en forma y significado los paralelos para los topónimos etr. Felzïna o lat. Felsina con el segmento húng. felso|- ‘septentrional - superior’, etr. Velzïna o lat. Volsinii con belso|‘interior’, y lat. Alsium con húng. alsó ‘meridional - inferior’, todos ellos elementos comunísimos en la toponomástica húngara, dándose otrosí la circunstancia —dificilísimamente una coincidencia— de que Felsina (Bolonia) se halla al norte, Volsinii (Orvieto) en el centro y el puerto de Alsium (Ceres) al sur de la Etruria histórica. Pese a este doble trío de conjunciones astrales, cuantitativa y cualitativa, formal y semántica, lingüística y geográfica, alguno podría objetar la existencia, en principio, de una cierta divergencia vocálica entre los correlatos. Al margen del posible empleo de diferentes armonías vocálicas o de diferentes marcas morfológicas, ha de advertirse que un típico uitium de la reconstrucción lingüística —probablemente transmitido desde la lingüística indoeuropea a las otras— es la general creencia de que las vocales y las consonantes presentan igual valor y aún de que, dentro de cada serie, todos los elementos valen igual en lo que concierne a su grado de pervivencia y, por tanto, a su potencial testimonialidad reconstructiva. Esto simplemente es incierto. Por ejemplo, las vocales por regla general son más inestables que las consonantes. Así verbigracia las indudables correspondencias indoeuropeas para ‘[a]noche[cer]’ —checo noc, griego νυκτς (genitivo), hitita nekut-, ant. inglés niht, lituano naktis...— o para ‘fuego’ —ant. eslavo ognь, lat. ignis, lituano Etrusco ¿una lengua úgrica? Faventia 27/1, 2005 13 Faventia 27-1 001-160 7/6/06 12:20 Página 13
ugnis, sánscrito agni...— presentan una mucho mayor variedad vocálica que consonántica. No merece aquí mayor comentario el desaguisado que el prejuicio de igual estabilidad para todos los fonemas ha provocado, trámite fantasiosos engendros de fono-ficción, en el seno de la lingüística indoeuropea. Pero por si este caue no fuere suficiente, hay que advertir además de que precisamente en el caso urálico, la variabilidad vocálica es tal que para la uralística «Probablemente no haya campo académico más controvertido que la prehistoria de las vocales» (Abondolo 1998: 16). Además de las correspondencias fonológicas que se constatarán sin más en los ejemplos sucesivos, Alinei, por supuesto, señala también numerosas correspondencias morfológicas, destaquemos su propuesta de equiparar las formas etruscas en -ucon participios y nomina agentis húngaros en -o, -o|, -uy -u|, así como la detección de marcas comunes cuales un acusativo en nasal, un [sub]lativo en -ra (cf. también en vascuence la presencia de un alativo en -ra, vg. kalera ‘a la calle’, mendira ‘a la montaña’), un ablativo en -l, o un formante privativo en -täla (etr.) y en -talan (húng.). En fin, por citar unos pocos casos más de concordancia entre otros muchos rasgos generales compartidos (orden sujeto - objeto - verbo, tendencia a la subordinación, exuberancia derivativa lexical, sobredeclinación...) digamos que también la marca del ginecónimo etrusco en -ne[i] o simplemente en -ntendría su correlato en húng. -né (Balogné ‘la mujer de Balog’). En cuanto a los ginecónimos femeninos en -iy en -ia Alinei (321) propone, en clave húngara, interpretarlos como diminutivos en -io como posesivos en -ja. Hay que tener en cuenta que, en caso de existencia de dos marcas gineconímicas, mayoritariamente las lenguas del mundo la emplean para la socialmente tan importante distinción entre mujeres casadas y solteras, siendo aquí lógicamente muy frecuente —baste aducir el modelo lituano— el empleo del diminutivo para las solteras. En cuanto al morfema etrusco de plural en -r, tipo cëlenar ‘hijos’, dentro de la grande diversidad de formaciones urálicas para el plural, Alinei (323) señala un posible —y semánticamente coherente— formante iterativo con /r/. Aún: en ambas lenguas los numerales, como en las otras lenguas urálicas (y como en vascuence y otras lenguas), irían acompañados de determinantes en singular, así ci avil sería literalmente ‘tres año’, tal como comio vit pilï ‘cinco muchacho’ (dat.) o vascuence bost seme ‘cinco hijo’. La cantidad y cualidad de las correspondencias señaladas son tanto más significativas si tenemos en cuenta la gran variabilidad —típica de las aglutinantes y, muy en concreto, de las urálicas— que presentan los morfemas, los cuales tienden a mantener operativo su carácter creativo, por lo que, como dice Alinei (319), a causa de la naturaleza altamente analítica de las lenguas aglutinantes su aparato morfológico presenta mayor tendencia al cambio que el de las lenguas fusivas; de hecho, en su mayoría los morfemas del húngaro resultan ser innovaciones (Abondolo 1990: 185). En el capítulo de las correspondencias léxicas señaladas por Alinei, para evitar la posibilidad de que se traten de meras coincidencias, recogeremos aquí sólo y muy abreviadamente aquellas correspondencias para formas contando al menos dos sílabas, lo que evidentemente reduce de modo drástico las posibilidades de 14 Faventia 27/1, 2005 Xaverio Ballester Faventia 27-1 001-160 7/6/06 12:20 Página 14
que se trate de puro azar. Los ejemplos se refieren al etrusco y, mientras no se especifique lo contrario, al húngaro. Así, apa ‘padre’ - apa ‘padre - viejo’, calu[s] ‘muerto - muerte’ - hal ‘morir’, etanal ‘con ello’ - ezennel ‘con ello’, vatiexe ‘bajo la guía’ - vezet ‘guiar’, zelar- ‘familia’ - húng. dial. csalárd ‘familia’, zilacal ‘estrella’ - csillag ‘estrella’, θavära ‘propiedad’ - tár ‘almacén’ (de *tavar, cf. checo y ucraniano tovar ‘mercancía’, calmuco tawr, uygur tavar...), θëresu ‘esclavo’ - cheremiso o mario tareze ‘trabajador’, iθal ‘bebida’ - ital ‘bebida’, ilacve ‘suficientemente’ - elég-vé ‘suficientemente’, iχeme ‘yo beba’ - igyam ‘yo beba’, kate- ‘casa’ - haza ‘a casa’, maru ‘agrimensor’ - méro|‘medidor’, naceme ‘hacia mí’ - nekem ‘hacia mí’, nesël ‘observa’ - neszel ‘observar’, puia ‘mujer, esposa’ - bulya ‘esposa turca’, teta ‘terreno’ - tétel ‘lote de terreno’, tiurunias ‘ley’ - törvény ‘ley’ (medieval tewruenye), turan ‘diosa’ - janto turem ‘dios - cielo’, falu- ‘pueblo’ - falu ‘pueblo’, fase ‘vaso’ - fazék ‘vaso’, fulu ‘herrero’ - fu|lo|‘fogonero’... Es de notar que también en húngaro se encontrarían paralelos para formas con menor volumen silábico pero con bien asentada etimología o que darían un sentido muy congruente en su respectivo contexto. Así, avil ‘año’ - év ‘año’, ziv ‘vivir’ - sziv ‘respirar’, hut ‘seis’ - hat ‘seis’, θun ‘instrumento musical’ - mans. tōn‘cuerda (musical)’, nap- ‘familia’ - nép ‘pueblo’, uru ‘señor’ - úr ‘patrón’... Productividad y predictividad A favor de la propuesta de Alinei están también afinidades en principio insospechables y que aparentemente resultan ser generadas por la aplicación de la propuesta al material lingüístico. Es decir, la propuesta de Alinei cumple los dos requisitos aquí esperables de productividad y de predictividad. Las lenguas urálicas se caracterizan por la presencia de compuestos, así en urálico ‘cara’ se deja analizar literalmente como ‘nariz-ojo’ en janto (n´ot-sém) y como ‘nariz-boca’ en húngaro (orca), o en esta misma lengua ‘espabilado - despierto’ como ‘ojo-oreja’ (szemfül). Hay que irse al vascuence (hortzaginak o ‘diente-muelas’ para ‘dentadura’) o a las [otras] lenguas criollas para encontrar regularmente fenómenos de este tipo. Lo sorprendente es que en los análisis de Alinei también aparecería reflejado este fenómeno, así un lucumo ‘caballero’ se dejaría analizar como ‘caballo-hombre’ (cf. húng. ló ‘caballo’ y mans. kum ‘hombre’, húng. hím ‘macho’), o zamaθicomo ‘madrina’ a partir de húng. gyám ‘tutor’ y ati ‘madre’, raíz conservada en el húng. édes ‘mamá’. Con frecuencia es también notable la congruencia contextual —contextual sensu lato— que se logra con la chiave ungherese, así al relacionar con el húng. gyak ‘pinchar - incidir’, el etr. zic, zix como ‘incidir’ o zicu como ‘incisor’, este último término sería el correspondiente al latino Scrībōnius, formado sobre la raíz de scrībō‘escribo’, de una inscripción bilingüe. Para el texto külumie junto a un esclavo introduciendo una sartén en el horno resulta, como propone Alinei (94), sumamente verosímil el significado de ‘boca del horno’ a partir de las raíces documentadas en mans. kūr‘horno’ y umi ‘abertura’. La propuesta de un ablativo en -l—marca antes tradicionalmente considerada de genitivo— parangonable al separativo/locativo húngaro en -lhace más congruente aquel texto grabado en un espejo Etrusco ¿una lengua úgrica? Faventia 27/1, 2005 15 Faventia 27-1 001-160 7/6/06 12:20 Página 15
de bronce y donde Hércules (herëcële), en la tradición hijo de Alcmena, se amamanta desde/en Juno (unial), siendo además, por otra parte, -lun sufijo de ablativo ya típicamente úgrico (Honti 1998: 354). Tratándose de Alinei, quien tantas páginas magistrales ha escrito a lo largo de su obra sobre estos asuntos, será, por lo demás, ocioso comentar lo bien apuntaladas que están las transferencias semánticas necesarias para explicar algunas de las correspondencias propuestas, de modo que sólo incautos o desconocedores de la obra del glotólogo italiano (y de la antropología general) osarían impugnar en lo semántico correspondencias como etr. ais ‘dios’ y húng. is ‘abuelo - antepasado - progenitor’, etr. am- ‘ser’ y mans. ōn‘sentarse’ y janto am ə s‘sentarse’, siendo así que mismamente en la historia del español o del portugués debió [de] emplearse supletivamente el verbo ‘sentarse’ (lat. sedēre) en la conjugación de ‘ser’. Por otra parte, allí donde hay sorpresas respecto a la tradición etruscológica o a las expectativas primarias, hay que reconocer que el material presentado por Alinei está siempre bien argumentado. Por ejemplo, en la etimología toponímica nosotros tomamos por norma el principio —al menos estadísticamente provechoso— de que, entre dos opciones, la más banal es la buena. Así en topónimos como La Violada, tan excitantes para la imaginación popular, antes preferiremos ver una Via lāta (Hernández 1993: 69) que agresión sexual alguna. Por eso en una correspondencia como lat. Populonia y etr. Fufüluna, Fupüluna, Pupüluna, Φuφüluna esperaríamos en principio reconocer un simple derivado latino de pōpulus ‘álamo’, lo que explicaría además por qué el etrusco simplifica la final en -ia adaptándola a su propia morfología. Sin embargo, Alinei ve aquí un compuesto reconstruible a partir del húng. fo|‘principal’ y fu|l- ‘encender - atizar’, de modo que el topónimo reflejaría la capital de los horn[er]os. La propuesta podría parecer en principio rebuscada y arriesgosa, pero en favor de ello estaría la aparición de la figura de Vulcano en las monedas de Populonia y el papel desempeñado por la ciudad en la producción metalúrgica etrusca, a más de la analogía con otros topónimos (cf. el clásico testimonio de los nombres de los demos atenienses Ααλδαι, sede de tantos carboneros, formado sobre αω ‘quemar’, y Επυρδαι, sobre πρ ‘fuego’). La proyección latina Otro indicio de la posible bondad de la pista euroúgrica es el de que, si proyectadas sobre el latín —para el etrusco la segura lengua de contacto y de la que poseemos mayor información—, las nuevas propuestas podrían iluminar variadas cuestiones tradicionalmente opacas o controvertidas. Así la relación entre etr. etera ‘soldado’ y húng. ezer ‘mil - regimiento’ justificaría alguna etimología antigua propuesta por los antiguos y relacionando el lat. mīles ‘soldado’ con el numeral mīlle ‘mil’ (Varro ling. 5,89). También la conexión establecida entre fulu ‘herrero’ y fu|lo|‘fogonero’ permitiría una relación, mediante la aquí usual metonimia, con el término latino fullō‘batanero’, de tradicionalmente opaca etimología, asimilando el latín nominativos en -ua sus temas en nasal, como hace con el celtibérico (LEToNTu y genitivo LEToNTuNOS es en lat. Letondō, -ōnis) y tendría además un paralelo más cercano en el par etr. maru y lat. marō. La grafía <ll> para 16 Faventia 27/1, 2005 Xaverio Ballester Faventia 27-1 001-160 7/6/06 12:20 Página 16
fullōquizá podría explicarse porque el latín pretendiera reflejar un valor velar [Ø] para la lateral. En cuanto al lat. balteum ‘tahalí’, neutro y Tuscum uocabulum según el polígrafo Varrón (Charis. 1,77 Keil), resulta muy atractiva la derivación —otra vez metonímica— por Alinei desde el húng. (y altaico) balta ‘hacha de combate’. Asimismo, a partir de formaciones etruscas como axërate, cafate, kaviate, rumate y afines (cf. las localidades denominadas en lat. Acerrae, Capua, Gabii y Roma respectivamente), también la tan problemática procedencia del singular gentilicio latino en -ās, -ātis (Arpīnātēs, Fidēnātēs…) quedaría ahora iluminada por la conexión húngara, ya que el propuesto locativo etrusco en -thabría tenido su correlato en ant. húngaro, forma que —sugiere Alinei (321)— se habría sobredeclinado, como es usual en las lenguas aglutinantes y más aún en húngaro, con la adición del equivalente a la -icaracterística de tantos gentilicios húngaros (budapesti ‘de Budapest’). Por mencionar un último ejemplo, la propuesta de explicar por húng. eszik ‘alimentarse’ el etr. ësce ‘comía’, confirmaría que lat. ēsca ‘alimento’, también de tan obscura etimología, no sería efectivamente una voz indoeuropea. En esa línea de indudable profundo contagio entre ambas lenguas, para semφ, sempf ‘siete’, a más del material úgrico (húng. hét, mans. sät, a su vez probablemente del iránico, cf. ant. iran. saptá), no puede excluirse la copia o interferencia latina, septem, adoptada con metátesis ([semp-]) para adaptarse a la fonotaxis etrusca. La conexión germánica Ante la avalancha de datos de todo tipo y no sólo lingüísticos, cabe preguntarse cómo la pista euroúgrica no se formuló antes, al menos de modo tan explícito. Desde luego, uno de los obstáculos para el reconocimiento de la uralicidad del etrusco era, como ya hemos visto, la distorsión morfológica propiciada por la lectura sincopada de su escritura, pero además, como bien indica Alinei (395), la propuesta colisionaba frontalmente con las cronologías tradicionales. En efecto, la perspectiva más aceptada asigna la tradicional honfoglalás por los magiares u ‘ocupación de la patria’ al 895 aD. Es obvio que la tesis de Alinei implica la presencia de úgricos en Europa para una fecha muy anterior a la de finales del s. IX de nuestra era. En concreto, la convergencia de datos y argumentos empleados por Alinei (422) le permiten precisar la fecha de la (primera) ‘ocupación de la patria’ por los magiares entre el IV y el II milenio aC. Por tanto, cualquier indicio que, totalmente al margen de la conexión etrusca, apunte a una presencia de úgricos en Europa en una fecha anterior a la época del florecimiento de la Etruria clásica, constituiría un —aunque indirecto— adicional apoyo a las tesis alineístas. Pues bien, resulta que, por otra parte, como señala Alinei (268), «el húngaro se caracteriza por lo que se podría denominar, tomando en préstamo el término de la lingüística germánica, una Lautverschiebung o ‘rotación consonántica’, que ha llevado a todas las oclusivas a transformarse, con o sin condiciones, en las respectivas fricativas». Así, el húngaro presenta /f/ inicial (fed ‘cubrir’) como desenlace de la /p/ conservada en la forma correspondiente de otras lenguas urálicas (mans. pänt- ‘cubrir’), tal como el germánico (gótico fisks ‘pez - pescado’) frente a la /p/ de la forma correspondiente en otras lenguas indoeuropeas (lat. piscis ‘pez’), Etrusco ¿una lengua úgrica? Faventia 27/1, 2005 17 Faventia 27-1 001-160 7/6/06 12:20 Página 17