Representaciones sociales de la mujer
Abstract
Una de las principales teorías en la psicología social actual es la de las Representaciones Sociales. Desde que el psicólogo social Serge Moscovici desarrollara su teoría de las representaciones sociales para explicar cómo una teoría científica como el psicoanálisis se transforma en un conocimiento de sentido común son muchos los estudios realizados por diferentes psicólogos sociales. El análisis de las representaciones sociales de la mujer, reflejado en los mitos y creencias populares, es un marco idóneo para analizar cómo la teoría puede ser aplicada a este campo representacional al tiempo que ayuda a comprender la formación de actitudes sociales hacia la mujer.
Full text
Athenea Digital - num. 9: 65-77 (primavera 2006) ISSN: 1578-8946 Representaciones sociales de la mujer Social representations of women José Luis Álvaro Estramiana y Beatriz Fernández Ruiz Universidad Complutense de Madrid [email protected] Resumen Abstract Una de las principales teorías en la psicología social actual es la de las Representaciones Sociales. Desde que el psicólogo social Serge Moscovici desarrollara su teoría de las representaciones sociales para explicar cómo una teoría científica como el psicoanálisis se transforma en un conocimiento de sentido común son muchos los estudios realizados por diferentes psicólogos sociales. El análisis de las representaciones sociales de la mujer, reflejado en los mitos y creencias populares, es un marco idóneo para analizar cómo la teoría puede ser aplicada a este campo representacional al tiempo que ayuda a comprender la formación de actitudes sociales hacia la mujer. Social Representations is one of the most important theories in contemporary social psychology. Since the social psychologist Serge Moscovici developed his theory of social representations to explain how a scientific theory such as the psychoanalysis turns into a common sense knowledge many studies have been done by different social psychologists. The analysis of the social representations of women as represented in myths and popular beliefs is an excellent opportunity to study how this theory can be applied to this representational field. At the same time it makes possible to understand the formation of attitudes towards women. Palabras clave: Representaciones sociales; Actitudes; Mujer; Estudios de género Keywords: Social representations; Attitudes; Women; Gender studies Introducción Dentro de la psicología social la teoría de las representaciones sociales es de las de mayor vigencia y pujanza en la actualidad (véanse como ejemplo los textos de Flick, 1998; González Pérez, 2001; Paredes Moreira, 2001 o Wagner y Elejabarrieta, 1994, por citar sólo algunos psicólogos sociales de distintas nacionalidades que han adoptado la teoría de las representaciones sociales). Sin duda, a este hecho ha contribuido el que su fundador, Serge Moscovici, sea uno de los psicólogos sociales que mayor divulgación y seguimiento han tenido. La finalidad de este artículo no es la de reiniciar un debate sobre los aspectos más criticados en torno a la teoría y que ya han sido expuestos en otros contextos (Álvaro, 1995, Álvaro y Garrido, 2003). Nuestro objetivo aquí no es otro que el de analizar algunos aspectos de las representaciones sociales de la mujer a través de su simbología pictórica, al tiempo que se estudia el papel de dichas representaciones en el ámbito de los procesos de objetivación y anclaje descritos por Serge Moscovici y otros teóricos de las representaciones sociales. 65
Representaciones sociales de la mujer José Luis Álvaro Estramiana y Beatriz Fernández Ruiz Sin duda, ni las representaciones sociales de la mujer ni su centralidad en el núcleo figurativo de la construcción de los valores sociales han sido objeto de un pormenorizado estudio. Mucho menos su representación como monstruo o ser imaginario. Nuestro propósito es evidenciar cómo a través del cuerpo femenino no sólo se ha representado a la(s) mujer(es) sino que a través de sus polimorfas representaciones se ha naturalizado un orden social que ha situado en el cuerpo femenino el código de valores y virtudes morales con el que controlar el cuerpo social. Con esta finalidad utilizaremos la teoría de las representaciones sociales como una herramienta heurística, haciendo nuestro el sentido que los pragmatistas dan de ciencia: aquello que sirve para nuestras acciones; en este caso, el análisis de las representaciones sociales de la mujer. Quede claro que la utilización de la teoría elaborada por Moscovici y otros psicólogos sociales no tiene en este estudio, como uno de sus objetivos manifiestos, la intención de validación de la misma, sino que pretendemos servirnos de ella como instrumento o herramienta analítica de la realidad social. Quede claro que nuestro interés es, también, el de contribuir a su desarrollo teórico, mostrando no sólo su utilidad analítica en el ámbito de la psicología social, sino también su adecuación al estudio y análisis de las representaciones sociales de la mujer como proceso histórico. Elementos necesarios para analizar la teoría de las representaciones sociales Dada la función instrumental de la teoría aquí adoptada, resulta necesario indicar cuáles de sus elementos nos servirán para el análisis de las representaciones sociales de la mujer. En este sentido nos valdremos de sus aspectos definicionales, para pasar, en segundo lugar, a destacar su función, finalizando con su proceso de construcción social. Para el primer aspecto, y de las diferentes definiciones que pueblan el panorama de las representaciones sociales, haremos uso de la adoptada por el propio Moscovici en uno de sus escritos (1984: 17): “Las representaciones sociales deberían ser vistas como una forma específica de entender y comunicar lo que ya sabemos…Tienen siempre dos facetas, que son tan interdependientes como las dos caras de una hoja de papel: las facetas icónica y simbólica. Sabemos que: representación es igual a imagen/significado; en otras palabras, que hace corresponder a cada imagen una idea y a cada idea una imagen”. Dado que nos proponemos analizar las imágenes pictóricas de la mujer, como monstruo o como ser imaginario, la definición se adecua perfectamente a dicha finalidad. Resulta conveniente recordar aquí que la utilización de las imágenes pictóricas de los monstruos y/o de los seres imaginarios no ha sido un elemento que haya concitado la atención de los teóricos de las representaciones sociales, más preocupados por el análisis de las representaciones sociales dentro de los parámetros metodológicos convencionales de la psicología social. El segundo aspecto de las representaciones sociales que nos interesa destacar es el de la función de las representaciones sociales. Para ello resulta imprescindible volver a citar al propio Moscovici (1984: 24): Athenea Digital - num. 9: 65-77 (primavera 2006) 66
Representaciones sociales de la mujer José Luis Álvaro Estramiana y Beatriz Fernández Ruiz “El propósito de todas las representaciones sociales es el de hacer de algo desconocido o de lo desconocido algo familiar.” Como el mismo autor nos dice (Moscovici, 1984) las representaciones sociales cumplen la finalidad de transformar un mundo extraño en algo familiar, mudar el desorden y tornar ordenado lo que aparece como caótico y lo que es imaginado o irreal en algo presente. Finalmente, el tercer elemento a destacar en la teoría consiste en la descripción de los mecanismos a través de los cuales surgen las representaciones sociales de algo o de alguien. Estos dos procesos son el anclaje y la objetivación. Veamos como los describe Moscovici (1984: 29): “El primer mecanismo lucha por fijar las ideas extrañas, por reducirlas a categorías e imágenes ordinarias, por situarlas en un contexto familiar… El propósito del segundo mecanismo es su objetivación, esto es, transformar algo abstracto en algo casi concreto, transferir algo que está en la mente en algo que existe en el mundo físico… Estos mecanismos hacen de lo no familiar algo familiar, el primero trasfiriéndolo a nuestra esfera particular donde somos capaces de compararlo e interpretarlo, el segundo reproduciéndolo entre las cosas que podemos tocar y, en consecuencia, controlar.” Lo monstruoso y/o imaginario. Monstruos y seres imaginarios Probablemente de todas las representaciones pictóricas, las relativas a los monstruos y seres imaginarios son las que más claramente revelan una separación entre el mundo de la norma, el orden y la virtud, el orden los valores morales en definitiva, y el mundo de la perversión, el desorden y la ausencia de normas sociales. Los monstruos y seres imaginarios que pueblan las imágenes pictóricas desde la antigüedad hasta nuestros días trazan los límites del orden de lo “natural”, el orden de lo socialmente establecido y aquello que por inmoral, perverso o anormal debe quedar oculto, marginado o proscrito. Al quebrantar las normas de lo moral y lo virtuoso, los monstruos y seres imaginarios que pueblan las imágenes pictóricas y literarias de nuestra propia historia nos devuelven como si de un espejo cóncavo se tratara la frontera entre nuestra realidad y nuestros deseos: “La fábrica de monstruos no descansa. Y como no conoce sosiego nuestra voluntad de ordenar el caos de sensaciones, objetos y palabras que nos rodean, tampoco aminora la capacidad de construir márgenes que delimitan lo que puede y no puede ser explicado. Estas fronteras imaginarias entre lo bueno y lo malo, lo bello y lo abominable, lo justo y lo inmoral, lo normal y lo patológico cambian con el tiempo y van dejando un reguero secular de conductas socialmente estigmatizadas, cuando no abiertamente reprimidas. Quienes habitan al otro lado forman la fauna inefable de los… inadaptados. Pero no todos permanecen indolentes, algunos se atreven a cruzar la frontera y reclaman su identidad humana. Nos recuerdan los peligros de la diferencia, la fragilidad real, y las escandalosas limitaciones de nuestros propios conceptos, construidos sobre ausencias y mutilaciones implacables. Por eso, Athenea Digital - num. 9: 65-77 (primavera 2006) 67
Representaciones sociales de la mujer José Luis Álvaro Estramiana y Beatriz Fernández Ruiz quienes transitan los márgenes son una amenaza y corren el riesgo de ser catalogados como monstruos… Igual que toda luz crea su sombra, ninguna forma de conocimiento avanza sin dejar un rastro de marginación.” (Lafuente y Valverde, 2000: 19). Al igual que las imágenes de seres distorsionados que habitan nuestros sueños, los monstruos y seres imaginarios habitan el imaginario colectivo. Si los sueños nos hablan de nuestros temores y angustias, los monstruos hablan a la sociedad sobre sus propios temores y angustias, si en los sueños se nos relevan nuestros deseos más ocultos, en los monstruos y seres imaginarios están las señas de una identidad desterrada pero que habita entre nosotros en forma de deseos que solo se liberan mostrándose en las imágenes representadas. El orden moral queda ejemplificado y transgredido a través de esas imágenes que si, por un lado, nos recuerdan la existencia del “mal”, por otro, nos recuerdan que ese mismo “mal” habita entre nosotros sin dejar de intentar seducirnos. Probablemente nadie como Freud supo delimitar tan claramente la rotunda soledad del ser humano, de ese yo, preso entre las demarcaciones de sus deseos y las limitaciones de la cultura. El sueño freudiano no es más que expresión social de los deseos latentes del individuo de la misma forma que el monstruo no es sino la expresión psicológica de un miedo y una transgresión del orden social. A través de los sueños “materializamos” una parte de nuestros deseos, nos permitimos ser, metafóricamente hablando, “deseo”. En la vida real tenemos que esperar a los Carnavales, espacio público donde se difuminan las barreras sociales de lo establecido como normal y patológico, moral y amoral y podemos nuevamente convocar a nuestros monstruos particulares y ser ese otro yo, ese alter ego al que deseamos o detestamos y que forma parte de nuestra identidad social e individual. Representaciones sociales de la mujer como monstruo o ser imaginario La revisión de las distintas imágenes que pueblan el imaginario colectivo nos revela que las representaciones sociales de la mujer tienen un carácter polimorfo. Dentro de este carácter polimorfo podemos destacar las siguientes: su representación como símbolo de la reproducción y la fecundidad, como marca de vicios y defectos y, finalmente, su representación como desviación y marginalidad. Lo que es destacable aquí es como el cuerpo femenino ha sido el elemento a través del cual cada significado se ha constituido en una representación específica del cuerpo de la mujer y cómo el cuerpo de la mujer ha sido la imagen sobre la cual se ha representado y simbolizado todo aquello que está fuera de la norma. En este trabajo utilizaremos como material de análisis la amplia muestra de las representaciones recogidas en nuestra Biblioteca Nacional y que recopiladas en el libro Monstruos y Seres Imaginarios en la Biblioteca Nacional, editado por la misma institución, nos enseña la gran variedad de seres monstruosos e imaginarios que, referidos a la mujer, han poblado y siguen poblando nuestro imaginario colectivo*. * Nota: Las imágenes de la mujer como ser monstruoso que aparecen citadas en el texto están recogidas del libro Monstruos y Seres Imaginarios de la Biblioteca Nacional. Al lado de cada de cada autor aparece la página referida a dicho libro donde se puede observar la imagen referida. Athenea Digital - num. 9: 65-77 (primavera 2006) 68
Representaciones sociales de la mujer José Luis Álvaro Estramiana y Beatriz Fernández Ruiz Son numerosas las ilustraciones del cuerpo de la mujer en la que se destacan los órganos asociados a la fecundidad y a la reproducción. Representación de los valores de una arcadia doméstica, el cuerpo de la mujer es liberado en estas imágenes de toda sensualidad para pasar a ser un objeto de disección en la que se nos muestran los diferentes órganos de su anatomía reproductora -como en la disección femenina de Palfin, 1753; p. 30-. Figura 1: Disección femenina Dentro de este núcleo representacional el cuerpo de la mujer se inserta a la perfección en los valores de una sociedad que la ha enaltecido en su papel de madre –como en la mujer ovípara de Lychosthenes (1557:192)-, donde se nos representa a la mujer tras parir un huevo que contiene el feto Figura 2: Mujer ovípara o en la que se acentúa la extrema y grotesca gravidez de la misma como en la Sobregrávida de Aldrovandi (1599-1668: 257). Athenea Digital - num. 9: 65-77 (primavera 2006) 69
Representaciones sociales de la mujer José Luis Álvaro Estramiana y Beatriz Fernández Ruiz Figura 3: Sobregrávida O en su rol en la crianza y cuidado de los hijos: véanse aquí las representaciones fantásticas en las que la mujer aparece como amamantadora física y espiritual, mujer de múltiples pechos como en la Musa amamantando de Lavater (s.a: 31.). Figura 4: Musa amamantando Pero si la mujer es quien alumbra, misión normativa y natural por excelencia, también se la representa a través de una temible vagina dentada y es ella quien da a luz a toda suerte de monstruos, tarados y contrahechos físicos y morales, incluido el Anticristo, como nos recuerda la iconografía del medioevo. Asimismo, el Antipapa es representado como asno con figura de mujer - véase El Antipapa de Aldrovandi (1642: 103)-. Athenea Digital - num. 9: 65-77 (primavera 2006) 70
Representaciones sociales de la mujer José Luis Álvaro Estramiana y Beatriz Fernández Ruiz Figura 5: El Antipapa Y es que la representación de la mujer como origen de desgracias, perversiones y calamidades está presente desde nuestros orígenes bíblicos en el mal introducido por Eva en un paraíso del que fuimos desterrados. El mal encarnado en el cuerpo de una mujer es sin duda el mito por excelencia simbolizado a la perfección por Pandora, siempre presente en referencia a la representación mítica de la mujer. La caja entregada por Zeus a Pandora encerraba todos los males, cuando la abrió las desgracias se esparcieron por el mundo –véase la representación de Marolles (1655: 194)-. Figura 6: La caja de Pandora Pero la representación de la mujer también ha sido, como decíamos anteriormente, marca de defectos y vicios morales que la situaban en una posición de inferioridad. Así en el tratado de las matemáticas de Balbasor la mujer es una hidra que representa la ignorancia, tal y como nos recuerdan Nuria Valverde y Javier Moscoso (2000). Ignorante sí, pero siempre deudora de una sensualidad a la que se le atribuye el origen de los monstruos que el sueño de la razón provoca. Así es representada por los ilustrados en la mujer-sensualidad que lleva al hombre a la “sombra, al estrago y la nada…” –como en el anónimo del XIX (p. 24) en el que se nos representan los efectos de la sensualidad representada en el cuerpo femenino. Athenea Digital - num. 9: 65-77 (primavera 2006) 71
Representaciones sociales de la mujer José Luis Álvaro Estramiana y Beatriz Fernández Ruiz Figura 7: Mujer-sensualidad El cuerpo de la mujer siempre ha sido objeto de fascinación –atracción y rechazo en la mirada masculina-. Atracción, porque el cuerpo de la mujer es siempre objeto de deseo, sirena seductora como en las representaciones de Della Mote (1719: 245), mujer serpiente de la escuela de Tours (1450:. 226), o más actualmente mujer vampiresa o mujer pantera - pero también de recelo como en la mujer amazona de la mitología de la Grecia clásica, donde la fuerza y seducción de la mujer tiene como objetivo la esclavización del hombre y su sometimiento. No olvidemos que en ella está la marca de la perversión y la codicia como se nos muestra en la mujer harpía, cabeza y cuerpo de mujer y garras de ave, -véase, por ejemplo Aldrovandi (1599-1668: 80). Figura 8: Mujer harpía Athenea Digital - num. 9: 65-77 (primavera 2006) 72
Representaciones sociales de la mujer José Luis Álvaro Estramiana y Beatriz Fernández Ruiz Finalmente, la mujer se sitúa en la marginalidad al ser origen del mal. Dos representaciones ejemplifican este hecho. La primera es La mujer-diablo - Butler (1709: 81)- y la segunda es la repetida imagen como bruja – Asamblea de brujas de Bordelon (1710: 196). Figura 9: La mujer diablo Figura 10: Asamblea de Brujas A la deformidad moral con que se nos representa la mujer habría que añadir la deformidad física con la que se nos aparece (caso de la mujer barbuda de Sánchez Cotán, 1590: 115) “criatura cuya monstruosidad está cargada de presagios negativos y se ve emparentada con la malignidad moral” (Moreno y Vázquez, 2000). Figura 11: La mujer barbuda En conclusión: “La galería de formas monstruosas con las que la mujer fue representada (¡sí, para qué negarlo, por hombres y de los que escriben libros y disponen de las credenciales del sabio!) es aterradora. Las definiciones que nos ofrecen muchos Athenea Digital - num. 9: 65-77 (primavera 2006) 73