Los orígenes de las gacetas : sistemas y prácticas de la información entre los siglos XVI y XVII
Abstract
Después de la instauración de la imprenta en Europa y antes de la generalización de las gacetas como principal instrumento informativo, las hojas manuscritas que confeccionaban los reportisti o menanti cumplieron la misión de abastecer de noticias a los políticos y al público en general. Tomando como referencia ciudades italianas como Venecia, Roma o Bolonia, se analiza esta práctica informativa durante los siglos XVI y XVII.
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Resumen Después de la instauración de la imprenta en Europa y antes de la generalización de las gacetas como principal instrumento informativo, las hojas manuscritas que confeccionaban los reportisti o menanti cumplieron la misión de abastecer de noticias a los políticos y al público en general. Tomando como referencia ciudades italianas como Venecia, Roma o Bolonia, se analiza esta práctica informativa durante los siglos XVI y XVII. Palabras clave: historia de la información, hojas volantes, gacetas. Resum. Els orígens de les gasetes. Sistemes i pràctiques de la informació entre els segles XVI i XVII Després de la instauració de la impremta a Europa i abans de la generalització de les gasetes com a instrument informatiu principal, els fulls manuscrits que confeccionaven els reportisti o menanti van acomplir la missió d’abastir de notícies els polítics i el públic en general. Prenent com a referència ciutats italianes com ara Venècia, Roma o Bolonya, aquest article analitza l’esmentada pràctica informativa durant els segles XVI i XVII. Paraules clau: història de la informació, fulls volants, gasetes. Abstract. The origin of newspapers. Systems and practices of information during the XVIth and XVIIth centuries After the invention of the printing press and before the circulation of newspapers as the main source of information, the manuscripts done by the so-called reportisti or menanti were the main source of information for politicians and all sort of readers. Taking as reference some Italian cities as Venice, Rome or Bologna, this article analyses this kind of source during the XVIth and XVIIth centuries. Key words: history of information, leaflets, newspapers. Manuscrits 23, 2005 31-44 Los orígenes de las gacetas Sistemas y prácticas de la información entre los siglos XVI y XVII* Mario Infelise Università Ca’Foscari di Venezia. Dipartimento di Studi Storici San Marco, Calle Gritti 2546. 30124 Venecia (Sede Centrale) [email protected] * Traducción de Núria de Lucas Val y Javier Antón Pelayo.
Sumario 1. Introducción historiográfica En las últimas décadas, los estudios sobre la imprenta han concentrado su atención sobre el libro impreso, considerándolo el principal medio de transmisión del conocimiento. Es por ello que, a menudo, han permanecido marginados otros sistemas y, sobre todo, han sido desatendidas las modalidades de integración y de interferencia entre medios diversos. En otras palabras, no se ha tenido suficientemente en cuenta que el universo informativo de la Europa de la primera edad moderna, más allá de estar caracterizado por un nuevo medium único y poderoso, estuvo en realidad sujeto a una pluralidad de instrumentos, cada uno de ellos dotado de sus propias peculiaridades y finalidades, si bien siempre relacionados entre sí. En los últimos años, nuevos estudios han comenzado a proponer un cuadro más articulado de las relaciones de la sociedad occidental con los medios de comunicación, al tiempo que aspectos largamente ignorados del sistema comunicativo, se han convertido en provechosos campos de investigación. Un reciente libro de Françoise Waquet, por ejemplo, ha ofrecido una original mirada sobre las prácticas y las formas de la comunicación oral docta y sus relaciones con los usos de la imprenta1. Además, las investigaciones sobre la circulación de la producción escrita en la edad moderna han subrayado el mantenimiento del manuscrito al menos en determinados ambientes. En este caso, no se ha tratado de evidenciar las persistencias de los viejos usos que han sobrevivido o de reconsideraciones del debatido problema sobre la continuidad y/o discontinuidad determinada por la invención de los caracteres móviles, sino de afrontar aspectos menos conocidos o completamente ignorados de la presencia de la escritura en la cultura urbana europea. Los crecientes éxitos del libro impreso ente los siglos XV y XVIII, de hecho, no anularon de golpe el uso del manuscrito, el cual por diferentes razones continuó teniendo una función no marginal en la difusión de determinados productos de la cultura escrita. En Inglaterra, por ejemplo, las investigaciones de Harold Love y de H. R. Woudhuysen han dado luz sobre la importancia de la circulación manuscrita en el siglo XVII en el ámbito poético y literario. La importancia del fenómeno ha llevado a Love a definir las características de la scribal publication en relación con la creciente difusión de la producción impresa, que —como Love subraya— «had a role in the culture and commerce of texts just as assured as that of print publication»2. 1. Introducción historiográfica 2. Orígenes de los acisos manuscritos 3. Los nombres 4. Las hojas 5. La impresión de las gacetas 6. El público 32 Manuscrits 23, 2005 Mario Infelise 1. Françoise WAQUET, Parler comme un livre. L’oralité et le savoir (XVI-XX siècle), París: Albin Michel, 2003. 2. Harold LOVE, Scribal Publication in Seventeenth-Century England, Oxford: Clarendon Press, 1993; H.R. WOUDHUYSEN, Sir Philip Sidney and the Circulation of Manuscripts 1558-1640, Oxford: Clarendon Press, 1996.
La publicación, por tanto, no fue siempre producto de la operación tipográfica. Existían diversos niveles de publicación, más o menos fuertes, que se fueron poco a poco perdiendo en un tiempo no demasiado lejano3. Las certezas de los tiempos caracterizados por la uniformidad de la imprenta, puestas ya en duda por los estudios de bibliografía analítica, fueron posteriormente cuestionadas al resurgir del olvido modalidades ignoradas de formas textuales que eran capaces de descomponerse y rehacerse constantemente, adaptándose y trasformándose según los usos y las exigencias. Es el caso, por ejemplo, de los manuscritos de magia, los cuales revelan una extraordinaria capacidad de resistencia al paso del tiempo, así como de adaptación a las situaciones más dispares4. Los géneros, sin embargo, pueden ser muy diversos y los inventarios de las bibliotecas privadas revelan una notable presencia de manuscritos sobre los temas más variados, tal y como se ve, por ejemplo, en el reciente libro de Pedro M. Cátedra y Anastasio Rojo sobre bibliotecas de mujeres en el Valladolid del siglo XVII5. El texto manuscrito, también con características de serialidad, ha comenzado a obtener una relevancia propia en los estudios más recientes de historia de la cultura. De hecho, el recurso a los copistas se convertía en inevitable cada vez que se necesitaban un número limitado de reproducciones o se pretendía eludir los controles preventivos establecidos para la imprenta por parte de las autoridades políticas y religiosas. Éste es el caso de la producción destinada a un rápido pero intenso consumo, al cual me voy a referir, y que, por comodidad, he definido como periodística a causa de sus contenidos próximos a los sucesos de la actualidad política. Las bibliotecas y los archivos europeos conservan abundantes testimonios de estos materiales, los cuales tuvieron un rol informativo fundamental durante toda la edad moderna, prosiguiendo, aunque con características evolucionadas, después de la Revolución Francesa. Sería muy útil hacer un elenco sistemático de las series más relevantes, al menos de aquéllas señaladas por Braudel en el Record Office de Londres6, de la serie que perteneció al duque de Urbino —ahora en la Biblioteca Vaticana—, de la extraordinaria colección de la Secretaría de Estado Pontificia7, de la de los Fugger en Viena y otras. Los orígenes de las gacetas Manuscrits 23, 2005 33 3. Sobre el tema de la publicación se pueden encontrar muchos elementos de interés en la recopilación de artículos que editan Christian JOUHAUD y Alain VIALA, De la publication. Entre Renaissance et Lumières, París, Fayard, 2002. 4. Federico BARBIERATO, Nella stanza dei circoli. Clavicula Salomonis e libri di magia a Venezia nei secoli XVII e XVIII. Milán, Sylvstre Bonnard, 2002. 5. Pedro M. CÁTEDRA, Anastasio ROJO, Bibliotecas y lecturas de mujeres. Siglo XVI, Soria-Madrid: Instituto de Historia del Libro y de la Lectura, 2004. 6. Fernand BRAUDEL, Civiltà e imperi del Mediterraneo nell’età di Filippo II, Turín: Einaudi, 1976, p. 392. 7. Biblioteca Apostólica Vaticana, Urb. Lat. 1039-1109. La colección del duque de Urbino es una de las más conocidas y ricas, célebre ya desde el siglo XVII. Su importancia era ya destacada por el literato de Peruggia Secondo Lancellotti, el cual, en su Hoggidi escribía: «Di bellissimo ingegno io stimo, che sia fatta la trovata d’inviare gli avvisi de’ successi, massime de’ prencipi di tutto il mondo in ogni parte e sapere quello che fassi in Roma, in Francia, in Ispagna, in Germania et altrove senza spendere un frullo. So che alcuni forse gli hoggidiani in particolare scuotono il capo dicendo che sono pieni di bugie. Vedendo io nella libraria del duca d’Urbino una conserva d’essi avvisi da 70 anni addietro in circa diedi un cenno ad un gentil’huomo ch’era meco, come di maraviglia, stando
Las historias del periodismo hasta ahora han tratado poco este aspecto, ignorando en general la función de la información manuscrita o relegándola al papel de simple curiosidad histórica. Igualmente, las historias del libro han dirigido una mirada, más bien distraída, a todo ese montón de materiales heterogéneos —hojas de mano, avisos impresos, relaciones, hojas volantes— que hacían referencia a la actualidad. Por el contrario, en estos momentos se es plenamente consciente de la necesidad de un trabajo comparativo que ponga en común las experiencias desarrolladas en varias regiones europeas8. Mi intención pretende, por tanto, ir en esta dirección y dar cuenta de algunos de los resultados de mis investigaciones de los últimos años9. 2. Orígenes de los avisos manuscritos Sobre hojas expresamente concebidas para informar sobre los sucesos políticos y militares en curso, dotadas de una cierta regularidad, se tienen noticias desde el siglo XV. Los despachos de los embajadores de las cortes italianas durante la segunda mitad del siglo XV con frecuencia se refieren a passi (breves párrafos) extraídos de cartas de mercaderes y otros corresponsales, los cuales eran ensamblados y difundidos con una cierta periodicidad. El Archivo de Estado de Módena conserva, entre la correspondencia del duque de Ferrara, «hojas» de este período que contienen encabezamientos del estilo: «Copia de più capitoli di Novele in littere da Brugia Comenzata a 7 e finita a 31 de dicembre [1464]», «Copia de alcuni avvisi venuti di Franza dali bassadori fiorentini residenti alla corte per lettere. 16 marzo 1494», «Summario de lettere di Francia [1495]», «Sommario de lettere da Roma». Bajo estos títulos, aparecen de manera desordenada noticias de carácter político que habían sido recogidas de fuentes diversas, a veces explicitadas y a veces no. Por estos mismos años, se empieza a tener noticia de compiladores profesionales de hojas de este tipo. Es conocida la figura de Benedetto Dei, llamado la 34 Manuscrits 23, 2005 Mario Infelise che corre la voce di non molta verità in essi. Negommi ciò quegli, dicendo che s’alcuna volta v’è qualche cosa d’opinone od incerta viene sempre ne’ seguenti od approvata o riprovata. Si che acquistarono d’all’hora in qua qualche riputazione appresso di me tanto più havendogli veduti haver luogo honorato appresso quel serenissimo. Quando fossero instituiti io non so. Per avventura da che quel prencipe cominciò a conservargli». Secondo LANCELLOTTI, L’hoggidì, overo gl’ingegni non inferiori a’ passati. Venezia, Venecia: Gio. Francesco Valvasense, 1681 [1a ed. 1623], II, p. 352. 8. Véanse las compendiosas observaciones de Pierre RÉTAT, Bilan et perspectives des recherches sur les gazettes en L’information à l’époque moderne, París: Presses de l’Université de Paris-Sorbonne, 2001, p. 5-24 y de Brendan Dooley, Introduction en Brendan DOOLEY y Sabrina BARON (eds.), The Politics of Information in Early Modern Europe, Londres-Nueva York: Routledge, 2001, p. 1-16. 9. Me tomo la libertad de remitir al lector a mi libro Prima dei giornali. Alle origini della pubblica informazione (secoli XVI e XVII), Roma-Bari: Laterza, 2002 y a los siguientes artículos, en parte incluidos en el libro: «Le marché des informations à Venise au XVIIe siècle», en Henri DURANTON y Pierre RÉTAT (eds.), Gazettes et information politique sous l’Ancien Règime, Saint-Étienne: Université de SaintÉtienne, 1999, p. 117-128; «The war, the news and the curious. Military gazettes in Italy», en Brendan DOOLEY y Sabrina BARON (eds.), The Politics of Information…, 2001, p. 216-236; «Roman avvisi: Information and Politics in the seventeenth Century», en Gianvittorio SIGNOROTTO y Maria Antonietta VISCEGLIA (eds.), Court and Politics in Papal Rome 1492-1700, Cambridge: Cambridge University Press, 2002, p. 212-228; «Gazettes imprimées et information politique dans l’Italie du XVIIe siècle», en Des moulins à papier aux bibliothèques, Montpellier: Université Paul Valery, 2003, II, p. 463-477.
«tromba dei principi», el cual abastecía a diplomáticos y hombres de corte de hojas semanales que contenían sucintas, pero significativas, informaciones alrededor de las «nuove e d’Asia e d’Africa e d’Europa»10. El sistema se fue perfeccionando durante el siglo XVI. Así, en ciudades como Roma o Venecia, escritores profesionales, en el centro de ramificadas redes de correspondencia, redirigían hojas en las que unían noticias obtenidas de cartas y de otros avisos que habían recibido por correo, a las cuales añadían otras de composición propia. Las nuevas compilaciones obtenidas eran a su vez reproducidas en decenas de copias en copisterías equipadas para tal finalidad. Una vez escritas, se difundían por Italia y Europa mediante los correos postales, a través de las llegadas y salidas de los cuales se conseguía una periodicidad. En esta época, además, el establecimiento y la reorganización de los servicios postales empiezan a garantizar fechas fijas y seguras de transmisión. A mediados del siglo XVI, el sistema estaba ya definido en sus líneas esenciales. Algunas (pocas) grandes ciudades europeas tendieron a asumir el papel de centro de producción y de difusión de documentos de este tipo. Se trata de ciudades en las cuales convergen complejas redes de relaciones políticas, diplomáticas, religiosas y comerciales, como por ejemplo, en Italia, Roma y Venecia; en Francia, París; en Alemania, Colonia y Frankfurt; en Flandes, Amberes; en Holanda, Ámsterdam. En estas ciudades se desarrolla, precisamente, un verdadero y genuino mercado de la información con varios profesionales compitiendo entre sí, capaces de ofrecer sus propias relaciones a quien pudiese adquirirlas: embajadores, eclesiásticos de alto rango, nobles y mercaderes, los cuales pagaban una suscripción semestral o anual. Tal clientela recibía servicios diversos en función de las exigencias o de las tarifas que abonaban: hojas italianas y extranjeras, avisos públicos con relaciones de sucesos reveladores, o avisos secretos, con noticias e informaciones más reservadas. Muchas veces, los escritores añadían a la redacción habitual de noticias un repertorio propio de textos políticos o satíricos ya preparados que se incluían en función de las demandas del cliente. Algunos también estaban en disposición de poner en circulación catálogos con tarifas proporcionadas11. En una ciudad como Venecia, este mercado se circunscribía sobre todo a los talleres de los amanuenses y a todos aquéllos que copiaban por oficio. Si, a menudo, muchos de ellos se limitaban a la simple reproducción pasiva de hojas compiladas por otros, los más organizados constituían auténticas agencias de información. A través de los servicios postales, recibían del extranjero correspondencias y otros avisos, a los cuales añadían la parte de información local, obtenida sobre todo recogiendo todas aquellas noticias que podían salir de los edificios de poder, donde llegaban correos y despachos de todas partes de Europa y del Mediterráneo. Los orígenes de las gacetas Manuscrits 23, 2005 35 10. C. DEMARZI, «Degli antecessori dei giornali», Rivista delle biblioteche e degli archivi, 24 (1913), p. 181-185; P. ORVIETO, «Un esperto orientalista del ‘400: Benedetto Dei», Rinascimento, núm. 20 (1969), p. 205-275. 11. Véase, por ejemplo, los despachos de Giovanni Francesco Vezzosi al duque de Módena, plagados de noticias sobre el mercado de los manuscritos en los años 1688-1692, en Archivio di Stato di Modena, Cancelleria. Estero. Ambasciatori, agenti e corrispondenti dall’estero, b. 125.
Los lugares donde acaecía la redacción podían frecuentemente transformarse (sobre todo en el siglo XVII) en lugares de discusión y de cotejo de los materiales. Un detalle de un cuadro de Antonio Carlevaris, datado hacia 1690 (figura 1), nos ofrece una elocuente representación de cómo debía desarrollarse este procedimiento y de cómo la redacción, la discusión y el disfrute interferían entre ellos. Un vendedor de hojas está sentado frente a su banco parado a los pies del campanario de San Marcos de Venecia. Al fondo, se ve la Biblioteca Marciana. Sobre el banco, están dispuestas numerosas hojas a granel y unos pocos volúmenes de mayores dimensiones. Sentado sobre una caja, un hombre desaliñado lee un volumen, quizás un libro viejo, probablemente una recopilación de escritos. Alrededor, se mueven personajes muy heterogéneos: patricios vestidos a la francesa que discuten y dos hombres con vestiduras orientales que pasan. La imagen sintetiza la situación con una extraña eficacia. En el palacio ducal, que está exactamente enfrente, se recogían los despachos oficiales que llegaban a Venecia de todas partes de Europa y del Mediterráneo. Secretarios y miembros de un numeroso patriciado empleado en una miríada de cargos leían, escuchaban y relataban los hechos de los que tenían noticia. La plaza era el lugar principal de la discusión. Allí, las noticias oficiales se mezclaban con las que provenían de otras fuentes: las de los mercaderes, las de las embarcaciones, las de los correos y las de las hojas que traían consigo, las de los extranjeros de paso, las de los espías y las de los provocadores. Los gacetilleros, siempre presentes, ofrecían en aquel escenario su propia síntesis de los sucesos, mezclando y recomponiendo lo que salía del palacio con cuanto surgía de la plaza. En este contexto, el manuscrito garantizaba una mayor libertad y una información menos sujeta a los vínculos de la censura. Allí donde el libro impreso tendía a la estandarización, un nuevo instrumento de comunicación movía las aguas oponiéndose con una cierta eficacia a la homologación. 3. Los nombres Para definir este tipo de productos, he usado hasta ahora el término genérico de «hojas» (fogli). Sin embargo, es necesario precisar mejor los términos, ya que su propia historia contribuye a explicar la evolución de las formas materiales que vehiculaban la información. Los nombres que adoptan estos materiales a finales del siglo XVI tienden a fijarse más o menos en toda Europa. En italiano, el término más habitual entre los siglos XV y XVII es el de avviso, el cual, sin embargo, no distingue entre el objeto y el contenido. Un aviso de Alemania podía ser, por ejemplo, una hoja que traía nuove (noticias) provenientes de Alemania o simplemente una noticia de Alemania. En Venecia también se usaba mucho, con el mismo significado, el término reporto, que pasaría después a Inglaterra como report. Por lo tanto, reportista era sinónimo de compilador de hojas o gacetillero. En Roma, en cambio, tuvo mucho éxito, desde la segunda mitad del siglo XVI hasta finales del XVII, la expresión menante para referirse precisamente al escritor de hojas de mano. La palabra gazzetta comienza a ser registrada alrededor de 1560, y parece que se aplicaba preferentemente a la lengua hablada, para definir todas aquellas hojas de avisos de escaso crédito que podían circular por la ciudad. Seguramente por esta 36 Manuscrits 23, 2005 Mario Infelise
Los orígenes de las gacetas Manuscrits 23, 2005 37 Figura 1. Luca Carlevarijs, «La piazzetta e la Libreria» (óleo sobre tela, finales del siglo XVII), Ashmolean Museum, Oxford.
larga utilización popular, gazzetta tuvo dificultades para entrar en los diccionarios monolingües. Por ello, tuvo que esperar hasta la segunda mitad del siglo XVII, después del afianzamiento de la Gazette de Francia. Tradicionalmente, se le atribuye un origen veneciano (también lo hace Voltaire en la Encyclopédie), aunque esto no se ha demostrado todavía. Además, es significativo que el término fuese registrado únicamente por el diccionario italiano-inglés A Worlde of Wordes, de John Florio, en 1598, una obra más sensible con la lengua hablada y con las voces de derivación dialectal que con el italiano docto. Bajo la entrada en plural gazzette, se ofrece una definición precisa: «the daily newes or intelligence written from Italie, tales, running newes». En la segunda edición, de 1611, a esta definición se añadía «flim flam tales that are daily written from Italie, namely from Rome and Venice». El diccionario de Florio apunta bien un aspecto central de estos escritos, los cuales se caracterizan precisamente por su ambigüedad: entre la información secreta y la destinada a la circulación pública a la luz del día. Como se ha apuntado ya, los principales compradores fueron durante mucho tiempo los embajadores de las cortes extranjeras, para quienes la recogida de información era una de sus actividades principales. Así, entre embajadores y compiladores de hojas se establecieron estrechos vínculos. De esta manera, los embajadores tenían un modo de obtener relatos ya preparados para ser enviados a sus propias cortes o un material útil para la redacción de sus despachos, que todavía —como aconsejaba el diplomático español Juan Antonio de Vera—, debían ser elaborados de forma que no fuesen tomados por «una gazzetta di Roma o di Germania»12. Los servicios del gacetillero eran también fundamentales para poner en circulación todas aquellas noticias que podían favorecer al propio país. Veamos un ejemplo: entre 1616 y 1617, en Venecia, en momentos de gran tensión entre España y Su Serenísima, el embajador español marqués de Bedmar disponía, además de su propia y densa red de confidentes y espías, de algunos gacetilleros que compilaban semanalmente hojas muy buscadas a través de las cuales se difundían en Europa las justificaciones de la política de Felipe III. El suceso es interesante: uno de los principales colaboradores de Bedmar era Antonio Meschita, un gacetillero portugués de gran experiencia, autor de hojas antivenecianas que enviaba a un selecto círculo de suscriptores. Esta actividad se desarrollaba puntualmente cada semana gracias a la ayuda de un pequeño grupo de colaboradores dirigidos por Meschita. Había quien, de jueves a sábado, recogía los avisos que provenían del extranjero y realizaba una selección de las informaciones que eran útiles; había quien paseaba por la ciudad para recoger las últimas voces, sobre todo en los lugares del poder y en las proximidades del puerto, donde arribaban las naves provenientes de Levante y de Poniente. A Meschita le correspondía al final la responsabilidad de redactar la versión última de la hoja, que, inmediatamente después, mandaba a sus ilustres clientes. Todos los otros diplomáticos tenían, más o menos, una organización similar. El nuncio pontificio, el embajador francés y todas las cortes menores tenían análogas necesidades y mantenían relaciones de este tipo con los escritores de hojas, los cua38 Manuscrits 23, 2005 Mario Infelise 12. Juan Antonio DE VERA Y FIGUEROA, Le parfait ambassadeur, París, 1642, p. 476.
les con frecuencia se hallaban en situaciones muy peligrosas. No eran raros los casos de asesinatos de gacetilleros, siempre relacionados con el contenido de las hojas que redactaban. De aquí deriva también la mala fama que tuvieron durante todo el Antiguo Régimen. El oficio de gacetillero era de alto riesgo y de escasa consideración: era el prototipo del escritor sobornado, indiferente a los argumentos de la verdad, siempre dispuesto a ofrecerse al mejor postor y a alterar por ello su versión de los hechos. 4. Las hojas Desde el punto de vista material, durante todo el período que estamos considerando, la hoja de información no sufre grandes trasformaciones. Los elementos constitutivos, el aspecto gráfico y los criterios de distribución de los contenidos se repiten de manera idéntica, y así serán retomados en las versiones impresas del siglo XVII. La hoja se abría con un encabezamiento formado por la fecha y el lugar de recopilación de las noticias. Seguían una serie de breves párrafos, redactados del modo más simple posible, dispuestos sin más orden que el del lugar de recopilación. Así pues, la materia sólo se reelaboraba de modo muy superficial. Las intervenciones eran mínimas y normalmente, si no había necesidades políticas, solían ajustarse a las dimensiones de la hoja. Quien redactaba debía atenerse a algunas reglas esenciales de escritura. La narración debía ser la más simple y eficaz posible y tenía que evitar el uso de palabras insólitas o ambiguas. No se hacía ninguna concesión a la lengua literaria. Era preferible usar términos de la lengua hablada antes que correr el riesgo de no ser entendido. En el siglo XVII, no había nada más lejano de la elegancia y de la complejidad de la prosa barroca. También, se ponía mucho cuidado en las fuentes de las noticias, verificando a menudo las vías recorridas antes de ser incluidas en la página. Además, era oportuno dividir el contenido en párrafos distintos, uno por tema, siguiendo el modelo —se decía— de la vida de Cesare de Svetonio. Incluso, si era necesario, se personalizaban las hojas. Es por ello que la persistencia del gran éxito de la información manuscrita dependió, en primer lugar, de la calidad de las noticias que estaban en disposición de ofrecer y de su flexibilidad. Había clientes que pedían una mayor recopilación de hojas, otros que deseaban una información más restringida o noticias seleccionadas. Un buen gacetillero, con una red europea de correspondencias, sabía también que debía tener en cuenta los intereses de los clientes ilustres a los que servía y que entre éstos estaba la exigencia de no favorecer la difusión de noticias que les pudiesen disgustar. Otros aspectos a tener en cuenta tenían que ver con el trabajo de los copistas encargados de la reproducción de las hojas. Había que evitar los errores ortográficos, las abreviaturas y las correcciones, que, en caso que fuesen necesarias, debían ser evidentes y no quedar enmascaradas13. La grafía, en definitiva, tenía que ser legible y uniforme. A los compradores no les gustaba adaptarse a los cambios de Los orígenes de las gacetas Manuscrits 23, 2005 39 13. Pánfilo PERSICO, Del segretario… Libri quattro ne’ quali si tratta dell’arte e facoltà del segretario, della istituzione e vita di lui nelle repubbliche e nelle corti, Venecia: Damian Denaro, 1620, p. 186-195; Tommaso COSTO, Lettere, Venecia: Barezzi, 1602, p. 370.