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Las transformaciones de los espacios urbanos fluviales en zonas áridas : lecciones de la cuenca del Segura

Calvo García-Tornel, Francisco

Abstract

La progresiva explotación de las aguas del Segura y el riesgo de inundación asociado a su hidrología han sido determinantes en la transformación de los espacios limítrofes del río (Murcia, Orihuela, Rojales). Esta relación entre el río y las tres ciudades que atraviesa ha sido fundamentalmente de carácter defensivo, y sus aspectos estéticos se han ido degradando paralelamente a la casi completa desaparición del agua de su curso. Las soluciones defensivas y la ordenación urbana han sido distintas según las épocas y según las características propias de cada una de las tres ciudades.

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Resumen La progresiva explotación de las aguas del Segura y el riesgo de inundación asociado a su hidrología han sido determinantes en la transformación de los espacios limítrofes del río (Murcia, Orihuela, Rojales). Esta relación entre el río y las tres ciudades que atraviesa ha sido fundamentalmente de carácter defensivo, y sus aspectos estéticos se han ido degradando paralelamente a la casi completa desaparición del agua de su curso. Las soluciones defensivas y la ordenación urbana han sido distintas según las épocas y según las características propias de cada una de las tres ciudades. Palabras clave: ciudad, río, Segura, Murcia, Orihuela, Rojales. Resum. Les transformacions dels espais urbans fluvials en zones àrides: lliçons de la conca del Segura La progressiva explotació de les aigües del Segura i el risc d’inundació associat a la seva hidrologia han estat determinants en la transformació dels espais limítrofs del riu (Múrcia, Orihuela, Rojales). Aquesta relació entre el riu i les tres ciutats que travessa ha estat fonamentalment de caràcter defensiu, i els seus aspectes estètics s’han anat degradant paral·lelament a la quasi completa desaparició de l’aigua del seu curs. Les solucions defensives i l’ordenació urbana han estat diferents segons les èpoques i segons les característiques pròpies de cada una de les tres ciutats. Paraules clau: ciutat, riu, Segura, Múrcia, Orihuela, Rojales. Resumé. La transformation des espaces urbains fluvials dans les zones arides: leçons du bassin du Segura La mise en exploitation progressive des eaux du Segura d’une part et les risques d’inondation que résultent de son hydrologie d’ autre part ont déterminé les transformations des espaces urbains limitrofes du cours du fleuve (Murcia, Orihuela, Rojales). Cette relation entre le fleuve et les trois villes que il traverse est fondamentalement de nature défensive, et ses aspects esthétiques se sont dégradés parallélement á la desaparition quasi compléte des écoulements fluviaux. Les solutions défensives et d’amémagement urbain ont été différentes selon les époques et selon les caracteristiques propes de chacun des trois centres urbains. Mots clé: ville, fleuve, Segura, Murcia, Orihuela, Rojales. Doc. Anàl. Geogr. 31, 1997 103-116 Las transformaciones de los espacios urbanos fluviales en zonas áridas: lecciones de la cuenca del Segura Francisco Calvo García-Tornel Universidad de Murcia. Departamento de Geografía Física, Humana y Análisis Geográfico Regional Santo Cristo, 1. 30001 Murcia. Spain Data de recepció: febrer 1996 Data d’acceptació: octubre 1996 DAG 31 103-116 25/11/97 17:04 Página 103 Abstract. Transformations of urban development in dry spaces: the Segura river The progressive use of the Segura river waters and the risk of flooding derived from its hydrological characteristics have been determinating factors in the transformation of urban developments on its banks (Mucia, Orihuela and Rojales). In the past, the relationship between the river and the urban centres which it crosses has been basically defensive, and aesthetic aspects have become degraded as the water flow has gradually and almost completely disappeared. The urbanistic and defensive measures introduced over the years have varied according to the historical timing and to the peculiarities of each urban nucleus. Key words:city, river, Segura, Murcia, Orihuela, Rojales. Como un aspecto más de las complejas relaciones que entre grupos sociales y recursos hidráulicos se establecen a lo largo del tiempo en la cuenca del río Segura, los asentamientos urbanos se han localizado tradicionalmente próximos a las corrientes de agua, pero con emplazamientos rara vez inmediatos, determinados por la búsqueda simultánea de aprovechamiento y seguridad frente a inundaciones. No es de extrañar por ello que a lo largo del centenar de kilómetros de amplio valle que recorren los cursos bajos del Guadalentín y del Segura donde se localizan las poblaciones más importantes cercanas al río, no existan tradicionalmente emplazamientos urbanos propiamente de ribera con la excepción de la ciudad de Murcia, por lo que prestaremos a este núcleo un interés particular a lo largo de estas líneas. Sólo el desarrollo relativamente reciente de ciudades como Lorca (Gil Olcina, 1969), Orihuela (Canales, y otros 1992) y algún pequeño núcleo en el tramo final del Segura han planteado el contacto entre ciudad y río, pero siempre en la periferia urbana. La única ciudad que en todo este prolongado trayecto fluvial practica desde un primer momento una política activa de relación con su río es Murcia. Lorca es en cierto modo el ejemplo opuesto, pues, encaramada en la sierra del Caño, sólo se acerca al Guadalentín ya en los siglos XVI-XVIIIen un frente muy estrecho, y su gran desarrollo urbano se efectúa alejándose del cauce. Orihuela, aunque flanqueada por el Segura, le da la espalda tras sus murallas escalando también una empinada ladera y, por último, los núcleos del tramo final segureño no alcanzarán carácter propiamente urbano hasta el siglo XIX. 104 Doc. Anàl. Geogr. 31, 1997 Francisco Calvo García-Tornel Sumario DAG 31 103-116 25/11/97 17:04 Página 104 La evolución del río y su aprovechamiento La relación más antigua: la defensa La ocupación de la ribera y la valorización del frente del río La búsqueda de una solución definitiva Bibliografía La evolución del río y su aprovechamiento En función de las características climáticas propias de la mayor parte de la cuenca del Segura, el caudal de este río es escaso e irregular, a la vez que presenta intensas crecidas capaces de producir inundaciones catastróficas. No resultan por ello muy favorables las condiciones del valle fluvial para los asentamientos humanos, si no es tras complejos procesos de acondicionamiento (Calvo, 1982; Canales, Vera, 1985; Vilar, 1981). En un régimen no regulado, las aguas del Segura serían pemanentes aunque muy escasas en los estiajes. Ello ha permitido un muy antiguo aprovechamiento para regadíos, basado en diversas presas de derivación y un sistema para devolver al río los sobrantes de riego que han mermado de forma notable y desde épocas muy antiguas el caudal circulante por el cauce. Quizá por esta razón, y sin duda también por la transcendencia de la magnitud de las inundaciones, la relación entre ciudad y río tiene desde un primer momento un carácter defensivo mucho más intenso que cualquier otro y posiblemente desde su misma fundación el primer contacto entre la ciudad de Murcia y el Segura se establece mediante el muro protector del Malecón del Río. Gran parte e incluso a veces la totalidad de los caudales segureños circulan por la red de acequias de riego, sangrando y aumentando sucesivamente el caudal del cauce con las presas de derivación o con las devoluciones de la red de drenaje. Resulta así muy frecuente el hecho de que un exiguo caudal apenas ocupe el canal de estiaje, contrastando con la magnitud total del cauce, que sin embargo no llega en ocasiones a ser capaz de contener las aguas de crecida. Se ha instalado así, de forma progresiva, una situación peculiar de sequía crónica que no tiene un origen estrictamente climático. Recientemente se han puesto en relieve (Morales, Rico, 1996) las mutaciones, tanto de carácter cuantitativo como cualitativo que están en la base del proceso. La implantación en los últimos años de un periodo seco de cierta magnitud ha hecho descender notablemente las aportaciones de la cuenca del Segura (figura 1), a la vez que se ha evidenciado el fracaso en la gestión del trasvase Tajo-Segura, que ha aportado como media desde su puesta en funcionamiento 246 hm3/año, es decir el 41 por ciento de las previsiones iniciales, ha obligado a llevar a cabo una auténtica ofensiva depredadora sobre los recursos subterráneos, cuya crisis es cada día también más intensa. Particular incidencia respecto a la conservación de los paisajes fluviales tradicionales ha tenido la implantación de sistemas de derivación mediante motobombas de caudales superficiales (y también subterráneos) que transportan el agua hacia áreas a veces muy alejadas de los valles fluviales. Con ello se han obtenido importantes ventajas económicas en relación con las más idóneas características de las nuevas áreas de regadío, así como una mejor administración de los recursos mediante sistemas de riego muy modernos. En contrapartida, los cauces naturales se ven de hecho privados de agua incluso en el caso del mayor de ellos, el Segura, en el cual la derivación de Ojós permite enviar directamente utilizando la infraestructura del trasvase los recursos hacia Espacios urbanos fluviales en zonas áridas: el Segura Doc. Anàl. Geogr. 31, 1997 105 DAG 31 103-116 25/11/97 17:04 Página 105 el tramo final de este río, el campo de Cartagena o el campo de Lorca. El resultado de esta situación es que en los tramos medio y bajo del Segura se ha ido reduciendo la circulación epígea y esta se compone casi exclusivamente de devoluciones del riego. 106 Doc. Anàl. Geogr. 31, 1997 Francisco Calvo García-Tornel Figura 1. Aportaciones netas en los embalses de cabecera del Segura, en Hm3. Se indican las medias de los periodos 1959-80, 1981-89 y 1990-94. Elaborado a partir de datos de EZCURRA, J. «Thirty year’s experience in dam operation in the Segura river bassin headwaters: comparison with forecasts». Seventeenth International Congress on large dams. Transactions. CIGB-ICOLD. Viena, 1991. 541 343 263 900 850 800 750 700 650 600 550 500 450 400 350 300 250 200 150 100 50 0 1959-60 1960-61 1961-62 1962-63 1963-64 1964-65 1965-66 1966-67 1967-68 1968-69 1969-70 1970-71 1971-72 1972-73 1973-74 1974-75 1975-76 1976-77 1977-78 1978-79 1979-80 1980-81 1981-82 1982-83 1983-84 1984-85 1985-86 1986-87 1987-88 1988-89 1989-90 1990-91 1991-92 1992-93 1993-94 DAG 31 103-116 25/11/97 17:04 Página 106 La situación actual de este proceso, que tiene su origen en los años sesenta, es la práctica desaparición de caudales superficiales circulantes en los tramos medio y bajo del Segura, hasta el punto de que en su recorrido urbano por Murcia el Segura simula caudal mediante presas inflables que estancan una escasa lámina de agua, cuya limpieza se realiza ocasionalmente con desembalses al efecto. La relación más antigua: la defensa El emplazamiento de la ciudad de Murcia, en la márgen izquierda y sobre el lóbulo de un meandro del Segura, en un sector muy llano donde en principio se aprovecha la mota o reborde de la margen del río para conseguir la máxima altitud posible respecto al lecho, tiene dos efectos inmediatos: es un territorio fácilmente inundable y el espacio de desarrollo urbano resulta bastante reducido al tratarse de un meandro próximo al estrangulamiento. La relación de la ciudad con su río pivota, por tanto, desde el primer momento sobre tres aspectos fundamentales: conseguir seguridad frente a las periódicas avenidas del Segura, conseguir espacio para extenderse y facilitar el cruce del cauce. Murallas circundando el recinto urbano, sistema de desagües, muro de defensa frente al río (Malecón) y corta de meandros para que el agua circule con rapidez son los elementos defensivos más antiguos y permanentes frente al problema de las inundaciones. También la corta de meandros se utilizará para favorecer la expansión urbana a la vez que la existencia de puentes aparece documentada desde un primer momento. Durante largos años la ciudad de Murcia muestra un plano aproximadamente rectangular que se aleja en lo posible o se dota de defensas especiales en sus flancos perpendiculares al sentido de la corriente y sólo toma contacto directo con el cauce en el pequeño frente que discurre paralelo al río, con más o menos un kilómetro de longitud. Cincuenta hectáreas de recinto urbano musulmán, que no se superarán en mucho tiempo, donde el elemento fundamental de defensa frente a inundaciones es la muralla (García Antón, 1993) complementada en el frente aguas arriba directamente amenazado con el muro del Malecón, y facilitando el desagüe rápido aguas abajo mediante la corta del meandro de Condomina (s. XVII). Con sus elementos de protección, la ciudad de Murcia modifica la dinámica fluvial propia de un río de llanura con pendiente muy escasa en el ámbito inmediato al núcleo, tanto por la acción del muro del Malecón como por la misma muralla. Su papel de asentamiento de colonización impulsa, por otra parte, actuaciones de gran magnitud, como es la corta de meandros y el acondicionamiento del valle para el cultivo (Calvo, 1982). Con ser importantes estas cuestiones no son, sin embargo, comparables con la envergadura de las modificaciones que ha conllevado la reciente implantación del sistema de defensa contra inundaciones, al que más adelante se aludirá. La presencia del río, que el recinto urbano parece rehuir en lo posible, es sin embargo tiránica en muchos aspectos. Ante todo por la necesidad de manEspacios urbanos fluviales en zonas áridas: el Segura Doc. Anàl. Geogr. 31, 1997 107 DAG 31 103-116 25/11/97 17:04 Página 107 tener una compleja red de drenaje urbano (Val de la Lluvia, Val Hondillo, Riacho del Cigarral), pero mucho más por lo determinantes que, a efectos de la estructura urbana, resultan ser los numerosos cauces de riego de diversos tipos que sirven la huerta inmediata. Los cauces de Chorros, Zaraichico, Santiago, Casteliche, Nelva, Roncador, Nácar, Papel, Aljada, Caravija, San Diego y Belchí en el norte y Almohajar, Alfande y Condomina en el sur, acaban resultando decisivos en el trazado viario, de tal modo que desde el plano de la Murcia más antigua hasta el actual, la infraestructura de regadío viene determinando en distintos momentos las características del desarrollo urbano. Hasta el siglo XVIII el frente de la ciudad al río, formado por la muralla, no parece haber experimentado más cambio que algunas modificaciones de escasa importancia y, posteriormente de forma progresiva al perder su valor militar, la construcción de edificios que la incorporan. El caso de la otra ciudad de importancia en este tramo del Segura, Orihuela, resulta diferente. Emplazada también en la margen izquierda del río, desarrolla su caserío sobre la empinada ladera de la sierra de Orihuela, alejada en su mayor parte del peligro de inundaciones y cercada por un recinto amurallado que en su tramo inmediato al cauce cumple también funciones de protección frente al río, en particular mediante la llamativa atalaya de la torre de En Bergoñés (Franco, 1989). La ocupación de la ribera y la valorización del frente al río Las primeras reformas urbanas que tienen presente el río como elemento de primera importancia corresponden ya en la ciudad de Murcia al siglo XVIII. Diversas iniciativas, tanto en relación con la organización del caserío como con el propio cauce fluvial en su tramo urbano, se relacionan directamente con el inicio de una serie de acciones de defensa, tanto «próxima» como «remota», que buscan hacer más segura la ocupación del valle huertano. La reconstrucción de la muralla del Malecón ahora con revestimiento de piedra, el inicio de la canalización del río a impulsos del proyecto de Floridablanca, la continuación de la modificación del cauce mediante la corrección de meandros y la construcción del sólido puente diseñado por Martínez de la Vega y Bort tratan de proporcionar seguridad inmediata al casco urbano, cuyas murallas en gran parte englobadas en nuevas edificaciones ya no garantizan su tradicional papel de defensa. Más importantes aún son aquellas actuaciones sobre la cuenca que buscan paliar el peligro de inundaciones: proyecto del Reguerón que deriva lejos de la ciudad los caudales de crecida circulantes por el Segura procedentes del peligroso Guadalentín, beneficioso para la ciudad de Murcia pero que aumenta los problemas aguas abajo en Orihuela; la construcción de los primeros embalses en la cabecera de este último río e incluso el proyecto de derivarlo directamente al mar antes de su desembocadura en el Segura debido también al arquitecto Martínez de la Vega (Calvo, 1969; Mula y otros, 1982), elevan progresivamente el nivel de seguridad, o al menos permiten percibirlo así por parte de los habitantes de la cuenca, aunque esta situación se 108 Doc. Anàl. Geogr. 31, 1997 Francisco Calvo García-Tornel DAG 31 103-116 25/11/97 17:04 Página 108 vería brutalmente puesta en cuestión más tarde por la extraordinaria riada de Santa Teresa (1879). Comienza así a diseñarse un frente fluvial de la ciudad de Murcia caracterizado en su margen izquierda por la presencia de diversos edificios de cierto porte que sustituyen a la muralla y mantienen la tradición musulmana y medieval de concentrar los centros del poder urbano en este área. Por el contrario, la margen derecha permanece con uso fundamentalmente económico, se localizan en ella a lo largo de menos de kilómetro y medio cuarenta y nueve molinos harineros. No es de extrañar por ello que las primeras iniciativas urbanizadoras de interés se localicen en la margen izquierda, en tanto que los proyectos que afectan al incipiente núcleo de poblamiento que se está desarrollando al otro lado del río no afectan a su margen. A partir de las iniciativas del obispo don Juan Mateo López respecto a la dignificación del entorno de la catedral y la urbanización del Arenal, en el frente fluvial aparece el núcleo inicial de una «cornisa monumental sobre el río» (Gutierrez-Cortines, Hernández, 1983, p. 71) al instalar «una de las cosas más insignes y vistosas [...] al reducir dicho sitio a un cuadrado perfecto y con dos nobilísimos prospectos», como indica el propio obispo Mateo en referencia al espacio que a modo de gran plaza abierta al río quedaba entre la galería saliente posterior del palacio episcopal (cuya fachada miraba a la también nueva plaza de la catedral) y el edificio de la Inquisición (Rosselló, Cano, 1975). Un amplio paseo separaba este frente urbano de la margen fluvial, protegida posteriormente por tramos de sillería según el proyecto de Floridablanca, en tanto que la ribera opuesta no sufre modificaciones, puesto que el diseño de la plaza de Camachos-Alameda queda ya alejado del río y tiene un carácter integrado en la adecuación de los accesos a la ciudad. En el último tercio del siglo XVIII la «Vista occidental de la ciudad de Murcia» que incluye Espinalt en su «Atlante» (Espinalt, 1778), muestra dentro de su esquematismo, un frente al río bastante urbanizado y no carente de estética. Muy al contrario de lo que ocurre en la coetánea «Vista meridional de la ciudad de Orihuela» incluida en la misma obra, donde el caserío se apiña junto al río cuyo cauce no aparece mínimamente acondicionado. El siglo XIX marca el inicio en el Segura de una política fluvial a nivel de cuenca, que sin duda había tenido importantísimos precedentes, no exenta de graves crisis como la rotura del embalse de Puentes sobre el Guadalentín (1802) y la «inundación de Santa Teresa», ya aludida. Ambos eventos, que encuadran la centuria, son de gran transcendencia para la política hidráulica española y también en otros países (Gil Olcina, 1986; Calvo, 1969). La ciudad de Murcia derriba sus murallas y se prosigue el acondicionamiento del frente fluvial contruyendo un paseo y reparando el muro del río, de manera que en el cuarto decenio del siglo la ciudad contaba en este sector con una «extensa explanada en cuyo centro hay una bonita glorieta o paseo y por sus costados corre una línea de edificios notables de este a oeste» (Madoz, 1845-50, p. 161). Por el contrario, la margen derecha apenas se ha retocado y continúa flanqueada de molinos y muy escasamente edificada junto al río, como muesEspacios urbanos fluviales en zonas áridas: el Segura Doc. Anàl. Geogr. 31, 1997 109 DAG 31 103-116 25/11/97 17:04 Página 109 tran tanto el plano de Juan Ibáñez (1837, Archivo Municipal de Murcia) como el de Pedro García Faria al final del siglo (1896, Archivo Municipal de Murcia). La construcción de un segundo puente (Puente Nuevo o de Hierro), puesto en servicio en 1902 aguas abajo del primitivo, encuadra definitivamente un frente urbano fluvial donde los edificos públicos preexistentes se mantienen (palacio del Obispo), se remodelan (casas consistoriales a partir de 1848, colegios, seminario e instituto tras la Desamortización) y se completan a lo largo de los primeros años del siglo XX con la construcción de los edificios de Convalecencia (1910), Cuartel de Garay (1907-28), Audiencia (1907) y Mercado de Verónicas (1930). Ya a partir de la mitad del siglo, en este «centro cívico principal» (Cort, 1932, p. 95) se instalarán, completando la «continuada línea de nobles edificios» (Tormo, 1923, p. 339) que se concretan en una auténtica escenografía del poder, la Diputación Provincial, el Gobierno Civil y el nuevo Palacio de Justicia, cuya construcción permite recuperar el noble edificio del antiguo Almudí donde con anterioridad se ubicaba la Audiencia, y destinarlo a un uso cultural. En el primer tercio del siglo XX, la ciudad de Murcia ha conseguido dotarse de una fachada fluvial, con poco más de un kilómetro de longitud, que establece un interesante contacto entre la ciudad y el río modulado en tres niveles, y con notables valores estéticos tanto en sus mumerosos edificios singulares como en la armonía de su combinación con los espacios libres y el descenso al río. Consta el conjunto en primer lugar de un frente edificado, alineado en alturas y que consigue diversas plazas o espacios libres mediante el retranqueo de edificios, aunque la línea más exterior de éstos resulta prácticamente recta. Se trata en general de edificios de gran porte, tanto los muy numerosos de carácter público como las viviendas. El segundo elemento es una vía de circulación amplia y arbolada que enlaza el inicio del muro del Malecón (sobre el que existe un paseo desde el siglo XVIII) hacia el oeste con los dos puentes sobre el río. Caminando en este sentido, a la izquierda quedan el conjunto de edificios y espacios libres y a la derecha el muro sobre el río. Por último, a un nivel inferior, a la altura del cauce pero dotado de varios accesos, un amplio parque, el de Ruiz Hidalgo inaugurado en 1908, que acaba directamente sobre el agua. La mejor descripción y representación de este tramo urbano corresponde a Elías Tormo (Tormo, 1923, p. 337-339 y plano), donde se advierten con claridad los distintos paisajes de ambas márgenes del Segura, la izquierda, «representativa» como ya se ha indicado, y la derecha, donde molinos, mercado de ganados y matadero conforman un frente mucho menos extenso y de carácter industrioso. Aguas abajo de Murcia en la ciudad de Orihuela no encontramos una actuación similar (Canales, 1993). Las edificaciones ocupan el antiguo recinto amurallado disponiéndose inmediatas al río en su margen izquierda, en tanto que el arrabal situado en la ribera opuesta, cuyo desarrollo corresponde ya a los siglos XIX y XX, sigue un modelo similar, de tal modo que la preocupación principal de las autoridades oriolanas acaba siendo tratar de ensanchar un cauce 110 Doc. Anàl. Geogr. 31, 1997 Francisco Calvo García-Tornel DAG 31 103-116 25/11/97 17:04 Página 110 comprimido por el desarrollo urbano, donde con frecuencia las aguas producen daños importantes en el caserío. El resto de núcleos que se emplazan próximos al Segura en este tramo final no tienen en estos años carácter urbano, por lo que no se plantean en ellos este tipo de cuestiones. La búsqueda de una solución definitiva A lo largo de la primera parte del siglo XX los diversos planes urbanos que se redactan sobre la ciudad de Murcia (García Faria, César Cort, José Bellver y Gaspar Blein) apenas afectan a la fachada fluvial, excepto en la repetida propuesta de flanquear el río de zonas verdes en las ampliaciones urbanas proyectadas aguas arriba y abajo del frente edificado en ambas márgenes. En 1961, la Oficina Técnica Municipal redacta un plan general de ordenación de Murcia con el que hay que relacionar el simultáneo proyecto de urbanización y ornato de la margen del río. Desaparece con esta iniciativa el parque de Ruiz Hidalgo al canalizar el Segura y elevar el terreno hasta la altura del paseo, con lo que éste se dota de cierta amplitud y queda flanqueado por un espacio más o menos triangular ajardinado, que aleja a lo largo de unos 250 metros el frente urbano del río. A partir de la plaza de la Cruz Roja (a la que desemboca el Puente Nuevo) se continúa esta via flanqueando estrictamente el cauce ahora canalizado. En la margen derecha, también canalizada pero respetando algunos restos de los antiguos molinos, se establece una vía de circulación junto al río que, sin transición, se dota pronto de un frente edificado con doce alturas hasta el extremo opuesto del Puente Nuevo. Este mismo modelo se seguirá más tarde, aunque con una mayor anchura en la calzada (doble vía), menor altura y mayor separación entre edificios en la continuación sobre la antigua carretera hacia Beniaján. La tónica ahora predominante es despejar al máximo el cauce fluvial, para lo cual también se hacen desaparecer algunas isletas, y canalizarlo. Algo similar ocurre en Orihuela, donde los viejos proyectos de ampliar el cauce y desviar el azarbe de las Lavanderas, periódicamente resucitados pero difíciles de ejecutar, son también una muestra del predominio que la búsqueda de seguridad ante inundaciones va adquiriendo progresivamente. Una etapa de cambios espectaculares se inicia a partir del Real Decreto Ley 4/1987, que supone la culminación de los numerosos intentos de establecer un sistema de defensa contra inundaciones a escala de la cuenca del Segura, abordados con mayor o menor intensidad desde la riada de 1879 y sus amplias consecuencias. A nuestros efectos, el aspecto más interesante de este Plan de Defensa contra Avenidas en la Cuenca del Río Segura es el encauzamiento del río desde la presa de la Contraparada aguas arriba de Murcia hasta su desembocadura en Guardamar, es decir en una longitud total de 88 kilómetros, que se concluye en 1994. Encauzamiento y modificación del trazado fluvial mediante la corta de meandros suponen la reducción de la longitud del cauce en un 26’1 por ciento y el dotarlo de una capacidad uniforme para 400 m3/seg. La transcendenEspacios urbanos fluviales en zonas áridas: el Segura Doc. Anàl. Geogr. 31, 1997 111 DAG 31 103-116 25/11/97 17:04 Página 111