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El servicio doméstico desde las pioneras científicas sociales más allá de "una industria atrasada"

García-Dauder, Dau

Abstract

A partir del análisis de dos publicaciones de Jane Addams sobre el empleo doméstico (como una “industria atrasada” que requiere “ajuste”), en este artículo abordamos la producción teórica de científicas sociales de finales del XIX y principios del XX sobre las relaciones laborales desde una perspectiva de género y, en particular, sobre el “problema de las sirvientas.” A través de ello, exponemos la particular filosofía y epistemología de Addams y su defensa de una “ética social” por encima del “imperativo familiar.” Las tesis de Addams son comparadas con las de otras teóricas sociales de la época que introdujeron “lo político, lo económico y lo social” en el hogar: las contribuciones de Jessie Taft desde el interaccionismo simbólico sobre la necesaria conciencia social de las mujeres como motor de cambio ante el conflicto subjetivo entre aspiraciones y oportunidades; los análisis sexo-económicos de Charlotte Perkins Gilman o las condiciones de la “democracia en el hogar” de Lucy Salmon. Terminamos con el cuerpo de conocimiento generado a finales del XIX sobre la “cuestión del servicio doméstico,” particularmente a partir del texto clásico de referencia, Domestic service de Salmon (1897), e investigaciones posteriores sobre las empleadas domésticas negras. Concluimos, con ello, con las limitaciones del “punto de vista feminista” cuando no estaba atravesado por la conciencia de clase y de opresión racial.

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European Journal of Pragmatism and American Philosophy XIII-2 | 2021 PragmatistEthics:TheoryandPractice El servicio doméstico desde las pioneras científicas sociales más allá de “una industria atrasada” DauGarcíaDauder Ediciónelectrónica URL: https://journals.openedition.org/ejpap/2612 DOI: 10.4000/ejpap.2612 ISSN: 2036-4091 Editor Associazione Pragma Referenciaelectrónica Dau García Dauder, “El servicio doméstico desde las pioneras científicas sociales más allá de “una industria atrasada””, European Journal of Pragmatism and American Philosophy [Online], XIII-2 | 2021, Online since 20 December 2021, connection on 07 October 2022. URL: http://journals.openedition.org/ ejpap/2612 ; DOI: https://doi.org/10.4000/ejpap.2612 Este documento fue generado automáticamente el 7 octubre 2022. Creative Commons - Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International - CC BY-NC-ND 4.0 https://creativecommons.org/licenses/by-nc-nd/4.0/ El servicio doméstico desde las pioneras científicas sociales más allá de “una industria atrasada” Dau García Dauder Introducción 1 Jane Addams, teórica social, miembro y líder carismática de la llamada Escuela Sociológica de Chicago de Mujeres y fundadora de la Hull-House, publicó diferentes artículos y textos de análisis sobre la reorganización laboral de cambio de siglo XIX-XX. Es importante visibilizar a estas pioneras científicas sociales, tanto individualmente, como de forma colectiva, como una “escuela” con una particular epistemología pragmatista y de análisis crítico feminista; rescatar del olvido sus investigaciones empíricas sobre la situación y necesidades de las mujeres de la época, con el objetivo claro de la transformación social (Deegan 1991, 2000; Lengermann & Niebrugge 1998). Ya hemos señalado en otro lugar las contribuciones de las científicas sociales de la Escuela de Chicago al ámbito de las relaciones laborales: sus contribuciones teóricas y estadísticas sobre condiciones laborales de explotación de mujeres, niños y migrantes como medida de presión para cambios legislativos; sus trabajos etnográficos sobre diferentes empleos de mujeres; como inspectoras de fábricas y de salud laboral; como mediadoras en conflictos; el papel de centros sociales como la Hull-House como sedes de sindicatos y en el movimiento laboral, etc. (García-Dauder 2010; García-Dauder & Pérez-Sedeño 2015). En este artículo nos vamos a centrar, particularmente, en sus investigaciones y teorías sobre el empleo doméstico, la llamada “cuestión de las sirvientas,” en un contexto teórico más amplio sobre la segregación sexual de esferas con la industrialización, entre un ámbito público-productivo (masculinizado) y la relegación de las mujeres (burguesas) al espacio doméstico-reproductivo y las tareas del hogar. Como consecuencia de la infravaloración de este último, el empleo doméstico remunerado se veía expuesto a condiciones de explotación no reguladas y al estigma El servicio doméstico desde las pioneras científicas sociales más allá de “un... European Journal of Pragmatism and American Philosophy, XIII-2 | 2021 1 social, “retrasado” respecto a otros empleos industriales y “poco ajustado” a las nuevas condiciones laborales. 2 Para ello, nos vamos a centrar, en primer lugar, en las aportaciones de Jane Addams al análisis del empleo doméstico como “industria atrasada” como ella misma lo denominó. En concreto, vamos a abordar dos de sus textos sobre el empleo doméstico: “Una industria atrasada” (A belated industry) publicado en la American Journal of Sociology en 1896 (el primer artículo publicado por una mujer en dicha revista, en el primer volumen) y “Ajuste del hogar” (Household adjustment), un capítulo de su libro Democracy and Social Ethics de 1902. A través de ello, pretendemos exponer su particular filosofía y epistemología y su defensa de una “ética social” por encima del “imperativo familiar.” En segundo lugar, ponemos en diálogo el trabajo de Addams con otras teóricas sociales de la época que introdujeron “lo político, lo económico y lo social” en el hogar: las contribuciones de Jessie Taft desde el interaccionismo simbólico sobre la necesaria conciencia social de las mujeres como motor de cambio ante el conflicto subjetivo entre aspiraciones y oportunidades; los análisis sexo-económicos de Charlotte Perkins Gilman o las condiciones de la “democracia en el hogar” de Lucy Salmon. Terminamos con el cuerpo de conocimiento generado a finales del XIX sobre la “cuestión del servicio doméstico,” particularmente a partir del texto clásico de referencia, Domestic service de Salmon (1897) e investigaciones posteriores sobre las empleadas domésticas negras. Concluimos, con ello, con las limitaciones del “punto de vista feminista” cuando no estaba atravesado por la conciencia de clase y de opresión racial. Una “industria atrasada” que requiere “ajuste” Alcanzar la moralidad individual en una época que exige moralidad social, enorgullecerse de los resultados del esfuerzo personal cuando el momento exige un ajuste social, es no comprender absolutamente la situación. (Jane Addams 1902) 3 Como residente de la Hull House y vecina de un barrio con población migrante, y a través de su Oficina Laboral de Mujeres (la Woman’s Labor Bureau), Addams pudo conversar con chicas (generalmente solteras y jóvenes) que habían abandonado voluntariamente el servicio doméstico para trabajar en las fábricas. A través de ello, Addams tuvo conciencia del problema social del empleo doméstico, “la cuestión de las sirvientas,” en la medida en que “impedía las demandas éticas” de los nuevos tiempos. Desde su visión pragmatista, como con otros temas, sintió el compromiso de explicarlo y, en la medida de lo posible, sugerir remedios o soluciones para un mejor “ajuste.” 4 En “Una industria atrasada,” Addams recoge las experiencias relatadas por estas ex trabajadoras domésticas, y compara (como lo hará Lucy Salmon y otros trabajos posteriores) los dos tipos de empleo disponibles para las jóvenes “poco cualificadas” en el Chicago de finales del XIX: el servicio doméstico y la fábrica. Con ello, explicaba el abandono progresivo del primero y el desplazamiento de estas mujeres hacia el segundo. Un tema que será retomado desde una perspectiva muy similar en “Household Adjustment,” uno de los capítulos de su libro Democracy and Social Ethics (1902). 5 En ambos textos, Addams (1896, 1902) sostenía que los cambios de la revolución industrial no habían afectado a esta “industria retrasada,” que seguía rigiéndose por El servicio doméstico desde las pioneras científicas sociales más allá de “un... European Journal of Pragmatism and American Philosophy, XIII-2 | 2021 2 concepciones morales y nociones de deber feudales herederas del sistema doméstico previo: se trataba de trabajadoras aisladas (sin criterios de referencia de lo justoinjusto, ni apoyo de compañeras), dependientes de la protección y buena voluntad de sus empleadoras (aisladas laboral y socialmente), y que apenas compartían la vida corporativa de la comunidad. Señalaba que el propio lenguaje utilizado, con términos como “sirvientas-criadas” o “señoras-amas,” reflejaba lo arcaico de este tipo de relaciones. 6 Abriendo una línea de investigación que luego seguirán otras autoras, Addams compara las condiciones laborales del empleo doméstico con las de la fábrica en términos de horas, estabilidad en el empleo, salario y ventajas para la vida social y familiar. Según sus conclusiones, el servicio doméstico estaba aparentemente mejor pagado y era más estable, pero el trabajo en las fábricas representaba una mejor opción social, ya que ofrecía mayores oportunidades de socialización y ocio y la trabajadora tenía un mayor control sobre su tiempo. Addams enfatizaba las dificultades de las empleadas domésticas para disfrutar de su vida familiar debido a su alta dependencia con las empleadoras (cuanto más familiares fueran estas, menos lo podrían ser ellas). Lo cual, concluía, era “antidemocrático,” al hacer “una distinción entre el valor de la vida familiar para un grupo de personas frente a otro” (1902). 7 En ambos textos, Addams desarrolla su teoría de la ética social e intenta posicionarse como intérprete inter-clases (Knight 2005). La autora describe el cambio histórico en las relaciones laborales y de género que implicó el paso de un modelo donde las mujeres tenían el control total de la fabricación de muchos productos básicos, a un modelo fabril donde se producían de forma externa en el comercio. Ello vino acompañado de “un código deontológico en relación con la conducta de la mujer,” donde “sus deberes se limitaron lógica y cuidadosamente a su propio círculo familiar,” de tal forma que “el código de ética familiar se estableció en su mente con tanta firmeza que excluía cualquier noción de esfuerzo social” (Addams 1902). 8 En este contexto de cambio, las viejas ideas éticas, paternalistas e individualistas, podían bloquear el progreso; debían evolucionar hacia nuevas formas de ética social más democráticas y ajustadas a los nuevos tiempos. Así, la relación empleadoraempleada domésticas, regida por “códigos individuales y familiares,” se resistía a responder a una ética y conciencia social más amplias. La externalización industrial de muchas de las actividades que hacían las mujeres en el hogar no había venido acompañada de la responsabilidad social hacia las mismas: no importa si las ropas, elaboradas ahora fuera del espacio doméstico, estaban hechas bajo condiciones de explotación laboral o falta de higiene. El código de la ética familiar no implicaba ningún esfuerzo social. Ante ello, tanto Addams como las científicas sociales de la Escuela de Chicago no cesaron en apelar a esta ética social que implicaba, entre otras cosas, la comprensión de las relaciones trabajo-consumo; el trabajo de Florence Kelley (1899) y la Liga Nacional de Consumidores, con sus etiquetas de calidad a aquellos productos realizados en condiciones laborales dignas y salubres, sorprende a este respecto por su actualidad. 9 Junto a ello, Addams criticaba cómo la cocina se situaba como reducto sagrado del hogar (su elaboración “casera” por parte de la empleada), con el objeto de preservar la vida familiar, manteniendo viejos métodos y no introduciendo los cambios industriales. En este punto, denunciaba directamente el egoísmo de su propia clase y, de forma irónica, interpelaba a las empleadoras afirmando que no se “les caerían los anillos” si El servicio doméstico desde las pioneras científicas sociales más allá de “un... European Journal of Pragmatism and American Philosophy, XIII-2 | 2021 3 realizaran tareas del hogar, compraran comida preparada y fueran ellas mismas las que lo sirvieran (Addams 1896). Criticaba así la “actitud servil” y la relación de servicio personal con la empleadora, en su misma casa, que aislaba a la chica trabajadora de su entorno y que difería de la de los trabajadores varones “cualificados”: “no hay ninguna razón por la que la mujer que limpia las ventanas en un domicilio particular no deba tener una vida familiar y social tan amplia como la del hombre que se encarga de la limpieza de las ventanas en una oficina” (ibid.: 541). 10 Las consecuencias de este aislamiento social y familiar de las “sirvientas” eran dobles: para la industria, porque no se profesionalizaba, quedaba “atrasada,” al no compartir las trabajadoras conocimientos y técnicas; pero las más importantes eran las personales, el sentimiento de soledad “antinatural” de la propia trabajadora que, como nos señalaba Addams a pie de página, hasta le cambiaba la voz como efecto de las “habilidades” demandadas para ella: “entre el falsete con el que un niño tímido recita un poema, y el sonido gutural propio de cuando se siente un nudo en la garganta” (ibid.: 548). En resumen, para la autora, la ética que prevalecía en este tipo de relación laboral era claramente personal y antisocial, y daba como resultado el aislamiento de la empleada: “incluso en hogares comparativamente humildes, todavía hay una extraña (alien), una que ni es amada ni ama” (Addams 1902). 11 Respecto al “puente inter-clases,” forma parte de la epistemología de Addams, partir de pequeñas historias desde lo cotidiano, para representar diferentes miradas e intentar llegar a una solución cooperativa (Knight 2005). En otros trabajos, se había referido al family claim en las hijas de familias prósperas, ahora afirmaba que el imperativo familiar también recaía en las chicas de clase trabajadora. Pero en este caso, no lo utilizaba para demandarles una mayor conciencia social, sino para provocar la empatía por parte de sus empleadoras, a las que sí les pedía que priorizasen la ética socio-comunitaria frente al egoísmo individualista de la ética familiar. En “Una industria atrasada,” Addams se dirigía a mujeres y hombres de clase media-alta que probablemente tuvieran contratada a alguna empleada doméstica y que no veían “el hogar en su aspecto social” (1902). Sin juzgarles, les invitaba a ver el mundo desde el punto de vista de las sirvientas, intentando despertar su empatía y solidaridad. Comenzaba señalando las quejas de las “señoras” respecto al poco tiempo de permanencia de las chicas en los trabajos, con la sensación de abandono e ingratitud después de haberlas ofrecido, desde su punto de vista, un entorno placentero y agradable. No obstante, señalaba también cómo la “integridad familiar” de las empleadoras podía derivar en “tiranía de clase” por su falta de conciencia, dada su posición social: Demasiadas empleadoras del servicio doméstico han estado exentas del trabajo manual y, por lo tanto, imponen constantemente deberes exigentes a las empleadas, cuya naturaleza no comprenden por experiencia; por lo tanto, no hay freno de racionalidad impuesto a los requisitos y demandas de la empleadora. […] También existe otra clase de empleadoras del trabajo doméstico, que se vuelven caprichosas y exigentes por pura falta de intereses más amplios que ocupen sus mentes. (Addams 1902) 12 Más allá de salarios o estabilidad, Addams exponía la principal desventaja del trabajo doméstico: las funciones no estaban claramente definidas, requería que las chicas vivieran fuera de sus casas, trabajaran por las tardes e incluso algunos domingos, lo que limitaba su vida familiar y social y el control sobre su tiempo. Apelando en este caso al “imperativo familiar,” Addams intentaba construir este “puente” o “solidaridad” entre mujeres de clases diferentes; advertía que estas chicas, al igual que las mujeres El servicio doméstico desde las pioneras científicas sociales más allá de “un... European Journal of Pragmatism and American Philosophy, XIII-2 | 2021 4 acomodadas, también estaban sujetas al mismo y por eso era normal que estuviesen deseando irse con su gente, en sus hogares y barrios (por muchas comodidades que les ofrecieran). 13 Colocada desde una posición de autoridad, como intérprete inter-clases, Addams no siempre era consciente de su propia subjetividad de clase en sus interpretaciones (por ejemplo, cuando se refería a las chicas del servicio doméstico como dull, poco avispadas o despiertas, sin utilizar los mismos adjetivos a “señoras” o mujeres pudientes con escasa formación también). Pensaba que “su educación avanzada le permitía poner un pie fuera de la perspectiva de su propia clase y adoptar una visión universal” (Knight 2005: 273). A pesar de estos momentos donde se evidenciaba su posición elitista, y a diferencia de otras autoras como Lucy Salmon o la propia Charlotte Perkins Gilman, sí se esforzó en adoptar y respetar el punto de vista de las empleadas domésticas, atendiendo a sus condiciones y con vistas a producir mejoras sociales en su situación. De hecho, en varias ocasiones instaba a las reformadoras a abandonar “su estándar burgués” y los prejuicios derivados de las convenciones de su clase para entender mejor la cultura y las decisiones de las trabajadoras (Addams 1902). 14 Por último, junto a la defensa de la ética social y su posición de intérprete inter-clases, insistió en el poder de combinar: las empleadas domésticas “no han descubierto el poder de combinar y el poder de crear una organización bajo las condiciones cambiantes del nuevo orden industrial” (Addams 1896: 536). El empleo doméstico no solo implicaba aislamiento familiar y social, también, industrial. “La empleada doméstica no tiene la oportunidad habitual de conocer a otros trabajadores de su oficio y de alcanzar con ellos la dignidad de una persona jurídica” (Addams 1902). Addams retoma la necesidad de crear organización social, como deber moral y como estrategia de supervivencia, frente a la indefensión que produce el aislamiento, el cual considera un crimen social. Como desarrolló en “Los sindicatos y el deber público” (Addams 1899), el mejor exponente de este poder colectivo de organización son los sindicatos. Addams comparaba el aislamiento de la empleada doméstica con las condiciones de las trabajadoras de la confección en los talleres clandestinos, en el sweating system, y con los campesinos. Si un capataz enojado reprende a una chica por romper una máquina, otras veinte chicas lo escuchan y el culpable conoce perfectamente su opinión sobre la justicia o injusticia de su situación. En cualquier caso, lo soporta mejor por saberlo y no pensarlo en soledad. Si una empleada doméstica rompe un utensilio o un trozo de porcelana y es reprendida por su empleadora, con demasiada frecuencia el jurado invisible es la familia de esta última, que naturalmente defiende su posición de censura e intensifica el sentimiento de soledad en la empleada. (Addams 1902) 15 Por el propio carácter “doméstico” de este tipo de empleo, resultaba difícil implementar las medidas que, tanto Addams como las reformadoras de la época, proponían para la reforma laboral en otras ocupaciones: la regularización legislativa, la elaboración de informes, la inspección o los propios sindicatos. Finalmente, sus recomendaciones se concretaban en una mayor profesionalización del empleo doméstico, mediante una mayor formación y asociación entre sus trabajadoras; favorecer una mayor vida social y comunitaria de las mismas frente a su aislamiento (que las empleadas vivieran con sus propias familias o, en caso contrario, la creación de clubes de residencia); y, fundamentalmente, que las empleadoras sustituyeran, como guía de actuación, su ética familiar (elitista y egoísta) por una ética social más amplia. El servicio doméstico desde las pioneras científicas sociales más allá de “un... European Journal of Pragmatism and American Philosophy, XIII-2 | 2021 5 16 Para la autora, una creciente democracia implicaba la eliminación por completo del servicio personal: “la noción de servicio personal se vuelve cada vez más desagradable y está en conflicto, como lo hace, con la noción más moderna de dignidad personal” (Addams 1902). Las recomendaciones de “ajuste” de Addams coincidían, como veremos, con las de otras teóricas sociales de la época, influidas por la “racionalización científica del trabajo”: mayor profesionalización del empleo doméstico y mayor externalización a las fábricas de la producción de productos utilizados en los hogares. No obstante, a diferencia de Lucy Salmon, Addams se esforzó por adoptar una mirada desde el punto de vista de las “sirvientas” y apelar a una ética social más amplia de las empleadoras. Aunque no abandonaba su “principio de cooperación” (lo cual, a veces, le hacía desatender las diferencias de poder entre las partes), sí nombró cómo la progresiva “deserción en las filas de las domésticas” podría ser interpretada como signo de rebelión contra una “esclavitud inconsciente” (Addams 1902). Conciencia social ante los cambios en los modos de producción y familiares ¿Se debería dar a la mujer un lugar en la política? La mujer está en la política; ningún poder bajo el sol puede echarla. Estamos ahora comenzando a reconocer más y más claramente que el trabajo que hacemos, las condiciones de ese trabajo, las casas en las cuales vivimos, el agua que bebemos, la comida que comemos, las oportunidades de educar a nuestros hijos, que de hecho el área completa de nuestra vida diaria debería constituir política. No existe línea donde la vida de la casa termine y la vida de la ciudad comience. No existe un muro entre mi vida privada y mi vida pública. (Follett 1918: 202) 17 Utilizamos los trabajos de Jane Addams sobre el empleo doméstico como excusa para visibilizar cómo las científicas sociales de cambio de siglo introdujeron el análisis político en el hogar, anticipando en cierto modo el feminismo radical de los 70 y “lo personal es político.” Junto a ello, a diferencia de sus compañeros, realizaron un análisis más consciente de género de cómo los cambios industriales estaban afectando a las mujeres, produciendo “desajustes.” Al igual que Mary Parker Follett llevaba la política a la “vida diaria,” las científicas de Chicago enfatizaron la necesidad de una mayor ética y conciencia social que no desvinculara lo público de lo privado, las condiciones de producción y las de consumo; y, al mismo tiempo, denunciaron el “desajuste” en la mujer moderna que implicaba ser relegada exclusivamente al espacio domésticoreproductivo con sus normas de deber feudal, sin ningún control sobre la vida pública. 18 A continuación, ponemos en diálogo el trabajo de Addams con otra pensadora social formada en Chicago con George Mead, Jessie Taft. Desde el interaccionismo simbólico, Taft analizó en su tesis doctoral los cambios en las relaciones laborales con el cambio de siglo y cómo afectaron particularmente a las mujeres. Posteriormente, recogemos los análisis sexo-económicos de Charlotte Perkins Gilman sobre el trabajo doméstico y la contribución teórica de Lucy Salmon sobre los obstáculos para que la democracia entrara en el hogar. 19 En contraste con la mayoría de análisis sociológicos tradicionales, “neutros y universales,” que narran los cambios acontecidos desde los modelos de producción gremiales y domésticos al modelo industrial, Jesie Taft (1915) describió en su tesis doctoral, The Woman’s Movement from the Point of View of Social Consciousness, lo que significaron dichos cambios en las relaciones sociales para mujeres y varones de la El servicio doméstico desde las pioneras científicas sociales más allá de “un... European Journal of Pragmatism and American Philosophy, XIII-2 | 2021 6 época. En concreto, describió cómo se pretendía conservar un modelo familiar feudal e individualista, como “unidad egocéntrica,” cuando el control sobre sus actividades se estaba desplazando cada vez más hacia el exterior, hacia la producción fabril. Y cómo ello afectaba a “la mujer moderna”: ¿Cómo se parece la mujer feudal a la mujer moderna en la casa? Se supone que no existe diferencia a excepción de que producir es sustituido por consumir. Pero sólo este cambio provoca la diferencia fundamental de conectar a la mujer moderna con un nuevo mundo de producción, incrementándose infinitamente sus relaciones con instituciones externas, y al mismo tiempo privándola de cualquier control efectivo sobre sus propias acciones. ¿Cómo puede una mujer individual ejercer control esencial alguno sobre el consumo mientras la producción está en el poder de un vasto sistema administrado colectivamente? Es inútil pedir a las mujeres que se esfuercen por expresarse a ellas mismas a través de su trabajo como consumidoras, en la medida en que permanecen aisladas fuera del sistema en el que la producción tiene lugar y sin la técnica a través de la cual es controlado. (Taft 1915) 20 Influida por Jane Addams y su demanda de una “ética social,” Taft criticó también el individualismo “doméstico,” enfatizando la necesidad de cambios de conciencia social en las mujeres, acordes con las nuevas y complejas relaciones sociales introducidas con la industrialización. “Está comprando para su familia y en ese sentido lo que hace tiene significado para ella, pero es bastante inconsciente de que su acción es social también en su efecto sobre el productor, el intermediario, y otros consumidores” (Taft 1915). 21 Producto de la segregación sexual de esferas, Taft analizaba cómo el conservadurismo familiar relegaba a la “mujer moderna” – “la dama de la caballerosidad” – a una pasividad desajustada socialmente e insostenible subjetivamente: “Pasividad es la clave característica de su existencia, debido a que la sociedad se ha esforzado por mantener la forma del hogar y de la mujer en él como si estuvieran en la Edad Media incluso después de la transformación acaecida con la revolución industrial” (Taft 1915). 22 Siguiendo a Mead y desde una perspectiva hegeliana, para Taft la reforma sólo se conseguiría cuando se desarrollasen yoes complejos conscientes del carácter social de las nuevas relaciones abstractas y despersonalizadas desarrolladas con la industrialización moderna. En el caso de las mujeres, ello implicaba no solo el desarrollo de una “técnica social” (que se podría entender como una mayor profesionalización de lo doméstico), sino de una mayor “conciencia social y un yo socializado” y, sobre todo, un mayor control y participación sobre la vida social, laboral y política: La mujer en la casa, igual que el varón en el mundo, no posee un yo consciente construido en referencia a todas las relaciones sociales por las cuales está afectada y a través de las cuales afecta a su vez a la sociedad. La principal diferencia es que el varón sí tiene algún control en la medida en que ha aprendido el poder de la organización y la cooperación y puede expresarse a través del voto, mientras que la mujer, incluso si se volviera socialmente consciente, estaría a merced de la máquina hasta que haya adquirido métodos modernos de expresión. En la parte formal, la mujer carece de técnica social; en la parte de contenido, carece de un yo socializado. (Taft 1915) 23 Frente a posiciones vinculadas al marxismo – como la de la socióloga Charlotte Perkins Gilman – que enfatizaban la independencia económica como base de la liberación de las mujeres, Jessie Taft sostenía que los problemas de las mujeres no eran sólo políticos o económicos sino fundamentalmente psicosociales, “de conciencia social.” Defendía un cambio en la situación “material” de las mujeres, pero también creía que los cambios más profundos no llegarían desde reformas legislativas, sino mucho más despacio, a El servicio doméstico desde las pioneras científicas sociales más allá de “un... European Journal of Pragmatism and American Philosophy, XIII-2 | 2021 7 través de cambios en actitudes y la experimentación con nuevos roles sociales (Rosenberg 1982). Del mismo modo que el gran movimiento de los trabajadores está tratando de llevar al trabajador la conciencia de sus necesidades y posibilidades, y a la sociedad la conciencia de las ventajas del trabajo consciente, igualmente el movimiento de la mujer tiene ante sí una doble tarea: primero, hacer conscientes a las mujeres de sus relaciones con un orden social; segundo, mostrar a la sociedad su necesidad de una mujer (womanhood) consciente. (Taft 1915) 24 Lo interesante de esta pensadora social (primero filósofa y luego trabajadora social) fue que situó el conflicto psicológico de las mujeres, ante un nuevo orden industrial despersonalizado e individualista y sus deseos de emancipación frustrados por la moral victoriana de la segregación sexual de esferas, como motor de progreso social y acicate de la emergencia del movimiento de las mujeres (García-Dauder 2009; Seigfried 1993). Relaciones sexo-económicas y democracia en el hogar 25 En Mujeres y Economía (2011 [1898]), Charlotte Perkins Gilman ya había denunciado la división sexual del trabajo y la opresión y dependencia económica de las mujeres respecto de los hombres (que las hacía “menos humanas”). No solo desmitificó el papel “natural” de la madre o esposa en la familia, sino que reivindicó el valor económico del trabajo no remunerado realizado por las mujeres en los espacios domésticos: las mujeres son un factor de producción de riqueza al igual que sus maridos. Desde su planteamiento, el trabajo realizado por las mujeres en el hogar es un trabajo y tiene valor económico, ya que gracias a él los hombres pueden producir mayor riqueza. Frente a su devaluación, esta autora ya proponía algún tipo de remuneración que no convirtiera a las mujeres en dependientes de sus maridos. La comparación desventajosa de dicho trabajo (femenino) respecto al trabajo de mercado (realizado por los varones), le llevó a proponer la profesionalización de las tareas del hogar: limpieza, cuidado de niños, etc.; otras formas de vivienda con servicios compartidos; la incorporación de los hombres a las tareas domésticas; y el empleo de las mujeres para su independencia económica. 26 El pensamiento de Gilman, al igual que el de Olive Schreiner en Woman and labor, estuvo muy presente en los análisis de las científicas sociales de la época sobre la situación de las mujeres con los cambios industriales. Pero nos vamos a centrar aquí en el trabajo de otra autora menos conocida, Lucy Maynard Salmon, profesora de Historia en Vassar College. En 1912, escribió “La democracia en el hogar,” un artículo en la American Journal of Sociology donde analizaba las implicaciones de hablar de democracia, no solo en el terreno político, industrial o social, sino en el ámbito doméstico. Asumiendo, por tanto, que hoy democracia significa un sentimiento hacia los demás, que implica en el hogar el deseo de que todos sus miembros tengan iguales oportunidades, aunque no necesariamente las mismas, el reconocimiento de la capacidad y el deseo de crecimiento de todos sus miembros, y también del derecho de todos para el desarrollo normal, la pregunta que sigue es: ¿Qué condiciones prevalecen, o deberían prevalecer, en el hogar promedio, si ese hogar debe realizar la democracia perfecta? (Salmon 1912: 444) 27 Salmon entendía como “hogar promedio” aquel ubicado en una pequeña ciudad, compuesto por un matrimonio con hijos y dos empleados. Señalaba que, como tal, no se El servicio doméstico desde las pioneras científicas sociales más allá de “un... European Journal of Pragmatism and American Philosophy, XIII-2 | 2021 8 agencias de empleo que contrataban a estas mujeres. Señaló sus dificultades de independencia económica, y cómo el servicio doméstico se convertía en su única opción (Haynes 1923). 52 Isabel Eaton, por su parte, relacionó el estigma del servicio con el racismo: “les recuerda la degradación de los días de esclavitud” (1899: 467). Las sirvientas se quejaban de las “condiciones de esclavitud del servicio: cuartos pobres para vivir, falta de autonomía en el trabajo, violaciones sexuales por parte del propietario de la casa, racismo (tanto más crudo al ser vivido en la intimidad de la vida casera), bajos salarios, largas horas de trabajo, y la falta de tiempo de ocio ininterrumpido por deberes” (ibid.: 463). En un momento en que la socióloga Ida Wells-Barnett (1901) luchó de forma incansable, con sus escritos e investigaciones, frente a los linchamientos a hombres negros con la justificación del mito del violador negro, las propias empleadas domésticas negras estaban denunciando las violaciones, al interior de los hogares, por parte de padres o hijos propietarios blancos (Apthecker 1977). La diferencia es que su punto de vista no era escuchado (no encontraban solidaridad ni en sus “señoras” ni en las reformadoras blancas) y, si denunciaban, el propio racismo de la justicia podría ir en su contra (sus maridos eran arrestados si decidían hablar con los propietarios) (hooks 2020). 53 Por último, recogemos el testimonio en primera persona que las empleadas negras realizaron en la prensa. En un artículo en The Independent (1912), no casualmente firmado de forma anónima, “by a negro nurse,” una cuidadora negra describía su trabajo, desde una perspectiva diferente a la recogida por Salmon: describía un trabajo que no acaba nunca, “mammy haz esto, mammy hazlo otro,” lavar, vestir, atender a los críos, hacer la comida, regar el césped, barrer la acera o el porche, quitar el polvo de toda la casa, ayudar a cocinar, zurcir; atender en definitiva sus necesidades 24 horas al día. Frente a la idea de formación científica para eliminar el estigma, o la promesa de los electrodomésticos (que solo podían costearse mujeres ricas), aludía a soluciones prácticas y justas: “lo que necesitamos es ayuda presente, más empatía, mejores salarios, mejores horas, más protección, y poder respirar de vez en cuando en la vida como mujeres libres” (Negro Nurse 1912: 2000). Conclusiones 54 El pragmatismo crítico llevó a Jane Addams a preocuparse por el problema del empleo doméstico como industria atrasada que requería ajuste, y a proponer soluciones. La principal: una mayor ética social, frente al imperativo familiar, de las empleadoras. Como Jessie Taft, ambas abogaban por una mayor conciencia social de las nuevas relaciones que implicaba la externalización de actividades domésticas a la fábrica y sobre el papel de las mujeres (de clase media-alta) como amas de casa. Perkins Gilman y Lucy Salmon, por su parte, desde un análisis más estructural y político, denunciaron cómo la segregación sexual de esferas y la relegación de las mujeres al hogar, sin una actividad productiva remunerada, obstaculizaba la democracia en el hogar y colocaba a las mujeres en “sirvientas de sus maridos,” como “menos humanas.” 55 Respecto a la “cuestión del servicio,” la “epistemología vecinal” de Addams, basada en el “principio de cooperación” y el “poder de combinar,” le llevó a un mayor esfuerzo por ponerse en el lugar de las empleadas domésticas y comprender sus sentimientos. Se esforzó en su papel de “intérprete inter-clases.” El trabajo de Salmon, en cambio, por su El servicio doméstico desde las pioneras científicas sociales más allá de “un... European Journal of Pragmatism and American Philosophy, XIII-2 | 2021 15 sesgo metodológico y su posición de clase, le llevo a privilegiar la posición de las “señoras” y, lejos de promover mejoras laborales, colocar el “problema de la servidumbre” en la “carencia formativa de las sirvientas” y en un problema de “estigma.” Siguiendo la estela de la “racionalización científica del trabajo,” su propuesta se centró en una mayor profesionalización y externalización de las actividades domésticas y en la promesa de los electrodomésticos que eliminarían la necesidad del “servicio doméstico.” Obviamente, también en la independencia económica de las mujeres (blancas, de clase media) y una mayor igualdad de las actividades no remuneradas en el hogar. No obstante, tanto Gilman como Salmon basaron parte de la reivindicación de la eliminación del servicio personal en las sospechas de honestidad y en el rechazo que provocaba (en las mujeres blancas de clase media) la presencia de “extranjeras” o mujeres negras en el hogar. 56 Como otras reformadoras blancas de la época, ni Salmon, ni Gilman, ni la propia Addams, introdujeron un análisis interseccional (de género, clase y raza) necesario para abordar el empleo doméstico. Ni la ética social ni la acción cooperativa desde una comprensión empática con todos los puntos de vista resultaban suficientes si no se atendía a las relaciones de poder y al racismo estructural en EE. UU. (con sus efectos de redistribución y reconocimiento). No obstante, sí es de reconocer el papel de Jane Addams, a través de las alianzas que creó entre la Hull-House, académicos afroamericanos y activistas por los derechos civiles, en la generación de organizaciones e investigaciones más conscientes de la situación de las empeladas domésticas negras y en soluciones que recogieran su punto de vista. BIBLIOGRAFÍA ADDAMS Jane, (1896), “A Belated Industry,” American Journal of Sociology, 1 (5), 536-50. ADDAMS Jane, (1899), “Trades Unions and Public Duty,” American Journal of Sociology, 4 (4), 448-62. ADDAMS Jane, (1902), Democracy and Social Ethics, New York, Macmillan. Online: https:// www.gutenberg.org/files/15487/15487-h/15487-h.htm#page_102. APTHEKER Bettina, (1977), Lynching and Rape: An Exchange of View, Nueva York, American Institute for Marxist Studies. BERCH Bettina, (1984), “‘The Sphinx in the Household’: A New Look at the History of Household Workers,” Review of Radical Political Economics, 16 (1), 104-20. 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RESÚMENES A partir del análisis de dos publicaciones de Jane Addams sobre el empleo doméstico (como una “industria atrasada” que requiere “ajuste”), en este artículo abordamos la producción teórica de científicas sociales de finales del XIX y principios del XX sobre las relaciones laborales desde una perspectiva de género y, en particular, sobre el “problema de las sirvientas.” A través de ello, exponemos la particular filosofía y epistemología de Addams y su defensa de una “ética social” por encima del “imperativo familiar.” Las tesis de Addams son comparadas con las de otras teóricas sociales de la época que introdujeron “lo político, lo económico y lo social” en el hogar: las contribuciones de Jessie Taft desde el interaccionismo simbólico sobre la necesaria conciencia social de las mujeres como motor de cambio ante el conflicto subjetivo entre aspiraciones y oportunidades; los análisis sexoeconómicos de Charlotte Perkins Gilman o las condiciones de la “democracia en el hogar” de Lucy Salmon. Terminamos con el cuerpo de conocimiento generado a finales del XIX sobre la “cuestión del servicio doméstico,” particularmente a partir del texto clásico de referencia, Domestic service de Salmon (1897), e investigaciones posteriores sobre las empleadas domésticas negras. Concluimos, con ello, con las limitaciones del “punto de vista feminista” cuando no estaba atravesado por la conciencia de clase y de opresión racial. AUTOR DAU GARCÍA DAUDER Universidad Rey Juan Carlos de Madrid dau.dauder[at]urjc.es El servicio doméstico desde las pioneras científicas sociales más allá de “un... European Journal of Pragmatism and American Philosophy, XIII-2 | 2021 18